Disclaimer: Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi. La historia es mía.
Summary: De joven, Sesshomaru, hallo un bebé. Sin saber por qué, el youkai, no pudo alejarse de ella y la marco, jurando que siempre seria de él. Pero las cosas no son tan fáciles, y su madre, sin creer que su hijo tomo por compañera a una humana, se deshace de ella… o eso cree. ¿Qué pasara cuando Kagome vuelva a través de un pozo mil años después?
Mi compañera
.
.
.
"Yo he estado a tu lado cuando creías estar sola. Yo he mirado la luna pensando en ti. Yo he anhelado tus risas desde el primer día. Yo he hecho todo por ti, y por eso eres mía… aunque no lo sepas."
.
.
.
...
Estaba caminando bajo la lluvia, tratando de hallarla. Mi corazón latía rápido. Si no me apresuraba la perdería. Aun no entendía completamente el por qué era importante para mi. Tal vez era ese embriagante aroma que me llamaba y solo ella poseía, o sino, también podía ser que ella era la única que me hacia sentir bien.
Antes, nunca estaba contento, mi vida se dividía en estudiar y entrenar; Irasue me prohibía cualquier amistad y dañaba a cualquiera que se atreviera a tratarme con afecto. Creo que por eso Kagome me producía felicidad, desde el primer momento ella me acepto, dejando de llorar cuando la tome del suelo y tocando mi rostro con suavidad cuando anteriormente nadie lo había hecho.
Un fuerte viento me azoto el cuerpo e hizo que mi cabello plateado volara con el. El agua caía mas intensamente y empecé a odiar a aquellas gotas que me tocaban; hacían mas inestable el terreno, ella podría lastimarse.
"¡Encuéntrala! La va a dañar. La va a alejar de nosotros por siempre".
Aumento la velocidad. Mis gruñidos resuenan en el bosque, no son los ronroneos que le hago a Kagome, son verdaderas vibraciones que abandonan mi pecho.
Cuando la desesperación ya ha agarrado mi corazón en un puño, la siento. Aquella calidez que obtengo a su lado, la extraña conexión que me permite salir de la capa de hielo en que me enseñaron a existir. Y luego siento su olor… pero es diferente, mas concentrado.
Sangre.
El olor de su sangre siendo derramada.
— ¡No! —Grito en cuanto llego a donde se encuentra la primera persona con la cual me sentí posesivo, la primera que me hizo bien incluso sin saber hablar.
Irasue la tenía agarrada del cuello, el cual estaba morado.
Me congele mientras los ojos chocolate de mi humana me enfocan. Kagome ya no es una bebe, tiene dieciséis años y entiende lo que sucede.
—Déjala
Ella sonríe antes de responder.
—Con gusto…
Un agujero negro se abre en la tierra y suelta a mi humana en el.
— ¡Kagome! —Corro hacia ella, pero no llego a tiempo. Su menudo cuerpo se pierde en la oscuridad y no se que hacer.
Ya no la tengo. La perdí.
Yako se encuentra al borde y yo permito escapar un primer y ultimo aullido de dolor.
…
Mis jadeos rompieron el silencio de la noche. Abrí los ojos y me quede paralizado un segundo antes de dirigir mi mirada a Kagome. Ella dormía a mi lado, con un puño en la boca y el otro tomándome mechones del pelo. Suspire mientras Yako, quien también estaba inquieto, se calmaba.
Con cuidado, abrace a la pequeña humana, apretándola contra mí.
La tenía hacía solo una semana, pero habían sido siete días en los cuales me sentí feliz por primera vez. La sola idea de volver a mi anterior rutina de estudiar y entrenar, sin tenerla conmigo, era suficiente para enojarme.
"Por lo menos hemos tenido suerte e Irasue se retraso unos días. Y, también, el buen General no nos ha hecho entrenar demasiado". Comento Yako, ya calmado.
Asentí, sin querer iniciar una conversación con él a mitad de la noche. Yo era muy consiente de la suerte que tenía debido a que le pidieron a mi madre quedarse mas tiempo en el castillo de Norte. Para cualquier hijo, seria algo malo que su mamá tardara, pero yo no podía evitar el alivio ante esto. Ojala se quedara toda la eternidad allí, porque en cuanto volviera, la frágil aceptación de los habitantes del castillo, se desvanecería debido a la política "aniquilemos y esclavicemos a los humanos" que la Gran Lady del Oeste poseía.
Un pequeño gemido salió de Kagome y Yako hizo eso sonido que parecía un extraño ronroneo perruno, si es que eso tenia algún sentido. Ella volvió a calmarse y suspire al saber que por lo menos podría dormir unas horas más antes de que se pusiera a llorar por hambre.
...
—Los primeros Lores* fueron Haruka Otosaka, Izana Takahashi…
Unos toquidos en la puerta cortaron el aburrido discurso del viejo instructor. Yo ya sabía quienes fueron los primeros dueños de Japón, no necesitaba que su ronca voz me lo dijera.
—Adelante. —Pronuncio el profesor Yamamoto. Su tostado rostro se contraía en un profundo ceño fruncido, él odiaba que interrumpieran su monologo.
—Disculpe la interrupción, señor Yamamoto. —Se disculpo la sirvienta que ingreso.
—Si, si, ¿Qué quieres? —Su tono era desdeñoso.
Ella bajo la cabeza.
—La señora Irasue ha ingresado a las tierras del Oeste y el Señor Taisho me pidió que se lo comunicara al joven amo…
Sin decir nada, me pare y fui al despacho de mi padre. Allí estaba él junto a Kagome y Hikari, la sirvienta que estaba en mi cuarto cuando la traje y su niñera no oficial.
—Has venido rápido.
Kagome empezó a reír y a removerse en los brazos de Hikari cuando me vio.
—Sessh, Sessh. —Sonreí un poco internamente al oírla hablarme. Hacia tres días empezó a hablar, pero solo decía mi nombre… o más bien apodo, porque aunque trataba de hacerla decir "Sesshomaru" solo le salía ese diminutivo.
—Hola, Kagome. —Murmure, distrayéndome un instante con ella antes de enfocarme en el por qué había venido aquí. — ¿Es verdad que Irasue regreso ya?
Mi padre asintió.
—Si y en cualquier momento traspasara estas puertas.
Solo tuve un segundo para ponerme delante de mi humana antes de que esas palabras se hicieran realidad.
La fría figura de mi madre ingreso. Si, fría era el mejor calificativo para ella; su cabello, su piel, su caminar, su mirada, todo demostraba una absoluta indiferencia y frialdad… y según ella, yo debía ser así.
El silencio se estableció y nadie lo rompió. Los dorados ojos de mi madre recorrieron la habitación, deteniéndose en mí; pero no parecía mirarme, sino que intentaba ver lo que yo cubría.
—Bienvenida, Irasue. —Saludo sin emoción Inu no Taisho. No se veía excesivamente contento de verla.
Ella no dijo nada por un momento.
—Esperaba que los rumores que oí fueran una falacia, pero veo que no. Sesshomaru, muévete. —Su voz no era completamente plana como siempre, un matiz de ira se filtraba audiblemente.
No obedecí y me tense. Yako gruñía listo para reaccionar ante una provocación.
— ¿No me has escuchado, Sesshomaru? Muévete, es una orden.
Seguí sin obedecer y encontré un visible destello de furia en sus ojos.
El Gran General se levanto.
—Cálmate, Irasue. Sesshomaru no se moverá y creo que es bastante obvia la razón.
Ella dirigió su mirada a él.
—No, no entiendo el por qué. Es una orden de su madre, quien a su vez es la Lady del Oeste, debe acatar mis órdenes.
—Él no se moverá porque esta cuidando a su compañera.
Esas fueron las palabras justas que desataron el infierno de Irasue.
— ¡Una humana! ¡Una maldita humana! Eso esta protegiendo, no a su compañera, sino a una estúpida humana.
Un fuerte gruñido broto de mi garganta.
—Sesshomaru, no gruñas. Irasue, te vuelvo a repetir que te calmes. Si, es una humana lo que tu hijo protege, pero también es su compañera.
Mi madre avanzo hacia mí y Yako pulso, moviéndose contra mi piel. Sabía que mis ojos debían estar volviéndose rojos.
— ¿Piensas luchar contra mí por una humana? Eres un niño. Tú no elijes compañera, tú obedeces a tu madre.
—Márchate, Sesshomaru. Hablare con tu madre a solas.
Le eche un vistazo al Gran General y asentí. No estaba muy seguro si estaba bien dejarlos solos hablar sobre Kagome, pero el deseo de alejarla de mi madre era mas fuerte que otra cosa.
Tome de un rápido movimiento a Kagome de los brazos de la sirvienta y rodee a mi madre. Pude ver claramente el brillo que prometía venganza en la mirada de Irasue antes de que se cerraran las puertas.
…
Ataque con fuerza y sin piedad al instructor de lucha, Yo solía jugar con él y retrasar un poco su inminente derrota, pero desde que Irasue volvió, prefería terminar rápido con todo e ir con Kagome.
Irasue, por orden de mi padre, se había mantenido alejada de mi humana; pero yo no me confió que esa restricción la frenara. Podía ver el odio y desprecio en sus facciones las pocas veces que tuve la mala fortuna de cruzarla en estos siete días. Además, el presentimiento que me perseguía desde la noche anterior a su llegada, hoy era mayor.
Con un golpe en el plexo solar, mi profesor cayó. Yo me sacudí una pequeña mancha de sangre que había caído sobre mi yukata y me marche.
Cruce los pasillos más desiertos, tratando de evitar sirvientes.
A esta hora, Hikari debía estar con Kagome en la sala de juegos; en si era la sala de descanso de mi padre, pero como nunca la usaba yo la había tomado para que ella pudiera estar tranquila allí.
Abrí la puerta con una pequeña curvatura en los labios, listo para escuchar el sonido divertido que hacia Kagome al verme… pero mi sonrisa se borro en un instante. La niñera estaba en el piso con un charco de espeso color rojo a su alrededor; su tez antes bronceada, se hallaba pálida… esa palidez que solo poseen los cadáveres.
Recorrí con desesperación la sala y no halle lo más importante. Mi humana no estaba.
Aspire el aire, tratando de identificar aromas y ahí estaba. La cítrica fragancia de mi madre. Un aullido salió, seguramente alertando a todo youkai en kilómetros.
Con la furia cegándome, destroce el gran ventanal que daba al enorme patio trasero y comunicaba con el bosque, y salte. Normalmente, esa caída debería producirme alguna molestia, pero esta vez solo sentí rabia.
Olfateando un poco encontré el rastro que quería y le permití a Yako salir por primera vez en años.
Los huesos se me estiraron y contrallaron un momento, junto al leve picor que produce el pelo blanco al crecer. Luego sentí todos mis sentidos amplificados, permitiéndome correr más rápido y ágil. Esto era lo que podía hacer Yako en esta forma, con él en control del cuerpo yo era más fuerte pero más impulsivo, también.
Bramidos de furia brotaban a borbotones mientras me movía.
En minutos que parecieron horas llegue a donde mi madre. Ella se hallaba frente a un pozo que liberaba un olor putrefacto y sostenía a Kagome sobre el. Los guturales gruñidos le alertaron de mi llegada.
Ella dirigió su vista hacia mí.
—Has venido antes de lo esperado.
Mi cuerpo animal dio un paso adelante. Yako estaba listo para desgarrar a Irasue al mas mínimo descuido y yo no me oponía, porque aunque ella era mi progenitora jamás se gano el titulo de madre y el llamarla así era solo una mala costumbre que ella me obligo a tomar.
— ¿Piensas atacar a tu madre por esta cosa? —Pregunto sacudiéndola. Kagome no dejaba de llorar y gritar, y eso no dejaba de enloquecerme. Mis patas se movieron otro paso y abrí la mandíbula, mostrando los filosos dientes que poseía. —Ya veo… la única forma de que vuelva a ser como debes es deshaciéndome de la humana. Despídete de ella, Sesshomaru.
Todo paso demasiado lento y, al mismo tiempo, demasiado rápido. Yo me lance hacia delante tratando de hacer caer a mi madre pero, por primera vez, no fui lo sufrientemente veloz.
Irasue soltó a Kagome en el profundo pozo y por más que salte detrás de ella, cuando toque el asqueroso suelo, su pequeño cuerpo no estaba.
En ese momento, supe lo que era el verdadero pánico. Pánico puro. Rasgue cada pequeño centímetro de la pared tratando de hallarla, pero su esencia se mezclaba con el de la podredumbre.
"No. No. No. Ella debe estar aquí. Ella me hace sentir bien. Su aroma es delicioso. Ella sabe decir mi nombre. Ella… ella" No pensaba claramente mientras golpeaba mi cuerpo contra el circulo que formaban las rocas a mi alrededor.
Solo una corta y fría risa de Irasue fue audible mientras mis aullidos rasgaban el aire y mi vista se iba oscureciendo a causa de lo golpes que yo mismo me producía, sumiéndome en la oscuridad de la nada.
.
Aclaración: Lores seria el plural de Lords en español.
Bueno, no me maten, ya se que prometí actualizar como hace un mes y juro que tenia el capitulo listo, pero se me borro y recién ahora vuelvo a escribirlo (el original era mas bonito).
Ya disculpada (espero), quiero decir que esta es la ceremonia de clausura de los juegos olímpicos de los Sesshomaru dulces... despídanse, porque los unicornios y dulces no van a aparecer por un tiempo.
Me gustaría hacerles una pregunta y les pido que realmente me respondan porque desde que vi Inuyasha por primera vez la tengo: ¿Como paso la mujer cienpies que arrastro a Kagome al Sengoku por el pozo? Yo entiendo el porque lo hace Kagome e incluso el porque puede Inuyasha, ¿pero ella? No lo entendí (no me maten, por favor).
Les agradezco a todos los que leen esta historia. Sus comentarios, favoritos y alertas me ponen muy feliz.
Goodbye.
