Notas:
Advertencia: Slash (BL), AU, creature fic, Dark Harry, mpreg.
Si no es de tu agrado este tipo de género ya estás siendo advertido.
Hola:
Ya edité el capítulo porque estaba muy corto, espero que no se note que eran 2 distintos. Hubieron algunos cambios no muy importantes así que no hay problema si no lo vuelven a leer.
Una duda: los documentos guardados tienen ciertos días de vida, ¿cuándo pase ese tiempo se borraran? y si es así ¿cómo hago para evitarlo?
Gracias a Fdm por comentar.
Capítulo 3: Los ideales de un Slytherin.
"Culpo a todos por no ver"
Bostezó por segunda vez en la noche intentando escribir las cartas para su padre y su abuela.
Su compañero de habitación ya estaba dormido.
Su padre se había pasado horas contando lo grandiosa que era su sala común, sobre los dormitorios que compartía con varios compañeros y la idea le había desagradado.
La habitación era amplia y sólo tenía que compartirla con una persona, el piso era de piedra y las paredes volvían lúgubre la estancia a pesar de las lámparas en el techo, la ventana no permitía el ingreso de la luz, veía el agua y algunas algas flotando.
Estaba bajo el lago.
Sonrió, con suerte vería al calamar gigante asomarse.
Caminar descalzo sobre el piso de piedra enviaba escalofríos a su cuerpo.
— ¡Inútil! ¡Estúpido! A caso no puede hacer nada bien.
Salió de la habitación tratando de no hacer ruido, tratando de no llamar la atención de cualquier otro estudiante.
Draco Malfoy tenía el rostro rojo debido a su enojo.
Pasó la mano por sus cabellos ahora sueltos, la camisa negra del pijama de seda tenía abiertos los 3 primeros botones, sus pies también estaban descalzos.
Él brillaba en la oscuridad a diferencia de Harry que desaparecía en ella.
La oscuridad lo tragaba.
Su padre le compraba ropas con colores claros o brillantes de más pequeño, porque los colores oscuros le daban un aspecto siniestro, casi demente.
Se subió a uno de los muebles apegándose al rincón, mirando al fuego crepitar en el interior de la chimenea, deseando olvidar sus pensamientos.
Entre las sombras Harry le observaba detenidamente hasta que el reloj marcó la una de la madrugada y supo que tenía que irse a dormir.
Tenía clases en la mañana y Draco no parecía tener intenciones de moverse.
Volteó sin hacer ningún tipo de ruido encaminándose a su habitación atravesando el pasillo.
Abrió la puerta con cuidado, ingresó y esperó a que sus ojos se acostumbrasen a la oscuridad.
Con cuidado avanzó hasta su cama, se acostó bajo las mantas y se encargó de bajar las cortinas para tener intimidad.
Podía oír la suave respiración de Nott al costado, Theodoro Nott como él se había presentado para luego acordar normas durante su estancia en el colegio.
Nott era alguien agradable a su manera.
Se acostó de costado mirando la oscuridad que le envolvía.
Draco.
¿Él seguiría en la sala común?
Cerró los ojos pensando que debía darle las gracias a su padre por darle la capa de invisibilidad.
Durmió con la imagen de Malfoy en su mente, sin ser consciente que en esos instantes él lloraba.
Había dejado la daga en su habitación y en medio de su desesperación usó los dientes para aliviar el dolor y la tensión que embargaban a su pequeño cuerpo.
Mordió lejos de la muñeca para que nadie lo viese ya que su piel se marcaba fácilmente, soltó el agarre y observó por unos segundos las marcas de sus dientes en su brazo.
El dolor había sido un alivio, su cuerpo se sentía laxo, relajado, casi como si flotase.
Se puso de pie, acomodó su pijama mientras terminaba de abotonar su camisa, para luego dirigirse a su habitación desbordando seguridad y arrogancia como si aquel declive nunca hubiese sucedido.
Alguien como él no podía ser débil.
Ojalá Goyle hubiese caído presa del sueño y no lo estuviese esperando con mil disculpas en sus labios.
-El príncipe mestizo-
Querida abuela:
He sido seleccionado en la casa de Slytherin como te lo mencioné en la estación del tren.
Tus consejos me han sido muy útiles, gracias a los libros que me diste las clases dadas por los maestros no han sido difíciles.
Supongo que padre estará indignado, pero tú me dijiste que no podríamos traer más deshonra a la familia.
Voy a lograr que te sientas orgullosa abuela y ojalá algún día me entregues el anillo.
Tu nieto que te estima.
Harry.
Ella sonrió al terminar de leer la carta, pero este era el comienzo, aún faltaba mucho tiempo para que considerase entregarle el anillo de su familia.
El anillo que nunca le entregó a James.
Indignado era poco, su hijo había hecho un escándalo al enterarse. Palabras sucias salieron de su boca sin refreno mientras su rostro mantenía una expresión de incredulidad.
-El príncipe mestizo-
Hoy iba aprender a levitar una pluma, error tras error se veía en cada mesa de trabajo.
Una explosión ocurrió en la mesa de un Gryffindor después de recitar el hechizo.
—Longbottom que patético—se burló.
Una sonrisa escapó de sus labios, para él escuchar hablar a Draco era un gusto, oír su voz le provocaba un sentimiento extraño en el pecho.
—Muy bien señorita Granger—felicitó el profesor.
Sintió la tensión crecer en unos segundos, los de su casa tenían un severo problema con la pureza de sangre.
Lo había hecho sonar como un chiste cuando no había ninguna gracia en ello, incluso él recibía burlas de vez en cuando por esa mujer, su casa estaba compuesta mayormente por portadores y sangre pura, ser un mestizo y pertenecer a Slytherin era un honor.
Draco venía de una línea pura de portadores y se suponía que tenía que ser mejor que todos o al menos eso se esperaba, pero aquí esta chica de Gryffindor lo había superado.
Se levantó y se fue al terminar la clase.
Ronald Weasley vio a Harry irse y pensó que debía estar pasándosela fatal, las veces que lo había visto estaba solo, no hablaba con nadie, ni siquiera compartía unas palabras con sus compañeros de casa.
Era un error que Harry estuviese en Slytherin, él no pertenecía a ese nido de serpientes.
Pero lo dejaría ahí, él lo conocía y a pesar de que su familia no tenía tanto dinero, él era un sangre pura a diferencia de Harry.
Nadie podría quitarle eso.
-El príncipe mestizo-
Escuchó su risa tras él, los pasos de los demás estudiantes y podía imaginárselo caminando en medio de esos dos tipos.
Se apegó un poco a la pared y por un breve instante sus caminos se encontraron.
-El príncipe mestizo-
Era hora del almuerzo.
—Potter, ¿podrías prestarme alguno de tus libros? —le preguntó.
Volteó a verle enfocando su vista en el rostro de uno de sus compañeros, sopesando las posibilidades.
— ¿Cuál quieres? —accedió.
Potter no era alto ni parecía fuerte, era todo lo contrario; él era pequeño y delgado.
Se veía frágil.
Quizás lo único que resaltaba eran sus ojos, ocultos tras las lunas de los lentes, sus ojos eran de un color verde intenso.
Nott a su corta edad sentía que debía tenerle cuidado, él no le había comentado esto a alguien porque incluso para él la idea resultaba ridícula.
Potter podría ser cualquier cosa, menos peligroso.
Malfoy estaba tan concentrado en sí mismo que ni siquiera notaba su existencia, pero no lo podía culpar porque este se esforzaba en no ser notado.
El silencio es una virtud.
Porque al estar en silencio podías oír a los demás.
Nott lo sabía porque él también poseía aquella virtud.
Por ejemplo Theodoro Nott había escuchado de la daga de Malfoy.
—Glosario de pociones y la introducción.
—Está bien. No hay problema—le respondió—sólo tienes que devolverlos tal cual te los entregué.
—No tienes por qué preocuparte. Amo los libros—diciendo lo último con un intento de sonrisa.
—Ok.
Harry Potter despertaba su curiosidad y además si sus presentimientos estaban en lo correcto, lo mejor era hacerse su amigo.
La amistad es otra forma de nombrar a una alianza.
Tomó un poco de su jugo de calabaza mientras observaba a los mayores en el fondo de la mesa, pronto tomarían sus lugares.
Tenían que prepararse para salir de los muros.
Notas finales:
¿Fue natural o se vio forzado?
Espero que les haya gustado tanto como a mí me gustó escribirlo. Sumergirme en el mundo de Harry Potter es un alivio cuando me encuentro hastiada.
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