Capítulo 12
Catarsis
Mientras el sol matutino se alzaba en el pueblo de Ukren, se podía seguir percibiendo un poco de frío debido al aire del amanecer. No obstante, prácticamente todos los habitantes del pueblo ya habían salido para empezar su jornada laboral. Incluso los niños de seis o siete años ya habían salido de sus camas y se estaban preparando para practicar sus ejercicios matutinos.
En un espacio vacío situado en la región Éste del pueblo de Ukren, el calor de los rayos del sol matinal pasaban a través de los árboles que había alrededor, dejando puntos de luz dispersos en el suelo. Se podía observar a un enorme grupo de
niños ahí, probablemente cien o doscientos. Estos niños estaban separados en tres grupos, cada grupo dividido en varias filas. Todos los niños estaban de pie silenciosamente y con cara solemne.
El grupo de niños situado en la zona más al norte tendrían aproximadamente siete años. El grupo del medio tendría unos diez a doce años. Mientras que los jóvenes del sur tendrían unos trece a dieciséis años.
En frente de este inmenso grupo se hallaban tres hombres de complexión
robusta. Los tres vestían camisetas de manga corta con una cota de malla y pantalones de cuero.
—Si quieren llegar a ser poderosos guerreros, entonces tienen que empezar a trabajar duro desde jóvenes —Les dijo fríamente el líder de los tres hombres de mediana edad
Ezran observo a los huérfanos de Duren mientras entrenaban, sabía que Katolis tenía una forma similar de entrenar a sus soldados, era una buena forma de que los huérfanos no se volvieran ladrones y fortalecían sus fuerzas de combate. Ezran jamás fue bueno llevándose con los niños de su edad, ni siquiera con los hijos de los nobles que solo se acercaban para tener algún favor y después hablaban mal de él a su espalda.
Hacía dos noches que había llegado a la corte de la reina Aanya y se había mantenido escondido en su habitación la mayor parte del tiempo. El joven rey aún no podía creer que su padre había muerto y que los soldados habían intentado matarlo. Aún le costaba admitir que no tenía padres y su hermano estaba lejos. Callum siempre había estado para él. Se dio cuenta de lo mucho que su hermano hacía por él desde que era un pequeño qué lloraba en las noches de tormenta, no es como si ahora fuera mayor, pero todo se sentía raro. Ezran tocó su pecho, quería llorar pero no podía, debía cargar el peso de su título.
—Lo sé, lo extraño —dijo al sapo luminoso tomándolo en sus brazos, lo único que le quedaba de Katolis era su mascota.
—Rey Ezran —la voz de la reina de Duren interrumpió los pensamientos del joven rey de Katolis—. ¿Por qué ha venido hasta acá? ¿Tiene interés en el entrenamiento?
Ezran negó varias veces. —Solo parecía un buen lugar como cualquier otro lugar.
La reina Aanya observó al hombre que acompañaba al rey de Katolis. Su nombre era Corvus, un explorador que servía bajo las órdenes de la general Amaya.
—Dado los recientes acontecimientos en los reinos humanos, creo que es necesario contar con un buen ejército leal. Es una lección que he aprendido, así como usted debe de haberla aprendido en estos últimos días.
Ezran sentía el peso de las palabras de la reina de Duren. En los reinos humanos. Si alguien se relajaba, en el futuro serían menospreciados por los demás. Dinero y poder, estas eran las cosas que determinaban el status de un hombre. Un hombre sin poder sería menospreciado incluso por mujeres. Si uno quería que sus padres estuviesen orgullosos de él, adorado por las mujeres y vivir una vida gloriosa. ¡Entonces se tendría que convertir en un guerrero poderoso! Todos ellos eran plebeyos. Ninguno tendría acceso a aquellos valiosos manuales que enseñaban las artes de batalla. El único camino a la gloria que tenían era el de ejercitar desde una edad temprana y reunir fuerza. Trabaja amarga y duramente. Trabajarían más que esos nobles, derramando más energía y sangre en fortalecerse. Ezran se preguntó si él podía hacer eso, si podría ser tan persistente como esos niños que estaban entrenando duramente por su familia.
—Cuando el sol se alce por la mañana, todo empezará a prosperar. Este es el mejor momento para absorber la energía natural de su alrededor y mejorar las condiciones de sus cuerpos. Lo mismo de siempre, separen sus piernas, ¡igual de amplias que sus hombros! Ambas piernas dobladas estrechamente y las manos a la cintura. Asuman la postura de combate —el soldado encargado de entrenarlos era enérgico
—¿Podría entrenar con ellos? —preguntó Ezran en un arrebato.
Corvus no daba crédito y no podía dejar que el rey se pusiera en algún peligro.
—Eso sería peligroso, mi deber es mantenerlo a salvo hasta que la general Amaya mande nuevas indicaciones.
—Pero eso podría ser algo bueno, ¿no es mejor saber pelear? Incluso yo recibí un entrenamiento, así es como sobreviví. Depender de las demás personas y ser una carga no es el tipo de gobernante que deberíamos ser —Aanya parecía seria al hablar, era joven, pero tenía la experiencia de las batallas dentro de su corte—. Si el rey no está dispuesto a pelear, ¿cómo espera que sus súbditos lo sigan a la batalla?
—Si trabajan duro desde pequeños, cuando en el futuro estén en el campo de batalla tendrán más posibilidades de sobrevivir —dijo Corvus. Entendía ese tipo de entrenamiento, incluso en Katolis el entrenamiento se hacía desde jóvenes. La academia de cadetes estaba llena de adolescentes prometedores.
«No descuides las cosas pequeñas, pues tanto el gobernar como la guerra y las artes mágicas no son sino pequeñas cosas edificadas una sobre otra: comienza, pues, con lo pequeño y mira de cerca, y lo verás todo.»
Ezran recitó en su mente algo que su padre le había dicho antes de enterarse sobre el acuerdo con Xadia. No era capáz de entenderlo aún, pero seguro estaba un poco más cerca de entenderlo.
El hombre que entrenaba a los niños se percató de la presencia de la reina. Sin dudarlo se acercó a ella.
—Majestades… —dijo haciendo una reverencia, al ver esto los niños, quienes estaban tratando de mantener una postura de combate comenzaron a ver en esa dirección. Aanya podía ser la reina de Duren y una de las personas más importantes de la Pentarquia, pero a ojos de aquellos jóvenes, ellla seguía siendo de su edad y ver a una chica tan hermosa era un privilegio.
—Tan enérgico como siempre, Sir Roger. — Aanya le dedico una sonrisa al hombre, aquel había sido el mismo soldado que había estado con ella durante el golpe de estado de sus nobles y el ataque de los "elfos"
—De ninguna manera, en el pasado cuando aún estaba en las barracas entrenaría como un poseso todos los días, mientras que en el campo de batalla entraría en sangrientas peleas cuerpo a cuerpo. Hoy en día todo lo que estoy haciendo es relajarme y estirarme un poco por las mañanas. No tengo tanta energía como en el pasado.
—Sir Roger. Me gustaría pedirle un favor —dijo la Reina—, quiero que el Rey Ezran entrene con usted y los demás reclutas.
El soldado se sorprendió, entrenar con huérfanos y niños que iban por propia voluntad era una cosa, pero entrenar al Rey bajo el mismo estándar que a los plebeyos era algo complicado, por regla los nobles tenían sus propios entrenamientos privados donde se les enseñaba el arte de la espada, así como otras técnicas como la equitación. Aunque claro, en el campo de batalla todos combatian igual, daba poca importancia si era un rey o un simple soldado, ambos chocaban sus espadas contra los enemigos. Aún así, si hacía un mal trabajo aquello se podía volver un problema. Además era el sobrino de la general Amaya de Katolis, cualquier soldado que se respetara, incluso si no eran soldados, sabían quién era la mujer. Solo pensar en entrenar a su sobrino era un honor, pero también era aterrador.
—Si su majestad desea entrenar, podría pedirle a uno de mis hombres que lo haga, sería más seguro
—Opino lo mismo —intervino Corvus, permitir que el rey Ezran estuviera en las mismas circunstancias que los demás sería algo que la general Amaya no le perdonaría.
Ezran vio a los niños y jóvenes, había uno de cabello castaño de unos quince años, su manera de moverse torpemente hizo que recordara a Callum, su hermano jamás pudo mover una espada cómo era debido, no tenía coordinación. Pero estaba bien, Callum tenía talento, era un artista. A comparación de su hermano, Ezran no veía talento en él. Entendía a los animales, pero ¿eso que importaba?. Un rey que habla con los animales parecía un chiste, además, el recuerdo de sentirse asustado e impotente cuando un soldado levantó su espada contra él seguía ahí, era un recuerdo constante de su propia debilidad.
—No —dijo Ezran—. Quiero entrenar con ellos.
Sir Roger no sabía cómo tomar esa petición, muchos podrían decir que era el mero capricho de un noble, pero al ver los ojos del joven rey pudo notar una determinación y miedo mezclado. Después vio a su reina, recordaba esa mirada, la fiera determinación de tener que luchar por su vida, el miedo a la traición y la muerte. La reina de Duren siempre ha sido una joven determinada. Subir al trono tan joven había causado que ella difícilmente sonriera. Ningún chico de su edad se acercaba a ella. Sir Roger se preguntó si alguna vez tuvo un amigo.
—Supongo que no tengo opción, pero no será tratado de manera especial, es mi campo de entrenamiento e incluso los hijos de nobles son tratados igual.
—No pediría menos —respondió Ezran.
Corvus palmeo su rostro, aquello sin duda no era lo que la general Amaya tenía planeado cuando le dijo que cuidara del príncipe Ezran. Ahora Rey Ezran.
—Si hará esto su majestad, me quedaré con usted, vigilare que esté bien, recuerde que es el futuro de Katolis.
—Puedes quedarte —dijo Ezran—. Pero no intervengas a menos que mí vida corra peligro, ahora sosténlo —dijo Ezran dándole a Cebo—. Regreso más al rato. —dijo a su mascota—, no molestes a Corvus —Cebo gruñó y cambio de color—. En una hora debes alimentarlo
—No sé preocupe por eso rey Ezran, me encargaré que su mascota sea bien atendida —Aanya le quitó el sapo luminoso a Corvus. Cebo no tardó en acomodarse en los brazos de la reina—. Por favor, no se lastime.
—Trataré de no hacerlo —dijo Ezran—. Tengo otro favor que pedirle. Podría no mencionar quien soy.
—En ese caso, podría ser presentando como sobrino de Lord Gerald, es uno de mis hombres de confianza y estoy seguro que no tendrá problemas.
—Muchas gracias reina —Ezran hizo una leve reverencia hacia ella
—Entonces, si eso es todo, regresaré al castillo, tome su tiempo. Si algo pasa o llegan noticias de la general Amaya se lo notificaré inmediatamente.
Sir Roger se inclinó cuando la reina se despidió, todos los niños veían a la joven monarca con los ojos muy abiertos, la reina había ido a verlos, muchos no podían creer la suerte que tenían de tener tal honor mientras otros tenían miedo, quizás ella pensaba que no valía la pena invertir en ellos y pensaba expulsarlos de los entrenamientos, si pasaba algo así no tendrían oportunidad de conseguir algún trabajo más allá de simples granjeros o vendedores.
—¡Atención! —Sir Roger regreso con el joven rey—. Hoy se nos unirá un nuevo recluta.
Todos los presentes vieron con curiosidad al recién llegado, por su ropa debía ser un noble, aunque habían algunos hijos de nobles, ninguno estaba ahí por voluntad propia, algunos estaban siendo castigados por sus padres o habían sido mandados para que aprendieran a dirigir, ya que un día ellos heredarian sus propios feudos.
—Toma fila —indicó sir Roger. Ezran se coloco en la segunda fila al lado de un joven de cabello corto.
El régimen de entrenamiento de los niños de siete a ocho años era relativamente relajado. En contraste, el régimen de entrenamiento de los adolescentes era muy estricto. El gran grupo de niños estaban apoyando sus cabezas y pies respectivamente, encima de rocas planas, confiando solamente en la fuerza de sus cinturas para mantenerse rectos. Todos los plebeyos estaban impacientes por aprender a usar una espada. Incluso Lory, un vástago de una casa noble al lado de Ezran, estaba nervioso.
—Suman posiciones, antes de usar una espada deben tener un cuerpo resistente.
Todos tomaron una postura flexionando levemente las rodillas. Finalmente, Lory no pudo aguantar más, usó sus manos para apoyarse en el suelo, mientras rodaba hacia bajo lentamente.
—¡Que bien me siento! —Lory podía sentir cómo el entumecimiento de sus caderas atravesaba directamente hasta el hueso, produciendo una sensación tan complaciente que sus ojos se cerraron momentáneamente—. ¿Cuánto habré aguantado?— Lory abrió los ojos, mirando alrededor suyo.
Todos los niños de ocho años habían caí la mitad de los niños de doce años había caído también. No obstante, todos los de catorce seguían aguantando. La cara de Sir Roger seguía igual de fría que siempre.
—Todos ustedes tienen que recordar que sus cuerpos son como un recipiente, como un vaso de vino, donde la habilidad para sostener una espada se acumula. La cantidad de vino que se puede depositar depende del tamaño del vaso. Lo mismo ocurre con el cuerpo, la habilidad de una persona para practicar con un arma depende de la cantidad de esfuerzo que pone en el entrenamiento. Muchos guerreros, debido a que no recibieron la orientación adecuada en su juventud, solo pudieron acabar comprendiendo la diferencia entre blandir una espada en el aire sin sentido mucho más tarde. Sin embargo, a esa edad no podrían conseguir mucho progreso por más que entrenasen. Muchos antecesores recorrieron caminos equivocados, recuerden, el entrenamiento incorrecto resulta en una muerte segura.
Ezran se esforzó mucho por mantener la postura, había visto a Soren prácticar y también había escuchado las lecciones que le daba a su hermano, si bien Soren era pésimo maestro con Callum, no se podía negar que tenía una buena coordinación y una vez dijo que el arte de la defensa y el uso de una espada podía salvarla vida de alguien.
Después de practicar la postura, la cadera, la espalda, las piernas y otras partes del cuerpo se armonizarían. Ahora mismo, casi todos los chicos se estaban sentando, relajados, en el suelo. El programa de entrenamiento de Roger era prácticamente perfecto en cuanto a la distribución de la dificultad por edad.
—Tomen un breve descanso —anunció Roger
Los regímenes de entrenamiento de Ukren estaban regularizados. Todos los días, entrenaban dos veces, una vez en la mañana y otra al anochecer. Por dos horas
—Soy Lory —dijo el niño al lado de Ezran— ¿Quién eres? ¿Un noble?
—Soy Ezran, um… soy sobrino de Lord Gerald. —recordó que debía mentir sobre su origen.
—¿Perteneces al clan Baruch?
Ezran vio al cielo, no tenía idea si era asi, quizás debía investigar un poco más sobre Lord Gerald y su familia.
—Entiendo, también soy el hijo de un noble, bueno lo era —dijo con un tono de amargura—. Mi padre nos arruinó, conspiró para matar a su majestad, ¿no es ridículo? Condenó a nuestra familia a la miseria. La reina es una buena persona, no nos castigo por ser su familia, quizás otro rey habría mandado a ejecutar a la familia del traidor para dar un ejemplo, pero en su lugar ella nos dejo vivir en una pequeña casa a las afueras. Ahora tenemos que trabajar para vivir —Lory sonrió, pero había una tristeza en su voz.
—¿La odias? —preguntó Ezran—, a la reina Aanya ¿La odias?
El joven negó. —Odio a mi padre, quien nos hizo esto. La reina no tiene la culpa de nada, nadie pide nacer pobre o rico. Siento tristeza por ella, tener que soportar a gente como mi padre. Así que yo creceré y seré alguien que pueda proteger a su majestad, alguien como el entrenador
Sir Roger observo a los chicos ir hacia la sombra, tomar agua y tratar de descansar, después vio al rey Ezran. Aquello no sería un trabajo fácil. No tenía caso preocuparse por esas cosas, después de todo no sabía que tiempo estaría ahí. Podía cambiar todo de la noche a la mañana.
El entrenamiento continuo después de veinte minutos, Ezran por primera vez sintió lo difícil que era blandir una espada de madera con un peso de una espada real.
"Estás muerto" recordó que una vez Soren le había dicho a Callum así mientras golpeaba su cabeza con la espada de entrenamiento menor
"¿Aunque usará una armadura?". Había preguntado Callum
"Aunque trajeras una armadura forjada por los elfos de sol estarías super muerto, pero es algo que se espera de un medio príncipe"
A Ezran no le había gustado ese comentario, como tampoco el rostro de Callum mientras trataba de resistir los constantes golpes de Soren.
—Presta atención —Lory hizo un movimiento que causó que Ezran perdiera el equilibrio—. Es el primer día —el chico ofreció su mano para ayudar a levantarlo.
—Eso es todo, pueden regresar a sus casa y dormitorios
Roger y Lory fueron los últimos en salir acompañados de Ezran y Corvus quien iba muy de cerca. Mirando a los niños partir en grupos de tres o cinco. Una sonrisa apareció en la cara de Roger.
—Estos chicos son la esperanza y el futuro de Duren —comentó Sir Roger con una sonrisa.
Cirvus y Ezran también miraron hacia el grupo de niños. En el continente, prácticamente todos los niños plebeyos tenían que entrenar duro desde una edad temprana. Viendo a estos niños, Ezran entendió lo privilegiado que había sido durante toda si vida, el nació como príncipe y nada le hizo falta jamás, siempre tuvo techo, ropa hecha a medida y la comida que quisiera cuando quisiera.
—Capitán Roger, eres definitivamente más formidable que Hans Porter, mi tía A… —Ezran recordó que iba aquel muchacho con ellos, así que tuvo que contenerse y pensar bien lo que iba a decir—. Mi tía... me contó historias sobre ese soldado, estuvo en la incursión a Xadia cuando las reinas murieron. Bajo tu guía, pienso que el ejercito de Duren... No... del continente está en buenas manos.
—Es porque mí tío es genial —dijo Lory.
Roger se sintió apenado, no le gustaba recibir elogios por algo que era su deber.
—Creo que hay soldados mucho más capaces que yo, mucho más valiosos incluso, solo hago mi deber por mi país. Pero si hablamos de soldados que merecen la pena, la difunta reina Sarai sería una guerrera santa. Ella blandia una lanza como nadie, su leyenda llega a todo el continente —Sir Roger se dio cuenta que quizás había hablado de más y había traído recuerdos dolorosos al rey de Katolis—. Muchas gracias por tus palabras.
Ezran escucho las palabras, siempre escuchaba historias sobre su madre, y en su imagen era como alguien digno de una leyenda, alguien que no podía ser humano. Jamás la conoció, y más que su madre, para Ezran era un símbolo de algo, aún no sabía de qué… aveces envidiaba a Callum por haber conocido a su madre como algo más que una leyenda, por haber tenido sus abrazos. De repente recordó las palabras del chico, sobre su parentesco con el entrenador.
—¿Es tu tío? —preguntó Ezran un poco confundido. Si el padre de Lory había orquestado una traición en contra de la reina, ¿por qué ese hombre dirigía los entrenamientos?. Además la reina Aanya parecía tener mucha confianza en él.
—Los errores de los padres no tienen que recaer con fuerza en los hijos, la reina Aanya es muy sabía para su edad.
—Nos vemos, Lory. Sir Roger, muchas gracias por aceptarme.
—¡Hasta luego Ezran!
Despidiéndose Ezran camino con Corvus de regreso al castillo. Después de caminar durante un rato pudo ver las torres del Castillo.
El volumen de tierra en el que se había construido era inmenso. El musgo crecía en las paredes, además todo tipo de hiedras se enredaban alrededor de los muros. Las cicatrices del tiempo se podían apreciar con facilidad en las paredes.
—¿Cómo se siente majestad? —preguntó Corvus caminando a su lado—, ha sido muy imprudente hacer eso
Ezran vio a Corvus después sonrió, lo cierto era que esa pregunta lo había hecho pensar seriamente en como estaba, llevaba diciendo que estaba bien, pero lo cierto era que no estaba bien. Pero hoy mientras veía a esos chicos entrenar, se dio cuenta que él había huido muchas veces de la realidad. Cuando su padre tenía que decirle algo que él no quería escuchar escapaba por los pasadizos del castillo. En su lugar era Callum quien recibía lo peor, las miradas, las habladurías. Callum había soportado toda su vida aquellas cosas.
"Ezran, ¿entiendes lo que significa que haya matado al Rey de Xadia?" Le había preguntado Callum y él solo había salido corriendo de la habitación.
—Estoy... No estoy bien —respondió con sinceridad, ambos cruzaron el umbral del palacio, ahora después de la impresión podía apreciar lo hermoso del lugar—. Pero debo estar bien. Estaré bien. Corvus... ¿Podrías averiguar sobre el sobrino del comandante Roger.
—¿Alguna razón en especial, majestad?
—Solo tengo curiosidad... Fue algo que dijo.
El país de Duren tiene miles de habitantes, pero aun así en los últimos cientos de años no ha producido ningún guerrero fuerte. Pero quizás esto cambiaría bajo el reinado de la reina Aanya. Su tía Amaya era de la época de su padre. Ezran se preguntó si él podría inspirar un nivel de lealtad como la que parecía que estaba inspirando la reina de Duren, ambos eran jóvenes. Pero incluso a su padre lo habían matado, ahora su reino estaba bajo el mando se una de las personas en las que más confío el anterior rey; el miedo se apoderó de Ezran.
—Esto es... Muy difícil —murmuró. Ser un Rey era cansado y ni siquiera era un verdadero Rey en todo su derecho. Cuando llegó al castillo una cortesana de la corte le indico que la Reina lo esperaba en el comedor cuando terminara de cambiarse, ahora seguro apestaba y su apariencia deba que desear. Maldijo en voz baja, pues jamás pensó que tendría que arreglarse para la cena, él generalmente robaba la comida de la cocina y su padre cenaba con ellos una vez cada semana por sus ocupaciones.
—Corvus, ¿puedes encargarte de lo que te pedí? —dijo a su acompañante—, también sobre la situación en la brecha, quiero saber si mi tía Amaya está bien —se volteó a ver al hombre que lo había acompañado todos esos días.
—Haré lo que pidió su majestad —Corvus hizo una leve reverencia ante el joven rey antes de asegurarse que entrara a su habitación. Sí bien sabía que estaba seguro en el castillo, no se apartó de la puerta hasta que escucho nuevamente que el rey salía.
Ezran suspiro, era algo que ya se esperaba. —Está bien, puedo ir al comedor yo solo, por favor descansa, de nada me sirve si te enfermas.
Corvus estaba por protestar pero rápido asintió. Aquello era un peso menos en la mente de Ezran, al menos por ahora. Ahora debía de mostrar su educación mientras estuviera en la corte de la Reina de Duren.
En un abrir y cerrar de ojos, pasaron tres días. Entrenando duro y fortaleciendo su cuerpo, tratando de descubrir cómo podía regresar a Katolis. No tenía un ejército, no tenía magia, su tía Amaya no había escrito aún, su hermano probablemente estaba en Xadia. ¡Eso era! ¿Qué había pasado con Callum?. Su hermano hubiera vuelto por él si se enteraba lo que había pasado. Callum jamás lo abandonaría... ¿Y si había sido capturado por los soldados o el traidor de Viren?. El sudor recorrió el cuerpo de Ezran.
—Muy bien, hoy quiero felicitar a los jóvenes que están por graduarse y entrar el ejército.
En dos días vendría la temporada de reclutamiento y varios de los jóvenes mayores estaban ansiosos por entrar, muchos desconocían lo que había pasado, la posible guerra que se avecinaba. Ezran de repente vio a uno de los jóvenes mayores, no sería menor que Callum, entonces lo imagino muerto en el campo de batalla en una guerra sin sentido. Su estómago se revolvió violentamente y sintió ganas de vomitar ante la imagen, quizás varios de esos jóvenes acabarían esparciendo su sangre y sus familias lloraría oor ellos. ¿Cuántos regresarían con vida si había una guerra? Ezran sintió ganas de llorar y recordó a Callum. Él acepto casarse para que no hubiera una guerra, su hermano quien había sido prácticamente vendido a Xadia se había ido del castillo para nada.
—Es una pena que no haya reclutamiento de magos, muchos querían hacerlo —Lory estiró sus brazos—. Pero al parecer los magos ya no son confiables, aunque claro que está es información confidencial. Pero como eres sobrino de Lord Gerald, estoy seguro que lo sabes.
Ezran asintió. Incluso él comenzaba a tener miedo de los magos oscuros. Aquel poder que llegaba después de matar algo vivo no podía ser confiable.
—Cuando tenga la edad suficiente entraré al ejército, no pienso vivir una vida inútil, incluso si mi familia no hubiera sido despojada de todo yo entraría al ejército. Realmente quiero vivir la emoción, la vida palpitante de un soldado. Si tengo que vivir toda mi vida sin una meta, incluso si vivo por siempre, será decepcionante.
Ezran no pudo más que sentir respeto por el joven a su lado, no era mucho mayor que él, pero ya tenía claro lo que quería lograr. Un grupo de chicos de catorce años conversaban entre sí. Todos ellos anhelaban esa emocionante vida, una vida llena con vigor. Todo ellos querían acumular méritos y obtener reputación. Querían ser adorados por las chicas y la estima de sus familiares.
Ezran lo decidió, él también se volvería alguien con una meta, volvería a Katolis y reclamaría su trono, no estaba seguro de como lo haría, sería difícil, pero podría hacerlo. Era su deber, no dejaría que Viren y su familia de usurpadores se quedarán con el país que su padre y sus ancestros se habían esforzado en construir.
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Rayla no estaba segura de dónde estaba. Había algo suave debajo de ella, más suave que el suelo. Tenía los brazos fríos, pero el resto de ella se sentía cálido.
Con un sobresalto, Rayla recordó dónde estaba. Y qué era ese calor, o mejor dicho, quién.
Lentamente, sus ojos se abrieron, observando su entorno. La suavidad debajo de ella era una cama, la primer cama suave en la que había dormido desde... bueno, había pasado un tiempo desde que se fueron del castillo. Estaba en una habitación cortada en piedra, con paredes que se curvaban para crear un techo, dando la impresión de una cúpula rocosa. Estaba en capas de tal manera que no podía entrar nada más que la luz del sol, filtrándose a través de las capas de roca y bañando la habitación en un suave resplandor dorado. Y, por supuesto, el mini calentador detrás de ella era el idiota príncipe con una inclinación por la imprudencia.
Con cuidado de no molestarlo demasiado, Rayla se dio la vuelta y miró a Callum. Todavía estaba profundamente dormido, su respiración lenta y uniforme. Su cabello, despeinado por el sueño, se levantó adorablemente a un lado, y ella no pudo resistir levantar una mano y pasar sus dedos por él. El movimiento no tuvo efecto en el estado de su cabello, pero se sintió bien, así que lo hizo de nuevo, sonriendo por la forma en que su nariz se arrugó un poco.
Callum abrió los ojos lentamente aún adormilo. —Buenos días —dijo con una sonrisa triste.
—Buenos días. Lamento despertarte. Pero debemos irnos.
Rayla sabía que algo había cambiado en Callum en el Nexo de Luna. Solo se habían quedado un día ahí, y Callum había hablado con Lujanne y leído ese libro que la madre de Ellis le había dado. Pero cuando estaban por partir él parecía estar en otro mundo. A Rayla le pareció ver al antiguo Callum, al que conoció que era introvertido, evitaba la mirada de ella y se ponía nervioso, era como si nuevamente sintiera que no era alguien de confianza.
Dejaron el nexo de luna en la tarde, justo cuando el sol estaba por ocultarse.
—Hay peligros detrás de ustedes —explicó Lujanne a ambos, después les había prestado a su fénix de luna Pheo-Pheo, aunque solo los había acercado lo suficiente a la ciudad de Klit antes de regresar, estaba por amanecer, a lo lejos se podía ver el puerto. Caminaron un largo rato en silencio.
—Callum —Rayla lo llamó un par de veces hasta que Callum volteó a verla.
—¿Qué paso? —preguntó algo aletargado.
—Estaba pensando que debes saber un poco más sobre Xadia. En el continente, hay tres peligrosas áreas. La cordillera número uno, la 'Cordillera de Bestias'. La segunda area, es 'El desierto de media noche'. Y, el lugar número uno, el 'Bosque de la Oscuridad'. El espacio que esas tres peligrosas áreas toman es incomparablemente grande. 'El desierto de media noche, que es necesario pasar para llegar a la montaña donde vive el Rey', cubriendo más de cincuenta kilómetros desde el norte a sur. Además tiene muchas criaturas peligrosas. Pensé que querías saberlo —Rayla trataba de sacar a Callum de esa apatía que parecía tener.
—Pensé que Xadia era menos peligrosa —mencionó—, Mmm, Rayla, tenemos que buscar un barco que nos lleve a la siguiente ciudad —recordó lo que le había dicho sobre su miedo al agua—. Podríamos buscar como rodear el mar.
—¡Ohhh! Callum, eso es muy amable de tu parte, pero no es necesario. Nos tomaría mucho tiempo, y tiempo es justo lo que no tenemos —Rayla sonrió para el príncipe.
—Entonces espérame, debo buscar un capitán que quiera llevarnos
—Yo podría hacer mi imitación de humano —Rayla giro y se colocó mejor la capa con capucha y acomodo los guantes—. Hola amigo humano. ¿Qué tal hablar de cosas que nos molestan y después hacer esas mismas cosas?
—Sí, no, mejor déjame eso a mí. Buscaré un capitán.
Bajo el sol poniente, las nubes rosadas parecían cubrir medio cielo arrojando su tonalidad rojiza hacia el mundo entero. Buscar un capitán que no tuviera un problema con los elfos era difícil. Entró a un pequeño establecimiento de comida, había soldados y algunos trabajadores que acababan de salir de su jornada laboral.
—La brecha caerá, pero he escuchado historias sobre el príncipe Callum
Callum suspiro, aquello era justo la clase de chismes que no quería escuchar, pero parecía que era inevitable enterarse de esas cosas.
—¿Sobre que esa elfo lo sedujo con sexo?
Callum se puso rojo, aquello ni siquiera era cierto. Él y Rayla no habían pasado de unos besos y el hecho que había tocado sus cuernos; lo que parecía una acción muy íntima entre los elfos. Carraspeo llamando la atención del dueño del lugar
—¿En qué puedo ayudarlo? —el hombre quitó su cara amable al ver al joven delante de él, seguro no tenía dinero—, ¿Que quieres mocoso? —preguntó con un tono menos amable.
—Busco un capitán que pueda llevarme a la siguiente ciudad —dijo Callum con una expresión sería, seguramente si el hombre supiera quién era él, volvería a hablarle de manera amable. Pero en vista que su ropa estaba sucia entendía que aquel hombre se portará de esa manera. Seguramente tenía la apariencia de un vagabundo con su pantalón sucio y su chaqueta desgastada. En momentos así se daba cuenta que bañarse era un lujo.
—No, aquí no hay nadie así, además dudo que puedas pagar el precio de un viaje, y si no vas a comprar nada te pediré que te vayas. No damos servicio a gente sin dinero.
Callum pensó en mostrarle sus monedas, aún tenían unas monedas de oro, pero debía conseguir un barco y no dejar que su orgullo lo hiciera actuar de manera imprudente. Salió del lugar un poco molesto por la actitud del encargado, debería seguir buscando, estaba por regresar con Rayla cuando escucho una voz.
—Yo puedo ayudarte, por un precio razonable
Callum volteó hacia la voz, frente a él un hombre de aspecto rudo y extraño se acercó a él. Callum lo vio fijamente, ¿Él era ciego?
—No sé ofenda, pero, ¿cómo es que me puede ayudar?
—Buscas un capitán que te lleve a la siguiente ciudad. Yo puedo hacerlo. Soy Villads.
—No quiero faltarle el respeto, ¿pero exactamente como puede saber dónde está la siguiente ciudad si usted no...?
—¿No? —preguntó el capitán Villads
—Parece que no ve… tiene… sus ojos —tartamudeó un poco avergonzado
Villads sonrió un poco como si aquello fuera una tontería. Aunque entendía porque la desconfianza del joven.
—Te aseguro que no te pienso estafar, no es bueno para el negocio perder a los clientes en el mar. Pero si tienes tantas dudas puedes preguntar a los demás, soy el mejor capitán.
Callum medito unos segundo, aunque parecieron varios minutos, finalmente decidió que no tenía nada que perder, igual se podían perder o morir cuando supieran que Rayla era un elfo.
—De acuerdo —dijo Callum—. ¿Cuál es el precio?
—Solo cinco Draks de Oro por el viaje
Draks era la moneda que se usaba en la Pentarquia, una moneda de oro equivalía a diez monedas de plata y cien de cobre. Callum busco entre su desgastada chaqueta la bolsa, podía pagar y le quedarían unas cuatro monedas de plata y veinte de cobre.
—Está bien, seremos dos personas
—De acuerdo, ese será el precio por mis servicios. ¿Cuándo necesitas partir?
—Hoy —dijo Callum.
—De acuerdo. Entonces te veré en unos minutos en el muelle, junto a los barcos mercantes.— Lo dijo como si fuera una broma, ya que él no podía ver realmente.
Callum se despidió momentáneamente del capitán Villads. Busco a Rayla, la encontró escondida entra algunos tablones de madera cerca del muelle
—Rayla —Callum se acercó a ella asegurandose que nadie lo seguía, jamás se era demasiado precavido.
—Callum, ¿encontraste un capitán que no tenga problemas con… elfos?
—Si y no, realmente no tiene problemas con nadie.
Rayla frunció el ceño. Aquellas eran buenas noticias, al fin un humano que no discriminaba. Justo cuando estaba por decir algo vio a un hombre que se acercaba a ellos.
—Rayla. Él es el capitán Villads, y nos llevará a la siguiente ciudad.
Rayla no sabía cómo reaccionar. ¿Acaso Callum había visto que era ciego?. Porqué el hombre tenía un parche en cada ojo.
El puerto de la ciudad de Klit no era especialmente grande, pero si destacaban los grandes navíos que provenían de todos lados de la Pentarquia.
—Soy Villads, la H es muda y este es Berto —dijo el marinero a modo de presentación mientras señalaba al loro en su hombro
—¿Hay una H? —preguntó Rayla, sin duda ese hombre era muy curioso.
—Se acerca una tormenta, debemos esperar.
Callum observo el cielo, se veía despejado, sin rastros de nubes de tormenta.
—¿No hay forma de que podamos salir ahora? —preguntó Callum.
El marinero parecía observar a la distancia, aunque era solo una suposición, ya que realmente el hombre no estaba viendo, más bien estaba oliendo la atmósfera, aún así, con tantos años en el mar sabía distinguir los cambios en las corrientes del aire y el aroma del mar. Villads era lo que los marineros llamaban viejo lobo de mar.
—Si nos vamos ahora quizás podamos ganarle a la tormenta —mencionó el capitán Villads—. Este es mi barco llamado Ruthless en honor a mi esposa, ella odia el mar, los barcos, realmente jamás sale de casa, una lástima, la extraño mucho... ahora suban.
Rayla observo la gracia con la que el capitán se movía por el lugar, era como si pudiera ver bien, comenzaba a dudar que el hombre estuviera ciego. Partieron después de unos minutos. El mar parecía tranquilo, así que Callum no entendía porque había dicho que una tormenta se acercaba.
Rayla en verdad odia el agua, no importa lo que Callum le diga en ese momento, ella está segura que va a morir mientras el barco se mueve a través de las olas.
—¿Estás bien? —preguntó Callum al verla escondía—. ¿Estás jugando al escondite o a imitar a Cebo? Porque juro que acabo de ver tu cara cambiar de color.
—Callum, en verdad no estoy para tus bromas —Rayla trato de contener las arcadas que amenazaban con apoderarse de ella—. Por favor no me veas así.
—No es tan malo, créeme, no te ves tan mal —Callum mintió, ella en verdad parecía enferma.
—Solo déjame sola un momento, no me gusta que me vean cuando me siento enferma.
Callum suspiro, sabía que ella podía ser muy terca, así que le dio su espacio, se acercó hacía el capitán. Villads pareció reaccionar a su presencia porque giro su cabeza hacia él.
—Ya se lo que quieres saber.
—¿Enserio? —preguntó Callum muy sorprendido.
—Quieres saber cómo quedé ciego, este ojo lo perdí en un ataque de gaviotas, el izquierdo... Bueno no lo sé, no vi lo que me atacó del lado derecho.
—Eso es interesaste, pero no era eso lo que quería saber —Dijo Callum—. Usted dijo que venia una tormenta, pero el cielo se ve despejado, ¿cómo puede saber algo así?
Villads pensó un momento antes de responder.
—Después de estar tantos años en el mar como yo, aprendes a sentir el aire, los cambios que hay, el aroma del mar.
—¿Sientes el aire? ¿Cómo la magia primaria?
—No sé que sea eso, pero es una conexión que creas con tu entorno. — Explicó el capitán, justo cuando terminaba de decir eso, las nubes de tormenta se asomaron haciendo que el oleaje se tornará violento contra el barco. La lluvia se dejó caer sobre ellos con violencia. Rayla se mantenía en la cabina tratando de no devolver la poca comida que tenía en el estómago.
Villads movió el timón del barco con una gracia que podía ser considerada inhumana. El Ruthless atravesó las grandes olas hasta regresar al muelle donde atraco de una forma delicada.
—Tendremos que esperar que pase la tormenta —dijo Villads
Rayla jamás se había sentido tan aliviada y agradecida por una tormenta, aunque eso significaba que tendrían que estar más tiempo ahí y eso demoraría un poco su regreso a Xadia. Salió a cubierta y se encontró con la visión de Callum bajo la lluvia.
—Hey ¿Que pasa? —un rayo surcó el cielo iluminandolo. Rayla pudo ver la tristeza en la cara del Príncipe—. Conozco esa mirada —dijo con un tono sorprendido— Y es la mirada de una mala idea.
—No lo sé Rayla. Podía sentirlo, la magia en la palma de mi mano. Pero ahora todo se ha ido. Es como comprende finalmente cuál era mi lugar en el mundo, pero lo he perdido. Y siento pena, me siento mal. Es como regresar a ese tiempo en el castillo cuando no podía hacer nada. Simplemente es absurdo. ¿Cómo puedo extrañar algo que prácticamente jamás tuve? ¿Tiene sentido eso?
—No, pero Callum, ya no tienes la roca primaria. ¿Que quieres hacer?
—Quizás si soy más valiente, si deseo realmente eso, hay una tormenta. ¿Cómo sientes tu conexión con la Luna?
Rayla pensó un poco antes de responder.
—No lo sé, simplemente lo siento.. ¡Oh, no! —dijo Rayla, ya comenzaba a tener miedo por lo que Callum estaba tratando de decirle—. No puedes ir enmedio de una tormenta. Puedes morir
—Rayla, debo intentarlo.
Rayla tocó el hombro de Callum, quería decirle que no fuera, que aquello era una locura. Pero lo entendía, una parte de ella sabía que debía dejarlo hacerlo, aunque eso fuera una completa locura y pudiera acabar mal.
—Solo regresa —pidió, se inclinó un poco solo dejando un beso en su mejilla.
—¿Qué? ¿Eso es todo? Podría morir allá afuera
—Sí, lo sé, cuando regreses quizás cambie de idea. Además —Rayla lo vio fijamente–, te da un motivo para regresar a salvo.
—Correcto. Entonces, regresaré.
Callum se alejó del Ruthless y se dirigió hacía una pequeña colina, el aire frío golpeaba su rostro y la lluvia no hacía que fuera más cómodo. Él había renunciado a muchas cosas en su vida, cuando era un niño renunció a vivir en aquella cabaña que contenían recuerdos de su verdadero padre, renunció a su madre, a ser un ciudadano común, renunció a la equitación y aprender a usar una espada. Callum sentía que había fracasado en todo, ni siquiera sabía dónde estaba su hermano, era patético. Pero por alguna razón no quería renunciar a la magia, subió hasta la colina y se quedó ahí bajo la lluvia «Piensa en el aire» se repitió, pero no había nada salvo el frío que sentía, otro rayo cayó cerca haciendo que él viera hacía aquel lugar, quizás debía ir ahí, quizás si lo deseaba realmente podría lograrlo. Avanzó un poco más, el lodo cubría sus botas y seguramente eso no ayudaba a su apariencia, finalmente en la cima pudo ver aquello que hacía que los rayos golpearan el lugar, era algo curioso, los aldeanos lo habían puesto para que las noches de tormenta ningun rayo cayera cerca de las casas.
—Yo puedo —dijo tocando aquella barra de metal—. Solo debo de… —Callum apartó su mano, se dejó caer como peso muerto hacia atrás—. ¿Qué estoy haciendo? —se preguntó—. Es una locura, puedo morir realmente. ¿Por qué lo hago? ¿Magia? No tenía magia antes y tengo que regresar…. Yo tengo que ir a Xadia con Rayla.
El príncipe Callum coloco su brazo sobre sus ojos, como si eso ayudará a qué sus lágrimas dejarán de salir. Se quedó ahí bajo la lluvia fría un buen rato, después emprendió su regreso hacia los muelles, cuando estaba llegando parecía alguien derrotado, el sol comenzaba a verse atravez de las nubes. La tormenta había terminado, pero no para Callum y sus pensamientos.
—Callum —Rayla lo vio
—Yo no pude, estaba ahí, y simplemente me dio miedo, soy mediocre, no merezco nada...
—Vaya, ese olor es terrible —dijo Villads interrumpiendo a Callum—. Si ya terminaron de hablar podemos irnos ahora.
Ambos asintieron. Rayla tomo la mano de Callum. Realmente no tenía palabras, al menos no de momento, esperaría que él terminará se autofragelarse.
Villads quitó las amarras del barco e izo las velas, el aire había cambiado y eso sería de gran ayuda.
Rayla solo sintió el movimiento del barco y sabía que aquello volvería a ponerla enferma.
—Escucha Callum, la magia no te hacía alguien especial, tú eres especial solo por ser tú, no tiene nada que ver si eres un príncipe, un mago o un humano tonto —Rayla tomo aire—. Tienes más cualidades de las que crees. Así que deja de pensar que eres menos que cualquier otra persona —Rayla terminó de hablar, después solo coloco su mano contra la espalda de Callum haciendo movimientos circulares, los mismos que había hecho su noche de bodas cuando él sufrió un ataque de pánico imaginando quien sabe que cosas extrañas sobre ella.
Contra toda razón, Callum sintió el calor de la mano de Rayla en su espalda a través de su chaqueta mientras ella lo conducía por debajo de la cubierta. Había sido frío y miserable, y ella había sido cálida y suave. El mundo había cambiado un poco en esas horas, la luz de los últimos rayos del sol atravesando las nubes y pintando la costa escarpada y hostil de la isla en cálidos tonos dorados.
Cuando entraron en la penumbra de la única cabina a bordo del Ruthless, sintió que el barco comenzaba a moverse nuevamente. Se sentó pesadamente en una silla frente al fuego, mirando aturdido al frente.
—Quitate la chaqueta —Rayla demandó seria mientras tomaba una toalla que había en el respaldo de la silla, Rayla supuso que el capitán la usaba para secarse o algo parecido. Después le acercó una prenda seca mientras colocaba la bufanda y la chaqueta cerca del fuego para que se secaran
Callum Se veía diferente, se dio cuenta distraídamente mientras lo observaba. Ella se sentó a su lado, mirándolo, no expectante, pero... Sí de una manera gentil, por si él quería hablar. Realmente Rayla no era alguien que hablara mucho, o que mostrará sus sentimientos, pero Callum era diferente, así que ella espero que él dijera lo que sentía . Y él lo hizo. Mas o menos. Había muchas cosas en su mente, en la punta de la lengua, en su mayoría eran un lío confuso de reiteraciones de lo que ya le había dicho antes. Probablemente no podría detenerse una vez que abriera la boca.
Él abrió la boca y comenzó a hablar.
—No sé qué hacer, Rayla —confesó, liberando un suspiro fuerte, estaba terriblemente frustrado—. Lo sé, sé que no debería ser tan importante para mí, considerando todo lo demás que ha sucedido, ¡pero lo es!. Estaba mejor cuando podía hacer magia, era más útil, más... todo. No quiero volver a ser como era, ni siquiera me conocías entonces, y confía en mí, no hubieras querido conocerme, lo que conociste en el castillo fue una versión mejorada de ese príncipe torpe. Tenía miedo de todo, de hablar con alguien que no conocía, subirme a un jodido caballo, ¡Rayla! —se sintió asqueado consigo mismo, entonces y ahora. Pero no podía parar, cada pensamiento feo y patético que tenía sobre él comenzó a salir de su boca—. Ya no quiero ser inútil. ¡No quiero ser tu misión! ¡No quiero que tengas que cuidarme! —su voz era tranquila y ligeramente temblorosa, pero había un claro indicio de frustración y enojo que no podía disimular—. ¡Este no es quien quiero ser, Rayla! Sé que entiendes eso. Realmente no quieres ser un asesina, ni una princesa ¿verdad?
—Yo.. —ella no sabía que decir. Realmente ella no quería ser una princesa y sabía que no era una asesina. Aunque hubiera entrenado toda su vida para ser una asesina de su clan—. Callum, debes parar ahora —advirtió ella.
—Pero a diferencia de mí, podrías hacer cualquier cosa, Rayla… eres buena en cualquier cosa. ¡No soy como tú!
—¡Callum, para! —Rayla espetó de nuevo. Sus ojos se habían ensanchado por el dolor y la angustia—. ¡N-no puedes decir eso Sobre ti!.
Callum detuvo su perorata cuando la vio. Herirla porque estaba frustrado era inaceptable. La expresión de su rostro lo envió desagradablemente a la noche después de la cabaña. Y lo que ella había pasado. Tenía muy, muy buena memoria...
—Se siente como si fuera menos que tú —esas palabras le dolieron a él, porque estaba sugiriendo que ella era de alguna manera intrínsecamente superior.
No había entendido completamente, entonces porque cuando la conoció sintió que no quería ser su amigo. Lo hizo ahora. No quería poner a Rayla en un pedestal tan alto que no pudiera tocarla, ni tan estrecho que si ella fallaba o vacilaba, como debería permitírsele a alguien, se caería sin posibilidad de volver a levantarse. Él quería caminar a su lado como iguales. Él pasó un mechón de cabello blanco detrás de su oreja, sus dedos se quedaron en su sien, trazando el leve recordatorio de ese día la cabaña.
—Lo siento Rayla. Eso no fue justo. Sé que la razón por la que eres mejor que yo en la mayoría de las cosas, es porque has trabajado duro y porque eres lo suficientemente valiente como para intentarlo en primer lugar y lo suficientemente terca como para intentarlo nuevamente hasta que tengas éxito. Es por tu coraje. Tu corazón.
Rayla respiró temblorosamente, mirando hacia abajo inusualmente tímidamente, sus párpados se cerraron. Sus largas pestañas rozaron el costado de su pulgar, donde su mano todavía tocaba el costado de su cara.
Callum Retiró la mano, un poco mortificado por lo que acababa de hacer, así como por la diatriba que lo había precedido. Rayla atrapó su mano en retirada sin siquiera levantar la vista.
—Callum —dijo Rayla, apretando su mano sobre la de él. Seguía mirando hacia abajo, pero su voz era firme y segura—. Las mejores y más valientes cosas que has hecho no tienen nada que ver con la magia. Realmente piensa en eso. No tienes porque estar frustrado y molesto, pero… —Finalmente ella levantó la vista, dándole una sonrisa tan brillante y sincera que olvidó por completo su respuesta a lo que acababa de decir—. Honestamente no puedes creer que alguna vez haya dudado de ti
Callum agachó la mirada, él había estado luchando contra esos sentimientos de desconfianza desde que había escuchado a Claudia. No, ahora podía reconocerlo, desde que la conoció había tenido aquel sentimiento de rechazo hacía ella por el compromiso que le habían impuesto, y lo ataba a un absurdo matrimonio arreglado.
—Cuando te conocí... Yo no quería que me agradarás.
Su corazón pareció latir más fuerte en ese momento, como si fuera una señal, un latido rápido contra su caja toráxica.
—Es solo que… —comenzó Callum, pero no pudo seguir, el barco se tambaleó, arrojándolos a ambos ligeramente de lado.
Se enganchó en el hombro de Rayla. Rayla a su vez, parecía enferma, se llevó una mano a la boca y miró frenéticamente a su alrededor.
—¡Oh! Aquí — Callum se las arregló para vaciar el pequeño cubo de carbón que había cerca de la chimenea y entregárselo justo a tiempo.
Ella vomitó en el cubo, aunque no surgió mucho. De hecho, ella no podría haber comido mucho, incluso mientras estaban anclados en el muelle, notó con ligera preocupación. La mano de Callum fue a su espalda, descansando entre sus omóplatos mientras ella luchaba contra el mareo.
—No quise interrumpirte —ella sonrió un poco tratando de no parecer tan enferma—. ¿Decías algo...? —ún cuando estaba en esa condición ella aún se preocupaba por él .
Callum se dio cuenta que realmente había puesto demasiado en ella los últimos días.
—No, está bien —dijo dándole una sonrisa alentadora que era solo un poco desganada—. Eso, lo que estaba diciendo. Lo que acabas de hacer fue realmente más bien una continuación que una interrupción, prácticamente solo era vómito verbal lo que salía de mis labios.
Eso la hizo sonreír, se levantó con un poco de energía renovada, — Sacaré esto de aquí es un poco desagradable. Necesitas ponerte cómodo y no quiero que tengas que preocuparte por mí, ¿de acuerdo? —Rayla le sonrió, tocándo su hombro brevemente.
Callum quería decirle que realmente no le importaba si ella se ponía un poco enferma. Pero ella podría creer que lo hacía por ser amable y él no quería tocar inadvertidamente el gatillo que era la inclinación de Rayla por el auto sacrificio.
—Deberías quitarte esa ropa mojada y meterte en la cama —dijo Rayla. Callum tragó saliva. Puede que su cabeza aún estuviera medio perdida en una niebla de dolor y odio hacia sí mismo, pero ...La leve, pero irrefutable evidencia de que Rayla era muy sexy, incluso con aquel aspecto enfermo que tenía... de alguna manera logró que la viera fijamente notando que ella estaba un poco mojada, quizás lo había esperado bajo la lluvias, la ropa pegada a su espalda. El sonido de las gaviotas desde afuera. El calor radiante del fuego en sus manos frías. El cabello al viento de Rayla, enredado alrededor de su cuerno izquierdo, Callum trato de ignorar el hecho de que estaban prácticamente solos.
Cómo si adivinara sus pensamientos ella sonrió.
—Lo siento, supongo que no habrá besos para ti, lo siento... Estoy algo... Indispuesta —ella se retiró con el cubo, alejándose de la pequeña habitación, dejándolo solo en la penumbra. El lugar estaba ligeramente húmedo por el agua de mar y había excrementos de loro en el piso. Pero el corazón de Callum todavía latía demasiado fuerte en su pecho cuando Rayla se alejó como para que le molestará el estado del lugar.
—¡Maldición! —golpeó su frente con su mano ¿Por qué siempre notaba a Rayla cuando ella estaba más vulnerable?—. Duérmete Callum y deja de fantasear —dijo en voz alta para él mismo.
—Exactamente — Escucho la voz de Rayla —deja de fantasear cosas raras en medio del mar. Es el peor lugar para tener fantasías conmigo.
Sí decirle todos sus miedo no había sido suficiente. Ahora se sentía más expuesto que si hubiera estado desnudo frente a ella.
—Rayla —Callum sabía que ella estaba afuera. Quizás estaba riéndose de él y sus fantasías adolescentes—. ¿Has visto mis cosas?
—¿Tu mochila? —Rayla se asomo, aunque más bien solo señaló—. Esta ahí, en esa mesa pequeña. Callum, en verdad, deja de verme fijamente, me pones nerviosa.
—Oye, te veré todo lo que mis ojos me permitan —dijo sonriendo, en verdad que ella lo hacía olvidarse de todas sus preocupaciones con solo unas simples palabras.
Callum tomo su mochila y busco el pergamino, había llegado el momento de leer la carta de su padre.
