Habían pasado años desde que no pisaba la mansión. Pese a que en algunas ocasiones entraba en la baticueva con o sin el permiso de su padre, evitaba a toda costa subir aquellas largas escaleras que enlazaban la estancia de los murciélagos con la gigantesca morada del príncipe de Gotham. Así que, aún dudando de sus acciones, tocó el timbre como si no estuviera familiarizado en lo absoluto con las personas que la habitaban.

No pasó ni un minuto antes de que la grande y pesada puerta se abriera. Le recibió aquel hombre mayor que en algún momento había fungido como un abuelo protector y dador de buenos consejos.

Trató de componer su mejor sonrisa. Salió casi real, realmente parecida a las que Grayson repartía a diestra y siniestra en su camino por el mundo. Alfred se la devolvió de igual modo. Hizo un pequeño ademán, para invitarlo a entrar en la calidez de su antiguo hogar.

—Están en la estancia —indicó el mayordomo.

Asintió con la cabeza. Siguió el camino que recordaba a la perfección, incluso después de tantos años sin estar ahí. Un giro aquí, otro allá, seguir por el pasillo. Era un camino largo, alguien que jamás hubiera estado en la mansión habría terminado en el sitio equivocado.

Finalmente llegó a la estancia. Entró sin ver todavía a los presentes y tomó el asiento más próximo.

—Todd —le llamó una voz, aquella que comenzaba a parecerse cada día más a la de Bruce.

Jason lo miró. El muchacho estaba de pie frente a la vieja chimenea, el ceño fruncido y los brazos cruzados con firmeza sobre su pecho.

—Damian —respondió con simpleza el mayor.

—Creí que no vendrías —se sinceró.

—Recibí el llamado, decía que era importante —le dedicó una pequeña sonrisa ladina—. Hazme saber si lo es.

Damian sonrió con algo parecido a la burla. Movió la mano, para que Jason pudiera ver a todos los que estaban a su alrededor. La familia murciélago y algunos de sus allegados estaban ahí. Bruce, Dick junto con su ahora esposa Barbara, Tim, Cassandra, Colin e incluso Selina Kyle. Jason frunció el ceño al percatarse de la ausencia de un miembro.

—¿Dónde está, Brown? —preguntó. Miró a su hermano menor antes que a cualquiera, en busca de una respuesta.

La sonrisa de Damian se convirtió en una mueca. Su semblante se endureció, los puños se apretaron a sus costados.

—Desapareció —contestó Bruce, dirigiendo una mirada de preocupación hacia el menor.

—Lo siento —Fue lo único que atinó a decir Jason.

—¿Y bien? —Inquirió Damian—. ¿Esto califica como importante?

—¿Tu qué crees, enano?

Damian asintió. Se enderezó un poco más, si es que eso era posible, y se colocó en el centro del grupo para hacerse escuchar.

—Evidentemente ella no se marchó por decisión propia, alguno de nosotros lo habría sospechado —comenzó a decir—. Y, en vista que no hemos sabido nada de ellos en los últimos años, no podemos sospechar de nadie más que….

—La liga —terminó Bruce.

—¿Se han comunicado contigo? —preguntó Selina.

—Así es —Sacó un pequeño control de uno de los bolsillos de sus pantalones y apuntó hacia una pared. Un proyector se encendió—. Enviaron un vídeo. No lo he visto aún. Quise esperar hasta que todos estuviéramos reunidos.

Los años habían surtido múltiples efectos en la personalidad, habilidades y experiencia de Damian. Una cosa que había aprendido, muy a su pesar, era mantener cerca a su familia en las situaciones difíciles.

En cuanto la imagen comenzó a correr, los sentidos de los presentes de incrementaron. Se sintió igual a cuando Nygma enviaba uno de sus acertijos.

Las preguntas surgieron de forma colectiva. ¿Qué verían a continuación? Tal vez la primera imagen en aparecer sería la de Ra's, la de Talia quizá. Sorpresivamente, fueron números.

—Coordenadas—explicó la voz de Tim por encima de la confusión del resto.

—Sé a dónde pertenecen—intervino Barbara—. Es el antiguo departamento de Stephanie.

Tim frunció el ceño.

—Stephanie no ha estado ahí desde hace años—dijo, la confusión reflejándose en su rostro.

Damian se movió primero. Se colocó una chaqueta y tomó otra del respaldo de una silla para lanzársela a Tim.

—Trae tus instrumentos—ordenó el menor—, tienes mucho trabajo que hacer.


Los pinchazos en la cabeza, las articulaciones adoloridas y aquel constante pitido que marcaba los latidos de su corazón, fueron suficiente para que sus ojos se abrieran después de trece horas de inconciencia. Se removió incómoda, tratando de enfocar su vista sobre sí misma.

Estaba en una cama, sábanas a su alrededor como si fueran lianas atándola a ella. Había un montón de cables alrededor de su cuerpo, dificultando sus movimientos. Trató de incorporarse, pero una mano la regresó de vuelta a su posición con una mezcla de severidad y amabilidad al mismo tiempo.

Stephanie levantó la mirada, encontró unos ojos verdes que le inspeccionaban.

—No te muevas —le ordenó la mujer, con un tono de voz que estaba lejos de ser cálido.

—¿Qué hago aquí? —inquirió Stephanie. Movió un brazo para retirar la mano de Talia con brusquedad.

Talia le sonrió, demostrando con aquel gesto que su parecido con Damian era innegable.

—Planeábamos matarte —contestó con simpleza.

Stephanie apreciaba la sinceridad, pero no cuando su vida estaba en juego. Pese a ello, encontró algo anormal en aquellas palabras, algo que removió algunos pensamientos.

—¿Planeábamos?

—Eso no importa. La liga de las sombras está comprometida a no hacerte daño. No ahora —explicó—. Cualquier abuso será castigado con pena de muerte

Stephanie frunció el ceño, ¿desde cuándo alguien cercano a los Wayne era bienvenido? Incluso peor, protegido.

—Dejando eso en claro —continuó Talia—, en una hora se dará a conocer tu nueva posición dentro de la casa Al Ghul.

La cabeza de Stephanie dio vueltas a una velocidad vertiginosa. ¿Qué estaba sucediendo? Abrió la boca para hacer otra pregunta, justo cuando la asesina se dirigió a la salida de la habitación.

Antes de salir Talia se volvió hacia ella, compuso una sonrisa que carecía de sinceridad y dijo:

—Felicidades.


—No hay nada —repitió Tim por enésima vez.

—Vuelve a buscar —ordenó Damian, masajeándose el puente de la nariz con lentitud.

Tim dirigió su mirada hacia Cassandra en busca de ayuda. La chica se mantenía a lado de Damian en completo silencio, aun cuando su condición había mejorado en los últimos años. Asintió levemente con la cabeza, entendiendo su señal. Era momento de intervenir.

—Ya lo ha hecho—dijo con suavidad, intentando sonar tan comprensiva como le era posible.

—Y yo, amablemente, le estoy pidiendo que lo haga de nuevo —Se volvió hacia ella. Tenía la mandíbula apretada, los hombros tensos y las manos en puños—. ¿Es mucho pedir?

—Lo es, Damian —replicó ella—. Lo ha hecho veinte veces como mínimo. No hay pistas aquí. Lo que sea que la liga haya enviado, era una pista falsa.

Tim se apartó de su computadora, alejándose de los resultados en blanco y concentrándose en intervenir rápido en caso de que se desatara una pelea. Dio un precario paso hacia Damian y colocó una mano sobre su hombro.

—Tienes que calmarte…. —intervino.

—¿Cómo quieres que me calme? —Le espetó Damian—. Ella puede estar en cualquier parte y ni siquiera tengo la certeza de que siga con vida.

—Ella está viva —respondió Cassandra con calma.

—¿Cómo estás segura? Tú y yo somos la prueba de lo que ellos pueden ser capaces.

Cassandra bajó la mirada. Por supuesto que lo sabía. Sabía los horrores de los que eran capaces, ella misma había cometido algunos crímenes imperdonables por ellos.

—Lo sé. Y también sé que la liga sólo causa este tipo de alboroto si hay una buena razón de por medio —Se cruzó de brazos y lo miró, esta vez con severidad—. Será mejor que nos digas cuál fue tu advertencia y por qué decidiste no escucharla.

—No sé qué rayos te sucede, Cain —Damian la miró con el ceño fruncido—. No tengo idea de qué hablas.

Tim les miró con curiosidad, la conversación estaba dando otro giro y él estaba quedándose fuera de ella. Quizá Damian tenía razón, quizá Cassandra también estaba perdiendo la razón.

—Por favor, Damian. Quizá en esa advertencia está tu respuesta a la desaparición de Stephanie….

Un golpeteo en la puerta le impidió seguir hablando. Tim se hizo a un lado para abrir, en cierto modo agradecido por la interrupción. Se encontró con un impaciente Dick Grayson.

El mayor tenía algunos rastros de sudor por la frente, el pelo desordenado y las mejillas rojas por el esfuerzo de una carrera del primer piso hasta el sexto.

—¿Qué pasa? —preguntó Drake, inspeccionando el acalorado rostro de Richard.

—Bárbara se encargó de i-inspeccionar la actual r-residencia de Stephanie —logró decir entrecortadamente.

—Donde no hay nada —interrumpió Damian, quien ya se dirigía hacia ellos con cara de pocos de amigos—. Lo sé, Grayson. Yo también vivo ahí, habría notado algo.

—Créeme, hay algo que no notaste —aseguró Dick.


Era un traje muy similar al que Talia vestía, aquel con el que era reconocida como la heredera de la liga de las sombras. Y así es como la hicieron sentir aquellas prendas, como una asesina sin escrúpulos. Pero no importaba, por alguna razón la estaban protegiendo. Una razón que debía ser más que poderosa, o de lo contrario habría sido lanzada junto a los muertos.

—¿Estás lista?—inquirió Talia. Miró a Stephanie con un deje de desprecio y algo más que se entremezclaba.

—Lo estoy—respondió con firmeza la rubia.

La heredera comenzó a caminar. Abrió dos inmensas puertas de roble como si se tratara de lo más ligero del mundo, frente a ella, en un silencio sepulcral, se encontraban los asesinos de la liga.

Stephanie contuvo el aliento. Eran cientos, una sola orden y ella estaría en presencia de un terrible final. Tragó saliva y ladeó la cabeza para mirar hacia su costado derecho, donde el gran Ra's Al Ghul la inspeccionaba. Stephanie se mantuvo quieta, hasta que Ra's le sonrió con algo parecido al orgullo.

—Ha llegado el momento—anunció solemnemente Ra's—. Nuestro enemigo, nuestro antiguo heredero, nos ha concedido el mejor de los obsequios. Esta mujer—Señaló a Stephanie—, trae consigo un nuevo orgullo para la casa de los Al Ghul. Esta mujer lleva en su vientre a mi heredero —La sangre de Stephanie se congeló al oír eso. Su rostro se contrajo en una mueca de horror—. Ella es la nueva miembro de la casa Al Ghul.

—Cualquiera que se atreva a dañarla pagara con la muerte —habló Talia.

Aún con la confusión reflejada en su rostro, Stephanie fue tomada por alguien para llevarla de devuelta al salón principal. Se deshizo del agarre en el que la sostenían con un movimiento rápido y enfrentó a Talia. Ra's, como una sombra, había desaparecido.

—¡No van a tocarlo! —advirtió Stephanie, abalanzándose hacia ella para tomarla por los hombros—. Ustedes ni siquiera tienen el derecho a llamarlo su heredero.

—Lo tenemos, niña —respondió Talia, haciendo una seña rápida para que apresaran el cuerpo de Stephanie en un doloroso agarre—. Es sangre de nuestra sangre. Ese bebé que llevas dentro será el heredero de Ra's, será quien continúe con nuestros ideales, será quien lidere a todos los asesinos que has visto. Y nada, absolutamente nada, se interpondrá para que eso suceda.

—Él vendrá. Damian no dejara que eso suceda.

—Ese traidor no será un problema.

Talia se alejó de ahí, dejándola sola con la persona que le sostenía. Cuando la madre de Damian abandonó la estancia, la chica fue liberada del agarre. Stephanie frotó sus manos y miró a la persona con repulsión, al menos hasta que el asesino descubrió su rostro.

—¿Damian?


No podía ser cierto. Pero ahí estaba, la prueba de que sería padre en cuestión de meses. Esa era la noticia que Stephanie le quiso dar antes de su desaparición, esas fueron las palabras que ella nunca pudo pronunciar.

—Serás papá —dijo Bárbara en su lugar, justo antes de entregarle la prueba de embarazo marcada como positiva.

En ese momento, Damian tuvo la certeza de que no podía esperar más para encontrarla y salvarla. Tenía que salvar a su hijo de aquel destino fatal que le aguardaba, no podía y no dejaría que ese niño sufriera el mismo destino que él.

—¿Estás bien? —preguntó Dick.

Damian rió con amargura. Lanzó la prueba de embarazo al cesto de la basura y se levantó del sofá en el cual Bárbara lo había obligado a sentarse como una precaución.

—Claro que no —Fue lo único que dijo antes de salir de ahí.


Me hiciste feliz sin saberlo, me diste el mejor regalo sin planearlo.

Un heredero es lo que siempre quise. Y ahora lo tendré.