Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)


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Capítulo 4

La mañana de Navidad siempre era agitada, la primera Navidad que pasó en la finca había estado encerrada en su habitación, siendo atendida por Sue y Tony —el niño incluso había usado un mandil diminuto—, aún demasiado frágil para pasar toda una velada afuera de la cama —o por lo menos eso dijo Sue—, en su segunda Navidad, ahora como la señora Cullen, pudo disfrutar de cada uno de los preparativos, desde comprar el árbol, adornar la casa, llevar a Tony al centro comercial para tomarse una foto con Santa, hasta atender las necesidades de los huéspedes, organizando los menús y reservaciones, siendo partícipe de cada tradición que su ahora familia tenía.

Y aunque esa misma mañana fuera despertada por su pequeño Tony recordándole que ese día llegaría Santa, no pudo ignorar el hecho de que el lado derecho de su cama estaba vacío. Había pasado su primera noche sola en su habitación matrimonial, nunca había pasado una noche sola, ni siquiera cuando ella y Edward discutían, siempre lograban contentarse cuando se iban a la cama. Pero aunque Bella le rogó que no la abandonara, Edward lo había hecho, salió de la habitación y durmió en la de invitados, cerrándole la puerta en la cara para evitar que entrara.

Lo llamó por cinco minutos, no importaba que estuviera rogando, tan solo quería que le permitiera acercarse, pero no había tenido éxito y tuvo que regresar a la habitación, aunque no se acostó en la cama, se sentó en el descanso que estaba adjunto al ventanal, Edward debió llevarla a la cama en algún momento durante la madrugada.

Por lo menos saber que Edward aún seguía procurando su comodidad, le daba un poco de aliento.

—¿Dónde está papi, mami?

—Ha salido muy temprano a recoger leña para la chimenea —mintió descaradamente, quería mantener a su niño lo más ajeno de los problemas que existían, no necesitaba preocuparlo—, debemos mantener la estancia caliente para Santa.

—¿Crees que me traiga todos los regalos que le pedí?

—Apuesto a que lo hará, has sido un niño muy bueno, al igual que Jeremy.

—Sí, nos hemos portado muy bien —asintió su pequeño cobrizo, tan igual a su padre, si Edward no la había abrazado por lo menos tenía los brazos de Tony alrededor suyo—. ¿Y tú te has portado bien, mami? Santa no te dejará regalo si no lo has hecho, recuerda que a Santa no le gustan las mentiras ni los engaños.

Bella mantuvo su sonrisa, sabía que su hijo no lo decía con mala intención, solo fue un comentario para recalcar los parámetros que Santa tomaba para saber quién estaba en su lista de niños buenos y niños malos, pero eso no evitaba que Bella sintiera como si le dieran un puñetazo en el estómago, recordando que por tres años les mintió a su esposo e hijo.

Pero lo había hecho por una buena razón, y aun cuando Edward la detestara en ese momento, no se arrepentía de haber mentido.

—¿Por qué no vamos a despertar a Jeremy y después preparamos unos ricos waffles navideños? —ofreció, intentando que su hijo olvidara el asunto anterior.

—¿Los míos pueden tener M&M y puedo beber leche con Nesquik de fresa?

—Claro que sí, ahora vamos, que no queremos que se nos haga tarde para ir al desfile navideño.

Logró que Tony saliera, dejándola a solas en aquella solitaria habitación que parecía inmensa cuando solo ella estaba ahí.

Bella mantuvo la puerta cerrada, su madre estaba golpeando, tocando el timbre y gritando su nombre, un nombre que había tratado de olvidar con todas sus fuerzas.

En ese momento, agradecía inmensamente que la casa estuviera dividida en dos partes, la entrada principal para los huéspedes, que daba paso a la estancia en común, el comedor y salón principal, que daba paso a las cabañas, del otro lado de la casa se encontraba la entrada privada, justo la que su madre estaba usando en ese momento, la casa era lo suficientemente grande para que el timbre y los golpes no molestaran el desayuno de los huéspedes, ni la de sus niños que debían estar atiborrándose de azúcar.

—Tenemos que hablar, hija, por favor abre, tenemos que regresar a Arizona, Jake se pondrá feliz cuando te vea por fin, lo he llamado apenas regresé al hotel y está extasiado, quizás venga aquí, yo creo que lo hará. ¿Te he dicho que sigue soltero? No ha podido superar tu desaparición.

Bella sintió sus ojos humedecerse, no lo quería a él en Charlotte, no cuando cada vez que trató de revelar la verdad, la imagen de Jacob intentando desvestirla al mismo tiempo que le gritaba que saldría y los complacería a él y a sus amigos, de la manera que quisieran, le causaba asco.

—Vete, vete o llamaré a la policía.

—Soy tu madre, Marie, solo estoy preocupada, quiero llevarte a la civilización de nuevo, regresarte a tu antigua vida, una mejor vida.

¿Mejor vida?

Desde que Bella podía recordar, aquella vida de la que se jactaba su madre, consistía en pasar los días, tardes y noches siendo atendida por una nana que ni siquiera hablaba inglés, sino que tuvo que aprender italiano para poder comunicarse con ella, y cuando por fin lo había logrado, sus padres trajeron una nueva que hablaba ruso y volvió a sentirse sola; pasando incluso semanas sin ver a su madre y meses sin ver a su padre, sin tener ni una pizca de atención de ellos si no llegaba de la escuela con algún reconocimiento o premio, si no se cumplía con esos requisitos, era mejor que ni siquiera apareciera ante su presencia o lo único que recibiría sería una reprimenda y sacudida de cabeza para que actuara como la hija que debía ser.

Una infancia muy distinta a la que Jeremy y Tony llevaban, Bella se aseguraba de que ambos niños estuvieran conscientes de que estaban en la lista de prioridades para Bella, agradecía que Sue se hiciera cargo de la mayoría de los asuntos triviales, como tener la comida lista en la cocina y las cabañas impecables, facilitándole a ella el poder pasar tiempo con sus dos y/o tres hombres.

Sintió como la alejaban de la puerta, para acto seguido abrirla y cerrarse detrás de la dura espalda de Edward.

—Váyase ahora mismo de mi propiedad.

—Me iré cuando mi hija venga conmigo, no crea que me voy a tragar ese cuento de que es su esposa, ni siquiera sabe su verdadero nombre, mi hija está comprometida con un hombre que vale la pena, un hombre de verdad que la tratará como la reina que yo crié, no que la ponga a limpiar pisos y atender a huéspedes, ni mucho menos criar a un mocoso que ni siquiera…

Su madre no alcanzó a terminar la frase, en su lugar escuchó sus gritos y protestas.

—Es la última vez que se lo advierto a usted y a su esposo, los quiero lejos de mi propiedad y mi esposa, la siguiente vez que usted o su marido se acerquen, llamaré a la policía para que se hagan responsables, y créame, señora, el calabozo de por aquí no se asemeja a las cinco estrellas a las que tanto está acostumbrada.

Segundos después la puerta fue abierta, no le importó que Edward estuviera molesto con ella, solo se acurrucó en sus brazos, milagrosamente él le respondió y la rodeó con sus brazos.

—Tranquila, nena, no se acercarán a ti, te prometo que no lo harán.

—¿Y tú?

No recibió respuesta, y fue eso más que la posibilidad de que Jacob apareciera en su vida o que sus padres no la dejaran en paz, lo que verdaderamente la destrozó.


Hola!

Ya casi se acerca la verdad.

Me alegra muchísimo que le estén dando mucha aceptación a esta pequeña historia navideña

Yanina, muchas gracias por la ayuda con la revisión del capítulo, eres la mejor en el mundo entero.

Déjenme sus comentarios, opiniones, críticas, teorías o lo que quieran compartir conmigo en un review.


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