Capítulo 10.

-Perdóname por no avisarte que vendría, en verdad me siento desesperado y no pensé en nadie más que tú para hablar.

-¿Dime qué pasa? ¿Patty está bien? ¿Pasó algo con tu hijo?

-Ellos están bien Candy, solo necesito que me escuches, por favor.

-Pasa, ¿quieres tomar algo?

-Un café estaría bien.

-Ven, vamos a la sala.

-Gracias, Rosa.

-Candy, sé que Patricia te ha platicado sobre mi estado de salud. Hace un mes fui operado por un pequeño tumor en mi columna, al parecer todo está bien con eso, pero durante mi recuperación me sentí débil, perdí el conocimiento, la señora del servicio junto con un vecino me auxiliaron, me llevaron al doctor Leonard mi médico de cabecera. Luego de realizarme varios estudios encontraron un nuevo padecimiento, me diagnosticaron estenosis multiplex. Los médicos aún no han determinado las causas, pero me dijeron que deben operarme cuanto antes, me dan buenas expectativas, pero también me han hecho saber que la intervención es de alto riesgo, lo mismo que la recuperación. Aún no sé lo he dicho a Patricia, ni a Stear. Sé lo mucho que ellos se preocupan, especialmente Patty, por eso te pido que la apoyes, mañana buscaré el momento oportuno y se lo diré. Ella deberá estar preparada por si no logro superar este nuevo reto a mi salud, por favor Candy promete que estarás cerca de mi familia si es que acaso muero.

-Por favor, Aliastear, no digas eso, tú has sido fuerte, has sabido salir adelante, lo mismo será ahora.

-Candy mi único temor es el sufrimiento de mi familia, de aquellos que amo, haré cuanto esté a mi alcance para superar esta enfermedad.

-Sé que lo lograrás, Patty y Stear te necesitan, no te preocupes, yo estaré apoyando a Patty en todo momento.

-Gracias, Candy, sabía que podía contar contigo, te deseo buenas noches.

-¿Qué pasa Candy? ¿Qué te dijo ese hombre para que estés así?

-Él es el esposo de Patty, ya te he platicado de ella. Él está delicado de salud, me pidió que apoye a su esposa en este proceso.

-Lo siento mucho por ellos. Tú debes ser fuerte, no derrumbarte ahora Candy, él confía en ti, porque sabe que eres una mujer fuerte.

-Tienes razón, debo sobreponerme, Aliastear cuenta conmigo, gracias por tus palabras amiga, por cierto, puedes tomar vacaciones, hasta que las niñas regresen, ya ves que estás sola en esta casa la mayor parte del tiempo. Toma espero que tomes un buen descanso sin preocuparte por dinero.

-¡Candy, pero esto es mucho dinero!

-Lo sé. Te lo mereces, no debe ser fácil para ti soportar mis problemas, encima estar pendiente de los quehaceres de la casa, por eso quiero que disfrutes este tiempo.

-Gracias Candy, eres muy noble, con este dinero podre visitar a mi familia en México, perdona mis torpes lágrimas, pero en verdad estoy muy feliz.

-Si necesitas algo más, por favor no dudes en hacérmelo saber, solo espero verte después. Puedes irte ahora mismo, mi amiga Rosaura.

-Gracias, otra vez Candy, enseguida me voy, prepararé todo para viajar cuanto antes.

Días después...

-Estoy muy nerviosa por la recuperación de Aliastear. Oh, Candy, gracias por estar conmigo, por ser mi apoyo.

-Para eso somos amigas, siempre estaré para ti, me alegra mucho que la operación fuera un éxito, sé que tu esposo se recuperará pronto.

-Sí, Stear es el amor de mi vida, no sabría qué hacer si él me faltara.

-Eso no va a pasar, tranquila Patty.

-Cuentame ¿cómo van las cosas entre Arie y su novio?

-Traté de persuadirla a que se casara después del nacimiento de su bebé, pero Neal insiste en que sea antes, por otro lado la presión de Terence y sus padres se ha vuelto casi insoportable, no tengo más opción que dar mi autorización para ese matrimonio, te confieso que no soporto a Neal ni a su madre, aunque lo he tratado por Arie, Albert me ha ayudado a hacer más tolerable cada reunión con ellos.

-No sabía que te llevarás tan bien con él.

-Oh, sí, él es el patriarca del clan al que pertenecen Neal y su familia, próximamente Arie y su bebé. Aparte de eso él siempre se comporta de manera especial conmigo.

-Candy, ¿No será qué...?

-No lo sé Patty, no lo sé.

Bueno ya que están de nuevo en casa me voy, iré a dormir a mi casa, solo compraré algo para comer. Me iré directo a descansar.

Que vacía y silenciosa esta casa sin el correteo de las niñas, sin la música de Ariel, falta la presencia de Rosa, su ir y venir, en verdad, las extraño mucho.

Esa noche Candy durmió profundamente, a la mañana siguiente, un mensaje en su celular la sorprendió en buena manera.

-¿Qué te parece si aceptas ir a desayunar conmigo?

-Uhmmm me parece perfecto, dime: ¿en dónde nos vemos?

-Ya que aceptaste, paso por ti en una hora, ¿Está bien?

-En una hora te espero.

La alegría que Candy sentía se reflejaba en su vestuario, inconscientemente trataba de sorprender a su amigo.

-Me han recomendado mucho este lugar, ¿quién mejor que tú para acompañarme a disfrutarlo? Te ves inmensamente hermosa, gracias por aceptar mi invitación, me honras con tu compañía.

-Gracias, Albert, me siento bien estando contigo. Siempre quise venir a este restaurante, muero de hambre.

-Enseguida llamo al mesero.

La mañana transcurrió rápidamente, ambos personajes disfrutaron su compañía, entre pláticas, risas se dieron cuenta que tenían muchas cosas en común, la atracción entre ellos era evidente. Ninguno de los dos tenía la intención de ocultarlo más.

-¿Qué parece si esta noche salimos a bailar o a tomar algo?

-¿Bailar? Hace muchísimos años que no lo hago, pero estaría bien intentarlo.

-Bueno mi pequeña, te veo esta noche, iremos a la mejor discoteca de música clásica y romántica.

Tomándose el resto del día, Candy aprovechó para consentirse en el mejor salón de belleza de la ciudad, la estilista le hizo un maravilloso peinado y un impecable maquillaje.

Un hermoso y entallado vestido negro la hacían ver despampanante, consciente de su belleza reconoció que ni en tiempos pasados había alcanzado tal esplendor. Las personas que la veían se deslumbraban ante su belleza, su sonrisa y energía la hacían sentir más viva que nunca.

-Te ves impresionante esta noche, en verdad es un halago poder presumirte, te traje un presente, espero que te guste.

-Oh Albert, es muy bella… su aroma es muy suave.

-Su color hace juego con el de tus labios y su aroma, en belleza no hay nada que se compare a ti.

-Espera, hay algo entre los pétalos de la rosa, ¡No puedo creerlo! Son bellísimos, me encantan.

-¿Me permites ponértelos?

-Está bien.

-Oh, Candy, sabía que esos zarcillos se te verían bien, pero mis expectativas se quedaron cortas, simplemente eres muy bella.

Después de cenar, Albert invitó a su bella acompañante a bailar. Su corazón palpitaba con desespero, porque aunque era un excelente bailarín, esa noche junto a Candy todas sus sensaciones parecían ser nuevas.

Los rubios no podían pasar desapercibidos, los presentes esa noche deleitaron sus ojos al ritmo de los cuerpos de la exuberante pareja.

Entrada la madrugada, la disco quedó casi vacía. Candy se aferraba al cuello del altísimo caballero, él la sujetaba de la cintura, daban paso a lo que era inminente, un beso, el más delicioso de los besos. Albert le susurró al oído, lo mucho que ella le gustaba y lo bien que se sentía junto a ella. Ella le correspondió, su cuerpo le pedía más.

-Candy vente conmigo, olvidémonos de todo, durante el fin de semana. pasémoslo juntos, escápate conmigo, lejos de la realidad, quiero hacerte feliz, puedo sentir que tú también lo quieres y lo necesitas.

-Sí, llévame contigo.

De inmediato el millonario caballero, puso a su disposición su avión privado. Luego de muchas horas, París les daba la bienvenida.

El personal de su mansión, tenían todo preparado para recibirlos, Candy se maravillaba ante las atenciones de su caballero, quien estaba dispuesto a brindarle los mejores días en esa ciudad, después de pasear por los mejores destinos turísticos y, de muchas risas y muchos besos, Albert invitó a su acompañante a cenar el restaurante más exclusivo de la torre Eiffel.

Esa noche se entregaron en cuerpo y alma, Candy le permitió a Albert poseerla hasta el delirio. Él encantado recorrió el cuerpo de su mujer una y otra vez.

Su estancia en París se prolongó hasta el día martes, llegando a sus respectivos hogares el miércoles por la noche, en el vuelo de regreso Albert le daría su corazón a Candy.

-Estos días han sido los mejores, no podré olvidarlos jamás. Candy sé que ya no somos jóvenes, pero aún estamos vivos. Cada palpitar de mi corazón quiero compartirlo contigo, estoy loco por ti, por favor acepta ser mi novia.

En verdad esas palabras la hicieron sumamente feliz. Sin embargo, un recuerdo vigente invadió su memoria.

-Al igual que tú he disfrutado mucho estos días. Te juro que nunca los olvidaré, lamentablemente las cosas para mí no son tan fáciles, por lo que te pido que llevemos las cosas con la mayor discreción posible. No quiero afectar a mis hijas, en las llamadas ni siquiera les dije que también estaba en Europa, por favor dame tiempo para hacer pública nuestra relación. Debes saber que sí, acepto ser tu novia.

Sin preguntar más, Albert confió en las palabras de su mujer, al llegar a California, él como todo un caballero la acompañó hasta la puerta de su casa, después de una despedida acompañada de dulces besos, se retiró de la escena, Candy solo alcanzó a desnudarse, agotada por el viaje se quedó dormida.

Al amanecer otra escena romántica la despertaría, música de fondo (Always on my mind, Elvis Presley) y una flor en mano que recorría de su rostros, su cadera, le daban los buenos días.

-Despierta pecosa, tenemos que hablar.

-¡Terence! ¿Qué haces? ¿Cómo entraste?

-Maddie me dijo donde guardabas la llave de repuesto, vine para agilizar la boda de nuestra hija, intenté llamarte, pero fue en vano, hace dos días estoy aquí. ¿Dime Candy en dónde hasta estado?

-¡Eso no es asunto tuyo, por favor sal de mi habitación!, necesito tomar una ducha y vestirme, llegaré tarde al trabajo.

-Está bien, te veré en la noche, iré a casa de Arie, solo te comunico que mis padres y las niñas vendrán después de navidad. Estarán en la boda de Ariel, hasta luego pecosa.

Candy en el trabajo se desahogó con Paty.

-¿Quééé? ¿Cómo dices? ¡Terry en tu casa! No puede ser.

-Esto es una locura, no esperaba verlo; sino hasta la boda de Arie.

-Ay, por Dios, ¿y qué dirá Albert? Por cierto, necesito que me cuentes bien todo lo que pasó en París, ¿Hubo, eh, pues tú ya sabes?

-Sí, sí hubo, fue maravilloso, Albert se entregó a mí de la manera más dulce. Luego percibió que mi cuerpo necesitaba más de él. Me hizo el amor apasionadamente, hasta el dolor me supo a placer, te juro que pude renacer en ese momento, una mujer sin pasado, dejándose llevar por el deseo que él me provocaba.

-¡Wow! Cosa nueva escucharte hablar así, pero me alegro mucho por ti amiga, que bueno que tu ex está aquí y ahora para que le duela tu felicidad, ahora al lado Albert.
-No es tan sencillo, no olvides la clausura que firmé en los papeles de divorcio, hasta que Madeline tenga 15 años yo podré tener pareja públicamente, por ahora debo mantener mi relación con Albert en resguardo, más con Terence aquí, no puedo poner en riesgo la custodia de mis hijas aunado la situación de Arie, los Grandchester la llevarían de ganar.

-Candy, amiga lo siento mucho.

Continuará