Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi
Un Inesperado Encuentro
By Rossy Castaneda
Capítulo Seis
Dos días habían pasado desde su llegada a aquella pequeña casa hogar, dos días en los que por las noches Lady Candice y Lord Terruce habían compartido la misma habitación, dos noches en las que como acostumbraba, Lord Terruce se paseaba desnudo por la habitación y Lady Candice se deleitaba las pupilas ante aquel espectáculo nocturno, y vaya espectáculo, ahora que sabía que todo cuanto se decía de él eran puros cotilleos de gente sin oficio alguno, Lady Candice se sentía mas atraída por aquel espléndido hombre.
Finalmente Pony se había apiadado de ella y le había prestado ropa de Tom uno de los chicos que creció en aquel lugar y que iba de visita cada cierto tiempo, las prendas le quedaban grandes pero aquello era mejor que dormir desnuda junto a Terry.
Terry por su parte se sentía extraño, algo había cambiado en él.
Por mas intentos que hacía no podía sacar de su mente la manera como Carl había rodeado su cintura con ambas manos cuando salieron de la posada de Gretna Green en dirección al burdel de Meredith; aquel simple contacto lo tenía contrariado.
Recordó luego, la manera como Carl salió del burdel y como lo encontró vomitando descontroladamente; luego sus reclamos, y el cambio de actitud cuando llegaron a la casa hogar.
La manera como Carl lo veía, su cercanía, el aroma de su piel no era el de un hombre, era un embriagador aroma de mujer el cual lo estaba volviendo loco, sí, esa era la palabra, loco y además un depravado; ¿de que otra manera se le podía llamar a una persona que estuviera sintiendo lo que él sentía con la cercanía de aquel chico?
El haber revisado la ampolla en su pies, no le había ayudado en nada, si no todo lo contrario, ver lo delicado que lucían y lo suaves de su textura le habían hecho sentir un cosquilleo y no cualquier cosquilleo, había cerrado los ojos y dejó que sus pensamientos volaran lejos, ¡mmm! cuanto deseó con todas sus fuerzas comerse a besos aquellos delicados pies.
Apretó los labios al recordar la charla que tuvieron la primera noche en la casa hogar, algo parecido a los celos se hizo presente en él ante la idea que Niel le hubiera puesto una mano encima.
Sacudió su cabeza ¿que demonios le estaba pasando? —¿desde cuando sus preferencias sexuales habían cambiado? ¿Sería a caso ese su castigo por haber dejado plantada a Lady Susana? —¡infiernos! —aquello no podía estarle pasando a él —¿como demonios le diría a sus padres que sus preferencias sexuales habían cambiado y que fueran renunciando al hecho de que él les diera un heredero? —¡Dios Santo! Arderé en el infierno —susurró para si.
Con su mente perturbada ante aquellos pensamientos se puso de pie y decidió salir de aquella casa, necesitaba respirar aire fresco, para ver si eso disipaba todo lo que le estaba atormentando.
Con sus manos en los bolsillos miró al cielo en busca de una respuesta a sus atribulados pensamientos, se dejó caer en el pasto húmedo sin importar mojar su ropa, cubrió su rostro con ambas manos y negó con la cabeza.
—¡Buen Dios! Por favor ayúdame, me siento tan confundido ante esta situación, dame una señal, muéstrame el camino a seguir y lo que debo hacer, no quiero arder en el infierno.
La señal le llegó más pronto de lo que imaginaba al escuchar una voz femenina que provenía del rió.
Candy se despertó y le sorprendió no ver a Terry a su lado.
Encogiéndose de hombros, se puso en pie y caminó hasta la ventana; sonrió cuando al abrirla, los rayos del sol le dieron los buenos días después de dos días de inclemente lluvia.
Estiró sus brazos y aspiró el aroma de la brisa fresca.
Tras vestirse, bajó al comedor donde todos aguardaban a que la señorita Pony y la hermana María sirvieran el desayuno.
Frunció el ceño al no ver entre la pequeña multitud de niños a Lord Terruce.
—Descuida —la voz suave de Pony se escuchó —dijo que subiría a la colina un momento, siempre lo hace, cada vez que viene.
Lady Candice le dirigió una sonrisa, ya que si ella estaba en aquel papel de chico, era gracias a Pony.
Tras tomar el desayuno, Lady Candice se puso de pie y ayudó a las dos mujeres a recoger la mesa.
—No hace falta que lo haga —le dijo Pony una vez quedaron a solas —el día es agradable milady y puede ir al río y tomar un refrescante baño.
—Buena falta me hace —respondió Lady Candice con una amplia sonrisa.
—Vaya por la parte de atrás de la casa —le dijo Pony enviándola apropósito en dirección hacia donde Terry se encontraba, ella se había dado cuenta de lo atribulado que el pobre hombre se encontraba al descubrir que se sentía atraído por un chico, Pony también se había dado cuenta la manera como ella lo veía, en realidad no debía interferir pero esos dos necesitaban una ayudadita la cual ella estaba dispuesta a brindárselas de una bendita vez—ahí gozará de la privacidad que necesita milady.
—Gracias Pony —Lady Candice se abalanzó a la mujer frente a ella y la abrazó cálidamente para luego salir a toda prisa en la dirección que le indicó.
Al llegar al lugar, Lady Candice reprimió un grito de alegría, amaba bañarse en los ríos y aquella cristalina agua la estaba llamando.
Sintiéndose hipnotizada por aquella cristalinas aguas, Lady Candice comenzó a despojarse primero de aquella estorbosa peluca y luego dejó caer una a una las prendas que cubrían su cuerpo, quedando completamente desnuda, se lanzo al río y comenzó a nadar con sus ojos cerrados, entrar en contacto con la naturaleza siempre la impulsaba a cantar como si de un ruiseñor se tratara, olvidándose de todo a su alrededor.
Terry se puso en pie al escuchar aquella hermosa voz, sintiéndose hechizado por aquella melodía desconocida para él, emprendió la marcha hasta el lugar de donde provenía aquel hermoso canto, guiándose por aquel sonido.
Cuando llegó creyó que estaba soñando.
Aquello era imposible, él nunca había creído en los mitos de sirenas, pero ahora lo que sus ojos veían le demostraban que realmente las sirenas si existían.
Sus ojos brillaron al ver la larga cabellera dorada cayendo con total libertad por la espalda desnuda.
Sintió que su corazón se paralizó cuando quien hasta ese momento creía una sirena, se puso en pie, mostrando dos hermosas y bien torneadas piernas.
Siguió su escrutinio y el aliento se le cortó cuando la chica frente a él quien permanecía de espalda alzó su dorada cabellera y le regaló una visión celestial de unas adorables nalgas.
Una parte de su anatomía reaccionó y se vio obligado a apretar los labios para no hacer ningún ruido.
Se acercó un poco más en el momento en que aquella belleza de mujer se lanzó al agua.
Sus ojos se abrieron como platos —¡Que demonios! Musitó para él mismo en cuanto sus ojos vieron esparcidos en el suelo, la peluca rojisa y la ropas de Carl White.
Se sintió ofendido y engañado por una mujer, la rabia que comenzaba a inundar sus entrañas se disipó de golpe cuando la chica salió del agua, obligándolo a esconderse detrás de unos arbustos, permitiéndole ver con detenimiento cada parte de aquel delicioso cuerpo que sin saberlo lo había cautivado, sus ojos que minutos atrás se mostraban atribulados ante la posibilidad que se sentía atraído por un chico, brillaron de manera deslumbrante capaces de iluminar cualquier oscuridad, una sonrisa pícara y traviesa se dibujó en sus labios al recordar la primera vez que lo vio desnudo y su reacción asustadiza por la proporción de una parte de su anatomía, ¡Dios! Ella conocía su cuerpo desnudo y era muy buena disimulando su pudor. —Ahora entendía muchas cosas, su llanto y sus maneras afeminadas —ella era mujer y eso significaba que él no era un depravado y enfermo sexual.
—Quien anda ahí —Lady Candice se colocó torpemente la camisa para cubrir su desnudez al escuchar algo parecido a una risa traviesa.
Al no recibir respuesta, imaginó que se trataba del viento, sentía deseos de seguir en el agua y nadar como un pez, pero reprimió sus deseos, ya había pasado demasiado tiempo afuera, ya era tiempo de regresar a la casa hogar y debía hacerlo antes que Terry lo hiciera.
En cuanto se alejó, Terry salió de su escondite con una amplia y deslumbrante sonrisa, y un pequeño dolor en su entrepierna.
Sin perder el tiempo, se deshizo de sus prendas y se lanzó al agua, necesitaba un buen baño de agua fría para bajar la creciente erección que amenazaba con explotar en cualquier momento.
Tras recuperarse, salió del agua, se vistió y caminó de regreso a casa.
—Así que te gusta jugar ¡eh! —pues bien, vamos a jugar Carl o como demonios te llames, habrá un cambio de planes, no iremos a Edimburgo por ningún carruaje, ni por otro caballo, nos iremos sobre Teodora y tú irás delante mío, a horcajadas, te cobraré con intereses todos estos malos días que he tenido por tu causa, partiremos mañana, prepárate —rió como nunca antes los había echo, sintiendo como una pesada carga caía de sus hombros.
Durante la hora del almuerzo Terry se la pasó lanzándole mirada traviesa al joven Carl, este abría los ojos como platos ante aquel cambio de actitud.
—¿Carl, te sientes bien? —le preguntó Terry mientras le tomaba una de sus manos con delicadeza, aquel roce fue como una llamarada que amenazó en consumir por completo a Lady Candice.
—No —Respondió liberándose de su agarre de manera abrupta y poniéndose de pie—me duele un poco la cabeza, me iré a la habitación, necesito descansar.
Terry sintió preocupación al ver su palidez, razón por la cual dejó de lado su juego de seducción.
—Te acompañaré.
—No hace falta milord, conozco el camino.
—No lo dudo —respondió él —pero tu palidez me indica que realmente no te encuentras bien y no me gustaría que terminaras rodando por las escaleras, es mi deber entregarte a tu hermano en una pieza —mostró una cálida sonrisa.
—Agradezco su preocupación milord, pero no debe hacerlo, estoy bien, un poco de descanso me ayudará a recuperarme, se lo aseguro.
Terry asintió —de acuerdo, pero si no mejoras, prométeme que me lo harás saber.
—Lo prometo milord —respondió ella con una media sonrisa antes de retirarse.
—Estará bien —la voz de Pony hizo que Terry apartara la mirada de la silueta de la joven —Tiene un delicado rostro para ser un muchacho ¿no le parece? —dijo Pony con picardía sabiendo de sobra que él ya estaba al tanto que Carl no era un chico sino una chica, ya que la muy pillina había observado todo desde un area apartada del bosque.
—¿Usted cree? —preguntó Terry mirando nuevamente el lugar por donde Lady Candice se había perdido.
—Y usted también lo cree —Pony ladeó mostró una sonrisa traviesa —sé que ha descubierto lo que el chico, bueno mejor dicho lo que la chica le ocultaba celosamente.
—¿Usted lo sabía?
—Si —respondió la mujer encogiéndose de hombros —y ahora que usted también lo sabe ¿que hará?.
—Pony a usted no puedo engañarla, me conoce lo suficiente como para intentar hacerlo, no se como ha sucedido pero de alguna manera comencé a sentir atracción por Carl, Dios! Me sentía un maldito depravado ante aquella situación pero al decir verdad desde que salimos de la posada me sentía extraño y cuando llegamos aquí, el chico comenzó a mirarme de manera diferente, estar en contacto con sus pies y manos terminó por confundirme —resopló —fue precisamente esa confusión la que me llevó a la colina, necesitaba aclarar mis pensamientos, y entonces la escuché, escuché aquella hermosa voz y me deje envolver en las mil y una sensaciones que despertó en mi —suspiró —mis ojos se deleitaron ante la visión mas hermosa que mis ojos habían contemplado jamás —sonrió de medio lado —casi caigo de bruces cuando vi la peluca roja y la vestimenta de Carl esparcida en el suelo, mi corazón estuvo a punto de salir del pecho cuando se puso de pie, ¡Por Dios! Fue lo mas maravilloso...
Pony observaba atentamente cada uno de los gestos de Terry y rió entre dientes, ya que ella notó que no solo su corazón estuvo a punto de salir de su pecho, otra parte de anatomía amenazó con hacerlo.
—¿Y que piensa hacer ahora que lo sabe? —inquirió Pony por segunda vez.
—Le cobraré por el mal rato que me hizo pasar, ¡por Dios! Me hizo dudar de mi preferencia sexual —respondió con una sonrisa traviesa.
—¿Y no le parece que mostrarse a ella completamente desnudo durante las últimas noches es castigo suficiente? —replicó Pony estallando en carcajadas ante la cara de poker de él —Ella me lo ha contado —aclaró —de echó fui yo quien le entregó las ropas que llevaba puesta para que huyera de su casa
—¿Como? —usted sabe la verdadera razón por la cual huyó de su casa, porque no me creo la historia que lo ha hecho para visitar a su hermano.
—Si lo sé, pero eso es algo que no me corresponde a mi aclarar sino a ella y estoy segura que lo hará llegado el momento, por ahora solo puedo pedirle que sea comprensivo y que cuide de ella, no la abandone a su suerte cuando lleguen a Londres, ella lo necesitara, usted a parte de su sus hermanos son las únicas personas en las que ella puede confiar.
—Comprendo —dijo Terry —¿puede decirme al menos su nombre? —no fue una pregunta sino una súplica la cual Pony acotó.
—Claro que puedo —respondió con una cálida sonrisa —el nombre de la muchacha es Lady Candice Ardley, hermana menor del Conde de Edimburgo Willliam Ardley y la Condesa Rosemary Ardley.
Dentro de la habitación, Lady Candice caminaba de un extremo a otro, de seguir haciéndolo, terminaría por hacer un agujero en el piso.
Era mentira que le dolía la cabeza, aquella fue la única excusa creíble que encontró para retirarse y evitar así, las miradas de Lord Terruce Grantchester.
Detuvo su andar y se dejó caer de golpe sobre la cama.
Colocó sus manos detrás de su nuca, cerró los ojos y comenzó a recopilar todo lo acontecido minutos atrás..
¿Que demonios le pasaba? ¿Por que la veía de aquella manera? ¿que demonios significaba aquel brillo en sus ojos?
¿Sería aquello posible? ¡Ay no!, la cabeza de Lady Candice estaba a punto de explotarle antes el tumulto de pensamientos que cruzaron en su mente.
Lord Terruce Grantchester interesado en un chico —No, no, aquello era una pesadilla de la cual deseaba despertar o moriría ante la idea que él hubiese cambiado su preferencia sexual a causa de su mentira, no definitivamente aquello no podía estarle sucediendo, ¿que penitencia estaba pagando?
Una punzada de dolor y celos se incrustó en lo mas profundo de su corazón, Lord Terruce se había interesado en Carl White y no en Lady Candice, aunque los dos vivían en ella, recordar que él odiaba las mentirás, le hizo ver que no tenía oportunidad alguna, ya que en cuanto le dijera la verdad, no la perdonaría.
Se recriminó a si misma, reconociendo lo idiota que había sido al no decirle la verdad cuando él le dio la oportunidad de sincerarse; ahora no le quedaba mas que ignorar su mirada y seguir actuando como Carl White, llegar a Londres, encontrar a su hermano Albert, ponerlo al tanto de su situación, regresar con él a Escocía para que le pusiera fin a aquel absurdo compromiso al que su Tía pretendía unirla, olvidarse de Lord Terruce Grantchester para siempre y comenzar de cero con la cabeza en alto.
¡Dios! Como se suponía que lo haría, estaba segura que en cuanto cerrara los ojos la imagen de aquel majestuoso hombre inundaría sus pensamientos, había grabado en su memoria cada parte de su escultural y bien cincelado cuerpo el cual había devorado con su mirada sin pudor alguno durante las últimas noches las cuales eran sin duda las mejores de su vida.
La preocupación en el rostro de Terry fue evidente al ver que Lady Candice no bajó al comedor.
Un asentimiento comprensivo de Pony le indicó a Terry que podía ir y asegurarse que la muchacha esta bien.
Terry abrió la puerta de la habitación luego de llamar a esta tres veces y no recibir respuesta.
Al ingresar, sonrió al ver a Lady Candice completamente dormida.
Dirigió sus pasos al cuarto de baño, camino pausadamente de regreso a la habitación luego de asear sus dientes, con detenimiento observó el rostro de la joven frente a él, sacudió la cabeza para alejar los recuerdos de su bello cuerpo desnudo, debía hacerlo o de lo contrario Lady Candice corría el riesgo de perder su virtud ahí mismo.
Haciendo uso de su auto control para contener sus deseos carnales, ahora que sabía que su compañera de cama no era un chico sino una hermosa dama, decidió por primera vez en su corta vida ingresar a la cama con su estorbosa ropa, pero nada absolutamente nada lo había preparado para lo que a continuación sucedió.
Lady Candice se encontraba en el cuarto de baño completamente desnuda y sin la estorbosa peluca roja cuando escuchó pasos en el pasillo aproximándose.
El terror se apoderó de ella cuando llamaron a la puerta dejándola completamente muda.
Sus ojos se abrieron como platos al ver como la puerta comenzaba a abrirse, sin quedarle otra opción, corrió hasta la cama completamente desnuda, tomó la peluca que reposaba sobre esta, se la colocó con sorprendente rapidez y se metió debajo la colcha y se fingió dormida.
Entre abriendo los ojos, observó cada uno de los movimientos de Terry, cerró los ojos cuando él se paró frente a ella, razón por la cual no pudo ver la manera como él la observaba.
Apretó la mandíbula cuando sintió como la cama se hundía ante el peso de él.
Sentir su cercanía no le permitía a Terry conciliar el sueño, eso y la estorbosa ropa no le estaban ayudando en nada.
Salió de la cama, y sin más se deshizo de su estorbosa ropa, solo Dios sabía que lo había intentado pero no podía cambiar la costumbre de años en una sola noche ¿verdad? —tras suspirar, alzó la colcha e ingresó una vez mas a la cama.
Lady Candice tampoco la estaba pasando bien, saber que él estaba a su lado completamente desnudo como lo había hecho noches atrás no le estaban ayudando ahora que ella estaba en la misma condición; como pudo, se removió de la cama quedando a hasta la orilla, lo suficientemente lejos de su contacto, aguardó hasta que estuvo segura que él estaba completamente dormido, salió de la cama cuidadosamente, tomó su ropa y comenzó a vestirse con rapidez.
Cuando la cama se movió, Terry abrió los ojos, bajo la luz de la chimenea que permanecía encendida la vio.
Apretó los labios para reprimir un gruñido que amenazó en salir de su garganta.
Frente a él completamente desnuda se encontraba Lady Candice.
Continuará...
