Capítulo IV
Candice no podía dormir, los pensamientos por lo ocurrido con su adolescente hija la sobrepasaban, la noche parecía ir más lenta de lo usual, decidió salir fuera del hospital para fumar un cigarro, pero al llegar al ascensor tendría un inesperado encuentro.
-Hola señora Candice, justo iba a la habitación de Madeleine para su revisión de rutina.
-Doctor Brower, que honor poder saludarlo.
Expresó sinceramente la dama mientras su mano era estrechada por la suave mano del joven doctor.
-Iba de salida pero dado a su visita lo acompaño a la habitación.
-Si es importante su necesidad de salir, puedo volver más tarde para darle tiempo a que usted concluya, lo que se disponía a hacer.
-Pierda cuidado doctor, no era importante, simplemente hoy me surgió un imprevisto extraordinario; aún no sé cómo manejarlo y para calmar mi ansiedad quise salir a fumar un cigarrillo.
Llegaron hasta la habitación P42, ambos hicieron una pausa en la puerta antes de entrar, el joven doctor con amable sonrisa le expresó una idea espontánea a la señora.
-En ese caso, la invito a tomar un chocolate caliente, en la cafetería del hospital y me cuenta parte de sus problemas, será un placer escucharla, al terminar de revisar a Madeline me acompaña. ¿Le parece bien, señora Candice?
-Claro doctor, con gusto lo haré.
Ambos entraron en la habitación de pediatría 42, donde Madeline estaba en sueño profundo, el doctor Brower la revisó con calma, observó su evolución en los expedientes, vio que la niña se recuperaba satisfactoriamente y momento más tarde, así se lo hizo saber a la señora Candice.
-Bien, creo que mañana por la tarde la niña podría ser dada de alta, se recupera mejor de lo que pensé, puede terminar el tratamiento en casa, quizás pocos después ya pueda incorporarse a la escuela y demás actividades.
-Oh, que maravillosa noticia, muchas gracias doctor.
-Bien, ya que terminé, ahora podemos ir por ese chocolate a la cafetería
-Claro doctor, lo sigo.
-Nada de eso, las damas primero.
Tomaron el ascensor y se dirigieron a la cafetería. Ambos llegaron hasta las ventanillas, luego de ver el menú hicieron su pedido, al momento de pagar el doctor se dio cuenta que no traía su billetera, apenado le dijo a la señora que lo esperara que solo iría a su consultorio por su billetera y enseguida estaría de regreso. A Candy le pareció un momento gracioso, lejos de ofenderse por el descuido del joven galeno, se ofreció a pagar la cuenta, ante la insistencia de la dama el doctor no tuvo más opción que aceptar.
-No pues, tremenda pena que he pasado, soy como el caballero que lejos de rescatar fue rescatado por la dama que estaba en peligro.
-Tranquilo doctor, usted tuvo la buena intención y eso es lo que cuenta.
-De haber sabido que a usted se le haría pagar la cuenta, hubiera pedido algo de precio más bajo, vea mi charola, soy un troglodita.
-Ja, ja, ja, Cierto doctor, me parece que es de buen apetito.
Se sentaron a comer, el local estaba casi vacío, un milagro según el doctor, quizás por ser pasada la media noche los familiares de los pacientes dormían en lugar de comer.
La conversación entre ambos se volvió amena, no podían evitar reír de algunas ocurrencias, después en tono más serio el joven doctor fue indagando sobre la vida de la señora.
-¿Es casada?
-No, hace años me divorcie. Madeline aún no cumplía dos años cuando quedé legalmente divorciada y hace más de 3 años mi ex esposo tuvo un accidente y se marchó a vivir junto a sus padres en Inglaterra.
-Siento mucho lo de su divorcio, sé por la experiencia de mamá, que es una etapa difícil.
-Descuide doctor, el tiempo se ha encargado de cicatrizar las heridas, ahora no duelen más.
-Señora Candice, ¿qué edad tiene? Si no le molesta responder a mi pregunta.
-No doctor, no me molesta para nada, me siento feliz a mis 37 años, los cumplí en mayo.
-Que bueno saber que no le ofende hablar de su edad, eso no es muy común en las damas, yo tengo 30 años, nunca me he casado y tampoco tengo hijos, me he dedicado completamente a mis estudios. Luego a mi profesión, ahora estoy sacando la especialidad en pediatría que es la rama de medicina que más me gusta, vivo con mi madre, soy hijo único ─El doctor se expresaba con desenvoltura y confianza─ Pero según me dijo Madeline, usted tiene otros hijos, ¿cierto?
-Sí, así es doctor, tengo un hija de 14 años se llama Marcelline y también tengo a mi hija mayor Arianna, de casi 17 años que...
La dama hizo una pausa, dejando ver una expresión de tristeza, el joven doctor comprendió de inmediato que justo allí radicaba el imprevisto que le había quitado el sueño a la joven madre.
-Señora Candice, si cree que le hará bien, puede contarme cualquier cosa que la atormente, trataré de ayudarle en lo que pueda.
-Gracias doctor, por sus palabras, aligeran el peso que siento sobre mí. Esta tarde descubrí que mi hija está embarazada y lo que es peor, descubrí que iba a abortar apoyada por sus amigas, ahora no sé qué hacer, ¡ni cómo ayudarla!
Una vez más rompió en llanto al pensar en la situación de su hija, el joven doctor inconscientemente, la abrazo tratando de consolarla.
-Tranquila señora, si quiere hoy mismo le consigo una cita para su hija con el doctor Donald Martin, él es un excelente ginecólogo y sabrá atender a su hija.
-Gracias por todo el apoyo que me ha brindado doctor, no sé como agradecerle...
-¿Qué le parece si lo hace aceptando una invitación para salir a comer? Eso sí, esta vez estaré seguro de llevar mi billetera y seré yo quien pague la cuenta.
El rostro pecoso de Candy se iluminó por la sonrisa que le provocó el comentario del galeno.
-Gracias por este momento, me ayudó mucho doctor, ahora debo regresar con Madeline.
-Está bien, la acompaño.
-De verdad, no tiene que molestarse...
-No es ninguna molestia créame, déjeme acompañarla, por favor.
El doctor acompañó a la señora Candice hasta la puerta de la habitación de Madeline.
-Ánimo señora, todo va a salir bien, su fe debe ser más grande que su temor.
-Tiene razón doctor. Tendré en mente sus palabras.
-Mañana pasaré por la tarde a evaluar a la niña y quizás le dé el alta.
Una vez más se estrecharon las manos. La señora entró a la habitación y el galeno volvió a su consultorio.
La dama observó a su hija dormir tranquilamente, miró la hora en su celular ya iban a dar las dos de la mañana.
Se sentó en el cómodo sillón y somnolienta contempló en su mente la escena de la cafetería, fue vencida por el sueño y se perdió en él con una leve sonrisa en su cara.
Continuará
