Hola de Nuevo, aqui esta el Segundo cap. espero les guste. (ojo con las fechas, son importantes)

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Tokio, Enero 1, 2002

Una vez más la manera en que la miraba Uranus, pudo haber asustado a la Princesa de la Luna hasta la muerte. Sus ojos brillaban con enojo y rebelión, sus manos empuñadas. Ella fácilmente podía destrozar el mundo en pedazos en ese estado, y ha habido un par de ocasiones en el transcurso de dos años y medio que ellas han temido que eso pase.

"No," Uranus dijo, su voz baja y obstinada, "No estaré de acuerdo con eso."

"No te estoy pidiendo tu opinión." Dijo la Princesa sintiéndose valiente por la presencia de Pluto junto a ella. " Te estoy diciendo que esa es la decisión que he tomado."

"Bueno, es la equivocada!."

La Princesa suspiro. "Uranus" le dijo suavemente, "tu sabes que tenemos que hacer algo. Estamos perdiendo esta batalla. La hemos estado perdiendo por los últimos dos años, desde que… Neptune se fue."

Con unos ojos llenos de ira, Uranus volteo la vista.

Afuera estaba nevando, pero aquí, en el invernadero de Darien, las rosas florecían como si fuera un verano eterno. Rojas, amarillas, blancas, despedían su aroma desde los confines de las líneas, perfumando el aire, un aire pesado. Era la pasión de Darien ahora, el criar rosas: talvez una reacción por todos los años que vivió solo en ese departamento en las alturas. Serena usualmente hacia sus reuniones ahí: era más privado y más apropiado para dirigir a sus soldados, por lo menos más apropiado que la desordenada sala de su casa.

Por supuesto, estas eran cosas que la Serena de unos años atrás nunca hubiera considerado. Pero, la Serena de estos días pensaba tristemente mientras veía las sombras en los ojos de Uranus, muchas cosas han cambiado en unos años.

Rosas, el aroma de rosas. Cuanto tiempo a pasado desde que Serena entraba en batalla con ese dulce aroma? Con los pétalos de rosa cayendo desde el cielo, porque a las flores de este planeta les encantaba ver la belleza de estas dos guerreras que peleaban lado a lado.

Serena nunca a escondido nada de su amado Darien, pero aun así, él no sabe acerca del sobre que está enterrado en el fondo del cajón de la ropa interior. El que contiene pétalos de rosas que ella recogía después de las batallas en los días en que un simple demonio era algo para preocuparse.

Uranus tampoco lo sabía, pero, talvez lo sospechaba. La mirada azul la atravesaba, y la rubia cambiaba de un pie a otro, finalmente hablo de nuevo con una voz baja y ronca que lleva toda la intimidad de una habitación. "No necesitas a Neptune, Princesa. No cuando yo estoy aquí para protegerte."

La Princesa solo pudo sonreír en respuesta, sabiendo que Uranus la a llegado a amar en una forma en la que no debería, sabía que le dolía, sabía que sentía de esa manera porque necesitaba desesperadamente ese sentimiento, y aunque parezca doloroso, solo había una persona que podía curarla. "Esto no es un debate, Uranus," dijo ella con una voz firme. "Te estoy ordenando que aceptes a Neptune como tu compañera de nuevo"

Una ráfaga de viento movía los copos de nieve de una manera violenta, muy de acuerdo con la respuesta de Uranus, pero aun así, agacho su cabeza en complacencia. "Si Princesa" murmuro.

"Y quiero que seas tú quien le dé esto a ella."

Uranus miraba la pluma de transformación color mar y la oscura superficie del espejo marino como si nunca los hubiera visto antes. Abrió su boca, luego la cerro y tomo los objetos de las manos de la Princesa.

"Lo haré"

La princesa inclino su cabeza, "Gracias Uranus, te puedes ir."

Se desplomo ligeramente aliviada, mientras la senshi del viento salía del oscuro invernadero y volteo a ver a Pluto. "Está segura que estamos haciendo lo correcto?" pregunto, finalmente dejando ver su incertidumbre.

Pluto jugaba con su báculo. "No" admitió. "Pero tenemos que hacer algo, y no solo para ganar esta guerra. Hace dos años y cinco meses, y ni por un momento Uranus ha dejado de lastimarse. Este asunto debe ser resuelto de una manera o de otra, y eso nunca pasara si Neptune sigue en el exilio."

"Si" La princesa está de acuerdo, "esto debe ser resuelto…" Pero sus ojos se veían consternados mientras observaba como la luz del sol se desvanecía rápidamente y juntaba sus manos inconscientemente en preocupación.

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Nuevo Tokio, Aeropuerto Internacional, Marzo 2, 2002

Michiru sale del avión con ojos arenosos y un dolor en el cuello. Había un caos inusual en el área de arribos. Amigos y familia se reunían, se abrazaban y hablaban de su viaje, invitados siendo recibidos respetuosamente por escoltas vestidas de traje sosteniendo unas hojas con sus nombres en diferentes tipos lenguajes, y los que se veían nuevos en el país buscando cajeros y medios de transporte.

Ella casi es derribada por una joven de cabellera negra que corrió a sus brazos envolviéndola en un abrazo.

"Michiru!" Hotaru grito, lo suficientemente fuerte para hacer que varias personas volteen a ver. "Que gusto verte de nuevo!"

El nudo que Michiru tenía en el estómago desde que la mandaron llamar a Japón se le deshacía, poco a poco, por la calurosa bienvenida de Hotaru. De todas las personas que conocía, Hotaru era la única que ha visto desde que fue mandada a su exilio dos años y medio atrás. Fue su castigo ser exiliada, negándole cualquier contacto y conocimiento de lo que antes había sido su mundo. Pero estuvieron de acuerdo que no sería justo que Hotaru pierda a una de sus mamas, sin importar las circunstancias, y por eso a Hotaru se le permitió visitar a Michiru en Viena esporádicamente.

En esas visitas, Michiru se aseguraba que el hombre, que supuestamente amaba, no estuviera presente.

Cuando por fin Hotaru se despegó de Michiru, permitiéndole tomar algo de aire, los otros dos miembros que vinieron a recibirla se acercaron. Ahí estaba Setsuna, tan sofisticada y hermosa como Michiru la recordaba, su larga cabellera verde, estaba aún más larga y junto a ella, una joven serena de ojos serios que se movía con la gracia de una Princesa. Se le hacia difícil a Michiru creer que ella era Serena

"Michiru-San" dijo suavemente la chica de cabello rubio.

Michiru sintió como el color se le subía y deseo poder bajar su mirada, recordando los momentos de aquella fatídica noche de verano en donde todas pudieron haber muerto.

Pero Serena no se lo permitió, le sostuvo firme su mirada. "Estoy contenta que estés aquí"

"Lo estas?" Contesto Michiru con un ácido cinismo en sus palabras.

Setsuna fue quien respondió. "Si" dijo, acercándose a ella para copiar el fuerte abrazo de Hotaru. "Todos estamos felices que hayas decido regresar, te extrañamos mucho."

Ella no estaba mintiendo, Michiru lo podía ver. Incluso había perdón en su expresión, pero aun así Michiru no pudo evitar levantar su ceja en ironía.

"Todos?" repitió, Miro pasando a Setsuna y a Serena. No había nadie más ahí. No una alta y atlética rubia parada casualmente con una ligera sonrisa en sus labios y con una intensidad en sus ojos que hacía que las mejillas de Michiru ardieran.

Setsuna agacho la mirada y no respondió.

"Tienes todo?" pregunto de la nada cambiando el tema. "debemos salir de aquí, odio los aeropuertos"

Michiru suspiro y asintió, mechones de su ondulado cabello azul le cubrían los ojos, "Si, estoy lista para irnos."

"Así que." Pregunto Michiru una vez que ya habían logrado salir del saturado estacionamiento del aeropuerto e iban en la carretera, " en que hotel me quedare?"

Setsuna, quien era la que manejaba, la mira de reojo. "No te quedaras en ningún Hotel."

"Que? Pero-"

"No queremos que te quedes sola en un Hotel," dijo Hotaru, asomándose desde atrás poniendo sus codos en el asiento de Michiru. "Queremos que te quedes con nosotros."

"Con ustedes? No creo que esa sea una buena idea. Podría- podría no ser conveniente para todos."

Hotaru torció sus ojos. " Si te refieres a Haruka, no te preocupes. Ella ya no vive con nosotras."

Michiru intento esconder su sorpresa. "Ya no?"

"No, después- después de que te fuiste, se movió a su propio departamento."

"Oh, nunca lo dijiste."

"N-no," contesto Hotaru

Fue hasta después de oír su respuesta que Michiru recordó que talvez tenía prohibido decirle.

"De cualquier manera," dijo Hotaru, moviéndose rápidamente, "está bien, el depa de Haruka es muy bonito y tiene un cuarto extra para cuando me quiera quedar con ella, pero en casa, solo somos Setsuna y yo, pero si luego te quieres ir no hay problema, nada de qué preocuparse."

Michiru estaba sentada propiamente con sus manos unidas sobre sus piernas, mirando hacia afuera por la ventana las largas líneas del telégrafo.

"Me gustaría quedarme," dijo ella, "siempre y cuando no las incomode."

"No," dijo Setsuna, sus ojos nunca dejando de ver el camino. "No nos incomodas en absoluto."

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Nadie dijo nada, pero Michiru entendió que, por necesidad, ella se quedaría en el mismo cuarto que ella y Haruka solían compartir. Setsuna le enseño arriba, como si ella fuera una invitada, y estuvo un poco incomoda junto a ella mientras abría la puerta.

"Estarás… bien?" Pregunto.

Sus ojos recorrían el cuarto tan familiar, Michiru asintió y entro al cuarto. Puso su maleta junto a la cama que una vez Haruka y ella compartieron y volteo a ver a Setsuna con una triste sonrisa que no engañaba a ninguna de las dos. "Este está bien, gracias."

"Si quieres, puedes cambiar de cuarto conmigo…" comenzó Setsuna.

"No," dijo Michiru. "No quiero sacarte de tu cuarto, no hay nada de malo con este, me quedare aquí."

Una ligera sombra de sonrisa se posó en los labios de Setsuna "Muy bien. Ya sabes dónde está el baño más cercano, refréscate y acompañamos a comer."

Gentilmente, cerró la puerta. Las cortinas se movían por el viento.

Sola, Michiru observa lo que alguna vez fue su dominio. Todos los muebles eran los mismos: la cama, el librero, el closet, el tocador, los buros. Pero todo estaba vacío ahora; todos los hermosos recuerdos se habían desvanecido por el paso del tiempo. No más cosméticos a punto de caerse del vestidor; Michiru ya ni siquiera los coleccionaba. De alguna manera ya no valía la pena sin Haruka y sus coqueteos. El librero también vacío, ya no estaban sus trofeos, los de Haruka y de ella misma, y la cama… Michiru mantenía la mirada alejada de la cama.

Cruzo el cuarto y llego a la ventana, miraba hacia afuera, hacia su modesto jardín y los techos de las casas cercanas. Era mundano, una vista suburbana, y aun así, Michiru pensó, en este cuarto, en esta casa, ella estaría más feliz que en cualquier otro lugar. Ella tenía una familia real y nunca dejo de extrañar la calidez de todos ellos.

Había ávido una extensa discusión antes de comprar la casa. Ella y Haruka y Setsuna; entre ellas tres podían haber comprado una mansión si querían, incluso en aquellos días, pero ultimadamente decidieron que eso no sería lo mejor para Hotaru. Ellas querían que creciera como una chica normal, y por eso decidieron quedarse aquí, en esta modesta casa, en este respetable suburbio. Tres cuartos, dos baños, una sala; un estudio para Michiru y un estudio para Setsuna. Haruka no quería nada, solo quería la tele para poder jugar con sus videojuegos cuando ella quisiera, pero eso no era un problema ya que nadie de ellas era una fanática de ver tele.

Por cuatro años las sailors de afuera han compartido esta casa, en la cual Michiru, tuvo la oportunidad de ver crecer a Hotaru rápidamente de una bebe a una joven de 15 años, también ver como la soledad de los ojos de Setsuna se desvanecía lentamente, y finalmente ver como Haruka comenzaba a confiar en el amor que le demostraban las personas que la rodeaban.

Y si viera a Haruka ahora, Pensó Michiru, Como sería ella? Esa confianza seguiría ahí?

Era una pregunta retórica. El cuarto vacío que la rodeaba respondía más fuertemente que cualquier palabra.