Disclaimer: Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi.
Summary: De joven, Sesshomaru, halló un bebé. Sin saber por qué, el youkai, no pudo alejarse de ella y la marcó, jurando que siempre sería de él. Pero las cosas no son tan fáciles, y su madre, sin creer que su hijo tomo por compañera a una humana, se deshace de ella… o eso creé. ¿Qué pasara cuando Kagome regresé a través de un pozo años después?
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En cuanto atravesé el portal, me transformé en una bola de luz y me dirigí rápidamente hacia el descomunal esqueleto de un Daiyoukai, el cual era mi padre.
Al aterrizar dentro de los huesos del que fue mi progenitor, mis ojos inmediatamente se dirigieron al centro, donde se hallaba una vieja espada… sin duda las apariencias debían engañar, porque por lo que sabía esa espada era capaz de matar a cien demonios a pesar de lucir como un metal inservible.
Me acerque con rapidez a la tarima donde estaba clavada Tessaiga e intente sacarla, mas fui repelido y mi mano acabo quemada.
— ¿Pero qué…?
—Se lo dije, joven Sesshomaru, usted no puede tocarla, esa espada pertenece al amo Inuyasha —dijo la conocida voz de Myoga detrás de mí.
Me giré hacia donde provenían los murmullos de la pulga y me encontré con la mujer e Inuyasha, los cuales me miraban fijamente, uno con satisfacción y la otra con desconcierto.
— ¿Acaso crees que voy a tomar como cierto que el verdadero dueño de una espada tan poderosa es un simple hanyou? —pregunté.
—No importa si lo cree, joven Sesshomaru, es la verdad —dijo el insecto chupa sangre. —Inténtelo, amo Inuyasha, le puedo asegurar que usted si podrá sacar la espada.
Taladré a Inuyasha con la mirada, retándolo a intentar acercarse y no perder la vida en el proceso.
—Vamos, Inuyasha, inténtalo.
Yako gruño de nuevo al verla animar a la bestia.
El mitad demonio dio un paso adelante. Me tensé, pero deje que se acercara a la tarima. Si el lograba sacar la espada, lo mataría en un segundo y me adueñaría de ella.
El hanyou pareció tomar valor con las palabras de aliento que le daban y se acercó. Yo me corrí del medio y le permití acercarse a la tarima.
En un segundo el tiempo pareció detenerse para mí. El rostro intrigado de la extraña mujer, la mano de mi hermano tomando la empuñadura de la espada, los saltos de la pulga Myoga… y finalmente el grito de dolor de Inuyasha cuando la espada lo repelió.
Una sonrisa quiso plasmarse en mi rostro al ver la mueca de dolor del hibrido, mas logre mantener la frialdad y no deje que ninguna expresión me abandonara.
— ¡No puede ser! —exclamó la pulga.
—Inuyasha, ¿estás bien? —preguntó la mujer corriendo hacia él.
Un gruñido se me escapó y todos los presentes giraron a verme.
Rápidamente le devolví la expresión estoica a mi rostro y acallé el primitivo instinto que me mandaba a tomar a la mujer y olvidarme de la espada.
—Si no puedes sacar a Tessaiga, entonces no me sirves para nada —pronuncié extendiendo mis látigos venenosos y estirándolos contra él.
Jugué un poco con Inuyasha, haciéndole pequeños cortes por aquí y por allá y, cuando ya estaba listo para acabarlo, el grito de la mujer me desconcertó.
— ¡Inuyasha! ¡Toma!
Al girarme para ver qué era lo que la mujer quería darle al hanyou, me encontré con que ella tenía a nada más ni nada menos que a Tessaiga en su poder.
Inuyasha reaccionó rápidamente y con una sonrisa satisfecha tomó la espada y se giro a enfrentarme.
Otro gruñido furioso abandonó mis labios. Ardía de rabia al ver a un ser tan inferior con un arma tan magnífica… y como si eso fuera poco para enojarme, el saber que la mujer que tanto me llamaba la atención había sido la causante de que el hibrido tuviera en su poder esa arma, hacía que la llama del odio creciera aun más.
—Mujer —murmuré entre dientes.
Yako vibraba bajo mi piel, removiéndose enojado ante lo que había hecho la humana. Pero, a pesar de estar furioso, me era imposible pensar en lastimarla siquiera.
"Maldición, ¿Qué me pasa?", me pregunté interiormente. El recuerdo de un bebé tirándome papilla a la cara apareció por un segundo en mi mente.
El instante que use para perderme en mi propia mente, Inuyasha lo uso para ponerse frente a la mujer, protegiéndola de mí.
Yako se enfureció aun más al ver este acto de compañerismo entre ambos y me fue imposible controlarlo.
Un último gruñido salió de mis labios antes de que sintiera como mis ojos se volvían carmesí y mi cuerpo empezaba a transformase en el de un perro demonio de pelaje tan blanco como la nieve.
—Quédate detrás de mí, te protegeré, Kagome —dijo Inuyasha y, acto seguido, Tessaiga cambio de forma y se volvió una espada de tamaño considerable y de apariencia peligrosa.
Pero esto no fue lo que llamo mi atención principalmente, sino más bien ese nombre.
"Kagome", yo conocía ese nombre. Ese era el nombre de alguien que fue muy importante para mí.
"Es muy importante para nosotros, utiliza el presente, no el pasado", dijo Yako.
Sintiéndome aturdido y lleno de sentimientos contradictorios, me alce en el aire y abandone la tumba de mi padre.
Algún día mataría a Inuyasha, pero no ahora. No cuando esa mujer me ponía en tanta desventaja al no poder lastimarla.
Kagome… algo debería hacer con ella.
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¡Hola después de tanto tiempo! No sè si alguien sigue por aquí, pero espero que si. He tenido muchos problemas con my mind y he estado internada por ello (ahora trato de mejorar, pero hay dias que son mas dificiles que otros).
Mientras estaba en el hospital he pensando mucho en esta historia y en como continuarla (incluso pense en dejarla), pero al leer sus review me senti muy feliz y decidi que no podia dejarla inconclusa. Tratare de que este fic no tenga muchos capitulos y prometo no dejarla hasta que el ultimo punto sea puesto.
Un saludo.
Kath.
