Acciones complejas.

-¿Li? -Aioros vio la silueta en la cama. Estaba acostada, aun con el vestido puesto, sobre el elegante edredón- Li... ¿Qué te paso?

-Aioros, si no es mucha molestia, quiero estar sola. -El joven no tenía necesidad de mirar su cara para saber que está llorando y que intentaba controlar su voz- Cuando esté lista, te lo diré... -El castaño se sentó en la cama, observando la espalda de la joven.

-Te estas ahogando en tus penas y no quieres que te ayude... No quieres decirme nada. -El joven le acaricio con cuidado el cabello- Li, no puedo verte en este estado.

-Pues entonces vete. -Dijo en un gruñido- Enserio, Aioros, quiero estar sola. -pidió, controlando su voz. Como simple respuesta el joven noble se acostó a su lado y le abrazo con cariño- ¿Aioros?

-No voy a dejarte sola. Menos si estas llorando. -Le informo en un tono sereno, mientras la abrazaba con sumo cuidado y cariño.- Nos van a retar si nos ven calzados... en la cama. -La chica dejo salir una risa acompañada por un pequeño grupo de lágrimas, agradecía el intento de hacerla reír.

-Si me preguntaban, tenía que decir que mi mamá había muerto por una enfermedad... -Comenzó la joven, mientras las lágrimas volvían a sus ojos- Pero en realidad murió dando a luz a un hermano... mío.

-¿Tienes un hermano? -El tono de sorpresa de Aioros se hizo por demás claro ¿Lithos tenía familia y jamás le había dicho?

-Murió a las pocas horas de nacido... Estábamos solas... No sabía que hacer... Se... murieron... en... mis...bra...brazos. -Lithos rompió a llorar de inmediato, una vez termino de decir eso.-Solo tenía 7 años... no sabía que hacer... Mi hermano se murió en mis brazos...

-Shh... -Aioros comenzó a acariciarle de forma reconfortante el cabello- Tranquila ¿No eres tú la que siempre me dice que las almas de los niños están en las flores de laurel? -al escuchar esas palabras, Lithos ahogo el lloroso gemido que quería salir de sus labios. -Tu hermano ha de estar con todos ellos, refugiado entre los delicados abrazos de los pétalos del laurel en flor. -La chica sonrió levemente, mientras Aioros continuaba reconfortándola con dulces palabras.

Aioros tomo una manta del arcón, luego de estar seguro de que Lithos dormía, y la coloco con cuidado sobre la mujer. Ahora entendía por qué Lithos había reaccionado así. Temía el dar a luz y que la criatura falleciera.

La vivencia de niña había dejado una herida muy profunda en su mente y una cicatriz casi imposible de borrar.

Por eso ella había reaccionado así, ahora encontraba una segunda razón de Lithos para no querer casarse: sin casamiento no habría hijos.

Lithos era muy honrada y orgullosa como para andar teniendo aventuras fuera del matrimonio. Pero ahora él la había puesto en jaque y el comentario de la duquesa le había traído un muy mal recuerdo.

Cuando ella había escuchado príncipe, inevitablemente había pensado en el pequeño hermano recién nacido que murió en sus brazos. Su madre muerta a dar a luz, la soledad del momento... Todo había llegado de manera traicionera, destrozado su helada fortaleza y calado hondo en su corazón.


-Buenos días. -La chica abrió los ojos y se encontró con Aioros.- Te quite las joyas, supuse que te serian incomodas para dormir...

-¿Por esas cosas no se te paso por la cabeza que me sería más incómodo el corsé? -La chica se sentó en la cama y se refregó el ojo, ignorando la sonrisa pícara de Aioros.

-Si quieres... Con gusto te quito el corsé... -La chica se puso roja ante las palabras del joven en tono picaresco.- Tranquila... -Sonrió amablemente- ¿Ya estas mejor?

-¿Con respecto a qué?

-Li... Eres la mujer que amo y siempre amare -Le acaricio con cuidado el cabello, que comenzaba a crecer y ya estaba un poco por debajo de los hombros- Sé que hay cosas que siempre recordaras y que te harán llorar, tienes que saber algo. Yo siempre estaré a tu lado para sostenerte y abrazarte cuando sientas que las fuerzas te faltan. Y estaré a tu lado para abrazarte cuando lo necesites, como también cuando no lo necesites.


Káiser se había escapado de sus deberes, colocando una pobre escusa de una necesidad vital para todo ser humano. No había visto a su hijo y tampoco a Lithos, estaba preocupado por ambos. Al pasar por una de las galerías del jardín le pareció notar algo.

Jardines reales.

En el inmenso jardín solo había un árbol de Laurel. Este se hallaba en el palacio desde hacía varios siglos (dado que así figuraba en el registro), había sido un presente de los temibles Ampalas como señal de tregua mientras se hacían los arreglos para el matrimonio que acabaría con la guerra entre ambas naciones.

Aioros estaba sentado a los pies del árbol, el cual tranquilamente tenía 10 metros, abrazando a la joven. Káiser miro a su hijo, que parecía tener solo ojos para su amada que dormitaba bajo las dulces fragancias del laurel en flor y acobijada por el abrazo del joven.

Aioros llevo un dedo a sus labios y le indico que guardara silencio. Káiser como simple respuesta embozo una pequeña sonrisa.

Ambos jóvenes llevaban sus respectivas armaduras de general y sin duda causaban una pintoresca escena. Cualquier pintor, del reino, daría todo para poder retratar tan bella escena representada por los enamorados. Las sombras proyectadas sobre ambas figuras, la chica abrazada cuidadosamente, mostrándose como jamás se había querido mostrar: vulnerable.

Palacio de Acrab, Puerto Tristán, Imperio de Antares. Al día siguiente.

- ¿Camus? ¿Por qué esa cara? -Milo se puso junto a quien consideraba su amigo- ¿Qué te pasa?

-Lo que pasa es que... -Miro con pena a Milo- Creo que... estoy enamorado.

-¿Enserio? -Milo le miro sorprendido, iba a preguntar de quien. Aunque antes de formular esa palabra cayo en la cuenta de quién podría ser la persona que se robó el corazón del helado príncipe.- ¿Geist?

-Si... No sé si tu...

-¿Yo? Para nada. -Milo sonrío divertido- Ni en sueños, Geist es muy bonita y toda la cosa, pero no me atrae en esos sentidos.- El otro sonrió de medio lado.- ¿Le dijiste?

-Seguro lo sabe, pero... -Dejo salir un suspiro.- Es lo mismo que nada... Ella jamás se fijaría en mí.

-¿Por qué tan seguro?

-Por qué es la verdad... -Odia a los hombres, por culpa del imbécil de Lune.- No se por qué... pero estoy seguro que no tiene interés alguno de casarse algún día.

-Vamos -Milo le dio una fuerte palmada, que empujo un poco hacia adelante al joven entristecido- Seguro que podrás enamorar a Geist. Capaz que si le interesas, pero es tímida y no te lo dice.

-¿Geist? -Camus le miro de reojo, estaba seguro que ella no era tímida.- Milo...

-Tal vez es como Lithos, que es dura por fuera y tiene un corazón blando por dentro. -O eso le había entendido a Izo y Aioria.

-Dudo que Geist sea como Lithos... -Dijo el otro en tono derrotado.- Dudo mucho que sea blanda por dentro...

Puerto Tristán.

La joven hizo una mueca, ya mucho tendría cuando se diera cuenta que se había salido del palacio como para sumarle eso. Dos integrantes de Nero en Puerto Tristán. Tendría que prevenir a su hermano y que este pusiera bajo aviso a su emperador, los de Nero no eran cualquier grupo de malhechores. Eran la peor calaña que podía existir, eran responsables de vender su hogar a Elíseos... Eran responsables de vender a la república que los piratas habían forjado en esas islas a un reino enemigo y esclavista.

Los cerdos miserables, habían dado las coordenadas del archipiélago al más grande enemigo de su reino aliado.

Antes de partir hacia Antares, había realizado una escala... Una rápida escala en que todos los navíos, menos el de ella, habían hecho puerto por última vez. Todos los que pudieron escapar solo huyeron a dos lugares: Andrómeda o Laurus. Las dos ciudades recibían siempre con los brazos abiertos a los habitantes de las Islas.

En la primera, la razón para recibirlos era por demás sencilla: los fundadores de la nación eran piratas. En caso de la segunda, los piratas le proporcionaban el comercio que mantenía secretamente viva a la nación oculta en las montañas.

-Creo que estas muy lejos del palacio- La chica se dio vuelta y se encontró con la misteriosa amiga del príncipe.- ¿Ha que has venido? Tengo entendido que tu hermano te prohibió salir del palacio de Acrab.

-Y hasta donde tengo entendido -La chica le miro de reojo- Las priesterin, deben de cuidar de sus monarcas y no veo al rey Shura por aquí. -Geist hizo una pequeña mueca. -No soy la ilusa analfabeta que la nobleza cree.

-Sí, me doy cuenta -Se acercó a esta y miro hacia la misma dirección- ¿Quiénes son?

-Son de Nero. -Geist le miro, antes de comenzar a caminar por el callejón alejándose de los hombres.- Los que vendieron a los habitantes de las islas. Los que vendieron a nuestra república a Elíseos... -Le importo poco en ese instante que Fudo le hubiera prohibido decir que la isla ya no era un escondrijo de Piratas solamente.

Hacía mucho tiempo que las Islas tenían una forma de gobierno republicano en el cual cuyo gobernador era electo en una votación general. Un representante cada cinco habitantes... Entre esos cinco (hombres y mujeres) elegían a uno, el cual luego daba su voto en nombre del grupo.

Hasta antes del ataque de Elíseos, su madre llevaba siendo la gobernadora de las islas desde mucho antes que ella naciera.

-Sé que existe personas ruines, pero ¿Para tanto? -La chica le miro- ¿Por qué vender así a los suyos?

-Ni te haces una idea lo que hay en esas islas... -La chica le miro- Sin contar que también estábamos forjando nuestra propia armada... -Geist le observo con los ojos abiertos enormemente.- Somos reconocidos como nación propia por otras dos... El reino Ampala y el Reino de las Islas.

-¿Ampala? Ellos no pueden, están extintos. -Gioca le miro de reojo, la chica parecía contener la risa- Se supone que fueron casi exterminados y los sobrevivientes emigraron al norte... al territorio león. -Gioca sonrió de medio lado- Volvamos al palacio, quiero hacer enojar a las idiotas de las nobleza...

-Oye... -Ella era de la nobleza.

-Y tú me vas a ayudar. -Gioca sonrió ante esa aclaración.

Despacho del emperador, Palacio de Acrab.

-Entiendo tu problema... -Kardia observo fijamente a Calvera- Dudo que Degel... lo entienda tan fácilmente y algo me dice que no ve con buenos ojos lo que pasa.

-Camus, por más príncipe que sea, es indigno para mi hija. -Informo la mujer- Geist es Algieda, por lo tanto quien la pretenda tiene que saber sobre nuestra cultura.

-Mmm... -El hombre le miro- ¿Shura te dijo algo?

-¿Por qué preguntas?

-Te conozco Cal, por eso... -Informo el hombre sereno.- Shura tiene que mantener el legado que se muere... -La mujer dejo salir un suspiro- Tu hija fue criada como sacerdotisa y estoy seguro que estas orgullosa de ello. Pero a la vez estas triste, por lo mismo...

-Geist, seguramente hizo un juramento. -La condesa miro al emperador- Si Shura pide su mano, tendrá que dársela sin rechistar... Pero está el problema con Camus... y ahí tengo que decidir yo. -Cerró los ojos- Y no sé qué hacer, dado que estoy segura que Geist no quiere desposarse con ninguno...

-Pero aun así te inclinas hacia Camus.

-Shura tiene 27, Geist es una niña todavía... -Aunque la edad no es el gran problema en estos años.

-Es tu niña, la que perdiste... Lo de la edad es mentira. -El emperador le miro- No quieres darle su mano a ninguno, dado que es equivalente a perderle nuevamente. -Hizo una pausa mientras dejaba que su amiga, y amante en otro tiempo, digiriera sus palabras-Mira, si Geist fuera mi hija... Y tuviera ese pensamiento de que "si la caso con fulano tendré determinada influencia", la casaría con Camus.

-¿Por qué?

-Shura, no tiene su corona y tampoco sus tierras... -Informo Kardia, sencillamente- podrá ser el rey de los algiedos, el actual Cid, pero no tiene el poder que ese cargo le ostenta porque no tiene nación que dirigir.

-Camus, si... Él si tiene tierras y poder... -La mujer dejo salir un suspiro- Si tuviera que pensarlo así, sin duda me inclinaría por Camus... Pero... -negó con la cabeza- yo no pienso darle la mano de mi hija a cualquiera... A ningún hombre- concluyo.

-Ves, te haces drama por nada-comento al fin el emperador, obteniendo una risa de la mujer- Hay... Cal... Si no te quisiera... como te quiero.

-¿Vas a hacer la cena?

-Sí, tristemente por más que le disguste a mi hijo... Hay que hacer una cena y anunciar la partida del ejército a tierra enemiga. -Kardia hizo una leve mueca, aunque no quería realmente... Sabía que su hijo partiría entre esas huestes.

-Geist, seguramente ira con ellos. -El hombre le miro- y supongo que Camus se va a meter entre las huestes si no lo miramos.

-Sí, me parece que esos tres son inseparables ahora. -Dejo salir un suspiro- Temo por ella...

-Hablando de eso -Realizo una mueca- Golondrina me trajo un dato poco grato.

-¿Cuál?

-¿Sabes que es Nero?

-Sí, sé que es... -Apretó los dientes -¿Están aquí?

-Sí, puede que hayan seguido a Gioca... -Cerro los ojos- Sera mejor que Fudo la embarque cuanto antes a Hindis...

Habitaciones, palacio de Acrab.

-Tú no eres una chica normal -Las palabras cortaron la risa de Geist, no tardo en recibir la calculadora mirada de la princesa pirata- No te preocupes, no soy de las que hablan.

-¿Con normal te refieres?

-Sé que no eres normal, aunque no sé en qué sentido... -Cerro los ojos- Tu no dices nada a mi hermano del pueblo y yo no digo nada a mi hermano de mis sospechas.

-Hecho. -Le tendió la mano a la chica, al siguiente movimiento las dos tenían un cuchillo en el cuello. -Eres rápida. -Elogio.

-Tú también. -Reconoció. - ¿Me das tu palabra que si retiro mi daga retiraras la tuya? -La chica entorno los ojos- Por tu honor.

-Por mi honor, te garantizo que retirare mi cuchillo. -Las dos así lo hicieron. -No eres nada de lo que esperaba...

-Nadie espera mucho de mí, aquí en Antares, por eso mi hermano quiere mandarme a Hindis...

-¿Y tú que quieres?

-Siempre quise tener aventuras, como mi hermano.- La otra puso los ojos en blanco.

-No pidas aventuras, porque el destino trae desgracias. -Replico la otra.

-Vi la cara que pusiste en el baile -La morena le miro, se había quitado el hijab y su cabellera caía cuidadosamente por toda su espalda. Como estaban entre chicas, este era innecesario- ¿Que te dijo?

-¿Sabes de dónde vengo?

-Si te refieres al asunto de Elíseos... -Sonrió de medio lado- Si, sé de dónde vienes.

-"Él te quiere de regreso" -la media sonrisa desapareció- No he podido dormir bien, he estado todo el día con los sentidos en alerta y salí del palacio para evitar algún conflicto aquí.

-Siempre que veas venir una tormenta, recuerda que luego de esta viene el sol. -Geist le miro- Todo es pasajero en este mundo, incluso lo malo.

-Tan chiquita y tan meditabunda...

-Soy hija de una hindi y de un hombre que tiene sangre Ampala... Tener paciencia y pensar de sobra esta en mis venas.

-Mucha paciencia la de los Ampalas... -Comento Geist distraída, pensando en las veces que Alexei hacia enojar a Lithos y esta hacia hasta lo imposible para ignorarlo.

-Tanta, que han estado los últimos... -lo pensó un poco- siete años armando un ejército a escondidas para atacar Elíseos.

-¡¿QUE?! -¿EJERCITO?- ¿COMO QUE UN EJERCITO?

-Ups... -Geist no tardo en salir corriendo de la habitación, acomodándose el hijab.

Aposentos de Milo. Varios minutos después.

-¡MILO! -Geist entro a lo brusco, asustando a los dos nobles y los soldados presentes (Dante, Argol, Yato y Regulus)- Hay un serio problema... Uno bien grande.

-¿De qué hablas? –Pregunto al ver la preocupación de su amiga… Si una guerra se desataba, entre Elíseos y Ampaliak, esta afectaría directamente a los planes de Antares y Crux.

Continuara.