La noticia le cayó como una bomba ¿Cómo era posible que se adelantaran? Si hacía menos de una semana les habían dicho que estaría todo tranquilo, hasta sería capaz de llegar a término con los meses. Otabek se sintió morir, perdió estabilidad, y hubiera caído al frío suelo de la sala de espera, de no ser porque Víctor corrió a sostenerlo. Su Yuri y sus bebés corrían riesgo, estaba aterrado. Cuando reaccionó, se dio cuenta de que estaba apoyada su cabeza en el regazo de Yuuri, quien le acariciaba los cabellos con una paciencia infinita. Aunque no entendía el porqué estaba así. Se incorporó y el japonés lo miró entre asustado y aliviado.
—Otabek, despertaste.
—¿Qué pasó? Yuuri ¿Qué pasó con Yura? ¿Y las bebés?
—Cálmate por favor, te descompensaste por los nervios. Yurio y las bebés aún no salen del quirófano, debemos ser pacientes y esperar ¿Sí? Víctor fue por algo de comida...
Otabek no dijo nada, simplemente asintió levantándose de su lugar, con los ojos lleno de lágrimas se llevó las manos a la cabeza mientras reprimía un grito, tratando de no golpear la pared más cercana. Estaba aterrado. Su novio y sus hijas corrían un enorme riesgo. Sintió que se moría en vida ¿Qué haría sin Yuri? ¿O si una de las niñas...? Ni siquiera tenía el valor para terminar de formular ese pensamiento. Yuuri por otro lado lloraba en silencio, observando el rostro del kazajo, el cual sólo transmitía dolor y terror. Víctor llegó con unos vasos descartables llenos de café y unos sobres de azúcar. Su rostro se veía cansado y angustiado, cómo no estarlo, si quién él consideraba su "Hijo" estaba en una complicada cirugía.
Los minutos parecían no terminar más, la espera era agónica, nadie salía a darles información, las enfermeras entraban y salían a las apuradas del quirófano. Ninguna de ellas se detuvo ante las suplicas del kazajo para que le dieran información.
El tiempo no estaba de su lado, cada segunda era peor que el anterior y el estar desinformado no ayudaba. Recibir de respuesta un "lo siento señor" sólo hizo que pensara lo peor ¿Lo siento? ¿Qué clase de respuesta era esa? ¿Qué carajos sentía? ¿Será que...?
Millones de posibilidades se clavaron en su mente, detestando esas casi dos horas de cirugía. Su calvario terminó cuando una enfermera lo llamó.
—¿Señor Altin?
—Sí... ¿Qué sucede?
—Venga conmigo por favor, el medico lo solicita aquí.
El azabache, con el corazón en la garganta y a paso tembloroso, se acercó a donde la enfermera lo esperaba para entregarle ropa de quirófano para así poder ingresar donde estaban esperándolo. Su mente y corazón estaban agolpados con pensamientos aterradores, ya se mentalizaba para lo peor, esperaba las peores noticias, cerró los ojos tratando de alejar esas imágenes desgarradoras que su imaginación creaba. El medico lo recibió con el rostro suplicando un descanso. El hombre suspiro profundo al ver las facciones del moreno llenas de terror, sabía que debía tener tacto, con una expresión que Otabek no pudo descifrar, el hombre lo guío a una antesala, donde se detuvo unos minutos, inhaló y exhaló cansando antes de ponerse serio y comenzar a hablar. Mientras el moreno se moría de los nervios, y antes de que pudiera interrumpir, el hombre se adelantó.
—Señor Altin. —Dijo el profesional. —Fue una cirugía complicada, el paciente al tener un embarazo gemelar estaba propenso a que se adelantaran. Eso no quiere decir que los ecógrafos se hayan equivocado. Sus niñas si iban a llegar a término, pero al parecer ya querían conocer a sus padres. Una de ellas tenía el cordón umbilical envuelto en el cuello, pero todo está en orden, ni su pareja ni sus hijas corren peligro, así que puede estar tranquilo. Por favor pase por aquí.
Con una media sonrisa cargada de cansancio, el medico terminó de explicar lo sucedido. Esa sonrisa hizo que Otabek se relajara, dejando escapar un suspiro de alivio. Asintiendo a lo que el medico decía, el cual comenzó a caminar, lo siguió por un pequeño pasillo que lo conducía a una salita. En ella, pudo escuchar un pequeño sollozo, tardó solo 5 segundo en saber de dónde provenía. Desde el otro lado de la sala, dos enfermeras terminaban de envolver a unas recién nacidas, una sollozaba y la otra dormía.
—Felicidades, ambas niñas están bien de salud, un poco bajas en peso, pero sus órganos ya están bien desarrollados. —El medico de nuevo. —Su pareja aún duerme, pero él también está bien, aún deberá tomar algunas vitaminas, pero estará como nuevo en unos días... ¿Señor Altin está escuchándome?
Otabek estaba congelado observando aquellos bultos de mantas. Sólo escuchó lo que le importaba. Que sus hijas y su novio están a salvo. El medico al no obtener respuesta alguna, sonrió y negó divertido dejando al papá primerizo acomodar sus ideas.
El 18 de agosto de 2024, a las 3;35 Am, con casi 2 kilogramos y 37 cm, nacieron las gemelas Athena y Aiyana Altin.
Las enfermeras se acercaron al moreno, y se aseguraron de que pudiera mantener la estabilidad para poder entregarle a sus hijas. Una vez que las tuvo en sus brazos, las observó detenidamente, cada mínimo detalle de ellas, notando que son tan pálidas como Yuri, pero tienen sus cejas, y sus mismas pestañas. Una de ellas tiene la misma nariz del rubio y eso lo llenó de ternura.
Mientras las miraba, ambas niñas se movieron en sus brazos y sincronizadas le sonrieron a su padre, o al menos eso quiso creer Otabek, en señal de lo mucho que ya querían estar en sus brazos. Las lágrimas del mayor no se hicieron esperar, estaba cegado por lo bellas y pequeñas que son.
Recordó lo acordado con su pareja. Si ambas tenían en cabello negro, la que naciera primero sería "Aiyana", en caso de ser ambas rubias, la primera sería "Athena". Pero grata fue su sorpresa al ver que sus pequeñas tenían el cabello de color distinto. Seguro de su elección, nombró Athena a la que tenía pelusitas como cabello claritas, casi del mismo tono de su Yura y Aiyana a la que las tenía tan oscuras como él.
Otabek sonreía enamorado, pues, aunque apenas tenían 4 minutos de vida, ya habían conquistado su corazón. Observaba los rostros de ambas niñas, tatuándose a fuego cada mini detalle de ellas. Llevaban puestas gorritos, enteritos y mantas, turquesas y rosas (Colores elegidos por Yuri).
Todos en la sala guardaban silencio, expectantes a las palabras de Otabek. Este solo pudo decir un "Gracias" antes de que su voz sonara entrecortada por la emoción.
Cuando logró calmarse, preguntó por su novio. Los profesionales se encargaron de llevarlo a la habitación, donde un aún dormido Yuri descansaba, su rostro mostraba cansancio, preocupación, pero por sobre todo dolor. Su rostro se veía demasiado pálido, más de lo normal, sus labios blancos y rastros de lágrimas. Al kazajo le temblaron las piernas al verlo ahí, casi muerto.
—No fue nada fácil, señor Altin. —La voz masculina lo hizo salir de sus pensamientos. Mirando hacía su izquierda, observó al dueño de la voz, era el médico que operó a Yuri, quien había llegado unos minutos después para controlar al ruso. —Tuvimos que removerle el útero a causa de una hemorragia incontrolable debido al poco espacio y al llevar dos bebés dentro suyo, lamento decirle que no podrán tener más hijos.
—Comprendo... — Los ojos del kazajo se llenaron de lágrimas que no dejó salir. Ver a su querida pareja en ese estado le había destrozado el corazón. Jamás se imaginó que podría perderlo. Como pudo, se acercó a la cama y dejó un beso en la frente del ruso, quien no reaccionó.
—Aún está bajo los efectos de la anestesia, le recomiendo que lo deje descansar, fue muy duro para él también. —El doctor de nuevo. — Debería descansar usted también, puedo pedirle a las enfermeras que le preparen una cama cerca, así esté más tranquilo.
Otabek no sabía cómo agradecerle a ese amable hombre. No solo había salvado la vida de su familia, ahora le estaba dando la posibilidad de estar cerca de Yuri. Con las bebés aún en sus brazos, se acercó a él y le dio un enorme abrazo, algo incomodo, pero abrazo a fin de cuentas, el profesional correspondió un tanto divertido y conmovido por el acto del kazajo, ya que no estaba acostumbrado a tales muestras de afecto.
Mientras tanto, Víctor y Yuuri se quedaban sin uñas esperando alguna respuesta sobre el estado de Yurio y las gemelas. El ruso no paraba de llorar y repetir "quiero ver a mi hijo".
Si bien las enfermeras le habían dicho que todo estaba bien, la impaciencia por ver a las pequeñas y saber el estado del rubio era muchísimo más grande.
Aunque su espera no duró mucho, ya que fueron llamados por el mismo doctor que minutos antes estaba con Otabek. Los llevo hacía la habitación que él mismo pidió para el kazajo. El llanto de Víctor iba disminuyendo a medida que avanzaban, mientras Yuuri trataba de contener su emoción, sus ojos también estaban llenos de cristalinas lágrimas y eso que aún no las había visto, por otro lado el japonés estaba listo para sostener a su esposo por si este se desmayaba al verlas. Mientras entraban, el hombre les dijo que recién al otro día podrían ver a Yuri, ya que su estado aún era delicado y preferían dejarlo reposar tranquilo. Aceptando eso, los Nikiforov entraron a la habitación. Lo primero que vieron, fue a un lloroso Otabek, quien observaba ambas cunas.
Los mayores se acercaron lento para no asustarlo. Una vez que el kazajo sintió su presencia, optó por presentarlas.
—Víctor, Yuuri... —Sonrió y señalo a la rubia. —Ella es Athena. —Luego señaló a la morena. —Y ella Aiyana. Athena, Aiyana, los abuelos Víctor y Yuuri. —El menor los señaló como si las bebés lo entendieran. Fue divertido para Otabek ver cómo sus suegros lloraban al ser llamados "abuelos". Más aún al momento en que ambas niñas "sonrieron" para ellos.
—Son preciosas Otabek. —Yuuri había roto el silencio. Mientras Víctor se secaba unas lagrimas.
—Bienvenidas al mundo princesas hermosas, que susto nos dieron.
El ruso tomó su celular y con el consentimiento de Otabek, tomó varias fotos de las pequeñas y las subió a sus redes sociales, haciendo furor.
Los primeros en comentar las fotos fueron Chris y Phichit, quienes estaban atentos a cualquier cosa que publicaran, ya que sus amigos les habían avisado lo sucedido. En menos de 3 minutos, las recién nacidas eran tendencia mundial tanto en Twitter como en Instagram. Millones de comentarios felicitando a los padres y a los abuelos, alabando la belleza de las niñas.
El tiempo corría y ninguno quería apartar la vista de las bebés. Estaban hipnotizados. Los adultos llenaron la memoria de sus celulares con muchísimas fotos de las gemelas.
Otabek decidió salir un momento para ir a ver a Yuri, quien según las enfermeras no despertaría hasta mañana, pero aún así, sentía la necesidad de estar con él. O por lo menos verlo.
Luego del enorme susto, Yuri fue dado de alta a los días de la operación. El médico los llenó de instrucciones para el cuidado de las pequeñas, más los cuidados necesarios para el rubio, quien debía mantenerse en reposo.
ミ 彡 ミ 彡 ミ 彡
Viernes a la noche. Otabek se encuentra haciendo horas extras para ganar algo más de dinero.
Mientras de a ratos revisaba el móvil, pues tenía una divertida charla con Víctor, quien se encuentra en su casa junto a su esposo, Yuri y las bebés...
Fotos y pequeños vídeos alegran las horribles horas lejos de su amaba familia, sonriendo cada vez que escuchaba los mini dramas armados por el ruso mayor y el rubio.
Por otro lado, Yuri se desesperaba porque el kazajo no llegaba, cosa que lo frustraba en sobre medida. Se sentía un tanto sólo, bien... Siendo sinceros se sentía muy sólo, pues aunque sabía que tenia a Víctor y al cerdo a unos metros de distancia, en su corazón se sentía como si fuera un país.
Víctor cargaba a Aiyana mientras él a Athena y Yuuri cocinaba la cena, sonrió un momento contemplando las facciones de su hija, tan parecidas a las de él, lo había notado a las pocas semanas de nacida, ella sería una copia exacta en bebita si no fuera por los ojos, que eran un tono más oscuro, sin embargo eso no hacía diferencia en su amor hacia la otra hermana. Entre tantas fotos y extrañar a su amado, decidieron llamar al pelinegro por insistencia de Yuri.
El kazajo salió corriendo a la oficina de sus superiores, para pedir el permiso necesario, ya que las llamadas personales estaban estrictamente prohibidas en horario de trabajo.
Con el corazón latiéndole a mil, las manos sudadas y el miedo atravesando sus sentidos, se atrevió a golpear la puerta, para segundos después escuchar un seco "Adelante" por parte de su jefe.
—Con permiso Señor ¿Podría darme unos minutos para hablar con mi esposa? —Sabía que debía decir que Yuri era su "esposa", era la única forma de que sus jefes le dejaran alargar la llamada.
—Por supuesto joven Altin, no demore demasiado o me veré obligado a sancionarlo. —El hombre mayor, a pesar de concederle amable el permiso, no debía perder la firmeza.
—Muchas gracias señor, no demoraré demasiado. —Intentando ocultar su sonrisa, salió del lugar, dirigiéndose a uno más apartado y llamó al teléfono de su "suegro"
La voz de Víctor sonó por el parlante, aturdiéndolo primero, pero no le importó.
Mientras escuchaba las alabanzas sobre sus pequeñas, la voz del rubio captó su atención al instante.
—Pásame el teléfono cuando acabes de hablar, viejo. -El moreno notó que Yuri sonaba desesperado ya que lo escuchó murmurar a quien consideraba su padre, así que pidió al mayor que le diera el móvil a su amado, luego de unos minutos de platicar temas sin importancia con el kazajo.
—Beka... ¿Cómo estás? —Esperó la respuesta con una pequeña sonrisa, una mano sostenía el celular mientras el otro brazo a la pequeña niña, después de todo no era nada pesada
—Estoy muy bien cariño ¿Y tú? ¿Las pequeñas están bien?
—Nosotros estamos muy bien, extrañándote... ¿No es muy pesado por allá?
—Claro que no, mientras pienso en ustedes, nada ni nadie es problema para mí.
—Que romántico fue eso amor. —El ruso río un instante pensando en lo positivo que era su novio, como sacaba fuerza de lo que ahora consideraba familia...
"Si tan sólo ahora pudiera trabajar y ayudarte" pensaba el ruso, pero eso era imposible, apenas hacía dos meses tuvo a sus hijas, y no tenía el cuerpo para volver al patinaje además que perdió el Grand Prix. Sus estudios estaban a medio semestre pues con el embarazo tuvo que dejarlos a un lado un tiempo, ni mencionar que no estaba en las mejores condiciones psicológicas. Eso lo hizo perder la sonrisa que tenía, Otabek avanzaba, trabajaba, pero... ¿Él? Estaba sin hacer nada desde hacía rato, si acaso no enloquecía por los trabajos que hace en ocasiones para la universidad. Sin embargo... No podía decirle eso a Otabek, él estaba esforzándose demasiado como para que encima le echara sus problemas mentales en cara, también las inseguridades que aquejaban el cuidar de ambas niñas durante todo el día más la frustración de no ver al otro, solamente unas horas los fines de semana, pues inclusive esos días trabajaba.
—Estamos bien, Aiyana juega con Víctor y Athena está acá conmigo. —Comentó al notar que quedó callado unos segundos. —Sólo... Quise llamarte para ver como estabas, y saber a qué hora regresas está vez... ¿Supongo que a las una de la mañana? —Que era la hora habitual de salida. —Dado caso, sólo responde eso, no quisiera retrasarte mucho.
—Todo por ti, mi cielo. —Intentó animarle más pues era lo único que le importaba ahora. Un pequeño bostezo escapó de los labios de mayor, casi inaudible, se tallo un ojo y habló tras escuchar la interrogante de Yuri. Otabek sonrió al escuchar la preocupación en la voz de su pareja.
—Me alegra que estén bien, ya quiero estar ahí y darte tantos besos como me sean posibles. Yo estoy bien mi vida, me alegra mucho que llamaras y sobre tu pregunta, no, esta noche volveré antes, pues mis jefes se retiraran antes y por ende nosotros también.
Esa respuesta hizo que el corazón de Yuri se agitara un instante, el saber que su novio iba a estar un tanto más temprano era bueno de saber. La rubia en sus brazos comenzaba a caer dormida por lo que con cuidado caminó al cuarto y la puso en su cama.
—Eso es bueno... Y toma un café o algo, no creas que no te oí bostezar, no quiero que cuando regreses algo te pase. —El bostezo se le contagió, se había levantado temprano y desvelado para alimentar a las niñas por lo que tenía bastante sueño a decir verdad. Se dirigió con Víctor pidiendo a su otra hija, que le fue dada luego de poco, caminó de vuelta al cuarto colocándola al lado de su hermana, leyó que mantener a los hermanos juntos fortalecía la relación. Las tapó con mantas pues había un poco de frío además de que se le estaba haciendo costumbre.
—Lo haré, no te preocupes... —Notando los minutos pasados desde que inició la llamada, el mayor comenzó a caminar de vuelta a su lugar de trabajo. Se rasco la mejilla un poco apenado, aunque el rubio no pudiera verlo. —No está en mis planes dejarte, mucho menos ahora, que nuestras niñas nacieron.
—Ten cuidado al regresar... Tal vez no me encuentres despierto, te amo, adiós. —Esperó a que el otro se despidiera dejando el teléfono en la mesilla de noche.
Ya mañana se lo daría a su dueño, fue a colocarse el pijama, una playera holgada y unos shorts, contemplando su figura un momento, algo subido de peso... Pero ya lo bajaría. Aquella afirmación del rubio entristeció al moreno, pues quería pasar tiempo con él. Pero sabía que las bebés y algunos quehaceres de la casa consumían casi todo su tiempo.
—Si, está bien, hasta mañana cariño, te amo.
El ruso luego de cortar la llamada, encendió la televisión en respecto silencio, gracias a Dios sus niñas tenían el sueño profundo y eran ajenas a los ruidos leves. Poniendo una serie cualquiera con el objetivo de distraerse, con la meta de esperar a su novio. Mas aquello fue imposible pues al poco tiempo ya estaba dormido. El control quedó en su mano a medio soltar mientras él estaba recargado en la almohada sin taparse.
Mientras tanto Otabek se sentó en su lugar, pensando en la conversación reciente. Algo andaba mal, lo presentía, además notó que su Yura no reaccionó como suele hacerlo cuando le dice que irá temprano a casa.
Una hora más tarde, el kazajo se encontraba subiendo a su motocicleta y calzándose el casco para dirigirse por fin a su tan anhelado Hogar. Junto a sus hijas y su amado novio.
Condujo con sumo cuidado mientras pensaba en cómo su vida había cambiado en cuestión de meses. Antes estudiaba y complacía los caprichos de Yuri, sin mencionar el delicioso sexo que tenía con él, las noches de películas o videojuegos, todo.
¿Arrepentirse? Jamás. Tener a esas pequeñas fue la mejor decisión que pudo tomar, aunque eso le costara la libertad que antes tenía. Nada de eso importa ahora, solo el amor que tiene para dar.
Unos minutos después, ya se encontraba en la entrada del edificio donde vivía junto a su familia, dejó la moto (la cual tenía pensada vender para comprar un auto) y subió por el elevador hasta el piso correspondiente. Caminó hacia la puerta y la abrió con su llave.
Silencio.
Silencio fue lo que recibió al llegar. Un silencio atronador.
Yuuri había tenido la amabilidad de dejarle un plato de comida sobre la mesa.
Asumió que sus suegros también se habían ido a dormir, así que, sin hacer mucho ruido, dejó su chaqueta en el sofá y caminando lento, entró a la habitación que compartía con su novio y sus hijas.
La escena era encantadora y un poco triste.
El rubio dormido, semi sentado, destapado y con un hilo de saliva cayendo de su boca.
Las niñas, hermosas cual ángeles, descansaban una al lado de la otra, con sus manitas muy cerca.
Otabek se atrevió a acercarse al rubio y taparlo, pues la temperatura había descendido demasiado, dejó un sutil beso en su frente e hizo lo mismo con las bebés antes de tomar un corto baño y recostarse al lado de su amado. Antes de dormirse, Otabek volvió a besar a las pequeñas y metiendo su cuerpo adolorido en la cama, relajó los músculos, y estiró sus brazos hasta envolver al menor para sentir su calor y su delicioso olor.
Una mezcla entre shampoo de coco y leche materna, con un leve toque de menta gracias al dentífrico que usaban.
El kazajo no demoró mucho en dormirse, sobre todo porque Yuri no lo había apartado de él como las noches anteriores, excusándose en "No podemos hacerlo" o "están las niñas cerca" y "No quiero que me veas así"
Eran las tres de la mañana cuando Yuri despertó. El llamado de Aiyana por medio de un leve llanto fue lo que lo había despertado, notando que ahora se encontraba tapado y en una posición correcta para dormir. De inmediato volteó y notó una de las personas que evitaban su hundimiento, pero a la vez lo mantenían, su novio yacía a su lado dormido profundamente, con un rostro tan cansado que prefirió no despertarlo, apresurándose para callar a su hija y notar que tenía.
Levantándose con prisa cargó a la pequeña pelinegra, su pañal no se sentía pesado por lo que seguro tenía hambre, su hermana dormitaba, pero estaba seguro despertaría en un rato. Con cuidado meció a la niña unos segundos para calmarla, por fortuna ella era la más tranquila de las dos, así que su llanto paró luego de poco.
Levantó su remera para acercarla a uno de sus pechos. Instintivamente la bebé comenzó a beber... Era raro eso aún, el sentir el pequeño dolor y la sensación de esa sustancia saliendo de él... Era rarísimo, y estaba seguro nunca terminaría de acostumbrarse.
—¿Eres una pequeña tragona eh? —Susurró a su hija para distraerse, mirándola con cariño. Aunque algo de miedo a decir verdad. Al igual que Otabek, ellas eran alguien que lo mantenía a flote y a la vez lo hundía. Contradictorio, lo sabe, pero los miedos de ser mala madre, el sentirse un completo inútil más que para cuidar a dos infantes, y ni eso porque lo ayudaban... El sentirse observado cada vez que sale a la calle, incluso antes de que ellas nacieran.
"¿Esa 'chica' no es algo joven para ser mamá?", "debería estar estudiando en vez de cuidar personitas", "seguro son producto de un calentón".
Esas y otras frases eran las que oyó desde que su vientre se notó hasta la actualidad. Le molestaban, le enojaban tanto que sentía que la cabeza le ardía. ¡joder y a ellos que les importaba! Si, tal vez algunas de esas frases eran ciertas, por eso le calaban más al alma. Sumando el hecho de lo extraño que se sintió durante ese tiempo, más lo sólo que se sentía y el nudo en la garganta que se formaba cada que el kazajo se iba.
Suspiró alejando esos pensamientos de la mente, su hija había acabado de comer, recargó su cabeza en el hueco del hombro y el cuello dando unas pequeñas palmadas en su espalda para que soltara un pequeño eructo, dejándola en la cama nuevamente.
—Me pregunto si debo esperar a que despiertes o dormir otro rato... —Se preguntó mientras veía a la rubia, sin embargo, el sonido de la cama lo alertó, viendo que el moreno estaba despierto.
—Hola...
—Hola Yura...
El mayor se levantó de la cama y se acercó lento a su novio. No quería incomodarlo, pero de todos modos le dio un pequeño beso en la mejilla. Yuri sonrió ante este gesto. Aceptándolo con gusto, se bajó la camisa pues le era algo vergonzoso que Otabek lo viera con esos kilos de más que tenía. Luego de hacerlo besó rápido los labios del mayor mientras le abrazaba y aspiraba su esencia, olía a jabón de hierbabuena y su boca sabía a menta.
—Te ves cansado... —Claro que lo estaba, aunque sus palabras fueron más por tener algo que decir. —¿Cómo te fue hoy?
No tenía mucho que decir, por lo que se sentó a la esquina de la cama esperando que su novio también se sentara. Mientras el ruso se sentaba, el mayor acarició las mejillitas de una de las niñas y luego se sentó a su lado.
—No es nada, a decir verdad, me siento mucho más descansado que otros días. —Miró el rostro de su amado mientras hablaba. —Hoy estuvo muchísimo más calmado, aun así, sigue siendo un trabajo pesado. ¿Y tú? ¿Qué hiciste hoy?
—Yo, saqué a las niñas a comprar las cosas del desayuno en la mañana, y luego estuve haciendo un poco de aseo...La verdad, fue algo aburrido, pero no importa mucho. —Mintió en esto último.
—Ya veo, me alegra que todo estuviera bien... —El kazajo estiró sus brazos y apoyó su mano en el muslo de Yuri .
—Si... Sabes... ¿Tienes un día libre o algo?, sería lindo que saliéramos juntos, te extraño un poco. —Mucho más bien. Sonaba algo egoísta, más al saber cómo el otro se rompía la espalda. Pero pensaba que era bueno también para él relajarse de vez en vez. —Podemos encargarles a los viejos las bebés e ir al cine o un parque.
—¿Libre? Mmm creo que a mediados de semana tendré unos días. —Sonrió sutilmente ante la idea de su novio. —Por supuesto, suena estupenda la idea cariño, será lindo salir en una cita.
—Y si quieres más adelante... Podría conseguir un trabajo para ayudarte y que tengas más tiempo.
Exteriorizó, esperando que al otro le agrade la idea, parte por ayudar y otra para des aburrirse, estaba seguro no duraría más de tres meses sin tener un oficio, en lo que volvía a patinar... Claro, si es que eso le era posible. Su mirada adquirió un semblante más oscuro, pensando en que tal vez su sueño de ser el mejor patinador se hubiese detenido.
Al terminar, las últimas palabras del ruso dejaron helado al pelinegro.
—¿Tra-trabajar? Yuri... ¿Estás seguro?
Otabek miró a su amado un poco desconcertado, pues esas palabras lo shockearon.
—Cariño, ambos sabemos que tu destino está en la pista de patinaje, y no me gustaría que lo dejes por algo que yo debo hacer. Aun así...
No quitó la mirada de él. Notó su expresión, tomó la mano del ruso y la besó suavemente.
—Yuri , sé que quieres ayudarme, pero no podemos dejar a las bebés con Víctor y Yuuri todo el tiempo, ellas necesitan a su mamá... ya encontraremos una solución ¿Okay?
—Es que... No sé si pueda volver al patinaje. Además, sé que no pueden estar solas Beka, pero, creo que puedo hacer algo más antes de entrar a la Universidad nuevamente, algo leve. —Amaba que Otabek le diera ese apoyo, pero sabía que con dos bebés las cosas serían muy complicadas, y cuando ya tuviera tiempo el mundo del patinaje ya habría olvidado los pasos que estaba creando, después de todo las carreras de deporte eran efímeras.
Por otro lado, aquellas palabras ofendieron demasiado al mayor ¿Cómo era posible que dijera eso? Otabek mejor que nadie sabe del talento nato de su amado para el patinaje. ¿Olvidarlo? Jamás. ¿Como alguien podía olvidar al gran tigre de Hielo de Rusia?
—No se trata de si puedes o no, tú volverás al hielo. Tú destino está en las pistas y lo sabes. Todo el mundo lo sabe ¿Acaso piensas que ya se olvidaron de ti? Eso es imposible cariño. Tu belleza y gracia siguen aquí... —Llevó una mano a la mejilla del rubio y la acarició. —¿Estas seguro de querer volver a la universidad? Sé que te quedan pocos meses para terminar...
Yuri recargó su cabeza en el hombro del contrario, sabía que al otro no iba a gustarle la idea del todo. Además, recapacitando no había tantas opciones de trabajo con horarios flexibles, y aunque Víctor y Yuuri estuvieran encantados de cuidar a las gemelas, sería un abuso de su parte el encargárselas tan seguido.
—Sabes... Ya habrá algo que pueda hacer para ayudar y que me permita estar cerca de ellas. Tal vez puedo tomar un diplomado en línea o algo.
Volteó a mirar al contrario tomándole la mejilla con suavidad.
El hecho de que el menor posara su mano en su mejilla, lo llenó de un calor hermoso y melancólico.
—Es parte tu obligación el cuidarnos cielo, pero también es la mía... Además ¿Qué hay de ti y del patinaje Otabek? ¿Lo dejarás? —El tono designado del kazajo le molestó un poco, por desgracia no pudo evitar disimularlo.
—Yo, si. Lo dejaré, mi talento no se compara al tuyo, además planeo dejar mi trabajo actual y aceptarle a mi padre el lugar en su empresa...
Sin darse cuenta, Yuri miraba fijamente al chico a su lado. Se sorprendió ante la decisión del kazajo "dejar el patinaje", le dolía que dijera eso. —¿Seguro que quieres dejar el patinaje profesional? Beka, no eres malo en ello, no me compares a ti.
—Estoy cien por ciento seguro. Puede que mi futuro jefe sea mi padre, pero ya hablamos esto y ambos estuvimos de acuerdo en que él me tratará como a un empleado más. Y eso implica que mis horarios los manejará él...
Y volvió a reinar el silencio. Otabek se quedó pensativo unos segundos, recordando de algún lugar donde su novio pudiera "trabajar". Mientras Yuri se mordía las uñas, pensando mil y un cosas distintas.
—Ya sé Yura, recuerdo que una de nuestras vecinas busca quien limpie una vez a la semana su casa ¿Que dices?
Las palabras de su amado lo alegraron un poco, aunque a su parecer Otabek es una persona muy soñadora... no quería decirlo ni lo culpaba, pero el criar a sus niñas de la manera correcta como mínimo le llevaría cuatro años, sin mencionar que él estaba en sus veinte ya... ¿Y la carrera de patinaje cuanto podría durar? Si acaso hasta sus veintiocho o treintas, pero para esa época Yuri tenía otras aspiraciones. Tener una carrera completa, diseñar ropa tal vez. Sus años pasarían en un santiamén y apenas lo notaría... Tal vez se estaba comportando como un exagerado, pero era una persona a la que le gustaba planear las cosas y esforzarse por ellas.
Esos pensamientos prefirió callarlos, y decir unas cortas palabras. —Volveré al patinaje, pero... eso implicará que tenga menos tiempo para las bebés y lo sabes. Quiero participar en el Grand Prix dentro de dos años... —Si quería tener más fama y oportunidades de patrocinadores o publicidad, el dinero se regía de eso. "Algo al costo de un sacrificio" pensó.
—Mientras ese tiempo llega, terminaré la universidad... no ahora. En unos meses que estemos más estables, para aportar algo significativo, para darles un mejor futuro a las niñas. —Pensaba que, si Otabek aceptaba el trabajo, alcanzaría con el dinero para algunas cosas, tal vez algunos gustos. Pero él no se conformaba con eso, quería tratar a sus hijas como las princesas que eran, no por siempre podrían vivir en el departamento de Víctor (quien se lo había regalado al rubio, pero insistía en no aceptar), tendrían que preocuparse por colegiaturas, ropa y muchas más cosas que serían necesarias en unos años. —Además, ¿Cuánto podrá alcanzarnos nuestro sueldo de patinadores y el tuyo si aceptas el trabajo de tu padre?, o el mío si pregunto por el trabajo que me dices..., se acabará en poco tiempo y tú solo no podrás con ello, por eso quiero ayudarte y terminar mis estudios.
—Lo sé Yuri, pero ten en cuenta tu salud también. Tuviste una operación grande y aún no estas del todo recuperado. Yo solo quiero que tú estés bien. Me importa más tu salud y la de las gemelas. Dame tiempo y solucionaré esto, te prometo que haré lo posible para que puedas ayudar tú también.
Una media sonrisa se formó en los labios del ruso, el cual se levantó de su lugar por el llamado de Athena quien acababa de despertar.
Otabek se quedó pensativo, estaba seguro de que algo podría hacer para que Yuri estuviera más tranquilo, sin embargo, no sería nada fácil. Observó de reojo al chico con la bebé en brazos tratando de no incomodarlo. Una vez que la pequeña terminó, el kazajo la pidió para hacerla eructar y volver a recostarla al lado de la morena, la cual dormía plácidamente. Una vez ambas bien acomodadas y tapadas, ambos las besaron y se metieron en la cama, acomodándose cerca del otro y así dormir unas horas, dando así por finalizada la charla.
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A medida que el tiempo avanzaba, el miedo de Yuri sólo crecía y crecía. Se sentía muy angustiado y la sensación de estar haciendo todo mal lo carcomía vivo. Muchas veces se cuestionaba su capacidad como madre... le aterraba el largo camino que acababa de iniciar; el cuidar de dos pequeñas. Cada día sentía un malestar que atormentaba su corazón, intentaba hablar con Víctor o Yuuri , pero simplemente no podía. Mucho menos con Otabek, quien hacía unas semanas había regresado a su trabajo, ya que pidió licencia para ayudarlo en las primeras semanas, y como sus hijas estaban a punto de cumplir 2 meses, era tiempo de que regresara. Admitía que lo extrañaba más de lo que pensaba, ya que el mayor (de cierta forma) quería encargarse de todo, los pañales, la leche, mientras él trataba de tranquilizarse y mentalizarse de que su vida será muy diferente, pero no podía, empeoró cuando comenzó a quedarse solo con las niñas.
No faltaba mucho para el cumpleaños de Otabek. Yuri estaba emocionado por hacerle una fiesta, no sólo por el hecho de la fecha, sino porque sería el primer cumpleaños junto a sus hijas. Que si le habían llamado "mocosa precoz", "descuidada", "irresponsable" o mil y un comentarios negativos al respecto en ese momento no importaba., Claro que cada palabra era un pequeño pedazo de vidrio incrustado, pero Otabek con minuciosidad sacaba la mayoría a base de palabras de consuelo y abrazos, y era por eso y el simple hecho de que le ama que ha tenido la idea de hacer una fiesta hace unas semanas.
Bien, realmente la idea ha sido de Yuuri y de él, una tarde de plática donde lavaban los trastes que el tema surgió; el cerdito comentó respecto al cumpleaños y a él le ocurrió hacer una pequeña celebración, Yuuri lo magnífico sugiriendo traer a los padres de su novio e invitar a algunos otros. Se oyó bien, y desde entonces ha estado de aquí para allá organizando, prefiere hacerlo sólo, no por el hecho de que desprecie la ayuda, sino que si alguien más coopera los preparativos terminarían mucho antes y eso a él le aburriría en algún punto. Estar en casa a veces (bien, en su mayoría) le sofoca, algo tiene que hacer para entretenerse.
Por eso pocas durante semanas hizo llamadas; algunas a Japón, otras a Rusia, y las últimas a Kazajistán. Él no era mucho de socializar, pero no niega que extraña las burlas de Mila o el melodrama de Georgi, incluso a los Katsuki, y no duda que Beka no extrañe a sus padres. Los señores Altin son un cielo; Serik es un buen hombre, un poco serio pero con gran corazón, y Melek una bromista empedernida y dulce que le saca el humor interior y sonrisas enamoradas, son sin duda una pareja preciosa, y a pesar de él conocerlos de unas pocas idas de cuando fue a Almaty como amigo, y otras como novio, no niega que les tomó un ligero cariño, en especial a la mujer.
Todos aceptaron venir por fortuna, y aunque se lo pensó seriamente, prefirió no hacer venir a su abuelo; por nada del mundo deseaba que enfermase por los cambios de clima o tanto viaje, así que ya iría luego a visitarle junto a su familia. Realmente extrañaba ir, si bien le hablaba constantemente al teléfono o por videollamada, no era lo mismo que abrazarlo en persona, y la mella de no verlo por meses le afectaba, si vamos, ¿Quien no extrañaría a la persona que te crió con tanto amor y dedicación?. Cada día se repetía que iría a visitarle en cuanto las gemelas pudieran viajar, mientras tanto mantenerse ocupado es lo mejor.
Y entre salidas, encargos, pases de días y demás la fecha del cumpleaños llegó; Otabek fue a trabajar desde temprano, y Yuri aprovechó para montar todo y hacer la comida que le saliese decente sin el riesgo de intoxicar a alguien. No es el mejor cocinero, pero poco a poco avanza.
Colgó globos, decoró en un tono verde oscuro y dorado, atendió a sus hijas y en un abrir y cerrar de ojos todo estaba listo. Víctor llegaba en la tarde ya que le había prometido pasar por el pastel a la salida de su trabajo y Yuuri unas horas antes que Otabek, ya que él se ofreció ir por los Altin al aeropuerto.
En menos de media hora, Katsuki llegó con los Altin, quienes a pesar de pasar tantas horas en un avión, entraron al departamento con sonrisas tontas plasmadas en el rostro, felices de poder pasar el cumpleaños de su hijo juntos y por fin conocer a sus nietas.
Ambos saludaron a Yuri con un enorme abrazo, charlaron un momento y pidieron ver a las niñas, quienes descansaban en la carreola enviada por ellos.
Quedaron fascinados con la belleza de aquellas niñas.
Tan distintas e iguales al mismo tiempo. Las pequeñas son la mezcla perfecta entre su hijo y el ruso.
Melek lloraba por la dulzura que emanaban, mientras Serik las veía orgulloso de su hijo.
A los minutos, llegaron Víctor, seguido de los demás invitados.
Sólo faltaba Otabek para comenzar.
El kazajo llegó casi una hora después.
Agotado, guardó la motocicleta en el estacionamiento del lugar y subió en el ascensor hasta el piso donde lo esperaba el par de ángeles que tiene por hijas, su amado novio y sus suegros.
Enorme fue la sorpresa que se llevó el mayor al abrir la puerta principal y ver que su familia no estaba sola. Sus padres estaban ahí, era increíble.
Una enorme sonrisa se dibujo en su facción casi siempre estoica, estaba genuinamente feliz de tener a todos sus seres queridos reunidos en su casa.
Sin dudas, el mejor cumpleaños que jamás tuvo, Yuri se acercó a él con el pastel en la mano, encendió la vela y a coro con los demás, le cantaron el cumpleaños, Otabek no pudo dejar de sonreír, agradecido a la vida y al destino por permitirle vivir ese momento.
Apagó el fuego deseando que no terminara nunca.
Y un beso de su amado, hizo que la noche terminara más especial de lo que podía ser.
ミ
彡
El mes de Noviembre dio inicio. Los adornos navideños comenzaban s hacerse presente en los distintos locales. Luces, esferas de colores y guirnaldas eran los preferidos para la época que se aproximaba. Si bien tenía entendido, los japoneses no festejaban la navidad de la misma forma, era una celebración más de pareja. Con la llegada del onceavo mes, el cumpleaños de Yuuri también llegó. Su familia se habían encargado de hacerle una cena, donde estuvieron presentes Phichit y Chris, quienes fueron sólo por ese día, sus padres, hermana, Víctor y por supuesto los Altin.
Noviembre terminó en un abrir y cerrar de ojos, y la llegada de diciembre no fue para menos, era increíble que ya estuvieran a menos de dos semanas de navidad y el cumpleaños de Víctor (quien se negaba a creerlo) y pisándole los talones, año nuevo. Una mañana de diciembre, Yuri salió con las niñas a comprar víveres para el mes.
Estaba fresco, la brisa casi gélida le recordaba a su Rusia natal. No es que se sintiera incomodo en el país nipón, pero no podía evitar extrañar su patria, pero allí no habría podido vivir tranquilo... A pesar de los años, Rusia seguía siendo un País muy homofóbico y no correrían ningún riesgo. Menos ahora, que tenían dos niñas a las cuales proteger. Y hablando de proteger, detuvo su marcha, solo para asegurarse que sus pequeñas estuvieran bien abrigadas, acomodó la manta que las cubría y siguió su camino.
Las miradas sobre ellos no eran disimuladas. La mayoría de las personas lo criticaba con los ojos, murmullos inaguantables volaban sobre él y las niñas. Su rostro de disgusto solo avivaba el fuego de las feroces críticas. El tramo final hasta el local fue un infierno. Desafortunadamente su calvario no terminó ahí, las señoras que vivían cerca del supermercado se pasaban tardes enteras ahí, despellejando a todos, y Yuri no será la excepción.
—Yuri, bonita ¿Cómo has estado?
El ruso soltó un suspiro pesado. Para su mala suerte, no les podía decir a esas señoras que era hombre ya que no correría el riesgo de que a una de ellas le dé un infarto de la impresión.
—Buenas tardes, muy bien ¿Y usted?
—Bien querida, veo que traes contigo a las pequeñas.
—Así es.
—Es una lastima que su padre no se haga cargo, debe ser muy duro para ti ser madre soltera.
¿Qué acababa de decir? Por respeto no le respondió con una grosería, pero había pasado el límite de su paciencia.
—Pobre muchacha... -Siguió otra mujer. —Tan joven y con hijas, de seguro fueron concebidas bajo el efecto del alcohol.
—Yo creo que sabía perfectamente lo que hacía.
—Quizás creyó que teniendo a las niñas, el tipo se quedaría.
—Lo dudo mucho, solo Dios sabe eso.
—Para mi que él las abandonó pensando que no son suyas.
—Quizás por eso su padre no se hace cargo, es más, ni debe saber quien es el padre. Pobre muchacha... Seguramente ni tuvo conciencia de cuando concibió a sus hijas. —Escuchó a una mujer decir con fingida pena. — Pero qué se puede esperar de alguien tan inmaduro como ella.
—No tiene remedio. —Comentó otra mujer. —Que no haya decidido abortar es otro tema.
—Solo mírale la cara. —Su desdén era notorio, mientras una sonrisita arrogante adornaba su cara. —¿Tú crees que realmente es su sueño estar así? Puras falacias, es notoria su frustración.
—¡Reiko! —Regañó la mujer de al lado. —Calla o podría escucharte ¿Que tal si el padre trabaja y nada más no tiene tiempo?
—No seas ridícula Jun. —Contestó con veneno. —Solo es cuestión de verle la cara para saber que abrió las piernas y el tipo la dejó.
Yuri ardía en furia. No quiso decir una palabra. Sabía que si abría la boca, nada bueno saldría. Pagó lo que necesitaba y salió del lugar, empujando enojado el coche de las niñas.
Ni siquiera miraba por donde iba. Estaba cegado por la rabia, esas mujeres no tenían ningún derecho a opinar de él, ni de sus hijas ni de nada.
Trataba de tranquilizarse, pero no lo conseguía. Su mente daba mil vueltas a lo sucedido, y al mismo tiempo, las críticas que recibió bien su vientre comenzó a notarse.
De cierta forma lo entristecía, pero la furia era mayor.
Solo salió de sus pensamientos cuando algo chocó contra él, entorpeciendo su paso, haciéndolo retroceder.
—Tch, mira por donde caminas idiota. —Vociferó el rubio.
—Lo siento. —Respondió una voz masculina. —¿Yuri?
El ruso molesto aún, levantó su mirada reconociendo a los pocos segundos a quien había golpeado.
—Hey, Misaki.
ミ彡ミ彡ミ彡ミ彡
