AQUÍ LES TRAIGO OTRO CAP DE ESTE LINDO FIC, LAMENTO HABER TARDADO TANTO PERO LA INSPIRACIÓN NO ME AYUDABA MUCHO.

LES INVITO A OPINAR Y COMENTAR QUE LES PARECIÓ.

EN EL SIGUIENTE CAP ESTARÉ RESPONDIENDO SUS SUGERENCIAS Y PREGUNTAS QUE QUIERAN HACERME.

POV REGINA:

Un fuego abrazador me llenaba el pecho, tenía que hacer acopio de toda la calma que me quedaba para no ir a Arancele, buscar a esos desgraciados y matarlos lenta y dolorosamente, pero, quizás, solo quizás, si podía hacerlo, podía ver que Emma, la joven arquera, tenía una chispa extraña en los ojos, sabía que era, una sed de venganza que no saciaría hasta estar en frente de los hombres que la habían martirizado sádicamente hasta casi la muerte.

-¿en qué piensa majestad?-su voz era como el más dulce tintineo de una campana de cristal empujada por el viento.

-en que puedo ayudarte a obtener tu venganza-sus ojos se iluminaron como dos grandes diamantes-tú me salvaste y me diste una oportunidad de volver con mi familia, es momento de darte las gracias como es debido-reconocía esa mirada, era devoción, muchos en el reino la tenían cada vez que hacíamos algo bueno por cada ellos, como por ejemplo ayudar a un panadero a abrir su propia panadería o ayudar a reconstruir las casas de los aldeanos luego de una furiosa tormenta.

Tenía un plan ya trazado en mi mente, pero para llevarlo a cabo necesitaba la cooperación de mis padres, de Ruby…y de la misma arquera, y si era necesario, también de los criados que estaban involucrados con el saber que había una nueva integrante en el castillo.

Tendríamos que ser precisamente fríos y meticulosos, y bastante astutos, mi plan era algo maquiavélico, pero si todo iba bien, podría matar dos pájaros de un tiro, podría ayudar a Emma en su venganza y también romper la maldición que caía desde hacía más de dos generaciones en mi familia.

Ese mismo día, invité a Emma a conocer el castillo donde había nacido y me habían criado, todo a su alrededor era nuevo, parecía una pequeña niña en una dulcería, sus ojos curiosos y brillante lo observaban todo a su entorno, desde las más antiguas fotografías de mis antepasados, hasta los retratos familiares donde aparecíamos mis padres y yo en mi dulce infancia.

Ya en la tarde, en la hora del té, mi madre dispuso a dejarnos solas en el mirador del jardín principal, pero que mujer, ¿en qué demonios estaba pensando al dejarnos sin compañía o supervisión? ¿Es que no conocía mi reputación con las sirvientas del castillo cuando no había nadie?

-dígame majestad, ¿Cómo es que su familia ha tenido un linaje tan largo de estar al trono?

-por favor llámame Regina, después de tanto tiempo de estar una al lado de la otra, creo que sería mejor tutearnos-su risa me cautivaba enormemente ¿Cómo era posible que una muchacha de la cual casi no conocía de nada produjera esas emociones en mi interior? ¿Sería cierto que la maldición se estaba rompiendo para dar paso a mi final feliz con alguien a quien amar?

-con la condición de que me llame Emma, no creo que el título de "arquera" me sirva de mucho para nombrarme-asentí-entonces, ¿siempre estuvieron al mando o cómo fue?

-no creas que siempre ha sido así-su mirada inquisitiva me incitaba a decir más-en el principio, mis ancestros eran muy pobres-sus ojos se ensancharon como dos pequeños platillos de té, como los que teníamos delante nuestro, sus huesudas y finas manos sostenían el mentón mientras que sus codos se encontraban sobre sus rodillas-hubo una mujer, creo que era la madre de mi abuela, que se casó por dinero con un hechicero muy famoso-asentía sin soltar una sola palabra, me parecía muy tierna, como una chiquilla escuchando a su madre contándole un cuento-al darse cuenta, el hombre la hechizó junto con toda su procedencia a vivir toda su vida sin amor-asentía sin quitar su mirada de mis ojos-de ese matrimonio salió mi abuela, que se casó con un rey, ahí nacieron mi padre y sus ocho hermanos, y esta…mi peculiar invitada, es la historia de cómo mi familia encontró el camino a la grandeza…pero sin amor en nuestros corazones.

-ojala yo tuviera memoria de mis padres o mis abuelos-su voz apagada y baja no me parecía nada bien-fui encontrada, vagando en las calles de Arancele, desorientada, sin nada más que un camisón de algo que parecía algodón-las manos le temblaban cuando quería tomar entre ellas, su taza de té-calcularon que tenía entre diecisiete y veinte años de edad-una sonrisa nostálgica apareció en su rostro, como si recordara los momentos felices en ese reino miserable de tiranía y avaricia-Robin me acogió desde entonces, y me enseñó todo lo que se sobre arquería-de un momento a otro sus manos se crisparon tanto que creí que rompería la taza, sus dientes hicieron un molesto rechinido.

-por favor, ya no pienses más en ellos-quería alejar esos malditos fantasmas de su mente, pero ¿Cómo hacerlo si el recuerdo estaba tan fresco como el roció de cada mañana?-escucha Emma, he pensado…en que…como nuevo miembro del castillo…quisiera hacerte una fiesta de presentación-su rostro libido, blanco como la porcelana, no tenía precio alguno-sería también una ayuda para vengarte-sin decir nada más, asintió dispuesta a escuchar mi plan, cosa que le pareció una maquiavélica pero muy divertida idea.

Los días pasaban, Emma se adaptaba cada vez mejor al ambiente en el castillo, todas las mañanas desayunaba con nosotros en el comedor principal, las conversaciones que tenía con mis padres eran realmente productivas e interesantes, mi madre había quedado encantada con la delicadeza y a la vez firmeza en su hablar, mi padre la invitaba después del almuerzo y antes de la hora del té a salir a al campo a cabalgar, debo decir que nos costó bastante que subiera a la montura de un caballo, la primera vez, estaba tan asustada que en lugar de tomar las riendas, se sujetó del cuello del jamelgo, a menos de medio kilómetro sentimos un estruendo tras de nosotros, el animal venia solo y en el piso veíamos a la pobre arquera sobándose la cabeza. Pero también fue el momento más hermoso que haya recordado, un acontecimiento "épico", algo que cambiaría nuestras vidas para siempre.

-Emma, ¿alguna vez has montado?- mi padre, con su carisma y bondad comprendió su situación, su rostro se tiñó de rojo por completo, desde el cuello hasta la raíz del cabello-ven acá, sube conmigo-me posicioné un poco hacia atrás en la silla de montar de Rocinante y la ayudé a subir delante de mí-no le tienes que tener miedo, querida-le rodeé la cintura con los brazos y tomé sus manos con las mías-agarra las riendas, y guíalo tirando suavemente a los lados que quieras que vaya-estaba refrescando, la capa de invierno que estaba en nuestros hombros nos protegía del viento, hasta que pudimos ver que caía el primer copo de invierno que las montañas nos enviaba.

-Mira Gina, ¿te acuerdas de a primera nevada que viste? Apenas eras una pequeñaja-en ese momento la avergonzada era yo.

-cuénteme Henry, ¿cómo era Regina de niña?

-era realmente tierna, en invierno teníamos que hechizarla para que no saliera a jugar con la nieve-solo rogaba que la tierra me tragara antes de que mi padre contara algo más bochornoso-siempre se enojaba cuando se enfermaba y no la dejábamos salir hasta que se recuperara.

-ya papá, seguramente Emma no quiere saber eso-la sonrisa en el rostro de la joven rubia me decía todo lo contrario.

-en realidad, yo quisiera seguir escuchando más-antes de que pudiera soltar más información vergonzosa que cortara mi dignidad, mi padre vio que le hacía señas par que se largara y nos dejara solas.

-me disculparán, señoritas, pero este cabalero se tiene que ir, el frio no le hace nada bien a mis pobres huesos-la blancura de la nieve estaba empezando a cubrir el verde pasto del campo y a nosotras también. Veíamos como los cascos del jamelgo de mi padre dejaba huellas de media luna mientras se alejaba.

-tu padre es realmente encantador, muy simpático-su sonrisa era realmente hermosa combinada con el movimiento de su cabello por el viento, el brillo exótico verde azulado y el caer de la nieve.

-sí, es un gran hombre…cuando no se va de lengua con recuerdos míos-de su garganta brotó una limpia carcajada que parecía viajar con el viento.

-tienes mucha suerte, Regina tienes padres maravillosos que te dieron todo, una familia, un hogar.

-tu también lo tienes, Emma, mi familia también es la tuya-de repente pude ver como cambiaba su mirada, era algo realmente extraño.

-Regina, ¿puedo hacer algo que he deseado desde que te conocí?-solo asentí y sin previo aviso, me tomó de la nuca y me estampó sus labios contra los míos en un beso desesperado, solo fue un ínfimo segundo antes de que saliera del estado de shock y le respondiera con la misma intensidad, era una lucha de poderes, para ver quien ganaba más terreno en la boca de la otra.

En ese momento no nos dimos cuenta, tal vez por la pequeña ventisca a nuestro alrededor o porque estábamos muy ocupadas en no despegarnos, pero pude sentir como una estela de magia salía de mi cuerpo y me llenaba el pecho y el estómago de una sensación realmente gloriosa, era como si todo el poder del universo hubiese estallado en mi interior.

Al soltar sus labios, vi que los tenía rojos e inflamados, los ojos llorosos y la respiración entrecortada, ese sentimiento aún no se iba de mí ser y tampoco quería que se fuera. Sus mejillas y nariz se habían sonrojado como una rosa en plena primavera.

-creo…creo que…deberíamos volver-dije avergonzada y acomodando la capa sobre nosotras-no quiero que te enfermes-ese era el comienzo de lo que Rumpelstiltskin me había advertido, el amor verdadero de mi salvadora, la ruptura de la maldición de mi familia y el comienzo de un nuevo comienzo.