Hazbin Hotel no me pertenece es propiedad de Vivienne Medrano (Vivzie Pop), yo sólo tomo a los personajes para fines de esta historia.

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Capítulo 3. El cazador de las sombras.

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Un grito pulsó con salvaje agonía desgarrando el aire nocturno.

El corazón de Travis golpeó con precipitada adrenalina mientras se arrastraba en busca de seguridad, sin embargo el sucio y abandonado callejón por el que gateaba no le dio ninguna oportunidad de alcanzarla.

La muerte estaba frente a él. Se dijo a sí mismo incapaz de pensar en otra cosa que no fuese ese destino inmerecido. Dos horas atrás se encontraba perdido en los contratiempos de la vida pasando el tiempo con su amante en turno de esa noche y ahora estaba siendo cazado como un vil animal al extremo de ser acorralado en un punto vacío de esa ciudad.

¿Cazado? No exactamente, su error fue salir por esa calle y terciar hacia ese callejón desolado.

Totalmente indiferente al peligro que pudiese acechar en la oscuridad, aquel sujeto simplemente abordó a Travis y éste reconoció inmediatamente cuando lo vio, que poseía algo atemporal y amenazante en él, casi omnipotente… atemorizador.

—Llamaré a la policía, maldito hijo de puta. —gruñó Travis sin poder ocultar el dolor que laceraba su pierna izquierda por el desgarre de uno de sus tendones.

La mirada del perpetrador se alzó por debajo del cabello castaño rojizo empapado en sangre y una sardónica sonrisa tiró de sus labios, una sonrisa por demás aterradora como aparentemente cruel se dibujó en el semblante del hombre. La inmaculada camisa blanca almidonada y el chaleco color vino parecían fuera de lugar en ese deplorable y frío callejón donde las paredes estaban manchadas con las salpicaduras de la sangre de Travis.

La jocosidad iluminó los ojos del desconocido, una clara señal de que no creía ni una sola de las palabras de su víctima y que además de eso estaba disfrutando en demasía el patético intento de la presa por alargar su tiempo de vida.

Como si pudiera.

El sujeto se acercó a Travis sin borrar esa espeluznante sonrisa en su rostro, incapaz de correr o defenderse por las heridas que atravesaban su cuerpo y de las que era el causante inmediato, enterró una de las manos en el cabello oscuro y tiró de la cabeza de Travis hacia atrás en un ángulo inhumanamente posible. Esta acción hizo que la víctima soltara otro quejido agonizante de dolor y sus ojos lagrimaran en protesta.

El frío familiar de una hoja afilada tocó su piel y se deslizó en un camino descendente desde su garganta hacia su pecho, rasgando con descaro la maltrecha y sucia camisa que entonces llevaba consigo de la salida anterior. El puño se apretó aún más en el cabello de Travis ocasionando que le ardiera el cuero cabelludo.

La carne lentamente se abrió cuando la afilada hoja se hundió y bajó una vez más trazando su camino, la sangre fresca brotó manchando los trozos deshechos de su ropa. La respiración de Travis se hizo irregular cuando su cuerpo se estremeció en incesante agonía, sus ojos se cerraron y la inconsciencia comenzó a engullirlo con dolorosa lentitud.

Exhalando su último aliento, el cuerpo de la víctima cayó al suelo sobre su propio charco de sangre.

El extraño sujeto contempló la escena con una vasta sonrisa pero no sintió nada, sólo una fría y horrenda lógica que no soportaba emociones de ningún tipo.

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"Encuentran cadáver mutilado a las afueras de la ciudad, su identidad aún es un misterio para la policía local."

El rostro de Charlie palideció con las grotescas fotos de la escena del crimen que aparecían en la primera plana del periódico local, al parecer la prensa no escatimaba en modestia al develar las impactantes imágenes que la policía les proporcionó. Eran sangrientas y detalladas ¿por qué las pondrían en la primera hoja? A su parecer, fue una falta de respeto hacia la desdichada alma que encontró un fin tan atroz a manos de tan inhumano ser.

— ¿Otro? —preguntó Vaggie uniéndose a Charlie en la mesa.

Temblando en simpatía por la manera en la que el hombre murió, Charlie dejó a un lado el periódico, doblándolo de tal forma que la primera plana quedara totalmente cubierta por las otras páginas y bloqueara las perturbadoras imágenes. Cómo odiaba ese lado de la humanidad, donde las personas eran capaces de hacer cosas horribles a los demás.

—Fue un hombre en esta ocasión Vagg.

—Leíste la nota —No fue una cuestión. Vaggie tomó el periódico y comenzó a leer sin inmutarse en lo más mínimo por la criptica noticia, aunque eso no evitó que una ligera mueca deformara su rostro por el desagrado del salvajismo en el acto—. Es la tercera víctima en lo que va del mes, un cadáver por semana con un patrón indistinto.

La mujer rubia asintió dándole la razón a sus palabras, durante esas tres semanas el periódico había informado sobre extraños asesinatos sin aparente conexión, dos de las víctimas identificadas y una aún sin confirmar por ser la más reciente.

Fue ingenuo pensar que los acontecimientos de las últimas dos semanas no se repetirían de nuevo. Dos noches atrás Charlie ignoró por completo aquel detalle al regresar a casa en soledad a altas horas de la noche por ese oscuro sendero, afortunadamente su temerario actuar no le ocasionó consecuencias. Pero claro, también fue una suerte toparse con aquel encantador extraño que la acompañó parte del camino a casa.

Ella se encontró preguntándose por él en más de una ocasión y en la posibilidad de volver a encontrarlo por las calles de la ciudad uno de esos días. La chica tomó un sorbo de su humeante café y suspiró sin razón aparente.

Tal acto hizo a Vaggie alzar la vista hacia su mejor amiga para detallar mejor su imagen, se veía igual que siempre: soñadora y perdida en su propio mundo. Bueno, era mejor verla en semejante estado que en su anterior capullo de miseria autocompasiva.

—Por cierto —llamó Vaggie tratando de distraer a su amiga de la desagradable noticia—. Angel me ayudará con el papeleo de esta semana.

Charlie arqueó una ceja incrédula por su repentina aseveración.

Angel, mejor conocido y autoproclamado como "Angel Dust", era uno de los pacientes en rehabilitación del centro. Su historial con drogas era considerable así como la promiscuidad que lo caracterizaba; Charlie y Vaggie lo acogieron en el centro después de encontrarlo al borde de la muerte en una calle por una sobre dosis de drogas.

Sin otro familiar al que recurrir, Angel fue uno de los primeros casos que las chicas aceptaron. Ahora, después de duros meses de tratamiento, el chico apenas mostraba ligeros indicios de su mejoría.

—Es un correctivo —aclaró Vaggie—. ¿Sabías que se escapó hace dos noches? Fui a dar mi última revisión cuando me di cuenta que no se encontraba en su habitación. ¡Realmente quiero matarlo! —Una pequeña vena se acentuó en la frente de la chica a causa del enojo que le causaba el sujeto.

A saber, Vaggie y Angel difícilmente congeniaban en varios aspectos y el chico era demasiado arrogante y malcriado en su actitud para con cualquiera. No era ni por asomo la primera vez que él se fugaba de su habitación en medio de la noche para ir a la ciudad, algo que por lo general siempre traía recaídas que alargaban aún más el proceso de rehabilitación.

Charlie asintió desanimadamente.

—No tenía idea Vagg, supongo que los problemas con papá y la prensa me distrajeron de los deberes. —De nuevo el sentimiento de culpabilidad la invadió. Estuvo tan ocupada lidiando con los reproches de su padre y con los del escándalo del programa de televisión que se desvió por completo de los deberes del centro.

Dejarle todo a Vaggie fue un error y no es que no confiara en la capacidad de su amiga, sino que era un trabajo pesado para ser manejado por una sola persona. Además, Angel era responsabilidad suya, era su paciente y se prometió ayudarlo a salir de ese hoyo oscuro en el que se encontraba ¿cómo podía darle la cara cuando prácticamente lo estaba abandonando?

—Hey hey cariño, no es tu culpa ¿de acuerdo? Además esto le servirá como escarmiento —Inclinó la cabeza en dirección a su amiga y tomó su mano entre la suya para tratar de reconfortarla—. No pienses en eso, mejor sigamos con las ideas para el nuevo proyecto.

Definitivamente Vaggie lograba calentar el corazón de Charlie con su apoyo incondicional.

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— ¿Estás bromeando verdad? —El chico cruzó los brazos sobre el pecho y desvió la mirada en un gesto lleno de indignación—. Por supuesto que no me pasaré el resto de la noche ordenando un montón de papeles viejos… no soy tu empleado.

Vaggie le lanzó una mirada de aprensión mal disimulada mientras trataba de calmar el instinto que gritaba que le diera un buen golpe. De hecho, su puño actuó por voluntad propia cuando se alzó en el aire; Charlie tuvo que intervenir entonces antes de que Angel terminara con un moretón en el ojo.

—No fue correcto salir sin permiso la noche anterior Angel. —declaró Charlie con un tono que no alcanzó a convertirse en una verdadera reprimenda.

Él puso los ojos en blanco y resopló ante su comentario.

— ¿No se suponía que eso formaba parte del tratamiento? Salir y tomar aire de vez en cuando —replicó tratando de justificar sus acciones—. ¡Me asfixio en este lugar! No pueden negarme la libertad de salir y divertirme. —Él levantó sus manos con dramatismo para hacer énfasis en su punto.

— ¡No cuando eso perjudica tu progreso, idiota! Tiraste a la basura los meses que llevas aquí ¿acaso no lo entiendes? —Vaggie explotó de la nada, cansada ya de la actitud infantil y malagradecida del chico.

—Como si eso me importara una mierda. Yo no pedí ser "rescatado" por ustedes dos, perras.

Con la poca disposición de Angel se estaba volviendo irrescatable ¿Cuánto tiempo más pasaría para que recayera por completo? ¿Para que escapara y no volviera al centro? ¿Para que pusiera en riesgo de nuevo su vida? Era tan imbécil y sin un sentido común.

—Repite eso en mi cara maldito cabrón.

¿Por qué empeñarse en tratar de salvar a alguien cuando era él mismo quien se condenaba para empezar? Su paciencia para con él se había acabado hacía mucho tiempo, pero eso no quería decir que ya no le importara lo que le sucediese.

Charlie tuvo que intervenir de inmediato cuando se dio cuenta de que todo se estaba dirigiendo hacia una crisis. Esta vez no hubo error en el dolor que expresó Vaggie por las palabras de Angel, las huellas del pasado de la chica de cabellera platinada todavía seguían frescas en su memoria a pesar de los años; quizá en algún momento Vagg sintió algo de empatía por el chico al saber que ella al igual que él, atravesó por algo similar en su adolescencia.

— ¡Chicos ya basta! —exigió Charlie interponiéndose entre ambos y separándolos con los brazos extendidos—. Quiero que los dos se calmen.

Reticentes, ambos retrocedieron a duras penas.

El largo flequillo platinado de Angel cayó sobre sus ceñudas facciones. Sus rasgos delicados estaban ensombrecidos y esa sonrisa picara de antaño ya no ocupaba más su rostro, una mueca tomó su lugar.

—Angel por favor entiende, nosotras sólo queremos tu bienestar —Charlie le dedicó una paciente pero estricta mirada—. Claro que puedes salir y divertirte, pero existen otras formas de diversión que no involucren el sexo y las drogas.

Contrariado por su reciente declaración, el chico le dedicó una mirada llena de incredulidad. Sí, eso rallaba lo imposible. Sin embargo, ver la expresión de tristeza en los ojos de la mujer removió algo en el interior de Angel; hubo algo innatamente convincente, imposible de ignorar e irremediablemente dulce acerca de ella que fue difícil de ignorar. Uhg.

—Y Vaggie, por favor tranquila —Continuó la chica—, estoy segura que Angel no quiso decir todo eso ¿verdad? —Siempre optimista, casi suplicó con la mirada al joven.

Charlie los quería a ambos y moriría por protegerlos así fuese de ellos mismos. Lo primordial era mantener la unidad.

La respuesta de Angel fue apenas un bufido—. Sí, claro. —Un puchero se formó casi de inmediato regresándole esa apariencia infantil.

Con dos pulgares arriba, Charlotte dio por terminada la disputa entre ambos.

Por el resto de la tarde se dedicaron al papeleo de la oficina, ordenando o desechando los viejos expedientes así como facturando los gastos del mes.

Angel se desperezó junto a una de las ventanas cuando terminó de apilar unas cajas y fue entonces cuando algo del exterior llamó su atención. Miró fijamente al otro lado tratando de detallar mejor la silueta parada frente al centro, la noche apenas comenzaba a caer sobre la ciudad por lo que las sombras dificultaban su percepción.

—Hey… hay un hombre de pie al otro lado de la reja —dijo muy alto pero sin despegar la mirada de la ventana y estrechando sus ojos aún más—. ¿Quién vendría aquí por voluntad propia de todos modos? —Esto último murmurado para sí mismo con la intención de sonar irónicamente ofensivo.

Charlie y Vaggie se miraron sin decir una sola palabra pero con una expresión de intriga y confusión en sus rostros, se acercaron a la ventana donde Angel parecía a punto de romper el cristal y salir para averiguar de quién se trataba.

Justo cuando Charlie se acercó, la figura dio un paso al frente hacia la luz de la farola recién encendida.

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Desde las sombras, vio a un ángel de dorados cabellos aparecer.

¿Qué lo llevó a ese deplorable establecimiento? Bueno, el aburrimiento parecía una buena excusa para empezar. Alastor podía darse ciertos lujos de entretenimiento de vez en cuando para darle algo de emoción a la fría y aburrida existencia.

Paseando por las calles de la ciudad tratando de parecer como si perteneciera ahí, su mente viajó a la peculiar joven que casi abordó dos noches atrás. Ella era la antítesis de su propia personalidad, Un espécimen raro en la horrible sociedad en la que vivían.

Ella era intrigante en más de un sentido. Algo acerca de ella atrapó su interés, quizá fue la inocencia que todavía parecía estar en su interior; Charlie parecía haber evitado el cinismo e hipocresía que se cernía sobre la vida. Y aun así no había nada frágil en ella.

¿A quién mentiría? La reconoció de inmediato después de ver su fiasco en la televisión esa semana, pero por el bien de sus intenciones fingió demencia durante el encuentro. Fuera de toda expectativa, hubo algo en ella que lo cautivó y que lo motivó a buscarla de nuevo.

Lástima.

Eso no era parte del plan, pero podría improvisar con ella por un tiempo.

El chirrido de las bisagras de una de las enormes rejas que cercaban el establecimiento le hizo saber que ella estaba frente a él, la sonrisa en el rostro de Alastor no flaqueó ni siquiera por el aire frío que azotó su cuerpo con inclemencia.

— ¿Qué hace aquí? Mejor dicho ¿cómo supo dónde encontrarme? —demandó la mujer en un tono alto y urgente.

Sin embargo a él le pareció casi melódico.

—Oh querida, ciertamente es difícil olvidar un rostro como el tuyo enmarcado bellamente en las primeras planas del periódico. —La voz de Alastor contenía un tinte de diversión y sinceridad.

Con un elegante movimiento se acercó a ella para tomar su mano y plantar un ligero beso en el dorso tal como lo hizo en su anterior encuentro, y ella sintió, más que oírle dar una explicación y morir de vergüenza por el comentario.

De nuevo una sensación a la que no supo darle nombre se instaló en ella pero en esta ocasión no hizo nada por apartar la mano de su toque.

— ¿Así fue? —cuestionó Charlie con vergüenza.

—Por supuesto dulzura. —mintió él con tal convicción. Algo que formaba parte de su encantadora y enigmática personalidad.

De hecho, lo único que tuvo que hacer fue regresar al lugar de su encuentro y retroceder un par de calles hasta encontrar ese controversial centro. La noticia de la pelea de la dueña del centro comunitario y la presentadora del noticiero estelar de la ciudad fue muy sonado durante los primeros días.

Los rasgos de Alastor se suavizaron en una ilegible expresión pero internamente estaba escogiendo cuidadosamente sus siguientes palabras.

—Escucha, sólo quiero disculparme por lo de la otra noche —Los ojos oscuros la miraron fijamente buscando algún signo de alarma o vacilación en ella—. Me honraría que accedieras tomar el café conmigo mañana.

Charlie se estremeció y tragó saliva sin poder creer que el extraño hombre que conoció a mitad de la noche en un oscuro callejón hacía apenas dos noches, ahora se encontrara frente a ella invitándola a tomar un café. Por un insensato momento consideró rechazar la oferta pero desechó la idea en cuanto elevó la mirada para encontrar la de Alastor.

Era sólo un café después de todo y según él era una forma de pedirle disculpas por el susto que le provocó. ¿Por qué no? Además parecía un buen hombre.

— ¿Nos vemos en la cafetería del centro? —Charlie trató de sonar despreocupada a pesar de que la idea le entusiasmó.

—Me parece magnífico cariño, nos vemos ahí a las seis de la tarde si te parece —La sonrisa fría de Alastor probaba la autosatisfacción por su logro—. Hasta entonces Charlotte. —Dejó ir la mano de la chica no sin antes plantarle otro beso.

Alastor se alejó de ella con una sonrisa encantadora y perturbadora.

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La impuntualidad era un asunto discutible según los estándares de Alastor y él odiaba cualquier forma de descortesía, sin embargo compensó el insulto poniendo en aprietos a la chica.

— ¿No crees que sea posible? —cuestionó ella con expectación ante la respuesta del hombre. Un ligero destello apareció en los ojos de Charlie.

Alastor dejó descansar la barbilla sobre una de sus manos en cuanto fingía sopesar su repuesta, por supuesto él ya sabía cómo responder a dicha cuestión.

—Por supuesto que no —Agitó la otra mano para restar importancia al asunto—. Querida no puedes erradicar la maldad en el mundo, es algo innato en los hombres. Rehabilitar criminales ¡cuánta fe tienes en la humanidad! —Una silenciosa carcajada brotó de él.

Alastor reafirmó su interés en Charlie, muy pocos lograban divertirlo como ella lo estaba haciendo en estos momentos. Era demasiado buena para su propio bien. Un alma altruista en ese podrido mundo era algo raro e invaluable, pero siendo honesto independientemente de lo que ella quisiera creer, durante todos esos años Alastor no encontró más que almas malévolas que no darían un solo gramo de su voluntad por cambiar.

Él echó la cabeza hacia un lado para observar mejor la expresión de la chica, y ahí estaba de nuevo esa aflicción enmarcando su bello rostro.

—Pero admiro tu determinación y esa ilusión que ilumina tu rostro cuando hablas de tu sueño. —Sorbió su café sin emitir ninguna mueca por lo amargo que era. Él odiaba las cosas dulces.

—Yo sé que es posible, sólo tienes que mirar el interior de las personas —respondió Charlie sin vacilar—. Todos tienen algo bueno en el interior.

Él la miró mientras dejaba la taza a un lado y ella habría jurado que había una risa en esos ojos oscuros. A él le sorprendió que tuviera tal determinación en un idealismo sin sentido.

— ¿Incluso yo Charlie? ¿Puedes ver lo que hay en mi interior, la bondad de mi ser? —Alastor sonrió al ser vagamente consciente de los pensamientos de la chica y contuvo cualquier comentario o acción esperando a ver lo que le diría.

Cuando ella no respondió, él se inclinó ligeramente sobre la mesa para alcanzar la barbilla de Charlie sin perder el contacto con su mirada. Tomándola por sorpresa hizo que se sobresaltara por la repentina cercanía, Alastor recalcó su cuestión anterior.

La boca de Charlie se abrió para hablar, pero la respuesta nunca llegó cuando alguien detrás de ella emitió un ruidoso carraspeo.

—El estúpido centro nunca fue el motivo ¿verdad Magne?

A Charlie le vibró todo el cuerpo en cuanto reconoció el timbre de voz, se alejó de Alastor cuando alzó la cabeza sobresaltada para encontrar el rostro de la molesta mujer.

—Helsa. —El ceño de la chica se arrugó al mencionar el nombre.

Helsa Von Eldrich no sólo fue amiga suya en el pasado sino que en la actualidad parecía alimentar un odio sin sentido hacia Charlie, bueno, el sentimiento era recíproco.

— ¿Cambiar a Harold por esto? —Helsa apuntó despectivamente hacia Alastor—. Casi siento pena por tu familia teniendo que cargar con un fracaso que siempre encuentra la forma de avergonzarlos.

Charlie apretó los dientes para reprimir el impulso de arrojar el café caliente sobre la altanera y grosera mujer, sus puños se cerraron y sus ojos se oscurecieron de repente. Helsa era la última persona de la que quería recibir ese tipo de comentario y menos involucrando a su familia en todo eso.

Hubo un silencio tenso antes de que alguien más respondiera por ella.

—Me temo señorita, que usted no está en disposición de juzgar a esta dama —La voz profunda de Alastor se hizo notar—. No cuando la reputación de su familia es realmente cuestionable y su fortuna se ha forjado a base de pérdidas humanas, lavado de dinero, corrupción y la codicia de su padre. —Él miró el fondo de su taza ahora vacía para después mirar a la mujer con suspicacia y una sonrisa desagradable.

— ¿Cómo te atreves a decir eso de mi familia? —Se apresuró a decir ella con las mejillas teñidas en rojo por la ira.

—Bien, entonces le aconsejo que se retire para evitar otro mal momento. —Alastor replicó sin dignificar una mirada hacia ella.

Helsa soltó un gruñido y se alejó de la mesa empujando a todo aquel que se metiera en su camino. Charlie la miró atentamente hasta que salió de la cafetería en la que se encontraban, se cubrió la boca para evitar soltar una ligera carcajada.

—Eso fue… —Hizo una pausa breve—. De verdad no tenías que hacer eso.

—Te aseguro que no fue nada —Más bien a Alastor le resultó entretenido—. Pero deberías elegir mejor a tus enemigos, querida. —La miró a los ojos y de pronto encontró en el rostro de la chica la sonrisa más dulce que jamás hubiese visto.

Otra excepción discutible sobre ella.

Ella no dijo nada en absoluto ante su comentario pero la sonrisa fue un indicio que le aseguró a él que todo iba a estar bien, Charlie era como una muñeca que había cobrado vida; hermosa y delicada. De repente aquel pensamiento le hizo perder el apetito por su segunda ronda de café y la adoración que de repente se instaló en el rostro de la chica mientras le devolvía la mirada no hizo más que perturbar sus pensamientos.

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N/A:

Bien, otro capítulo listo 7u7

Por ahora aún no hay mucho Charlastor, éstos primeros capítulos son más como una introducción a los personajes… ténganme paciencia XD

Aun me estoy debatiendo sobre algunas partes a incluir ya que no quiero que esto caiga en la categoría de "relación Tóxica"

En fin, no tengo más que agregar y agradecer sus comentarios…

Hasta la próxima…