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Llevar el cuerpo hasta los calabozos como a cualquier enemigo, teniendo las heridas abiertas y desangrándose, significaría desde luego una muerte segura. Infecciones era un buen sinónimo para la prisión de la liga. Sin contar, por supuesto, la humedad y el frío.

En lugar de ello, decidió cargarlo hasta la vieja enfermería que Nyssa había creado clandestinamente en cuanto él llegó al mundo, permitiendo que el chico pudiese curar las heridas de gravedad a espaldas de Talia. Un acto de "caridad" que la segunda Al Ghul no había tenido el valor de brindarle a Damian muchos años atrás.

Las ropas de Jason estaban casi destrozadas. La chaqueta parecía a punto de caerse en cualquier momento, cubierta en algunos lugares por sangre fresca y seca por igual. Los pantalones tenían algunos cortes transversales que revelaban heridas menos profundas que las del torso. La armadura de kevlar parecía haber fallado en su tarea por completo.

Damon quitó cada prenda con cuidado después de colocarlo con suavidad sobre una camilla limpia. Se apresuró a hacer a un lado con rapidez todo lo que impedía que la curación fuese apropiada. Al final, sólo estaba el cuerpo semi desnudo del resurrecto y él.

El proceso fue largo, tedioso y, sobre todo, complejo. A cada toque provenían gritos lastimeros, quejidos infernales que lograron erizar la piel de Hereje. Ni todas sus lecciones de medicina con Nyssa podrían haberlo preparado, pero no por ello logró un resultado menos exitoso. Al terminar fue un auténtico milagro que el enemigo permaneciese con vida después de casi seis horas de suturas en gran parte de su cuerpo.

Con gesto cansado miró sus manos, que a pesar de los guantes tenían algunas manchas carmesí alrededor de las muñecas. Su rostro estaba cubierto por una fina capa de sudor, producto del estrés continuo para mantener al otro con vida. Respiró lento, acompasando el ritmo de la inhalación y la exhalación hasta que su corazón hiciese lo propio con sus latidos.

Estuvo a punto de retirarse con las vendas que habían sobrado antes de que el resurrecto comenzara a moverse con insistencia.

—Tim… —gimió Jason, con dificultad y el dolor impregnando en el sonido del nombre.

Damon le miró con atención, concentrándose por primera vez en el mechón blanco de la cabellera del chico y en lo que ello representaba. Jason ya había visto de frente a la muerte antes, en batalla quizá, vuelto a la vida por nadie más que Talia.

Hereje ya conocía al justiciero, había intercambiado algunos palabras con él incluso, con una máscara ninja de por medio por órdenes estrictas de Talia, y jamás se había percatado de aquel detalle tan obvio hasta aquel momento.

—Tim —repitió Todd.

Movió su mano apenas unos centímetros, buscando el contacto de una persona que no estaba ahí y que gracias a la destrucción de sus dispositivos ahora no podía escuchar.

Hereje se acercó, movido por algo que no había sentido desde la infancia. Antes de que pudiese pensar con claridad tomó la mano del herido, sintiendo una sensación extraña en la piel ante el contacto. El hormigueo desapareció tan rápido como vino, siendo reemplazado por calidez incluso cuando Jason estaba tan frío como un cadáver.

Quizá era un acto de piedad, un favor a Brown por el suplicio del encierro. La siguiente vez que Jason murmuró el nombre de aquel desconocido como si exclamase piedad, los labios de Hereje se movieron a la par que su corazón y contestó un seco:

—Estoy aquí.

Las palabras parecieron tener un efecto tranquilizante, pues los movimientos cesaron y Jason por fin pudo relajar su cuerpo. Damon se mantuvo estático por unos minutos más, disfrutando inconscientemente de la calidez que aquella mano ajena desprendía.

No pudo retirar su mano hasta que Jason perdió la consciencia, con el alma más tranquila que antes. Se encaminó a su habitación en busca de ropa para su nuevo paciente. Al poner la última prenda se encargó también de colocar alrededor del resurrecto un montón de cables que le anclaban a monitores, permitiéndole saber los signos vitales de su mallugado sistema.

En cuanto su corazón mostró un ritmo estable, Hereje salió del lugar con un peso menos sobre sus hombros y su alma.

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Silencio. Era un acuerdo mutuo que Stephanie había desarrollado de a poco con Damon, y el paso de los días lo hacía más sencillo cada vez.

Él colocaba la comida cada mañana sobre sus piernas, a veces lo dejaba sobre el nuevo escritorio que ella había insistido en tener al igual que los libros que iban y venían en las manos del guerrero.

Por las tardes, cuando Damon tenía tiempo libre de sus deberes como primero al mando en las tropas, visitaba a la chica por algunas horas. Tomaba alguna silla, la colocaba cerca de la puerta y se quedaba por horas viendo a Brown leer, a Brown ingiriendo la cena, a Brown frotar con orgullo su vientre que parecía estar más hinchado ahora.

En algunas ocasiones intercambiaban palabras. Stephanie trataba de indagar sobre el estado de Jason y Hereje respondía con tranquilidad sin revelar de más. No hablaban sobre las recaídas de Todd, o de las veces en las que el muchacho no había dormido porque el corazón del niño murciélago parecía ser más débil de lo que se creería, de aquella noche en la que tuvo que realizar una desfibrilación de emergencia cuando hubo una línea constante y plana en el monitor.

—Cuida de él —pedía ella, casi todas las noches antes de que Damon se retirase a su propia habitación.

—Hasta mañana, Brown.

Él fingía no escucharla, pero la primera parada era en la enfermería antes de poder caer en la cama y dormir dos o tres horas que sabían como diez.

Stephanie observaba a Damon también, con discreción y con la atención digna de un psiquiatra. No había comportamientos raros en él, nada que le dijese que esas visitas eran ordenadas por Talia. A pesar del tiempo en que le miraba, con los ojos jades fijos en su persona o viceversa, jamás encontró malicia en su presencia.

Por las noches, cuando la ausencia de la presencia ajena le permitía pensar con claridad, se preguntaba qué historia habría tras aquel muchacho. Si había algo de lo que estaba completamente segura, era que Damon había sido un experimento tan exitoso como Damian muchos años atrás. Talia lo mantenía escondido, sin el conocimiento de nadie para evitar el error que hizo de Damian una persona diferente a la crianza de la liga.

Tras debatirlo por noches enteras, rechazando la idea más veces de las que podía contar, decidió interactuar más con él. Pues estaba resignada a que podía ser peor mantenerse en silencio para su salud mental.

Había más cruce de palabras que simples monosílabos. Comenzó a preguntar sobre su entrenamiento, compartió rutinas que incluso ella realizaba en menor intensidad y frente a su cama por falta de espacio. Damon se limitaba a preguntar sobre el bebé, o sobre los libros que terminaba y los que comenzaba.

El silencio dejó de ser un acuerdo mutuo. El nuevo acuerdo se remontaba a dejar sus vidas fuera de esas cuatro paredes en silencio. No había menciones de Damian, de Talia, de la liga, o de los murciélagos (a excepción de Jason). Las horas que pasaban juntos funcionaban (sin que alguno de ellos lo fuese a admitir) como un escape.

Stephanie dejó de pensar en él como un clon de Damian, en alguien repugnante que tenía las manos manchadas de sangre por órdenes de una mujer despiadada. Era un individuo diferente a su hermano, con un alma quebrantada por el propio demonio, alguien que sólo necesitaba de cariño y aceptación en un lugar donde aquellas palabras carecían de significado.

Damon intentaba brindarle a Stephanie la ilusión de una vida normal, donde un embarazo significaba un acontecimiento feliz y no la seguridad de una vida infeliz en un sitio que ya odiaba antes de siquiera pisarlo. Preguntaba sobre el bebé aunque en otro momento le pudo haber importado menos. Cuestionaba si ya se movía, o si daba aquellos molestos síntomas como la náusea o el mareo.

Brown agradecía el detalle de las preguntas, pues en su interior añoraba a Damian haciendo lo mismo. Imaginaba despertando en mitad de la madrugada, con una mano en su vientre y pidiendo a gritos los antojos más extraños que pasasen por su mente.

En su lugar tenía a Damon, frunciendo el ceño y haciendo algunas muecas de asco ante la mención de lo delicioso que le parecía a su paladar de embarazada un emparedado rebosante de zanahoria y mayonesa. Sin embargo, media hora después, el emparedado llegaría hasta sus manos.

—Es asqueroso —murmuraba Damon ante cada extraño antojo que surgía en Stephanie.

—No, sabe a gloria. ¿Quieres un poco?

—Iré a ver a Todd.

La rutina fue igual por semanas, nada parecía cambiar o querer hacerlo. Ambos estaban cómodos de una manera que en otro momento habría sido retorcida de pensar. Y fue así hasta que Jason despertó.


Algo realmente corto para ser honesta, aunque gracias a este capítulo me he dado cuenta de que le quedan cuatro capítulos más a la historia antes de que llegue a su fin. Y sí, los siguientes serán más largos. Una enorme disculpa por tardar tanto y porque esto sea tan corto, lo siento mucho.

En fin, espero que les haya gustado. Ya saben que ustedes me leen en el siguiente capítulo y yo los leo en los comentarios.

¡Nos leemos!