Perdonen la demora, estoy MUY PERO EXAGERADAMENTE MUY ocupada.

Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen. El cap lleva mucho rato esperando, en mi mail, ver la .


Fiera.

-Ya basta. -La cabeza del hombre abandonó el cubo de agua- ¿Ya estuviste suficiente en remojo?

-Por favor… Les diré lo que se… -El hombre escupió agua- le diré lo que se...

-Soy todo oídos -Informó la persona que tenía en frente, mientras se pelaba una naranja con un cuchillo de caza.

-NO sé dónde está Nero… pero…

-Refresquen las ideas del idiota, chicos. -La cabeza del sujeto no tardó en estar de nuevo bajo el agua, ante una indicación del más joven sacaron al sujeto de su tormento- ¿Decías?

-Yudo… el cazador… está aquí con el Cuervo. -La persona que tenía en frente no dijo nada, para luego dejar de pelar la fruta y sonreír de una manera que helo la sangre del interrogado.

-No me dices nada que no sepa. -Miro a los hombres- No se para que tienes lengua, si no sabes usarla… de seguro ni siquiera sabes lamer las botas de tus superiores. -Sonrió de forma retorcida- ¿Para qué dejarle algo como la lengua a este sujeto? Si no sabe usarla… Ya saben que hacer chicos. -Agregó en una lengua desconocida para el interrogado.

-YUDO ESTÁ TRAS LA PRINCESA DE HINDIS -Soltó el aterrado hombre, en su apurado idioma nativo (el cruxes), mientras veía aparecer un cuchillo en la mano de uno de los hombros que lo retenían.- Dicen que el Joker tiene relación con ella, rumorean que es su amante… -La persona frente a él comenzó a cortar la fruta en gajos, tenía una curiosa sonrisa burlona en los labios. Como si hubiera escuchado un chiste muy bueno y no pudiera reír en público- quiere emplear a la chica en su contra.

-Ya veo… -Se metió un gajo en la boca y lo saboreo lentamente, torturando con los segundos a la persona que retenían para interrogar- como bien dije, la lengua no te sirve de nada. No me has dicho nada que no supiera antes… -El menor le miró con una sonrisa retorcida, la cual había aprendido a imitar de su padre. Siempre que lo veía sonreír así, el viejo bribón obtenía lo que quería de sus contrapartes masculinas (casi siempre información sensible sobre reinos poco fiables).- veo que no te has dado cuenta de con quién estás dialogando -se adelantó un paso y dejo de disfrazar su voz, mientras la escasa luz dejaba a la vista su boina negra y sus cabellos castaños. -Yo soy el Joker, idiota, y la información como la que me das, me es inútil… Y ya deberías de saber qué pasa con los que me molestan… Y tú intentaste asesinarme y eso me molesta. -Sonrió taimada.

-¿El joker? -El hombre se sintió aterrado, había oído muchas cosas de ese sujeto que al que los piratas apodaban "Joker"... Pero jamás creyó que el rumor de que solo era un adolescente fuera cierto. Aunque sí creía en los otros rumores, los que le describen como un ser sin escrúpulos a la hora de obtener lo que necesitaba.

Le habían dicho que fuera asesinar a un muchacho que se hospedaba en determinado lugar y posee cierto tipo de características. Había aceptado la orden de asesinar al chico, solo que no contaba con que esté fuera tan hábil con las espadas y mucho menos que tuviera esos dos guardias.

-En uno de los cuentos del espíritu bribón, que es mi tocayo, un hombre intenta engañar a través de las palabras al espíritu para sacar beneficios… El Joker lo descubre y hace que enmudezca, para que jamás diga nada… principalmente idioteces. -Se dio vuelta y comenzó a caminar, un mono saltó desde las vigas y se subió a su hombro- enmudezcan al idiota, chicos, es mejor que se quede eternamente callado… -Se dio vuelta y le sonrió de una forma que solo lo ella podría hacerlo- conmigo no es bueno meterse -dijo al fin Gioca, con su voz natural.- Nadie intenta matarme y vive para contarlo. No debiste haber aceptado ese trabajo... -Agrego sin borrar su infantil sonrisa- haré que Nero y todos sus perros lamenten lo que le hicieron a los míos… Y tú eres un perro de Nero. -Cerró los ojos y amplió su sonrisa- Es todo suyo, chicos.-Informó en Algiedo.

Calle.

El grito no se escucho, dentro había dos profesionales, y con la seguridad de saberse impune subió al carruaje que le aguardaba. Tendrían que salir de la ciudad antes que los dos ejércitos que pronto iban a sitiar el lugar lo hicieran imposible, comenzó a quitarse la ropa mientras el carruaje se ponía en marcha. En solo unos minutos llevaba una peluca negra y un vestido de exquisita tela. A un costado aguardaba una pequeña maleta con la ropa que anteriormente había llevado y en su otro costado, una carta que haría que les dejaran salir sin miramientos apenas fuese leída.

Dentro de una sombrilla, a juego con el vestido, oculta hábilmente en la varilla de ébano central, había una filosa espada. Una conocida con el nombre de "estoque" solo que esta temia extremadamente afilados los costados de la hoja.

Bendito sea el astuto herrero que decidió esconder espadas tan finas dentro de vainas tan disimuladas… Su padre había sabido llevar un estoque dentro del bastón que le ayudaba a caminar en los últimos años de su vida, obviamente fiel a la devoción que sentía a su figura paterna había aprendido e imitado varias mañas del astuto pirata.

Hotel. Dos días después.

A pesar del paso de los tiempos, había lugares que aún se mantenían al pie tras la caída de un reino y el ascenso del otro. Este hotel por ejemplo, era una clara señal de eso.

Ubicado en el bosque, tras transitar un sendero conocido por muchos locales y poseedor de una excelente vista del último lago anterior a las montañas. Era un ejemplo de cómo a veces el pasado se mantenía durante el presente.

Cuando el carruaje se detuvo, uno de los "guardias" le abrió la puerta para que ella pudiera descender. Abrió su sombrilla y oculto levemente su semblante del inclemente sol. Con la finura característica de una dama de alta alcurnia, la jovencita de larga cabellera negra y vestido azul comenzó a caminar por el empedrado y corto camino que llevaba al acceso del lugar. Nadie que le viera, pensaría que realmente tras ese semblante de enternecedora doncella de rizos negros exquisitos se ocultaba una peligrosa fiera venida de las islas tropicales del oriente.

Habitación. Varias horas despues.

Sacó su cabeza de debajo del agua y sujeto los bordes de la bañera, su cabellera castaña estaba pegada a su cuero cabelludo, pareciendo más oscura de lo que por si era. Su morena piel estaba surcada cada cierta distancia por cicatrices. Muchas de ellas generadas durante las defensas de las Islas que una vez fueron su hogar.

No le había dicho esa parte de su historia a su hermano, la parte en que se vio forzada a dejar el arte que tanto amaba y ser soldado para defender el hogar de ambos. Había sacrificado mucho, para poder mantener su hogar, pero el sacrificio había sido en vano. Todo se había perdido y cuando pensaba en eso quería llorar. Llorar como había llorado en brazos de Red, y de Fudo más tarde, pero se sentía incapaz de hacerlo a menos que alguien le recordara que no estaba sola.


Se pasó la mano por el cabello, el agua comenzaba a enfriarse y debería de salir.

Salió y se cubrió con una bata, no pasó mucho tiempo hasta que estuvo vestida con una ropa de algodón que le serviría de pijama. Para disimular un poco, había ordenado a los "chicos" (como ella se refería a los cuatro peligrosos priesterin que le acompañaban) ir a otras habitaciones… Sería muy llamativo si se quedaran montando guardia tras su puerta.

Alguien golpeo la puerta, se puso la peluca de cabellos negros y ordenó a quien fuera que estuviera al otro lado que pasara. Una criada ingreso con una charola de plata y una carta sobre ella, le dijo que un caballero había pedido que se le entregue la misiva. Dio las gracias por la realización de la encomienda y despidió educadamente a la joven.

Se quitó la peluca y la peino un poco, mañana tendría que lucir espléndida para que pareciera su cabello genuino. Una vez terminada la labor, se dignó a abrir la misiva:

Estimada señorita.

Una amiga me ha sugerido ponerme en contacto con usted, tengo entendido que es buena a la hora de barajar las cartas y repartirlas ¿Qué le parece jugar una partida conmigo? Si acepta mi propuesta, la estaré esperando en el pueblo de Stellar.

De ser afirmativo, deje una vela prendida en el alféizar de la ventana.

Que tenga un grato sueño.

T.

Barajar las cartas y repartirlas.

Claramente era otro de los tantos que trabajaban para Immortal Red, así que mañana tendría que verse con uno de sus socios. Aunque no conocía a ninguno que su nombre clave fuera "T". Era alguien que sabía muy bien qué significaba "barajar las cartas y repartirlas".

Hablaba de la información que ella poseía y que debía compartirla con él. Aunque ordenaría a Wind Spear y Shadow Ax acompañarle, eran los más silenciosos a la hora de moverse y casi indetectables. Si era una trampa, pues… esperaba que los chicos se cargaran a cuantos pudieran… Mientras ella se encargaba de quien fuera que hubiera orquestado la trampa.

Encendió una vela y la puso en el alféizar de la ventana, luego apagó todas las demás y se dirigió a dormir. Estaba agotada, muy agotada y necesitaba descansar para mañana entablar una conversación coherente con su futuro socio identificado como "T" (en caso que realmente fuese un socio).

Aunque al igual que muchas otras noches, no pudo dormir realmente. Sus ojos se cerraron, pero no le dieron un grato descanso. Al igual que todas las noches anteriores, soñó con las islas con los gritos y los lamentos de aquellos que no pudieron escapar o los que lloraban la pérdida de un ser querido tras otro enfrentamiento para defender el país.

Aunque sus mayores pesadillas provenían por causa de una habitación y un vestido por demás "picaresco". En esa pesadilla no aparecía la benevolente Red a salvarla, en esa pesadilla terminaba con ese traje puesto y era arrastrada a una habitación donde los generales elisianos y los cerdos de Nero celebraban la victoria…

Se levantó de golpe y se quitó el cabello del rostro, volvía a estar completamente cubierta de sudor. Cada vez que dormía fuera del castillo Scarlett sufría ese tipo de sueños, los lamentos se hacían más fuertes y las escenas más vividas. Quería recuperar esa calma que había poseído al dormir en la habitación de su hermano en Antares.

Quería olvidar que la habían traicionado. Que había terminado en esa habitación, llorando sin esperanzas por que había sido traicionada…

-Si no hubiera sido que Red apareció… en ese momento -Miro el cielo raso, mientras pronunciaba esas palabras en su idioma natal, esperando que este se volviera transparente para ver las estrellas. Un imposible, pero le gustaba creer que eso podría pasar. -¿Que sería de mi ahora? -Le debo todo a Red, pero ella siempre me dice que no le debo nada.- Odio el complicado mundo de los adultos -Se dejó caer en la cama, apoyando su cabeza en la almohada.- ¿Por qué tuve que crecer? El mundo a través de los ojos de un niño es más sencillo y más bonito.

Ciudad de Alshain.

-El problema sigue siendo las murallas-Informó el sujeto, mientras miraba fijamente a su interlocutora.- Ellos no podrán pasar por aquí, podrán sitiarnos todo lo que quieran, pero las murallas. Ja, eso jamás caerá.

-Suena muy convencido de sus palabras, gobernador.

-Lo estoy, aparte nuestras huestes están preparadas para algo así -Informó el sujeto con una amplia sonrisa- Nada se me ha escapado. -Miro a la mujer que tenía enfrente, su cabellera rojiza enmarcando ese exquisito rostro adornado por gemas granate era toda una tentación. Tentación que se veía amedrentada ante esa mirada fría y desprovista de toda emoción.- Por eso no entiendo, por que el emperador le ha enviado… No por ofenderle, me refiero.

-¿Porque envió a una mujer y no a uno de sus generales?

-Exacto.

-Por la sencilla razón, que mover a uno de los generales sería levantar la perdiz…- El hombre le miró algo extrañado, la forma en que la mujer pronunció la zeta, fue extraña. - Haría sospechar acciones futuras a los generales enemigos, si es que a esos soldaditos pueden ser llamados generales -ahora el extraño sonido estaba en las "s".

-Tiene un acento curioso.

-Ah, lo siento, es que pase mucho tiempo en Algiedi… Como espía del gran emperador Apsu. -Dijo la mujer en tono sereno- Se me pego su maldito acento, ese ruido distinto que hacen con las s y la z… es molesto. -Esbozo una media sonrisa- es muy delator, por eso todos creen que soy de ahí… a pesar que mi cabello sugiriera que soy de por estos lares.

-Cuanta razón tiene -Informó el hombre. El cabello rojizo, en el sur del oriente del Vayasrres era más bien asociado con los nativos de Crux… Sus cabellos castaño-rojizos eran casi siempre llamativos.- Pero aún no explica su presencia aquí, como bien he dicho… No veo necesidad que el emperador se preocupe por esta ciudad.

-Verá, esta ciudad es… como decirlo. -Lo pensó un poco, mientras inconscientemente acariciaba sus labios en busca de la palabra correcta- El último gran bastión de recursos -Miró al hombre- Entienda que es importante, para cualquier general competente, dominar esta ciudad… Los recursos del Oriente de Crux, en su gran mayoría, terminan en las arcas de aquí… Aparte sería el punto de partida lógico para cualquier ejército que necesite de recursos para cruzar las montañas.

-Tiene toda la razón. -Informó el sujeto, luego de meditarlo un poco.- Nada le impediría a los ejércitos extranjeros proseguir hacia el corazón de nuestra nación.

-Exactamente… Por eso el gran emperador Apsu, desea o mejor dicho ordena. Que no pierda la ciudad, en caso contrario y de sobrevivir a la derrota. -Le miró fijamente- El emperador manda a comunicar que perderá la cabeza, usted y toda su familia. Como así también todos los funcionarios involucrados, y las familias de estos, en que esta ciudad se mantenga bajo dominio de su gran imperio.-El hombre no replico nada, por alguna razón no le sorprendía esa misiva oral del emperador.-Y aquí entre nos… Este lugar tiene sus atractivos. He de decir que le tocó gobernar la única ciudad pasable de esta porquería de país. -le dedicó una curiosa sonrisa al hombre, una que esté interpreto de la manera correcta- ¿No le parece?

-Supongo que tiene razón, siempre hay cosas hermosas por ver en esta ciudad. Y puedo jactarme de haber realizado un excelente gobierno en nombre del emperador...

-¿Eso cree? -Pregunto, coqueteando con él- Supongo que podré aprovechar mí tiempo visitando lugares encantadores, dado que dudo que pueda salir de su ciudad debido a esa molesta presencia al otro lado de la muralla.

-Sí, gusta, podría hospedarse aquí. -Informó el hombre, sintiendo cierta incomodidad- En el antiguo Palacio Aquila… Tiene muchas habitaciones reconfortantes… y por demás encantadoras. A parte que estará más segura, una alta funcionaria como usted… Debe estar a resguardo.

-¿A su esposa no le molestara? -Preguntó la mujer, con fingida preocupación- No quiero importunar… -Dijo mientras pasaba pensativamente uno de sus dedos por sus labios, rozándolos despacio… Resaltando su natural tono carmín.

-Para nada… -Informó el hombre de mediana edad, extasiado e imaginando lo que podría ser su vida si su, ya algo envejecida, esposa se viera tan sensual como la mujer que tenía en frente.- No creo que le moleste…

-¿Usted cree? -La mujer sonrió de nuevo, a pesar que sus ojos no mostraban nada de emoción- A mi esposo… no suele agradarle que otros hombres se queden en nuestro palacio. Por eso pregunto.

-Su esposo ha de ser un hombre afortunado. -Dijo el hombre, imaginando cómo sería esa mujer complaciendo a ese incógnito hombre.

-En teoría si… -hizo una mueca que lo decía todo- Es lo malo de los matrimonios arreglados… más cuando hay tanta diferencia de edad -Miró al sujeto, como si lo que hubiera dicho fuera una absoluta falta de respeto- Perdone lo que dije… a veces me olvido, que no debo decir ciertas cosas. Es solo que mi esposo y yo tenemos una gran diferencia de edad.

-Ah… no se preocupe, tengo entendido que pasa… Es habitual en los matrimonios por conveniencia -Informó el hombre, con una encantadora sonrisa- A mi favor corre el hecho de que mi esposa y yo tenemos la misma edad… Y la misma vitalidad.

-¿Enserio? -La mujer le observó atentamente, un brillo malicioso apareció por primera vez en sus ojos. Aunque como apareció, se esfumó. -Siento sana envidia, por su esposa… Ojala… -le miró atentamente, para luego pasar lentamente su lengua por sus labios… con una mueca pensativa- Tuviera un esposo tan vital… como usted. -Se levantó de la silla y comenzó a rodear el escritorio, rozando su superficie con los delicados dedos de su mano derecha.

Causando una mirada hipnótica del hombre sobre ella, como si solo ella existiera y nada más en esa habitación...

-Supongo… que temporalmente… eso se podría arreglar… -Informó el gobernador, embobado con la silueta de la mujer, ignorando la mano que había desaparecido bajo el abrigo de esta.

-¿Usted cree? -Se sentó sobre las piernas del hombre a horcajadas…- ¿Molestara a su esposa que…

-No lo creo -Le interrumpió, mientras una de las manos de ella se enroscaba en su cabello y empujaba la cabeza hacia adelante.

-...lo asesine? -Esas fueron las últimas palabras que el gobernador de Alshain escuchó, antes que el cuchillo se enterrara en su nuca. -¿Acaso no sabe que Apsu busca una pelirroja? -Pregunto fríamente, mientras se levantaba del regazo del hombre y guardaba la daga en su espalda oculta hábilmente por el abrigo que llevaba. -No hubiera tenido posibilidad contra las huestes del general Dhur y el general Aquila… Le hice un favor -Informó en algiedo. Se acomodo la ropa y luego tomó las llaves de la gaveta del hombre- Me temo que no puedo quedarme, tengo otro idiota esperándome esta noche… -Junto con el deber de derribar sus murallas.

Fueras de la ciudad de Alshain. Unas horas después.

Aioria sopesa qué hacer en ese momento. Los ejércitos se habían separado en dos columnas, por un lado estaba el ejército de que él manejaba y el de Crux. El otro era el de Antares y el de Hindis, estar tan lejos de Shaka y los Algiedos que servían al príncipe de Antares le daba mala espina. Tanto el príncipe Milo como Shaka parecían traer algo o mejor dicho ocultar algo. Pero si iba a ser más precisos, suponía que el secreto de Milo tenía algo que ver con sus dos amigos extranjeros y en cuanto a Shaka… Este siempre sería mucho más peligroso que el príncipe de Antares, dado que Milo solo trataba de que no se tuviera en el ojo de la tormenta a sus aliados (lo que realmente le tenía sin cuidado). Si los Algiedos, por orden de Antares, estaban matando a los funcionarios del Imperio Negro le tenía sin cuidado. Dado que le estaban beneficiando a fin de cuentas, pero Shaka era otra cosa muy distinta.

-General. -El hombre se dio vuelta- La general Aquila quiere hablar con usted.

-Que pase. -Dejo salir un suspiro, mientras observaba sin mirar el mapa de la ciudad que tenía frente a él. Alshaim debería ser controlada, era una excelente posición de control estratégico y la tercera ciudad en tamaño.

-General Dhur

-General Aquila ¿En qué puedo servirla?

-He venido para saber sus planes para el ataque a la ciudad de Alshaim.

-Tengo entendido que la ciudad pertenece a su familia -Informó Aioria mientras miraba le observaba fijamente a los ojos de la mujer.- Esperaba escuchar sus planes de asalto.

-La ciudad no es mía, es de Crux.

-Pero el castillo que está en el centro sí. -Replicó el joven- Tengo entendido, que Alshaim pasó de ser un pequeño pueblo a una gran ciudad por cortesía de un Alquila. Por eso le pregunto: ¿Qué piensa hacer?

-¿Enserio me lo pregunta?

-Sí, enserio. -Sonrió amablemente a la mujer, que no tardó en desviar la mirada.- Es su hogar a fin de cuentas - La mujer rogaba para sus adentros que sus mejillas no se hubieran sonrojado. No podía pensar en el general León como hombre, como el chico guapo que realmente era. Por una sencilla razón: era un príncipe.

Segundo hijo del señor del Imperio más grande, y como tal si se fijaba en ella… Dudaba que eso fuese a pasar alguna vez, si iba a ser sincera consigo misma lo dudaba, el león seguramente tenía a centenares de mujeres a sus pies y sin duda no se fijaría en ella jamás. Si lo hacía, seguramente, solo seria para seducir con el fin de obtener información o eso le decía su voz interna..

Carpa personal de Aioria. Unas horas después.

El estallido despertó a Aioria, el hombre se sentó en su camastro. No tardó en tomar su espada y salir fuera de la carpa, aunque la lógica dictase ponerse aunque sea el peto de la armadura como mínima protección.

-¿Qué sucede? -Preguntó al primer soldado que se le cruzó en el camino.

-Las murallas de la ciudad. -Le replicó el hombre, Aioria corrió hacia el punto elevado más alto del campamento y observo lo que a muchos les parecía imposible. Algunos de los sectores de las murallas volaban por los aires convertidos en un montón de piedra caliza reducida a segmentos de diversos tamaños.

-¿Qué diablos es eso?-Escuchó que preguntaba uno cerca suyo, las murallas estallan desde su base y en distintos puntos superiores por donde tranquilamente podría haber habido pasadizos internos-¿Qué clase de cosa hace eso?

-Parece esa cosa que tiraban en Algiedi… durante los festivales… -Escuchó que decía uno, al mirar se encontró con un soldado de unos 18 años, claramente de procedencia Algieda por sus rasgos físicos, hablando con una camarada- No me sale el nombre… pero cuando llegaban al cielo hacían aparecer luces… A eso me recuerda estos estallidos y el olor que trae el viento.

-¿Es pólvora…? -Se escuchó susurrar para sí Aioria, mientras veía en unas zonas de la muralla ser invadidas por lenguas de fuego.- Están usando pólvora. -A la mente de Aioria vino un lejano recuerdo, estaba en Algiedi… Había ido con su madre, por lo tanto debería de tener como mucho cinco años. Recordaba estar mirando el cielo y ver como flores de luces aparecer tras estallidos, recordaba las luces y el olor que quedaba tras su aparición.

Sí, sin duda eso que olía era pólvora y alguien había decidido que servía para algo más que para hacer luces.

Taberna. Un tiempo después.

Estaba sentada en una mesa alejada, esperando que los otros llegaran. Tras los primeros estallidos todos habían gritado o corrido hacia afuera. Ella en cambio estaba serena, saboreando un poco de vino y pensando en la persona que le aguardaba una vez volviera a ese lugar que podría llamar hogar...

Observó el vino dentro del modesto tarro de latón, prefería el vino de Algiedi... Tenía un sabor más amanerado y provocaba un delicioso picor en el paladar.

-Todo salió según lo planeado, capitana. -Alzó la vista y se encontró con uno de sus "colaboradores".

-Serán un fiasco de generales, los peores sin duda ante la historia, si no saben aprovechar semejante oportunidad. - Concluyó ella, antes de llevar el tarro de vino a sus labios una vez más.

Continuará.

Alshaim.

Estrella de la constelación de Águila.