Perdonen la demora estoy sin compu.

Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen.


Pensamientos cruzados.

Sus ojos nuevamente se dirigieron al almohadón violeta que aguardaba aun costado, contra la pared más próxima de la habitación que ocupaba. Siempre se jactaba de conocer a todos sus esclavos, y no había sido la excepción, sabía desde hacía tiempo que ella era una priesterin y por todo el infierno incluso sabía del arma. Siempre supo de la maldita lanza escondida bajo las pieles.

Siempre supo que la ocultaba sujeta con un cordel en el muslo. Bajo su vestido blanco de sacerdotisa cuando la llevo a Eliseos… Lo sabía y se había hecho el tonto por piedad a esa pequeña niña de temerosos ojos verdes. Por que eso habìa visto cuando su látigo se enroscó en su cuello en esa alejada habitación de alquimia… Una pequeña niña temerosa, había visto el miedo a lo desconocido que se encuentra una vez pasadas las puertas de la muerte..

Dejó salir lentamente el aire entre sus dientes, había sido tan benévolo con ella y así le terminó pagando. Escapando con el príncipe Algiedo y luego colocando su lealtad al servicio del príncipe de Antares.

-Traidora, bastarda infeliz… -Apretó los dientes tras decir esas palabras. -Le protegí todos estos años, le di todo lo necesario para vivir. -

Todo menos mi libertad, le acusó una traicionera voz en su mente. Extrañamente esa voz, era la de ella.¿No es así Lune? Me diste todo, menos mi libertad…

-Te di un lugar donde vivir, lejos de las violencias de otros hombres. Te di comida… te vestí y te di dónde dormir… -Replicó él a la voz que solo estaba en su cabeza

Si, me diste un techo. Me diste comida. Me diste dónde dormir y con qué vestir.

-Pero… -Empezó él, quería escuchar lo que esa voz que solo existía en su mente tenía que decir. Quería escuchar eso que no había visto, pero siempre supo que estaba ahí… La razón por la que ella escapó.

Pero me azotaste cuando quise ser libre, me golpeaste cuando manifestaba algo encontra de tus deseos ¿Acaso los perros no se vuelven huraños tras los maltratos?

-Si te hubiera dado tu libertad, te hubieras quedado a mi lado… -Dijo en tono pensativo, mientras se levantaba y comenzaba a caminar hacia la puerta- Pero primero debo hacer lo que el señor Hades desea… Primero debemos dominar las tierras Ampalas.

Malditos sean esos sujetos, maldijo para sus adentros, han matado a todos los exploradores que hemos enviado a las montañas. Incluso a un regimiento han asesinado y nos han enviado las cabezas a modo de recuerdo de lo que pasaba cuando nos metemos en sus tierras. Apretó los dientes al recordar el rostro furioso de Radamanthys al ver las cestas de mimbre a un costado del campamento.

Nadie los había visto llegar o irse.

Habian llegado con la noche y con la noche se habían ido.

Los muy cabrones se estaban riendo en las narices de ellos y no podían atraparlos aun. Habían descubierto deslizamientos de piedras en los caminos habituales hacia la ciudad oculta en la montaña (deslizamientos imposibles de sortear), puentes destruidos separando las orillas de los abismos. Por algún lugar los condenados deberían de estar transitando, pero no lograban descubrir dónde está el pasaje que ellos utilizaban.

Las montañas de "La gran madre" como les llamaban ellos, les estaba protegiendo recelosamente de los invasores Elisianos.

Luego estaba el problema de Cancro con Reino del Mar. Los primeros le estaban sacando territorios a los segundos y antes de lo pensado tomaron el control sobre las tierras limítrofes de lo que una vez perteneció a Algiedi (extrañamente una vez llegado a ese límite no movieron un soldado más, como si algo les impidiera avanzar y tomar esas tierras). Por otro lado estaba el problema en el norte, Derbal perdía seguidores y pronto Unity obtendría de nuevo el poder sobre su nación. Y si eso pasaba, perderian a su segundo gran proveedor de hierro. Sin hierro no hay armas, por el momento les aliviaba tener las cuantiosas reservas de Algiedi. En ese país abundaba el hierro.

Y como olvidarse del conflicto de Crux, lo que menos necesitaban Elíseos en ese momento era que los rebeldes de Crux tuvieran éxito en su empresa. Eso podría terminar de encender la chispa de rebeldía que anidaba en los ojos de los algiedos sometidos. Si Crux salió victorioso: ¿Que impediría al pueblo sometido, por ellos, levantarse en armas? ¿Acaso no era sabido por todos que los Algiedos mamaban la guerra desde el pecho de sus madres? ¿Acaso no era sabido que no había uno en esa nación derrotada que no supiera empuñar armas?

Hasta incluso recordaba haber visto a un "tonto" empuñar la espada como si fuera uno de los grandes maestros de esgrima. Los algiedos enseñaban incluso a los nacidos "tontos" a pelear, dioses los había visto el mismo.

Arqueros, lanceros y espadachines… guerreros que si no los veías con armadura los tratarias de idiotas, pero que si le veías con un arma no te lo tomarías como tales.

Había perdido un sargento en mano de una persona a la que hubiera creído incapaz de hacer el nudo más simple en una soga. Le había visto esgrimir la lanza doble con tanta seguridad y movimientos tan increíbles que no dio crédito a su ojos.

O si, los Algiedos mamaban la guerra desde el pecho de su madre. Habían nacido para eso, para pelear y de no haber sido por la traición de algunos que otorgaron información a Reino del Mar (y a ellos) hubieran descubierto por qué razón eran llamados "los hijos de la guerra".

-Si los hijos de la guerra rompen sus cadenas, estaremos frente a la revuelta más sangrienta nunca antes vista. -Apretó los dientes con fuerza, Minos se haría cargo por el momento de ese asunto dando caza a los instigadores de la revuelta.

Aunque seguían sin dar con los cabecillas de estas. Solo se toparon con peones, los "capataces" y los jefes de estos habían cubierto muy bien sus huellas. Tan bien que nadie sabía decirle las identidades de quienes claramente habían iniciado todo. Solo había sido una pequeña chispa arrojada a un pajonal y el fuego de la revuelta había comenzado a devorar la paja… Tendrían que apagar ese fuego antes que su granero de hierro ardiera por la revolución

- La rebeldía de Crux, no será nada en comparación con la que nos esperará cuando esas fieras sean libres… -Miró de nuevo el almohadón violeta, ignoraba la razón por la que había decidido llevarlo consigo, viendo la fantasmagórica e imaginaria silueta de la chica en esta- Si Crux obtiene su victoria, tu vendras seguramente a Algiedi… Y cuando eso suceda, se muy bien a donde iras primero. -A tu hogar.- Ahi te estare esperando, mi pequeña sacerdotisa… aunque no se como es que te recibiré...

Palacio del Sol, Imperio de los Leones.

Silencio.

Las tres personas, que estaban en esa sala, guardaron silencio apenas había ingresado. Sea lo que sea lo que hubieran estado hablando, al parecer lo consideraban algo que él no debería de saber. Pero una de las personas ahí presente le había prometido no guardar más secretos.

-¿Qué ocurre? -Hizo una pausa- Lithos.

-Nada. -Soltó el emperador de los leones, antes que la mujer pudiera siquiera separar los labios.

-Si no nace allí, no lo reconocerán como heredero. -Gruño Lithos, solo fue cuestión de escuchar esas palabras para saber de qué hablaban: del lugar de donde debería de nacer la criatura que Lithos llevaba en su vientre.- Tiene que nacer en el Reino de Ampaliak, para ser considerado digno de la corona.

-Cambia la ley, tu eres la reina. -Le replicó Kaiser, al parecer los dos estaban dispuestos a salirse con la suya.

-¿Qué sucede? -Preguntó al fin Aioros, desde hace días que su padre y Lithos casi no podían verse… Y para no perder costumbre lo dejaban fuera, suponía que era para no arruinar la relación padre-hijo o esposa-esposo.

-Llegó una carta de Ceo, la persona que gobierna en mi nombre en Ampaliak, ya sabe de mi embarazo. -Aioros le miró arqueando una ceja, era la primera vez que escuchaba a ese tal Ceo- Es mi padrino -Aclaró la mujer- y la única persona en todo Ampaliak que goza de mi plena confianza.

-Ah… Y supongo que él te sugirió que tuvieras al bebé ahí -La mujer le lanzó una mirada de refilón, sabía que Aioros se pondría del lado de Kaiser.

- No, me dijo que dado que ya es público que soy la soberana de las tierras al sur de la muralla. Deje de comportar como una chiquilla y fuera a nuestra coronación -Aioros abrió la boca para decir algo, pero el rostro de su padre le dejó enmudecido algo en esa oración lo había molestado- Al parecer, logró convencer a los restantes integrantes de la alta cámara de lores de que te reconozcan como soberano.

-Seguramente con algunas limitaciones -Acotó Kaiser, ganándose otra mirada de refilón de Quirón ahí presente… Como sugiriendo a su viejo amigo que no siguiera con esa pelea absurda.

-Tu no gobernarás Ampaliak, lo haré yo…Porque soy la reina.-Dijo la mujer observando fijamente a su suegro, a pesar que las palabras iban dirigidas a Aioros- Lo que ellos permiten es que seas coronado como segundo regente... -Soltó la chica, dirigió su mirada a Aioros tras esas palabras- Creo que es momento de retirarme- Comunicó antes de levantarse y se retiró con paso solemne.

-¿Segundo regente? -Preguntó Aioros, aunque su esposa no escucho o prefirió ignorarlo en ese momento. Lithos solo se limito a dejar a los hombres solos.

-Consorte de la reina. -Soltó su padre, era claro que eso lo enojaba más que su nuera se llevará al infante en camino a otro país. Para su orgullo era inadmisible que su primogénito solo fuese relegado a una figura casi decorativa.

-No es deshonroso ser el consorte de alguien, padre. -Soltó Aioros al fin, no quería ponerse del lado de ninguno.- A parte, el ser consorte venía con el hecho de casarme con ella… Seguramente lo sabías.

-Aunque estimo a Lithos, claramente siempre habrá puntos en los que no estemos de acuerdo -Informó el emperador- Ella te ocultó su origen, por eso no entiendo porque te pones de su lado.

-No fue la única que me ocultó su origen -Miró a su padre y luego al ex general Quirón- Ustedes lo sabían y lo ocultaron, ninguno de los dos nos informó a mi o Aioria quien era ella realmente. -Esbozo una media sonrisa que no agradó al emperador- Eres tan mentiroso como ella, pero en algunos casos eres peor… Mucho peor. -Se paró frente a su padre y le miró fijo a los ojos- ¿Crees que ella sepa que interviniste tarde a propósito?

-Las tropas no estaban listas… para proteger un territorio tan grande.

-¿Eso te dices para dormir? -Inquire Aioros casi siseando- Por qué no aceptas la verdad, tenias miedo que la casaran con Shura de Algiedi y que esas dos naciones comenzaran a conquistar todo el sur… Como lo hicieron en su edad dorada.

-Aioros. -Llamó Kaiser a modo de advertencia.

-No me demore mucho en llegar a esas conclusiones tras saber su origen noble. -Informó el más joven, le había comenzado a surgir dudas tras hablar con Izo. Enterándose en consecuencia que Shura y Lithos iban a casarse cuando ella cumpliera los 16.

-Príncipe Aioros -Intentó intervenir el ex general, sabía que el más joven acorralaba al emperador.- No creo que sea momento...

-Padre, jamás encontrarás paz en tu vida… -Le miró atentamente a los ojos- Porque los gritos de todos esos inocentes no te dejarán dormir, jamás. -Sentenció.

Aposentos de Aioros y Lithos. Un tiempo después.

La flauta emite dulces melodías, cuando Aioros ingreso el sonido rebotaba en las paredes y agasajaba a la criatura dentro del vientre de su madre. Lithos le solía cantar a su bebé o acariciarle desde fuera, pasando cariñosamente su mano por el vientre en crecimiento. Ahora le tocaba un poco de música, para que disfrutara la melodía que su madre entonaba solo para él.

-Lithos. -La mujer dejó de tocar y miró a su esposo- ¿Cuál era la verdadera razón de la discusión?

-Aioros. No creo que...

-No te preocupes por la relación entre mi padre y yo, hoy más que seguro ni siquieras nos miremos en la cena.

-No debiste pelearte con él. -Replicó ella, entendiendo el entre líneas.

-Tampoco debería de meterse en los asuntos de otro reino. -Informó el hombre mientras se sentaba a su lado en el largo sillón en que ella se hallaba reposando.- ¿Que quería mi padre realmente?

-Parece ser… que Ceo ha pillado a varios incursores de Eliseos en territorio de Laurus… -La chica dejó a un lado la flauta- y ha hecho que la guardia de la ciudad se encargara del asunto… y eso llegó a oídos de tu padre.

-¿Y...?

-Tu padre no cree que se trate de la guardia de la ciudad, piensa que he ordenado rearmar el ejército Ampala mientras me ganaba su confianza.

-¿Lo hiciste? -Preguntó sorprendido el chico, entendiendo la tensión del momento pasado.

-No, pero Ceo… Agrandó el cupo de cantidad de guardias de Laurus… Que es algo que tu padre si había permitido…-Explicó- Que siguiera existiendo la guardia de Laurus, pero no el ejército Amapala. -El chico entendió enseguida que pasaba, Lithos no había hecho nada… No había ordenado que se volviera a formar el ejército, pero tampoco había impedido que su regente hiciera abultada la cantidad de integrantes de la guardia de la ciudad.

-Ya veo. Entonces...

-Ceo solo me dijo, que dada la cantidad de nuevos residentes, se debía de aumentar la cantidad de guardias que protegieran Laurus. Lo que es esperable, pero no a èl nivel que lo hizo e ignoraba... -El castaño dejó salir un suspiro, por un lado quería estar de acuerdo con su padre y por el otro quería estar de acuerdo con su esposa… No encontraba un punto medio entre ellos, no había un lugar donde decir "aqui los dos tienen razon, por que no se concentran en este punto".

-Y si…

-¿Y si…? -La mujer le miró atentamente.- Aioros, no te andes con rodeos.

-Y si le pides a mi padre permiso para re armar el ejército Ampala… -La mujer le miró, su mirada preguntaba si se le estaba tomando el pelo.- A mi padre le encantaría eso de tener un ejército al sur de la muralla y podrías alegar que me pondrás a cargo de ese ejército. Para que entienda que no harás nada contra el imperio. -La mujer dejó salir un suspiro- Hazlo por mi, Li… o por tus hijos… Por el que está en camino y por los que vendrán.

-Supongo que no está bien que esté en disputa con el abuelo.

-No, me parece que no. -Replicó Aioros, tenía que estar en paz con los dioses y los demonios y esa había sido la única solución que se le había ocurrido.


Para poca sorpresa, de Aioros, su padre estuvo encantado con la solución horas más tarde.

Campamento de Antares, Reino de Crux.

Milo dormía profundamente, estaba agotado, aunque no debería de permitirse este tipo de sueño su cuerpo se lo había suplicado y él había quedado rendido apenas su cabeza tocó la almohada rellena de plumas.

Sísifo le observaba dormir, se notaba en el rostro del muchacho que estaba agotado. Al igual que muchos, el desgaste de las batallas les estaba pasando avisos que era imposible ignorar. Por la diosa de la luna si hasta él estaba cansado, pero por el momento resistiría al sueño y se concentraría en proteger a su príncipe. Yato estaba agotado, Regulus igual y Geist tenía que cuidar la espalda de su soberano. Y por lo que sabía, Saga se aseguraría de velar el sueño de Camus.

Tendrían que darle un respiro a los soldados de Antares y ya había enviado comunicados de que los siguientes días Antares no se movería del lugar donde había asentado su campamento.

-Señor -Sísifo le lanzó una mirada de advertencia al soldado, al mismo tiempo que Milo se movía y cambiaba de posición. -Perdone… -Susurro al notar lo que hacía el general- hay un mensajero de Hindis.

-¿Tan pronto? -Miró a Milo y le hizo un gesto con la cabeza indicandole de que trajera al mensajero. Corrió las cortinas que ocultaban de momento la cama de su futuro soberano, dejó salir un suspiro mientras por dentro rogaba que el joven no despertara por la conversación. A pesar de los encontronazos de las últimas semanas, le tenía una gran estima al joven príncipe y entendía (o eso quería creer) su forma de actuar. Una silueta pequeña apareció tras el soldado de Antares, quien tras una reverencia se retiró, dejando al mensajero con él general.

-Eres muy joven para ser mensajero, perdona si ofende.

-No ofende, general Sísifo Leonis-Sagitter. -Al oír la voz, los ojos de Sísifo se abrieron por sobre manera, mientras el mensajero se quitaba el casco y dejaba a la vista su cabellera castaña.- Mejor será que hablemos en este idioma, para evitar posibles… traslados de información.

-¿Que haces con la armadura de Hindis…?

-Soy la princesa, puedo llevar la armadura sí quiero -Replicó serena aunque esbozaba una vivas sonrisa- pero no es eso lo que he venido a hacer aquí, tampoco estoy en nombre de mi primo, cuando se entere se pondrá como fiera. -Solo por que no le lleve la información a él, no porque use la armadura. Agrega maliciosamente para sus adentros..

-¿Entonces?

-Una persona, que goza de mi confianza a la que denominaremos como Red… Me comento algo, que creo que debes saber.. -Sísifo hizo una mueca al escuchar ese nombre, había escuchado susurrar por lo bajo el seudónimo de Red como asesina de los hombres del Imperio Negro

-Dudo mucho que me interese la información, menos si proviene de alguien que se mete en castillos sin permiso, y escapa como un ladrón. Menos si desconozco quien es la persona que le dio la información.

-Buen punto, pero debería de interesar si la información involucra a Milo y Camus.

-¿Disculpa? -Cómo pudo apreciar Gioca, ahora sí tenía la total disposición de los pensamientos de Sísifo.

-El grupo Nero, al que estoy cazando -Aclaró con notoria furia en sus ojos. Sísifo comprendió en ese instante la cantidad de odio que albergaba ese pequeño cuerpo… Odio hacia los asesinos de sus padres- Ve con buenos ojos la idea de atrapar a ambos, para sonsacarle fortunas a sus respectivos padres y naciones.

-¿Cómo se enteró esa persona de ello?

-Había escuchado rumores… Los de Nero siempre deliran con eso de atrapar príncipes. -Hizo una mueca- Esta vez si van en serio, por lo que tengo entendido, y por lo que he escuchado ya saben cuando ponerle las manos encima. -En mi última partida de cartas, me llegó esa información y es por demás seria. Agrega para sus adentros, solo lo hacía porque Kardia le había agradado y Milo también...

-¿Estás segura de ello?-Preguntó con un ligero timbre de preocupación de la voz, era imposible no demostrarlo. Más aún estando su único sobrino siempre cerca del joven noble.

-Me manejo con las mejores fuentes, general, yo no me siento a hablar con los borrachos de la taberna -Replicó la chica vestida con la armadura de Hindis- La situación es tan seria que su emperador envió a alguien a investigar el rumor. Si le parece poco creíble, envíele una carta a Kardia o alguien de confianza que pueda averiguar esa información.

-Por que tengo la sensación que sabes el nombre de esa persona…

-Obvio que se a quien envió -Dejo salir una risa divertida, por lo bajo para no despertar a quien suponía dormía tras la cortina.- Pero es asunto de su emperador confiarle o no esa información. -La chica se coloco el casco y le dedicó una última mirada- Cuide de Milo, general, se acercan verdaderas tormentas… La guerra de Crux es solo el inicio de todo. Es una briza ligera en comparación con el huracán que se avecina-Realizó una reverencia a modo de despedida- Procure que Milo y Camus no abandonen el campamento- Dijo y comenzó a salir de la carpa.

-¿Porque te arriesgaste tanto?-La chica se detuvo- Si un soldado sospechara de tu identidad, estarias en problemas.

-Mmm… creo que la respuesta es que me conviene tenerlos de aliados. -Sonrió amablemente- Puede que a futuro tenga que aceptar la propuesta de mi tío de vivir en Hindis y me conviene tener amigos en Antares. -Embozo una sonrisa cargada de burla.- Si por esas cosas se le ocurre casarme y tengo que correr bajo el ala protectora de mi hermano.

-Necesitarás que Kardia o Milo te deje el paso por las fronteras, ya veo… Muy ingenioso -Ambos sabían que era una mentira, pero por el momento era mejor que la verdad.- Que tengas buen viaje, a donde sea que te lleve el camino encuentres lo que buscas.

-No se preocupe, se muy bien a dónde me lleva mi camino y no le temo a mi destino -Sísifo se sorprendió con la serenidad de sus palabras. Pareciera que hablara con una mujer adulta y no con una chica de 15 años.- Usted también cuidese, general… -Hizo una pausa mientras se debatía internamente- Si llega a necesitar ayuda, las flores de Sakura son de mucha ayuda… Se hallan en las montañas de Crux. -Sísifo parpadeo confundido, no entendiendo en ese momento el mensaje encriptado tras ese conjunto de palabras.

Bosque. Un tiempo después.

-Ya me comenzaba a preocupar…

-Tranquilo, Ternero, no me tarde tanto… -Miro a los priesterin mientras tomaba el bolso donde se hallaba su ropa.- Pobre de aquel que me mire… --Dijo mientras se iba a cambiar tras un grueso árbol, cuyo tronco que tranquilamente equivaldría a tres hombres.

-¿Listo Señorita?

-Si. -Informó una vez estuvo cambiada.- Partamos a la ciudad de Sakura… Nos desharemos de la armadura de Hindis por el camino… -Ordenó.-Ya no hay más encomiendas…

-¿Ni tampoco motivos para desviarnos? -Preguntó juguetón el chico que montaba junto a ella.

-Cuidado Teneo… -La chica le miró de refilón- No quieres conocerme enojada... Tonto y Yo somos muy buenos a la hora de cobrar venganza -Le saco la lengua burlona, mientras el monito se subia a su hombro.

Carpa de Milo, al mismo tiempo.

"Las flores de Sakura se hallan en las montañas de Crux"

Sísifo se repetía esas palabras para sí, mientras exploraba los mapas que tenía a su disposición.

-Castillo Scarlett, Ciudad de Sakura -Miro los dos puntos en medio de las montañas de Crux.

-Es lo que queda del gran Imperio Algiedo-Ampala -Al darse vuelta se encontró con Dohko, por un rato se había olvidado que el general más viejo de Crux se hallaba con ellos. -Perdone por asustarlo. -Se acercó al más joven- ¿Que hace buscando ese lugar?

-Curiosidad… Alguien menciono Sakura a la pasada hoy… y queria saber que era.

-Pues… era una bonita ciudad… Mi esposa me arrastró a todos los sitios que ese lugar tenía para ofrecer… -Miro a Sísifo- Se acostumbra en Crux que la primer semana de matrimonio la dediques a convivir con tu flamante esposa en lugares bonitos…

-¿Que paso con la ciudad?

-Supuestamente, poco después de la invasión del reino… Una epidemia de peste negra acabó con todos ahí…

-¿Supuestamente?

-Esa enfermedad es muy temida, así que nadie ha ido a esa ciudad a comprobar que paso realmente… Ni siquiera los del Imperio Negro son tan tontos para arriesgarse -Sísifo posó su mirada en los dos puntos del mapa. Dudaba mucho que Gioca, después de arriesgarse como lo hizo, le mandara a una ciudad que padece la peor enfermedad conocida por el ser humano. Una enfermedad que había aniquilado a muchos en los reinos del Sur. Ante la gran piedad de los dioses, Sísifo agradecia haber nacido casi un siglo después de que se acabara la peste.

Aunque aún perduraban las paranoias con respecto a la enfermedad.

Y puede que alguien se haya valido de esta, para mantener al imperio lejos de su ciudad. Sus ojos se posaron por última vez en dos palabras: "Castillo Scarlett". Mientras quitaba los topes del mapa y permite a este enrollarse.

-Supongo que la mención era para que evitemos meternos por esa zona. -Miro a Dohko- Hubiera agradecido que se me notifique que una ciudad de Crux, está infestada de esa enfermedad…-Informó desviando el tema hacia ese rumbo- ¿Hay alguna otra en esa condición? Muchas bajas ya hace por sí sola la guerra, como para agregarle una peste.

-Averiguaré, pero no sabría decirle con certeza. -Por que dudo mucho que dicha peste exista en Crux, agrega para sus adentros.

-Por favor, hágalo, no pienso arriesgar a mis hombres a pasar cerca de un pueblo que podría estar infestado por esa peste.

-No se preocupe, lo haré. -Informó Dohko, lo haria solo para calmar la paranoia que creía ver en ese momento en el general de Antares.- Le pediré guardar discreción, no es prudente el pánico entre las tropas. -Para sus adentros Sísifo sonrió, al parecer su montaje de pre-pánico había servido.

-Que sea su prioridad, por favor. -Gruño, con fingida irritacion.

Continuará.