Capitulo 2

-¡Mami, me duele la cabeza!

-Hija estás ardiendo en fiebre, ven acuéstate en mi cama. Te daré medicina y te pondré paños de agua fría.

Casi una hora después la fiebre volvió y más agresiva. Candy, decidió llevar a su pequeña hija al hospital más cercano. Al llegar, la nena fue atendida inmediatamente. Luego de una detallada revisión, el doctor pidió hablar con la madre de la paciente en su consultorio privado.

-Soy el doctor Anthony Brower. Tome asiento, por favor. Bien, señora... ¿Qué edad tiene la niña?

-El próximo mes cumple 11 años, doctor.

─¿Desde cuándo comenzó la fiebre en su hija?

-Quizás 2 horas antes de traerla aquí.

-Antes de eso la niña: ¿Se quejó de algún dolor en particular?

-De hecho no doctor. Comió toda su cena y después de un rato se fue a dormir, como a las 11 entró a mi cuarto y me dijo que le dolía la cabeza y me percaté que tenía fiebre alta, inmediatamente le di el medicamento recomendado para tratar la temperatura y le bajó; pero en menos de una hora la fiebre volvió y más alta.

-¿Señora?

-¡Candice, doctor. Me llamo Candice White!

-Señora Candice, la niña tiene una severa infección intestinal, ya le administramos antibióticos y un medicamento para bajar la fiebre. Es necesario que la niña permanezca internada en el hospital, hasta que la infección haya desaparecido.

- Está bien doctor, yo me quedaré junto a ella todo el tiempo que sea necesario.

-Tranquila señora, su hija es fuerte. Pronto habrá superado ese cuadro infeccioso y podrá irse a casa, por la mañana antes de terminar mi turno pasaré a revisarla y le daré la justificación médica para que la presente a la escuela.

-¡Gracias, por su ayuda doctor, sé que mi hija se recuperará pronto!

-¡Y a usted también señora Candice, a los cuidados que le tuvo!

La joven señora se dirigió a la habitación en la que estaba su hija, la niña dormía profundamente y la fiebre había bajado. Revisó su teléfono y le contestó los mensajes a Arianna y Marce, sus hijas mayores. Las adolescentes estaban preocupadas por su hermana. Candice les informó del diagnóstico y les dijo que su hermanita ya estaba en tratamiento. Luego de orar juntas, las chicas regresaron a sus dormitorios por la mañana. Adriana, preparó el desayuno para ella y Marce, salieron para el colegio, estaban en exámenes y no podían faltar.

En el hospital.

-¡Mami, puedes acostarte conmigo, debes estar cansada de haber estado sentada en ese mueble toda la madrugada!

La voz dulce y frágil de la niña conmovió a su madre, se acercó al lecho de su hija y acariciándole el cabello le dijo que "no se preocupara, que ella estaba bien". Llamó a la oficina para reportarle a su jefe que no se podría presentar a su trabajo por la situación de su hija. El señor Dan Juskin, editor y jefe del diario New Reporter, de California más que un jefe era muy buen amigo y compañero de Candice. Un año antes ella había sido honrada por Dan al pedirle ser la madrina de su hijo. Se conocían de mucho tiempo atrás, en una fiesta celebrada por los actores y personal del teatro Strattford, en el qué trabajó su ex esposo Terry Grandchester.

En aquel entonces hacía más de 3 años que Candice se mudó a la ciudad de Santa Clara y en poco tiempo había comenzado a trabajar con Dan. Las leyes la favorecieron en el divorcio, recibiendo una cantidad considerable de dinero y la casa que habitaba junto a sus hijos.

Al finiquitar las acciones pertinentes, decidió vender la casa justificándose con sus hijos, que esa sería una forma de empezar una nueva vida. Sin embargo, los recuerdos de la última visita de la madre de Terry golpeaban su corazón, aún podía escuchar sus gritos uno a uno cada vez que pensaba en ello.

-¡Es tu culpa que ahora mi hijo sea un borracho fracasado, maldita infeliz! Él estaba ebrio por la depresión que sentía cuando sucedió ese accidente. Lucho siete meses en el hospital y dos años de terapia para luego ser rechazado como actor principal, dándole sólo papeles secundarios. Mientras tú seguiste viviendo feliz con los lujos que mi hijo te da ¿A caso te parece justo?

-¡¿Mi culpa?! Por favor señora, su hijo era un ebrio violento desde hacía muchos años atrás y por eso nos divorciamos. La última noche que dormimos juntos tuve miedo de morir a manos de él, de la tunda que me dio. Así es señora su hijo en varias ocasiones me golpeó, me humilló y me violó de manera agresiva y sucia...
De haberme quedado junto a él me habría matado y seguramente a mi hijos también.

Candy, llorando le gritaba a su ex suegra el tormento que vivió junto a Terry.

-¡Eres una bastarda mentirosa!, crees que puedes enlodar el buen nombre de mi hijo porque no está para defenderse. Pero aquí estoy yo para hacerlo y te juro que pagarás muy caro el dolor que nos causaste. Se te olvidó que mi hijo te sacó de la miserable vida de cabaretera que llevabas, que muy en contra de nuestra voluntad te dio un apellido digno y te apoyó para terminar tus estudios y ahora ensuciando su buen nombre es como le pagas, no eres más que una mal agradecida infeliz.
Puedes fingir ante los demás ser una dama, pero yo sé bien que sigues siendo la misma cualquiera arribista que está esperando venderse al mejor postor.

-¡Váyase de mi casa señora o no respondo de mí ante sus insultos!, yo en verdad amé a Terry… por eso acepté formar una familia con él y nunca dejé de agradecerle todo el amor y apoyo que en un principio me brindó. Pero él cambió y cada vez que se emborrachaba hacía de mi vida un infierno y no lo podía tolerar más, pero ahora que la he terminado de conocer me doy cuenta de quien heredó esas bajezas...

Al terminar de decir esas palabras la señora Eleanor, le propinó una fuerte cachetada.

─No te permito que nos vuelvas a faltar al respeto, cabaretera malnacida...

─No señora Eleanor, soy yo quien no le permite que me humille más.

Candice estaba dispuesta a sacar de su casa a su ex suegra por su cuenta; pero escuchó la voz de sus hijos que llegaban del colegio y se contuvo.

-¡Abuela, abuela, abuela, que bueno que estás aquí, desde el accidente de papá sólo pudimos estar un ratito y yo tenía muchas ganas de verte!

-¡Mi amor, mi niña consentida, debes comprender que el viaje desde Inglaterra es bastante largo, hice todo lo posible por tratar de llegar antes, pero no se pudo!
¡Haz crecido mucho estos dos últimos años que no te veía personalmente, pero te prometo que de ahora en adelante estaré más presente para ti y tus hermanos, por ahora debo volver a Inglaterra! Tu abuelo está enfermo y por eso no pudo venir, pero te manda muchos besitos, mi amor.

-Anda Abu, quédate aquí está noche, te hemos extrañado mucho.

Le dijo Adriana, dejando ver un puchero.

-Lo sé mis amores, pero no puedo quedarme. Tengo gestiones que hacer mañana muy temprano y seguro que si me quedo con ustedes me dormiré tarde y no puedo perder mi cita con los oficiales que están llevando la investigación de lo que pasó.

Pero mañana iré por ustedes al colegio para llevarlos a comer y luego a dar un paseo.

Las chicas abrazaron a su abuela. Ella en verdad los amaba y ellos le correspondían, por eso Candy callaba los desprecios que siempre le hacían sus suegros y demás familiares.

Pasado algunos días de aquella discusión la señora Eleanor volvió a Inglaterra.

─Al salir del colegio tus hermanos vendrán a verte. Aprovecharé que ellos estén aquí para ir a casa a ducharme y cambiarme. También traer algunas cosas que voy a necesitar. Después que pase el doctor, bajaré a la cafetería a desayunar.

─¿Puedes traerme algo mami?

-No jovencita, tienes que esperar hasta que el doctor lo autorice. Mientras tanto sólo puedes comer lo que te traigan las enfermeras.

La conversación entre madre e hija de pronto se vio interrumpida.

-¡Buenos días! ¿Cómo se siente la princesa más linda de este hospital?

-Ya me siento mejor doctor, ¿puedo irme a casa?

-Todavía no princesa. Debes quedarte unos días más, hasta que la infección desaparezca, peroooo, para que no te desanimes te traje un regalito. Mira una linda muñeca de trapo, se parece mucho a ti, ¡eh!

-¡Gracias, doctor! ¡Me encanta mi muñeca, gracias, gracias, gracias!

-¿Dime cuál nombre le darás?

-Se llamará Maddie, como me llama papá.

-Me parece un lindo nombre. Espero que Maddie te animé.

-Sí, doctor, ella lo hará.

Dejando a la niña con la emoción por el juguete recibido, el doctor se dirigió hacia Candice.

-Doctor, no sé cómo agradecerle lo que hace por nosotras, en verdad significa mucho para mí su atención.

-No me agradezca su hija es una niña muy especial. Le pido, por favor que ya no llore más señora. Madeline está fuera de peligro y se recupera rápidamente, pronto podrán regresar a casa. Tenga mi pañuelo, seque sus lágrimas y limpie su rostro.

-No, que pena con usted doctor, tanta molestia que le damos. Yo ahorita me lavo la cara...

-Servir no es ninguna molestia, señora. Me gusta ser de ayuda para los demás.
Tome, quédeselo. Mi colega el doctor González pasará a revisar a Madeleine más tarde. Yo la veré hasta mañana temprano.

-Está bien doctor, una vez más le agradezco su atención.

El joven doctor estrechó la mano de la señora y pasó a despedirse de Madeline.

-Adiós princesa, te veo mañana. Maddie cuida mucho a mi princesa, asegúrate de que se tome sus medicamentos, ¿vale?

-Gracias doctor. Maddie me cuidará y yo a ella.

Luego de despedirse de la niña el doctor salió de la habitación, marcó el fin de su turno y se fue a su casa, donde lo esperaba su madre.

Continuará...