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Normalmente, a la una cuarenta y nueve de la mañana que era en esos momentos, Timothy Drake se encontraría en medio de Gotham City, auxiliando a Batman o en misiones en solitario. Mientras tanto, Jason Todd se encontraría en los límites de la ciudad, donde usualmente daría un par de disparos aquí y allá para acabar con alguna organización que se encargaba del narcotráfico de drogas o trata de blancas. Sin embargo, en aquella ocasión, ninguno se encontraba donde deberían. Por el contrario, estaban en el departamento de Tim, aquel que Jason frecuentaba desde cuatro años atrás y en el que ahora prácticamente vivía. Aquel con las paredes oscuras, los ventanales grandes y aquella cama en medio de la habitación principal que albergaba gustosa y sin problemas dos cuerpos.

Ambos no lamentaban perderse del trabajo, estaban demasiado ocupados en explorarse el uno al otro como si se tratara de la primera vez. Las manos de Jason trataban con desesperación de tocar toda la piel expuesta de su acompañante, de besar una y otra vez su cuello con vehemencia, sin preocuparse de dejar algún tipo de marca, en realidad, buscaba hacerlo, buscaba marcarlo como suyo. Quería dejar en claro que Drake le pertenecía, no solo por un lazo carnal, sino por algo que iba mucho más allá, algo que les ataba como si de hilos de hierro se tratase.

Tim, por otra parte, se dejaba hacer, limitándose a presionar ligeramente su cuerpo contra el del otro. Aunque algunos minutos después, cuando Jason se detuvo y le miró, con aquellos ojos azules que parecían ver a través inclusive de su alma, no pudo evitar tomar su rostro y atraerlo hacia el propio. Lo besó despacio, disfrutando de su boca, de la forma tan perfecta en que se movían, la sincronía de sus entrecortadas respiraciones. Se separaron unos segundos, en los cuales Tim se acomodó entre la pila de almohadas y el mayor se posiciono entre sus piernas, tomándolas para que envolviera con ellas su cintura.

Jason se detuvo unos segundos, admirando la figura del menor bajo él y preguntándose si aquella imagen siempre permanecería en su mente como la más hermosa que alguna vez había visto; Tim, desnudo, con las mejillas sonrosadas, el cabello desordenado, los labios entre abiertos e hinchados por los besos, los ojos brillantes y expectantes.

—¿Ocurre algo? —interrogó Tim, viéndose a sí mismo para buscar algo fuera de lugar.

—No, no —se apresuró a contestar el otro—. Es solo que…

—¿Qué? —Alzó una ceja, escudriñándolo rápidamente.

—Nada, Tim —suspiró—, no es nada.

Se besaron de nuevo, está vez haciendo el beso profundo y húmedo, sus lenguas explorando el terreno, encontrándose en una danza casi frenética. Al mismo tiempo Jason entró lentamente en el cuerpo de Tim y cuando logró entrar por completo gimió contra sus labios, mientras una oleada de placer recorría su cuerpo al sentir la calidez con la que había sido recibido. Comenzó entonces el vaivén, el beso se rompió poco después, mientras el mayor se apoyaba contra sus antebrazos, situándolos a cada lado de la cabeza de Drake para ir más profundo. Tim gemía en el oído de Jason, mientras el otro se movía gentilmente sobre él, con lentitud, gozando de la placentera tortura que esto representaba.

Drake acarició los brazos de Todd, pasando con suavidad sus yemas por las cicatrices viejas y recientes, subiendo por su hombro hasta pasar por su cuello, yendo más allá hacia su mejilla, por la sien y luego recorriendo su frente para retirar el mechón blanco que se había pegado a causa del sudor, aquel que servía como prueba de que había ido y vuelto de la muerte.

Como fondo del acto se escuchaban las sirenas de la policía, algunos gritos lejanos, el sonido del metro pasando cerca de ahí, el suave tintineo de unas llaves que caían en el departamento de arriba, el sonido que emitía la cama a la par de las embestidas de Jason. Y luego, al unísono, dos gemidos que resonaron por toda la habitación cuando el clímax logró alcanzarlos.

Tim se aferró a la espalda de Jason, dejando algunos rasguños en el proceso. El mayor, por otra parte, presionó sus caderas aún más contra las de Drake, dejó caer su cabeza en el hueco que se formaba entre el cuello y el hombro de su amante, mientras sus manos presionaron la cabecera con fuerza.

Ambos podían sentir perfectamente los latidos del otro, el sudor que resbalaba entre ellos, aquel cansancio típico que llegaba después de quién sabe cuánto tiempo de hacer el amor. La mejilla derecha de Jason apoyada contra el cuello de Tim le permitía apreciar el calor que su piel emanaba. Se separó un poco, apenas lo suficiente para subir el rostro y encontrarse de nuevo con aquellos labios sonrosados que adoraba, solo unos segundos.

Jason intentó apartarse, no quería aplastar a Tim con su peso incluso cuando él sentía que desfallecería en cualquier momento ante cualquier esfuerzo. Drake no se lo permitió, le gustaba más de ese modo: el uno sobre el otro, piel contra piel, abrazados, las respiraciones aún entrecortadas.

—¿Cuándo volverás? —preguntó Tim de repente, cerrando los ojos por un momento para aclarar sus ideas.

—No lo sé —declaró Jason con sinceridad—. Todo depende de la facilidad con que Talia caiga ante mis encantos.

Tim soltó una risa débil.

—Creo que ambos sabemos que ella te desea desde hace mucho tiempo, Jay.

Vaya que lo sabían. Jason se había encargado de contarle detalladamente cada una de las veces que Talia había intentado algo con él, mucho antes de volver a Gotham, mucho antes de la existencia del propio Damian, cuando Todd recién había salido del Pozo de Lázaro.

—No obtendrá nada de mí, lo juro. ¿Imaginas lo raro que sería? Sería vergonzoso mirar al enano sin pensar en que me tire a su madre.

—Peores cosas se han visto —argumentó Tim, sin mostrar en ningún momento algún deje de molestia.

—¿De verdad?

—Claro. Recuerdo que alguna vez escuché a un ladrón decir que había presenciado el momento en el que Nightwing y Catwoman tuvieron intimidad.

—Eso no es raro, Dickie tuvo sus momentos.

Tim abrió por fin los ojos y lo miró.

—Justo en medio de una balacera, Jason.

Todd alzó una ceja.

—Sí que le gustaba la adrenalina a Grayson.

—Tanto como a ti, supongo.

—No tardaré —prometió—. Todo saldrá bien. Además, me comunicaré con ustedes, estarán informados de cada paso que dé. Día y noche te tendré conmigo.

—Es gracioso, ¿sabes? Ahora mismo estoy preocupado de que entres en la boca del lobo, y definitivamente lo estaré aún más cuando estés ahí. Y ese sentimiento, no puede por ningún motivo igualar a lo que Damian debe estar sintiendo.

—Por eso lo haré, Tim —Tomó su mano y la acarició suavemente, tomando su tiempo para pasar con delicadeza el pulgar sobre el dorso, la palma y terminar entrelazando sus dedos con los de él—. Porque tú y yo sabemos que si Stephanie muere, Damian también.

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En un día normal el patrullaje de Stephanie terminaba a la una de la mañana, regresaba a casa y después le tomaba de diez a quince minutos el trabajo de curación si había alguna herida, doce minutos en la ducha y luego dormía hasta las siete de la mañana. Se levantaba en cuanto el despertador sonaba, preparaba un café y tostadas como desayuno, a las ocho en punto estaría frente a la biblioteca central de Gotham para ayudar a Barbara a poner los libros en orden, abrir paquetes y demás.

Siguió esa rutina al pie de la letra hasta que Damian entró en su vida, y cambió aún más drásticamente cuando comenzaron a vivir juntos. Entonces tenía suerte si lograba estar en el trabajo antes de las nueve, el desayuno lo preparaba él, porque consideraba que era más sano que el que ella solía ingerir, la ducha era compartida y a veces (si las heridas entre ellos no eran graves) las sábanas terminaban mojadas porque Damian le había sacado del agua y no le había permitido pasar una toalla por su cuerpo antes de comenzar a besarle, entonces se encontrarían cerrando los ojos dos horas después de haber llegado del patrullaje.

Pero aquel día, mientras el sol recién cubría el Leviathan, Stephanie intentaba con desesperación poder dormir más. De ese modo no tendría por qué preocuparse por la realidad que le rodeaba, podría fingir que nada había ocurrido, que todo era solo un mal sueño y Damian gritaría desde la cocina que el desayuno estaba listo.

—No querrás llegar tarde de nuevo, Brown. Sé que Barbara te habría despedido ya si no fueras su amiga —le diría él.

Por el contrario, observó como la contraparte de Damian entraba en la habitación, con una bandeja llena de comida que ella no tenía ánimos de probar pero que ingeriría por la criatura que llevaba en sus entrañas.

—Buenos días —saludó él secamente.

Stephanie con contestó, era mejor así.

—¿Has pensado ya en un nombre para mí? —preguntó Hereje, poniendo la bandeja sobre las piernas de Stephanie, quien recién se incorporaba en la cama.

La rubia lo ignoró por unos momentos, hasta que él tomó asiento a su lado y le miró con intensidad, esperando con paciencia a que ella tomara la palabra.

—No creo que haya nombre para algo como tú —contestó ella, analizando el desayuno antes de volverse hacia él—. Eres el hijo del mismísimo demonio.

—No, querida —repuso él con una sonrisa ladeada—. Ese es tu hijo.

Stephanie le lanzó una mirada llena de odio antes de tomar el tenedor y comenzar a picotear la fruta, con más fuerza de la que debió, ya que de inmediato la mayor parte de la comida quedó en un estado deplorable.

—Damon te iría bien —comentó ella, después de haber ingerido por completo la fruta y seguir con un platillo que no había visto nunca—. Significa…

—Sé lo que significa —le cortó, poniéndose de pie para avanzar hacia el ventanal—. No me importa en lo absoluto el significado.

—Bien, espero que te guste —dijo, haciendo uso de todo el sarcasmo que pudo—, no tuve tiempo suficiente para pensar en otro.

—Estoy satisfecho, Brown —Corrió las cortinas con fuerza, dejando entrar por completo la luz del exterior—. Tuviste más creatividad que Talia.

Sonaba casi igual a la manera en la que Damian pronunciaba su apellido y a la vez era tan diferente, pero Stephanie se encargó de pasar olímpicamente por alto ese detalle, enfocándose más en la información que podía obtener de a poco sobre el chico y del lugar en el que se encontraba.

—Así que si tienes un nombre —indagó, dando el último bocado tras esas palabras.

Damon se recargó en el ventanal, cruzando los brazos y colocándolos en su pecho.

—No es un nombre, en realidad. Pero es la única manera en que recuerdo haber sido llamado desde que era un niño.

—¿Un apodo?

—Quizá puede entrar en esa categoría.

—Entonces, supongo que no te molestara decirme cuál es ese apodo.

El chico negó con la cabeza antes de acercarse a la rubia y retirar la bandeja de sus piernas.

—Ya me has puesto un nombre, no tiene caso —argumentó él, dirigiéndose hacia la puerta.

—¿Me dejarás aquí? —inquirió ella—. Encerrada, sin compañía, sin ningún tipo de actividad.

No le importaba quedarse ahí sin ninguna compañía, pero sería más fácil echar un vistazo al resto del lugar.

—No te preocupes, supongo que Talia vendrá en unos minutos.

Stephanie lo miró desaparecer por la puerta. Por supuesto que no serían tan descuidados, muchos menos él. Pero, si actuaba con cuidado y certeza, podría escapar, podría volver a lado de Damian.

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—Todo listo —dijo Damian, pasándole a Jason las llaves del bote. Todd asintió, extendiendo una mano para tomarlas—. Dime otra vez lo que tienes que hacer.

El mayor suspiró, harto de la misma pregunta. Reprimió las palabras que querían salir de su boca y miró a Damian.

—Entraré en el Leviathan —repitió, quizá por enésima vez—, investigaré el lugar en busca de Brown o de una pista de su paradero, si Talia me descubre tendré que salir de ahí lo más rápido que estas hermosas piernas me permitan, ¿entendí bien?

—Lo mejor que esa cabeza tuya te permite —contestó el otro secamente, asintiendo ligeramente con la cabeza.

—Yo también te extrañaré, hermanito —sonrió Jason.

—Suerte, Todd.

Damian se apartó y dio paso a Tim, quien tenía una pequeña caja negra aterciopelada entre las manos.

—Mal momento para proponerme matrimonio, reemplazo —dijo Todd—. Pero diré que sí, no te preocupes.

—Idiota —respondió Tim, abriendo la caja.

Contenía un comunicador idéntico a los que tenían en sus trajes de combate, la única diferencia es que éste no era de color negro, sino más bien de un tono claro, similar al tono de piel de Jason.

—Se confundirá en tu oreja y no se notara incluso si se acercan demasiado—explicó Drake, mientras Jason tomaba la pieza y se la colocaba—. En cuanto lo enciendas mandará una señal de sonido a mi computadora, podré oírte y tú a nosotros. Estaremos comunicados las veinticuatro horas al día. Por otro lado puse micro cámaras de vídeo en tu ropa, se confunden con la tela.

—Verás lo que veo.

—En efecto, las cámaras ya están encendidas —Tim le paso su laptop, donde se podía ver una nítida imagen de lo que las cámaras captaban—. Y creo que eso es todo.

—Padre no vendrá por cuestiones de la empresa y Grayson lamenta no venir pero surgieron problemas en Blüdhaven —avisó Damian, segundos después miró a Tim—. Drake, ya es hora.

Tim asintió, cerrando por fin su laptop y la cajita de terciopelo tan rápido como sus manos se lo permitían. Bajó la mirada, fingiendo estar ocupado en meter ambas cosas en una mochila negra, como un modo de retrasar lo inevitable.

—Espero que todo salga bien, Jason —dijo a modo de despedida, aún sin alzar la mirada y echándose la mochila en el hombro.

No sabía que otra cosa decir, lo que había ocurrido en su departamento había sido su despedida, el modo de decir lo que en esos momentos no parecía querer salir de sus labios.

Jason entendió el mensaje, pero, como la mayoría de las cosas, lo ignoró. Se acercó a él y levantó su rostro, solo unos segundos bastaron para posar sus labios contra los del otro.

Damian fingió concentrarse en el suelo, como si en realidad el pavimento fuera la cosa más emocionante e interesante del mundo. Solo cuando sintió la presencia de Tim fue capaz de alzar de nuevo la cabeza. Observó entonces como Jason recogía la pesada maleta del suelo y se metía en las compuertas del bote, antes de que las puertas se cerraran tras de él se volvió y lo miró.

—Los traeré de vuelta, Dami —Las palabras salieron con decisión, como cuando hablaba con los maleantes de Gotham y les prometía que la próxima vez que les viera haciendo algo indebido les volaría la cabeza—. Stephanie y el bebé volverán.

Damian fue incapaz de articular algo, las palabras se atoraba en su garganta sin poder salir.

Las puertas se cerraron finalmente en cuanto Jason se perdió en el interior, segundos después el transporte comenzó a desaparecer, hundiéndose lentamente en el agua como un submarino.

Ambos Wayne se quedaron unos minutos más, en completo silencio, observando el espacio vacío en el muelle privado. Solo el sonido del mar les acompañaba, como un tranquilizante.

—Creo que solo nos queda esperar —habló Damian, dándole unas suaves palmadas en el hombro a su hermano—. Deberíamos volver a la mansión.

Tim asintió antes de volverse hacia el auto negro y comenzar caminar. Damian tardó en seguirlo, sacando de su bolsillo un pequeño dispositivo donde un brillante punto rojo parpadeaba.


¡Hola todo el mundo! Espero que hayan tenido una excelente navidad :)

Lamento enormemente el retraso, pero la escuela me consumió hasta el último día de clases. También sé que el capítulo es corto pero tiene toda la razón de ser y por lo tanto el siguiente será de mayor extensión. Espero tener tiempo pronto para escribir el siguiente capítulo y no hacerles esperar tanto.

Tengan un feliz año nuevo en compañía de familiares y amigos.

¡Nos leemos!