Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi
Un Inesperado Encuentro
By Rossy Castaneda
Capítulo Once
Era la enésima vez que Terry miraba su reloj de bolsillo, comprobando que ya casi se llegaba la hora de partir y de Lady Candice ni sus luces.
—Madre ¿crees que baje si tu no estas con ella para convencerla a que lo haga?
—Bajará Terry —Lady Eleonor palmeó su hombro —Karen está con ella.
Terry respiró aliviado, el hecho que su pequeña y entrometida hermana estuviera con Lady Candice era garantía que bajaría aún en contra de su voluntad.
—Te lo dije —Lady Eleonor sonrió —ahí vienen —dijo señalando las escaleras por donde Lady Candice descendía junto a Lady Karen.
Los ojos de Terry se deslumbraron ante tanta belleza, si Lady Candice lucia bella la noche anterior hoy se veía...
¡Madre mía! Un ya conocido brote de deseo se hizo presente no solo en su mente sino en otra parte de su anatomía la cual palpitó debajo de sus pantalones.
Lady Candice lucía un vestido de color verde esmeralda que contrastaba adecuadamente con su blanca piel nivea, sus pechos no tan grandes no tan pequeños, quedaban a la vista, sus caderas resaltaban y lienzos de tela caían a lo largo de sus bien torneadas piernas.
Lord Terruce se obligó a levantar la mirada, o terminaría perdiendo el poco auto control que le quedaba y vio como los rizos dorados, se encontraban entrelazados con una cinta verde, enmarcaban su rostro el cual estaba completamente pálido de terror —. Sus grandes ojos verdes eran la única aportación de color a su rostro.
—Lady Candice —dijo dando un paso y tomando la mano enguantada de la muchacha que temblaba como un pequeño cervatillo acorralado —Luce usted realmente hermosa —se atrevió a elogiarla arriesgándose que le respondiera de mal modo, cosa que no hizo antes bien atinó a ruborizarse como una tierna amapola.
—Gracias —musitó —usted también luce muy elegante.
—Muy bien —Lady Eleonor los interrumpió —, ahora que estamos todos aquí es hora de irse. —Karen y Richard, vendran conmigo. —Terry y Lady Candice, irán en el segundo carruaje —ordenó guiñándole un ojo cómplice a Terry.
Terry le ofreció el brazo a Candy, el cual aceptó pero lo agarró con excesiva fuerza.
—No esté nerviosa —susurró Terry —todo irá bien.
—N... no estoy n...nerviosa —respondió ella con la barbilla levantada, la mandíbula apretada y los ojos todavía refulgían de puro terror.
Terry sintió el deseo de abrazarla de manera protectora, pero recordó que Lady Candice era capaz de defenderse por si misma, sino que se lo preguntaran a Pam, la pobre chica que Lady Candice envió al suelo de un solo golpe en el burdel de Gretna Green.
Los ojos de Lady Candice se abrieron como platos al ver que el carruaje donde ella y Terry iban, tomaba un rumbo diferente al de el resto de los Grantchester.
—¿Por que nos hemos desviado?
—Porque usted y yo caminaremos por la plaza —respondió Terry sonriendo de lado mostrando un marcado hoyuelo, provocando que el cuerpo de Lady Candice reaccionara.
¡Maldición! —pensó —si sigo por este camino terminaré recluida en un hospital para enfermos mentales, ¿como es posible que ver ese condenado hoyuelo me haga perder la compostura? —se reprendió a si misma.
—Creí que iríamos con sus padres, milord.
Terry torció el gesto.
—Podría dejar de llamarme así, me hace sentir viejo.
—¿De que otra manera podría llamarlo, milord? —preguntó aguantando las ganas de reír al ver el ceño fruncido de él.
—Puede llamarme Terry —propuso —si realmente quería pasar al segundo escalón, debía comenzar con eliminar ese trato tan formal.
—Lo haré si usted deja de llamarme milady, y en su lugar me llama solamente Candy.
—Será como usted lo desee Candy —Terry sonrió, llevaba un punto a su favor.
Al llegar a la plaza, Terry salió del carruaje y ayudó a Candy a hacer lo mismo, colocó su brazo para que ella apoyara el suyo y juntos emprendieron la marcha.
Se detuvieron en una librería en donde Terry pondría en marcha su plan.
Aquello de fingir que eran prometidos no era de su agrado, razón por la cual él le daría un empujoncito a Lady Candice para que aceptara de una vez su propuesta y de paso vería la reacción de ella con respecto al otro asunto que se había empeñado en esclarecer.
—Terry —Arthur se acercó a él —que gusto verte de regreso después de tantos días fuera.
—Hola Arthur —Terry le devolvió el saludo.
—Veo que vienes muy bien acompañado —Arthur sonrió al ver a Lady Candice.
Candy se puso rígida.
—Arthur ella es Lady Candice Ardley, mi prometida, Lady Candice él es Lord Arthur Kelly.
Arthur abrió los ojos con sorpresa...
—Encantado de conocerle milady —Arthur besó el dorso de su mano enguantada y luego se dirigió a Terry —¡vaya! Veo que los rumores eran ciertos —sonrió —bien escondido que te lo tenías pillín —golpeó su hombro.
—¿Que rumores? —preguntó Terry fingiendo desconcierto.
—Hace unos días, Carson y Juskin se presentaron en uno de los salones de juego de White y dijeron que te habían visto en la posada de Gretna Green y que habías cambiado a Lady Susana por un chico —enarcó una ceja —pero Carson ya con unas copas de más dijo que el chico no era chico sino una joven Escocesa que se había escapado de su casa para no casarse con Niel y que dicha joven era la hermana menor del Conde William Ardley, sobrina del Duque de York y nieta de los antiguos Duques hija menor de Lady Caroline White.
Lady Candice presentó un terrible ataque de tos y Terry se dio cuenta de su nerviosismo cuando Arthur mencionó al Duque de York y el resto de su familia.
—Se siente bien milady —Arthur la observó —se ha puesto pálida de repente.
—Si, es solo que necesito un poco de aire fresco —respondió Lady Candice dirigiéndole una mirada suplicante a Terry.
—Me dio gusto verte Arthur, pero como comprenderás debo sacar a mi prometida ahora mismo o se desmayará en cualquier momento.
Arthur asintió —Milady, fue un enorme placer conocerle —besó el dorso de su mano.
—Lo mismo digo —respondió la rubia.
Terry volteó hacía atrás y le dirigió una sonrisa en señal de gratitud a Arthur por el gran papel que había realizado, ya le pagaría el favor ayudándole con Lady Karen.
—¿Se siente mejor Candy?
—Si —respondió la rubia recuperando su autocontrol.
—No quiero parecer insensible, pero me es menester decirlo, ¿se da cuenta la seriedad de la situación? Lo sucedido en Gretna Green ya es del dominio público, su reputación esta en juego Candy, no podemos hacer como si nada sucedió.
—Pero usted y yo sabemos que nada pasó —replicó ella.
—Pero los demás no lo saben —refutó él —por mas que lo gritemos a los cuatro vientos nadie creerá que no haya pasado nada entre un hombre y una mujer que compartieron la misma cama durante varias noches.
—Pero esa es la verdad —repuso ella.
Terry negó con la cabeza, ¿Por qué tenia que ser tan obstinada? —pensó mientras caminaban juntos.
—Candy, noté que se puso muy nerviosa con las últimas palabras de Arthur , ¿sucede algo? ¿Es usted realmente la hija de Lady Caroline White?
Ver el cariño trato y las atenciones recibidas por parte de todos los miembros de la familia Grantchester, hizo que Lady Candice sintiera remordimiento con respecto al secreto que aun guardaba, razón por la cual luego de pensar mejor con su cabeza mas fría decidió sincerarse.
—Yo...
Una chillona voz a espalda de ellos interrumpió a Lady Candice.
—Milord, que gusto tenerlo de regreso, Lady Susana estará feliz de saber que su prometido está de regreso en Londres y que finalmente anunciará su compromiso.
Aquí estaba otra vez la mención de la tal Lady Susana —Lady Candice ya estaba comenzando a odiar a aquella mujer sin conocerla siquiera.
Terry se giró con molestia, aquello no estaba en sus planes.
—Buenas tardes Lady Elisa —se obligó a sonreír.
Lady Elisa observó a Lady Candice de pies a cabeza.
—No sabía que Lady Karen tenía una nueva doncella
Lady Candice tuvo deseo de arrancarle los cabellos a aquella odiosa jovencita que la veía con desprecio.
—Ella no es ninguna doncella..
—¡Ah no! —¿entonces es su última aventura antes del matrimonio?
Lady Candice apretó con mayor fuerza el brazo de Terry
—No le permito que se exprese de esa manera de mi prometida
Aquellas palabras le cayeron como un balde de agua fría a Lady Elisa.
—Su...prometida —balbuceó y tras recuperarse sonrió —está de broma ¿verdad?, su prometida es Lady Susana.
—¿A caso ve que me estoy riendo? —respondió Terry con vos glacial.
—No por supuesto que no —respondió Lady Elisa nerviosa —me dio gusto verle —dijo despidiéndose como perro con la cola entre las patas.
—Debió dejar que le sacara los ojos con mis propias manos —Dijo Lady Candice en cuanto Lady Elisa se dio la vuelta.
—No merece la pena —Terry palmeó su mano —ella es igual de despreciable que su hermano Niel.
¡Maldición! Aquello era lo único que le faltaba, conocer a quien hubiese sido su cuñada.
Siguieron su paseo en silencio hasta que una vez mas la voz de alguien los hizo detenerse.
—Hola Terry.
—Hola Juskin.
—Veo que te paseas con total libertad con tu conquista de Gretna Green, quien lo diría
Aquello era ya demasiado para la poca paciencia de Lady Candice quien se soltó del brazo de Terry y se puso frente a Juskin.
—Escuchame bien imbécil, no voy a permitir que me insulte.
—¡Uf! ¡Qué carácter!, —dijo con burla —. Tenía la esperanza que los cotilleos sobre su antipatía fueran solo eso, pero ahora puedo comprobar que son ciertos, como también supongo que lo es, el que la "señorita" —hizo ademán con sus manos poniendo en duda la virtud de Lady Candice —sea la chica que se escapó de su casa para venir en busca de su hermano mayor para hacer los arreglos para el matrimonio con Niel Leagan —concluyó con sonrisa maliciosa y veneno en cada palabra.
Terry sintió una creciente ira, como jamás había sentido, podía matar a ese idiota de Juskin de muchas maneras, todas rápidas, sencillas e indoloras... bueno, indoloras para él, no para el idiota frente a él.
—A ver, maldito imbécil, le es mejor que se retracte ahora mismo o le borraré esa maldita sonrisa de su horrible rostro —Lady Candice flexionó las manos como si de un momento a otro fuera a agarrar a golpes a Juskin y cumplir así su amenaza.
—Veo que realmente es toda una arpía, Terry di algo.
—Y que quieres que diga —respondió Terry con voz gélida dando un paso al frente y colocándose en medio de ambos.
Juskin dio un paso atrás y cuando lo hizo trastabilló y cayó de bruces en medio de la plaza.
—Dado los rumores, creí que al no encontrar a su hermano, había venido a buscar la ayuda de su familia materna —Juskin estaba tan nervioso que no sabía ni lo que decía —ya sabe, reclamar la herencia de su fallecida madre y disfrutarla con su marido.
—Pues su pensamiento no puede ser más erróneo —dijo Lady Candice apuntándole de manera intimidante con su dedo índice —. Si bien es cierto que he venido en busca de mi hermano pero no por las razones que usted cree, pedazo de idiota, para su información no tengo ninguna intención de casarme con el imbécil de su amigo, porque hasta donde recuerdo usted y su otro asqueroso amigo son íntimos de la rata esa que pretendía desposarme —lo miró con desprecio —mejor hágame el favor y dígale a ese sin vergüenza que se busque a otra idiota a quien embaucar, porque conmigo pierde el tiempo.
Juskin observó a Terry buscando un poco de apoyo masculino en ese momento, pero Terry se encogió de hombros; al ver aquella reacción, Juskin pasó un dedo por el cuello de su camisa y sacó un pañuelo del bolsillo, se limpió la frente, que estaba comenzando a sudar, se puso de pie, se dio media vuelta y se marchó de la misma manera como llegó.
—Será mejor que regresemos a casa —propuso Terry
Lady Candice estaba de lo mas furiosa ¿Era acaso que el cosmos se había confabulado en su contra ese día y todo se le juntaría? —Lo único que le faltaba que la tal Lady Susana apareciera en ese preciso momento.
Nombra al diablo y se te aparece.
—Milord, que bueno tenerlo de regreso —Lady Susana se acercó a ellos en el momento en que Terry abría la portezuela del carruaje para que Lady Candice ingresase.
—Buenas tardes Lady Susana —saludo Terry con una mueca de desagrado —demonios, de por si el paseo se había vuelto un completo desastre y ahora esto.
Lady Candice se puso alerta al escuchar aquel nombre y se giró para ver a la dueña de este.
—¿No me presenta a su acompañante? —Lady Susana fingió una sonrisa cortes.
—Claro —respondió Terry con una sonrisa —Lady Susana ella es Lady Candice Ardley mi prometida —concluyó Terry con satisfacción.
—Tu...prometida —balbuceo ella —pero si tu prometida soy yo, no pudiste cambiarme por esto —dijo señalando a Lady Candice.
¡Maldición! ¿era acaso que todos se habían puesto de acuerdo?
La furia y otra cosa parecida a los celos invadieron los pensamientos de Lady Candice, ahora le enseñaría a esa cabeza de coco seco, que en efecto Lord Terry la habia cambiado por ella...demonios, no la había cambiado, la habia preferido por sobre encima de ella, que además de insípida era la mujer mas frentona que jamás hubiese visto.
—Él no la ha cambiado por nadie milady, puesto que jamás ha sido ni será su prometido.
—¿Y tu quien te crees para dirigirte a mi de esa manera, insolente?
—Vaya! Veo que realmente es una cabeza de coco seco, puesto que ha olvidado tan pronto lo que mi prometido le ha dicho.
—¿Eso no es cierto? —gritó Susana.
—¿Que cosa? —preguntó Lady Candice de manera burlona —¿Que es usted una cabeza de coco seco o que Lord Terruce es mi prometido?
—Ambas cosas —respondió Lady Susana roja de ira.
—Bueno.. el que sea cabeza de coco seco no lo puedo probar, pero el que Lord Terruce es mi prometido si —Lady Candice miró a Terry —Béseme—ordenó.
Aquella orden era como decirle a una persona perdida en el desierto por varios días: "bébete esta agua".
Terry tomó el mentón de la joven rubia y cuando sus miradas se conectaron pudo leer en aquellas verdes pupilas anhelo, deseo y amor.
De manera lenta, acercó sus labios a los de ella, los cuales temblaron al sentir el primer contacto.
El beso que comenzó casto y tierno, se volvió demandante, arrastrándolos a ambos a perderse ante las sensaciones experimentadas olvidándose por completo de todo a su alrededor hasta que el chillido de Lady Susana y las exclamaciones de algunos curiosos les recordó en donde se encontraban.
Terry se negaba a separarse de los labios de Lady Candice, pero la cordura la cual se había ido de paseo, volvió a él, pues no era para nada normal que una pareja diera muestras de amor en público y aquello le obligó a abandonar aquellos exquisitos labios.
Continuará...
—jajajaja hasta que se le hizo a Lord Terruce y a Lady Candice ni se diga..—bien dicen que no hay mal que por bien no venga...bien por ellos.
—Me agrada esta Lady Candice, me imaginé a Doña Florinda doblando las mangas de su vestido Jajajaja
