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Michiru no podía describir la extraña emoción de estar en el carro de Haruka otra vez. No cualquier carro, sino el mismo. El mismísimo convertible amarillo. Ella miraba de reojo para observar a Haruka.

Con el rostro ceñudo, Haruka comenzó a manejar.

Luces neón y faros de calle pasaban como fragmentos de otro mundo, y el viento frio acariciaba la piel de Michiru.

Finalmente hablo.

"Como has estado?"

"Bien," Era más un rebufo que una respuesta.

"Haruka, quería decirte-"

"Has estado entrenando desde que regresaste?" La dura voz de Haruka hacia bastante claro que este compañerismo forzado seria únicamente para negocios, nada más.

"Claro," dijo Michiru, aunque era una mentira. Es más, el entrenar era algo que ella estaba tratando de evitar. Incluso ahora podía sentir como la cicatriz en su pecho le dolía y parte de ella temía que cuando llegara el momento, no podría pelear como lo había hecho antes. Su única esperanza era que cuando se transformara las cosas sean diferentes.

Y como siguiendo el hilo de sus pensamientos, Haruka le dijo, "deberías de abrir la guantera."

Michiru no se tomó la molestia en preguntar porque, sabiendo que Haruka no le contestaría. Ella solo hizo lo que se le indico y sintió como su corazón se saltó un latido al ver los dos objetos que estaban ahí. Su espejo y su pluma de transformación. Rápido y como una niña envidiosa, los tomo, sintiendo como se amoldaban a su mano, tan familiar, como una extensión de ella, como una pieza que le hacía falta a su alma.

El mar lo podía oír de nuevo, glorioso y poderoso. Su piel brilla mientras estos dos preciosos que son únicamente de ella le dan la bienvenida. Chispas caen del cielo mientras ella se transforma, sin ningún esfuerzo, en el soldado que siempre ha sido lo mejor de ella y su verdadero ser.

"Presumida" Dice Haruka, por primera vez un tono de calidez en su voz.

La fuerza se sentía en sus venas, Michiru podía sobrevivir una era de hielo con esa llama que sentía dentro de ella.

Se miraron la una a la otra y se sonrieron, casi penosamente, antes que Haruka recordara que ya no eran más amigas. Continúo con su ceño fruncido y regreso su vista a la carretera.

"Así que estas chispas…" Comenzó, y Michiru pudo habérselo imaginado, pero había algo raro con la voz de Haruka

"Entonces siguen rondando?" Pregunto Michiru.

"Si" Confirmo Haruka. "Metalia las sigue mandando. Mas para molestarnos que para otra cosa, creo. Ella sabe que no son muy poderosas para vencernos. Oh, ellas son susceptibles a ataques de agua, pero eso tú ya lo sabias, No?"

Michiru asintió. Su pecho seguía molestándola, amenazándola con desatar un gran dolor, pero no era tan malo como lo había sido antes. Ella solo tenía que aguantar esto.

"La pelea va bien?"

La mandíbula de Haruka se tensó. "No, Metalia planea algo. Algo grande, como la última vez. Pero no sabemos que es."

"Ya veo" Dijo suavemente Michiru, bajando su mirada hacia sus manos unidas nítidamente sobre sus piernas, mientras recuerdos de la última batalla y las consecuencias de ella pasan por su cabeza.

Metalia, destruyo el Reino de la Luna, el presagio de un Armagedón. Ya Serena y las sailor internas la derrotaron una vez en este mundo, pero aparentemente no fue suficiente. Al parecer alguna parte de su ser sobrevivio y secretamente se fue a vivir al sol de un sistema solar lejano. Por años se escondió en el, recobrando sus fuerzas, haciendo crecer su odio, hasta que resurgió como un demonio de llamas, doblando aquella galaxia a su gusto. Primero destruyo los primeros dos planetas inhabitados más cercanos a ella, y luego, como siempre, ah volteado su maligna mirada hacia la Princesa de la Luna.

Mandaba olead tras oleada de soldados por el vasto espacio para que llegaran a la tierra, algunos humanos, otros no, algunos súbditos de ella, otros forzados a servirle por miedo a perder lo que les era más preciado. Después de seis brutales meses culmino, en la batalla en la cima junto al mar, y después de eso... Michiru no supo nada más. Fue mandada al exilio donde nadie le decía nada.

Las chispas eran la creación favorita de Metalia. Pequeños demonios hechos de llamas que les gusta destruir todo a su alrededor, podían causar mucho daño en muy poco tiempo. Eran enviados del sol de Metalia y viajaban como cometas atravez del espacio, entrando en la atmosfera de la tierra y explotando como bombas cuando tocaban el suelo. Michiru recuerda una batalla, cuando recién comenzaba, cuando eran tantas que parecía que llovía fuego del cielo.

Pero en pequeñas cantidades eran fáciles de derrotar, y Michiru estaba muy contenta de que el destino no le haya dado un enemigo difícil para su primera batalla.

Cuando llegaron al parque, ya estaba en llamas. Un camión de bomberos destruido se veía a la distancia. Por lo menos Michiru no veía ningún cuerpo.

Mientras observaba su alrededor sintió una oda de aire tras ella, como un gran poder. Haruka se estaba transformando. Se volteo justo a tiempo para ver, y oh, la tomo de sorpresa. La llevo a su vida pasada: un infinito regocijo y terror y muerte y todo lo que venía entre ellos, pero siempre, sin importar que, ella lo soportaba porque tenía la inquebrantable convicción de que su compañera siempre estaría a su lado. Que ellas vivirían juntas y morirían juntas y reirían juntas y llorarían juntas hasta el fin del mundo y más haya, y que nunca tendría que volver a soportar la terrible soledad que su destino tenía antes de conocer a Uranus.

Que equivocada resulto estar.

Uranus se aproximó para ponerse a su lado. Michiru podía sentir la fuerza de su implacable determinación mientras observaba el terreno que tenía que ser ganado; trata de ignorar a la alta y magnifica persona que siempre ha logrado hacer que sus rodillas se vuelvan agua.

"Neptune, crees poder apagar algo de este fuego?"

"Por supuesto"

Le tomo un momento ajustarse mentalmente de que en verdad Uranus tenía razón, Neptune era la forma correcta de llamarle ahora, no Michiru. Ya que se había transformado, pero parecía que esa habilidad, junto con otras, era necesario practicarla.

El carro de bomberos era el mejor objetivo, y Neptune decidió enfocarse en él. Ejecuto su maremoto de Neptuno a la perfección para su alivio. Le dolió tener que levantar las manos sobre su cabeza para realizar su ataque, pero no más que cuando toca el violín, y podía soportar ese dolor por horas.

El parque se llenó de humo que subía al cielo. Sin detenerse Neptune corrió hacia el parque, sabiendo que Uranus la seguiría. Ella sabía que esto era como una prueba, que la mirada de su, una vez, amante veía cada detalle de su actuación. Era muy parecida a otra mirada que Neptune recordaba; una que observaba cada reacción a cada caricia, cada beso, cada dulce palabra dicha.

Neptune comenzó a pensar que si se equivocaba hoy seria por causa de sus hormonas y no su pecho.

Agua salía de sus manos para apagar las paredes de fuego. Esqueletos de árboles y tierra negra quedaba tras ella. En el aire se podía oler el fuego quemando todo a su paso. Todo era como aquella vez en la colina.

"Ahí" Uranus dijo calmadamente.

Un demonio brillante, se podía ver claramente sin el camuflaje del fuego a su alrededor.

Neptune le apunto, disparo y fallo.

Todo el fuego estaba apagado ya, pero no había señal del segundo demonio.

El primero se dirigió a ellas, estaba encima de ellas antes de que Neptune pudiera formar otro ataque. Mano a mano las chispas eran difíciles de combatir; no eran fuertes, pero estaban echas mayormente de fuego y cualquier impacto dejaba quemaduras en la piel. Obviamente fue contra Neptune, sabiendo que ella era la que podría causarle más daño con su poder de controlar el agua. Ella elegantemente bloqueo su ataque, sus guantes llevándose todo el calor del golpe. Por una esquina de su ojo, logro ver a la segunda chispa, bajando del cielo como un cohete en llamas, dirigiéndose directamente hacia Uranus. Le grito para advertirle, pero Uranus que ya la había visto, se movía para interceptarla, mientras Neptune seguía peleando contra la primera. El demonio debió de haber volado en cuanto llegaron, subiendo hacia la atmosfera para salvarse del agua antes de descender para continuar con la batalla.

En combate mano a mano, el pecho de Neptune comenzaba a molestarla. Podía sentir como el familiar dolor y las punzadas comenzaban, y se le hacía más difícil respirar. Quejándose del dolor Neptune cayó en una rodilla. La línea de su cicatriz era pura agonía ahora; sentía su piel estirándose y gimiendo tras el uniforme, y se preguntaba si se abriría de nuevo.

"Neptune!"

Uranus la llamo; esa simple palabra, su nombre en los labios de su compañera, expresando la angustia y la promesa de ayuda, hizo que el corazón de Neptune latiera de una forma muy dolorosa, que no tenía nada que ver con su pecho, ella miraba, con algo de envidia, como Uranus hacia una elegante vuelta atrás para alejarse de su oponente y poner tierra de por medio.

Las cosas hubieran podido haber mejorado, si Neptune no hubiera visto como se materializaba la espada de Uranus en su mano.

De repente sintió como si hubiera sido cortada nuevamente. Podía recordar como el filo de la espada brillaba y como le iba cortando la piel que esta tocaba; sintiendo como rebanaba atravez del musculo como si fuera mantequilla, y la cálida sangre, húmeda y pegajosa, que salía de la herida. Apenas logro ahogar el grito de dolor, desplomándose en el suelo, la chispa tomo la oportunidad de atacarla y dejarle caer una lluvia de golpes a su cabeza.

Crujiendo sus dientes, Uranus salto a ayudarla. Con un simple y elegante golpe, atravesó la espalda del demonio. La espada no era suficiente para matarla, solo agua y hielo pueden acabar con estas creaturas, pero si le causó daño.

Gimiendo de coraje, la chispa herida se alejó de Neptune para acompañar a su compañera.

Neptune seguía en el suelo. El corte que Uranus le hizo a la chispa ella también lo sentía en su espalda, aparte del que sentía en su pecho. Cuando eso pasó, se arqueo y se quejó en agonía, sus dedos rasguñaban la tierra tratando de aliviar un poco de la agonía, pero si Uranus lo noto no dio ninguna señal.

Toda su atención estaba en los demonios, su cabeza seguía los movimientos, como baile, de las chispas. Neptune sabía que se había convertido en una carga. Estaba indefensa, y ahora Uranus se tenía que preocupar en protegerla al mismo tiempo que pelear.

Las chispas se unieron, convirtiéndose en una, ascendiendo en una espiral de fuego. Atreves de su dolor Neptune observaba y trataba de convocar su poder, pero todo era en vano. El terror se apoderaba de su corazón, porque era como aquella vez, y en cualquier momento, en cualquier minuto, ella vería como las llamas quemaran el cuerpo de su compañera.

Uranus, se veía tranquila. Levanto su desafiante puño hacia el cielo y llamo al mismísimo poder del viento, formándose en una bola dorada de energía que estrelló contra el suelo en dirección de sus enemigos. Pero había algo diferente en este ataque de Tierra Tiembla. Mientras la tierra se abría, grandes cantidades de agua salían de la tierra. Las chispas, muy tarde, se dieron cuenta de esto. Trataron de apartarse, de salir del camino, pero el agua no les tuvo misericordia. Fueron envueltas en el agua, y con gritos de agonía las chispas se deshicieron. Cuando el agua se fue, lo único que quedo fue humo saliendo del campo de batalla.

Vaya victoria.

Neptune tenía problemas tratando de sentarse. "Nunca te había visto hacer eso," dijo débilmente.

Uranus miro hacia abajo para verla con una expresión difícil de leer. "Tenía que adaptar mi poder para pelear contra el fuego. Todas lo hicimos."

'"Por-por supuesto, tiene sentido." Tratando de ponerse en pie, Neptune no pudo contener un gemido de dolor mientras sentía como dagas atravesaban su pecho y sus muslos. Se dejó caer de nuevo, jadeando y en silencio, maldijo su debilidad.

"Déjame ayudarte, Michiru." La lastima en los ojos de Uranus era terrible; peor aún que los tormentosos grises llenos de hostilidad. Mirándose, Michiru vio que Uranus tenía razón. En alguna parte de la batalla perdió su transformación y regreso a ser Michiru, su vestido de cumpleaños, en ruinas y marcas de quemaduras regadas por su piel.

"Estoy bien," dijo, enderezándose e ignorando la mano englobada que le ofrecía ayuda. Quería llorar por lo injusto de todo esto. Esta era el deber para el que había sido llamada de nuevo; su única esperanza de salvación, y aun así, esto era retenido de ella.

Sintió esos ojos sobre ella mientras se abría camino lenta, y orgullosamente, hacia el auto. Una mirada rápida mientras pasaba bajo la luz de un faro le mostro que no había sangrado, y era algo de misericordia, al fin. Bajo la mirada de Uranus, ella se sentía como un objeto roto. Como un águila a la cual le amarraron sus alas, impidiendo que vuelva a disfrutar de la libertad de su vuelo. Solo otra águila, libre y orgullosa, podría comprender lo profundo de su tormento.

Temblando, se subió al auto. Sin decir una palabra, Uranus se sentó junto a ella y encendió el motor.

Manejaron por varios minutos antes que Haruka- ahora sin su transformación- le hablara.

"Que paso esta noche?" pregunto.

Michiru volteo su cabeza un poco más hacia la ventana. "Pelee terriblemente," susurro.

"Peleaste peor que cualquier soldado que haya visto, incluyendo a Rini."

Le costó todo su destrozado orgullo para decir las siguientes palabras. "Lo sé."

"Porque?"

"No lo sé."

Los ojos de Haruka dejaron el camino, para mirar a Michiru con incredulidad. Michiru no podía mirarla. No podía arriesgar que Haruka sepa la verdad de ella- que era una inservible lisiada sin honor o redención.

"Si así en cómo va a ser, tu y yo no podemos ser compañeras," La declaración las atravezo, lenta y despiadada como el cuchillo de un asesino. "La Princesa me ordeno que peleara a tu lado otra vez, pero si no puedes hacer eso…"

"Lo sé," dijo Michiru. "no hay razón para la cual yo esté aquí."

Frente a ellas la Luna se elevaba, subiendo hacia el cielo como la burla de una esperanza que no podía alcanzar. Michiru no la vio, pero sabía que si lo hacía, vería la piel de marfil de Haruka siendo tocada por la luz de plata, mientras ella seguía en la sombra, todas sus faltas escondidas en la oscuridad.

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Que opinan, Michiru debe decirle, o no? Digo, ya esta mal parada frente a Haruka, no creo que pueda caer mas.