Sus sentimientos de a poco se habían desarrollado gracias a ese tiempo transcurrido, las pláticas desde ese día en Barcelona, España, se convirtieron en tardes de videojuegos en el cuarto del Rubio, las fiestas nocturnas en noches de películas, los meses sin verse en inquietud.

Misma que obligó al kazajo a mudarse cercano a la casa del ruso menor, quien dejó de vivir con su abuelo para ir con Yuuri y Víctor en lo que la siguiente temporada del Grand Prix llegaba.

De a poco la amistad de Yuri y Otabek iba cimentándose, como pequeños granos de arena que en conjunto lograban una playa.

Eso eran ellos, un cariño inocente que había transmutado en el más puro amor, y crean que se notaba, pues al verlos podías jurar que al altanero tigre ruso se le relajaba la mirada con tan sólo ver al contrario, y al héroe de Kazajistán ablandaba su duro temple al ver a Plisetsky.

Todos en la pista podían verlo, los únicos que no lo hacían eran ellos... Decían unas cosas pero demostraban otras: los amigos no se llaman cada noche, no se extrañan todo el día, no se miran de esa forma. , Y no fue hasta que con la ayuda de la pelirroja amiga del joven, el manto de sus ojos cayó permitiéndoles ver cuánto se querían el uno al otro, e inevitablemente, ese día luego de una práctica de patinaje, Otabek pidió a Yuri el noviazgo de una forma directa "¿Quieres ser mi novio o no?" fueron sus palabras, cosa que hizo quedar un momento sin habla al chico, con el rostro neutral mientras el otro le miraba directo a los ojos con expresión firme.

—Debemos trabajar en la comunicación, Beka. —Acto seguido a esas palabras comenzó a reír mientras un sonrojo adornaba su cara y una expresión de diversión total.

El otro sin entenderlo arqueo las cejas ligeramente, eso no le daba una respuesta.

—Entonces... —Espetó, más no pudo completar la frase pues unos labios rosados tocaban a los suyos.

Otabek, dejándose llevar por el instinto tomó las caderas del menor mientras éste acariciaba con la mano la mejilla del castaño, su emoción los hizo avanzar unos pasos hasta chocar con una pared.

El tiempo se detuvo a sus pareceres, entre una mezcla de pasión y ternura combinadas perfectamente con la inexperiencia del ambos, que solo duraron unos segundos hasta que la falta de aire los separó. ¿Eso era sentirse enamorado? No lo sabía, pero el kazajo lo sentía como algo que no quería dejar ir. No lo entendía pues era inexperto en el tema, pero quería intentarlo.

—Los amigos no se besan en la boca... —Susurró Yuri al oído del moreno con un aliento cálido, seductor a la vez, con un toque de felicidad en esa sonrisa socarrona.

Pero no todo siempre es perfecto. Por cuestiones académicos, el kazajo tuvo que regresar a su país a terminar sus exámenes extras para conseguir un mejor puntaje e ingresar a una buena universidad, la cual es la mejor de Kazakstán, además de conseguir un trabajo más que seguro. Por otro lado, estaba su carrera y la de Yuri.

Sabía que el ruso también debía concentrarse en pulir aún más su talento y estando él ahí, era evidente que el menor no podía darlo todo, por lo que decidieron "pausar" su noviazgo hasta unos meses después. Solo era cuestión de acostumbrarse a ese pequeño cambio, además les haría bien estar un tiempo separados, así su amor se fortalecería de maneras inimaginables.

El tiempo pasó más rápido de lo esperado, las llamadas y mensajes fueron grandes aliados mientras entrenaban y estudiaban. No faltó ocasión en la uno de ellos hacía una pequeña escapada de fin de semana para visitar a su amado, o fechas especiales como cumpleaños y aniversarios. Aparte de coincidir en varias competencias donde tenían citas tan románticas que son difíciles de detallar.

Cada uno sacrificó cosas por el otro, y lo volverían a hacer, si el resultado siempre es el mismo.

Otabek se graduó de la facultad de economía con honores, consiguiendo rápidamente un trabajo. Mientras Yuri cursaba el segundo año de danza contemporánea y expresión corporal, más brillando en su carrera como patinador.

ミ 彡 ミ 彡 ミ 彡

Y ahí estaban, después de años de altas y bajas en su relación, enfrentando otra "discusión" entre los rusos, ya que el oji azul aun trataba al rubio como un niño.

—Mucho cuidado Bajin, Yurio aún es menor. —Amenazó Víctor, mientras el nombrado bufaba. Aun sabiendo que Yuri ya tenía su mayoría de edad, el mayor aún es muy sobreprotector.

—No te preocupes Víctor, cuidaré a Yuri con mi vida y lo sabes. —Dijo seguro el pelinegro con su rostro serio de siempre.

Aunque no se viese a simple vista, Yuri era lo más preciado para él.

—Vamos cariño, deja que se vayan. —Habló el japonés en tono cariñoso hacía el mayor. —Otabek ya demostró ser muy cuidadoso con Yurio.

— ¿Podemos irnos ya? —Gruñó molesto el rubio, con su ceño fruncido por el teatro armado por el ruso mayor. Era vergonzoso que le tratasen como un hijo cuando no eran sus padres, agradecía el gesto pero mayores penas le hacían pasar con su novio.

—Claro Yura. -Dijo el kazajo. —Regresaremos en 2 horas.

Sin más Otabek y Yuri salieron de la casa.

Esa noche decidieron ir a cenar, a un lugar semi elegante, ya que al rubio no le gustaban los lugares ni muy elegantes ni muy simples.

Los de mucha gala se le figuraban pedantes, pero tampoco era alguien tan simple. Aquel restaurante que solían frecuentar era perfecto.

La noche transcurrió tranquila, a excepción de que el ruso estaba muy distraído, a cada rato miraba su celular y jugueteaba con sus dedos, Otabek creyó que su adorado gatito estaba hablando con Katsuki, cuan equivocado estaba.

Luego de una espléndida cena, decidieron dar el próximo paso, una vez pagada la comida, la pareja se levantó y salió de la mano hacía el estacionamiento en busca de la motocicleta del mayor. Yuri amaba subir en ella, ya con los cascos sobre la cabeza, el menor se aferró a la espalda del kazajo, el cual arrancó la moto y emprendieron un corto viaje hacía el motel donde pasarían una hora bastante movida.

Agotados, la pareja se besó por última vez y ambos quedaron dormidos unos minutos, pues debían regresar al departamento.

Solo Dios sabía lo mucho que ambos disfrutaron de una buena sesión de sexo sin interrupciones.

Luego de esa maravillosa cita, Otabek seguía visitando a Yuri en el departamento que compartía con la pareja Nikiforov, los cuales fueron queriendo cada vez más al kazajo, al punto de considerarlo uno más de la familia.

Pasaron alrededor de 6 semanas desde la última vez que lo hicieron.

Una tarde de jueves, Víctor y Yuri comenzaron a discutir, mientras que Katsuki y Beka trataban de calmarlos, claro, sin resultado alguno.

—Cállate viejo ¿Es que acaso alguna vez me dejarás en paz? —El rubio estaba realmente enojado.

—Cuida tu tono jovencito, soy tu padre debes respetarme. —El ruso mayor mantenía su semblante serio y frío, él tenía razón, Yuri debía comportarse, después de todo era Víctor quién lo mantenía.

— ¡TU NO ER... —Yuri hizo una expresión de dolor colocando una mano sobre su cabeza., luego de eso se desvaneció. Por fortuna no tocó el suelo pues Nikiforov le cachó a tiempo.

Asustados, los mayores corrieron a ver que sucedía con el rubio. En su desesperación, Otabek levantó en sus brazos a su novio, saliendo a toda prisa de aquel departamento, buscando con angustia un taxi para llevar a su amado al hospital más cercano.

Luego de unos largos e interminables minutos, lograron llegar a su destino y con urgencia buscaron al médico de confianza, el cuál atendió de inmediato a Yuri, internándolo para poder examinarlo a fondo. El profesional les pidió amablemente que esperaran en la sala hasta que estén los resultados, cosa que tardó tres horas hasta que tuvieron noticias del chico.

—Familiares de Yuri Plisetsky. —Habló claro el doctor. Los 3 corrieron de inmediato al llamado del médico.

—Nosotros Doctor. —Habló Yuuri, ya que los otros dos no podían hacerlo. —Díganos ¿Que tiene?

—El joven Plisetsky no presenta ningún tipo de riesgo. —Explicó el hombre un poco mayor, escuchando los suspiros de alivio, sonrió un poco y continuo. —El desmayo se produjo debido a que su sistema nervioso está más sensible de lo normal, lo que significa... que el Joven Plisetsky está embarazado, felicidades. —El medico les brindó una enorme sonrisa mientras observaba los rostros perplejos de los presentes.

Otabek fue el primero en reaccionar. — ¿Yuri está...? —Miró al hombre mayor, el cual asintió lentamente. — ¿Co-cómo es posible? Di-digo él es un hombre... —El pelinegro no entendía, así que solo atinó a esperar la explicación del profesional.

—Verá, el paciente es uno de los pocos privilegiados con el "Síndrome de Hamsender". Su condición es muy especial. —El hombre al ver que los rostros de los presentes solo reflejaba confusión, con una amable sonrisa continuo su explicación. —Verán, el Síndrome de Hamsender es una alteración en el cromosoma sexual x que permite al individuo masculino albergar vida en su organismo, afectando únicamente al 3.5 de la población mundial masculina. El joven posee útero y ovarios. Sin embargo, no tiene "ciclo" como las mujeres, aun así, puede dar descendencia. Debo aclarar que no es nada peligroso, su pareja no corre riesgo alguno, pero debemos hacerle un seguimiento para que todos estén tranquilos...

En su asombro Otabek no pudo hacer más que sonreír cuál idiota.

No esperaba un niño a tal edad, estaba confundido pero eso no evitaba que fuera feliz... Joder, ¡Su Yura iba a darle un hijo! Sabía que ahora debería buscar una vacante de su trabajo en el país, para poder mantenerse cerca de su futura familia, él haría lo necesario, hasta dejar el patinaje por ellos. Además, sabía que debía apoyar a Yuri en su decisión, pero insistiría hasta el cansancio para que él siga patinando.

Víctor y Yuuri no podían creerlo, el rubio estaba esperando un bebé.

Y eso no era lo peor... para ellos el ojijade también era un infante, más para Víctor que lo seguía viendo como el pequeño de ocho años que era... ¡¿Cómo era posible?! ¡Si para ellos el ruso aún era su bebé! Necesitaban tiempo para asimilar que dentro de poco serían "abuelos".

— ¿Y cuándo podremos verlo? —Preguntó el japonés, con una pequeña sonrisa luego de procesar toda la información. Pues Víctor seguía con la boca abierta y los ojos sorprendidos, y el kazajo con una sonrisa de maniático.

—Podrán ver al Joven Plisetsky en 10 minutos que terminen de examinarlo, felicidades una vez más, los veré para darle el alta. —Sin más, el profesional se retiró, dejándolos en la sala.

—No te mato porque dejaría a mi nieto o nieta sin padre. —Murmuró Víctor luego de su breve trance, con un aura de furia total, incluso una pequeña energía púrpura emanaba de él, sin embargo no le dieron mucha importancia. Luego de esto, el ruso sonrió con su característica sonrisa de corazón. — ¡Seré abuelo Yuuri! —

Y corrió para abrazar al japonés.

Mientras el medico hablaba con los demás, Yuri no sabía cómo reaccionar o que decir. La noticia de que tenía un síndrome raro le cayó como un balde de agua fría. Esperaba que fuera una maldita broma... todo sonaba a ciencia ficción, pero las ecografías no mentían, claramente se podía oír el latido del corazón.

No era una broma, era real y palpable, un bebé, fruto de su amor con el kazajo, estaba ahí y pronto comenzaría a crecer y formarse.

Estaba feliz, muy feliz pues sería capaz de darle hijos a aquel maravilloso hombre que tiene por novio, sin embargo... ¿Era realmente su sueño o el de Otabek? El kazajo de seguro desbordada felicidad, Yuri se convencía de que era el suyo también, pero... ¿Por qué tenía tantísimas ganas de llorar? ¿Por qué si todo era tan perfecto en ese momento?

Sentimientos contradictorios se apoderaban de su psique poco a poco, su felicidad se vio opacada por las inminentes dudas y el terror que lo invadió, tanto que sentía como millones de agujas se clavaban directamente en su corazón.

"Quizás la edad" pensó para tranquilizarse un poco. Pero no funcionó, solo logró alterarse más... ¿Qué sería ahora de él? ¿De su carrera? ¿De su cuerpo? ¿Sería capas de soportar un niño en su interior? ¿Sería por lo menos una mamá decente para esa criatura? ¿Podría acostumbrarse a ese gran cambio? ¿Qué dirán sus conocidos de la universidad? ¿La prensa sería capas de enterarse? ¿Iban a acosarlos más de lo normal? ¿Qué pensarían los Nikiforov de él? ¿Qué pensaría su abuelo?

Su abuelo... aquel señor mayor que tanto ama ¿Qué pensaría de él? ¿Aceptaría esta situación? ¿Aceptaría a Otabek en su familia?

Sumergido en un mar de dudas e incertidumbre, las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos, ya no podía contenerlas más. Sentía ganas de gritar, pero no podía.

Llevó su mano libre a su aún plano vientre y lo acarició suave, llevándose las miradas de las enfermeras las cuales reflejaban una mezcla de ternura y tristeza.

Secó sus lágrimas mientras una de las chicas le acercaba un vaso de agua, lo tomó y agradeció sincero como muy pocas veces lo hace.

Su respiración se normalizó y decidió esperar a su pareja lo más tranquilo que pudiera, lo cual no funcionó del todo, ya que miles de pensamientos se agolpaban en su mente, creando miles de ideas unas más descabelladas que otras.

Ya había pasado el horario acordado, entonces una enfermera llamó a la pareja y a Otabek para que entraran a la habitación donde Yuri descansaba, el rubio clavó sus ojos en su novio y luego sonrió.

—Beka ¿Ya te dieron la noticia? —Preguntó el ruso, en un tono entre asustado y aliviado al ver la expresión que traía el kazajo.

—Claro que sí amor, seremos padres, no puedo creerlo. —Otabek se acercó a la cama y sentándose en el borde de esta, tomó la mano del menor y la besó con cariño. Transmitiendo con el solo tacto confianza y apoyo que alivió el pesar del rubio. —Prometo ser el mejor padre para ese pequeño ser que crece dentro de ti.

—Ota-bek... —A Yura se le aguaron los ojos, no estaba seguro de ser buena madre o siquiera persona, pero al ver la mirada de su novio cargada de ilusión y esperanza, supo que debía esforzarse por ser alguien mejor. —Yo trataré de ser lo mejor que pueda.

Mientras tanto, Víctor y Yuuri no podían dejar de llorar abrazados, escuchando aquella conversación tan conmovedora.

Una vez que el suero terminó, entró el medico a la habitación de Yuri, para darle el alta y le recetó algunas vitaminas para que pueda comenzar bien arriba con las defensas en sus primeras semanas de embarazo.

Ya en el departamento de Víctor, este le ofreció a Otabek quedarse allí con Yuri, ya que, como ahora esperaban un bebé, el ruso pensó que sería mejor que vivieran juntos, por lo menos hasta que consiguieran un lugar donde vivir.

Y así fue como el kazajo, luego de una extensa charla, se mudó al hogar de su pareja. Para todos fue un alivio que Otabek se mudara, ya que, era el único que podía calmar a Yuri, sobre todo cuando tenía nauseas.

Las semanas pasaron más rápido de lo esperado. Los nervios de la pareja no cesaban, sobre todo en Yuri, quién creía que su cuerpo no aguantaría el peso de aquél pequeño ser que iba desarrollándose dentro suyo, no se quedaría tranquilo hasta que le dijeran que todo estaría bien.

Por otro lado, el kazajo intentaba mantener la calma para poder contener a su amado, Yuri no se lo dijo, pero Otabek sabía que estaba preocupado y más se inquietaba. Sabía por experiencias vividas con su madre, que el menor no debía dejarse llevar por los nervios, ya que eso afecta directo al feto. Pero todo tiene su lado bueno, ambos comenzaron a practicar yoga, o compartían siestas en el sofá mientras "veían" aburridas películas de terror.

Esto ayudaba mucho al rubio, ya que pasaba algunas noches sin dormir pensando y algunas veces llorando en silencio mientras pensaba que hacer o cómo sobrellevar su embarazo, la idea de ser "Mamá" lo tenía aterrado, demasiado para su gusto. Cuando menos se dieron cuenta el nuevo control les tocó.

Como era peligroso que el ruso subiera a la moto, Otabek con toda la vergüenza del mundo tuvo que pedirle a Víctor que le prestara su auto, el cual no lo dudó ni un segundo no sin antes llenarlo de instrucciones y amenazas.

Una vez con las llaves en mano, salieron del departamento despidiéndose de los Nikiforov, los futuros padres bajaron hasta el estacionamiento a buscar el vehículo, para poder estar al horario acordado con la obstetra. Ya subidos y con sus cinturones bien ajustados, emprendieron su corto viaje hasta el centro de Obstetricia privado, donde el ruso mayor insistió que fueran, para su nueva ecografía. El trayecto fue interesante y divertido, pues Otabek descubrió un lado oculto del rubio; su gusto por la música Pop.

—Qué. —Musitó Yuri levantando una ceja terminando de cantar, ante la mirada divertida y sorprendida de su novio. —Amo a The Chainsmokers. Esta emisora siempre pone sus canciones.

Antes de que el mayor pudiera decir algo, el ruso comenzó a cantar a todo pulmón para evitar preguntas y posible bullying por parte de su novio, el cual solo se limitó a reír y disfrutar del momento divertido proporcionado por Yuri.

—Es tan lindo. Mostrando una parte de él que quizás solo su abuelo conoce. —Pensó el kazajo mientras la música terminaba y comenzaba a hablar la locutora.

Una vez que llegaron al lugar, Otabek estacionó el auto, bajaron y el mayor le puso el seguro. Llegó a donde estaba el ruso y lo tomó de la mano, para comenzar a caminar hacia el interior del centro, mientras caminaban, se llevaron algunas miradas, algunas disimuladas otras no, pero a ellos no les importó. O por lo menos eso intentaban demostrar. Agradecían al cielo que no había paparazzi agolpados en el lugar esperando su llegada.

Ya acercándose a la recepción, Yuri soltó la mano del mayor e hizo los papeles necesarios para hacerle saber a la obstetra que ya habían llegado. La médica los atendió rápidamente pues los estaba esperando. A la mujer le emocionaba mucho el caso de Plisetsky, ya que tener un paciente con Hamsender en esta época era algo muy inusual. Luego del chequeo general, donde el rubio sació su ansiedad de respuestas, pasaron a la sala de ecografías.

—Bien Yuri, por favor recuéstate en la camilla y levántate la playera. -Le habló la profesional con un tono cariñoso. —Sentirás el gel frío, así que no te asustes. —Le sonrió y le puso lo dicho sobre el aún plano vientre.

Yuri se estremeció y miró a Otabek nervioso, el cual también lo estaba, pero debía mantenerse tranquilo. El pelinegro se acercó y tomó la mano del menor mientras la doctora comenzó a mover el transductor sobre la piel del ruso.

—Muy bien, el feto está en el lugar correcto. —Señaló el monitor el lugar donde estaba acomodado. -Los latidos son norma... —La médica se calló de golpe.

Asustado Otabek la miró fijo y habló. Yuri padeció, aterrado, apretó la mano de su novio.

— ¿Que sucede? —Preguntó el kazajo asustado y con el tono un poco alto. — ¿Nuestro hijo está bien?

La mujer asintió y volvió a señalar el monitor. —Señor Altin, felicidades, su pareja y usted esperan gemelos. —La obstetra sonrió mientras señalaba con el transductor el lugar donde se encontraban los fetos. Luego miró a la pareja y contuvo una carcajada.

Yuri estaba boquiabierto, mientras que Otabek se puso pálido y casi se desmaya.

Gemelos ¿Quién lo diría? El mayor no cabía de la felicidad mientras el ruso estaba completamente en blanco, sin reacción alguna. Iban a tener dos pequeños a los cuales amar y cuidar. Una vez que reaccionaron, el pelinegro besó al menor en los labios y sonrió.

—Otabek... Tendremos dos bebés... —A Yuri le tembló un poco la voz, si con un bebé ya tenía miedo, ahora estaba aterrado y no creyó que pudiera lograrlo, pero no mostró su expresión. — ¿Cómo haremos para cuidar dos pequeños?

—Tú no te preocupes, yo siempre estaré para ayudarte. —El mayor tomó la mano del rubio y la besó con todo el amor del mundo, sin embargo, a Yuri eso no lo reconfortada nada... Otabek era un cielo, el hombre perfecto, y estaba seguro que cumpliría con su palabra. Mas Yuri no estaba seguro de que él pudiera cumplir la suya, sentía que le fallaría a aquel ser que demostró amarlo sin importar nada, se sentía inútil y un mentiroso, eso no le gustaba nada.

Mientras la pareja hablaba, la mujer limpió un poco del gel con un pedazo de papel y luego imprimió la ecografía.

—Bien, le haré un detallado historial, para poder tratarlo con mi colega, así podremos llevar mejor el embarazo ¿Okay? Aquí tienen. —Les entregó la foto. —Aún son muy pequeños para saber el sexo, así que tendrán que esperar. —Les sonrió. —Muy bien, están desocupados, felicidades una vez más. —Con una sincera sonrisa, la mujer los despidió.

Ya con la foto en la mano, ambos salieron del hospital más felices de lo esperado, o al menos eso se dijo Otabek mentalmente, su dicha era demasiado para ver tras la sonrisa que Yuri aparentaba.

Decidieron ir a celebrar antes de volver a casa, Otabek llevó a Yuri por un helado mientras charlaban.

—No puedo creerlo Yura, gemelos. —El kazajo brillaba en ilusión. Si con un solo bebé se había hecho una vida plena, con dos su dicha era muchísimo más grande, más aún no podía descifrar los sentimientos de su pareja. Su voz decía una cosa, pero sus gestos demostraban otra.

—Lo sé Beka, el katsudon enloquecerá cuando se entere. —Rió el rubio con algo de sinceridad, estaba seguro que Yuuri comenzaría a comprar ropa al azar. —Y el viejo de seguro hará un drama. -Rodó los ojos recordando lo infantil y dramático que podía ser Nikiforov. —Pero sé que se pondrá feliz, adora a los niños. Es una lástima que no haya podido tener hijos con el katsudon... Pero te aseguro que será muy feliz con sus nietos.

—O nietas, quizás sean niñas. —Aquella idea agradó al rubio, pues sus ojitos se iluminaron con un hermoso destello.

—Yura...

—Mmmm... —Respondió el ruso con la boca llena de helado.

—Te amo.

Yuri se sonrojó a más no poder. Una vez que terminaron el cono de helado, se levantaron de su lugar y con una sonrisa plasmada en sus rostros, los futuros padres regresaron a su hogar, donde un impaciente Víctor los esperaba en la puerta.

— ¿Y bien? ¿Qué les dijeron? —El ruso mayor los detuvo en la entrada, sacudiendo al pelinegro para que le diera información.

Otabek sonrió y se soltó del agarre.

—Tranquilo anciano, entremos y les contaremos todo. —Yurio bufó un poco molesto, mientras tanto Yuuri reía desde la cocina, negando con la cabeza ante la escena comenzada por su pareja.

Una vez todos adentro y sentados en la mesa de tonos caoba, el ruso menor habló.

—Bueno, viejo, katsudon, Otabek y yo... Esperamos Gemelos. —Yuri se sonrojó mientras el kazajo tomaba su mano y veía la reacción de los mayores.

Víctor estaba boquiabierto, mientras a Yuuri se le llenaban los ojos de lágrimas y una hermosa sonrisa le adornó el rostro.

—Víctor, GEMELOS. —El japonés se levantó de su silla y abrazó al ruso mayor, el cual reaccionó al instante.

— ¡GEMELOS! ¡DOS! YUURI, DOS NIÑOS. —El albino gritaba emocionado mientras saltaba abrazado a su pareja. Una escena bastante cómica.

Otabek solo alzó una ceja divertido y Yuri sonrió un poco.

Aún estaba aterrado y lo seguiría estando, pero le alegraba ver tales reacciones por parte de su pareja y el par de idiotas.

Luego de enterarse de que esperaban gemelos, los futuros padres comenzaron a preparar todo para sus bebés.

Otabek se encargó de avisar a su familia, quienes se ofrecieron a ayudarlos en todo lo necesario, ya que, serían sus primeros nietos. Sobre todo el Señor Altin, quien hizo uso de su poder para que su hijo entrara en una empresa de su compañía situada en Japón, que era donde estaban.

Los meses pasaban como si de días se trataran, cada uno de ellos llenos de nuevas experiencias, mayoritariamente para los futuros padres.

Así pasó el tiempo, pero no fue hasta un día del quinto mes, luego del control, que ambos tenían libre, y mientras veían una serie., que una duda les vino a la cabeza... Sabían qué iban a tener hijas, pero no se habían detenido a pensar en cómo las llamarían.

—No pienso buscar en una jodida lista. —Fue lo que el rubio respondió a Víctor cuando el mayor vino una tarde con mínimo tres libros de significados, y Yuuri con casi diez hojas de nombres que encontró en internet.

— ¡Pero Yuri! —Rezongó infantilmente el platinado. —Me gasté buenos yenes en esos libros edición dorada, al menos dales una pasada.

—No es mi culpa que gastes tu dinero en idioteces, viejo. —Contrarrestó cruzándose de brazos, aunque era lindo el detalle, le seguía pareciendo tonto que Nikiforov gastara tanto dinero en cosas que a veces... podías encontrar en internet investigando.

—Al menos considéralas, podría haber algo que te interese. —Sonrió el japonés dejando los textos en la mesilla mientras el rubio y su novio terminaban de ver el capítulo.

Otabek agradeció y Plisetsky sólo hizo un asentimiento malhumorado.

—Anda, inténtalo, tal vez algunos te gusten. —Secundó el kazajo.

Yuri suspiró acariciándose el vientre, esperando que Yuuri y Víctor se fueran para escudriñar los textos en paz, al cabo de unos segundos de plática decidieron dejarlos en calma. De esa forma Plisetsky se inclinó hacia delante para tomar algunas de las hojas que el asiático trajo. La leyó con detenimiento, pero a cada palabra que leía, le convencía cada vez menos. A su parecer todos los nombres eran demasiado dulces, o comunes.

Lanzó el cuaderno hacia atrás con disgusto, pues ningún nombre le parecía lo suficientemente genial. Pidió a su novio que encendiera la consola y así pudiesen jugar un poco, el juego que estaba dentro era God of War, uno de los favoritos de ambos.

Comenzaron la partida, hasta que en una parte donde al protagonista del juego lo atacaban unas Medusas, a Yuri se le iluminó la cara poniendo el juego en pausa.

— ¡Ya sé cómo llamaremos a una de nuestras hijas! —Gritó emocionado mientras se volteaba hacia Otabek.

—No pensarás llamarla Kratos, Yura... —Comentó con duda y una ceja elevada en señal de incertidumbre y confusión.

—No, otabobo... La llamaremos Athena. —Dijo esperanzado. — ¿Qué opinas?

El kazajo se lo meditó por un momento, según recordaba, ese era el nombre de una ciudad muy famosa en los griegos... Claro, si le quitabas una 's', pensó. Además, sonaba como Atenea, que era la diosa de la paz y sabiduría.

—No es mal nombre. —Secundó con calma.

—Entonces, me gustaría que decidieras el nombre de la otra bebé. —Sugirió el ruso.

Altin asintió con un gesto, pensando unos largos minutos hasta que se paró por los libros y se tapó los ojos mientras pasaba las hojas rápidamente, hasta luego de un momento abrirlos y ver un nombre interesante.

— ¿Qué te parece Aiyana? Suena griego también, y no es algo que oigas todos los días... Además, significa "flor eterna".

—Y lo más importante. —Yuri alzó uno de sus dedos para enfatizar. —Ambos comienzan con "A", y suenan geniales. —Dijo juguetón, orgulloso del nombre escogido.

Ambos amantes se miraron entre sí, sonriéndose un momento con amor para luego chocar las manos como hacían cuando llegaban a un acuerdo.

—Entonces está decidido. —Dijeron sonrientes el uno al otro.

De esa forma quitaron la pausa y volvieron a jugar, el escoger nombre no fue tan difícil como hubiesen pensado.

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A mediados del sexto mes, luego del control mensual, los futuros padres paseaban a paso lento por el centro comercial. Decidieron observar las distintas vidrieras, y aprovechar que a Otabek le habían pagado los meses de trabajo en la empresa, para comprarles a sus bebés algunas prendas que a ellos les gustara.

Los padres del moreno habían enviado cajas con juguetes y peluches para las gemelas, mas un poco de dinero para que su hijo mimara a su novio. Yuri se había sacado la lotería tanto con el novio como con los suegros.

En uno de los envios, la madre del kazajo les envio una carreola doble como regalo.

Víctor por otro lado, no paraba de comprar ropa, de todos colores y formas, estampados y lisos, hizo caso omiso a las quejas del rubio, el cual sentía que, en cierta forma, estaba en deuda con el mayor.

Caminaban por el centro comercial tomados de la mano. Varias personas les miraban, ya fuera por curiosidad o morbo, sus ojos enfocaban al rostro del rubio para luego pasar una inquisidora mirada por su notorio y prominente vientre, era incomodo, demasiado, pero de una forma u otra no podian hacer nada más que seguir con su camino.

Entraban y salían de las tiendas llevandose algunas cosas básicas para recien nacidos, recibiendo murmullos como "es tan joven", "Lo que no ser pecavido puede causar".

¡¿De qué patloteaban tanto?! Pensaba Yuri con furia contenida.

Si él quería andar con su panzota y su novio por el lugar no era el maldito asunto de esas personas. Además, no era un jodido crío como para que criticasen de esa forma, tenía veintitres, por un carajo.

Me da igual, me da igual se repetía como mantra. Sin embargo su puño apretado y mueca de desagrado decían otra cosa.

Otabek le miró, tratando de tranquilizarle, sin embargo Yuri negó con la cabeza. Se suponía no debía importarle, pero si que sentía varios orbes mirarle por todos lados.

Con toda la incomodidad del mundo tuvo que soportar que le dijeran 'señorita' ya que no quería seguir aguantando miradas y preguntas.

Antes en serio que no le importaba nada lo que los demás dijeran... Pero ahora, era distinto, no solo se metían con él, ahora era con sus hijas y eso lo enfurecía.

En una de las tiendas, el rubio olvidó todos los malos ratos pasados anteriormente al ver dos hermosos vestidos con un gatito en ellos, no dudó ni cinco segundos en aferrarse a ellos como si la vida se le fuera en ello. Como Otabek no podía decir que no, se los llevaron.

De regreso al departamento compraron algo de comida para cenar. A la noche, la pareja estaba recostada en su cama, charlando de cosas triviales cuando el kazajo llevó una de sus manos al abultado vientre de Yuri. Este se sobresaltó.

—Me asustaste. Ya estaba durmiéndome. —Se quejó el ruso adormilado.

—Lo siento, es que justo una de las niñas pateó y quería sentirlas. ¿No te duele? —Otabek parecía un niño pequeño, esperando la llegada de un hermano. A pesar de haber tenido una hermana, le encantaba esa sensación.

—Mmmm, no. No duele, pero es un poco incomodo, a veces no me dejan dormir. Son tan activas como tu. —Se burló el ruso, sonriendo dormido.

El mayor solo sonrió y acercó su rostro al vientre del rubio, dejó un tierno beso en su piel pálida y comenzó a hablar.

—Athena, Aiyana, les habla papá. —Las niñas respondieron al instante con varias patatas seguidas. —Creo que las desperté. Saben, mamá, los abuelos y yo esperamos muy ansiosos su llegada, ya queremos ver sus hermosas caritas y poder consentirlas. Papá les promete amarlas siempre y matar a todo aquel que quiera hacerles daño. Espero que sean tan hermosas como su madre, pero que no sean tan quisquillosas como él.

— ¡Oye! —Se quejó el ruso. —Van a ser unas gruñonas como tu. —Contraatacó.

—Y así gruñón me amas. —Otabek miro directo a los ojos entrecerrados de su pareja y luego centró toda su atención de nuevo en los movimientos de las bebés. —Gruñonas o no, las amaremos de todas formas. Mis amores, dejemos dormir ya a mami, las amo infinitamente. —El kazajo volvío a besar el vientre del ruso y luego se acercó a su rostro.

—Beka... —Yuri habló entrecortado, el pelinegro lo había emocionado con sus palabras. —Yo...

El kazajo se acerco a su rostro y con un sutil beso lo calló. —A ti tambien te amo y mucho. Ahora deberíamos dormir.

El ruso asintió y se acomodo en la cama, con Otabek abrazándolo. Yuri lo beso de nuevo y ambos quedaron dormidos.

De esa forma, volvió a pasar el tiempo.

No fue hasta que Yuri entró en las últimas etapas del séptimo mes que se llevaron el susto de sus vidas. El ruso sentía fuertes dolores por las patadas de las bebés, tan fuertes que llegó a doblarse de dolor. Otabek en su desesperación, llamó al médico, quien lo atendió rápidamente, y mientras el kazajo le explicaba a grandes rasgos lo sucedido, el profesional trataba de tranquilizarlo, diciéndole que todo estaría bien y que llevara al menor de urgencia al hospital donde estaba de guardia.

Otabek con la poca cordura que le quedaba, atinó a levantar una campera para el ruso, y sacando fuerza, quien sabe de dónde, cargó a su amado novio y salió con él en brazos a tomar un taxi, para llegar lo más pronto posible.

En el trayecto, el mayor marcó el número de su "suegro" avisándole lo sucedido.

El viaje se pareció eterno. No recordaban que fuera tan lejos.

Como pudo, el kazajo pagó el trayecto y corrió con el rubio en sus brazos hacia el interior del establecimiento. Fue reconocido al instante, las enfermeras acomodaron al chico en la camilla, el cual no dejaba de llorar adolorido y asustado, mientras lo ingresaban a una sala aparte, sin permitirle a Otabek estar con él. En eso llegaron los Nikiforov, pálidos por el repentino llamado. A duras penas, el pelinegro pudo contarle lo sucedido.

A los pocos minutos salió el médico, buscando a Otabek.

—Señor Altin.

—S-Si, dígame... ¿Cómo está Yuri? ¿Y las bebés?

—El joven Plisetsky será intervenido de urgencia. Las bebés se adelantaron. Debemos practicarle una cesárea de último momento.

ミ彡彡

Buenas, por fin el capítulo. He estado bastante ocupada por lo que se me dificultó subirlo, pero basta de lamentos.

Espero que lo disfruten, sin más, estaré trayendo el siguiente dentro de poco.

Bye bye