Hoy os traigo un capitulo que desentrama dos de los misterios de este fic. Es un poquitín más largo que de costumbre.
-¿No… no sabes lo que sientes por mí? – Naruto se acercó un poco más a su compañero, aquello podía significar una oportunidad.
El moreno se mantuvo en silencio. Siempre lo había visto como un amigo, pero cada vez que se acercaba a él, sus reacciones eran incomprensibles. Le ponía nervioso tener a Naruto cerca, y últimamente se sonrojaba y sonreía mucho, pero solo con él, solo por él. Y después lo del beso…
Naruto podía leer la confusión en los ojos del Uchiha. Verlo tan indefenso le hizo humedecerse los labios, ansiando besarlo y aclararle cualquier duda. Esa acción no pasó desapercibida por Sasuke, ya era la segunda vez que le veía hacer aquello mirándolo a él, no podía ser coincidencia. Algo en los ojos de Sasuke impulsó a Naruto hacia él.
El moreno dio un paso atrás y su espalda chocó contra el tronco del árbol. Naruto dio un paso más y entre ellos ya no había más de tres centímetros. Una mano morena acarició la cara pálida del acorralado ninja, apartando unos mechones de pelo negro y colocándolos detrás de la oreja. Sin dejar de mirarlo a los ojos, Naruto acercó su cara a la de su compañero, que no hizo nada invitándolo a seguir, pero tampoco hizo nada para evitarlo. Estaban tan cerca que respiraban el mismo aire. Otra vez el olor del otro envolvía al contrario, sintiéndose embriagados. La otra mano de Naruto viajó hacia la cintura de Sasuke, aprovechando para atraer su cuerpo hacia el suyo. Estaban tan cerca. Naruto volvió a humedecerse los labios y no lo soportó más.
Pegó su boca a la ansiada boca de su compañero. El contacto fue brusco y desesperado, como quien le da una botella de agua a alguien perdido en un desierto durante días. Sasuke se sentía mareado, intentó resistirse, pero era imposible. Era imposible resistirse a Naruto.
Cuando el rubio sintió que el moreno respondía al beso, se relajó. Seguía habiendo un punto de desesperación, pero la pasión era más latente. Naruto succionaba el labio inferior de Sasuke, mientras este hacía lo propio con el superior del rubio. Los dos chicos tenían los ojos cerrados, sintiendo con intensidad el contacto con el contrario. Naruto apretó más el cuerpo del Uchiha al suyo, llegando a sentir las palpitaciones de su corazón. Se separaron levemente para coger aire, Naruto abrió levemente los ojos y miró fijamente a Sasuke. Sus ojos eran apenas dos rendijas, sus mejillas tenían un leve color rojo y su boca estaba entreabierta buscando aire. No pudo evitar acercarse de nuevo, y aprovechando la apertura en la boca del moreno, Naruto introdujo su lengua. Esta vez Sasuke no se intentó resistir. Sin esperar un segundo, movió su lengua para encontrar la del ansioso rubio. Aquello le mareaba, nunca había sentido nada parecido.
Ninguno sabía cuánto tiempo habían pasado así, pero al separarse estaban a punto de ahogarse. Con las respiraciones agitadas y las caras levemente sonrojadas, los chicos se miraron a los ojos. Un par de minutos más y volvieron a la realidad. Sin decir palabra, emprendieron la marcha de nuevo. Cuando llegaron a la altura del resto, se acompasaron al ritmo de los demás. Naruto por fin se atrevió a hablar.
-Sasuke, esto que acaba de pasar… -hizo una pausa demasiado larga, buscando las palabras adecuadas- Me dejé llevar.
-Hm. Yo también.
-¿Sabes? Ayer… Te despertaste de esa pesadilla, estabas – tomó aire hasta llenar sus pulmones – destrozado. Te consolé hasta que te calmaste y, bueno, terminé haciendo lo mismo que hice ahora.
El rubio lo miró de reojo, esperando alguna reacción del otro, pero todo lo que recibió fue una leve sonrisa.
-Lo sé – suspiró – creía que no lo recordabas.
-Yo creía que eras tú el que no recordaba.
-Me acuerdo perfectamente de todo, Naruto. – el moreno lo miró. - Aunque como se te ocurra contarle algo de eso, o de esto, a alguien, morirás. Y no de manera agradable.
-Bastardo, no soy esa clase de persona.
Los dos sabían que esos encuentros entre sus bocas nunca serían revelados a nadie. Seguro que muchos de sus compañeros rechazarían un tipo de relación así, entre dos compañeros, dos hombres, dos amigos… Aunque, no era que tuvieran ninguna relación. Naruto pensaba en qué manera cambiaría eso su relación. ¿Podrían salir juntos? ¿Salir como una pareja normal? No se imaginaba a ellos dos andando por Konoha cogidos de la mano, no era algo que ellos harían de forma natural. Pero dentro de casa, viviendo juntos, compartiendo cama… ahí las cosas cambiarían bastante. Naruto sacudió la cabeza, provocándose cosquillas en la nuca con un par de mechones rebeldes. No podía adelantarse tanto, no debía hacerse ilusiones. No sabía lo que pensaba Sasuke de todo aquello.
-Dijiste que te dejaste llevar… -dijo con cuidado- ¿Ahora te arrepientes?
-No creo que debamos hablar de eso ahora, Naruto. Tenemos asuntos de los que ocuparnos.
-No. Yo… necesito saberlo.
-Mejor hablamos cuando acabemos la misión, ¿de acuerdo? No creo que debamos distraernos.
-¡Ya nos hemos distraído, teme! Solo dilo.
Los ojos azules de Naruto brillaban con esperanza y miedo a partes iguales. Sasuke no quería responder. No quería admitir nada en voz alta, sino todo se haría real. Si lo decía, no habría vuelta atrás, no podría volver a ser igual con él.
-No me arrepiento. – las palabras brotaron de su boca, que después cerro con fuerza mordiéndose el labio inferior.
Un destello azul saltó de los ojos de Naruto.
-Yo tampoco.
Sasuke escuchó aquellas palabras y su corazón dio un salto, sentía cosas que le eran desconocidas, pero no era desagradable. Solo era… confuso. Los chicos se miraron a los ojos. No había nada más que decir. Por ahora.
Todo el grupo avanzaba, inspeccionando todo el terreno, adelantándose poco a poco, mirando en cada posible lugar buscando un escondite, una guarida, una cueva, cualquier cosa. Pero todo fue en vano. Llegó la noche. Todos estaban demasiado cansados, agotados física y mentalmente. No esperaban tener tantos problemas para hallar una mínima pista. Se comunicaron con los otros dos grupos, estaban igual que ellos, sin una sola pista. Decidieron reunirse los tres grupos en un mismo punto para que la vigilancia fuera mayor, y así sentirse más seguros.
Naruto tenía a tanta gente alrededor y solo tenía a una persona en su cabeza. Se quitó la capa y se dejó caer al pie de un árbol, estaba inusualmente cansado. Delante suya, a lo lejos, podía apreciar la espalda de Sasuke, su pelo ondeando en la suave brisa nocturna, su total inexpresividad corporal mientras hablaba. Recorrió cada rincón visible de su cuerpo pensando en que era lo que tenía de especial, el porqué de no poder dejar de pensar en él. ¿Por qué no se fijaba en Hikari, por ejemplo? Sus ojos viajaron hasta ella, era bastante guapa y tenía un cuerpo prácticamente perfecto… Pero sus ojos no duraron más de diez segundos sobre ella y enseguida volvían al moreno. No era algo físico.
La gran parte de su vida había girado alrededor de ese ninja, siempre había querido ser cercano a él, siempre había querido ser importante en su vida, lo había perdido y había usado todas sus fuerzas intentado recuperarlo, pero Sasuke se había ido de nuevo y él se había sentido vacío cada día de nuevo. Y él entendía el porqué de todo eso. Lo había querido siempre, desde pequeño. Pero un beso correspondido no significaba que Sasuke sintiera lo mismo por él. Se levantó y empezó a caminar, intentando despejarse. Se alejó del grupo sin que lo vieran, necesitaba estar solo por un momento.
Sasuke estaba hablando con Sakura mientras esta lo ayudaba, a regañadientes del propio Uchiha, a quitarse la capa. Al parar de golpe después de haber corrido tanto le había acalorado el cuerpo.
-¿Entonces no has visto ningún comportamiento extraño en Naruto?
-No. – contestó el Uchiha mientras la chica le colgaba la capa del brazo. – Está como siempre.
-Bien. De todas maneras, hay que estar atentos. No conocemos las técnicas del enemigo. – se acarició el cuello ladeando levemente la cabeza en un gesto de incomodidad. Esa situación podía con ella. Llevaba demasiado tiempo en paz, ocupándose de la gente en el hospital, saliendo con sus compañeros, arreglando la pequeña casa donde vivía ella sola desde hacía unos meses… Se había acostumbrado a esa vida tranquila alejada del ajetreo de las misiones. Pero no había podido evitar embarcarse en esa misión. Era algo muy importante, además que sabía que tanto Naruto como Sasuke irían y ella quería estar ahí para ellos. – Es todo tan complicado ahora, Sasuke.
-No te preocupes. Yo me quedaré con él y estaré atento. Te informaré de cualquier cosa.
-Gracias, Sasuke – Sakura le sonrió y le puso una mano sobre el brazo.
-No lo hago por ti, lo hago por él.
-Lo sé. – soltó una breve carcajada sincera. – Por cierto, ¿dónde está Naruto ahora?
-Está allí sentado… - el moreno cerró la boca al ver que no estaba allí, junto a sus cosas. Sin mediar palabra, se fue hacia el lugar y dejó sus cosas junto la capa desparramada, mirando si veía al anaranjado chico por algún lugar cercano. Sakura se acercó, con la preocupación marcada en sus ojos verdes.
-Sakura, mira por entre la gente, puede estar hablando con Kiba o alguien más. Yo iré por los alrededores.
Sasuke no esperó respuesta, ya estaba en marcha. Se adentró en la espesura del bosque, buscando algún rastro del rubio, su presencia, su chakra, su voz, algo. Su corazón se paró momentáneamente al ver su chaqueta en la rama de un árbol. Se acercó, no había nada más. Quiso gritar su nombre, pero se convertiría en un blanco fácil en caso de haber enemigos. Apretó los labios, convirtiéndolos en una fina línea blanca. *¿Dónde estás?*
Su respiración agitada creaba pequeñas nubes de vaho, su corazón acelerado bombeaba gran cantidad de sangre a sus músculos, su cabeza no podía pensar con claridad. No podía haberle pasado nada, era Naruto. Nada podía con Naruto. Pero ese día no estaba del todo bien. Sacudió la cabeza, intentando deshacerse de esos pensamientos. Recogió la chaqueta y la apretó contra su pecho. Aún desprendía un leve calor, no hacía mucho que se la había quitado.
Utilizó todos sus sentidos, todas las técnicas oculares que perfeccionaban o agudizaban su visión, lo intentó todo para encontrar aunque fuera una pequeña pista. Se quedó allí de pie demasiado tiempo, sus labios se habían tornado morados por el frío, su cuerpo temblaba por varias razones. Y encontró algo. Un destello azul llamó su atención. Rápidamente se puso la chaqueta de Naruto, conservando su calor y mezclándolo con el poco calor que quedaba en su cuerpo, y se encaminó hacia allí. La luz desapareció al instante, pero él ya había visto de dónde provenía, estaba cerca. Cuando llegó, vio a un ninja allí de pie, mirándolo directamente. Se puso tenso, en guardia y con la mano encima de la empuñadura de su katana.
-Te estábamos esperando. – dijo el ninja haciendo un gesto con el brazo invitándolo a entrar por una pequeñísima cavidad en una roca detrás de él.
-No voy a entrar ahí.
-Tú sabrás lo que haces. Pero el dueño de esa cosa que llevas está ahí dentro.
Aquello crispó los nervios del moreno. En un abrir y cerrar de ojos, Sasuke estaba a dos centímetros de la cara del otro hombre, agarrando sus ropas y levantándolo en el aire.
-¿Qué le habéis hecho a Naruto?
-Nada – le contestó, con una sonrisa burlona – por ahora.
El Uchiha usó el sharingan en él y lo tiró contra el suelo. Se metió por la cavidad y caminó como pudo por el estrecho camino. Llegó a una puerta enorme, que se abrió nada más llegar. Era una puerta muy ancha, de un rojo sangre. Entró con cuidado, alerta, atento a cualquier peligro. Al poner un pie dentro de ese lugar pudo sentirlo todo. Sentía cada chakra que había allí, sentía cada presencia. Aquella enorme puerta actuaba como una pantalla protectora, por eso no habían encontrado nada, ni siquiera con el byakugan. Y encontró lo que buscaba, sintió a Naruto. Corrió entre las sombras del lugar, sin pararse a mirar lo que tenía alrededor, solo le importaba encontrar a Naruto.
Aquel lugar era como una especie de laberinto, decenas de pasillos se cruzaban unos con otros una y otra vez, pero él sabía utilizar sus habilidades haciéndole posible un avance rápido y sin desviaciones hasta su destino. Llegó a una sala enorme y se situó en el centro, estaba aparentemente vacía. Pero él sabía que no lo estaba, notaba la presencia de unos diez ninjas repartidos en círculo a su alrededor, pegados a las paredes e inmersos en las sombras. Pero eso no lo importaba, él solo miraba al frente, hacia el fondo de la sala mientras avanzaba intentando vislumbrar lo que allí se encontraba. Naruto estaba acostado en un sofá enorme de cuero rojo. A su lado se intuía una sombra, de la que surgía una mano que reposaba sobre la cabeza rubia de su compañero.
Sasuke apretó los dientes, nunca un gesto tan inofensivo le había sentado tan mal.
-¿Quién eres? – preguntó alzando la voz pero controlándose para que no se notara su rabia, debía parecer impasible.
Una carcajada resonó en el silencio de la sala. Una carcajada aguda y tintineante. Mientras tanto, la mano había empezado a moverse, acariciando el pelo rubio, revolviendo esos ya revueltos mechones. Unas uñas de un rojo sangre se mostraban al final de esos dedos largos enmarañados en cabellos dorados, un rojo intenso como el propio sharingan que él mostraba en sus ojos. Unos anillos adornaban esos dedos, y siguiendo la línea del brazo pudo vislumbrar una melena en la oscuridad.
La sombra se movió, levantándose y dejándose ver a la tenue luz del lugar. Una mujer, alta, con una melena roja completamente lisa que le llegaba a las caderas, unos ojos de un azul intenso lo miraban fijamente, burlones. Una sonrisa adornaba su cara afilada, dándole un aspecto extraño. Era muy hermosa y esa expresión arruinaba todo su encanto. Llevaba una especie de corsé, apretadísimo, de cuero negro y lazos rojo sangre. Por debajo, asomaba una falda negra, larga, que tapaba sus largas piernas. Sus pies adornados con unas uñas del mismo tono rojo, estaban descalzos. La mujer lo miró de abajo a arriba, al contrario que había hecho él. Su sonrisa se acentuó al ver la chaqueta de Naruto sobre su cuerpo.
-¿Quién eres? – repitió Sasuke.
-Oh querido, no tienes que ser tan brusco. Deberías presentarte antes de preguntarle el nombre a nadie.
-Repito, ¿quién eres?
La mujer sonrió y camino hasta situarse detrás del sofá, donde se apoyó y se inclinó hacia abajo, hacia Naruto. Sasuke contuvo el impulso de saltar hacia adelante y sacar a Naruto de allí. Cualquier movimiento imprudente podía costarle caro.
-Saciaré tus dudas cuando tú hagas algo por mí.
-No haré nada de lo que me pidas.
-Ah, ¿no? – la mujer lo miró sonriendo. Una de sus manos bajó hasta la cara de Naruto y araño levemente una mejilla con sus rojas uñas. Siguió arañando su tostada piel, apretando cada vez más, bajando por la mandíbula y llegando hasta el cuello, dejando unos finos surcos rojos allí por donde pasaba. – Harás lo que yo diga, Uchiha, o él sufrirá las consecuencias.
Sasuke sentía su sangre hervir, la rabia lo consumía. Un hilo de sangre escarlata brotaba de sus labios allí donde se había mordido para contenerse de no abalanzarse contra esa… mujer. Se limpió la sangre con el dorso de la mano.
-¿Qué es lo que quieres?
-Así me gusta más. – las uñas se despegaron de la piel del rubio y sus dedos delinearon los pequeños surcos rojizos, limpiando lo que brotaba por ellos. Llevó sus dedos manchados con la sangre del inconsciente Uzumaki hacia su cara, observándolos. – El color de su sangre es precioso. Rojo apasionado, el rojo de un chico que da todo por los demás, de una persona que piensa en sí mismo en último lugar, de una persona que moriría por otro, que moriría por ti… ¿Acaso tu morirías por él? – los ojos azules se dirigieron hacia él, intentando ver su alma a través de sus ojos. Pero solo unos ojos eran capaces de acceder a su interior, y ahora esos ojos estaban cerrados.
Él no contesto, no se movió, no hizo nada. Si no estuviera dispuesto a morir por él, no estaría ahí, solo, rodeado y sin más preocupación que rescatar a Naruto. ¿Así se había sentido él durante los tres años que estuvo intentando llevarlo de vuelta a su lado? ¿Así se había sentido él cada día mientras él solo pensaba en su venganza? ¿Por qué haría algo así? ¿Por qué lo estaba haciendo él ahora?
No era momento para preguntarse nada de eso. Sí, moriría por él. Pero no tenía pensado morir ahí. Encontraría la manera de llevarse a Naruto y saldrían los dos a salvo de ese agujero.
-Parece que no estás muy hablador. En fin… - la mujer se separó del sofá y Sasuke se relajó un poco. Ella limpió sus dedos en un pañuelo de un blanco intenso, quedando allí el rojo manchando el centro. La mujer guardó el pañuelo en una pequeña caja y cogió algo entre sus manos. Se acercó a Sasuke, despacio, con el objeto en sus manos. El chico lo reconoció enseguida, era la caja que le habían robado.
-Sa… Sasuke.
El chico desvió su mirada hacia el sofá, donde vio a Naruto incorporarse pesadamente mientras lo miraba con los ojos entrecerrados.
-¿Sasuke? ¿Dónde estamos?
-Oh querido niño, te has despertado. Que buena suerte para ti. Estás a punto de ver mi ascensión como la nueva dueña de este putrefacto mundo.
-¿Dueña? ¿De qué demonios hablas? – replicó Sasuke. Quería llamar la atención de la mujer para que Naruto pudiera escapar de allí.
-Ya lo sabrás, pronto, muy pronto. – la mujer caminó el poco camino que los separaba y puso la caja frente a él. – Vamos, ábrela.
-¿Para qué lo quieres?
-Lo sabrás en cuánto la abras. Vamos, querido.
-Eso no te pertenece.
-Todo en este mundo me pertenece ahora.
-¿De qué estás hablando? – Naruto seguía sentado en aquel sofá. ¿Por qué no se levantaba? – Sasuke, ¿qué me pasa?
-No te preocupes cielo, es solo una pequeña droga que anula tus capacidades físicas, se acabará pasando. En unos días, quizás. – esa extraña mujer sonreía a Naruto.
-¡¿Quizás?! – Naruto intentaba levantarse inútilmente. - ¿Quién demonios eres tú?
-Parece que los dos estáis muy interesados en saber mi nombre. Está bien, os lo diré – la mujer dio un giro dramático sobre sí misma, haciendo ondear su pelo y su falda – Podéis llamarme Akao, y soy quien dominará este mundo roto.
Naruto miró a Sasuke con cara de duda y Sasuke negó con la cabeza, ni sabían quién era ni que era lo que pretendía decir con eso.
-Vamos, ábrela – se acercó de nuevo hacia el Uchiha, insistiendo con las manos delante de su cara sujetando la caja. Entonces lo vio, los anillos que adornaban sus dedos.
-Llevas los anillos…
-Sí, por supuesto. Los necesito para adueñarme del mundo. Los necesito todos. Necesito lo que hay aquí dentro. Ábrela.
-¿Qué hay dentro de esa caja, Sasuke? – pregunto el rubio mientras seguían intentando recuperar el control de su cuerpo.
-El anillo de Akatsuki de mi hermano.
Hola de nuevo ^_^
De verdad que espero que os haya gustado, lo hago lo mejor que mi pobre cabeza puede.
Naruto: Akao? Quién es esa?
Deiita: Pues... es... me la he inventado, vale?
Naruto: Y por qué has hecho eso? No hay suficientes malos en la historia orginal?
Deiita: Los hay, pero muchos me caen bien...
Naruto: Cómo?
Deiita: Lo que has oído...
Naruto: (-.-)
Deiita: No quería dejar mal a nadie, así que me invente un personaje nuevo, algún problema?
Sasuke: El problema lo tendrás tú cómo le hagan algo a Naruto (¬_¬)
Deiita: X_X
Hasta la próxima. Nos leemos.
