Hola a todos! Este capítulo es el doble de los anteriores, pero realmente no veía bien cortarlo y dejar la historia a la mitad, no tenía sentido.
Saludos!
Capítulo 9:
Cuando despertó el sol ya estaba llegando al fin de su ciclo por hoy. Se giro y por la rendija de sus ojos hinchados vio que eran las 17:47 de la tarde.
Tenía la lengua pegada al paladar y una sed dolorosa. Sus músculos estaban rígidos.
Intentó levantarse y la arcada vino violenta. Se tumbó como pudo y se sintió enferma, envenenada…
Esperó unos minutos y volvió a intentar levantarse… su estómago se agitó y el sabor del vodka le subió rápidamente por la garganta y la hizo enfermar.
Llegó al baño y se dejó hasta la última gota de bilis. Cuando acabó pensó que estaba purgada de todo el alcohol que su cuerpo no había sido capaz de digerir.
La cabeza le iba a estallar y solo deseaba agua en su boca y en su cuerpo.
Tardo un rato en darse cuenta que estaba en la casa de Álvaro y se asustó. No quiso, aún, pensar en por qué estaba ahí y simplemente busco su ropa y se encerró en el baño, se ducho primero con agua caliente para abrir los poros y sacar todo el alcohol restante de su cuerpo y luego con agua fría para terminar de despertar cada célula de su piel y sentidos.
Se vistió y se lavo la boca, entonces se miró al espejo y no se reconoció.
Ahí estaba una mujer deshecha, con los ojos hundidos y profundas ojeras, tenía los labios cuarteados y un color grisáceo en su tés. Su mirada estaba apagada, todo en ella estaba apagado… no tenía ánimos, se sentía despojada, deprimida, y sola, muy sola.
Volvió a pensar en la noche anterior y el por qué de su aventura de autodestrucción. Armando había estado a punto de casarse y ella no pudo digerirlo.
Ahora después de pasar por unas cuantas horas auto compadeciéndose y renegando de su pasado sabía lo que tenía que hacer.
Su enfado había pasado y el sentimiento de traición también. Sólo quería verlo y que él le explicará todo y si ella detectaba la más mínima señal de que Armando aún seguía queriendo a esa misteriosa mujer, entonces Betty cerraría este capítulo de su vida y se olvidaría de Armando Mendoza para siempre.
Si esto entre ellos iba a funcionar no aceptaría por nada que vinieran con equipaje del pasado y fantasmas de ex parejas. No volvería a repetir por nada del mundo lo que pasó hace 5 años, no podía haber más Marcela Valencia, ni Miguel, ni celos de amigos… nada. Sólo ellos dos con el corazón en la mano.
Cuando salió del baño escucho ruidos en la cocina. Álvaro estaba preparando un té.
- Hola guapa, quieres un té?
- No… gracias, yo-
- Te has duchado? Ya te sientes mejor?
- Si, yo ya me siento un poco mejor, escucha Alva-
- Te apetece comer algo? Quieres que te prepare una sopa de ramen?
- No, no quiero nada, quiero hablar conti-
- Quieres que salgamos a dar una vuelta? Te sentará bien.
- Álvaro por favor déjame habl-
- Betty quieres-
- QUE NO QUIERO NADA JODER! SOLO QUIERO HABLAR!... será que me dejas?
Álvaro se quedó de piedra ante su reacción, no podía entender a esta Betty, ella nunca le había hablado mal, y mucho menos gritado, donde estaba esa chica tan dulce que tanto quería?
Pensó que esta no era ya más Betty y se enfureció porque de alguna manera él sabia que todo había cambiado desde que ese "amigo" había aparecido… lo odiaba.
Betty respiro hondo y se llevó las manos a la cara. Cuando hablo parecía que estaba haciendo un gran esfuerzo para mantener la paciencia.
- Lo siento, pero déjame hablar por favor. Tengo que hacerte una pregunta y quiero la verdad absoluta… anoche, que pasó entre nosotros. Como es que acabe en tu casa y en tu cama?
Álvaro pensó en mentirle, en decirle que habían pasado la noche junto, que habían hecho el amor y que ella fue la que lo busco. Pero una mirada a la cara de Betty y supo que ella estaba asustada de pensar que eso era lo que había pasado.
- No pasó nada, tú estabas muy borracha y querías seguir bebiendo, yo te traje a mi casa y en el camino de quedaste dormida, te acosté y nada más…
- Nada más? Nosotros no tuvimos… relaciones entonces?
- No.
- Y ni siquiera… ni siquiera nos… besamos?
- No tienes que decirlo con asco Betty, hubo un tiempo donde disfrutaste mucho más que mis besos.
- Responde por favor.
- No, no nos besamos joder!
Le dolió profundamente que ella ni siquiera se molestara en disimular su alivio.
- Escucha Álvaro, se que tú piensas que me quieres-
- Yo te quiero.
- Por favor no – Betty camino hasta él y le tomo las manos mirándolo implorante a los ojos- esto entre nosotros fue algo pasajero, lo siento no quiero hacerte daño, pero por favor tienes que olvidarte de mi, yo no soy una mujer para ti. Eres un buen hombre y te mereces alguien que te lo de todo.
- Y por qué no puedes ser tú? Betty hacemos buena pareja, nos llevamos bien, nos divertimos, ambos queremos lo mismo para el futuro y en la cama somos pura pasión.
- No Álvaro, no… yo no puedo darte a ti lo que tú quieres, lo siento.
- Pero a él si no? A ese tipo por el que has terminado a sí, si le puedes dar todo?
- Si, a él si. Yo nunca te he mentido, siempre supiste que no podía tener una relación seria contigo, no actúes como si te hubiera engañado, solo somos amigos Álvaro, no tienes derecho a reclamarme. Lo siento, gracias por ayudarme anoche, pero me tengo que ir.
- Beatriz por favor quédate, hablemos, dame una oportunidad.
- Es que no puedo.
- Por qué no puedes, por que no me dejas demostrarte que yo si te quiero?
- Estoy enamorada Álvaro… yo estoy muy enamorada y ahora mismo no puedo concebir la vida con otro hombre que no sea él.
Álvaro se quedó mudo ante esto. Odiaba a ese tipo, fuera quien fuera, estaba celoso y resentido. Miró a Beatriz y se sintió lleno de odio por ella, por él…
Dio media vuelta y se metió en su cuarto cerrando la puerta.
Betty suspiro y se fue de esa casa. Miró un momento más la puerta de Álvaro y se despidió, de alguna manera sabía que no volvería a verlo.
Entró tímidamente a su departamento. Don Abelardo, el portero estaba en su puesto y le dejó la llave de repuesto. No quería golpear, tenía miedo de que él abriera, pero más miedo tenía de que él no estuviera.
El ruido del reloj de la cocina era el único sonido en toda la casa, camino sigilosamente hasta el salón y allí lo vio.
Armando estaba sentado en una silla con las manos en la cabeza, temblaba con el incesante movimiento de sus piernas nerviosas, tenía frente a él su teléfono celular, el de ella y el inalámbrico.
- Armando…
Pareció que alguien hubiese gritado fuego, se levantó como un tiro de la silla y camino hacia ella, pero antes de acercase demasiado se detuvo y se miraron.
Betty se sintió culpable, se notaba que había pasado la noche en vela y tenía los ojos llorosos y la nariz roja.
- Beatriz, gracias a Dios, estas bien?
- Si, si yo…
No supo qué decir y se calló. El silencio se hizo insoportable.
"habla di algo Beatriz, dile que lo sientes, pídele perdón por actuar como una loca celosa"
- Lo siento, olvidé mi teléfono.
- Estaba muy preocupado por ti.
El teléfono de Armando sonó y él fue a contestar.
- Hola, Schein, no ella… no hace falta, ya apareció. Muchas gracias, luego le llamo.
- Schein?
- Es el padre… recuerdas? Te hable de él.
- Oh si, esta todo bien? Estabas… hablando de mi?
- Si es que – Armando se sentó en el sofá y comenzó a mover los dedos en compases, Betty recordó de sus ejercicios para controlar los nervios y supo que estaba haciendo esfuerzos casi hercúleos para no estallar- te fuiste anoche a las once de la noche Betty, yo me desespere, no sabía donde habías ido, tu cartera, tus llaves, el teléfono… todo lo dejaste y me puse histérico, no sabía que hacer y llamé a la policía, pero me dijeron que tú eres una adulta y que hay que esperar que pase más tiempo, pero no podía quedarme tranquilo, y llamé a Don Schein y él me dijo que podía hablar con un conocido suyo que tenía contactos con la guardia civil y bueno… supongo que me volví loco.
Betty sintió las lágrimas corriendo por su cara, mientras ella había pasado la noche bebiendo y no queriendo saber de él, en cambio él estaba desesperado por encontrarla.
- Iba a salir a buscarte, pero me daba miedo que volvieras y no pudieras entrar, no se yo…
Betty camino hacia él y acaricio su pelo tiernamente, se sentó a su lado y le tomó las manos besándolas suavemente. Se sentía estúpida e injusta. Había salido corriendo y no tenía derecho a preocuparle, a hacerle pasar una noche tan mala, a desesperarlo, a cuestionarlo, a juzgarlo, menos a enfadarse con él por el pasado.
- Cuando me entere que Miguel me enamoro para ganar una apuesta sentí que me moría, no podía pensar que había hecho para sufrir esa humillación, mi pecado hasta entonces fue haber sido fea. Me encerré en mi habitación y llore por noches, no quería comer y levantarme, no quería hablar… solo quería dormir y no despertarme nunca. Una noche fui al baño y tomé las pastillas para la tensión de mi padre, me encerré en mi cuarto y las ingerí a todas. Pero mientras estaba esperando que me hicieran efecto entre en razón y corrí al baño y las vomite a todas.
Armando estaba pálido imaginando que Betty nunca hubiera aparecido en su vida, se acerco más a ella y la abrazo hasta hacerla gemir de dolor.
- Nunca jamás le he contado esto a nadie, ni siquiera a Nicolás que es quien más sabe de mí y mi confidente durante toda mi vida. Esa noche me quede acurrucada mirando por la ventana. Había estado lloviendo y por fin el cielo se había despejado, la luna parecía un plato gigante y perfecto. Cuando yo era niña mi abuelita me decía que en la luna vivía el niño Jesús con un burro, a mi nunca me gustó esa historia, lloraba imaginando a un niño pequeño solo, sin padres, sin amigos… solo con la compañía de un animal. Supongo que me sentía identificada con eso, yo también era una niña muy solitaria, y mi cuarto era mi luna. Mi papá es un buen hombre, siempre trabajo duro para que nada nos faltará a mi madre y a mi, me pago los estudios y siempre me cuido, pero el me sobreprotegía sin saber el daño que me estaba haciendo, crecí siendo una niña tímida e incapaz de defenderse o relacionarse con los demás, y a medida que crecía aceptaba más y más que tenía que ser mi papá quien me dijera con quien jugar y hablar, que ropa ponerme, que peinado hacerme, luego fueron los programas de televisión y hasta eligió la escuela sin consultar a mi madre o a mi. Tuve suerte de que sintiera pasión por los números así que cuando me dijo que tenía que estudiar para economista no me resentí. En la universidad fue peor, me llevaba y me traía, entraba al edificio conmigo y en más de una ocasión quiso hablar con mis profesores y tutores. El me reprimía y yo no me daba cuenta. Ya era difícil para mi, los demás se burlaban de mi y la poca gente que me hablaba poco a poco viendo el comportamiento de mi padre se alejaron. Nicolás era mi único amigo. Sabes una vez escuche a un psicólogo decir que la sobreprotección a los hijos era igual de dañina que el abandono, no puedo estar mas de acuerdo… mírate tu un niño falto de amor de padres y yo una niña con demasiado.
Armando intentaba asimilar todo lo que ella le contaba, Betty hablaba suavemente, solo para él, cada tanto se movía y se acercaba más a él, besaba su cara y seguía hablando.
- Antes de entregarte en la junta yo estaba decidida a ayudarte, pero entonces te escuche hablando con Mario Calderón de como planeaban mandarme lejos y me cegué… sabes Armando hasta ese momento yo nunca había sentido odio por ti, estaba dolida y quería vengarme, pero te seguía amando… pero en ese momento escucharlos hablar de mi como si yo fuera un objeto, una máquina en la oficina a la que podían mover de aquí para allá, te odie. Y te seguí odiando aunque no quise admitirlo a nadie, hasta la última noche que nos vimos. Tu tenias razón cuando me dijiste que yo no te había perdonado. Hasta ese momento era como una equilibrista en la cuerda floja inclinándome a cada paso entre el odio y el amor por ti.
Betty vio el dolor cruzándole el rostro y le tocó la frente intentando detener cualquier pensamiento prematuro.
- Esa noche en el Almirante tú sin saberlo me libéraste, me diste coraje y me quitaste la venda de los ojos. Yo ya no era una niña viviendo sola en la luna, era un mujer, y quería ser mi propia mujer, hacer mi camino y demostrarme que podía ser independiente… quería ser libre. Cuando dijiste que sabías que clase de persona querías ser me di cuenta que yo ni siquiera había pensado nunca en eso… había vivido esperando que los demás me guiarán, que mi padre me impusiera las normas. Yo necesitaba salir de ahí, era fundamental para mi poder crecer y tú me hiciste darme cuenta. Esa noche en mi cama mi odio desapareció, la niña asustada y sometida también, aquella chica fea e ingenua de la que Miguel y sus amigos se burlaron también se quedó atrás, y Betty, la fea murió y nací yo. Sin saberlo tu haz propiciado en mi cada cambio importante y fundamental en mi vida, me diste confianza cuando me contrataste, me enseñaste lo que es sentir lealtad, me hiciste más fuerte cuando descubrí tu engaño, me abriste los ojos a una nueva vida, por ti tuve valentía para enfrentarme a mi papá y salir de mi casa… y has sido tú y solo tu él que realmente me hizo sentir amor, por ti se lo que es estar enamorada de verdad, sentirse conectada y unida a otra persona, te amo Armando, te amo de todas las formas posibles que hay en este mundo, te amo para siempre.
Armando lloraba desconsoladamente, era extraño para él como en tantos años de su vida no había derramado ni una lágrima, su orgullo nunca se lo permitió, y con Betty era capaz de doblegarse, de ponerse de rodillas, de rogar y de llorar como un recién nacido, sabía que ella no lo juzgaría, ella lo cuidaría.
- Desde que me dijiste que vendrías de vacaciones he estado pensando la forma de decirte que estoy loca por ti, no he parado de imaginar lo que te diría y como lo tomarías, quería otra oportunidad.
- Yo también, yo también quiero lo mismo Betty, por favor.
- Anoche estaba decidida a que habláramos y entonces las cosas fueron de esa manera, empezamos a besarnos y yo estaba en una nube, te sentía otra vez dentro mío y solo mío y de repente tu me detenías y me soltabas eso… me desquicie, y lo siento, me doy cuenta lo absurda que fui, y espero que aceptes mis disculpas y me entiendas…tuve miedo.
- Pero por qué, mi vida por qué, no tienes nada que temer de mí.
- Lo sé, se que no me harías daño, el daño me lo hago yo imaginado… Armando tú eras un hombre que tenía cientos de mujeres y no te comprometías con ninguna, hasta con la que era tu novia oficial por años, no te entregabas a ninguna, mantenías relaciones impersonales y solo la obligación y tu empresa te llevaron a comprometerte, nunca el amor.
- A ti te amé Betty… te amo.
- Si pero por mi nunca luchaste, por mi no diste la cara, no arriesgaste, me amabas pero no querías dejar de ganar, seguías manteniendo tu compromiso con Marcela, seguías engañando a tus padres y luego cuando todo estalló tampoco luchaste por mi, yo volví y tu estabas otra vez con Marcela y desde mi punto de vista seguías siendo el mismo hombre cobarde que antes prefería salvar su pellejo que dar la cara por lo que quería … anoche cuando me dijiste eso me sentí mal, de repente había otra mujer por la que tú si demostraste amor, supongo que si llegaste hasta ese punto fue por tu elección, por que de alguna manera la… amabas… más que a las demás.
Armando tomó a Betty y la sentó en su regazo, comenzó a besarla desesperadamente y con el corazón.
- Ninguna Betty, a ninguna mujer he amado como a ti… no existe persona en este mundo por quien yo sienta más que por ti. Déjame por favor, déjame que te hable ahora yo. Quieres saber mi historia con Katrina?
- No… pero lo necesito.
Armando estaba en su cálida y pequeña oficina mirando las noticias por Internet, sentía un fastidio al ver que la situación política y económica en Latinoamérica no parecía mejorar.
Rober tocó suavemente la puerta y lo miró, Armando lo vio y sonrió amistosamente. Le gustaba Rober, siempre lo había tratado con respeto y había sido amable con él.
- Armando como estas?
- Bien, gracias. Hace días que no te veía.
- Si, mi grupo está muy ocupado con el proyecto de nuevas tecnologías.
- Felicidades por eso, por cierto.
- Gracias, no tengo mucho tiempo, solo salí por un café, escucha este sábado es mi cumpleaños y voy a preparar un picnic en mi casa, nada pretensioso, la gente llevará lo que quiera y prepararemos la comida en la barbacoa, habrá cerveza y música… en fin que estas invitado, no hay compromiso pero me gustaría que vayas.
Armando sonrió ilusionado, realmente hacia mucho que no salía, tenía ganas.
- Cuenta conmigo Rob, y por supuesto que llevaré cerveza.
Rober le guiño un ojo y se despidió de él. Armando hizo clic en el ratón y cambió de página. Su ánimo había cambiado, ya no tenía ganas de leer sobe economías fallidas.
El patio de la casa de Rober era amplio y muy fresco, había muchos compañeros de trabajo y también desconocidos, vio a Rodolfo, el otro colombiano, y se acercó.
- Hermano que hubo, esto se está poniendo bueno, date la vuelta y mira a esas gringas.
- Uf hermano usted si que no cambia he! Siempre acosando hombre…
- Ay este cachaco amargado…
Armando puso los ojos en blanco y fue a la mesa a por una cerveza.
- A ti no te conozco.
La voz de una mujer le saco de sus cavilaciones, levantó la vista y ahí estaba una mujer de unos 30 años, rubia, de grandes ojos grises y una sonrisa muy gamberra. Pero Armando no se sorprendió, estaba acostumbrado a las mujeres bellas como para actuar como un adolescente. Esas eran épocas pasadas.
- Soy Armando Mendoza, un compañero de trabajo del cumpleañero.
- Aramano?
- Ar-man-do, mucho gusto.
Estaba acostumbrado a que los alemanes no pudieran pronunciar bien su nombre.
- De dónde eres?
- Colombia.
- Colombia! Lo más cerca que he estado de Sudamérica fue cuando pase un mes en Guatemala
- Y que hacías en Guatemala?
- Turismo… y era misionera, prestaba asistencia sanitaria para uno de los tantos pueblos aborígenes de Guatemala.
- No sabia que había muchos.
- Si, es complicado… de todas formas la idea era pasar 6 meses, pero contraje el chinkungunya y cuando me recupere estaba demasiado débil y me mandaron de vuelta por que estaba empezando un brote de cólera y era peligroso para mi débil estado.
- Bonita aventura.
- Si lo se, me encanta contarla, por eso asisto a estos eventos.
- Y de qué conoces a Rober?
- Bueno tenemos cosas en común.
- Cosas en común?
- Si, ambos nos formamos en el mismo sitio.
- Ah entiendo, de la escuela.
- No, del vientre de mi madre… somos hermanos.
Armando sonrió y vio como la mirada de la rubia pasaba de amistosa a interesada, no es que fuera un tipo egocéntrico, pero él sabía que era guapo y que gustaba a las mujeres.
- No me has dicho tu nombre.
- Me llamo Katrina.
- Y eres medico?
- Enfermera.
- Nunca conocí a un misionero, cuéntame, debe ser un trabajo muy triste…
Él y Katrina hablaron toda la tarde y cuando llego la hora de irse se dio cuenta que hacía mucho que no la pasaba tan bien hablando con alguien. Decidió arriesgarse y para placer de la mujer le preguntó si no querría ir a tomar un café con él algún día de estos.
Pasarían unos cuantos meses antes de que Armando se diera cuenta que en ese intercambio de teléfonos los dos tenían sentimientos muy diferentes, ella ilusionada y deslumbrada por un hombre guapo y exótico que cautivaba con su sonrisa, y él feliz y entusiasmado por haber encontrado una amiga.
Los meses pasaron y Armando no quiso darse cuenta que esa hermosa e inteligente mujer veía en él algo más, mucho más que un amigo.
Estaba feliz fingiendo ignorancia y tener una compañera de andanzas con la que ir al cine o a comer, sin nada más.
Una noche después de ir a por unas copas y un espectáculo de jazz la acompaño hasta su edificio, Armando estaba deseando llegar a su casa y meterse en su cama, pero Katrina tenía otros planes… ella en cambio estaba cansada, pero de fingir que no se moría por un beso de ese hombre.
- Armando por favor, sube un rato conmigo.
Quiso negarse, pero su mirada seria y suplicante a la vez lo hizo desistir y resignado subió con ella.
Katrina se quito los zapatos y la chaqueta, se soltó el pelo y mientras iba a la cocina le pidió que se sentara. Volvió con dos cervezas y entonces decidió que no quería hacer una charla interminable.
- Voy a ir directa al grano. Armando creo que te has dado cuenta que tú me gustas, más q como amigo.
- Yo… Katrina.
- Me gustaste desde el primer momento, y ahora que te conozco y veo lo bueno y tierno que eres solo puedo sentir amor por ti. Me gustaría saber si tu me ves más que como una amiga.
Armando cerró los ojos y deseo haberse negado a subir, a él le gustaba Katrina, se preocupaba por ella y por nada del mundo quería hacerle daño.
Pero no, él no veía en ella más que una amiga.
- Tri, yo… no voy a fingir que no me he dado cuenta que estabas desarrollando sentimientos por mi, pero tenía la esperanza que no pasara más de una atracción.
- Creo que esta atracción va en doble sentido, yo me siento correspondida.
- Sin duda eres una mujer muy linda, y además eres mi amiga y se que eres una buena persona. Yo soy un hombre y mentiría si dijera que no me gustas, pero también mentiría si dijera que he pensado en ti como algo más.
Katrina suspiro y se levantó, camino lentamente hacia él, y se sentó mirándolo fijamente.
- Armando, a veces la química está ahí, solo hay que ayudarla, activarla…
Y ante un aturdido Armando se acerco y lo beso. El no respondió, pero tampoco se apartó. Quizás si, ella tenía razón, puede que la química que hace que dos personas se sientas irremediablemente atraídas una por la otra, tiene que ser encendida, después de todo el tenía un ejemplo de eso. Fue lo que pasó con Betty.
Pensó en Betty y haciendo de tripas corazón se dejó besar.
Pero no hubo nada, no sintió calor en su estómago, y vértigo en sus miembros, no perdió la noción del tiempo y el espacio. No pensó que volaba como una hoja en el viento, ni siquiera pudo decir que su saliva le sabía maravillosa y que su lengua era como terciopelo. Y no había nada malo en la forma de besar de Katrina, ni en sus labios, ni es su gusto… era solo que no había nada. No sintió nada.
Se apartó de ella y se cubrió la cara. Que frustrante fue sentir que estaba condenado a ser amado por tantas mujeres y ninguna de ellas la que él quería. Sin duda Dios se lo estaba haciendo pagar pero muy bien.
- Lo siento Tri, mejor me voy. Mira quiero ser sincero aunque te lastime. Pero por mi parte solo siento amistad por ti. No estaba buscando algo más, y por el momento sigo sin querer una mujer a mi lado para algo más que lo que te he ofrecido.
Katrina no pudo fingir que no le dolió y obviamente se sintió rechazada, pero la culpa era solo suya, él nunca hizo nada para confundirla y todas las ilusiones fueron plantadas en su corazón únicamente por ella.
- Espera no te vayas, siéntate por favor… por favor.
Armando estaba reticente, pero tampoco quería irse y dejarla así, así que se sentó.
- Yo se que tu nunca has sido incorrecto conmigo, ni has jugado para que yo creyera que había algo más. Desde que te conozco no te he visto con ninguna mujer, tú nunca me has hablado de que te guste alguna chica, ni siquiera se si has tenido alguna novia o… esposa, y se que no eres la clase de hombre que tiene aventuras por una noche, te he visto, has tenido oportunidades y siempre has rechazado el sexo casual. Dime Armando, por qué?
Armando no pudo evitar reírse… así era como se veía? Esa era la imagen que proyectaba a los demás? La de un Armando Mendoza totalmente opuesto a su "yo" del pasado?
Sin duda había trabajado muy duro para conseguir ser quien era ahora mismo.
Miro a Katrina que esperaba su respuesta. Y por un momento pensó en irse y dejar esta amistad atrás, no quería hablar del pasado, no quería recordar. Pero a la vez necesitaba hacerlo, quería hablar de eso, quería hablar de ella… Betty… había pasado tanto tiempo sin decir su nombre en voz alta que de repente sintió la necesidad de nombrarla y recordarla y hablar de ella, para no olvidarla.
- Conoces esa frase que dice "Era tan pobre que solo tenía dinero"?... Bueno ese era yo. Cuando vivía en Colombia era un tipo al que hubieras despreciado, y seguramente yo te hubiera seducido al poco de conocerte y también te hubiera dejado tirada una vez que hubiera conseguido de ti lo único que me importaba en ese entonces.
Yo tenia un nombre con poder, una fortuna familiar, una empresa con muchas personas a mi cargo y una prometida a la que arruine la vida. También tenía un orgullo y en ego desmedido, era mentiroso, superficial, y prejuicioso. Y realmente no amaba a nadie más que a mi mismo. No quise aceptar mis errores y mucho menos caer ante la gente que pensaba que yo no lo lograría.
Armando entró en trance y le contó como había llegado a ganar la presidencia de la empresa familiar, con las desconfianzas de sus padre, la promesa de un matrimonio y la atenta mirada de un cuñado que sólo esperaba verlo fracasar. Le habló de como se dieron las cosas y apareció Betty, como ella poco a poco se fue volviendo primero fundamental para la empresa y luego en su vida. Que veía en ella una amiga y a la persona que más confianza le producía. Le hablo de los errores que cometió, y de como todo se fue acumulando hasta convertirse en una bola de nieve cuesta abajo que no paraba de crecer hasta terminar arrasando todo a su paso.
El plan con Mario, las tarjetas, las salidas, el engaño, como se acostó con ella, la primera vez por presión y lastima mezclada con culpa y la segunda con verdadero deseo de sentirse amado y poder darle algo a cambio a esa tímida muchachita a la que había estado utilizando, y que el mayor error que había cometido en su vida era haberse enamorado de él.
Katrina estaba horrorizada y no disimulaba su enojo y sorpresa por todo lo que él le decía. Armando no esperaba otra cosa, él también sentía lo mismo.
- Hice cosas que no creerías y las llevé hasta el borde, jugué con muchas personas y utilice a quien fuese con tal de lograr mi objetivo. Pero yo no era tan listo como me pensaba, era un pobre idiota que terminó como se merecía. Me estrelle contra el mundo, perdí la presidencia, el prestigio, a mi familia, mi orgullo y sobre todo a la mujer que amaba. Ella no me creyó y estaba en su derecho. Así que ya ves, aquí estoy, me fui de mi país con un alma en carne viva y sintiéndome como un recién nacido, hice una promesa antes de irme y desde entonces me esfuerzo cada día para cumplirla.
Armando se inclino hacia ella y mirándola fijamente busco el odio que seguramente cabría esperar en cualquier persona coherente y tan amable como era Katrina.
En cambio encontró unos ojos acuosos y comprensión.
- Armando realmente te hubiera despreciado, lo que me has contado casi que no puedo creerlo, como has sido capaz, es que solo de tu boca podría creer esta historia. Si alguien hubiera venido y me hubiera contado todo esto sobre ti, lo hubiera echado a patadas de mi casa por difamarte. Tú eres el hombre más dulce que he conocido, eres sincero y respetuoso, atento y comprensivo. Te preocupas, realmente lo haces, por los que te rodean y yo se que tienes un corazón de oro. Como puede alguien cambiar tanto? Es eso posible?
- Con motivación casi cualquier cosa es posible Tri, si me preguntas si este cambio es una cortina de humo, una distracción, o una actuación para ocultar quien soy, pues no. He cambiado porque quise, porque lo necesitaba, me mire al espejo y no me gustó lo que vi. Y solo me hace falta mirar atrás y ver todo lo que perdí y destruí para encontrar la fuerza y saber que la mejor forma de redimirme es honrando a todos los que fallé.
- Y tú… sigues enamorado.
No era una pregunta y Armando tampoco tuvo que confírmalo.
- No crees que ya ha pasado demasiado tiempo Armando? Has pagado tus culpas, por que sigues torturándote?
- Yo no me torturo!
- Si lo haces, sigues amando a una mujer a la que no vez hace años y que lo más probable es que no solo te haya olvidado, si no que este casada y con hijos.
- No digas eso…
- Y aunque no lo estuviera, sinceramente sería una locura que la volvieses a ver, es más probable que te saques la lotería. Por que sigues esforzándote por demostrarle algo a alguien que no está?
- No lo hago por ella, no es así como pienso.
- Si es así, es exactamente así, todo este cambio, esta pantomima es con la esperanza de algún día verla y que ella se encuentre con un hombre diferente.
- No es verdad! Estas transgiversando todo lo que te he contado.
- Solo quiero saber por qué te sigues esforzando por alguien a la que ya no le importas, que no le importabas en tus últimos días a su lado.
- Basta Katrina te estás pasando.
- Cuál es tu idea? Unos años más de sufrimiento y autocastigo para aparecerte en su puerta y decirle qué? "mírame aquí estoy, soy una persona nueva, ahora me puedes amar"
- Katrina cállate!
- Eso no pasará Armando! Por Dios deja de esforzarte! Ella no puede verte!
- CALLATE! NO ES POR ELLA, ES A CAUSA DE ELLA, YO CAMBIE POR MÍ, POR MÍ, POR QUE POR MI CULPA PERDÍ LA PRIMERA Y ÚLTIMA COSA QUE HE AMADO!
Katrina lo miro con sorna sin inmutarse por sus gritos.
Armando se levantó furioso y empezó a recoger sus cosas.
- No tengo la esperanza de verla y mucho menos me hago ilusiones pensando que ella no ha hecho su vida por estar esperándome, no soy tan egocéntrico. Soy así por mi, el cambio, el verdadero y sincero cambio solo se produce a causa del amor, pero ese amor necesita más motivaciones, la mía fue darme cuenta que era culpable de todas mis desgracias, y eso no podía seguir permitiéndolo. Me di cuenta que si seguía por ese camino siempre terminaría perdiendo todo lo que podría llegar a tener. Cambie por amor a ella, si es verdad, pero también por amor a mi, para poder sentirme orgulloso cuando pensara en mi vida. Tu no sabes de lo que hablas. No entiendes, no me juzgues.
Y dando por finalizada la charla se dirigió a la puerta.
- Yo no te juzgo, nunca lo haría, no soy tan importante como para recriminarte por algo que para mí has pagado y con creces. Quería hacerte enfadar, para saber si era posible que aún hubiera una oportunidad contigo.
Armando se dio la vuelta, no entendía. Katrina se acerco amistosamente y lo tomo los brazos para impedir que se fuera.
- Tienes razón, el cambio verdadero solo es posible por voluntad propia y no por exigencias o para demostrar algo, tenía que saber si esto era real.
- Lo es.
- Lo sé, no te enojes más. Yo tengo la esperanza de que algún día, no muy lejano tu corazón se termine de curar y ya no tengas más culpa en ti, quiero ayudarte en eso y quiero estar ahí para cuando ese día llegue.
- Por qué?
- Por qué soy tu amiga… y por qué soy sincera cuando te dije que te amaba.
Armando no dijo nada. No quería seguir discutiendo. En su corazón parecía difícil que ese día llegara, pero había aprendido a no decir la palabra "nunca" y no luchar contra el futuro. Era posible que un día se levantará y descubriera que ya no amaba a Beatriz? Si lo era.
Aunque algo casi místico y espiritual le dijera que era ingenuo si pensaba que alguien más podría algún día ocupar lo que Dios y el universo habían designado y creado para él.
Beatriz era para él… y él solo para ella.
Su relación con Katrina se resintió mucho desde esa noche. El se sentía incómodo sabiendo que ella esperaba algo más que amistad y hasta llegó a pensar en pedirle que no se vieran más. Katrina entendió todo eso sin necesidad de palabras y le dio tiempo para digerirlo y espacio para que sea él quien la buscará cuando se sintiera cómodo otra vez. Así poco a poco Armando fue calmándose y extrañando a su amiga. Volvieron a la complicidad y retomaron las salidas, las cenas y las cervezas en un cómodo sillón mientras hablaban de sus días y veían películas.
Armando sabía que Katrina seguía teniendo la esperanza de algo más, pero agradeció que ella no lo presionara para nada, y así mientras los días pasaban seguían siendo los amigos de siempre.
Entonces llegaron las fiestas y él volvió a caer en la depresión que lo atormentaba cada vez que llegaban estas fechas. Extrañaba a su familia, el abrazo de una madre y el consejo de un padre. Extrañaba su país y sus amigos.
Llamó a su casa y como siempre recibió una fría contestación de su papá y velados reproches cargados de ironías de su mamá.
Hundido como estaba le habló a su hermano del alma.
Pero lo que tendría que haber sido una charla divertida y que le hiciera olvidar por un momento lo solo que estaba, se convirtió en otro clavo más que lo fijo a la idea de que no tenía nada ni a nadie.
Mario estaba eufórico, se entero que tenía una hija de dos años. Y aunque al principio estaba asustado y hasta quiso desentenderse por completo de la niña, al final solo basto una mirada a ese pequeño ser para sentirse atado y unido, de buena gana, para siempre a esa pequeña que se había quedado sin madre y ahora solo lo tenía a él.
Mario le dijo que nunca se había sentido tan útil y tan acompañado en la vida. Que tenía un motivo, el más grande de todos, como era el amor hacia otra persona, para dejar de sentirse único y solitario.
Armando se acostó feliz por su amigo, pero desesperado por él. Que daría por algo así. Pensó en Betty y la imagino junto a él, con el vientre hinchado y los ojos brillantes que se le ponían a las mujeres embarazadas. Que no daría por tenerla allí con él.
Y entonces recordó las palabras de Katrina hace tantos meses dichas… que ella podría tener un marido, hijos, otra vida y se sintió morir.
Que dolor descubrir que mientras el seguía sufriendo por un amor imposible, ese ser amado podría estar ahora mismo comprando de la mano de otro hombre los regalos de Navidad.
Lloro como nunca había llorado, y se sintió de luto.
Y después de un mes de velar a su corazón solitario se dio cuenta que no podía seguir así. No podía pasarse la vida sin nada por ella. Lo único que tenía para darle era su eterno amor. Y así fue como tomó la decisión de seguir adelante, dejando de soñar en un encuentro fortuito y una nueva oportunidad con el amor de su vida.
Decidió que el tiempo, si bien no le haría olvidarla, si le permitiría tener una vida cómoda. Una mujer que pudiera respetar, querer cuidar y que a cambio le diera comprensión y apoyo, quería tener hijos para experimentar eso que le pasaba a Mario con su pequeña y que le dieran un motivo para luchar y sobre todo recibieran todo ese amor que tenía un su pecho y que se desperdiciaba con el recuerdo de una mujer ausente.
Por supuesto que no quería engañar a nadie, y sabía que sentir lo que sentía por Betty, por otra mujer, era casi imposible. Quien fuera la mujer de su futuro tendría que saber y aceptarlo con esa carga en su alma.
Pensó en Katrina.
La llamo por teléfono y le dijo todo lo que había descubierto. Katrina lo entendió… y lo acepto.
Un mes después iniciaban una relación y para cuando llegaron las siguientes navidades se estaban comprometiendo.
Y Armando se sintió feliz y creyó haber logrado el equilibrio. Olvidar a Betty y seguir adelante.
Y tal vez lo hubiese conseguido de no haber sido por la aparición de Betty en un mercado navideño en Berlín, dos semanas antes de casarse.
