Gracias por su paciencia.

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Templo Hikawa, Octubre 9, 1999

Después de un inusual largo verano, parecía que el invierno por fin vendría. Incluso con nubes grises y fuertes vientos las senshis se hacían camino hacia el templo Hikawa para estar presentes en la junta que se había organizado; todas menos una.

Ocho guerreras se reunían alrededor de la mesa redonda de Rey es día- cuatro internas, tres externas y la Princesa.

Algunas de ellas todavía tenían marcas de la batalla más reciente, aunque ya han pasado más de tres meses.

Setsuna fue quien tomo la responsabilidad de hablar. Serena ya comenzaba a llorar, reusándose a participar. Mirándola a ella, Setuna podía ver su propia tortura reflejada en la cara de sus compañeras, y deseaba que esto no se tuviera que llevar acabo; que ella no fuera la que tuviera que hacerlo. Pero esto no era una decisión que pudiera esperar más, y como la mayor de las senshis exteriores, ella era la mejor calificada para cargar con este peso.

"Ya saben porque se les ha llamado a esta junta," Comenzó con franqueza. No había motivos para suavizar lo que venía. Ciertamente, de alguna manera, tratar de disminuir la gravedad del asunto era casi obscenamente insensible. "Tenemos que decir que hacer con…Michiru."

La declaración fue recibida por un silencio inconfortable y ojos evitando los de ella. Todas las presentes incluyendo a Setsuna, sabían que algo se tenía que hacer, pero eso no lo hacía fácil. Tampoco cambiaba el hecho, que ninguna de ellas quería estar ahí haciendo esto. En realidad decidiendo que hacer con una soldado que las ha traicionado a todas.

Fue Rey quien finalmente comenzó. "Lo que ella hizo no puede quedar sin castigo. Sus actos casi ocasionan la destrucción de- de todo. No podemos confiar más en ella."

Lentamente, con algo de culpa, Lita, Mina y Ami comenzaron a estar de acuerdo. Era terrible, sí, todos estaban de acuerdo con eso, pero, pero aun así…

Setsuna podía oír lo que no decían, tanto como lo que decían. Pero aun así, pudo haber sido la vida de la Princesa la que se perdería, y por mucho que ellas la quieran, ellas hubieran sacrificado la vida de Michiru si así salvaban la de la Princesa.

Eso era lo que cualquiera aria, incluso Setsuna. Porque eran soldados, y su deber más importante era proteger a la princesa. En esto, ellas no tenían opción.

Y la única que no estaba atada a este deber fue la que argumento apasionadamente en contra de lo propuesto. "Michiru no hizo nada malo," Dijo Serena calmadamente, sus manos fuertemente unidas sobre sus piernas. "Ella no sabía- no podía saber- que sus acciones la llevarían a eso."

Una pausa incomoda siguió. Nadie quería admitirlo, pero todas esperaban lo que Haruka diría. Ella era, realmente, en quien caería la decisión. En los días anteriores a esta junta, el exilio era la palabra que se murmuraba. Exilio y el quitarle todos los derechos de soldado. Un castigo sin precedentes para un crimen sin precedentes.

Pero y si Haruka no estaba de acuerdo, y si Haruka se reusaba a pelear sin Michiru a su lado, entonces el exilio no era una opción. Era bastante malo que tengan que perder a una de las guerreras más fuertes; ellas ciertamente no se podían permitir perder a dos.

Sentada en silencio, con las piernas dobladas y su barba recargada en su rodilla, Haruka parecía inconsciente de su posición. Su flequillo rubio caía atraves de su frente, ocultando sus ojos, e incluso cuando Hotaru le pregunto su opinión, no hubo respuesta. Marcas de quemaduras seguían en su piel. Se desvanecerán en un par de meses, Setsuna y Ami le aseguraban esto a Haruka todos los días, pero parecía que a ella no le importaba de cualquier manera. Se colocó su armadura de soledad una vez más, y solo Setusna la conocía lo suficiente para saber que esta Haruka, sola, atormentada, alejándose de todos lo que tratan de acercase a ella, era la Haruka que había sido antes de Michiru.

Finalmente alzo la vista, Haruka volteo hacia Serena y hablo con voz baja que apenas podía contener su furia. "Como puedes decir eso?" demando. "Como puedes decir que Michiru no sabía lo que hacía? Por culpa de ella, pudiste haber sido quemada hasta la muerte. Tu eres la que debe demandar que pague."

"No!" Obstinadamente Serena sacudió la cabeza. "La quiero mucho, no exiliare a ninguno de mis amigos. No me importa lo que haya echo! Podemos salir de esta, todos- Haruka. Podemos sanar está herida…"

Haruka echo su cabeza hacia atrás riéndose irónicamente. "Mira alrededor Serena. Han sido tres meses y ninguna se ha curado. Y ninguna lo ara si ella sigue con nosotros. Ella rompió nuestra confianza. Ella destruyo lo que llevamos años construyendo. Ella-"No parecía ser posible, pero la voz de Haruka se hizo aún más fría. "Ella debe ser exiliada."

Desafiante, ella barrió con la mirada la culpa e incertidumbre de sus colegas, hasta que sus ojos finalmente se posaron en Setsuna. "A eso hemos venido hoy, no?, para sacar a Michiru de nuestras vidas."

"No," dijo Setsuna, escuchando la mentira en su propia voz, y supo por la sardónica ceja levantada de Haruka, que ella también la escucho. "Nos estamos reuniendo para decidir cuál será el castigo de Michiru."

"Yo propongo exilio, no estás de acuerdo?"

Setsuna colgó la cabeza. Podía sentir la mira de Haruka encima de ella, dura con enojo, fallando en esconder el caos, el dolor y la confusión detrás de ella. Dioses, Esto era una pesadilla. Por tres meses Michiru ha tratado de acercarse a Haruka; por tres meses Haruka se ha negado incluso a verla. Una quemada, la otra con un corte, ambas acostadas en sus respectivas camas en la sala medica del laboratorio secreto bajo la residencia de las Sailor de afuera, ninguna recuperándose de la caída emocional que Setsuna sabe es más seria y dañina que las heridas que las tenían al borde de la muerte.

Y lo peor era, que por mucho que Setsuna sabia Haruka quería venganza y no justicia, no estaba en desacuerdo con ella. Y Haruka lo sabía. Sabia hasta cierto nivel, que Setsuna -tal vez todas- se sentían tan heridas, tan enojadas, como ella, y se aseguraría de usar esos sentimientos para conseguir lo que quiere.

"No," Setsuna admitió finalmente. "No estoy en desacuerdo contigo."

"No puedo creer lo que oigo!" Chillona y delgada , la voz de Hotaru sonó como violín desafinado. Ah. Por eso ha estado tan callada hasta ahora. Se ha estado preparando para pelear. Aun con estas circunstancias, Setsuna se permitía un poco de orgullo. Se sentía orgullosa de como su hija ha crecido, incluso si eso causaba algo de dolor.

"Haruka-Papa, Setsuna-Mama, sé que Michiru se equivocó, y no digo que no deba ser castigada, pero no se merece ser mandada lejos. Tú sabes porque hizo lo que hizo. Ella no quería traicionarnos a ninguna de nosotras. Ella-"

"Ella decidió ayudar al enemigo antes que a nosotros," dijo Haruka, sus ojos grises como acero frio. "No hay nada más que decir."

"Hay mucho más que decir," insistió Hotaru. "No podemos solo-"

"Hotaru," dijo gentilmente Setsuna, poniendo una mano en el hombro de Hotaru, "Yo también quiero mucho a Michiru, pero no podemos permitir que nuestros sentimientos hacia ella interfieran en nuestro juicio."

Su tono justo, como el de un adolecente , Hotaru interrumpió a Setsuna con una inconfortable verdad. "Tú me estas acusando a mí, de tener un juicio impar? Todas aquí sabemos que Haruka está haciendo esto solo para castigar a Michiru, porque está muy enojada con ella. No tiene nada que ver con el honor de ser una Sailor guerrera o con proteger a la Princesa. Es solo porque Michiru-"

"Bien," Dijo Haruka, obviamente no queriendo escuchar de los labios de otra persona los eventos pasados. "Si mi juicio no es de confiar, no me lo dejen a mí. Dejen que todos decidan. Tomaremos votos, y lo que la mayoría decida, eso pasara. Eso debe considerarse justo, no?"

Justo o no, es como lo hicieron. Setsuna propuso que se exilie, con ojos en el suelo, las cuatro internas levantaron la mano. Haruka rápidamente se unió a ellas, mirando fijamente las caras suplicantes de Hotaru y Serena. Incluso la mirada compasiva de Setsuna fue rechazada. Haruka no aceptaría lastima de nadie respecto a esto, y no daría tampoco. Solo sonrió triunfante cuando por fin Setsuna levanto su mano.

Serena propuso que Michiru fuera librada de todo cargo y se le regresaran todos sus derechos, pero solo ella y Hotaru estuvieron a favor. Dos contra seis; no era suficiente. Y por eso, esa tarde, Michiru fue condenada al exilio, quitándole su pluma de transformación, su espejo y su identidad como guerrera. Y cualquiera que la haya conocido bien en su nueva vida en Viena, hubiera sabido que cuando perdió esas cosas también perdió su corazón.

Tokio, Marzo 6, 2002

Ellas insistieron en hacer una fiesta de cumpleaños para ella. Fue un poco extraño. Con Setsuna, Hotaru y Serena estaba bien, porque ellas siempre han sido sus amigas cercanas. Las senshis de adentro eran otra historia. La culpa estaba en sus ojos cuando la saludaban, culpa unida con desconfianza. Desesperadamente dolidas por sus propias acciones, hicieron lo mejor que pudieron para recibir a Michiru, pero sus voces se oían falsas a sus sensibles oídos de músico. Podía oír la disonancia de sus sentimientos encontrados con cada palabra, y deseaba que fueran más honestas con ella, como Setsuna lo había sido.

Tener algún tipo de conversación era inevitable, pero Setsuna lo hizo lo más corta y menos dolorosa posible.

Acompañadas por una botella de vino, sentadas en una silla forrada piel en un bar de gente adinerada, Setsuna le dijo meditabunda, "estaba enojada contigo en el momento. Todas lo estábamos. Y realmente me preocupe de que tu juicio fuera de alguna manera imparcial. Que te habías olvidado lo que significaba ser una sailor guerrera. Cuando tenías dieciséis años de edad, estabas preparada para tomar vidas y así salvar el mundo. Estabas dispuesta a matar con tus propias manos a una indefensa niña, que no tenía ninguna culpa, solo porque el Mesías del Silencio estaba dentro de ella. A los veintiuno-"

"A los veintiuno," dijo Michiru, permitiendo un momento de silencio para calmar el timbre de su voz, "Aprendí que tomar la vida de gente inocente no era el camino para salvar el mundo. Nuestra princesa nos enseñó eso, recuerdas?"

Setsuna rio ligeramente. "De cualquier forma, eso ya ha pasado. Todas nos hemos equivocado, y los Dioses saben que hemos pagado por eso. Solo quiero decirte que en verdad siento mucho todo lo que paso, y que… cualquiera que fue mi sentir antes, ahora confió en ti."

Michiru escondió sus emotivos sentimientos tras el vaso de vino. "Gracias," dijo, cuando estuvo segura que no lloraría.

"Las otras sienten lo mismo. Hotaru y Serena nunca quisieron que te exiliaran, y las demás nunca pudieron superar la culpa, sin importar lo necesario que ellas creían que fuera necesario."

"Si," dijo Michiru. "Puedo ver que tengo la oportunidad de redimirme ante todas." Hace una pausa. "Todas excepto ella."

Con esa conversación fresca en su mente, Michiru observo el lugar vacío en la mesa del restaurante. Hasta donde ella sabía, todos los que tenían que estar ahí, ya habían llegado.

"Para quien es ese lugar?" le pregunto a Setsuna, claro, ella no quería saber la respuesta.

Con una mira de simpatía y un ligero apretón en el hombro, Setsuna le confirmo su pensamiento, "es para Haruka."

"Ya... Veo." El corazón de Michiru comenzó a latir de ansiedad. "No sabía que ella vendría."

"Lo ara, Serena se lo ordeno."

"Oh," fue todo lo que Michiru pudo decir, estúpidamente. No sabía que la sorprendía más- que Serena diera esa orden, o que Haruka la obedeciera.

Tomo su vaso y tomo un trago de agua, esperando estabilizar su corazón. Pero inmediatamente comenzó a girar como mar en una tormenta. El mesero de la noche se aproximó, pasándoles los menús, comenzó a recomendarles platillos. Michiru apenas lo noto. Del otro lado del salón las puertas del restaurante se abrieron y parece que algo jalo el alma de Michiru. Ella pensó que por esto había venido, para poder sentir otra vez, para acabar con la insensibilidad que dominaba su existencia desde que se fue- pero ahora no estaba segura si lo quería.

No, cuando lo único que sentía era dolor.

Aun, después de todo este tiempo.

La alta figura familiar vestida en un traje negro a la medida cerró la puerta tras ella, apagando el ruido de las calles. Michiru sentía que el aire le faltaba, no teniendo ni una idea que decir pero sabiendo que tenía que decir algo. Pero antes de hacerlo Haruka miro a otro lado despectivamente.

"Princesa." Haruka saludo en un tono muy seductor que Michiru recuerda muy bien, parece ignorar a todos, no solo a ella. Que habrán echo las demás, se pregunta, para merecer tal ira? Probablemente nada, aparte de perdonarla.

Pero, eso sería el mayor crimen del mundo en el libro de Haruka.

Excepto, aparentemente, en el caso de Serena.

Inclinándose, Haruka planto un beso en la cien de Serena, dejando sus labios ahí un tiempo con la intensidad de algo que sugiere más que un sentimiento platónico. Serena se sonríe y se aleja un poco de ella, obviamente no acostumbrada a eso.

El observar ese tipo de intimidad mando una puñalada irracional de celos atravez de Michiru, junto con un enojo exasperante por lo infantil del asunto.

Haruka en verdad tenía que restregarle de es amanera que ella ya no significaba nada en su vida? Y aunque fue un desplante muy inmaduro, porque demonios tiene que dolerle tanto?

Enderezándose, Haruka voltea a ver a los que están en la mesa con una mirada que podía significar muchas cosas, pero más parecía que decía, me hicieron venir, ahora aténganse a las consecuencias.

"Michiru" dijo demasiado casual. "A pasado mucho tiempo"."

"Si," Michiru contesto. "así es". No le gusto que Haruka siguiera de pie. Quería ponerse ella de pie también para que Haruka dejara de verla para abajo como lo hacía ahora, como cuando un Rey mira al esclavo de más baja categoría. Pero al mismo tiempo, no quería que Haruka supiera que su muy evidente sentido de superioridad la estaba molestando.

Antes de que pudiera tomar una decisión, Haruka alzo su ceja y con una sonrisa libertina que era más cruel que encantadora dijo. "Estas lista?"

"Lista para qué?"

"Para retomar tu deberes, dos chispas aterrizaron en el Parque Green hace media hora. Tú y yo fácilmente podremos derrotarlas. Amenos que prefieras quedarte aquí." El sarcasmo claramente indicándole a su excompañera que decisión debía tomar.

"Haruka!" Setsuna interrumpió, ofendida. "Este es el cumpleaños de Michiru. No podrías-"

Michiru se puso de pie, ignorando todo menos esos dos ojos avellana que solo la evaluaban, y siempre la encontraban esperando. "Estoy lista."

"Michiru-"

"Está bien," dijo Michiru. "Haruka tiene razón. Para esto eh regresado, podemos cenar otro día."

"Por lo menos permite que vayamos contigo."

A su pesar, Michiru sintió como se formó una sonrisa en sus labios. Nada de esto era correcto, todo estaba distorsionado y nada era como fue antes, pero al mismo tiempo era tan similar que la hacía recordar aquellos momentos. Ella y Haruka, peleando lado a lado, adrenalina y emoción y si, algunas veces excitación era el coctel que su vida había sido.

"Estaremos bien," dijo ella, y siguió a Haruka fuera del restaurante.

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Que fue lo que hizo Michiru?... esta espera me mata