Capítulo 7
Libros y el anticristo
Por Amelia Badguy
1.415 palabras según Word.
Aziraphale, aquel ángel de la puerta del Edén, actual principado en la Tierra, estaba feliz de vuelta en su librería, dejando los libros que había llevado a aquella iglesia, para la trampa hacía los nazis en la cual había caído como un niño, sobre el mesón que serviría para pagar, donde había una máquina registradora que en verdad era un mero adorno, pues no le agradaba vender sus libros.
Aún estaba vivo en su mente el recuerdo de como Crowley, aún con todo, quemando sus pies al estar en tierra santa, se había dado el tiempo para hacer un pequeño milagro y salvar aquellos libros.
Suspiró con suavidad mientras los sacaba de la maleta, tomando uno de ellos, uno que había conseguido de primera edición. Era un libro rojizo, de un lomo algo gastado, pues le había costado lo suyo conseguirlo y que pensó que le serviría para relajarse.
No había tenido tiempo para leerlo, había sido un libro que los nazis le habían pedido, aunque no había entendido por qué, los demás eran de magia tenían algún ritual que pudiera servir, incluso tenían profecías, pero ahora podía relajarse y leerlo tranquilo.
Se sirvió un té, tomando aquel libro leyendo su historia con curiosidad, ¿para que la desearía el Führer?
Comenzaba como algo normal, una adolescente que debía cuidar a su pequeño hermano una noche en que su padre y su madrastra acudían a un baile de sociedad, siendo que aquella joven humana, cansada del llanto de su hermano, invocaba al rey de los goblins.
Esa parte comenzó a llamar la atención de Aziraphale, después de todo había leído con anterioridad historias sobre el nombrado rey goblin, pero eran únicamente pequeñas cuentos de como invocarlo, que se habían vuelto fabulas con el tiempo, para que los humanos dejaran de hacerlo o al menos no lo intentaran, cosa que no había logrado mucho en realidad, pues seguían deseando a sus niños lejos, como si fueran una pequeña peste de la cual debían deshacerse.
Sarah, así se llamaba la protagonista de la historia, Sarah Williams, se arrepentía enseguida de enviar a su hermanito lejos y le pedía al rey goblin que se lo devolviera, pues no quería sus sueños, no quería su tranquilidad, sólo quería a su pequeño hermano Toby de regreso.
El rey le daba trece horas para recorrer el laberinto, algo que Aziraphale había escuchado más de alguna vez o leído en algún reporte, las victimas del rey goblin tenían trece horas para poder recuperar a su ser querido, antes de que las criaturas mágicas acabaran con el infante.
Siguió leyendo la aventura de Sarah en aquel laberinto, aunque se sorprendió un poco cuando leía que el rey le ofrecía su corazón a la muchacha, le ofrecía ser su esclavo, con la condición de que lo amara, para que al final la joven lo rechazara y volviera a su mundo con su pequeño hermano.
Aziraphale terminó su lectura con su té ya enfriado. Sabía que el personaje del libro, Jareth, era el mismo demonio que él conocía, la descripción no dejaba lugar a dudas, era como si la escritora lo hubiera sabido siempre, como era el rey goblin, ¿una sobreviviente tal vez?
No tenía idea, además de que mencionaba al rey enamorado, una completa locura para cualquiera.
El ángel sólo lo descartó como una posibilidad en un millón de que la autora, Sarah King, sólo hubiera tenido un poco de suerte al escribir la historia, habían miles de relatos de cómo era Jareth, su persona, quizás fue la imaginación de una persona, pensó el ángel, los humanos eran bastante creativos, pero que un demonio pudiera amar a un mortal, era algo que fue casi imposible en realidad.
—
La misión que tenía que hacer lo había agotado lo suficientemente en lo mental, es decir, tener al anticristo y saber que a su vida en la Tierra le quedaban solamente once años, para que todo se pudriera y tanto el cielo como el infierno tuviera su guerra era algo que hacía que su estómago se revolviera.
Necesitaba un trago y lo necesitaba con urgencia si debía ser sincero.
Si era honesto consigo mismo se había acostumbrado demasiado a la Tierra, a sus cosas, después de todo nunca había deseado caer en realidad, eso había sido únicamente un error que le había costado demasiado, algo de cual se arrepentía hace más de seis mil años que la historia humana tenía.
Se iba a juntar con Aziraphale para ver que podía hacer, ¿pero que podrían hacer más que embriagarse en realidad?, la respuesta era simple, nada.
Todo se estaba saliendo demasiado de control, más de lo que lo hubiera deseado.
— Podrías haber deseado al niño lejos y yo me hubiera encargado de él, lo sabes, ¿no? — Aquella voz lo sorprendió, haciendo que girara su rostro para ver a aquel demonio de cabello rubio revuelto.
Sí le preguntaban Jareth lucía peor que en muchas oportunidades que lo había visto… aunque bueno, no había visto a Jareth desde que se había ido a dormir en el siglo diecinueve.
— ¿Jareth? No te veía hace casi doscientos años — La mirada amarilla de Crowley se fijó mejor en el rubio, haciéndole notar que quizás el rubio había tenido muy malos momentos desde que se dejaron de ver. El hombre llevaba por ropa unos pantalones de cuero, unas botas obscuras, una camisa blanca y un chaleco gastado, que quizás había pasado mejores años en realidad.
El glamour que siempre había tenido Jareth había desaparecido y aunque quería preguntar por qué era aquello, en este momento la situación era sobre el anticristo.
— Sí, desde tu siesta, ¿qué tal te fue con eso, Crowley? — Le preguntó como si nada, mientras se apoyaba sin más en el Bentley de color negro que estaba a su espalda, sabiendo de cierta forma que era el auto de aquella serpiente, después de todo, con el tiempo que habían pasado juntos, el propio auto había comenzado a adquirir características propias que lo hacían resaltar.
— Mejor que en este momento en realidad… el Anticristo esta con aquella familia de políticos americanos — Explicó sin más encogiendo sus hombros. — Se criara recibiendo información donde tendrá inclinaciones hacía el mal, que es lo que se espera para cuando deba obtener sus poderes.
— Podría haber crecido mejor en el Underground… o bien, ¿sabes que podría ser bueno para él? Que tú y el ángel intenten interceder de cierta forma, ya sabes, balancear bien y el mal — Le dijo sin más mientras se encogía de hombros.
A Jareth no lo había tratado bien el tiempo, esa era la verdad, aún tenía pesadillas con lo que había ocurrido, siendo que cada vez se odiaba más a sí mismo, odiaba sentir, odiaba no ser completamente un demonio que odiara todo y que tuviera sentimientos de amor en él.
— ¿Interesado en la humanidad, Jareth? — Le preguntó con curiosidad Crowley, mirando a aquel demonio que había lucido mejor en otras épocas.
— Sí ocurre la guerra, mis seres mágicos no tendrán donde ir, Crowley, es sólo eso — Dijo sin más desapareciendo de ahí, dejando a la serpiente del Edén sola con sus pensamientos.
—
Había ido con el ángel y habían bebido como hace años que no lo habían hecho, es decir, el fin del mundo estaba a once años, ¿qué más podían hacer que embriagarse? Aunque una vez que volvieron a estar sobrios, simplemente suspiró con la idea de Jareth más latente en su mente.
— Jareth… Jareth me dio una idea… ¿sabes? — Le dijo al ángel como si nada, mirando con atención como este le prestaba más atención cuando el nombre del demonio brotó de sus labios — Que seamos… como los padrinos del anticristo, nuestras influencias se verán bloqueadas y sólo… será normal.
— ¿Jareth dijo eso? — Le preguntó con curiosidad el ángel, mirando al demonio en sentado —casi recostado— en su sofá, haciendo que luciera demasiado curioso por lo que había mencionado. — El cielo no ha sabido de él en bastante tiempo, sólo en las guerras mundiales, donde los niños eran deseado lejos por desesperación, pero desde ahí nada.
— Lo sé, lucía del asco, me hizo preguntarme que le había ocurrido, pero se marchó luego de dar aquella idea — Le menciono Crowley como si nada.
Si Aziraphale no hubiera estado más preocupado por la idea de qué hacer con el anticristo, quizás en su mente saltaría aquella historia de aquel libro rojo que leyó hace tantos años, pero ahora tenían problemas más importantes que atender y aquello era que hacer con el anticristo.
