Los personajes de Saint seiya no me pertenecen.


Sorpresas en el camino.

Marín dejó salir un suspiro antes de atravesar el umbral de mármol blanco adornado con dos gruesas columnas y el escudo de armas familiar en la parte superior.

Sacando unos minúsculos detalles, el lugar que la vio nacer seguía siendo el mismo... Le era imposible no reconocer antiguos sitios donde jugó antaño con sus hermanos en ese, por el momento, silencioso castillo.

A pesar de ser la mayor nada de eso era suyo, según las leyes todos los bienes pasaban a ser de Touma por ser el primer hijo varón. Continuó su silencioso recorrido, encontrándose con cuadros de antaño, incluyendo uno de su madre con Yuna bebé en brazos. Supuso que la técnica en la pintura era lo que le había permitido seguir existiendo...

Habían encontrado al gobernador muerto, hasta donde se sabía, había recibido a una emisaria del emperador de cabellera rojiza. Apsu estaba matando a sus propios representantes, cuando vieron la carta con el sello real del Imperio negro no quedó la menor duda.

La esposa e hijas del gobernador aguardaban en el estudio, esperando obtener la eximición de culpas que alegaban no tener. Marin solo había tenido que intercambiar unas palabras con la servidumbre del castillo para saber que solo una de las hijas (la del medio, que había ayudado a escapar a más de un esclavo mientras su padre vivía) merecía recibir el beneficio del perdón del rey Souma.

Estudio.

-Curioso collar. -La voz de Aioria le hizo mirarle dudosa, hacía varios minutos que estaban con las mujeres y era la forma en que hombre había roto el silencio lo que la sorprendía.

Tal vez solo quería ser cordial con ellas, la educación de príncipe seguramente se lo exigía. Hasta ese momento, ella había llevado la voz cantante en la charla con la esposa del gobernador.

-Mi padre me lo mandó hacer... -Informo la mujer de unos veinte tantos, una de las hijas menores del difunto señor del palacio.- Me lo trajo de mi tierra natal...

-No parece usted Algieda. -Dijo un soldado parado tras el general leonino, por un segundo Marin hubiera jurado que Aioria sonrió. No, no le pareció Aioria había tirado la piedra sabiendo que el soldado reaccionaria si la chica mentía… La mirada el soldado era hostil, al parecer la mentira no le había causado mucha gracia- Tampoco la clase de mujer que se acostaría con su padre… -Informó con notoria burla, ahora entendía porque la sonrisa del príncipe. Aioria debería de saber algo de esa joya.

-¡CÓMO HOZA DECIR ESO! -Bramo la madre de la cohibida joven.

-El nudo en forma de "triángulo" significa eternidad -Soltó el soldado con acento algiedo, hasta donde recordaba era uno de los capitanes de confianza del león y por eso siempre estaba donde este se hallaba.- los diamantes blancos significan pureza y el rosa amor... En otras palabras.

-Es una joya nupcial -Aioria les miro fijo- De la clase que los reyes le dan a sus esposas... -hizo una pausa, que a todos le pareció eterna.- Debido al costo de los diamantes rosas, son muy extraños en Algiedi, solo ellos pueden darse el lujo de comprarlos -La chica se puso pálida, mientras maldecía internamente no haber ocultado el collar bajo el escote de su vestido- Significa que la dueña del collar recibe el amor puro y eterno de quien se lo otorga. -Su mirada se volvió glacial- Déme el collar, se lo regresare a El Cid de Algiedi, más que seguro sea una pieza robada durante la guerra.

-Mi padre…-comenzó ella, tenía pensado usar el collar para asegurarse una buena vida en el imperio negro. Sabía muy bien que esa pieza vale fortunas, plata de la mejor calidad y joyas de un corte exquisito.

-No es una joya robada. -Bramo la madre de la joven, a pesar que sí sabía que lo era. Su esposo había conseguido por medios de turbios conocidos, varias joyas de la casa real de Algiedi.

Incluyendo una tiara con hojas y flores de sakura labradas en la más fina plata. Supuestamente, había pertenecido a la última reina de Algiedi y ella solía presumir en las fiestas que usaba la corona de una reina. También había un anillo, uno de esmeralda (de la clase que usaría un hombre), que supuestamente había pertenecido a El Cid Shura de Algiedi… Su esposo lo usaba siempre y había desaparecido tras su muerte.

Seguramente, quien halló el cuerpo había hurtado la pieza.

-Muestre el reverso... -Aioria lo tomo sin darle tiempo de replicar nada.- ¿Su nombre?

-Shara. -Informó, ya no sabiendo qué mentira usar para mantener la joya en su poder.

-Aquí dice Milena. -Puso la pieza a la altura de los ojos de la chica, un conjunto de símbolos acusaban el nombre de su genuina propietaria. -Se acostumbra, grabar el nombre de la destinataria en las joyas nupciales… Para que todos sepan quién tiene el corazón del rey…-Hizo una pausa- para que todos sepan, cuánto la ama… Grabar el nombre de alguien… significa mucho.

Unas horas después.

-He reconocido algunas joyas de mi madre y mías, pero hay muchas otras que desconozco. -Informó Marín una vez ingresó al despacho, a pesar de que Aioria parecía hipnotizado por la joya asintió- ¿Qué sucede? Pareciera que algo te preocupara...

-Pues... La joya no parece ser muy antigua -Informo al fin, luego de un profundo silencio- Y la gran condesa, madre del actual El Cid, se llamaba Mine... No Milena. -Dejo la joya a un lado. -Eso es lo que no entiendo.

-Será de alguna pariente -Hizo una pausa y sonrió- ¿O tal vez lee mal el algiedo? -Comentó Marín, mientras comenzaba a revisar los papeles del gobernador.- Mine y Milena suenan similares.

-Solo El Cid podía usar esta combinación de piedras en una joya nupcial, él y su primogénito... -Marín le miró de reojo.

-Todos tienen derecho a ofrecer su amor eterno a otros.-Hizo una pausa.- Sean o no El Cid y su primogénito

-Hay otras formas, Marín, hay otras formas. -Informó con una sonrisa amable- Los de las clases más bajas, regalan a su prometida el velo de novia, para indicarle que las protegerán en su totalidad y arman las coronas de flores con sus propias manos. Eso significa para ellos -Tomo un a flor de un cántaro, la limpio con cuidado y se la tendió con sutileza- Que solo existe una reina y es la que coronan con la flores mas bellas. -Marín tomo la flor y observó atentamente a Aioria, sin saber qué decir o que interpretar.

-¿Crees que la joya pertenezca a Shura? -Marín tomo la flor con las mejillas rojas y controlando sus emociones- No recuerdo que mencionara estar casado…Nunca mencionaron que hubiera otra reina… Para ser más exactos.

-Durante la guerra, la casa real guardo mucha información para sí… -Hizo una pausa- Puede que ni Izo sepa si su hermano se casó o no. Debido a su corta edad, no se lo consideraba apto para conocer los secretos familiares.

-Que linda familia.

-Era más bien por su protección que por desconfianza, si no sabía nada no tendrían motivos para darle grandes tormentos -Hizo una pausa- En teoría.

Hotel, Provincia de Lion Minor. Al mismo tiempo.

Albafica comenzó a sentir la molestia ante picor del sol en sus ojos. Lentamente su mente le fue trayendo recuerdos, como gotas de lluvia que caen disimulando su origen tras un suave rocío. Recordaba estar en una taberna cenando, recordaba el picor del vino al pasar por el paladar... Recordaba el haber salido del lugar con un ligero malestar.

Recordaba el agua envolviéndolo, una vez fuera arrojado al río que ladeaba la ciudad. Sus ojos se abrieron bruscamente y se incorporó, un malestar llegó desde su vientre y un profundo dolor se generó en sus sienes.

Le fue imposible no ladearse hacia un lado, esperando que pase el malestar.

Ahí fue cuando la noto, sentada en un sillón de orejas con sus piernas recogidas y cubierta con una capa de viaje de color verde intenso. Mejillas ligeramente rosadas, párpados cerrados señalando un profundo sueño y unos labios delicados como los pétalos de una rosa apenas separados para dejar escapar al vital aliento.

Los ojos de ella se abrieron lentamente y se enfocaron en él, se bajo del sillón y camino descalza a su encuentro. Fue solo cuestión de tiempo para que su cabello fuera recogido y sujeto tras su nuca por unas delicadas manos.

-Te sentirás mal por unos días, prácticamente te dieron la dosis para idiotizar a un caballo.

-Mi ropa... -Logró decir, al reconocer al fin que debajo de las sabanas solo se hallaba su cuerpo desnudo.

-Estuviste en el río, sería imprudente dejar puesta ropa húmeda a una persona, la estoy secando con la chimenea. -Albafica dejó salir un ligero gruñido, este no solo era por la situación de estar desnudo si no también por el malestar que cargaba- No debes de preocuparte, como oficial médico vi muchos hombres desnudos…

-Creí que eras herborista.

-Lo soy, pero donde aprendí el arte de la herboristería enseñan Medicina y se aconseja tener ambos estudios para trabajar. -Dijo mientras acomodaba el cabello de Albafica y este comenzaba a sentir que se le iban las nauseas- Digamos que querían que supieras conocer los signos y supieras cómo tratarlos.

-Gracias por ayudarme... -Replicó Albafica, mientras ella le hacía un rodete en el cabello.- ¿Donde estudiaste?

-En el Liceo Médico Nacional...

-Eres descendiente de piratas… -Gruño, sabía que los Liceos solo existían en un lugar y por cortesía de Fudo sabía mucho sobre ese país.

-Mamá, si... Papá era un boticario en Cancro… -Ayudó a Albafica a recostarse una vez más- Veré si tu ropa está seca… -Abandonó la cama, mientras el teniente de Antares le seguía con la mirada. Algo le decía que le había molestado el "Descendiente de Piratas".

Pasaron dos días hasta que pudo salir de la cama sin miedo a caer contra el piso. Caminando un poco, sus piernas fallaron (Aún no estaba del todo recuperado) y fue a parar encima de la persona que había intentado evitar la visita al piso.

La mujer se sonrojo por completo cuando el tórax de los dos hizo contacto y cuando al moverse para salir, su rodilla impacto delicadamente una zona sensible de él.

-Lo siento…

-Espera que me corro…- La chica se sonrojo más- Quiero decir… que me quitó de encima. -Albafica se apuro a ponerse de pie, trastabillando y terminando sentado en el suelo. Mientras la chica se sentaba en el suelo y se acomodaba la falda- No quise decir eso… yo…. veras…. Me disculpo…. no quise ofenderla.

-No te preocupes -Ella dejó salir una pequeña risa- Ahora tendré una anécdota divertida de este viaje.

-En serio… Yo… -Albafica estaba rojo por la vergüenza.

-Tengo hambre, si quieres redimirte paga la cena. -Le miro- Caminar y un poco de aire fresco te sentará bien. -Inmortal Red se partirá de risa cuando le cuente, pensó divertida para sus adentros.- Por cierto, se mas cuidadoso cuando espíes a los integrantes de Nero…

-Lo tendré en cuenta.

Campamento de Antares. Dos días después.

-Excelencia… -Sísifo bajo la mirada y luego la volvió a posar en Milo, que sonreía al ser descubierto en su pequeña diablura… En realidad le sorprendía que Sísifo no hubiera descubierto a Muelita antes.

-Muelita suelta la capa ¡ahora! -La perra tras dos tirones más, soltó la tela y fue junto a su dueño.

-Ese animal, no es apto para el campo de batalla… No tiene por que estar hache. -Ya estaban a punto de partir, cuando creía que todo estaba terminado la perra había emergido de una canasta (que Milo se había ofrecido a cargar por una razón muy obvia ahora) y tomado por asalto su capa.

-Pero es apta para atacar capas de quienes no saben que esta -Dijo Milo, antes de tomar a la perra que ya había crecido lo suficiente para volverse algo pesada.- La tendré atada -informó en un tono que le recordó a Regulus cuando quiso convencer a Ilias (cosa que logró) de que le deje tener un gatito que había traído del pueblo- aparte está comenzando a gruñir a quienes no conoce. -Sísifo miro al chico de costado y comenzó a alejarse.

-Ata a ese animal, no vaya a ser que se pierda. -Ordenó con tono frío, Milo sonrió y miró a su perra que no tardó en dejarle una lamida en la mejilla.- Partiremos hacia Alshaim en breve.

Caminos.

Muelita, alias Muela de juicio, caminaba tirando de la cuerda que iba atada a la silla de Milo, Sísifo se decía a sí mismo que no había sido la mirada de súplica del príncipe lo que había impedido que ordenara regresar a la perra a Antares.

-¿Como se llama la perra? Aún es muy cachorra, no se por qué la trajiste -Mira al capitán que se atrevía a hablarle al príncipe, cuando Milo le miró (y su rostro quedó parcialmente a la vista) este se dio cuenta quien era. -Perdone su excelencia, no me había dado cuenta que la perra era suya -Sin duda el hombre hubiera preferido morderse la lengua antes hablarle tan confianzudo al joven.

-Muelita, así se llama. -Replicó el chico antes de volver su vista al frente- y no es tan cachorra, ya tiene 11 meses… -La perra tiraba de la correa, así que Milo le dio un tirón para hacerla caminar junto a su caballo- Muerde fuerte, Capitán, así que no intente jugar con ella… -Sonrió- Podría lastimarlo, se lo digo por su bien…

-Lo tendré en cuenta.

-Hazle caso -Otro que montaba cerca levantó una mano vendada, era uno de los tenientes- Muerde muy fuerte. -Sísifo miró a Milo quien sonríe ligeramente.- No sabía que estaba y me llevé el disgusto, como es pequeña no me llego al cuello de milagro.

-Le dije que era guardiana… -Sísifo regreso su vista al frente- Se acercó más de lo que Muelita considera prudente. -La perra trotaba junto a su dueño, completamente ajena a la gran distancia que tenían por delante y sin demostrar el menor cansancio al respecto.

-Una cosa es gruñir y otra morder, excelencia.

-Me intriga cual es la diferencia -Replico el chico distraido, ganando una risa leve de los otros dos.

-Que una no hace nada -Hizo una pausa- Mientras que la otra lo deja sin mascota y a mi sin teniente. -Le miro fijamente.- Asegurese que aprenda a no atacar a menos que se lo ordene o hare que la sacrifiquen, recuerde que solo es soldado excelencia.

-Entendio. -Tu ordenas sacrificar a mi perra y yo sacrificare tu carrera militar.

Continuará.