Disclaimer: Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi.
Summary: De joven, Sesshomaru, halló un bebé. Sin saber por qué, el youkai, no pudo alejarse de ella y la marcó, jurando que siempre sería de él. Pero las cosas no son tan fáciles, y su madre, sin creer que su hijo tomo por compañera a una humana, se deshace de ella… o eso creé. ¿Qué pasara cuando Kagome regresé a través de un pozo años después?
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A medida que nos acercábamos a la aldea donde, según los rumores de soldados y campesinos, estaba viviendo un hanyou, mi deseo de irme hacia el lado contrario aumentaba. No sabía por qué, era una sensación en mi piel que me advertía de que una vez que pisara ese lugar no habría vuelta atrás.
Jaken me seguía en silencio, los únicos ruidos que hacía eran pequeños quejidos debido a los trompicones que daba con el báculo.
Cuando empezamos a salir de entre la vegetación natural y nos adentramos en el camino de tierra aplanada que estaba rodeado por secciones de cultivo —las cuales estaban extrañamente vacías—, un pulso que ya casi había olvidado vibró dentro de mí.
Yako se removió incomodo y yo deje salir un gruñido entre confuso y molesto, ¿Cuánto tiempo había pasado desde que aquella parte, regida totalmente por mi instinto, se hacía presente? ¿Un centenar de años, quizá? Por más que trataba de recordar el pasado de mi niñez, era como ver através de un velo. Todo era confuso y solo poseía la capacidad de vislumbrar pequeñas escenas sin sentido. Un bebé humano, mi madre furiosa, una esencia incomparable… todas eran imágenes carentes de significado, a pesar de que parecían haber sido importantes en su época.
— ¿Amo? —llamó Jaken en tono preocupado. Seguramente no le era normal ver al Gran Sesshomaru gruñendo sin razón aparente.
— ¿Estas seguro de que es aquí donde se halla la tumba de mi padre? —pregunté acallando las vibraciones de Yako.
Jaken se movió a mi lado y asintió.
—Si, amo Sesshomaru. El báculo no ha cambiado de dirección.
Di un asentimiento y apuré el paso levemente, quería terminar de una vez con esto. Encontraría a Inuyasha, le haría decir dónde estaba la espada, tal vez luego lo mataría, y finalmente me alejaría de este lugar.
Yako volvió a pulsar.
"Esta aquí".
Fruncí el ceño ante ese pensamiento de parte de mi bestia, sabía que no se refería ni al sepulcro de Inu No Taisho ni al medio demonio.
Sin querer seguirle el juego, me esforcé en ignorarlo y concentré en sentir la presencia del hanyou.
Rápidamente la sentí al este de la aldea, pero no estaba solo. Su presencia estaba junto a otra que hizo ronronear a Yako y me produjo un pequeño recuerdo del pasado.
Aquella bebé humana que a veces aparecía en mis pesadillas, esa bebé que en mis borrosos pensamientos tenia exactamente la misma esencia que estaba empezando a sentir más y más fuerte a medida que me acercaba.
"Es ella, ¡se encuentra aquí!", prácticamente gritó mi bestia.
La desesperación de Yako por llegar a la poseedora de tal aroma se volvió mi desesperación y la búsqueda —y posterior muerte— de Inuyasha quedó en segundo plano.
— ¡Amo bonito! ¡Amo Sesshomaru! —escuché gritar a Jaken cuando le fue imposible seguirme a la velocidad en que me movía.
Rápidamente cruce la aldea, siendo solo una mancha borrosa para la débil vista de los humanos que arreglaban sus chozas.
Al llegar al lugar donde aquel perfume era más fuerte, me quedé estático. Allí, en medio de un claro, se hallaban dos personas. Una era la mas odiada por mí, y la otra una completa desconocida que estaba seguro de conocer.
Inuyasha, con su pelo plateado y ojos dorados igual a nuestro padre, debería haber sido quien obtuviera mi atención. Pero no, la que capturó mi mirada fue la humana junto a él. Con su cabello azabache, ojos chocolate y piel pálida no se veía diferente al resto de los humanos… pero lo que si la hacía llamativa eran sus extrañas ropas, las cuales era de corta longitud y algo sugerentes.
Por un momento, considere que fuera alguna trabajadora del placer, pero no pude seguir ese hilo de pensamiento, ya que me empezó a molestar esa sola idea.
Ambos parecían estar discutiendo, aunque realmente no me interesaban las palabras que pronunciaban. Algo en la mujer me era terriblemente familiar y Yako no dejaba de ronronear por ella.
Me acerqué un poco a ellos, e Inuyasha al fin se dio cuenta de mi presencia. Él se lanzó frente a la mujer y sus rasgos se desfiguraron por la furia.
— ¿Qué haces aquí, maldito? —preguntó. Yo me detuve, pero no me digné a mirarlo, mis ojos estaban puestos en la extraña mujer.
Ella me miraba con confusión y asombro, como si también me reconociera de algún lado.
"Es ella, sí que lo es. Por fin ha vuelto con nosotros", dijo con alegría Yako y me hizo dar un par de pasos más cerca.
— ¿Qué quieres, Sesshomaru? —al ver que continuaba sin responderle, Inuyasha se acerco aireadamente hasta quedar a solo un par de metros de distancia — ¡Mírame y responde!
Ante sus palabras, volví mis ojos dorados a los suyos y curvé mi boca con desagrado. Un hibrido no iba a darme ordenes.
Yako gruñó que matará rápidamente al medio demonio y me acercará a la mujer, pero en un momento de lucidez en el que me pude liberar de la influencia de mi bestia, recordé el motivo principal por el que había ido hasta allí.
—Dime dónde esta la tumba de mi padre —le ordené. El insolente me miró como si hubiese enloquecido.
— ¿Cómo lo voy a saber? A penas era un niño cuando murió —se excusó.
—Mentiroso —escupí antes de soltar mis látigos y atacarlo. Si no me lo decía, haría que me lo dijera.
—Maldito, ¿qué diablos te sucede? ¡Yo no sé dónde esta ese sitio! —gritó mientras esquivaba mis ataques, saltando de izquierda a derecha.
Hastiado de sus mentiras, empecé a golpear mas fuerte, pero una voz suave, aunque decidida, me detuvo.
— ¡Para! —la humana se había puesto delante de Inuyasha y parecía querer protegerlo. Yako gruño. —No puedes ir lastimando a la gente por información, ¿acaso eres un mafioso?
¿Mafioso? No tenia ni idea de que significaba eso, pero el valor de la humana hizo que se volviera más interesante. Pero, por desgracia, ese atributo había salido a la superficie para defender al bastardo de Inuyasha.
—Muévete, mujer —exigí. Si hubiese sido cualquier otro humano, ya estaría muerto; pero, por alguna razón que nada tenia que ver con Yako, no podía hacerle daño.
—No, no voy a dejar que maltrates a Inuyasha —mi bestia gruñó aun más fuerte al oír el nombre del hanyou en sus labios.
—Vete de aquí —dijo el defendido y empujó sin delicadeza a la mujer detrás de él.
Yako se descontroló un poco con esta acción y se me hizo complicó el mantener la mente centrada en lo que había ido a buscar.
—No te lo volveré a repetir, dime dónde esta la tumba.
En vez de responder, él me miro desafiante y se alejó de la mujer, acercándose a mí en actitud ofensiva.
Me moví lo suficiente para esquivar el golpe de sus garras y volví a atacarlo yo nuevamente, ignorando los gritos de la humana.
En apenas unos minutos, Inuyasha ya casi no podía saltar y tenia los pies lastimados gracias a mi veneno. Solo fue cuestión de segundos para que cayera al suelo, soltando largos improperios.
Me acerqué a él y lo miré tendido en el piso, respirando agitadamente y dando un espectáculo realmente desagradable. Hice crecer un látigo ya que, aunque no iba a matarlo en este mismo momento, sí iba a hacer que me confesara donde estaba Tessaiga.
—Habla y dime dónde esta —él no respondió y yo me preparé para lanzar el látigo, cuando alguien se lanzó sobre mi costado, haciéndome caer de espalda debido al impacto.
Por un instante quede genuinamente sorprendido con quien se había atrevido a tal hazaña, pero luego esa sorpresa se remplazó por la furia. Pude sentir como mis ojos se enrojecían y levante las garras, listo para destazar al intruso. O eso pensaba hacer hasta que vi que la persona que había caído encima de mí era la mujer extraña, la cual me miraba aterrorizada.
Nunca, jamás hubiese dejado pasar una ofensa de este tipo, pero no podía. Realmente no podía hacerle verdadero daño a la mujer. Su aroma, sus ojos, tacto, todo me hacia acordar de ese bebé con el que soñaba a veces que aparecía entre los nebulosos recuerdos de mi infancia.
Yako me gruñó con todas sus fuerzas e hizo que mi mano temblara cuando tuve la idea de matarla; así que, lo único que pude hacer, fue tomarla del brazo y lanzarla a un costado, ignorando sus quejidos de dolor y levantándome de forma indiferente.
Por un segundo, cerré los ojos y me concentré en calmar a Yako y calmarme a mi mismo, porque sentía que mi comportamiento estaba a punto de tornarse errático. Tenía que conseguir a Tessaiga, eso era lo que debía hacer en primera instancia. El misterio del recuerdo de ese bebé humano y la mujer sería después.
Al abrir los ojos, solo tuve un segundo para esquivar un último ataque desesperado de Inuyasha.
—Maldito, aléjate de ella —siseó manteniéndose precariamente en pie.
Antes de responderle, una voz chillona que llamaba a Inuyasha robó la atención de ambos.
Una pequeña pulga saltó sobre el perro sarnoso y dirigí mi mirada hacia ella. Lo reconocí al instante, era aquel demonio cobarde que acompañaba a mi padre cuando aún vivía. Myoga creía recordar que se llamaba.
—Joven Sesshomaru, deje de dañar al amo Inuyasha, dudo que él realmente sepa dónde se halla lo que usted busca.
Escuché un "que raro que enfrentes a alguien y no estés escondido" de parte del hanyou, pero lo ignoré. El chupa sangre había tenido el deber de proteger la tumba de mi padre, por lo que debía saber la ubicación.
—Habla —ordené.
—Puedo decírselo, pero debo advertirle que no podrá obtener lo que hay dentro, eso solo le pertenece al hijo menor.
— ¿Tú sabes dónde esta lo que quiere este bastardo? ¿Se lo vas a decir sin más? —preguntó con incredulidad el medio demonio.
Myoga asintió sabiamente.
—Sesshomaru es uno de los pocos que puede abrirla y es necesario que eso suceda para que usted consiga lo que hay dentro —aseveró la pulga.
—Pero él no va a dejar que Inuyasha obtenga lo que sea haya dentro de ese lugar —dijo la suave voz de la mujer, la cual se había movido lentamente hacia el costado del hanyou. Nuevamente, tuve que forzar a mi mente para que se concentrara en lo importante y que no se distrajera.
"Ella es importante"
—Dime la localización de la tumba —pronuncié, acallando las palabras de Yako.
El minúsculo demonio me miró evaluativamente durante unos instantes y luego asintió.
—Se halla en la perla sellada en el ojo del amo Inuyasha.
Casi sonreí por el ingenio de mi padre, jamás hubiese imaginado que se hallaba allí.
Con rapidez me acerqué al híbrido y con mis poderes demoníacos le arrebaté la perla negra del ojo, disfrutando interiormente al oír sus gritos.
En cuanto la perla salió y se abrió el portal escondido, me metí en él, ignorando todo lo que no fuera mi propósito de conseguir la espada hecha con el colmillo de mi padre.
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Howdy! Antes que nada, les quiero agradecer a todas y cada una de esas personas que me animaron a continuar, les aseguro que sus comentarios me han hecho sonreír y me hicieron sentir mas segura a la hora de continuar.
Lamento la demora en subir este capitulo pero, apesar de que ya lo tenia escrito hace cuatro días, no lo podía pasar a la computadora.
Nuevamente, muchas gracias a todos los que se toman la molestia de leer esta historia.
Kath.
