Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi

Un Inesperado Encuentro

By Rossy Castaneda

Capítulo Cuatro

—¿Que pasa, no vas a cambiarte, es que acaso piensas permanecer todo el día vistiendo esa espantosa pijama? —preguntó Terry saliendo del cuarto de baño vistiendo solamente sus calzoncillos

Claro que Lady Candice deseaba vestirse, pero como demonios se suponía que lo haría, con él frente a ella?

—Veo que tiene por costumbre pasearse desnudo por la habitación —dijo Candy ignorando las palabras de él.

—Te recuerdo jovencito, que esta es mi habitación y sí, efectivamente, acostumbro a pasearme desnudo dentro de "mi habitación" —respondió él remarcando las últimas dos palabras.

Candy tragó saliva, debía cambiar su actitud para con aquel hombre, ya que, teniendo el poder que tenía y tomando en cuenta que Lord Terruce era realmente el dueño de la reservación de aquella majestuosa habitación dentro de la posada, pudo sacarla a patadas durante la madrugada, sin embargo no lo hizo y hasta el momento aquel libertino se estaba comportando muy a su pesar, amable y educado.

—Lo lamento milord —dijo Candy con seriedad antes de meterse nuevamente bajo la colcha.

Terry arqueó las cejas ante aquel cambio repentino, pero decidió no incordiar mas al chico y tratarlo con el mismo respeto

—¿No piensa bajar para tomar el desayuno, señor White?

—No tengo apetito.

—Me temo que su estómago, no opina lo mismo —dijo Terry apretando los labios para no reír tras escuchar como el estómago del chico protestaba.

—El que mi estómago ruja no significa que sea porque tengo apetito milord —Respondió Candy cubriéndose completamente.

—Como guste, pero debe saber caballero, que se perderá de un deliciosos desayuno.

Terry terminó de vestirse y bajó al comedor.

—Buenos días milord —saludó la señora Gloria.

—Buenos días señora Cambell.

—¿Pudo descansar? —preguntó.

Comparando la comodidad de la cama, aunque esta fuese compartida, con la paja del establo, Terry consideró que el resto de la madruga fue lo suficientemente confortable.

—Claro —respondió —siempre es mejor descansar sobre una cálida cama.

Gloria sonrió

—Y el chico, ¿sigue aun dormido?

—Buenos días

—Buenos días Carl —respondió una sonriente Gloria —recién le estaba preguntando a lord Terruce por ti, ¿que tal ha sido tu noche?

Candy le dirigió una sonrisa agradecida

—Ha sido bastante placentera, gracias a usted milady.

—Imagino que ya has conocido a Lord Terruce ¿verdad? —inquirió la amable mujer.

—Si —respondió Candy —y vaya manera en la que lo había conocido —pensó.

Gloria le sirvió el desayuno a ambos mientras parloteaba sobre el mal tiempo y las pocas posibilidades que alguna diligencia pasara por la region por los siguientes días ya que algunas partes de la carretera estaban totalmente intransitables a causa de la acumulación de agua y lodo

Candy casi se atragantó con aquella información ya que eso significaba que tendría que seguir compartiendo la habitación con aquel libertino y eso era algo que no podía permitirse ya que de hacerlo, terminaría sucumbiendo a sus encantos y ahí si que estaría en grandes aprietos, quedaría al descubierto que no era un chico sino chica.

—En ese caso me temo que seguiré mi camino a pie —musitó Lady Candice mientras pinchaba un trozo de patata.

—No puedo permitir eso, no sabes la cantidad de lobos rapaces que hay allá afuera y te devorarían en un santiamén —replicó Gloria.

—Agradezco su preocupación milady, pero debo llegar a mi destino.

Lord Terruce quien había permanecido en silencio alzo el rostro, y bajo la claridad de la estancia miró con detenimiento el aspecto del chico, notando que su vestimenta era de calidad aunque un poco desgastada, su rostro se veía como de un pequeño crio de entre trece o quince años —.¿ que hacía un chico de su edad viajando solo? ¿ como era posible que sus parientes le permitieran hacer tal cosa? ¿A caso no sabían al peligro que se enfrentaba al hacerlo?; —frunció el ceño al ver que el aspecto del chico era bastante afeminado y si seguía su camino solo, no duraría ni cinco minutos a salvo —cerró los ojos —realmente era un verdadero milagro que hubiese llegado en una pieza a la posada la noche anterior, ya que él sabía de primera mano lo que le sucedía a quienes lo hacían, muchos muchachos y muchachas caían víctimas de gente sin escrúpulos que sin importar su sexo, abusaban de ellos y luego los vendían en los burdeles de la region desde donde él aprovechando su título nobiliario los había rescato fingiendo que los compraba para uso personal, ganándose así el título de calavera y libertino, aquello no le importaba en lo absoluto, ya que le daba la libertad de internarse en el bajo mundo y rescatar a cuanto muchacho y muchacha podía, llevándolos luego a un lugar cálido y seguro en donde cuidaban de ellos hasta que lograba reunirlos con algún familiar.

—¿Y cual es tu destino Carl?

—Londres milord —se adelantó Gloria a responder.

—Aun no logró comprender como es que tus familiares te han dejado hacer un viaje tan lejos sin compañía de un adulto.

—Lo hacía milord, pero tuve un pequeño percance y mi ayudante cámara tuvo que regresar a casa junto con mi caballo que terminó lesionado.

—¿Cuantos años tienes Carl? —¿Trece, quince? —inquirió Terry clavando su mirada en el chico frente a él.

—Tiene Diecinueve milord —intervino Gloria al ver que el joven no respondía.

—Carl White, es evidente que no tiene idea a los peligros que te expones al seguir tu viaje hasta Londres ¿ o me equivoco? —Terry pinchó un trozo de patata.

Candy no respondió.

Terry alzó el rostro una vez mas y vaya sorpresa, se encontró con la mirada esperanzada de la señora Cambell.

—El chico es demasiado joven para viajar solo, milord. Me preguntaba, si en su viaje de regreso a Londres, ¿sería tan amable de cuidar de él hasta que llegue a casa de su hermano?

¡Genial! —pensó Terry, ahora le tocaría hacer de niñera.

—Estaré encantado de hacerlo, señora Cambell, solo que primero debo llegar a Edimburgo, y tomar un carruaje para que el viaje sea mas cómodo para ambos —dijo Terry ya que viajar ambos montados sobre Teodora seria desgastante para su apreciada yegua algo que no estaba dispuesto a hacer, suficiente sería hacerlo desde Gretna Green a Edimburgo.

—No necesita hacerlo milord —replicó Lady Candice —puedo aguardar en la posada hasta que llegue una diligencia que me lleve a Londres.

—No permitiré tal cosa, compartiremos la habitación y cuando la carretera sea transitable viajaras conmigo a Edimburgo —Terry echó un vistazo alrededor y vio como unos hombres miraban al chico de manera lasciva aquello le causó repulsión — mientras eso suceda me acompañarás a donde yo vaya, no permitiré que permanezcas solos en medio de una manda de chacales.

—Pero... —Lady Candice comenzaba a protestar pero la voz de la señora Gloria la cayó.

—Haz lo que te pide muchacho, estarás mas seguro con él que alejado de él.

¿Segura? ¿Cómo demonios iba estar mas segura teniendo esa deliciosa tentación tan cerca a ella? ¿Como sobreviviría una noche más compartiendo la cama con aquel libertino —se mordió el labio mentalmente —la verdad es que no debería sorprenderse, ese hombre frente a ella exudaba seducción en lugar de sudor, a diferencia de la mayoría de personas. Seguro que con solo rascarse el trasero las mujeres caían a sus pies embelesadas. De hecho, tenía un magnífico trasero... ¡Pero bueno, de ninguna manera podía permitirse pensar en ninguna parte de la anatomía de ese individuo y menos en aquella que era... —Lady Candice se abofeteó mentalmente por aquellos pensamientos tan impropios —"No te hagas la puritana, bien que tus pupilas se deleitaron viendo tan majestuoso hombre" —su yo interno se burló de ella —"no puedes negar siquiera lo apetecible que es, ¡mmm! sus piernas, su espalda, su trasero firme, su torso desnudo, aquella linea de vellos que se perdía hasta su... —Lady Candice sacudió la cabeza, definitivamente su yo interno no le era de gran ayuda en esos momentos, sino todo lo contrario la estaba incordiando con aquella descripción.

—Terry —la voz de Carson y las risas de Juskin a espaldas de él hicieron que Terry se girará ligeramente.

Lo que me faltaba —pensó Terry obligándose a mostrar una sonrisa.

—Veo que tu condición como hijo de un Duque te ayudó a conseguir una habitación donde descansar cómodamente por algunas horas —dijo Juskin —mientras que nosotros tuvimos que conformarnos con dormir en estas incomodas sillas, mi trasero está molido.

—No te hagas Dan —dijo Carson burlón —tu tines un trasero de alambres.

—Y tu el culo más grande que la mayoría de las camas no soportarían tu peso August —se burló

—Vigila tu lenguaje y compórtate, Dan Juskin —dijo la señora Cambell desde el aparador —. No des mal ejemplo al señor White, te recuerdo que conozco a tu madre.

—Sí, señora Cambell —susurró Juskin, sonrojado por la reprimenda.

—Terry, por cierto —dijo Carson mirando fijamente a Lady Candice —no nos presentas al muchacho.

—Si claro —respondió Terry —señor White ellos es Dan Juskin y August Carson.

—Encantado de conocerlos —Lady Candice fingió una voz masculina.

La penetrante mirada y el ceño fruncido de Carson hizo que Lady Candice sintiera miedo.

—Lo conoces de algún lugar —le inquirió Terry a Carson al ver la manera como miraba al chico.

—Juraría que me resulta familiar el muchacho... ¿Dices que tu apellido es White?

Lady Candice palideció y asintió con la cabeza. ¿Qué demonios pasaba ahora?

—¿A ti no se te hace familiar su cara, Dan? —juraría que lo hemos visto en alguna parte.

—¿Y dónde podríamos haberlo visto, August? —preguntó Juskin.

Lady Candice observó como aquel hombre la veía con una malévola expresión

—¿Qué edad tienes, chico?

—Voy... voy para veinte —respondió ella, muy concentrada en su plato.

—O sea, que ya debes de tener unos cuantos pelos en la barba —dijo Carson burlonamente.

—Pues no tiene ni uno, August —dijo Juskin tras observar las mejillas del chico con detenimiento, para luego reír de manera lasciva —No me digas que compartiste la habitación con el chico.

Las orejas Lady Candice se pusieron de color rojo encendido. Su expresión era una mezcla de enfado, vergüenza y nerviosismo, por alguna razón que desconocía la presencia de aquellos dos hombres le causaba sentimientos extraños.

Infiernos a caso pensaba que el chico y él...

—Eso es algo que no es de tu interés —respondió Terry.

—Si, si, claro —dijo Juskin mirando a Lady Candice.

De manera abrupta Lady Candice bajo su disfraz de Carl, dejó caer el tenedor en el plato, la manera como aquel despreciable hombre la observaba le causaba repulsión.

—Carl termina tu desayuno, no quiero que te desmayes mientras andes conmigo.

Ambos hombres estallaron en carcajadas.

—Eres incorregible Terry, asi que lo llevas contigo para que nadie más lo use en tu ausencia.

El estómago de Terry se contrajo, a caso aquel imbécil insinuaba que él y aquel chico —¡ah! asco.

Terry no tenía intensiones de aclararle nada a aquel par de imbéciles pero al ver la rigidez del chico se vio obligado a hacerlo.

—No es por lo que ustedes piensan —aclaró —la señora Cambell me ha pedido que acompañe al chico a Londres para que se reúna con su hermano y evitar de esta manera que alimañas como ustedes se aprovechen de su inocencia.

—¿Que insinúas? —preguntó Carson

—Sabes perfectamente lo que trato de decir —respondió Terry poniéndose de pie imponiendo su altura y su superioridad —así que no te hagas el imbécil conmigo que ese papel no te va, al menos no en esta ocasión.

—Tranquilo Grantchester —dijo Juskin al ver como Terry había cambiado su cálido semblante por uno completamente frio e intimidante.

—¿Y como se llama tu hermano chico? —preguntó Carson mirando a Lady Candice —tal vez lo conozco después de todo y podría ayudar para que el encuentro sea rápido.

Lady Candice se quedó en silencio por unos segundos, pensando muy bien que respuesta iba dar en esos momentos, no podía decir el nombre real de su hermano ¿verdad?, de hacerlo la descubrirían ahi mismo.

—William White —respondió Candy.

—No he escuchado de ningún William White, pero si de un William Ardley que por cierto es Escocés igual que tú, pero hasta donde sé tiene dos hermanas y la menor de ellas estaba a punto de comprometerse con Niel Leagan un buen amigo mío.

Lady Candice sufrió un ataque excesivo de tos..

Lo sabe, este hombre sabe o sospecha quien soy, la manera tan penetrante como me ve —pensó—.Buen Dios! —Exclamó internamente —¿Seria posible que alguien la hubiera visto mientras se disfrazaba de chico en la oscuridad de la noche y había ido hasta su casa para poner al tanto a su Tía Elroy y está había puesto al tanto a aquel vividor y este último había enviado a sus perros sabuesos a que la rastrearán y la llevarán de regreso a casa?

No, no, aquello era imposible, ella se aseguró que nadie la mirara, pero...y si no.

¡Diablos! No había manera de saberlo, ademas el cielo estaba oscuro a causa de las espesas nubes de aquella maldita tormenta que le tocó soportar mientras caminaba.

¡Dorothy! —podría ser, después de todo ella era la única se sabia que aspecto tenía—ay no! Se negó a creer que aquella chica la hubiese delatado, pero y si la habían torturado para que hablara, no la culparía, Lady Candice sabia que su Tia Elroy podía ser capaz de hacer esa atrocidad con tal de conseguir lo que deseaba y en esos momentos necesitaba saber su paradero.

Lady Candice se atragantó ante sus pensamientos y la posibilidad de estar al descubierto provocó que su rostro se tornará pálido, su estomago se revolviera al punto que sintió grandes deseos de devolver lo que acababa de ingerir

—¿Te sientes bien Carl? —le preguntó Terry luego que aquel par de idiotas se retiraron y los dejaron a solas.

Como respuesta, Lady Candice alzó la mano al tiempo que asentía con su cabeza.

—Si desea podemos ir a dar una vuelta a los alrededores.

—No hace falta milord —respondió Lady Candice recuperándose luego de esforzarse en gran manera.

—Ve muchacho, servirá para que te distraigas un rato —intervino Gloria.

Continuará...