Capitulo 3
Diluvio
Por Amelia Badguy
1.565 palabras según Word.
Dos figuras se veían a lo lejos caminando por aquel desierto, ambos vestidos con unas túnicas negruzcas, que contrastaban fuertemente con la piel blanca de ambos, siendo que cualquiera se extrañaría de eso, pero no ellos, ellos estaban disfrutando de aquella pequeña libertad que habían conseguido.
— ¿Un ángel te cubrió con sus alas? — Le preguntó alzando la ceja con suavidad, caminando al lado de Crawley por aquel desierto que se extendía frente a ellos, donde distintos animales estaban comenzando a vagar, buscando sus comidas, comenzando un ciclo de vida en realidad.
— Sí, de la primera lluvia, pero escucha, eso no fue lo más extraño, lo más raro de todo esto es que el ángel le dio su espada a Adán, ya sabes... su espada, de fuego — Le comentó caminando bajo el sol de aquel desierto soltando una pequeña risa.
Había sido extraño su encuentro con el guardián de aquella puerta, con aquel principado. Lo había protegido de la lluvia, le había dado su espada de fuego a Adán para que protegiera a Eva, que estaba preñada de un bebé, engendrando nueva vida como millones de humanos, de distintos humanos, comenzaría hacer al aparecer como si nada en la Tierra.
Ahora entendía la risa que le daba a Dios con los huesos de dinosaurios que había dejado regados por todo el mundo, lo humanos iban a perder la cabeza intentando crear una teoría de donde venían en algún momento, si es que continuaban cuestionando cosas como lo había hecho Lilith o Eva.
— Siento que ese ángel se quedara en la Tierra por mucho mucho tiempo — El rubio no pudo evitar reír mientras caminaban. Quizás hubiera sido mejor volar, pero querían conocer las distintas cosas que habían en el mundo y además, bueno, supuestamente tenían que tentar.
Él y Crawley tenían algo que los demás demonios no, imaginación, siendo que seguramente algo se les iba a ocurrir para "tentar" a los humanos.
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Su señor debía estar cerca, era lo que se repetían cada día. Como los humanos y animales, aquellos seres mágicos tenían la necesidad de comer en realidad, siendo que habían terminado en un pequeño valle que bordeaba un desierto, donde habían encontrado agua y frutas de árboles.
Muchos de ellos estaban cansados, las hadas necesitaban alguien que las controlara, siendo que los pequeños goblins no hacían más que quejarse por el calor que hacía y como deseaban que su señor estuviera de regreso, que nunca hubiera caído al infierno, un lugar que ninguno de ellos encontraba que mereciera.
— ¿Es un hada? — Una voz sorprendió a uno de los pequeños goblin que estaba sentado en una piedra, lloriqueando cual bebé por no tener rastros de su señor, pero al girar su vista pudo ver a dos figuras ahí.
Los ojos del hombre de cabello rojizo hicieron estremecer a aquel pequeño ser, que había estado alejado del resto del grupo para poder llorar tranquilo, dándole deseos de escapar, pero apenas fijo su vista en el hombre rubio, no pudo más que dar un brinco.
— ¡Mi señor esta aquí! — Gritó con su pequeña voz infantil y de un brinco se lanzó desde la roca al pecho de aquel demonio rubio, que se sorprendió un poco, pero únicamente abrazó a aquel pequeño goblin con suavidad.
— Su señor ha vuelto, mi pequeño — No sabía de dónde habían sacado los goblins y otros seres mágicos llamarlos siempre señor, pero bueno, era algo que les permitía y le agradaba escuchar en realidad.
— Creo que aquí es donde dividimos nuestro viaje, Jareth — La voz de Crawley llamó su atención y no pudo más que asentir.
Aquellos dos demonios eran amigos entre sí, algo inusual, porque los demonios no tenían amigos, los demonios no confiaban en otros demonios o en alguien más, pero bueno, de cierta forma ellos eran diferentes entre sí, pensó.
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— Veo que te reencontraste con el ángel que siempre hablas — Le comentó con una sonrisa Jareth al ver al pelirrojo ahí, habían pasado años, décadas, quizás siglos desde la última vez que lo había visto, desde que habían separado su camino en aquel valle, donde él había marchado con las criaturas mágicas y Crawley había seguido su camino.
En el infierno habían aceptado con agrado su nuevo pequeño ejército de seres mágicos, es decir, habían dado la espalda a Dios y a otros ángeles sólo por él, un demonio, aquello era algo digno de admirar en el infierno y él hizo pasar todo como si hubiera tentado a los pequeños seres en realidad cuando ellos sólo lo seguían por el afecto que le tenían.
— Sí, me informaba sobre lo que pasara... ya sabes, Dios enviara una inundación y sólo se salvaran los de aquella arca — Pudo ver como la cara de Jareth comenzaba a palidecer, algo que él mismo había ocultado del ángel, porque bueno, significaba que los niños también iban a perecer y aquellos dos demonios tenían algo con proteger a los niños desde que los habían visto —más Jareth, porque los niños le recordaban los pequeños goblins que se vivían pegados a él—.
— ¿En todo el mundo? — Tenía que ver cómo proteger a sus pequeños, pensó, cuando las primeras gotas de aquel diluvio comenzaron a caer sobre ellos, haciendo que Jareth jadeara.
— Sólo aquí — Comentó Crawley sintiendo las gotas al igual que Jareth, aunque pudo ver la cara de pánico del demonio.
— Necesito tu ayuda, Crawley, tengo a los seres mágicos en estos terrenos, serán alcanzados por el diluvio y no tienen magia suficiente para sobrevivir a eso — El nombrado pudo ver la desesperación en aquellos ojos desiguales que lo hizo suspirar... pensando que tal vez si ese ángel estuviera en peligro, él tendría la misma cara que Jareth.
— Ahora es Crowley... y claro que sí.
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Jadeaban con fuerza en una pequeña embarcación, pequeña en comparación a la de Noé, que habían logrado realizar en un tiempo record, teniendo en cuenta la gran cantidad de "milagros" que habían hecho deberían dar una buena justificación, pero aquel momento el pelirrojo sólo podía ver como el rubio golpeaba con fuerza el suelo de esa embarcación, enojado con todos, llorando de impotencia que sentía.
— Jareth, no podíamos hacer más para juntarlos — Habían perdido bastantes seres mágicos. Entre ellos se habían ido los unicornios, los pobres no habían podido con el temor de los fuertes truenos que sonaban y habían escapado hacía otros lares.
También había pasado con seres pequeños, que habían sucumbido primero ante los treinta centímetros de inundación, había sido demasiado tarde para ellos cuando habían terminado con la embarcación. Pocos se habían salvado, los goblins mismos, aquello que eran los favoritos de Jareth, habían sido casi diezmados.
— ¡No tenía el derecho de hacer eso, los seres mágicos nunca le han hecho nada! — Gruñó demasiado enfadado, pudiendo sentir aquellas lágrimas carmesí en sus mejillas.
Primero había hecho que vieran mal la magia, ahora había diezmado a aquellas criaturas... decir que estaba enfadado con Dios era poco, ¿qué más quería de él? se había llevado su nombre, se había llevado su alas blancas, ahora se había llevado a sus amigos.
— Ahora no debemos pensar en eso, Jareth, debemos ver que se mantengan vivos por cuarenta días — Entendía perfectamente la impotencia de su amigo, ver como algo que había cuidado, desde que había sido un ángel, le era arrancado de aquella manera debía ser terrible, ver a los descendientes de aquellos seres que se habían alegrado por encontrarlos morir frente a sus ojos de esa manera, debía hacer que aquel demonio estuviera lleno de ira.
— ¿Y sí los llevó al infierno? — Aquello sorprendió a Crowley. Llevar a aquellos seres inocentes al infierno era demasiado, quizás las malditas hadas sobrevivirían bien, pero otros como los Ludo, en su mente le decía así a aquellos animales rojizos y grandes, serían la cena de algún demonio, sólo por gozo.
— Correrán más peligros ahí, Jareth... a menos qué... — Una idea cruzo por la mente del demonio de ojos amarillos, una idea que quizás podría ser una locura, pero bueno, estar encerrado ahí era aún más locura, escuchando los fuertes ruidos de los truenos.
— ¿A menos que qué? — Le exigió el rubio, limpiando sus pómulos de aquellas gotas carmesí.
— Hay perros del infierno, encerrados claro, pero en el infierno hay animales que sirven para tentar o destruir humanos, podríamos pedir un terreno para ellos... un terreno en el infierno alejados de todo y tú podrías ser su guardián... aunque bueno, volverías al infierno de cierta forma.
— Haría cualquier cosa para protegerlos — Gruñó el rubio sin poder evitarlo y aquello era verdad. Por proteger a sus goblins y seres mágicos, haría cualquier cosa, incluso mendigar un lugar en el infierno para ellos, volver a ese horrible lugar para ser su cuidador. Estaba dispuesto a eso y mucho más, siendo que así se llevó a cabo esa decisión.
Debía admitirse a sí misma que la acciones de aquellos dos demonios y el ángel de la puerta la sorprendían siempre. Era algo agradable ver como los resultados giraban sin control para ellos, era emocionante sentir de cierta forma el misterio... ellos estaban haciendo en aquel momento sus propias vidas, aunque para los ángeles y demonios en general, ya estaba claro que todo terminaría en una guerra, en algunos siglos más, nadie se lo cuestionaba.
Pero algo le hacía sentir que aquellos tres seres cuestionarían todas las decisiones y mostrarían un lado especial, un lado que esperaba ver pronto para sorprenderse.
