—Hey, Misaki… —habló Yuri con los ojos abiertos en demasía. El enojo se le bajó casi al instante por la sorpresa de ver a uno de sus compañeros de facultad en frente.

—Yuri.— respondió un castaño de orbes miel de la misma manera. Un ligero llanto proveniente del carrito que llevaba el rubio le distrajo, dándose cuenta de muchas cosas pero obviándolas. —¿Como estas? Tanto tiempo sin verte.

Misaki Ayuzawa no era alguien que se interesara por la vida de los demás, pero con Yuri era diferente. La charla de ambos se hizo amena y llevadera.

Hablaron de todo. De la universidad, de chistes, de cuestiones banales o las cosas de la semana. Yuri se sintió pleno; por una vez en su vida desde que sus hijas habían llegado al mundo no lo miraban con crírica, con pena; no le preguntaban por las gemelas cada que lo veían, tampoco si ellas habían comido bien o comentarios de cuanto habían crecido.

Al lado de ese chico castaño, sólo era Yuri Plisetsky. No mamá, no contenciones.

Sólo era lo que fue; un joven adulto, patinador y persona individual.

ミ 彡 ミ 彡 ミ 彡

La charla con Misaki de algún modo le había subido el animo. Bastante a decir verdad, Yuri sentía que por fin, había encontrado a alguien que estaba dispuesto a escuchar sus inseguridades.

Regresó al departamento con una imborrable sonrisa en el rostro, olvidándose del desagradable momento vivido con esas odiosas mujeres, y, raramente feliz de por fin haber sido el centro de atención en una conversación sin que hubiera alguna crítica hacia él o sus hijas.

Quizás, solo quizás, había encontrado un amigo.

Diciembre no daba tregua con el pasar de los días, y con eso, la llegada de Navidad y el cumpleaños de Víctor. El platinado a pesar de amar la fecha de su nacimiento, este año no le emocionaba como otros años, y eso era raro en él.

El primero en notarlo fue Yuri quien sabía el gran cariño que el albino le tenía a su cumpleaños. Una tarde, aprovechando que Yuuri y Otabek no estaban, el rubio decidió preguntar.

—Oye viejo.

Víctor despegó su mirada de la televisión y observó al menor. —¿Que pasa Yurio? —El ruso mermó el volúmen para poner toda su atención. Yuri se acercó a él, sentándose a su lado.

—Te noto triste ¿Todo bien en casa?

Okey , eso logró descolocar al mayor. ¿Yurio preguntándole si estaba bien? Eso no ocurría todos los días, el peliplata se sintió atrapado, ¿Tanto se le notaba? Al parecer sí.

—Estoy bien Yurio. No es nada, lo juro.

El rubio no muy convencido de su respuesta presionó más. —¿Seguro? ¿Las cosas entre el katsudon y tú están bien? —Su rostro serio alertó al ojiazul, sabía que no descansaría hasta saber que pasaba. Rayos, lo tenía acorralado.

—Por supuesto que sí. —Respondió de inmediato. —¿Desde cuando te interesa eso? —El adulto solo tenía un método de escape, pero corría el riesgo de recibir varios insultos por parte del joven y sinceramente no estaba muy bien de humor para eso.

—Desde hace unos días te la pasas suspirando y con cara de tristeza todo el tiempo. —Replicó. —Ni siquiera muestras esa estúpida sonrisa de corazón cerca de las niñas. —Diablos, lo había notado. —Quizás no sea el mejor para esto pero si hay algo que quieras decirme...

Esas simples palabras conmovieron el corazón de Víctor, desde que conocía a Yurio, sabía que él no era una persona de carácter sensible ante algunas situaciones y que ahora se preocupara por él, demostraba lo mucho que el rubio había crecido y lo bien que lo conoce.

—Oh Yurio... —Trató de no sollozar. —Está bien, te lo diré... No quiero cumplir años. —Bajó su rostro, triste. —Estoy volviéndome viejo.

Yuri jamás se esperó esa respuesta. ¿Que demonios acababa de escuchar? Le sorprendía bastante aquella confesión, más al conocerlo tan bien. —Vie... Digo Víctor, mira, cumplir años no tiene nada de malo y eso lo sabes... Esto es raro viniendo de ti, digo, desde que tengo memoria amas tu cumpleaños y ahora de repente no quieras celebrarlo, me parece muy extraño, ¿Hay algo más que te esté haciendo daño?

Eso fue suficiente para que el mayor estallara en lágrimas. Yuri sintió arrepentirse un momento, pero luego supo que hacía lo correcto, Víctor necesitaba sacarlo afuera. Con un poco de torpeza lo abrazó.

—No llores viejo, ahora dime que sucede.

—¡Deja de llamarme viejo! —Sollozó de nuevo. Sorbió su nariz y se dispuso a contarle al rubio su sentir. —Me siento mal al saber que cumpliré 40, es complicado de explicar, pero no quiero llegar a esa edad, siento que no estoy preparando para esa nueva etapa de mi vida.

El ruso menor rodó los ojos sin que el mayor lo notara, era algo estúpido, lo sabía, pero de alguna forma le causaba daño a quien él consideraba un padre.

—¡Está bien! Ya deja de llorar. —Yuri comenzaba a desesperarse, no sabía bien como actuar o que decir. El peliplata, quien aún no salía de su escondite en los brazos del rubio, trataba de detener sus lágimas. Mientras el menor, en algún momento comenzó a palmearle la espalda, algo que su abuelo hacía cuando él entraba en crisis.

Suspiró, pesado y tendido.

—Es duro.— Afirmó— Pero, deja de lamentarte y ve las cosas que no tendrías si no envejecieras; Tienes un esposo, em, atractivo, no aparentas tu edad, tienes dinero, y eres feliz... Eso no lo tendrías si siguieras siendo de veinticinco ¿No?— Arqueó la ceja para mirar a Víctor a los ojos.—Eras miserable Viktor, recuerdo tus ojos perfectamente. —Habló serio, despegando al mayor de sus brazos mientras éste le miraba.—Ahora tienes eso y dos nietas que te aman, y no vas a cambiarlo por retroceder ¿Verdad? —Esa última frase hizo que el corazón del mayor saltara con fuerza. Se levantó de su lugar, limpiándose los lagrimales.

—A veces me sorprende que seas menor que yo, gatito.

Y así, luego de la charla, Víctor esperó ansioso el día de su cumpleaños para el cual no faltaba mucho. Yuuri notó ese cambio, pero no dijo nada, prefirió no meterse, aunque tarde o temprano el mismo Víctor le contaría. Esta vez el albino optó por una cena en Yutopia, un ambiente familiar y privado, donde estar con su familia y amigos más cercanos.

Llegado el 25, el onsen desprendía felicidad. Algunos globos, comida y bebida sobre la mesa. No podía faltar música y sobretodo el dulce sonido de la risa de las gemelas. Víctor sonreía genuino y encantado, el haberse liberado de aquello que lo atormentaba le permitió disfrutar de la maravilla de la vida.

Su mejor amigo Chris había llegado unos días antes junto a su esposo Phichit.

Hasta JJ y Seung Leroy estaban presentes.

En una esquina de la sala, había varias cajas de regalo, algunas para Víctor por parte de su esposo y las demás para las niñas. Al ser su primera navidad, nadie se midió en regalos, papeles brillantes y moños de colores adornaban la esquina.

A sus 4 meses, Athena y Aiyana sentadas junto a sus padres en la alfombra, cerca de la chimenea, abrieron sus primeros regalos. Ropa y peluches cubrieron el sofá. El ruso mayor optó por sentarse con ellos y ayudar a sus nietas, Yuuri por su lado tomaba demasiadas fotos, quitándole el puesto a Phichit quien hacía un divertido puchero.

Jean se acercó a Otabek, quien sostenía a Athena, la cual observaba atenta el moño amarillo que adornaba uno de los regalos.

—Tengo algo especial para ellas. — Dijo animado. Se levantó y fue a su habitación a buscar algo. Curioso, Otabek lo siguió con la mirada, luego observó a Yuri, quien solo arqueó una ceja.

Seung, sentado cerca de Chris, se encogió de hombros negando divertido.

—Estaba muy emocionado por ver a sus "ahijadas". Creo que se tomó muy en serio su papel de "padrino".

—Supongo que es normal Seung. Víctor y yo también nos emocionamos mucho con la idea de ser abuelos. —Comentó Yuuri desde el sofá.

—Confirmo eso. —Dijo Yuri acomodando a la pequeña Aiyana, quien trataba de quitar el verde papel de regalo.

—JJ siempre fue así. —Comentó Otabek. —Recuerdo que, cuando estuve en Canadá, él se esmeraba por hacerme sentir cómodo. Quizás a veces exagera, pero lo hace con cariño, por eso convencí a Yuri de nombrarlo "padrino" de Athena y Aiyana. Se lo merece.

Los presentes sonrieron. En eso JJ salió cargando dos cajas. Se sentó frente a las niñas y extendió los regalos.

—Este es para Aiyana. —Estiró su mano, poniendo cerca de la niña la caja, la cual fue agarrada por Yuri.— Y esta para Athena. —Hizo lo mismo, solo que esta vez Otabek la agarró. —Ábranlo.

Los padres abrieron las cajas y sacaron lo que contenía.

De las manos de ambos, un hermoso móvil para bebé colgaba, con una A de la cual colgaban copos de nieve, patines y un gatito.

—Totalmente personalizado para las princesas.

—Jean... Son hermosos, gracias.

Beka estrechó la mano del canadiense agradeciendo el gesto hacía sus hijas.

Víctor, quien no quería quedarse atrás, también se acercó con regalos para las niñas. Yuuri sonrío negando varias veces ante los celos de su esposo. Era divertido verle competir contra JJ, aún sabiendo que las niñas a pesar de ser pequeñas lo aman.

El ruso adora a las gemelas.

Los regalos fueron bellísimos, juguetes didácticos abundaron junto a hermosos conjuntos en tonos pastel para resaltar la belleza que ambas poseen.

Luego de un rato, las niñas cayeron dormidas.

Acomodadas en su cochecito, descansan una al lado de la otra.

Los presentes no pueden dejar de observarlas.

La cena fue un éxito. El albino destilaba felicidad pura.

Agradeció a todos por estar presente ese día tan especial para él.

ミ 彡

El año nuevo pasó en un abrir y cerrar de ojos, sin darse cuenta, estaban esperando que iniciara marzo, específicamente el 1 de marzo.

Víctor y Otabek organizaron una hermosa cena para el rubio quien no estaba muy seguro de querer festejar su natalicio. No se sentía cómodo aún con su cuerpo y eso que habían pasado 7 meses.

Aún así accedió a que lo festejaran.

El lugar era perfecto, ni muy lujoso ni muy barato, justo en el punto medio como le gustaba a él, sumado un pequeño sector de juegos para bebés, donde Athena y Aiyana podrían jugar a gusto, junto a Sebastian, el hijo de los Leroy.

Otabek tenía una sorpresa para Yuri.

Los presentes disfrutaron de una maravillosa recepción, con música y bebidas de todo tipo.

Risas, anécdotas e historias colorearon la noche. A decir verdad Yuri disfrutó bastante la celebración, hasta que...

De un momento a otro, las luces bajaron, una canción en particular comenzó a sonar y cierto kazajo había desparecido, el rubio supuso que, había ido a controlar a las niñas, pero al dirigir la mirada hacia donde estaban, notó que no estaba ahí.

Es más, las gemelas estaban siendo cargadas por Víctor y Yuuri quienes las llevaron hasta donde Yurio se encontraba.

—¿Han visto a Otabek? —preguntó, cargando a Aiyana. La niña lo miró, como si entendiera lo que decía.

—No... De seguro está en el baño o la cocina. —El japonés miró a su alrededor. Mientras Athena, quien está en sus brazos, jugueteaba con la pulsera que su abuelo llevaba.

—De hecho, Otabek está allá. —Dijo Victor, señalando al lugar donde estaba el Deejay, probando un micrófono. Yuri abrió la boca, el kazajo lo observó y sonrió.

—Buenas noches a todos, gracias por haber venido a compartir con Yuri y con nosotros este día especial.

Los presentes aplaudieron las palabras. Yuri sentía su cara roja. Las gemelas imitaron la acción de los demás y aplaudieron también.

—Yuri, mi vida... —Otabek comenzó a acercarse hacía donde estaba el ruso. Mientras Yuri trataba de cerrar la boca y sonreír, aunque sus labios temblaban. —Quiero agradecerte por todos estos años juntos, y no encontré nada mejor que esto para expresar todo lo que siento. —De su bolsillo sacó una cajita negra. Al verla, Yuri se espantó y retrocedió. Negó con su cabeza y susurraba un entendible No. —¿Yuri? —Al verlo asustado, el mayor trató de tocar su brazo, pero el rubio se alejó más. Miró a todos lados, entregó a la niña que tenía en sus brazos y salió corriendo del lugar. —¡Yuri, espera!

Pero no hubo respuesta. El ruso ya había salido del lugar, dejando a todos helados. Otabek, quien no sabía cómo seguir, sonrió nervioso, agradeció a todos por estar presente y dió por finalizada la cena.

Una vez que todos se fueron, quedaron solo los Nikiforov y él, junto a las niñas.

—Otabek... ¿Puedo saber que tienes ahí? —Preguntó Víctor.

—¡Víctor! —Regaño Yuuri.

—Que, solo quiero saber. —Yuuri lo miró un poco molesto. —Esta bien, lo siento...

—Tranquilos por favor. —Otabek intentó sonreír y saco la cajita. —Es... Bueno... Conseguí esto en un local cerca de mi trabajo y pensé que sería un lindo regalo para Yuri. —Dijo mientras abría la cajita, dejando ver un hermoso relicario redondo, adornado con un delicado copo de nieve en plata. Al verlo, Víctor se sorprendió demasiado.

—Y-yo creí, que le propondrías matrimonio, oh no...

—No. —Beka bajó la cabeza, y una sonrisa dolorosa se formó en su rostro. —Me gustaría casarme con él, pero no ahora... Con mi trabajo y su estudio, sería desastroso.

—Es muy bonito Otabek. —Agregó Yuuri. —Estoy seguro que a Yurio le gustará.

—Eso espero... Trataré de hablar con él, y explicarle que no es lo que piensa...

—Cuenta con nosotros, si quieres también podemos hablar con él.

—Gracias, eso sería perfecto.

Y así, terminaron de recoger sus objetos personales y partieron al departamento, donde un rubio trataba de dormir, esperando que lo sucedido hacía unos minutos solo haya sido una pesadilla.

Los días pasaban y Yuri no podía mirar a la cara a su novio. Este trataba de hablar del tema, pero el ruso lo evadía. La época de exámenes le vino como anillo al dedo.

A pesar de no haber pasado mucho desde que regreso a la universidad (con apoyo de Víctor por insistencia) siempre se excusaba de tener que estudiar y se encerraba con llave en una habitación.

Otras veces salía, diciendo que unos compañeros le explicarían algunos temas.

Otabek no sabía cómo hacer para poder explicarle que lo que vio no es lo que piensa, y así poder volver a la "normalidad".

Yuri, acudió a la única persona fuera de su familia que lo entendía, Misaki, ya que con este se sentía cómodo para hablar de ciertos temas.

El haber compartido bastante tiempo les hizo crear una atmósfera apropiada para hablar de todo lo que necesitara.

Una tarde, saliendo de clases, el castaño, quien ya sabía algo pero no con lujo de detalles, invitó a su amigo a una cafetería cercana a la universidad.

Una vez que ambos estuvieron acomodados y atendidos, fueron directo al tema que tenía al rubio en vela.

—Cuentame Yuri, exactamente, qué fue lo que pasó. —El castaño tomó un sorbo de su taza y miró a su acompañante.

Yuri dudo un poco, no estaba muy seguro, pero en vista de que la mirada suave y tranquilizadora que le brindaba, suspiró y comenzó a hablar.

—Bueno... En mi cumpleaños, Otabek tomó un micrófono y comenzó a hablar... dijo cosas muy bellas, pero... de un momento a otro sacó un estuche de su bolsillo y, creo que iba a proponerme matrimonio. —Aquella frase hizo que le recorriera un escalofríos por la columna. —Ni siquiera termino de acostumbrarme a las gemelas y...

—Tranquilo... —Hizo una pequeña pausa. —Ya veo, y, ¿Viste lo que contenía el estuche?

—No. Sólo huí del lugar... desde ahí que no puedo ver a Otabek a los ojos...

—Comprendo. —dijo sereno. —Mira, yo creo que tu novio si exageró un poco, ¿Hace cuánto están juntos?

Yurio hizo memoria. Conocía a Beka desde aquel curso de entrenamiento dirigido por Yakov.

Y desde su reencuentro en Barcelona, su relación fue creciendo más y más, hasta llegar a donde están.

—Nos conocimos en un curso de verano, y luego nos vimos antes de ganar mi primer Grad Prix Final en Barcelona... y eso fue ya hace 8 años... si mis cálculos no fallan, ya serán 13 años.

El castaño asiente a cada palabra que su amigo dice, pensando en que sería lo mejor para él. —Ya veo, son muchos años... Y... ¿Estuviste con alguien más o solo con él?

—Solo con él. Otabek fue mi primer amigo verdadero y mi único novio.

Misaki pensaba y reflexionaba cada sílaba de esa frase.

Yuri por su lado, mordisqueaba la orilla de una tostada, nervioso.

—Mira, Yuri... quizás yo no sea el mejor con las palabras o los consejos, pero, para mi, lo que deberías hacer, es experimentar con alguien más... y luego decides si quieres seguir con Otabek...

El ruso dejó de comer de golpe.

—¿Eso crees? —Tragó pesado. —Y-yo no puedo hacerlo...

—¿Porqué no? —Misaki levantó una ceja. —Estas con él desde hace muchos años, debes estar cansado de la rutina.

—Pues...

—Yuri, amigo, sé que te aterra la idea, pero es lo mejor que puedes hacer. Mira, si quieres, lo haces conmigo. Yo estoy disponible, sin compromisos. Esto será una noche y ya, luego puedes volver con él y decides si quieres casarte o no...

Yuri pensaba y pensaba las palabras que Misaki le había dicho.

Era absurdo y al mismo tiempo, algo dentro suyo le decía que tenía razón.

Mierda y más mierda se repetía en su mente... ¿Que carajos iba a hacer?

Estaba confundido y sentía su estómago revolverse.

Suspiró.

Decidido, tomó su celular, buscó un numero en particular y marco.

La llamada fue respondida al instante.

—¿Yuri? —la voz al otro lado sonaba tranquila y dulce, a pesar de que quien hablaba se encontraba muy nervioso y sobra decir que estaba esperando la llamada. —¿Esta todo bien?

—Si. —respondió el menor. —Ya he tomado mi decisión. Estoy listo para hacerlo.

—Estupendo Yuri, te espero mañana.

Y la llamada fue terminada.

Al día siguiente, Yuri bajó al departamento de la señora Shiroyama, había decido aceptadar trabajar para ella y Otabek seguía en la empresa de su padre.

A decir verdad, las cosas estaban más incomodas que antes, quizás al ruso le hubiera gustado tener un poco más de valor para hablar con su novio, pero al mismo tiempo no se sentía preparado para estar a solas con él.

Su cuerpo y pensamientos aún le incomodaban y eso hacía que no quisiera que el kazajo lo viera. Esto también frustraba al mayor, quien esperaba por su amado pacientemente.

No fue hasta un día, donde la tranquilidad que reinaba en el departamento murió.

Yuri había comenzado a salir de casa sin avisar, dejando a las niñas con los Nikiforov o con la vecina para la cual trabajaba.

Otabek comenzó a preocuparse por el comportamiento tan extraño del rubio. No dejaba de mirar su celular, estaba distraído, ni siquiera lo besaba.

Una tarde, que Otabek estaba de descanso, Yuri se preparó para ir al encuentro con alguien, antes de salir el moreno lo detuvo.

—Yuri... ¿A donde vas?

—Saldré un rato, no tardo.

—¿A dónde y con quién? —Respondió un poco molesto.

—Con una amiga, no tardo Otabek. — Contestó sin verlo a la cara. — Llegaré temprano.

¿Amiga? ¿Desde cuando Yuri tiene amigas? —Una amiga... Y ¿La conozco? —Trató de acercarse al rubio pero este lo evitó.

—Es una chica que conocí en el supermercado ¿Por qué el interrogatorio? ¿Acaso no puedo salir de vez en cuando? - No quería ponerse nervioso por lo que se puso a la defensiva.

—No es un interrogatorio, solo quiero saber, me preocupa... Además las niñas te necesitan. —No era como que el mayor no podía hacerse cargo de ambas, pero sin Yuri cerca era difícil ya que estaban acostumbradas a verlo ahí. —Aparte, has estado saliendo seguido y llegas tarde ¿Te parece normal?

El ruso frunció el ceño.

—No estoy descuidando a mis hijas, pero necesito tiempo para mi, ¿Acaso crees que no me canso de estar aquí encerrado? —Alzó un poco la voz, sólo quería salir en ese momento pero no sabía si era tan buena idea después de que el moreno lo detuviera con el "interrogatorio".

—Yo no dije eso, no pongas palabras en mi boca. —La molestia en la voz del morenotambién comenzó a notarse. Entendía que era necesario para él despejarse, pero ¿Más de 3 semanas seguidas? Ya era demasiado raro. —Desde que esa "amiga" te invita a salir, prácticamente Yuuri se hace cargo... ¿Te parece correcto Yuri?

—Se me hace tarde, mañana hablamos. —Sin más abrió la puerta y salió del lugar para ir al encuentro de su nueva"amiga", salió deprisa, revisó la hora, si bien ya iba tarde, el kazajo le había quitado un par de minutos por lo que debía apresurarse aún más, no estaba pensando ni midiendo las consecuencias de sus actos.

—Yu... —Antes de poder decir algo, el ruso ya no estaba en la casa. Había salido y me dejó hablando solo. Se sentía ofendido y dolido ¿Como había podido irse así? No comprendía que pasaba. Abrió la puerta dispuesto a seguirlo, pero se detuvo al ver que Yuri seguía en el pasillo. Decidió observarlo un momento. El rubio saco su celular y llamó, Otabek prestó atención a aquella llamada.

—¿Misaki? Lo siento, Otabek me retuvo con un interrogatorio, esperame en el Mitsui Garden Hotel, llego en 10 minutos.

Y cortó. Guardó el aparato y emprendió su viaje.

Otabek no podía creer lo que había escuchado, era imposible.

Volvió adentro y busco a las gemelas, las dejó con la señora Shiroyama, diciéndole que debía salir a atender un asunto urgente en el trabajo, la mujer encantada aceptó cuidar a Athena y Aiyana.

Otabek salió apresurado, casi corriendo, quería ver que carajo estaba pasando y porqué Yuri había citado al tal Misaki a ese lugar en específico.

Para la sorpresa del mayor, llegó unos minutos antes que Yuri. Optó por ocultarse tras unos canteros con ligustros. Observó la entrada detenidamente, en ella, se encontraba un chico aparentemente más joven que él.

Miraba su reloj un poco ansioso, hasta que una cabellera rubia apareció en su campo de vista.

Definitivamente era Yuri.

Otabek se quedó congelado contemplando lo que sucedía.

Los otros dos entraron al lugar, desapareciendo dentro. Lo último que el kazajo vio, fue como ese chico tomaba la mano de su novio y lo invitaba a seguir adelante.

Cuando pudo moverse, llegó hasta la puerta y solo logró ver como las puertas del ascensor se cerraban y al castaño besando el cuello de Yuri.

ミ彡ミ彡ミ彡ミ彡

Hey, ¿que tal? Decidí subir los capítulos dos y tres juntos, espero que los disfruten.

Dentro de poco subiré los que faltan, sin más, gracias por leerme y darle una oportunidad a mi bebé.

Bye Bye