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Jason no recordaba exactamente cómo había llegado a esa situación, no podía pensar con coherencia ni siquiera en lo que hacía. Sabía, porque lo estaba viendo y no había manera de que su vista le mintiera, que una mujer desnuda se encontraba encima de él, con las piernas a ambos lados de su cadera y las manos sobre su pecho.
No sentía placer alguno mientras ella se balanceaba sin su ayuda, adelante y hacia atrás, en un vaivén a veces lento, a veces frenético. Su cuerpo respondía por sí solo, sus manos tampoco se aferraban a ella, sino a las sábanas rojas que estaban enredadas a sus cuerpos como lianas, o más bien, como camisas de fuerza que le impedían huir de ahí.
Los gemidos resonaban contra su oído, pero el letargo parecía no abandonar su cuerpo. Las uñas clavándose en sus abdominales, las paredes de ella estrechando su miembro, su propio clímax llegando minutos después, nada funcionó para traer de vuelta su conciencia.
Talia no se inmuto en si su amante sentía placer, sus ojos permanecían cerrados mientras disfrutaba de la cálida sensación que recorría su vientre. Se recostó en el pecho de Todd una vez que el placer abandono hasta las yemas de sus dedos, acabando así con la unión de sus cuerpos.
—Despierta, querido mío —la voz resonó tranquila, pero al instante el sueño en el que se sumergía Jason se esfumó.
Solo entonces el muchacho recordó dónde se encontraba y qué hacía ahí. Repitió mil veces en su cabeza "Llegué hace dos semanas, estoy en el Leviathan, tengo que encontrar a Brown" mientras sus sienes dolían, al igual que ciertas zonas en la piel.
—Lo hiciste de nuevo.
—Lo hice —confirmó Talia, enterrando su rostro en el cuello del muchacho.
—¿Acaso nunca podré estar consiente?
Ocho veces la historia se había repetido. Talia se introducía en la habitación que se le asignó a su llegada, aquella que convenientemente se situaba junto a la de la líder del lugar, vestía las ropas más delgadas que debía tener en su poder, casi transparentes, le miraba a los ojos con una sonrisa y luego de unos segundos Jason perdía la capacidad de razonar acerca de la situación en la que se encontraba.
—El no estar consiente, no significa que tu cuerpo no sienta y disfrute. Lo puedo comprobar.
Todd la miró interrogante, pero Talia se adelantó. Tomó una de sus manos y la llevó hasta su cuerpo, donde sus dedos se encontraron con los senos de la asesina, con su abdomen y su entrepierna, aquella que aun emanaba parte del líquido seminal de Jason.
—De no ser porque mi vientre está muerto —continuó la heredera–, en estos momentos yo estaría albergando una criatura tuya.
El resurrecto se estremeció al oír aquellas palabras al igual que dos personas en la mansión Wayne. Tim escuchaba todo, su respiración era agitada y su mano se aferraba con fuerza al micrófono que estaba enlazado con el dispositivo en el oído de Jason. Damian, por otra parte, tenía una mano sobre el hombro de su hermano, tratando de tranquilizarlo.
—Aun cuando tu vientre fuera propicio, serías la última persona con la que engendraría hijos —contestó Jason apartando a Talia de su pecho para incorporarse.
—Qué lástima, habrían sido preciosos —la asesina se cubrió con las sábanas, acomodándose para observar todos los movimiento del chico.
—Demoniacos, más bien —Jason ya tenía puestos los pantalones y ahora buscaba la camiseta—. Pero por si acaso, será mejor que no juguemos más con la suerte. Tú no deseas un hijo y yo tampoco, así que limpia lo que tienes entre tus piernas. Sé lo que le paso al último hombre que cometió ese descuido.
Talia río.
—Tu cargamento llega mañana —comentó la asesina—. Después de mañana no tendrás nada que hacer aquí, ¿entiendes? A menos, claro está, que aceptes la propuesta que te hice.
—Matar a Damian sin razón aparente no suena apetecible. No lo he visto en los últimos tres años, pero dudo que haya hecho algo terrible en ese tiempo.
—Eso no lo sabes.
Jason encontró finalmente su camiseta, justo al lado de una vela que estaba a punto de extinguirse.
—Iré a pasear, ¿te molesta? —inquirió Jason con un tono que le quitaba importancia al asunto.
—Adelante, siéntete como en casa.
Todd abandonó la habitación tan pronto como sus armas estuvieron en su cinturón, enfundadas y listas para la acción.
—¿Está todo listo reemplazo? —susurró Jason en cuanto cerró la puerta de la habitación. Espero unos segundos pero no obtuvo respuesta—. ¿Tim? Te necesito ahora mismo, ¿hay alquien más ahí?
Avanzó a través del pasillo, girando en uno de los rincones que desembocaban en la estancia, aquella que conectaba hacia una torre en el ala oeste, el único lugar que faltaba por registrar.
—Estoy aquí, Todd —habló Damian, quien miraba a Tim con interrogación—. Al parecer la bruja no sospecha nada.
—¡Enano! Tu lenguaje asustaría a un niño de preescolar.
Damian rodó los ojos.
—No es momento de bromas, Jason. Avanza con cuidado, tienes que salir de ahí antes de que tu supuesto cargamento llegue.
—La oíste, es ahora o nunca.
—Suerte, Jason —la voz de Tim resonó contra el oído del resurrecto, teniendo un efecto tranquilizante.
—Te veré pronto Tim.
Tan pronto como entró en el ala oeste se encontró con múltiples asesinos con sus espadas ya desenvainadas.
—Bueno chicos, que empiece la fiesta.
Jason tomó las dos armas de corto alcance enfundadas cerca de su espalda y comenzó a disparar. Esa misma noche, Brown y él volverían a casa.
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Stephanie cerró el ventanal apresuradamente en cuanto la puerta de su habitación se abrió. Damon entró por ella, con la espada cubierta por sangre y las ropas de asesino también. Su rostro tenía algunas heridas pero nada que pudiera calificarse como grave, al menos no en el exterior.
La respiración de Brown se agitó al verlo de ese modo. Sabía que no se trataba de su prometido, pero su cuerpo quería correr hacia él, preguntarle qué había sucedido y apresurarse a suturar o curar cada una de sus heridas con la paciencia y el debido cuidado.
—Lo que verás no te gustara, Brown —avisó el joven.
La chica dirigió su mirada hacia el chico y luego hacia las personas que entraban a través de su puerta.
Eran dos asesinos, vestidos del mismo modo que Damon, acarreaban sin esfuerzo a un chico ensangrentado de pies a cabeza. No se detuvieron cuando estuvieron cerca de Hereje, continuaron su camino arrastrando el cuerpo hacia ella, colocándolo ante sus pies. La sangre escurría por todas partes, dejando con ello un creciente charco que avanzaba de a poco a las suelas de sus zapatos.
Stephanie se hincó para quedar a la altura del hombre, alzando su rostro con cuidado y manchando sus manos en el proceso. Ahogó un grito cuando reconoció el rostro de Jason, casi inconsciente y con crecientes hematomas.
—Lo siento, Stephanie —la sangre brotó junto con las palabras—. De verdad lo siento.
—Suéltenlo —ordenó Brown con voz firme.
Los asesinos obedecieron, dejando caer el cuerpo de Jason en los brazos de la chica sin más.
Stephanie se abrazó a Jason como si su vida dependiera de ello, aunque, de cierto modo, así era. Sentía que al aferrarse a él se estaría aferrando a Damian, a una parte que se había quedado atrás en cuanto la liga le raptó.
—Damon, ven aquí —el chico obedeció y se situó con rapidez junto a ella. Stephanie estuvo a punto de hablar cuando reparó en los asesinos que continuaban ahí—. Ustedes dos, ¡largo!
Una vez sin nadie ahí. Stephanie le hizo una rápida seña al protector de su hijo para que le ayudara con el cuerpo entre sus brazos. Juntos lograron levantarlo y situarlo en la cama.
—Morirá, Brown. Hay heridas que no se pueden curar tan fácil, y lamento decirte que la mayoría en su cuerpo son de ese tipo.
—No me importa. Talia aún no llega, no debe tardar en hacerlo. Necesito… necesito…
El tiempo corría y debía pensar en un plan rápido, eso o Jason en verdad moriría sin siquiera haberlo intentado.
Tomó a Damon por la muñeca y lo jaló cerca de ella, lo suficiente para que ambos pudieran sentir sus respiraciones, lo suficiente para que nadie pudiera escucharlos si es que los ninjas continuaban cerca de ellos.
—Necesito que me prometas algo. Y no lo harás por mí, lo harás por el niño que al nacer será tu líder.
—¿Qué deseas? —la piel de Damon se erizo ante el roce de la respiración de la chica contra su piel.
—Que cuides de ese hombre, que lo protejas como si de mi hijo se tratase. O yo me encargaré de que se te condene a muerte, ¿entiendes? Talia intentará dejarlo morir y tú, no sé dónde, pero lo esconderás hasta que pueda caminar por él mismo.
—Esperas acaso, que le dé la espalda a la mujer que es en teoría mi madre, por uno de los allegados del murciélago. En el hipotético caso de que aceptara, ¿qué ganaría?
—Lo que quieras, pero necesito tu promesa. Ahora.
Se miraron unos segundos, antes que una sonrisa se curvara en el rostro de Damon.
—La tienes, Brown, tienes mi palabra.
Tuvieron solo unos minutos más en los que Stephanie tomó una sábana y con ella trató de parar la mayor parte de las heridas sangrantes, Damon la ayudó, ejerciendo presión en algunos sitios cuando era necesario.
Damon se separó del cuerpo de Jason en cuanto comenzaron a oírse pasos. Stephanie continuó con su labor, importándole poco que se tratara de Talia.
—Aléjate de él, niña —ordenó la asesina tan pronto pisó la habitación.
Stephanie no se inmutó, ni siquiera la miró. Siguió en su labor, quitando algunos rastros de sangre seca del rostro de Jason con tal ternura, que pareció por unos momentos que se trataba de una madre quitando la fiebre a su hijo.
Talia avanzó hacia Brown y con un movimiento brusco apartó su cuerpo de la cama en la que yacía el muchacho que hasta hace no muchos minutos estaba en su lecho, brindándole el mejor de los placeres.
—Él aún me sirve, niña —le consoló Talia, observando el semblante impasible de Stephanie—. Hereje, quiero que lo envíes a uno de los calabozos y cures las heridas que lo mantendrán con vida. En caso de que no sea suficiente, será sumergido en el pozo, ¿entendido?
—Entendido —asintió Damon.
—Bien. Enviaré a alguien para que limpie todo esto.
Tan pronto como Talia desapareció del lugar, Hereje tomó a Jason y lo colocó sobre sus hombros.
—Estará bien —prometió el chico—. Me encargaré de que así sea.
Stephanie se aproximó a Jason.
—No permitiré que nada te pase, Jay —susurró—. Saldremos de esta, juntos.
Hereje salió con el cuerpo, mientras Brown miró la habitación que ahora estaba manchada por la sangre de Todd.
—La cámara de vídeo se arruinó —informó Tim—. El micrófono esta semi averiado, podemos escucharlo pero él a nosotros no.
—Está viva —fue lo único que respondió Damian, enseguida se volvió a su hermano y continuó—. Jason también.
—¿Por cuánto tiempo? La oíste, Damian, ¡lo sumergirá en el pozo si no sana!
—Y la oíste también a ella, Drake. No sé por qué, o cómo, pero nadie en la liga se atreverá a tocarla. Su poder de mando es tan alto como el de la arpía de mi madre, ellos estarán bien. Solo debemos encontrar una manera para…
—Para rescatarlos —completó Bruce, retirando de su rostro la capucha de Batman—. Tomará tiempo, pero los tres volverán sanos y salvos.
—Lo mismo dijo él cuando se fue —murmuró Tim.
—Lo lograremos, Tim —le aseguró Damian—. Quien sea el protector que se le asignó a mi hijo, parece ser fiel a Stephanie.
Tim no soportó más. Salió de la cueva sin decir nada, tan solo esquivo a su padre y subió por el ascensor hacia la mansión, dispuesto a retirarse. Iría a casa, a tomar las reservas de alcohol de Jason.
Tarde mucho, lo sé. Mil disculpas a todos y todas por esto. Además les había prometido un capítulo largo, lo cual tampoco se pudo.
Pero, finalmente terminé el semestre, lo cual significa tiempo para escribir y relajarme, ¡por fin!
En cuanto al capítulo de hoy, bueno, espero que les guste y que no los haya dejado tan confundidos. Resolveré sus dudas, lo prometo (eso si lo cumpliré).
Sin más por el momento, ustedes me leen en el siguiente capítulo y yo los leo en los comentarios.
