Los personajes de Candy, Candy no me pertenecen, son propiedad de sus creadoras Kioko Misuki y Yumiko Igarashi

Un Inesperado Encuentro

By Rossy Castaneda

Capítulo Catorce

En cuanto todos se marcharon, Candy junto a sus dos amigas subieron a la habitación que fue preparada para ella, Annie y Patty no estaban dispuestas a marcharse a su habitación sin que Candy les contara con lujo de detalle todo lo que había vivido los últimos días.

Candy por obvias razones ocultó ciertos detalles de lo sucedidos los últimos días.

Cuando llegó a la parte del beso, sus amigas la observaron sin pestañar siquiera.

—¿Le ordenaste que te besara? —preguntó una sorprendida Patty.

—No iba a permitir que esa frentona pusiera en duda nuestro compromiso.

—Por Dios Candy —Annie comenzó a reír —pero si nos acabas de decir que solo pretenderían ante los demás que estaban comprometidos.

—Bueno, eso fue lo que Lady Eleonor propuso —se encogió de hombros.

—¿Y era eso lo que tu querías? —inquirió Patty.

—Al principio si —respondió ella —Terry aún no me había declarado su amor y yo no quería un matrimonio por compromiso.

—Y el beso, ¿como fue? —preguntó Patty, sabiendo de sobra que aquella era la primera vez que alguien la besaba.

Lady Candice cerró los ojos y trazó con su dedo indice la comisura de sus labios al recordar ese momento.

—Terry se acercó hasta mi, y cuando nuestros cuerpos estuvieron pegados, desde nuestros pechos hasta los muslos, creí que me derretiría ahí mismo, tuve que apoyarme en él, o de lo contrario hubiera caído de bruces —rió —Sus labios eran firmes —suspiró —cuando por fin rozaron los míos, causó un efecto devastador.

—¿Que sentiste Candy ? —Preguntó una emocionada Annie.

—Sentí un inmenso calor recorrer todo mi cuerpo, mi corazón palpitó al punto que creí saldría disparado de mi pecho.

—¡Oh Por Dios! —chilló Annie —¿Que pasó luego?

—Nos vimos forzados a romper con aquel mágico momento.

—¿Por que lo hicieron? —Preguntó Annie

—Estábamos en medio de la plaza pública frente a la mirada de muchos curiosos —Candy se sonrojó.

—¡Oh Por Dios! —Annie comenzó a reír —Para mañana estarán en la sección de cotilleos.

Candy se encogió de hombros —la verdad después de ver como los ojos de Terry húmedos y con un brillo intenso y estoy segura que los míos eran un reflejo de los suyos —se mordió el labio inferior —los cotilleos es lo que menos me preocupa.

—Candy, el te ama —Annie comenzó a batir las manos —el brillo en sus ojos es una clara señal de eso.

—Un momento —Patty detuvo el festín de sus dos amigas.

—Patty, no seas agua fiestas —Annie puso sus manos en jarra.

Patty negó con la cabeza —no lo soy —respondió —es solo que Candy ha dicho que los cotilleos es lo que menos le preocupan —ladeó el rostro —¿hay algo mas que te preocupa, Candy?

Candy suspiró —la verdad estoy aterrada por el baile de mañana —respondió.

—Tu, ¿intimidada? —Annie comenzó a reír.

—Claro que lo estoy, ¡por Dios! Apenas he aprendido a bailar y temo hacer el ridículo mañana durante el baile.

—Tranquila, todo irá bien —Patty palmeó su hombro.

—Por supuesto, Candy, eso ni lo dudes —Annie movió sus cejas traviesamente —con Terry como compañero de baile lo único que puede suceder es que te desmayes con su cercanía.

—Que cosas dices Annie —Candy comenzó a reír.

Luego que sus amigas se despidieron, Lady Candice se dejó caer de espaldas sobre la amplia cama, colocó sus manos detrás de su nuca, cerró los ojos y suspiró al recordar los labios de Terry sobre los suyos —; apretó las piernas al sentir de pronto un calor recorrer por su vientre tras recordar como, dejándose llevar, por las maravillosas sensaciones que las caricias y los besos de Terry le provocaron mientras estaban dentro del carruaje, se mordió el labio inferior al recordad como su cuerpo explotó y ardió como una hoguera, partiéndola en mil pedazos.

Cubrió su ya sonrojado rostro al recordar que mientras estuvo en el regazo de Terry, pudo sentir algo fuerte y potente rozando su cadera.

Negó con la cabeza, sintiéndose mas avergonzada —¡Por Dios! Se estaba convirtiendo en una descarada, pero aquello le importaba un pimiento, la verdad fue que deseó sentirlo dentro de ella.

¡Por Dios! —si con su dedo, Terry la había hecho explotar de aquella manera, no quería imaginar como la haría sentir con su erecto miembro y de no haber sido que se tuvieron que separar de manera abrupta cuando los cascos de los caballos detuvieron su andar, Lady Candice estaba segura que hubiese terminado cumpliendo su deseo.

—¡Terry! —musitó luego de un enorme suspiro y rindiéndose en los brazos de Morfeo.

En la casa Grantchester las cosas no eran tan diferentes.

Terry se vio obligado a salir de su recámara, el calor en su cuerpo era tan sofocante.

Se recostó sobre el pasto y comenzó a recordar todo lo vivido ese día, las cosas habían salido mejor de lo que lo había planeado.

La aparición de Carson, Lady Elisa y Lady Susana alias cabeza de coco seco —rió al recordar esto último —habían sido el empujoncito que Lady Candice necesitaba.

Creyó que moriría ahí mismo, cuando le ordenó que la besara frente a Lady Susana.

¡Diablos! —La reacción de su cuerpo no se hizo esperar, al recordar el comienzo de aquel beso.

"Debemos marcharnos ahora o terminarán enviándonos a la horca por nuestra falta de decoro" —le había dicho tras recuperar la cordura que había perdido.

Sonrió al recordar las mejillas sonrojadas de ella, ya que por muy atrevida que quería mostrarse, él se dio cuenta de sus torpes movimientos, aquello era una señal evidente que aquel beso era el primero que recibía y se juró a si mismo sus labios serían los únicos que probarían el dulce sabor de los de ella.

Y en el carruaje —¡Uf! —la ardiente respuesta de ella a sus caricias acabó con la poca cordura que tenía, cuanto deseo estar en un lugar mas privado, pero para su mala o buena suerte, estaban dentro de un carruaje y se vio obligado a contenerse, ya que no quería asustarla, pero la verdad era que su miembro estuvo a punto de romper sus pantalones y con lo endurecido que estaba, era capaz de hacer un agujero en ...

—¡Terry! —la voz de Lady Karen lo sacó de sus pensamientos.

—Karen, ¿no deberías estar dormida ya?

—No tengo sueño —respondió la castaña encogiéndose de hombros y dejándose caer junto a él.

—Ya veo —respondió Terry.

—Como le hiciste para convencer a Lady Candice, para que aceptara tu propuesta de matrimonio? —Preguntó

—Secretos de caballeros —respondió el castaño sonriendo.

Lady Karen suspiró

—Lo único malo con todo esto, es que no tendré con quien bailar mañana.

—Arthur estará presente.

—¡Bah! —bufó Lady Karen —y de que me sirve que ese zoquete este presente si ni siquiera se acerca a mi.

—Tal vez si cambiaras de actitud con él —propuso Terry.

—Pero si solo he hecho exactamente lo que tu me aconsejaste que hiciera.

—Bueno, en ese caso ya no lo hagas más, o el hombre terminará por aceptar los coqueteos de Lady Elisa, porque imagino que te has dado cuenta que ella le quiere echar caza —dijo Terry con pulla, había llegado el momento de devolverle el favor a Arthur y sabía que la sola mención de Lady Elisa, haría que Karen reaccionara.

—Eso si yo se lo permito —Respondió Karen

—Pues mas te vale que así sea o de lo contrario te quedarás tan sola como una concha de mar.

A la mañana siguiente Terry llegó a la casa White y se encontraba en la sala de estar conversando con los caballeros mientras esperaba que Lady Candice bajara.

—¿No creen que ya ha tardado demasiado? —Terry revisaba su reloj de bolsillo comprobando que ya habían pasado diez minutos.

Albert rió —es mejor que vayas acostumbrándote, amigo, las damas no son como nosotros, ellas suelen demorar mas tiempo de lo necesario en su arreglo personal e imagino que nuestra abuela y el resto de las damas tienen mucho que ver con esto —dijo el rubio con una sonrisa —y agradece que tu hermana y tu madre no estén allá arriba o de lo contrario tu espera sería mayor.

—Eso es cierto —dijo Terry en un susurro.

—Y qué si nuestra prima recobró la cordura y se dio cuenta a tiempo el gran error que cometía al comprometerse con un granuja como tu, recuerda que esa es la fama que ostentas —Archie rió entre dientes.

Todos comenzaron a reír.

—Por lo visto lo idiota es una gran virtud con la que cuentas y de la que no podrás deshacerte nunca —respondió Terry golpeando el brazo de Archie al tiempo que se unía a la risa de ellos.

La risa de Terry llegó a los oídos de Lady Candice como el canto de un ruiseñor, era tan agradable y embriagadora.

Mientras descendía, su corazón comenzó a latir desenfrenadamente al ver lo guapo que estaba Terry con aquel traje ajustado a su cuerpo.

Todos se pusieron en pie en cuanto advirtieron la presencia de las damas.

Terry alzó la mirada quedándose sin aliento al ver lo bella que estaba Lady Candice con aquel vestido en conjunto con su pequeño sombrero, se dio cuenta que la espera había valido la pena.

Lady Candice sonrió al ver su reacción y le guiñó un ojo mientras descendía escoltada por el resto de las damas.

—Terry, quita esa cara de bobo —Stair le dio un codazo.

Terry recuperó el aliento y caminó hacía las escaleras, mientras lo hacía, curvó sus labios en una sonrisa cálida y le lanzó una mirada intensa y traviesa a Lady Candice.

—Esta usted preciosa —Terry tomó su enguantada mano y besó su dorso.

—Lamento la demora —dijo Lady Candice quien se sonrojó mientras Terry besaba su mano enguantada.

—Como pueden ver, la espera ha merecido la pena —dijo Lady Janet quien había descendido junto al resto de las damas —aunque debo aclarar que mi nieta es preciosa, pero hoy se ve muchísimo más, ¿verdad, Terry?

El joven asintió mostrando una sonrisa deslumbrante.

—Nuestra abuela tiene razón —Albert se acercó a Candy para estrecharla entre sus brazos —hoy estas mas bella que de costumbre.

—Dices eso porque eres mi hermano —respondió ella con una tímida sonrisa.

—Claro que no, Candy —Rosemary se unió a ellos —hoy tienes un brillo especial.

Lady Candice miró a la razón de aquel brillo, quien en ese momento le guiñó un ojo.

—Creo que es mejor que se marchen, recuerden que deben regresar temprano, hoy es el baile de presentación de nuestra nieta y el anuncio de vuestro compromiso —Dijo Lord Mathew —y ambos tienen que estar vestidos apropiadamente para la ocasión.

De pie frente a la ventana de la biblioteca, observando el amplio jardín de su casa, mientras se bebía la tercera copa de Whisky, se encontraba Lord Niel Leagan, tratando de poner en orden sus pensamientos y sus próximos pasos a seguir ya la semana anterior había sido la peor de toda su vida.

Tan sumergido se encontraba, que no advirtió que alguien entraba a la estancia.

—No te parece que es demasiado temprano para estar bebiendo.

—Que quieres Elisa —espetó el hombre sin girarse siquiera.

—Niel quiero que me acompañes a la casa de moda de Madam Charlotte.

—Elisa, al parecer se te olvida que no tenemos dinero para comprar uno de esos ostentosos vestidos.

—Papá consiguió prestado el dinero, ya sabes, esta es la última fiesta de la temporada y si quiero pescar a Lord Arthur Kelly, no lo puedo hacer utilizando uno de mis desgastados vestidos, sino que debo lucir uno nuevo y mas hermoso que el que estoy segura lucirá la idiota de Lady Karen.

A regaña dientes Niel se giró —te acompañaré solo por esta ocasión, tu mejor que nadie sabes lo que me desagrada acompañarte a ese lugar.

—Vaya, vaya pero vean nada mas a quienes tenemos aquí, si son los hermanitos Leagan.

Y ahí estaba la verdadera razón por la que Niel no quería acompañar a Lady Elisa.

—¿Que, acaso dejaste olvidadas las pelotas en tu casa? —Se burló el hombre al ver que Niel se había quedado mudo en tanto él los rodeaba con dos de sus hombres.

—Garcia —musitó Niel con dificultad para tragar su propia saliva.

—Es bueno saber que recuerdas quien soy.

Como podría olvidarlo, Teobald Garcia era el dueño de la casa de apuestas que Niel frecuentaba y en donde unas semanas antes había perdido todo lo que tenían e incluso lo que no tenían —Para nadie era un secreto que aquel hombre era también el dueño de muchos de los burdeles de la región en donde la mayoría de las jóvenes que se prostituían eran el producto de apuestas de juegos de mesa.

—Como podría hacerlo —respondió Niel con una sonrisa fingida.

Garcia le dirigió a Elisa una lasciva mirada.

—Te recuerdo muchachito que tienes solamente dos días para pagarme todo lo que me debes, si en ese lapso de tiempo no cumples nuestro acuerdo, iré junto a un grupo de mis hombres para hacer efectivo el desalojo —relamió sus gruesos labios mientras rodeaba a Lady Elisa —será agradable poseer la otra parte de mi apuesta antes que alguien mas lo haga.

Lady Elisa sintió repulsión por la manera como aquel asqueroso hombre la veía.

—Descuida —Niel rió nervioso —te aseguro que cumpliré mi palabra en el tiempo indicado.

—Eso espero —Garcia aspiró el olor del cabello de Lady Elisa —aunque te confieso que me gustaría que no lo hicieras —rió de tal manera que su barriga comenzó a batirse de arriba hacia abajo.

—¿Que quiere decir este hombre? —preguntó Elisa dando un paso atrás.

—En dos días lo sabrás, primor —respondió Garcia acercándose tanto que Elisa sintió su asqueroso aliento cerca de su cuello —Te veré en dos días —Teobald Garcia se despidió con una risa tenebrosa que hizo que a Lady Elisa se le erizara la piel.

—¿Que demonios quiso decir ese asqueroso hombre?

—Nada Elisa.

—Como que nada —replicó ella —ha dicho que si no le pagas lo que le debes en dos días, nos desalojara de nuestra casa e insinuó algo con respecto a mi —la joven insistió

—¡Maldita sea Elisa! Ya te he dicho que no es nada —respondió Niel con frustración.

—No trates de engañarme Niel, te conozco muy bien y sé que me estas ocultando algo, así que es mejor que me lo digas de una maldita vez.

—¿En verdad quieres saberlo? —preguntó él frunciendo el ceño

—Por supuesto —respondió ella.

—Está bien, te lo diré de una maldita vez —perdí lo poco que teníamos, la casa incluida y como último recurso...— te aposté a ti.

—¿Queeeeeeee? —¿por que demonios hiciste tal cosa?

—Mis cartas eran buenas y estaba seguro que ganaría y con ello recuperaría todo lo que había perdido e incluso mucho más.

—Pero terminaste perdiendo ¿verdad?

Niel asintió

—¿Como pudiste apostarme en una maldita mesa de apuestas y luego con ese asqueroso hombre, tienes idea de lo que nos espera si no le pagas en dos días?

—Claro que lo sé —respondió él —por eso necesito de tu ayuda esta noche durante la fiesta en casa de los duques de York.

—Eres un maldito Niel, como pudiste hacernos eso —Lady Elisa estaba a punto de estallar en llanto cuando vio como Terry ayudaba a Lady Candice a descender del carruaje.

Los cotilleos a sus espaldas no se hicieron esperar —. Ignorándolos por completo, Lady Candice y Lord Terruce comenzaron a caminar hacia la casa de moda de Madam Charlotte.

Lady Elisa se vio obligada a respirar una y otra vez para recuperar la compostura que había perdido minutos atrás.

—Hola Terry, cuanto tiempo sin verte.

—Hola Niel —respondió Terry con gélida voz.

Lady Candice fijó su verde mirada en quien pretendió ser su prometido.

—Encantado de conocerle en persona milady, debo aceptar que los retratos en su casa no le hacen justicia —dijo Niel con zalamería en cada palabra.

Terry achicó los ojos, no le creía una sola palabra a la lacra frente a él.

¿Que demonios se traía entre manos? Le era imposible creer que después del plantón que Lady Candice le hiciera a aquella maldita rata de la nobleza Británica, este estuviera tan tranquilo, no así su hermana quien veía a Candy de pies a cabeza.

—Veo que los vestidos de Madam Charlotte son mágicos y han borrado todo vestigio de su aspecto marimacho —Las palabras de Lady Elisa fueron como dagas a los oídos de Lady Candice.

—Lástima que el efecto no sea el mismo en todas las personas, porque aunque su vestido es hermoso, no puede ocultar su verdadera esencia, milady —respondió Lady Candice con sorna.

—¿Que insinúa?

—No insinuó nada, solo digo lo que veo —la observó de pies a cabeza de la misma manera como Lady Elisa la había visto.

Lady Elisa estaba a punto de responder, pero Niel se lo impidió.

—Elisa compórtate —la riñó.

—Como puedes ponerte de parte de ella después de la humillación que te hizo, huyó de su casa vestida como un chico, se hospedó en la misma habitación con Lord Terruce en la posada de Gretna Green, aparece en Londres como su prometida y encima ayer dio tremendo espectáculo en esta plaza.

—Lady Candice no me plantó, Elisa, en realidad el compromiso entre ella y yo jamás se concretó, así que ella es libre de comprometerse con quien desee. Y en cuanto a lo sucedido ayer, eso solo le compete a ellos —Niel le lanzó una mirada de advertencia a su hermana, la cual entendió de inmediato

Las alarmas de Terry se activaron aún más, algo andaba mal, ese no era el Niel Leagan que él conocía.

—Disculpe a mi hermana milady, creo que saber que una temporada mas está por finalizar y ella sigue soltera, la tiene un tanto amargada.

Elisa lo fulminó con la mirada —¿le había dicho solterona amargada? ¿En realidad lo había hecho? —se dio un pellizco mental para comprobar que no lo había soñado comprobando que si le había dicho solterona amargada.

—Ahora si nos disculpan —Niel hizo una reverencia —No los atrasamos mas, imagino que aún tienen un sin fin de cosas pendientes —forzó una sonrisa amable la cual estaba lejos de sentir —nos veremos en el baile —se despidió llevando consigo casi arrastras a su hermana.

—¿Que demonios fue todo eso? ¿Como te atreves a llamarme solterona amargada frente a ellos?

—Tenía que buscar la manera de hacerte callar y fue lo único que se me ocurrió —Niel la obligó a ingresar al carruaje —por tu estúpida indiscreción estuviste a punto de echar a perder mis planes.

—¿De que demonios hablas?

—Susana y yo tenemos un plan para que al final ella se quede con Terry y yo con esa maldita Escocesa —dijo Niel con desprecio —sin planearlo siquiera tu has forjado la excusa perfecta para acercarte a ella, disculparte y ...

—Ni lo sueñes —Respondió Elisa furiosa —jamás me humillaré ante esa maldita Escocesa.

—Es eso o Garcia cumple su palabra.

La sola mención de aquel asqueroso hombre hizo que Lady Elisa se retractara.

—Y que debo de hacer exactamente.

—Iremos ahora mismo al hotel donde se hospeda Susana y ahí planearemos todo con mayor precisión y lejos de oídos indiscretos.

Continuará...

—¿Qué se traen ese trio de víboras entre manos?

—Hay Dios, esa fiesta estará tensa.