Capítulo 6

Tratos

Por Amelia Badguy

1.216 palabras según Word.

En lo que le respecto a Crowley, durante los siguientes mil quinientos años sus juntas con Jareth, aquel demonio que tanto los ángeles como demonios le denominaban como el rey de los goblins, habían disminuido gradualmente, aunque bueno, no era de extrañarse aquello.

Jareth por lo general solía quedarse más en su reino y salir únicamente cuando era invocado para llevarse a un niño lejos de un hogar donde era maltratado, alejado de penurias y puesto bajo el lecho de familias que eran realmente amorosas, aunque claro, para los demonios y ángeles en general, los goblins terminaban por comerse a los pequeños humanos, hijos de aquellas almas que iban a parar al infierno tarde o temprano por su acto.

Con quién se había encontrado más veces en el último tiempo había sido con aquel ángel, Aziraphale, aquel ser que lo había protegido de la primera lluvia, con cual tarde o temprano terminaba haciendo alguna especie de pacto, razón por la cual se encontraba ahora abandonando el Golden Globe, después de aquella mala obra de William Shakespeare, no entendía como el hombre podía ser reconocido del todo, es decir, sus obras eran algo sosas a su gusto.

— Vaya, no pensé verte aquí, Crowley — La voz llamó la atención de la serpiente, quién giró su vista al salir del Golden Globe, aquel teatro que cada vez parecía tener menos público en realidad. — Según oí deberías estar en Escocía o algo así, ¿no?

Jareth siempre sonreía ladino y tenía el aire real que sus criaturas le habían otorgado, siendo que estaba ataviado en unos pantalones negruzcos de cuero junto con una camisa blanca que se notaba que era de seda, la cual era abierta en su pecho y dejaba apreciar un colgante que el demonio llevaba a todos lados en general.

— ¿Por lo general no sales de tu laberinto cuando alguien pide un niño lejos? — Le contestó devuelta el pelirrojo, pero únicamente sonrió para acercarse a aquel demonio de ojos extraños. Los ojos de Jareth podían ser algo que lograban hipnotizar a quienes los observaban, pero al menos no llamaban tanto la atención como los ojos del mismo Crowley.

— Se podría decir que acabas de salvar de cierta manera a un futuro bastardo de William Shakespeare, o quizás condenarlo, como prefieras verlo — Le dijo restando importancia mientras se encogía de hombros con una pequeña sonrisa. Para nadie en el infierno era un secreto que se tenía el alma de ese escritor, aunque pocos sabían la razón. — ¿Un trago?

— ¿Iba a cambiar a una de sus hijas por su sueño? — Le preguntó la serpiente comenzando a caminar a su lado, pues el rubio había comenzado a caminar como si nada, siendo que únicamente siguió su paso con un gesto curioso.

— ¿De qué te sorprendes? El pequeño Hamnlet lo dejó bastante claro, lo cambio por un par de ideas para sus obras, cuando tenía el niño diez años, siendo que únicamente fingió que el niño había fallecido, debo admitir que aquello llamó mi atención, no lo creí capaz de que se atreviera a llevar su mentira a tanto — El bardo inmortal no era más que un borracho mujeriego que vendía sus hijos por un mejor postor, aunque claro, le había molestado bastante que pusiera a los goblins en una de sus obras. — ¿Qué cambio esta vez?

— Oh, nada en realidad… Aziraphale y yo teníamos una misión en Escocia, él salvarla, yo empeorarla, como nos íbamos a interceptar el uno al otro e iba a quedar en nada, uno de los dos fue a fingir que lo hacía, él irá, pero quería algo para Shakespeare, por algún motivo le gusta aquella cosa. — Comentó sin más la serpiente y ambos terminaron en un bar medianamente decente, al menos lo que se podía conseguir en una Inglaterra Victoriana.

— ¿Dejas que ese tipo siga ganando fama únicamente por aquel ángel? De verdad te ha afectado bastante — Crowley y él eran algo especial dentro de los demonios.

Ninguno de los dos había caído por la lucha o por rebelarse ante Dios, sólo habían caído por su curiosidad, una curiosidad que no pudieron esconder y comenzaron a cuestionar cosas.

Jareth había estado años en su laberinto, intentando sacar los recuerdos que le habían sido bloqueados, aunque siempre llegaba donde mismo, viendo al arcángel que hacía las estrellas, recordando un cabello rojizo, un arcángel con el cual había hecho amistad en aquel tiempo, pues ambos tenían un pasatiempo común, crear cosas y disfrutar viendo sus creaciones, el arcángel las estrellas y él las cosas que hacían los pequeños seres mágicos.

Nunca había mencionado aquello a Crowley, pero siempre pensaba que en los arcángeles faltaba alguien, pues no eran ni Michael, Gabriel ni Uriel los de sus recuerdos.

Ahora sabía que el demonio se interesaba por el ángel y estaba seguro que no era un interés propiamente fraternal por decirlo de alguna forma.

— Oh, calla, tú eres débil con los humanos — Le dijo sonriendo ladino, aunque ambos eran débiles por los niños humanos, aquellos seres inocentes que no les agradaba para nada corromper.

Aquellos dos demonios entraron a aquel bar, aunque claro, ninguno de los dos se dio cuenta que el ángel, aquel que tenía un principado, que había sido guardián de una de las puertas del Edén, los miraba con bastante curiosidad.

Dos demonios juntos podían hacer muchos destrozos, pero esos únicamente se dedicaban a beber y a contar lo que habían sido sus años separados.

— ¿Sabes qué pudo haberlo hecho dormir? — Aquella voz hizo que el ángel, que iba saliendo de la casa que sabía que pertenecía a Crowley hace bastante tiempo, el mismo tiempo que él tenía su librería, saltara de manera sorprendida.

— ¡Jareth! — Soltó sin poder evitarlo, viendo como el demonio estaba apoyado en la salida de la casa, vestido con un simple pantalón negruzco y una camisa blanca, que había sido de épocas pasadas. Nada lo hacía parecer un caballero en realidad, aunque en su reino ese demonio era tratado de rey. — Me asustaste…

— Oh, vamos, no es como si quisiera iniciar un enfrentamiento afuera de la casa de esta vieja serpiente, he estado viendo por él desde que se dedicó a dormir y sé que tú has estado haciendo algunas tentaciones a su nombre, lo suficiente como para que llegara bien a fin de mes. — Comentó como si nada, encogiendo sus hombros, mirando a aquel ángel, sabía que el sueño de Crowley tenía que ver con ese ser divino, nada más lo había afectado durante tantos años.

— Sólo tuvimos una discusión, nada más que aquello, Jareth, no es algo que a otro demonio le importé en realidad — Se defendió Aziraphale, ¿cómo decirle a otro demonio que Crowley le había pedido agua bendita y él se había negado a dársela, rompiendo de esa forma su trato de siglos?

— Espero que despierte dentro de los próximos cien años, sino este siglo que viene será bastante aburrido de llevar, Aziraphale — Comentó como si nada el demonio, golpeando con suavidad el hombro de aquel ángel. Sí, no sabía para nada sobre que había sido la discusión, pero esperaba de buena manera que eso se solucionara.

Sin Crowley la vida podía ser bastante aburrida y comenzaba a hacer estupideces sin la serpiente que le dijera sí sus decisiones estaban bien o no de vez en cuando en realidad.