Capítulo 9

-¡Buenos días, mami!

-¡Buenos días, mi amor!

-¿Vas a ir a trabajar?

-Hoy no, adelanté mi trabajo para el lunes, así que tengo todo el fin de libre para nosotras. Pero por ahora solo quiero dormir un rato más.

-Está bien, por cierto que bien huele tu habitación, te veo luego Má, iré a terminar mis tareas. Uhmmm, esteee, quiero pedirte permiso para ir a jugar esta tarde a casa de Sther, anda mami di que sí, por favor.

-Déjame hablar con su mamá primero, para ponernos de acuerdo, ¿vale?

-Gracias, mami, eres la mejor.

La pequeña Madeline salió de la habitación. Candy meditó un poco acerca del aroma en su habitación, envuelta en una especie de encanto por la atmósfera fresca, a su alrededor le fue muy fácil conciliar el sueño nuevamente.

-¿Ya salió mamá para su trabajo?

-No señorita, Candy aún duerme.

-¡Señora Candice, para ti! En verdad qué no entiendo ¿Cómo es que mamá te permite tanta confianza? ¡Qué fastidio contigo, Rosa!

-En ese caso, mi nombre es Rosaura, "Señorita".

-En serio que sí eres insoportable, tú ¿Eh?

Tomando las llaves de su auto, la joven se marchó sin dar a saber hacia donde se dirigía.

Dubitativa en el umbral de la habitación de Candy, estaba la dulce Marcelline, después de pensarlo un momento por fin entró, se acostó junto a su madre, al sentir las suaves manos que la rodearon, Candy despertó nuevamente.

-¡Perdona mamá, no quise despertarte!

-Despertar por tus abrazos, es de las mejores maneras de hacerlo, buenos días mi ángel.

La amorosa madre se cubrió con su hija bajo el terso edredón, contempló el hermoso rostro pecoso de su nena, se enamoró de sus enormes ojos color verde esmeralda, de sus tres hijas, la adorable Marce, era su retrato y la única que tenía su mismo color de ojos.

-¿Dime mi amor, quieres que hagamos algo juntas, hoy?

-Tal vez mañana, hoy vendrán, Leah, Sandra, Brittany y una chica nueva del colegio, de hecho quiero pedirte permiso para poder acampar esta noche afuera, en el jardín.

-Claro mi amor, no creo que haya inconveniente con eso, yo hablaré con sus mamás y listo, tendrán su noche de chicas en el jardín.

-Ehmmm es que hay un pequeño detalle mami, la chica nueva no tiene mamá, vive con sus familiares, no sé mucho acerca de ella, pero me cae muy bien, queremos darle la bienvenida, tal vez pueda unirse a nuestro grupo.

-¿Sabes cómo se llama su papá?

-No mami, cuando ella comentó que no tenía mamá, me dio pena preguntar más acerca de eso, además sus ojos rápidamente se llenaron de lágrimas.

-Bueno mi amor, no te preocupes yo me encargo de contactar a su familia.

-Eres la mejor mami, te traje los números.

-¿Así que ya venías preparada? ─Candy rió ante la dulzura de su nena, poniéndole su dedo índice sobre la graciosa naricita, escucharía en un susurro, lo que para una madre sería un hermoso halago.

-Mami tú haces magia, no te lo digo muy seguido pero te amo, sí mami, tú eres mi gran amor, sé que Dios te ayudará para que todo salga bien con Arie.

Esas palabras fueron capaz de conmover el dulce corazón de Candy, las lágrimas asomaron a sus ojos, pero ella supo contenerlas, solo quiso disfrutar de ese momento junto a su pequeña.

Rato después, bajó ya arreglada, ese día en particular se veía radiante, dejó a un lado la ropa informal, se vistió con un maravilloso vestido de encaje rosa pálido, con estampado discreto, por debajo la rodilla y mangas cortas que, dejaban ver la suavidad de la piel de sus brazos, recogió la mitad de su cabello, dejando en caída sus rizos, aunque nunca acostumbraba a usar maquillaje, un poco de rubor y brillo labial fue suficiente para resaltar la belleza de su rostro pecoso.

Sus sandalias rosadas de plataforma y su bolso estampado en flores de colores vivos le iban a la perfección con su vestido, agregó a su combinación unos aretes de perlas y una pulsera que le regalaron sus hijas para el día de la madre de ese año, escogió de su closet los lentes de diseñador que más le gustan, viéndose al espejo supo que en verdad se amaba a sí misma.

-¡Wow, pero que linda estás hoy, Candy! Cuéntame: ¿a qué se debe ese look?, alguna visita o tal vez un paseo con ¡esa persona! que tiene tu atención...

-Nada de eso, a pesar de los problemas, soy feliz, Rosa. Mis hijas me aman y su amor es lo que me motiva a estar de pie, Arie aún en su rebeldía, sé que me ama, pronto esta situación mejorará para ambas, ella tendrá que madurar.

-Por cierto hace rato que ella salió, obviamente sin decirme a dónde.

-Supongo que habrá ido a buscar a ese chico, de ser así confío en que Albert sepa manejar la situación.

-Ay, pero que bonito se te escucha el nombre de ese caballero.

-Deja eso quieres, iré a mi oficina, ayer olvidé mi tarjetero allí, lo necesitaré.

-¿Iras a casa de Albert a buscar a Arie?

-No, no la buscaré, hoy no quiero riñas entre nosotras, como te dije confío en Albert. Nos vemos luego, Rosa.

-Awsss, pero que belleza de mejor amiga tengo.

-Gracias, Patty.

-En verdad que hoy te ves muy linda y radiante, me alegro mucho por ti Candy.

-Hoy todos se pusieron de acuerdo para hacerme sonrojar, no estoy costumbrada a recibir piropos, pero no me vienen nada mal, creo que deberé vestirme así más seguido.

-Tienes razón, aunque hoy tu belleza eres toda tú, no es un vestido portándote a ti, es tu vibra, esa sonrisa que hace mucho no se dejaba ver. Candy hoy te ves coqueta, sé que no hay un hombre en especial que haya sacudido, desempolvado tu belleza y felicidad ¿O sí? ¿Acaso me he perdido de algo?

-Oh, no, no no, sabes que si algo así pasara tú serías la primera en saberlo, no sé, creo que compartir un momento con mis hijas esta mañana me puso de buen ánimo.

-Uhmm, pues que bueno, aunque te diré que más pareces estar bajo el encanto del amor, como sea estoy feliz por ti Candy.

La hermosa Patricia sostenía las manos de su amiga mientras la halagaba. Su cariño por ella era muy especial, en verdad deseaba la felicidad de Candy.

─¿Qué te parece si nos vamos de compras?

─Te esperaré hasta que termines tu trabajo y nos vamos.

─Me parece genial, de hecho ya terminé, así que yo encantada de presumir a mi mejor amiga.

-¡Patty, que ocurrencias!

Después de andar por más de dos horas en las tiendas, las damas acordaron ir a comer a un lujoso y exclusivo restaurante, degustaron comida deliciosa, tomaron unas copas del mejor vino, su conversación era sumamente amena, reían recordando anécdotas, simplemente estaban felices de vivir.

-Señora Candice, que gusto verla de nuevo.

El rostro sonriente de un hermoso caballero se iluminó al saludar a la bella dama, sus ojos azules emitieron un brillo especial.

─Me habría encantado, haberla encontrado antes para comer junto con ustedes, pero ni modo, otra vez será ¿Cierto?

─Oh sí, claro otra vez será.

─Realmente fue un gusto poder saludarla de nuevo señora Candice, con permiso, señoras.

El caballero pareció enternecer en el saludo de manos con la dama, mientras sus bellos ojos azules no querían apartarse.

-Dios, pero que hombre tan guapo y encantador ¿Acaso no son esos el par de ojos azules más bellos que has visto?

-Es muy lindo, pero de hecho hay unos ojos azules aún más hermosos, perfectos similar al cielo de una mañana de verano.

La mente de Candy al instante fue invadida por el recuerdo de los ojos de Albert.

-Pues que suerte tienes de conocer a alguien con esa perfección de ojos.

-Tienes razón ¿Sabes? Esa persona se percibe muy especial.
-Amiga hablando de percepción, ese hombre pareció elevarse al mismísimo cielo al mirarte, tanto así que pareció que no existía nadie más en este recinto.
-El doctor Brower se ha portado amable desde que lo conocí, él atendió a Madeline de manera especial, ella le tomó mucho cariño.

-Yo más bien creo que el gusta de ti.

-Que cosas las que dices Patricia, Anthony Brower, es joven, no tiene hijos ni esposa, todavía no conoce esa etapa de la vida, para él todo debe ser color de rosa.

Las damas se quedaron conversando un rato más, al despedirse, Patty se fue a su casa. Candy pasó a hacer algunas compras al supermercado, pensó en consentir a la visita de esa noche con algunas golosinas y bocadillos.

-Mira Arie, ¿Pero qué no es esa tu mamá?

-Rayos, sí es ella.

-Oh, oh, al parecer alguien por aquí está en problemas, Ja, ja, ja.

-Cállate, por favor Steph, sino descubrirá que andas drogada.

-¿Qué estás haciendo aquí?

-Acompañé a las chicas a hacer algunas compras ¿Qué, acaso no puedo hacer eso?

-Compras en el área de bebidas alcohólicas y botanas ¿Eh?

-Da igual mamá, no es para nosotras.

-Así es señora, White, solo pasábamos por aquí observando nada más y se me ocurrió comprar una botella de vino para regalarle a mi viejo, después de tanto tiempo en alta mar, apenas regresó ayer.

-Pero para tu tranquilidad Gemma, no llevará nada, ya nos vamos, te veo más tarde en la casa mamá, me quedaré un rato con las chicas en casa de Steph.

-Espero que así sea, de cualquier modo llamaré a la señora Burnstein para asegurarme que no estén haciendo locuras.

─Que lata das, en serio mamá, vámonos chicas.

Candy regresó a su casa, llamó a las madres de las amigas de su hija, ellas les dieron permiso para pasar esa noche en casa de Candy, bajo su supervisión, ella se comprometió llevarlas a sus casas al día siguiente.

-Veamos solo me falta marcar al padre de Rosemary.

Vaya me parece haber visto este número antes.

-Hola buenas tardes, soy la señora Candice White, madre de Marcelline Paulina Grandchester, compañera de escuela de su hija Rosemary, quizá ella ya le habló de una pijamada que harán esta noche en mi casa, a la cual su hija está invitada, quiero hacerle saber que las niñas estarán bajo mi cuidado, que de igual manera usted puede estar pendiente en llamarme para saber cómo la está pasando su hija.

-Hola soy el padre de Rosemary, sí ella ya me había hecho saber de dicha actividad, cuenta con mi aprobación, al salir del trabajo yo la llevaré a su casa, ella ya tiene la dirección, perdone que este cortante, pero estoy en una reunión de trabajo muy importante, la veo en un par de horas, pase bonita Tarde, Candy.
Adiós.

-Qué extraño, esa voz se me hace conocida, me llamó Candy, ¡Un momento, no tanta confianza, señor padre de Rosemary!

Ella rió de su propio comentario, de inmediato se metió a la cocina, preparó algunas botanas y golosinas para las chicas, intentó hacer una cena especial, acorde con la ocasión, pero en realidad era pésima cocinera, en seguida se echó a perder todo cuanto había metido al horno.

-Realmente soy un desastre, nada de lo que preparé sabe bien, quería sorprender a las chicas, pero la sorpresa sería negativa si prueban este raro menú.

-Deja eso, ahorita mismo preparo algo delicioso.

-No, no te preocupes, pediré servicio a domicilio.

-Marce, ¿Qué les gustaría cenar a ti y a tus amigas, esta noche?

-Uhmmm Infaltable, la pizza, también papas fritas, refresco y helado.

-Sí, definitivamente supuse que me dirías eso, está bien ordenaré ese menú, pero ya sabes que supervisaré las porciones de cada una, no quiero congestiones estomacales.

-Esta bien mamá. Oye y Maddie a ¿qué hora regresará?

-Pues la señora Mcfader me pidió permiso para que se quedara hoy y mañana con Sther, accedí a ello. Pensé que Madeline no estaría feliz encerrada en su cuarto mientras tú estás en el jardín con tus amigas.

-No digas eso, habría invitado a Maddie a pasar la noche en nuestra pijamada, pero se sentirá mejor en compañía de su mejor amiga.

Una a una las chicas fueron llegando a casa de la señora White, ella atenta y servicial las recibía, al despedir a la madre de Leah Candy se percató del lujoso auto que se estacionaba frente a su casa, a simple vista parecía ser de una persona importante, para su sorpresa vio que del auto se bajó Albert en compañía de una hermosa jovencita.

-Hola Candy, cumplí en traer a mi hija a la pequeña reunión de amigas.

-Oh, Albert, no sabía que Rosemary es tu hija, pasen adelante por favor.

-Mamá, tenemos ratos tratando de armar la tienda de campaña y no sabemos.

-Quizás yo pueda ayudarles.

-Está bien papá de Rosemary.

-Soy el señor Albert, jovencita, vamos, llévame al jardín (...) Listo ya está.

-Gracias, señor Albert, quedó de lujo, vengan chicas, ¡entren!

Las jóvenes no esperaron segunda invitación de Marce, entusiasmadas entraron a la tienda, Candy y Albert se sentaron un rato en una banca un poco retirado del dormitorio improvisado.

-Vaya, no sabía que llevara tanto trabajo armar esas tiendas.

-Afortunadamente tengo experiencia en eso, pertenecer a los boyscout en Escocia me ha favorecido.

-"Uhmmm es Escocés"

─No quiero ser entrometida, pero me gustaría saber qué pasó con la madre de Rosemary.

-Oh sí, mi ex esposa, la señora Linda Thornton, ella vive actualmente en Grecia junto a su esposo, un magnate petrolero, según me dijo Mary su madre está esperando su segundo hijo de su esposo, no estoy seguro, pero supongo que por esa razón ella decidió venirse a vivir conmigo, yo súper encantado de tenerla.

-¿Se puede saber por qué se separaron?

-Linda es una mujer extraordinaria, era una modelo emprendedora y activa, le gusta practicar deportes extremos, cosas así, también le encanta viajar y en aquellos días mi tiempo era infinidad por mi trabajo, pasaba muchos días ausente de mi hogar, eso en parte contribuyó a la irremediable separación, pero la ruptura definitiva fue debido al aborto de nuestro segundo hijo, eso nos dolió a ambos, nos superó, el divorcio fue lo más sano para nosotros. Mary apenas iba a cumplir tres años, después, Linda pudo rehacer su vida. Al parecer su esposo y ella tienen una magnífica relación, siempre le estaré agradecido por darme a mi Rosemary, ella es una joven muy dulce, casi tímida, te caerá bien.

-Sí, tu hija se ve que no solo es hermosa físicamente. Oye ya tienes rato aquí, he sido una descortés dime: ¿Gustas comer unas rebanadas de pizza?

-Ehmmm, está bien, la verdad es que ya tengo mucha hambre, ha decir verdad no es de mis comidas favoritas, aceptaré tu invitación.

-Ven, acompáñame al comedor. Intenté preparar una cena para las niñas pero todo me salió mal.

-¿En serio? Déjame ver, por favor.

-Prometes no burlarte de mí.

-Tienes mi palabra.

-Se supone que esto debían ser pechugas de pollo empalizadas al horno, pero según me explicó Rosa, mi asistente, se arrebataron porque la temperatura del horno no era la correcta.

-No está tan mal, un poco de práctica y tendrás mejores resultados.

-¡Candy, ven rápido, por favor!

-¿Qué? ¿Qué pasa Rosa?

-Se trata de Arianna.

-¡Otra vez borracha, no puede ser! La señora Burnstein me dio su palabra que estaría pendiente de ellas.

-Candy debes entender que ellas ya no son unas crías, en particular Arie, ni siquiera te obedece a ti.

-Tienes razón, Rosa ¿Pero qué puedo hacer?

-Permíteme llevar a tu hija a su habitación.

-Por favor, sí.

-Señod Adbet digade a Nead que do ssiento mmussho no poded estad con ed pero que mi corasson le pedtensse ssolo a eld.

-Tranquila, apóyate en mi, te guiare a tu habitación.

-¡Qué vergüenza, debes pensar lo peor de mí y...!

-Al contrario, no es tu culpa Candy, Arie ya debe actuar con responsabilidad, por suerte las chicas no se dieron cuenta del estado de ella, cuenta con mi discreción, no te preocupes, todo saldrá bien, solo debes ser paciente.

Albert se despidió, a la mañana siguiente Candy llevó a las jóvenes a casa de sus padres. Albert esperaba a Rosemary en la entrada de la imponente mansión Ardlay, después de un breve saludo entre padres, Candy siguió su camino.

-No puedes seguir así Arianna, no entiendes que esto no te hace ningún bien.

-Tú eres la que no me hace ningún bien, todo estaría mejor si viviera con papá.

-Puede que tengas razón, así que después de tu cita médica el miércoles, te enviaré a Londres a casa de tus abuelos, quizás ellos puedan ayudarte.

-¿De qué hablas Mamá? Aún falta mes y medio para las vacaciones navideñas no me puedes hacer esto, tú sola lo has hecho.

El miércoles Candy y su hija se presentaron puntuales a la cita con el doctor Martin, después de un chequeo más el ultrasonido, concluyó que Arie iba para cinco meses de embarazo. Las vitaminas y la alimentación de la joven madre hicieron que el feto ganara su peso adecuado. También dio la buena nueva, Arianna esperaba un varón, Candy se emocionó, su primer nieto será un varón.

Candy pasó a saludar al doctor Brower, él se encontraba en su consultorio, a lo lejos la directora del hospital, la doctora Bianca Jones, se percató de la presencia de Candy, rápidamente intervino en el encuentro entre su colega y la dama, pero llegó tarde, ellos ya habían acordado una fecha para salir a comer, Candy al ver la cara evidentemente mal humorada se despidió del doctor, sin determinar a la dama, salió del consultorio.

Los días iban transcurriendo, la preocupación en Arie por pensar en ser enviada a Londres la hizo tomar la decisión de irse a vivir con Neal.

-¿Te has vuelto loco? ¿Cómo puedes estar de acuerdo en vivir con esa chica fuera del matrimonio? ¿Te has puesto a pensar en lo qué dirán nuestras amistades?

-¿Qué pasa contigo Sarahí? Deberías estar dando saltos de alegría, serás la abuela del heredero de los Grandchester, ellos al saber que la entrometida bastarda de la señora Candy ha impedido nuestra boda, presionaran para que Arie se case conmigo y finalmente, seremos parte de la nobleza de Inglaterra, Daniel Junior, será el heredero del ducado. Todo gracias a mí, mamá, dime: ¿Cuento con tu apoyo?

-Mandaré a remodelar la mansión del lago, muebles nuevos y personal competente a la disposición del futuro Duque de Grandchester.

-Así me gusta Sarahí, así me gusta.

Cinco días después de la remodelación, Arianna y Neal se mudaron juntos a la casa del lago, efectivamente, el señor Richard, Elanor y Terence estaban escandalizados por la decisión de Arianna, así que estaban dispuestos a corregir la situación, antes de que se supiera en la corte de Inglaterra.

Candy se sentía triste por la actitud de su hija. Sin embargo Albert le prometió estar pendiente de ella, eso le daba cierta tranquilidad a la dama, que solo podía confiar en que Neal se comportara como un verdadero hombre con su hija. Pero la frágil tranquilidad de Candy estaba a punto de ser quebrantada una vez más.

-Por fin se me hizo poder invitarla a comer señora Candice, espero haya disfrutado esta tarde y qué no sea la última vez que me acompaña.

-De verdad disfruté mucho, la comida estuvo exquisita. Su compañía fue genial Doctor Brower.

-Dígame solo Anthony, por favor.

-Esta bien Anthony.

-Ya que estoy aquí podría pasar a saludar a Madeline.

-Será en otra ocasión, hace tres días su padre mandó por ella y su hermana, ahora están en Inglaterra.

-Pues entonces me retiro, gracias por todo, Candy.

El joven galeno se despidió posando un beso sobre la mejilla de la señora, luego de eso se fue.

Apenas había avanzado algunos pasos, cuando el timbre de la mansión volvió a sonar.

"Seguramente regresó porque olvidó decirme algo.

─¡¿Qué haces tú aquí?!

─¡Candy!

Continuará...