Porfin sabremos que paso entre Uranus y Neptune. Estos es muy emocionante...
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Tokio, Junio 16, 1999
Neptune sabia por la línea tensa en la mandíbula de Uranus que se estaba preparando mentalmente para matar, si era necesario, a una chica inocente. Estaba muy caliente. El sol se metía brillando rojo sangre sobre el mar, y el cabello de Neptune caía pesado y húmedo por sudor, picándole la parte trasera de su cuello. No había viento lo cual hacia más difícil respirar y sus músculos ya estaban pegajosos y húmedos por la larga persecución que las había dirigido ahí, a la colina la cual Neptune pensaba que era el infierno.
La chica estaba frente a ellas, finalmente; cansada, rodeada, peligrosa. Ella era el enemigo y tenía que ser derrotado a toda costa, pero todo en lo que Neptune podía pensar era que ella no era ni siquiera mayor a Hotaru.
Si Uranus era torturada por los mismos pensamientos, su cara no lo mostraba. Resuelta, dio un paso enfrente y con voz fría que no daba espacio a la compasión.
"Tú eres la que ha sido mandada a matar a nuestra princesa. Te has estado escondiendo en este planeta por semanas, buscándola"
"Si," La chica respondió simplemente.
"Ahora que te hemos encontrado, no permitiremos que completes tu misión." Uranus pauso pesadamente. "Tienes solo una oportunidad, vete ahora. Regresa a tu mundo, no molestes más, y no te lastimaremos" Sin duda alguna, era una amenaza.
Hubo una expresión de dolor en la cara de la chica, un dolor tan grande que una chica tan joven no debería experimentar. "No puedo hacer eso." Susurro."
"En ese caso." Con ninguna muestra de emociones, Uranus empuño la espada del espacio y la sostuvo frente a ella, su punta señalando al enemigo. El acero brillaba salvajemente. Lentamente, dio un amenazante paso al frente.
La chica pareció encogerse ante la Senshi del Viento. Parecía inofensiva, sin armas, y sus ojos salvajes llenos de miedo miraban por encima del hombro de Uranus buscando desesperadamente los de Neptune.
"Michiru," le imploro, su voz baja llena de pánico.
Talvez fue por eso que todos se desencadeno de esta manera. Talvez si Tamiko le hubiera hablado a Neptune, hubiera recibido indiferencia. Talvez la plegaria de la chica alienígena no hubiera movido el corazón de una soldado. Pero Tamiko llamo a Michiru. La parte de ella que era humana, la parte de ella que ama a su hija que no era diferente de Tamiko. A la parte que ama crear más que nada, ya sea música o pintar o su vida con su familia.
Y la parte de Neptune que era Michiru estaba aterrorizada que esto pasara. Que el mundo se ha vuelto tan oscuro que una chica inocente deba de morir por estar atrapada en una pesadilla de la cual no tiene control.
Como soldado, era su deber.
Como ser humano, era impensable.
En los días del Milenio de Plata, no hubiera habido ningún conflicto. Neptune vivía para servir, proteger y todo lo que fuera necesario. Pero ahora, en esta vida, Michiru era una gran parte de ella como para ser ignorada. Talvez Uranus pudiera decir que la hacía débil. Talvez tendría razón, pero no importaba. Esto no era el Milenio de Plata y recordar los siglos de soledad, Neptune no podía sentir pesar.
Se paró frente a Uranus y Tamiko.
"Uranus." Dijo "no podemos hacer esto."
Uranus se detuvo abruptamente, su cara casi cómica por la sorpresa. Neptune pensó, en Haruka. En como se ve cuando Michiru le hace alguna broma tonta. Recuerdos de momentos alegres que no tenían lugar en el campo de batalla.
"A que te refieres?"
No había sospechas en la voz de Uranus, no aun. Inclino su cabeza confiadamente hacia Neptune, esperando una respuesta que tuviera sentido. Una respuesta de una soldado. Una respuesta que jamás llegaría.
"Tamiko no ha estado haciendo estas cosas por decisión propia," Dijo Neptune. Era difícil mantener su tono de voz; su corazón martillaba su pecho, como un motor Victoriano. Cuando le dijo a Uranus, cuando le dijo a Uranus, como lo sabía…
Neptune se detuvo, respiro y prosiguió. "Metalia la ha estado forzando, amenazándola. Le ha dicho a Tamiko que si no mata a Sailor Moon, Metalia no solo matara a su familia sino destruirá su planeta entero. Ella ha venido de un mundo que ha sido totalmente esclavizado."
"Y cómo es que sabes todo esto?" Había confusión ahora, pero no sospecha. Uranus pensó que, talvez, Neptune lo había visto o sentido en su espejo.
"Lo sé porque me dijo hace dos semanas atrás."
Inconscientemente, Neptune hizo puño su mano enguantada mientras miraba la cara de Uranus, esperando a que lo entienda, esperando a que su expresión cambie.
Y aun así, no podía comprender. "Dos semanas atrás…?"
"Si, el día que vi a Tamiko en mi espejo y las dos salimos a buscarla para ver si podíamos encontrarla. No separamos, tu no la encontraste, pero yo sí."
"No, no la encontraste. Tú me dijiste-"
"Te dije que no la encontré. Te mentí." No había forma de disfrazar las palabras, así que Neptune solo lo dijo, queriendo terminar lo más rápido posible. Ella se lo dijo mirando los ojos de Uranus, debiendo le ese respeto, y oh, fue como ver caer ciudades enteras. Mundos completos murieron en los ojos de Uranus cuando por fin comprendió, y mientras las palabras se acomodaban en su cabeza se dio cuenta que su compañera la había traicionado y la había engañado, para proteger al enemigo que traía destrucción a la tierra.
Su propio corazón se rompía dentro de ella pero Neptune siguió, sabiendo que era casi imposible pero necesitaba que Uranus entendiera porque hizo eso tan terrible. "Encontré a Tamiko, pero me suplico que no la descubriera. Me dijo lo que te cabo de decir. Me dijo que odia a Metalia y quiere liberarse de ella. Pero sabía que si te decía a ti o las otras acerca de ella la pondrían en peligro. Y no podía tomar el riesgo de decirle a la Princesa. Metalia le puso un fragmento de roca de su sol dentro del corazón. La llena con el poder de Metalia, con su odio. Temía que si la dejaba cerca de la Princesa, Metalia tomara poder de ella."
"Así que todo este tiempo que hemos estado buscando a Tamiko-"
"Yo sabía en donde estaba," dijo Neptune, su voz absurdamente calmada. Podía sentir como temblaba por dentro, pero era demasiado orgullosa para dejarlo ver. "Eh estado buscando una manera de ayudarla. De librarla de la influencia de Metalia."
"Déjame adivinar," Las voz sarcástica de Uranus. "No lo has logrado."
"No aun. Pero-"
"Pero nada! La chica es el enemigo. Todas han estado agotando sus energías tratando de encontrarla, sabiendo lo peligrosa que es para nosotros. Y todo este tiempo tú la has estado protegiendo, mintiéndonos. Poniéndonos en peligro."
"Lo se Uranus! Y me odio por eso. He odiado cada minuto de ello. Pero no te la podía entregar. Qué pasaría si fuera Hotaru? Si fuera ella atrapada en otro planeta sola. Siendo profanada lentamente por un alíen que posee su corazón? No querrías que alguien la ayudara, que le mostrara misericordia?"
"Esa niña no es Hotaru, ella no es nada para mí. Nada, excepto el enemigo."
Los ojos de Uranus estaban muertos, negando cualquier posibilidad d reconciliación. Cuando Neptune recién conoció a Uranus, todos esos años atrás, no confiaba en nadie-ni tantito. Lentamente Neptune fue quien gano su confianza. Neptune se convirtió en quien Uranus confiaba, la única persona en el universo que esperaba que nunca le mintiera, que nunca la traicionara.
La confianza estaba rota ahora, y Neptune lo sabía, talvez nunca la consiga de nuevo. Sabía que si quería podía seguir peleando con Uranus, pero ahora no había tiempo para eso, con una batalla cerca y el dolor fresco.
La desesperación crecía en Neptune y Tamiko miraba hacia el cielo.
"Oh no," susurro. "Los guerreros de Metalia vienen. Puedo sentirlos."
Uranus miro a Neptune con sus ojos salvajes llenos de ira. "puedo sentir a las demás. Casi llegan. Que vas hacer Neptune? De qué lado estas?"
Esta vez fue Rei quien sintió la presencia de Tamiko, y aviso a las demás que inmediatamente se juntaron para iniciar la búsqueda. Neptune no pudo hacer nada para evitar que descubrieran en donde estaba Tamiko., pero naturalmente cuando se trataba de persecuciones Uranus y Neptune dejaban atrás a las demás, porque nadie podía seguirles el paso cuando corrían juntas. Pero todas llegarían pronto, todas, incluyendo la Princesa.
Y sabiendo mejor que Uranus la fuerza del espíritu malvado que residía en el corazón de Tamiko, Neptune temía secretamente que la niña que hasta ahora había podido resistir no pudiera más y que Metalia tomara control sobre ella en cuanto vea a la Princesa y deje salir sus terribles poderes sobre ellas.
Esta era la oportunidad de Neptune. Este era su momento de decisión. Estaría con sus compañeras para proteger a la Princesa, o trataría de defender el alma de una joven niña que seguramente ya estaba perdida?
Chipas de fuego comenzaron a caer del cielo que oscurecía. El enemigo estaba sobre ellas. Al mismo tiempo el resto de las senshis apar3cian en la colina. Todas ellas. Mercury, Mars, Venus, Jupiter, Pluto, Saturn, y Moon, la princesa de todas ellas.
Las senshis llegaron a pelear contra los demonios flama que caían en tierra como bombas de fuego. Truenos iluminaban el cielo, y las sailor guerreras se movían rápidamente, al encontrarse con su oponente en combate. Había gritos y gruñidos por la rapsodia acuática de Mercurio que acababa con filas de demonios, seguido por un terrible olor a quemado, mientras Jupiter usaba su trueno de Jupiter para mandar corrientes eléctricas por el agua para terminar con lo que quedara de ellos. A la mitad de todo estaba la Princesa, mirando toda la violencia que había a su alrededor, con tristeza y una expresión de no comprender porque.
Y mientras observaba, sus ojos azules se cruzaron con los de Tamiko, le sonrió una sonrisa bella y gentil. Le hablo suavemente, en una voz que no se escucharía sobre una batalla, pero lo hizo.
"Tú eres la que ha estado buscándome," dijo. "pero no entiendo porque. Porque quieres hacer estas cosas tan terribles? No hay alguna forma en la que tú y yo nos podamos poner de acuerdo.?
Si temor dio un paso hacia Tamiko.
"Aléjate de ella!" Uranus le advirtió, moviéndose a bloquear el camino. "Esa niña está llena del poder de Metalia. No tiene control de lo que hace. Debemos destruirla."
Tamiko dejo salir un quejido fuerte y se dobló como si le doliera. "Michiru" grito, sollozos salían de sus labios. "Ayúdame, por favor, estoy tratando de luchar, pero es muy difícil."
Pasando el brazo de Uranus que la detenía, Moon corrió directamente hacia la niña atormentada y se arrodillo junto a ella, colocando una mano en su hombro. Lo que quería conseguir con esto no estaba muy claro; quizás ella solo pensaba en confortar a la chica. Pero en cuanto toco la piel de la niña, se oyó como un trueno y una luz como relámpago destello en el cielo, haciendo que el cabello del cuello de Neptune se erizara. Sintió el poder surgir de la niña, la oscuridad de él, el odio. Todo eso saliendo hacia la frágil joven, la Princesa.
Moon casi no tuvo tiempo de gritar cuando fue lanzada por la energía y caer con un fuerte golpe metros lejos de ella. Pluto que estaba más cerca, corrió hacia ella, arrodillándose a su lado y acercándola hacia su pecho.
Neptune sintió como el viento se hacía más violento a su alrededor, y volteo a ver a Uranus, que miraba a la indefensa niña con ojos fríos e imperdonables.
"Está bien," dijo Pluto, ojos granate observaban lo tenso de la situación entre Neptune, Uranus y Tamiko. "La princesa sigue con vida." Ella talvez quería ayudar, pero esa no fue una opción dada a ella. Los demonios comenzaban a rodear a Pluto y a la Princesa caída, y una a una la senshis fueron forzadas a dejar sus posiciones para formar un círculo de defensa alrededor de la chica inconsciente.
Tamiko miro suplicante a Uranus y a Neptune. "Lo lamento," dijo. "No pretendía hacer eso, Lo juro. El poder solo…solo reacciono cuando ella me toco. No había nada que pudiera hacer."
"Eso es muy probable," dijo fríamente Uranus. "Pero si no puedes controlar la oscuridad que Metalia puso en ti, esa es una razón suficiente para no mostrarte misericordia."
"Por favor," Tamiko suplico. "Ayúdame…"
Uranus miro a Neptune, ordenándole. "Neptune!"
Neptune sabía lo que se le estaba mandando. La estaban mandando a completar su misión como guerrera. Destruir al enemigo que ponía en peligro su mundo y a su Princesa.
"Michiru," oyó a Tamiko como un susurro muy débil.
Era una súplica que Neptune no podía ignorar. No cuando pensó en la historia de su propio mundo, todos los inocentes atrapados en el fuego cruzado en la batalla interminable del bien y del mal. Las caras de esos jóvenes de la academia Mugen, de los cuales salían demonios de dentro de ellos y no fueron tan suertudos como Hotaru, no eran inmortales y no tuvieron otra oportunidad.
Y por eso, suplicándole a cualquier Dios que la pudiera perdonar, Neptune –Michiru- tomo una decisión. Se movió de su posición al lado de Uranus para ponerse cara a cara, parándose protectoramente frente a Tamiko.
"No, Uranus. No dejare que la lastimes. No hasta que la Princesa haya intentado ayudarla. Talvez ella pueda hacer algo."
El viento se volvió aún más violento en el cielo. "Tu viste lo que le pasa a la Princesa cuando la toco! Pudo haber muerto!"
"La Princesa trataba de ayudarla."
"La Princesa es demasiado buena para su propio bien. Lo sabes. Tú sabes que por eso es que existimos. Para hacer cosas que ella no puede. Cosas que no debería hacer."
"Como matar niños?" demando Neptune
Los ojos de Uranus destellaron. "Si es necesario, Si salva al mundo."
"Y que hay acerca de su mundo?" Neptune pregunto suavemente.
Uranus miro a Tamiko, una ligera sombra de simpatía atravesó su rostro. "Si Metalia vive en su sol, su mundo ya está perdido," murmuro con una voz rasposa. "Tú sabes eso Neptune. Tu estaba ahí la última vez que Metalia trajo el fin de nuestro mundo. Tú y yo estuvimos ahí, hasta el momento final. Vimos nuestras ciudades caer y nuestros planetas con ellas. Vimos a nuestros camaradas muertos alrededor de nosotros. Vimos como descendía la Hoz del Silencio y partió en dos lo que quedaba del universo. Eso es lo que le espera a su mundo, y no lo podemos cambiar. Pero todavía hay esperanza para este mundo. Esperanza si tú y yo estamos juntas, Neptune."
Le tomo todas sus fuerzas a Neptune para no sucumbir. Se le estaba ofreciendo redención, y con cada fibra de su cuerpo deseaba tomarla. Para así nunca más volver a ver la mirada de resentimiento de Uranus. Quería desesperadamente sentirse limpia. Pero sabía que no lo seria si mataba a otra persona inocente, incluso una que talvez ya fue corrompida más allá de su inocencia y no había como curarla.
'Lo siento Uranus," susurro.
Neptune sentía como todo el universo se estremecía a sus pies cuando levanto su espejo contra Uranus. Esto estaba mal a niveles cósmicos; lo podía sentir en sus huesos. Dos guerreras que siempre han peleado lado a lado, estaban enfrentados la una a la otra y apunto de librar una terrible batalla por un alma ya perdida de una niña que se podría considerar ya muerta.
'Traidora" siseo Uranus, su espada resplandecía en su mano.
Neptune la miraba suplicante. "Solo espera," le suplico. "Solo hasta que la Princesa despierte. Talvez haya algo que ella pueda hacer."
"No hay tiempo," dijo Uranus con voz triste. "La influencia de Metalia crece a cada momento. Si no la destruimos ahora, se puede hacer as poderosa."
"Muy bien" dijo Neptune, y su voz era eternamente triste como el mar. "En ese caso, pelearemos." Transfirió su espejo a su mano izquierda y recogió la espada de uno de sus enemigos caído con la derecha. Se sentía extraña en su mano. No estaba acostumbrada a pelear así, y pensó rápidamente en lo inteligente que era poner su futuro en el arma de un enemigo. Probablemente le traería terribles consecuencias, pero no había tiempo de reconsiderar su estrategia. Uranus ya estaba atacando, e instintivamente Neptune levanto su espada robada.
Al primer choque de las armas, la tierra se abrió. Todo alrededor de las dos senshis se partió, partes de la colina se caían al vacío. Pluto, Saturn y las otras, anteriormente muy ocupadas protegiendo a la Princesa, miraron hacia el sonido y se horrorizaron por lo que sus ojos veían.
Golpes caían rápidos y furiosos, chispas volaban hacia la noche, caras distorsionadas de una animosidad enfermiza. Uranus y Neptune pelaban la una contra la otra mientras Tamiko seguía escondida temblando. Jupiter y Venus corrían a para separar a la pareja, pero Pluto no se los permitió.
"No!" exclamo. "Que no ven que en ese estado mataran a cualquiera que se ponga en su camino?"
"Porque se están peleando?" pregunto Saturn, la voz temerosa de una hija asustada y confundida se podía oír sobre su tono de voz de guerrera.
Pluto frunció el ceño, "No se" sus ojos miraban a Tamiko, y los ojos negros llenos de terror de Tamiko la veían a ella.
Cuando hubo una oportunidad, Pluto se levantó, haciendo exactamente lo que les había advertido a las otras que no hicieran. Lo vio cómo su responsabilidad, talvez, no solo por ser la mayor sino por ser su amiga más cercana.
"Uranus, Neptune, porque hacen esto?"
Respirando con dificultas, Uranus limpio el sudor de su frente, su cabello húmedo pegado a su piel. 'Neptune le ha estado ayudando secretamente al enemigo," dijo, "por semanas ha sabido la ubicación de la niña y no las ha ocultado. Me ha dicho que no me permitirá acabar con ella; que la quiere salvar. Pero mira lo que esa niña le ah echo a nuestra Princesa- mira la guerra que nos a traído. Es mucho peligro como para salvarla. Debe ser destruida."
"La niña es una víctima inocente!" Neptune se defendió, su voz chillona muy lejos de su usual tono calmado.
Pluto veía en Neptune simpatía y entendía porque lo hacía, pero no había lugar para aceptaciones.
"Talvez lo que dices es cierto," Pluto dijo calmadamente. "pero mira Neptune, nuestra Princesa está herida y las demás siguen peleando para salvarla de los monstros que con gusto la despedazarían. Estas tomando energía de nosotras con tus acciones. Has creado divisiones que no nos podemos permitir."
"Entonces condénenme y déjenme a mi destino," dijo Neptune, herida por las palabras de Pluto y por el temor en su corazón que sabía que tenía razón.
"Tu destino?" inescrutables ojos granate buscaban la cara de Neptune, tratando de decirle algo que talvez ella todavía no entendía. "Uranus es tu destino y siempre lo será. No puedo quedarme aquí a discutir. Venus ha caído y tengo que ayudar a las otras.
Una mirada rápido confirmo lo que Pluto dijo. Neptune vio a la chica de cabellos rubios en el piso, su uniforme manchado de sangre, y solo podía orar para que no estuviera muerta.
"Hagan su deber, ambas," fuero las últimas palabras que Pluto murmuro antes de ir a ayudar a las demás.
Si había un mensaje oculto aparte del obvio, Neptune no tenía tiempo para descubrirlo. Ciertamente Uranus no tenía ninguna duda de lo que Pluto había dicho. Crujían sus dientes, su espada en mano, y se movía hacia Neptune una vez más.
"No te preocupes," murmuro. "no eh olvidado mi deber."
Y de nuevo sus espadas de encontraron, Uranus y Neptune siguieron con su ira, todo el poder de siglos de proteger la galaxia se usó para luchar una en contra de la otra. Uranus era más fuerte, pero Neptune era ingeniosa. En una serie de movimientos logro cortar la piel de Uranus con la punta de su espada, nunca lo suficientemente fuerte para lastimarla e verdad, pero si para hacerla enojar aún más. Neptune sabía perfectamente que ella no podía ganar esta batalla. No sosteniendo una espada enemiga, no cuando Uranus peleaba con una espada que era como una extensión de su mismísima alma, no cuando Uranus está acostumbrada a pelear así y Neptune no.
Pero ella no quería ganar, Ella no quería lastimar a Uranus, no realmente. Solo quería mantener a Uranus ocupada el tiempo suficiente para que la Princesa se despierte y detenga esta locura. Si Neptune seguía creyendo en algo, era en ella. Ella había presenciado como la Princesa curaba a las personas más haya de posible. Si tan solo se despertara, ella talvez podría terminar con esta pesadilla.
Los ataques de Uranus se volvían más veloces, más salvajes. Los músculos de Neptune gritaban en agonía, pero ella seguía bloqueando los ataques, en modo defensivo ahora. Cuando vio una entrada Uranus no dudo en tomarla, se acercó y golpeo a Neptune fuerte en las costillas. Neptune inmediatamente se agacho por el dolor, oliendo la esencia de su amante, en un contexto que nunca se imaginó.
Parándose sobre ella, con sangre goteando de las muchas heridas que Neptune le causo con su arma, Uranus la miro hacia abajo con una cara casi de desesperación. Le pudo haber pedido a Neptune que se hiciera a un lado. Pudo haber terminado esta pelea y con el último golpe ganarla. Pero ella no hizo ninguna de las cosas. En vez de eso, con un tono entre enojo y confusión, le demando "Porque te detienes?"
Usando su espada robada como bastón, Neptune se levantó del suelo. "Porque no quiero lastimarte," dijo honestamente, mirando en esos ojos que ella conocía muy bien. "solo quiero proteger a Tamiko"
"Ella ya no puede ser ayudada,"
"talvez, pero necesito intentarlo."
"Peleas con el arma del enemigo."
"Tu peleas con el arma de un Dios y la usas para propósitos malvados. Dime, que es peor?
Enojada por los desplantes de Uranus, Neptune la ataco con energías renovadas, ahora no solo peleaba por tiempo. Cualquiera que fuesen las circunstancias, ella pelaba con todo lo que tenía, ella intentaba hacer lo que era correcto y no le parecía justo que todas las demás, que todas sus compañeras senshis la juzgaran por eso. Ella vio la sorpresa en la cara de Uranus por el poder repentino de sus ataque, y pronto tuvo miedo de lo que haría si tuviera la oportunidad de dar el golpe de muerte.
Alrededor de ellas, las senshis exhaustas por fin habían terminado con los demonios. Jadeando, algunas cayendo al suelo, otras tapando sus heridas. Ellas solo podían ver como los elementos del agua y del aire peleaban, consumidas por la furia.
Nadie noto como cuando Moon comenzó a moverse. Gruñendo se sentó tallándose los ojos y lloro cuando vio a Uranus y Neptune. Algo en su voz atrajo la atención de la asustada Tamiko, quien levanto su cabeza para mirar. Los ojos de la Princesa y los de Tamiko se unieron.
Un cambio repentino vino sobre la niña; un terrible cambio. Su cara de deformo con odio que dejo salir con un grito que no era humano. Incluso Uranus y Neptune se detuvieron al oírlo. Tamiko se puso de pie, todas pudieron ver sus ojos flamantes. El fuego ardía tras sus pestañas, como si estuvieran hechos de lava, y se reía maniáticamente mientras levantaba su mano al cielo, fuego comenzaba a verse en la punta de sus dedos.
"Neptune!" Uranus le rogo, "tenemos que matarla!"
Mirando en horror, Neptune quería estar de acuerdo. Pero entre el humo vio a Saturn -Hotaru- y recordó la voz llena de terror de la niña suplicando por ayuda.
"No," dijo9apretando el mango de la espada.
Uranus levanto su propia espada. "Entonces ayúdame Neptune" Casi estaba llorando. "No me hagas hacer esto, por favor."
Neptune vio que Uranus se estaba preparando. Ella ha visto a muchos enemigos caer por estas envestidas. La inevitable muerte llegaba en la punta de la espalda de la serena y bella guerrera. Dejo caer su espada robada. Ya no le serviría de nada. Ella también tenía su última carta para jugar, la carta de la desesperación.
Levanto su espejo. Muy tarde, los ojos haciéndose grandes en horror, Uranus se dio cuenta de lo que iba a hacer.
"Reflejo Submarino!" Grito Neptune, dirigiendo las olas de color plata hacia su enemiga, su amante, su amiga. La mujer que ha significado tanto en esta vida y en muchas otras.
Mirando hacia atrás, como la ah echo muchas veces, Neptune se preguntó si su verdadera traición comenzó ahí. La orgullosa Uranus, ha compartido con Neptune secretos que no quería que nadie más supiera. Sus momentos de incertidumbre, de fragilidad; los momentos en los que no podido ser fuerte y lágrimas salían de sus tormentosos ojos grises. Esto es lo que Neptune le mostro a ella esa noche, a ella y a todas las personas presentes; incluso a Tamiko. Incluso a Metalia.
Sus padres que la habían abandonado. La gente que la había molestado. Las que la habían rechazado. Atormentado.
Uranus, la una vez orgullosa guerrera; rota. Nada más que una niña llorando en el regazo de su amada.
Solo una pequeña parte, porque ya no había tiempo de ver más.
Hubo un grito de batalla que solo le podía pertenecer a Uranus. Hubo una rápida briza de viento en la cara de Neptune y una ráfaga de azul y plateado mientras Uranus corría atravesó del cruel reflejo del espejo. Hubo una línea dorada que brillaba n la noche mientras Uranus baja su Espada del Espacio, agarrada con dos manos, sintiendo a Neptune y trayendo la batalla a su final.
Neptune sintió un agudo dolor mientras la espada cortaba su piel, pero no tanto como lo había pensado. Shock talvez, o incredulidad. Su cuerpo negando la severidad de sus heridas, talvez podría vivir unos agónicos minutos más. No recuerda haberse caído pero estaba en el suelo, sus manos intentando detener instintivamente la sangre que salía de su pecho. Uranus sobre ella, mirándola como si no pudiera creer lo que veía, y Neptune se preguntaba si Uranus en verdad quería esto, que si en verdad quería matarla. Ese pensamiento le dolía más que la herida que tenía en su pecho.
Solo el intentar respirar era demasiado doloroso. Neptune podía sentir la sangre en sus labios, un cálido liquido pegajosos correr a sus pulmones que hacía sentirla que se ahogaba. Bueno, pensó histéricamente, siempre se habían preguntado qué era lo que podía matar a una senshi. Talvez ahora lo descubran.
Imperceptiblemente Uranus comenzó a agacharse, lágrimas de remordimiento formándose en sus ojos. Pronto la alcanzaría, y le suplicaría perdón por sus terribles acciones, y la confortaría con sus manos. Era bizarro, pero Neptune lo deseaba. Deseaba que las mismas manos que la había herido le dieran confort. Las únicas manos que podían hacerlo.
Pero las cosas no se desenvolvieron así. La Princesa se levantaba en sus pies, temblando, vio lo que sus guerreras se habían echo la una a la otra. Dio unos pasos hacia ellas intentando ayudarlas. Tamiko grito de nuevo y fuego surgió de sus manos, ya no apuntando hacia el espacio, sino directo a la Princesa.
Uranus corrió y Neptune vio como era cubierta en llama y dejo caer cálidas lágrimas a la tierra. Sobre ellas una estrella brillaba en el cielo, los aterradores gritos de la gente de Tamiko silenciados por la distancia del espacio. Y una inocente niña fue despedazada por el odio de Metalia, y Neptune supo que les había fallado a todos.
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En verdad no se en que pensaba Neptune. Incluso escribirlo me costo trabajo, digo, que diablos pensaba. Y luego traicionar a Uranus de ESA manera.
Bueno ese en mi pensar, dejemne sus opiniones.
