Capitulo 14

La brecha y el eslabón roto

El calor abrazador de la frontera se podía sentir incluso en un día de lluvia.

La general Amaya dio una rápida leída a las cartas que habían llegado en esos días. No le sorprendió saber sobre la muerte del rey, era algo que incluso Harrow había estado pensando que podría pasar. Amaya supo que su rey temia por su vida el día que le dijo que cuidara a sus hijos, además que había cambiado el ambiente en el castillo, no era un cambio que fuera visible, sino más bien una electricidad que solo las personas que han tenido muchos combates pueden sentir. Amaya respiro profundamente cuando leyó la carta de Sir Guntar: Callum aún estaba con vida y probablemente con rumbo a Xadia.

Visto desde una perspectiva práctica ella estaba más cerca de Xadia que cualquier otra persona. Así que debía ser fácil para ella encontrar a Callum si quisiera pasar por la brecha, pero no era así, no había visto jamás un elfo de luna cerca. Seguramente los elfos de sombra de luna tendrían sus secretos. Amaya vio un mapa de Katolis, la ciudad donde Callum había sido visto estaba cerca de las ciudades costeras y seguramente había un lugar secreto para pasar por ahí que los humanos desconocían. En otro momento la general Amaya se hubiera sentido intrigada por como los habitantes de Xadia podían entrar al reino, pero ahora estaba más preocupada por qué Callum escapara, era difícil para alguien del calibre de Amaya aceptar que estaría un poco más seguro en otro lado que no fuera las tierras humanas, que con la muerte del rey Harrow, su sobrino estaría en peligro. Incluso a su lado.

La general tomo otro pergamino. Lo primero que notó fue la letra. Era... desordenada, desigual, y se inclinaba a través de la página en un garabato al azar. Si no conociera mejor a Corvus habría pensado que lo había escrito en estado de ebriedad. Esa fue la primera señal de que algo estaba mal, y ese sentimiento sacudió el cráneo como las vibraciones de las campanas de alarma. El segundo fue la torpeza del código. No era común: era el cifrado que usaba solo con su equipo de comando, y era el más seguro. Pero en algunos lugares, parecía haberlo olvidado por completo. Hubo oraciones enteras en el código de sustitución más común utilizado en la mayoría de la correspondencia militar. Incluso había algunas partes que no estaban escritas en el código. Y la forma en que se leía: claramente había algo mal con Corvus cuando lo escribió.

Ella lo leyó de todos modos, aunque un poco vacilante, con el esfuerzo mental de cambiar de código cada dos líneas. Leyó el relato de Corvus sobre la conmoción en el castillo y como los soldados de los nobles que apoyaban a Viren habían levantado su espada contra el heredero de Katolis.

"Espero sus nuevas órdenes"

Decía al final de su informe. Amaya suspiró. Esta fue, por decir lo menos, una carta que probablemente sea crítica. Algo había salido terriblemente mal en cierto modo. No tan mal como podría haberlo hecho. Pero… Cerró los ojos de nuevo, agitando las entrañas, y trató de pensar más allá del torbellino de emociones para evaluar el asunto con cierta practicidad. Los muchachos estaban vivos, ¡vivos!, y parecían saludables e ilesos.

El informe de Corvus era la piedra angular de todo lo que había hecho. Se concentró furiosamente en ese pensamiento práctico y casi logró engañarse creyendo que sus dedos no estaban a punto de temblar, pensar que casi pudo perder a sus sobrinos hacía que su sangre hirviera. Escribió rápido las cartas, primero una para Sir Guntar, una carta cifrada en código de mercaderes, nada sospechoso. Después uso el código militar especial que usaba con los soldados de élite bajo sus órdenes para la carta de Corvus. Era crucial que Ezran estuviera seguro, que pudiera reclamar su legítimo derecho al trono.

—General Amaya, hay movimiento en la brecha —el teniente Feng informó, había cierto grado de preocupación en la voz del hombre. No era la primera vez que estaban en alerta máxima por movimientos en la brecha, pero habían estado muy tranquilos desde el último medio año cuando el rey Harrow firmó aquel tratado.

Amaya tomo su escudo y espada, indicó con la cabeza que la siguieran. Amaya sabía bien que muchos nobles no estaban felices con ella, que un general del ejército mujer tuviera tanta autoridad sobre un vasto ejército no era algo bien visto. No solo eso, muchos podrían decir que buscaba socavar la autoridad del rey, los soldados bajo la supervisión de la general eran hombres leales, capaces y los más fuertes del reino. Pero muchos nobles de la corte cuestionaban la lealtad de esos soldados.

¿A quienes son leales? ¿A su general o a su Rey?

Ella sabía, que como hermana de la difunta reina Sarai, también era juzgada y por eso permaneció en la brecha todos esos años. Dejando a Callum bajo la custodia del rey, la vida de príncipe parecía ser la mejor opción para su sobrino que la vida de un soldado.

El comandante Gren corrió hacia ella.

—Los elfos de sol se han estado moviendo toda la noche.

"¿Exploradores?" Firmó Amaya con sus manos.

—Es lo más probable, fueron demasiado rápidos, no pudimos capturar a ninguno, además…

"Es complicado… ellos quieren que hagamos el primer ataque." Amayavolteó a ver al hombre que había interrumpido su hora de lectura. "Teniente Feng, hay que reforzar las entradas. Consígueme un mapa de la fortaleza, Gren. Necesito resolver esto."

Del otro lado de la Brecha, en la ciudad de Lux Aurea, la ciudad más importante del territorio de los elfos solares. La reina Khessa veía a su hermana con fastidio, para ella el solo hecho de tener que lidiar con humanos era algo aburrido. A los ojos de la reina de la más majestuosa ciudad de Xadia, ver asuntos relacionados con la Brecha eran asuntos de su hermana.

Janai era la encargada del ejército de Lux Aurea, además había sido la encargada de ir a la boda del príncipe de Katolis, después de todo era la hermana de la reina contaba como una embajadora de alto rango.

—Así que hermana… —la reina comenzó a hablar—, dices que los humanos están haciendo movimientos, ¿Acaso debo preocuparme por esas insignificantes formas de vida? —la reina observo a su hermana desde lo alto en su trono. Khessa era el tipo de elfo que desprecia a los humanos, si fuera por ella habría matado a cada uno de esos sucios y viles humanos. Comenzando por los usuarios de magia oscura. Pero Khessa no solo era una elfo soberbia, tenía el carisma y la posición de una líder. Aunque aveces parecía ser solo caprichosa cada acción tenía un porque—. Solo mátenlos a todos

Janai sabía que su hermana era alguien que odiaba lidiar con asuntos militares, sus órdenes eran clara: destruir al enemigo, quemarlo hasta las cenizas.

—Eso iría en contra de las órdenes del Rey Dragón

La reina de Lux Aurea hizo una mueca, por primera vez se levantó del trono, hacer esto la hizo sentir más molesta.

—Nuestro amado rey —dijo rápido—, ¡Que fastidio! —si bien, todos los habitantes de Xadia tenían respeto por su soberano, como en cualquier organización, siempre había quien pensaba que las decisiones que el líder tomaba podían estar mal y no tomara a bien las órdenes de quién estaba en el poder, aún así, Khessa sabía que no podía actuar de manera precipitada—. Los elfos sangre de tierra que cruzaron la brecha, ¿Acaso han regresado? —preguntó, una sonrisa maliciosa apareció en el rostro de la reina de Lux Aurea—. Es nuestro deber saber cómo están nuestros hermanos elfos. Después de todo, Lux Aurea es la ciudad por la que deben pasar. Pero nadie los ha visto... ¿Acaso no debemos suponer lo peor? Piénsalo bien querida hermana —Khessa vio fijamente a su hermana menor—, si no hay sobrevivientes humanos, no hay forma de que avisen a los demás humanos sobre lo que pasó, así que si vas a proteger nuestras fronteras debes hacerlo de una manera que no haya forma de que el enemigo contraataque —justo cuando terminó de decir esas palabras ingresó un elfo con una flecha mensajera, era azul, con forma de Aguila, una flecha mágica diseñada por un artesano elfo de luna.

—Majestad —dijo Erin, el elfo que había ingresado sin aviso—. Es importante, el Draco Concillium ha confirmado que los humanos han roto el acuerdo con Xadia.

—Eso lo resuelve, asegúrate que los humanos entiendan que cuando rompen una promesa al rey dragón, están insultando a todos en Xadia —Khessa realmente no tenía ningún interés en el consejo de dragones, mientras ella pudiera seguir reinando tranquilamente Lux Aurea sería feliz.

Janai escucho a su reina. Sabía que incluso, si su hermana mayor estaba usando a los elfos de tierra y la ruptura del acuerdo para comenzar un asedio contra los humanos sus palabras tenían cierta verdad. No sé sabía nada de esos elfos y tampoco habían visto a los elfos de luna que habían ido con ellos. Por razones obvias debían de pasar por su territorio si habían regresado a Xadia, pero como nadie los había visto solo quedaba suponer lo peor "Traición" por parte de los humano y ahora con esa carta todo estaba confirmado. Esos sucios humanos traicionaron a Xadia, como una general de Lux Aurea era su deber encargarse de que los humanos recibieran su merecido y proteger la brecha.

—Prepárare a los guerreros —Janai hizo una reverencia a su reina antes de alejarse. Tenía muchas cosas que preparar si quería ganar en una batalla por la frontera. Hasta ahora los humanos jamás habían logrado traspasar la gran brecha, pero eso no significaba nada, podían tener magos oscuros a la espera de que se descuidaran.

Janai recordó la boda, parecía que todo estaba bien, que el rey de Katolis planeaba cumplir aquel acuerdo. Pero ella era un soldado, no entendía sobre política y como funcionaba el sistema de las cortes humanas. Lux Aurea tenía un consejo de ancianos pero solo servían como consejeros. Nunca intervenían en una desición de la reina, hacerlo podía equivaler a una muerte segura.

—Prepara todo —dijo Janai a uno de los elfos.

•••

Se dice que la confusión alerta los sentidos y Amaya podía sentir como se aproximaba una pelea, su espada se mantenía ergida, los elfos solares atacaron aunque eso no era algo que no pasará seguido.

—Ustedes sucios humanos, traicionaron a nuestro rey —bramó un elfo solar, la espada de Amaya resonó con fuerza, su gran escudo la protegió de los ataques. La tierra tembló con una pequeña erupción de lava, el elfo cayó por el precipicio.

Amaya observó a su alrededor, del otro lado de la brecha pudo ver a otro elfo que seguía sus movimientos. La lava bajo sus pies comenzó a tener actividad. Pronto los elfos se perdieron entre el humo que causaba la lava hirviendo.

Amaya y sus soldados pelearon, jamás dejarían que tomarán su puesto de avanzada. Había una manera de proteger ese lugar, pero era algo que pocos soldados podrían hacer. Cada puesto de observación contaba con explosivos escondidos, todo esto para poder destruir la fortaleza si los elfos lograrán entrar. El deber de los soldados en la brecha era asegurarse de detener a los elfos ahí y evitar que llegarán hasta las tierras del reino. Pero Amaya no podía pedirle a los soldados que se sacrificaran.

—General, han caído rocas que no permiten que los soldados lleguen al siguiente puesto

Escapen y protejan al verdadero rey —tradujo Gren, todos sabían lo que eso significaba

—Déjeme ir con usted —pidió Gren, Amaya levantó su mano y negó, no tenía caso que todos se sacrificaran.

"Deben escapar, mantenerse con vida. ¡Es una orden soldados!"

Amaya subió a un caballo, aquello sería su última orden como general del ejército de Katolis. El caballo corrio por aquel camino estrecho que llevaba hasta el siguiente punto de revisión. La general cabalgó con la fiera determinación de que moriría en ese lugar.

Janai observó a la humana, era valiente. Aún cuando sabía que iba a perder no dejaba de pelear. La general de Lux Aurea observo como uno y otro elfo caían ante el gran escudo de la soldado. Avanzó lentamente, sus ojos cambiaron de color, sus venas se volvieron amarillas creando la ilusión de ser una bestia de magma. Esto se debía a qué los elfos de sol tenían protección divina del sol, lo que hacía que fueran imnunes al fuego o calor.

—Ahora enfrentarás mi espada —Janai se abalanzó contra Amaya. El choque de su espada contra el escudo rosono en aquella área alejada. Los elfos habían retrocedido unos metros para dejar que su general se encargará del humano.

La ira ocupó el cuerpo y la mente de Amaya. Sí los elfos no existieran nada de eso habría pasado, su sobrinos estarían a salvo y habría paz en la Pentarquia. Nadie habría muerto

La elfo parecía que se estaba burlando de ella. Un corte no podría alcanzarla. Pensó en cómo murió su hermana en Xadia. ¿Cuál fue su mejor movimiento? Se aferró fuertemente a su espada. Ella jamás fue tan buena como Sarai en el combate cuerpo a cuerpo. Sí ella no hubiera ido aquel día con ellos, si no hubiera sido lastimada por aquel titán de Magna su hermana no habría muerto. Hubiera sido mejor que ella muriera aquel día. Su hermana era mucho más valiosa que una simple soldado. Sarai era su ejemplo a seguir. Le debía la vida a su hermana, pero incluso haciendo todo lo posible por volverse más fuerte no había podido cuidar a sus sobrinos, no pudo evitar que Harrow vendiera a Callum. Pero al menos protegería a su soldados.

«Si esto fuera un cuento de hadas, la pasión despertaría el poder inactivo, para darme la capacidad de derrotarlos. Pero, esta es la realidad. Nada tan milagroso sucedería»

Amaya sonrió ante esa verdad, no era un cuento de hadas, ni había finales felices que llegaban gracias a la magia. La magia oscura solo traía desdicha y muerte. Los humanos eran débiles.

Janai dio un paso y en ese momento, Amaya movió su espada con todas sus fuerzas.

Janai se sorprendió por ese movimiento, tuvo que esquivarlo. Jamás antes alguien había logrado que ella estuviera en guardia, mucho menos un humano. Así que como muestra de respeto la general de los elfos Sunfire lucharía como su igual, al choque de espadas las marcas de elfo de sol desaparecieron de su rostro. La espada de Amaya chocó nuevamente contra la espada de Janai, pero la espada de la elfo de sol comenzó a atravesar el metal. Pronto Amaya vio como si espada se partía a la mitad, usó el gran escudo que portaba para protegerse, un segundo, solo necesitaba un segundo para poder tomar el fuego y encender la pólvora. Amaya cerró la distancia entre ellas, apretó el puño y lo golpeó, fue ese pequeño momento cuando alcanzó la antorcha, la explosión hizo que la estructura del camino que llevaba hasta las construcciones humanas desaparecieran.

Janai perdió el equilibrio.

«Voy a morir» La elfo de sol pensó en lo que eso significaba, había sido una buena vida y si moría protegiendo la frontera sin duda su muerte valdría la pena. Entonces una mano se aseguró de llevarla de regreso hacia arriba alejandola de la lava ardiendo.

Amaya no sonrió, solo levantó sus manos después de haber salvado la vida de su enemigo.

Janai sonrió y levantó su puño golpeando a su oponente para que perdiera el conocimiento, así sería más fácil salvar su vida. Ella le había mostrado amabilidad incluso en la batalla, sería una descortesía no corresponder dicha amabilidad.

—Regresamos a Lux Aurea, hoy hemos ganado.

Los elfos solares levantaron sus espadas y gritaron por la victoria obtenida ese día.

~•~•~•~•~

Viren se despertó temprano aquel día con el gusano sobre su ojos.

—¿Qué haces? —preguntó alarmado ¿Acaso Aaravos lo había traicionado?

"Tranquilo, esto me permitirá servirte mejor, pronto podrás escucharle y verme"

Viren soportó el dolor que aquel hilo causaba en su ojo. Después de un rato una pequeña membrana estaba sobre el ojo del mago oscuro.

Podré servirte mejor —la melodiosa voz de Aaravos retumbó en el oído de Viren, ahora podía ver una proyección abstracta del elfo. Viren se quedó maravillado con aquella magia, sin duda aliarse con ese elfo había sido una jugada peligrosa, pero muy acertada, el poder que ahora poseía era inmensurable. Nadie, ningún elfo o dragón podría detenerlo ahora.

—Lord Viren —alguien llamo a su habitación—. Sus hijos han llegado.

Viren se levantó, era el día. Habían quemado el cuerpo de Harrow al día siguiente de su muerte, era mejor así. Pero por culpa de Opeli no había podido hacer lo necesario para ocupar el trono enseguida, pero ahora todo estaba listo al fin.

—Están aquí —Viren sonrió y abrazo a sus hijos— Hoy comienza un renacer para Katolis, es una pena que Ezran haya declinado su título y huyera, ¿Saben porqué lo hizo?

—Porque no tenía lo necesario para hacer lo que hiciera falta —respondió Claudia

—Así es… pero nosotros haremos lo necesario, ahora deben de prepararse, esta tarde la historia de la humanidad cambiará.

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La coronación fue por mucho tensa. Opeli no podía creer que aquello estuviera pasando.

—Viren no puedes hacerlo, va contra la ley.

—¡Ohhh! Pero Opeli ¿Aún no lo has entendido? —preguntó mientras los demás miembros de la corte observaban como el gran hechicero tomaba la corona real—. ¡Yo soy la ley! —Viren colocó la corona—. Encierren a los traidores —pronto varios soldados rodearon a unos nobles y a Opeli.

—¡Tú no puedes!

—Pero ya lo hice —Viren observó a su alrededor mientras todos se quedaban en silencio, las puertas se cerraron con los soldados llevando a Opeli y otros nobles hacía los calabozos del castillo, dando paso a una suave melodía en la sala de la corona.

Saleer comenzó a aplaudir y después hizo una reverencia, esto generó que el resto de la corte siguiera su ejemplo.

—Hoy es el renacimiento de Katolis, un nuevo rey ha nacido y un nuevo linaje real está al cargo del reino. Ahora… —Viren observó a los nobles que habían quedado en la sala del trono—. Brindemos por este glorioso día.

Sir Guntar sonrió, aunque en todo caso no estaba feliz; no obstante, tenía que sonreír y asentir ante el nuevo rey, toda su familia hizo una reverencia. Aunque no todos en su familia podían fingir tan bien como él.

Efectivamente, Tania, una encantadora muchacha de increíbles ojos verdes, cabello corto y negro como el azabache, peinado del modo menos atractivo posible, y con un estrafalario corpiño rojo y traje largo de Cormyr, no ocultaba en absoluto su desagrado. Se ponía en evidencia,y también a su familia. Sir Guntar cogió aire para susurrar una reprimenda, pero entonces reparó en el corpulento viudo de cabellos grises que se colocaba detrás de su hija. Guntar conocía a Darvis, el duque del norte del mismo modo que conocía a todos los miembros de las mejores familias de Katolis.

Hasta aquel momento, hubiera jurado que aquel noble entrado en años era tan flemático e inofensivo como cualquier viejo buey acostumbrado al yugo. Sin embargo, en aquellos instantes jadeaba pesadamente al tiempo que clavaba los ojos en la nuca de Tania. Pese al fresco de la tarde, el sudor perlaba su frente,

y sus dedos rechonchos jugueteaban con la empuñadura enjoyada de su daga.

—Sonríe por nuestro rey —dijo Sir Guntar.

Molesta por sentirse ignorada, la compañera del mercader, una damisela de pecho generoso suficientemente joven como para parecer su nieta, lo miró furiosa. Aunque era difícil de creer, que algo malo le pasaba a Lord Darvis. ¿Acaso tenía un delirio febril? Aprovechó un momento de calma antes de que comenzara a sonar la música, aunque lord Viren había dicho que no necesitaba una fiesta de celebración la facción de los nobles tenían que demostrar que apoyaban al hombre, claro que no todos lo hacían por voluntad. La mujer carraspeo para pronunciar el nombre del caballero en tono frío y seco, lo que sorprendió al noble. Aunque eso sorprendía tanto a sus inferiores en la escala social como a sus iguales.

—Vaya, al parecer ahora cualquier persona puede tener un lugar en la corte mientras tenga dinero —Darvis murmuró entre dientes al ver a la mujer, volvió a ver a Tania, Cabe decir, sin embargo, que tal ardid había dejado de surtir efecto en la chica hacía tiempo. Darvis se movió de su lugar casi de un salto y se cernió bruscamente sobre ella para encontrar su mirada. Tania movió sus labios sin emitir sonido alguno, pero el hombre pudo saber que le había dicho "traidor"

Lord Darvis se alejó y lentamente comenzó a retroceder pisando los pies de algunas personas. Para sorpresa de la chica nadie dijo nada, era como si estuvieran más atentos a lo que pasaba en la parte del trono.

—Ahora, por favor, disfruten del día, hay mucho que planear, el futuro de la humanidad cambiará —el nuevo rey de Katolis sonrió.

Lord Viren se sentó en el trono pensando en que todo lo que ha hecho ha sido por el bien de la humanidad. ¿Por qué nadie podía ver que solo estaba tratando de asegurarles un futuro mejor? Seguro que sus acciones pueden haber resultado ser las de un megalómano, y claro, estaba disfrutando de las cosas que estaba haciendo, pero el fin justificaba los medios, ¿no?, Viren estaba teniendo dudas. Los Xadianos merecían todo lo que había planeado hacer. Fue su culpa que los humanos siguieran siendo inferiores. Nacieron mágicos, él no... Los humanos no y, sin embargo, trataron de detener el pequeño progreso que la humanidad había logrado. Fueron separados del potencial de la magia, y se fueron con una furia hirviendo que tuvo que ser rectificada. Los elfos y los dragones no merecían vivir después de lo que habían hecho, ¿Paz? ¿Como se atrevían a insinuar que querían paz después de todo lo que habían hecho a los humanos? ¿Por qué Harrow había sido tan tonto? Podían ganar, él los llevaría hacia la victoria. Pero en vista que ahora Harrow no estaba, debían asegurar que un líder los guiara, y él estaba allí para entregar la justicia que merecían. Una guerra se cernía sobre ellos, como una bestia con sus fauces tratando de darles una mordida. Pero antes tenía que deshacerse de aquellos débiles de pensamiento, los leales soldados de Amaya, no podía comenzar una purga en el ejército, eso solo debilitaría el mensaje que quería transmitir. Así que sería más fácil ser el rey benevolente que dejaba que aquellos sin ánimos de pelear se fueran.

¿Asustado? —preguntó Aaravos—. ¿Acaso no he cumplido con todas las promesas que te hice cuando nos conocimos? Con mi ayuda aplastarás Xadia y cada elfo que ha despreciado a los humanos. Tú eres el futuro de la humanidad. Así que dime ¿Te asusta lo que vendrá ahora?

El elfo estelar sonrió, su melodiosa voz era como un dulce veneno que convencía de cualquier cosa. Viren sabía que confiar ciegamente era algo peligroso, pero aún así, no le importaba mancharse las manos de sangre si con eso lograba su cometido.

Viren negó, no tenía miedo de la guerra, la había esperado como si esperara a una vieja amiga. Por un breve momento creyó ver a Harrow reírse de él.

«Cobarde» Escucho, pero no era Aaravos, era la voz fantasmal de quién fue su amigo. «Traidor» ¿Es que acaso ni muerto se callaría?

Tania movió sus manos, el hijo del nuevo rey parecía enfermo. La joven sabía que no tenía la capacidad para aprender modos, música, costura, y las otras artes femeninas,todo lo cual contribuiría a hacer de ella un buen partido, o alguien apta para los secretos de la contabilidad y el comercio, lo que la capacitaría para formar parte de los negocios de su padre. Pero todo lo que le interesaba era las relaciones sexuales, parrandear con gente poco aconsejable, de clase muy por debajo de la suya, hacer travesuras y, por lo general, meterse en problemas.

«Pero esta noche, no —su madre la vio fijamente—, Esta noche te comportarás como una dama, una señorita discreta y refinada,te pongas como te pongas».

¿Acaso su madre había intuido sus pensamientos? Tania le sacó la lengua. Sonrió y fue hacia el nuevo príncipe de Katolis.

Soren no se sentía bien, no era algo que él pudiera explicar con palabras. ¿Ahora era príncipe? No era algo que él esperara, a su mente vino la imagen de Callum, sintió un ligero dolor en la espalda.

—Príncipe Soren —Tania sonrió—, ¿Qué se siente tener el título que antes era de uno de tus amigos? Es una pena la muerte del príncipe Ezran

—¿Qué? — preguntó Soren. No entendía muy bien nada de lo que pasaba ¿Ezran estaba muerto? Pero su padre le había dicho que Ezran había abdicado. Su padre le había mentido, está verdad golpeó a Soren, de pronto el título de príncipe parecía pesado, quería vomitar ¿Porque sentía tanto miedo? — Disculpa — Soren se alejó de la joven quien lo vio con una sonrisa

— Que encantador — Dijo Tania, sin duda los hijos de aquel farsante eran muy fascinantes. ¿Que planeaba su padre al decir que apoyaba a un hombre como Viren? Tania estaba emocionada, sin duda la vida en la corte real era un poco más emocionante de lo que pensó.

—El príncipe Kasef de Neolandia —la voz de Saleer hizo que los presentes guardarán Silencio.

El príncipe Kasef ingresó, hizo una leve reverencia al recién nombrado rey Viren de Katolis.

—He venido hoy, su majestad, ante está gran corte con un asunto importante.

Viren observo al joven, tendría la edad de Soren, pero su porte, la manera en la que hablaba era la de un verdadero príncipe, no era como ese príncipe falso que Harrow había adoptado.

—Príncipe Kasef, nos honra con su presencia este día glorioso. Por favor, los asuntos de estado pueden esperar unas horas, es un momento de festejo —Viren uso toda la diplomacia que había aprendido en tantos años de servir a la corona.

Soren observó al príncipe de Neolandia, no era demasiado listo, pero si sabía lo que eso significaba y también sabía lo que tenía que hacer.

Soren esperó hasta que los guardias cambiaron de turno, escuchó la charla trivial de los nobles y vio como su hermana era cortejada por varios de éstos, sonrió un poco al ver la cara de asco de su hermana. Había algo claro en la mente de Soren, su padre había mentido. Cómo antiguo guardia de la corona conocía los pasadizos y algunos secretos del castillo. Arriba seguramente su padre estaba hablando sobre su próxima guerra. Sólo necesitaba unos minutos.

—Opeli —Soren llamo a la mujer—, voy a sacarte de aquí... —Soren abrió la puerta, aún tenía las llaves que le otorgaba el título de guardia de la corona.

—Pero... —Opeli no entendía porque el chico estaba haciendo eso.

—Escucha, hay un pasadizo que llega hasta la panadería. El rey Ezran lo usaba para robar tartas. Debes irte.

—Lo llamaste rey —la consejera observo la cara de Soren, a diferencia de su padre, el joven soldado no mostraba ambición de poder.

—Es el verdadero rey, cuando lo veas, dile que siento mucho no haber sido un mejor guardia, no haber protegido al rey Harrow. Por favor ve, encuentra al verdadero rey.

—Soren, tu ya eres un caballero ejemplar, un gran guardia de la corona. Ahora vete antes de que tú padre sospeche.

Soren estiró sus brazos.

—De acuerdo, ahora veamos qué tan rápido puedo correr.

Opeli vio la espalda de Soren, ella los había visto crecer a todos como amigos, les había enseñado sobre la historia de Katolis, sin duda alguna Soren se había convertido en un excelente joven. Ahora era su turno de encontrar al rey. Opeli siguió el camino hasta llegar cerca dela panadería de Barius

—Tardaste demasiado —el panadero se cruzó de brazos—. Debemos partir ahora sí queremos llegar a Duren, es el único país que es seguro por ahora.

Opeli entendía que todo estaba cambiando, que Katolis ya no era seguro. Mientras se alejaba en la carreta de Barius el corazón de la consejera real se sentía roto. Ver las torres del Castillo ahora solo traía el amargo sabor de la traición e intriga.

Varias horas después finalmente Viren veía cerca el momento de dar marcha a su plan. El príncipe Kasef no solo fue como un invitado de estado, había reunido los ejército de tres reinos, solo Duren no había logrado deshacerse de su reina, pero no importaba, cuatro ejércitos unidos contra Xadia ¡Que día más glorioso! El sol dio paso a un nuevo día. El nuevo rey de Katolis se colocó sobre la terraza mientras veía a los soldados formados, listos para la batalla. Pero sabía que no todos eran leales a él, los soldados de Amaya y que lo consideraban un usurpador estaban ahí y no podía marchar con dichos soldados, tampoco podía matarlos de una manera que fuera algo llamativo. Viren sabía que toda gran organización funciona porque confían en la persona a cargo

—En unos días partiremos a Xadia —dijo Viren—, cuatro ejércitos unidos bajo un mismo estandarte... Pero claro, no todo es felicidad, soy consciente que muchos no quieren ir a la guerra. Así que, los soldados que deseen volver a salvo con sus familiares deben dar un paso al frente.

Todos los soldados se quedaron en silencio. ¿Quién sería tan cobarde? Entonces se escucho el sonido de una armadura al caminar. Marcos, uno de los guardias de la corona del rey Harrow bajó su espada. Pronto se escucharon abucheos, pero también hubieron más soldados que comenzaron a dejar sus armas

—No, no —dijo Viren de manera tranquila—, Dejenlos marchar, mejor deshacerse ahora de los débiles. Ustedes son libres de irse, pero a cambio, como muestra de su cobardía deberán usar una insignia con un eslabón roto, esto marcará a ustedes y su familia como cobardes.

Marcos supo que eso era una amenaza, una promesa de matarlos cuando todo terminara. Pero ahora estaban libres, sabían que hacer, ellos servían al verdadero rey de Katolis.

Con eso Viren había dado otro paso para lograr su cometido de destruir Xadia.

~•~•~•~

Callum vio sorprendido el gran camino de rocas

—Hummm. Rayla ¿Cómo vamos a pasar por aquí?

—Tú solo espera… —señaló las rocas y el cielo—. El camino de luna se revelará ante nosotros.

—¿Camino de luna? —preguntó Callum, pisó una piedra y esta se fundió rápido. Bien, en definitiva lo mejor era hacer lo que Rayla decía.

Las nubes se despejaron rebelando una gran Luna llena, frente a ellos unas rocas se iluminaron relevando lo que Rayla llamaba: Camino de Luna.

—Los elfos de luna tenemos nuestros secretos, las rocas se hunden fácilmente, pero esas rocas demoran más tiempo, nos dará tiempo pisarlas sin peligro. —Rayla dio pequeños saltos avanzando sobre las rocas iluminadas.

Callum la siguió lentamente, observo que era cierto, las piedras no se hundían tan rápido como las demás.

En menos de unas horas Finalmente estarían en Xadia si todo salía bien.