Capitulo 5

Crucifixión

Por Amelia Badguy

1.190 palabras según Word.

Vio como el pequeño niño salió corriendo de su hogar, apenas tenía once años cuando la voz de Dios había aparecido para decirle la verdad, que sería aquel que salvaría al mundo del pecado, que los salvaría con su muerte, haciendo que se cuestionara en realidad, ¿qué tenían en el cielo en su cabeza para darle esa noticia a un niño que aún jugaba con los demás y quería una vida normal como un carpintero?

Suspiró con suavidad mientras caminaba a la dirección que había corrido aquel niño, frente a las demás personas podía resaltar por su tez de porcelana, pero únicamente ignoro las miradas y fue hasta debajo de un árbol que estaba bastante alejado en realidad.

— ¿Te molesta si me siento a tu lado? — Le preguntó a ese pequeño niño con una sonrisa queda en sus labios, el niño tenía el rostro empapado de lágrimas en realidad, es decir, ¿qué niño iba a desear aquel destino?

Cuando el pequeño asintió, sólo se sentó a su lado sin comentar nada, mirando las nubes del cielo, aquellas que muchas veces le recordaban al algodón en realidad, por su suavidad y blandas a simple vista.

Sin más entre sus manos apareció una pequeña flor rojiza, un kalanit de unos campos algo lejanos a la ciudad, pero sin más le puso esa pequeña flor en el cabello a aquel niño que seguía hipando quedo por su destino.

— No es que quiera tentarte, querido, pero puedes negarte a cumplir con tu destino, sólo vivir tu vida tranquilo, siendo el carpintero que deseabas — Le dijo con una pequeña sonrisa, con sus ojos bicolores viendo fijamente a aquel niño de tez morena, cuyas mejillas estaban enrojecidas por el llanto de la situación, que si le preguntaban a aquel demonio era una mierda.

— Si yo no lo hago... esta carga caerá en otro niño después de unos años — Murmuró quedo aquel pequeño de once años, al quién el cielo había condenado para, según ellos, salvar del pecado a la humanidad que no veían como nada más que simples cifras.

— Eso es verdad — Le contestó con suavidad el rubio, para ese niño aquel hombre de cabellos de oro estaba siendo mejor consuelo que muchos del cielo en realidad, sobre todo de Gabriel o de Metatrón, que no habían tenido nada de tacto para decirle las cosas si era sincero consigo mismo.

— ¿Por qué Dios es así? — Le preguntó de manera queda aquel niño, mirando al hombre a su lado, sin imaginar que aquel ser que se preocupaba de sus sentimientos era un demonio.

— Preguntas así fueron las que me hicieron caer en realidad, pequeño nazareno — Le sonrió quedo, pero únicamente comenzó a hablarle de otras partes del mundo que se extendía frente a ellos, ¿qué mal podría hacer?

— El pequeño nazareno ha ido creciendo bastante — La voz de Crowley dentro de su pequeña fortaleza en medio del laberinto llamó su atención. Lo primero que había realizado fueron diferentes hogares para los pequeños goblins y otros seres mágicos, para luego construir el laberinto que cubría aquel terreno de tierra más árida que le había sido cedida por Beelzebub.

— ¿Sigues visitándolo? ¿Le has mostrado más partes del mundo? Siempre me ha resultado curioso como le gusta ver todas aquellas cosas, pero sigue con el plan de Dios y sigue con su destino — Le comentó mientras ordenaba el papeleo que le había sido encargado por el lord del infierno, estaba feliz con la cifras que estaba recibiendo en realidad, así que podría darse pronto un descanso.

— Sí, pero ahora fue al desierto, algo de que tenía que evitar ser tentado o algo así, el demonio que tenga que ir quedara realmente frustrado con la tenacidad de nuestro pequeño nazareno.

Ambos demonios habían estado de cierta manera presentes en la vida del salvador de los humanos, es decir, era sólo un carpintero, al cual le habían mostrado el mundo, las maravillas que habían en él, con aquel hombre teniendo tanto conocimiento, había seguido aceptando su misión.

— Seguro, quién sea que tenga ese trabajo, estará muy fastidiado — Río a la par del pelirrojo mientras se ponían al día sobre sus respectivos trabajos.

El plan inefable y cualquier otra mierda que los ángeles o el cielo pudieran decir, no calmaban la ira del rubio que observaba a la distancia como aquella madre lloraba de rodillas frente a la cruz a la cual su hijo había sido crucificado, su dolor impregnado en su esencia.

Al cielo le daba exactamente igual aquel dolor, para ellos aquel hombre había cumplido con su misión y ya pensó gruñendo, mientras lentamente se acercaba a la cruz, dónde había asesinado a aquel hombre, que para él nunca había dejado de ser un pequeño niño asustado.

— Dijo que debían amarse los unos a los otros — Escuchó esa voz y giró su mirada para ver a Crowley aquel demonio con el cual siempre se encontraba, además de que ahora estaba aquel ángel que llamó su atención, el ángel de la puerta del Edén, que le dio su espada a Adán y a Eva cuando fueron expulsados del jardín.

— Pues sí, sería algo con lo que la gente de enfadaría — Comentó el demonio de cabello rojizo, mirando con atención al nazareno en la cruz.

— ¿Qué piensa el cielo de todo esto? — La voz de Jareth llamó la atención de los dos hombres, siendo que el hombre de cabello más blanquecino dio un pequeño brinco al ver otro demonio. Siempre se llevaba con Crowley, pero otro demonio era algo inusual en realidad.

— Pues el destino de mesías se cumplió, como se había planeado — Aziraphale, aquel principado, se sorprendió al escuchar el gruñido que aquel rubio daba, mientras miraba la cruz, donde el cuerpo del nazareno finalmente cedía y terminaba por perecer ahí.

— Vaya mierda de plan, era sólo un carpintero demasiado amable — Gruñó mientras se giraba y se retiraba del lugar, dejando ahí al ángel y el demonio.

— Bueno, acabas de conocer a Jareth, seguro has oído hablar de él, ¿no? — Preguntó el demonio de cabello rojizo, mirando al ángel que veía como el demonio se perdía en la multitud, gruñendo, apartando a las personas de su paso, mientras una tormenta comenzaba a dominar el cielo.

— ¿El autodenominado rey goblin, no? — Claro que había oído hablar del demonio que se llevaba niños mientras realizaba las tentaciones, le había parecido lo peor cuando había escuchado que los niños robados nunca salían de donde fuera que iban a parar.

— Me ayudaba a mostrarle a él el mundo, ambos disfrutaban bastante de aquello en verdad... Jareth odia todo esto desde el diluvio, espero que no ocurra nada así nuevamente, ángel — Le comentó con una pequeña sonrisa ladina, mirando al ángel para desaparecer de ahí al igual que Jareth.

Que un demonio le mostrara al mesías algo de lo cual el cielo nunca se había preocupado era una novedad, pero que dos de ellos se hubieran preocupado era algo que había llamado demasiado la atención de Aziraphale, quizás debería prestar más atención a aquellos dos seres en las próximas décadas, para poder entender que era lo que planeaban, aunque en realidad no había ningún plan tras ellos.