Capítulo 2: Creep
Pueblo de Edinstown, Edinburg, Escocia 25/12 2:00am
Siempre esperar lo mejor y estar preparado para lo peor, fue lo primero que se le vino a Kanda a la mente al ver la escena que tenía enfrente. Si alguna vez creyó que podría volver a creer que la humanidad tenía salvación, bueno este tipo de escenas le confirmaban que todos estaban condenado al infierno al final del camino. Porque la crueldad a la cual diariamente se tenía que enfrentar, no eran monstruos que se escondían en la oscuridad o demonios que venían a corromper almas. Los años le habían demostrado que la crueldad más pura tenía la forma de un ser humano, porque ver personas que son capaces de acabar con la vida de otro ser humano por enojo, venganza o lo peor de todo por placer, era de lo más desagradable. Así que al final podría decir que se había acostumbrado a siempre estar preparado para lo peor y esperaba lo peor de cada caso.
En frente de una iglesia donde las personas venían a rezar un día antes de navidad y pedirle al Señor por un año mejor, la tragedia llegó a derrumbar el estúpido espíritu navideño de las personas y oficiales, que se vieron obligados a llamar a la organización Black Order hace unas horas. Todo los agentes se habían ido de vacaciones por navidad y la única persona que quedaba disponible para atender aquel caso fue Kanda. Quien canceló inmediatamente todos sus planes de pasar navidad con Tiedoll y sus extraños familiares, no es que deseara que casos como estos sucedieran en este tipo de fechas en que las personas se ponían más sentimentales, pero prefería pasar tiempo atrapando criminales a cantar villancicos o abrir regalos.
Por todo lo que había vivido y visto durante su niñez y como agente especial de la organización, la escena en frente suyo no le producía asco ni asombro como a los policías que estaba a su costado. Era una debilidad mostrar aquellos sentimientos en un trabajo como este, en el cual se enfrentaba diariamente a lo peor de la humanidad y los daños que esta deja. No le importó que aún hubieran civiles alrededor de las cintas de precaución intentado ver lo que pasaba, no era su deber atenderlos a ellos y menos censurar aquello que tanto querían ver, la verdad como detestaba el morbo de las personas. En cuanto se acercó al cuerpo tirado en los escalones de la entrada de la iglesia, sin pensarlo dos veces sacó la sábana que cubría la sangrienta escena.
Escuchó como todo el mundo empezó a gritar y cómo algunos policías se alejaban para vomitar. Al parecer aquellos oficiales no serian de mucha ayuda después de todo lo que le insistieron para ayudar en el caso, no necesitaba gente débil que le estorbara en esta investigación, al final tendría que resolver este caso solo, como tanto le gustaba, o eso quería creer. En frente suyo pudo observar el cuerpo desnudo de un niño de como 12 años con el rostro completamente desfigurado estaba tirado en aquel frío escalón el cual parecía tomar un tono rojizo por la sangre. El olor que desprendía el cuerpo era tan penetrante que no importaba hacia donde moviera su cabeza, el olor a metal corroído seguía inundado todo lo que mirara. Pero Kanda hizo como si no le afectara lo que pasara alrededor suyo y siguió analizando la sangrienta escena.
El rostro de aquel niño había desaparecido su identidad de la faz de la tierra, le era imposible imaginarse lo que aquel niño tuvo que sufrir en el momento que se dio cuenta de que la crueldad humana había llegado a robarle la vida que tenía por delante. Por lo fresco de la sangre y las heridas, podía analizar hasta el momento que a este asesinato estaba conectado con los dos anteriores que le habían informado, esto ya no era una coincidencia. Tres muertes en un corto lapso de tiempo no le daba buena espina, era posible que se estuviera a un asesino serial o psicópata.
—Agente Kanda creo que debería cubrir el cuerpo hasta que las personas evacuen el lugar, las personas se están poniendo nerviosas y no queremos que la gente se alarme—dijo el oficial detrás suyo, al parecer nadie quería poner de su parte o eran muy idiotas para no darse cuenta con lo que estaban lidiando.
—Qué te parece si tu te quedas analizando el cuerpo y yo me encargo de mandar a las personas a su casa, ya que parece que sus oficiales lo tienen todo bajo control
—No se preocupe Agente, mis oficiales se encargaran de alejar a las personas de la iglesia, muchas personas suelen venir a la iglesia por navidad y no suelen pasar estas cosas por el pueblo...—cómo detestaba cuando las personas hablan demasiado, no estaba de humor para soportar a los chismosos del pueblo o las necesidades del resto, tenía que atrapar al asesino antes de que encontrara más cadáveres.
—Llamé al detective del caso
—Claro, ahorita lo traigo oficial Kanda, si necesita ayuda no dude en pedirnos ayuda
Al fin tenía unos segundos a solas para poner sus ideas en orden y pensar como atrapar al a aquel desgraciado. Al parecer se estaba enfrentado con algo mucho peor de lo que le habían dicho en Londres, este no era un simple amenaza que debía ser descartada. Era inaceptable que recién en camino a Edimburgo se enteró de la tercera muerte y de los detalles de las dos muertes anteriores, parecía que las autoridades del pueblo al comienzo no estuvieron muy de acuerdo en llamar a la agencia, no entendía el porqué de esa actitud, algo en ese pueblo no le daba buena espina, su instinto se lo gritaba.
Analizaba cada detalle, cada indicio de violencia y todo lo que pudiera conectarlo con en asesino. Necesitaba ser cuidadoso ahora que se encontraba en desventaja, estaba solo hasta que pasara navidad, todos los agentes habían viajado fuera de Londres por navidad y los refuerzos tardarian en llegar. En medio de su dilema, aquel oficial que solo lo servía para estorbarlo llegó con el detective y algunos policías.
—Buenas noches Agente Kanda, soy el detective Smith y fui yo el que insistió en llamarlo—Aquel detective se acercó a estrecharle la mano en forma de saludo, algo que definitivamente rechazó y siguió viendo la escena frente suyo, no había tiempo de presentaciones y a menos que le dijeran algo respecto a la investigación, no le importaba.
—Necesito los expedientes de los dos últimos asesinatos y que lo más antes posible llamen a los familiares de las víctimas para interrogarlos
—No se preocupe, el oficial se los pasará en un instante, pero me gustaría estar informado de todo lo que este pasando en la investigación y ser de ayuda
—Si necesito algo le aviso, vuelvan a sus casas a seguir durmiendo y déjenme hacer mi trabajo
—Pues las cosas no son así de simple, casos así no pasan en este pueblo y acabo de recibir una llamada de la oficina, y al parecer son malas noticias
—Qué espera para decirme, no tengo toda la noche
—Al parecer la semana pasada se habían reportado 7 niños desaparecidos en la estación y bueno, los dos últimos cadáveres encontrados concuerdan con las identidades de dos de esos niños reportados desaparecidos
—¡¿Son idiotas?!
—¡Qué!—dijeron todos los oficiales junto con el detective, que acaso eran sordos o demasiado ciegos para ver lo inútiles que eran. Se los agarraría a golpes por dejar pasar ese detalle pero el tiempo estaba en su contra
—No es posible que no vieran el antecedente de las desapariciones para guiar su investigación o que catalogaron este caso como una posible amenaza ¡Que clase de autoridades son ustedes!
—Estos casos no pasan muy a menudo y no estamos preparados para enfrentar este tipo de situaciones, por eso solicitamos ayuda de su organización, no pensamos quevendría usted solo.
—Vayanse al demonio con sus excusas y dejen de estorbar, me llevaré los expedientes y la información de los 7 niños desaparecidos, llamenme en cuanto terminen la autopsia del cuerpo.
—Le mandaremos la información a su hotel, no se preocupe
—No, llamenme cuando tengan lo resultados
—No preferiría mejor interrogar a los familiares primero, los resultados estarán listos para mañana.
—¿Que? No, Necesito las autopsias lo más antes posible, debo recuperar el tiempo que perdieron por imbéciles
—Nuestro médico forense está en camino y tendrá la autopsia para mañana, puede ir avanzando con las entrevistas a los familiares en la mañana...
—Escucha imbécil, no me digas como hacer mi trabajo y mejor apresura a tu médico que necesito en unas horas estos resultados
—¿En unas horas? Las autopsias no son así de simples para realizarlas en unas horas, estamos haciendo un esfuerzo por traer un médico forense con experiencia de la estación central de Escocia para ayudarnos con el caso. El médico las tendrá para mañana a más tardar.
—¡Que mierda pasa con su estación que se mueven tan lento!, llámenme en cuanto tenga todo listo y no me llamen si no es que tienen otro cadáver, estaré en la oficina cuando termine de leer los expedientes
—Puedo ir con usted si desea ayuda para ponerse al día..
—Tsk, No y no me sigan o los corto
—¿Que?...No se preocupe
Esperando que ningun policia siguiera su rastro, Kanda se retirò de la escena, tratando de evitar las miradas de tristeza y las dudas de las personas a su alrededor, todos buscando respuestas de algo que jamás tendrìa sentido para èl, y por casos como estos es que a veces se preguntaba porque seguía trabajando como agente, detestaba tratar con las personas. No les debìa ninguna explicaciòn pero siempre lo buscaban para preguntarle el porqué de tanta crueldad, preferìa que de eso se encargaran los policías y detectives. Su único objetivo era atrapar al criminal y no descansarìa hasta ponerlo tras las rejas, y darle un golpe por la mala noche que le hizo pasar a èl y todo el maldito pueblo.
Con dificultad logrò evitar a algunos reporteros locales que se acercaron a preguntarle cómo iba la investigaciòn y lo que opinaba la orden acerca del caso. Y la verdad detrás del incómodo silenciò que hubo entre èl y las cámaras, es que este era el peor equipo de policías y detectives con los que había trabajado, parecía que preferìan celebrar navidad a resolver el caso, y en con respecto a la orden, le daba dolor de cabeza en imaginar lo que pensaban. A pesar de todo, no sabía cómo podrìa explicar algo como lo que había visto. Normalmente dejaba que sus compañeros tratàran con las personas y oficiales, ya que le era complicado mostrar empatía o algo de respeto cuando daba malas noticias, se podrìa decir que le faltaba tacto a la hora de tocar esos temas. Preferìa los informes cortos que le daba a Komui y responder todas sus preguntas, al menos con èl no tenìa que preocuparse por hacerlo enojar, se conocían hace mucho tiempo y conocían el carácter del otro.
Empujando y abriéndose paso entre las personas, llegó subir al carro que había alquilado, y sin prestarle mucha atención a las personas que tocaban las ventanas, aceleró sin pensarlo para alejarse lo más rápido que pudiera de la escena del crimen, que por alguna extraña razón el olor nauseabundo del cadáver seguía presente en el ambiente. Pero prefirió no prestarle mucha atención a ese detalle por el momento.
Se dirigió hacia la plaza del pueblo en busca de un lugar en que pudiera estar tranquilo y sin que nadie lo moleste mientras leía todos los informes que tenía. Debía encontrar algun patron o pista en medio de los expedientes antes de que la vida de los niños se le escapara de las manos. Ya que en la situación en la que se encontraba, sin los datos de las autopsias y un equipo hasta las patas, debía utilizar otros recursos para dar con el sospechoso. No le sorprendería que los oficiales se hubieran saltado algún detalle, la verdad estaba casi seguro que la respuesta estaba en los expedientes.
Preguntó en todos los hoteles y posadas del pueblo, por alguna persona que se haya pedido hospedaje recientemente, y a pesar de sus intentos de explicarle a las personas la clase de persona que buscaba, ninguno parecía estar dispuesto a darle una respuesta concreta o la identidad de alguno de sus clientes. No sabía si era su imaginación o las personas de este pueblo no confiaban en sus autoridades, todo el mundo le lanzaba una mirada de incomodidad y desconfianza, como si les costara aceptar su presencia.
En fin si no lograba encontrar alguna pista de la identidad del sospechoso, podría pagar un cuarto para las noches que se iba a quedar, necesitaba dejar sus maletas que estaba en la maletera del auto y sentarse a leer los informes con calma. Pero como al igual que el ritmo de la investigación, parecía que la suerte no estaba de su lado este día, todo los cuartos estaban ocupados o reservados por las fiestas. Como si creyera en esas cosas, todo era culpa de la maldita navidad que distraía a las personas y creaba una falsa ilusión de absolución. Creía que eran estúpidos aquellas personas que creían que en un día podían enmendar todo el daño que habían hecho en un año, y aquel enfermo ciclo se iba repitiendo una y otra vez, y pasaba a través de las generación.
Ahora sin un hotel o un lugar para dejar sus cosas, se encontraba dando vueltas con su auto en las vacías carreteras, en busca de algún local o restaurante que estuviera abierto. No tenía muchas esperanzas de encontrar algún local que esté abierto, ya que todo el mundo en este momento está en su casa cenando o empezando a celebrar navidad. En este punto ya no le importaba si tenía que estar rodeado de personas o en algún lugar público, tenía que terminar de leer los malditos informes.
En medio de la oscuridad que iba sumergiéndose el pueblo a medida que iba avanzando la noche, Kanda logró observar a lo lejos la estación central de Edinburg, al parecer era el único lugar que seguía abierto a pesar de la fechas. Con una mirada rápida al interior de la estación, pudo ver un cafe-bar en la entrada. A simple vista no parecía el lugar más elegante del mundo y si fuera por él no entraría a ese tipo de lugares, detestaba los lugares públicos y tratar con la gente. Pero no podía ser exigente por él momento, era eso o irse a la estación en donde estaba el inútil detective y sus oficiales. Podía quedarse en el carro, pero las luces no funcionaban y su celular estaba a punto de quedarse sin baterías. Con algo de enojo por la opción que estaba obligado a tomar, estacionó el carro a una cuadra de la estación y agarró todos los expedientes que estaban a su costado.
En cuanto abrió la puerta del carro, pudo sentir como unos copos de nieve caían en su cabeza y unos fríos vientos le golpeaban la cara. Las calles cubiertas de diminutas capas de nieves estaban desiertas, como si toda la vida de aquel pueblo fuera desvaneciendose con el paso de los minutos. Le parecía raro que tan rápido podía cambiar el clima, porque cuando llegó se sintió muy aliviado de que no estuviera nevando como en Londres, no tendría que utilizar pesadas ropas de invierno o sentir aquel frío que solo le traía malos recuerdos. Los recuerdos que a pesar que lo estorbaban, era lo más preciado que tenía para encontrar a esa persona, protagonista de muchos de sus sueños y causante de algunas de sus pesadillas.
No sabia quien era o si es que en verdad existía o era parte de su imaginación, pero sentía que conocía a esa persona de toda una vida y sabía que en el momento que la viera, la reconocería inmediatamente. Pero sin rumbo en donde buscar, solo le quedaba esperar a que estuviera viva y esperar por ella hasta el fin de sus días. Aunque se enojaba consigo mismo por decidir en seguir a una persona desconocida, aquello se había vuelto su objetivo de vida y tal vez era la única razón por la que seguía viviendo en un mundo tan podrido. Necesitaba saber quién era, aunque no tuvieran ningún lazo familiar o amoroso, aquellos recuerdos eran el lazo que los unía.
Con una paso apurado Kanda ingresó al Cafe-Bar, el lugar estaba tibio a comparación del frío infernal que hacia afuera. El ambiente del lugar era tranquilo, rústico, y carecía de decoraciones a pesar del pesado ambiente navideño en el vivía todo el pueblo. A pesar que el lugar estaba lleno, pudo encontrar una mesa cerca a la barra donde sentarse y poner todos los expedientes. No lo iba a negar, el local se veía mejor que su fachada, pero jamás pensó que aquel lugar tendría dos pisos. El primero piso en donde se encontraba, tenía el ambiente de un típico bar y la decoración encajaba con la temática, y por lo que podía ver habían unas escaleras en forma de caracol que conducían al segundo piso, que de aseguro tenía la apariencia de un cafetería.
A lo lejos podía escuchar la melodía de un piano, notas profundas que llegaban a transmitir un mensaje y canciones que contaban una historia. Las cancio eran tristes y algo melancólicas para las fechas, pero a nadie parecía molestarle, al contrario, estaban complacidas y en silencio escuchando las canciones. No había ruido por parte de los clientes, que por lo usual suelen ser escandalosos a la hora de hablar y los borrachos de la barra parecían quedarse dormidos a medida que las canciones iban pasando. Aquello le parecía increíble, el ambiente era perfecto para las personas que no tenían a donde ir en navidad, personas que lo único que querían era un lugar en donde pudieran estar acompañados de la soledad de otras personas.
—Me llamo Noelle ¿puedo tomar su orden?—una chica vestida con un disfraz de reno que parecía estar muy contenta a pesar de estar trabajando en navidad se acercó a él para tomar su orden. Al parecer todos en este bar parecían contentos de pasar navidad en lugar como este, escuchando las canciones de un piano mientras tomaban una copa o trabajando hasta que pasaran las fiestas.
Para Kanda el trabajo era la mejor forma de mantener la mente ocupada y evitar pensar en aquello que había dejado ir hace 11 años.
—Un café doble sin azúcar o crema
—¿Está seguro? Si es diabético tenemos otras bebidas que podrían llegar a gustar o si está en dieta…
—Tsk, que no entiendes que solo quiero un café
—Disculpe señor, en un momento se lo traigo, ¿desea algo más?
—Que te vayas y me traigas el Café
Acaso su cara no estaba lo suficientemente cansada para que le estuvieran molestando por cualquier estupidez, lo último de paciencia que le había sobrado de todo el mes, teniendo que soportar a todos sus compañeros con eso de la navidad, se fue al tacho con los estupidos policias. Todo sus compañeros se encontraban en casa con sus familiares celebrando navidad, todos tenían un lugar a donde regresar y celebrar el verdadero significado de la navidad, pasar tiempo con tus seres queridos y agradecer tener un año más con ellos a su lado.
Tenían mucho que agradecer, ser un agente de la organización Black Order no era un trabajo que muchos estuvieran dispuestos a soportar. A pesar de los grandes beneficios, el reconocimiento que tenían alrededor del mundo, y con lo complicado que era ser aceptado para trabajar como agente. Debían lidiar con casos que en muchas ocasiones ponen en riesgo sus vidas y debían tratar la peor escoria de la humanidad. Como agentes de la orden, se encargaban de resolver casos de asesinatos, secuestros, mafias, explosiones, atentados, y muchos otros ejemplos que se venían a la cabeza.
Tantos agentes que no duraron ni un mes en la organización, que salieron corriendo después del primer caso o que perdieron la vida haciendo su trabajo. Tal vez después de todo era un ventaja no tener a alguien con quien pasar fiestas, podía estar completamente enfocado en resolver sus casos y no preocuparse por lo que le pase al resto. Él estaba mejor solo, bueno eso era lo que quería creer. Aun podía recordar a aquella persona tan lejana llamada Alma, alguien que cambió su forma de ver la vida, quien le enseñó la diferencia entre estar vivo y vivir la vida. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que lo había visto, como 11 años si era exacto. Casi una década de la difícil decisión que tuvo que tomar y que lo sigue marcando hasta el día de hoy, siendo obligado a decidir entre seguir viviendo o seguir a Alma.
Sumergido en sus pensamientos y las infinitas hojas de los expedientes, una nota de piano lo despertó del limbo en el que se encontraba. La melodía había cambiado a una más intensa y profunda, como si el músico quisiera transmitirles un mensaje a todos los presentes. Por alguna extraña razón, se sentía identificado con la melodía, como si él fuera el protagonista de la historia que se estaba narrando, pero le generaba desconfianza la persona que fuera capaz de producir algo así en él, y aquello no le estaba gustando. Algunas personas a su alrededor se pararon y se dirigieron al segundo piso a escuchar más de cerca aquella triste melodía.
Cuando te vi llegar, no pude mirarte fijamente. Eres un ángel el cual me hace llorar con solo verle.
Detestaba la navidad con cada parte de su ser, todo el mundo podía irse al demonio con sus decoraciones y cenas a media noche. Fingiendo una vez al año estar agradecidos de tener un lazo con familiares y amigos. Cuando deberían estar agradecidos y cuidar de aquello todo el tiempo, porque el mundo es un enemigo hostil que no sabes cuando va a atacar.
Vuelas como una pluma en un mundo que cuesta respirar, hubiera deseado ser lo que necesitabas, eras tan especial.
Te fuiste como llegaste, de un momento a otro no supe cómo te volviste parte de mi mundo, alguien tan especial para mí, que me enseñó con risas que se puedes respirar en este mundo. Pero de igual forma me enseñaste El dolor de la pérdida y que por más que lo intentemos jamás seremos libres.
Pero soy un cretino, un desgraciado, que no sabe lo que hace aquí, un lugar en donde no pertenece.
Aun después de tanto sigo recordandote, pero evitó hacerlo, estás muerto y por más que lo desees jamás volveremos a estar juntos. Sabes que tengo que encontrar a esa persona y tus demonios jamás me dejarán seguir adelante. Fue una difícil decisión la que tuve que tomar, no espero que lo entiendas pero es ya no importa lo que pienses, estás muerto.
No me importa si me duele, quiero tener el control, quiero saber lo que está pasando, quiero tener una alma perfecta.
Todo el mundo cree que soy un cretino, alguien sin corazón y alma, que no sé lo que es la felicidad. A todos aquellos que creen que creen saber lo soy, enterense que estoy viviendo mi vida a mi manera hijos de puta, soy así y al que no le gusta, me importa una mierda.
Quiero que te des cuenta cuando no estoy a tu lado, porque quiero ser tan especial para tí como lo eres para mí.
Hubiera preferido que no llegaras a mi vida, jamas haberte conocido, o que después de un mes hubieras renunciado a ese trabajo que tanto dices amar, pero en el fondo sé que lo odias. Eres la persona más hipócrita que conozco, no paras de mostrar de sonreír a pesar del vacío que escondes y fingir algo que no sientes, o que nunca has sentido y te niegas a sentir, amor.
Sales por esa puerta, corres, corres, y corres hasta que te pierdo de mi vista.
Al final todos se irán o morirán en un punto de la vida, de qué sirve conocer a las personas o intentar formar un lazo con ellas, teniendo en cuenta tan trágico final. La soledad siempre será el mejor refugio para la crueldad de este mundo, que siempre pide algo a cambio de la felicidad.
Cualquier cosa que te hiciera feliz, que tu querias, te lo merecias, eras tan especial.
No quiero la compasión o aceptación del resto, no lo necesito y me niego a pasar por esto una segunda vez. Lo intento y pongo todas las barreras que puedo, pero al final siempre termino accediendo a la presencia del resto. Parece imposible alejar al resto o que ellos depositen su confianza en mí, pero por alguna extraña razón aceptó aquello en silencio.
Pero soy un cretino, un desgraciado, que no sabe lo que hace aquí, un lugar en donde no pertenece.
Debes estar decepcionada conmigo por dejar de buscarte en los momentos que me veo obligado a vivir mi vida con el resto. Tus memorias fueron las que siempre me acompañaron desde que existo y hasta el día de hoy siguen presentes. Tienes derecho a estar molesta conmigo por dejar que alguien se entrometa en aquello que tanta años no costó construir, de tirar a la basura todo lo que me plantee en un inicio, de sentir algo que talvez no debería
Como todo buen espectáculo, la canción terminó en aplausos por parte del público, seguido por un suave silencio que duró unos segundos, pero que parecieron eternos hasta que otra melodía empezó a sonar. Un poca más alegre que la anterior pero con la misma intensidad de siempre. Algunas personas se levantaron para ir a ver el espectáculo más de cerca. En el fondo deseaba seguir al resto de las personas para ver el espectáculo del segundo piso, pero con los expedientes en sus manos y las fotos de los niños en su frente, no podía cumplir aquel capricho. Era una de las mejores interpretaciones de piano que había escuchado, pero no quería darle demasiado importancia.
En cuanto levantó su mirada vio a la mesera con su pedido dirigiéndose a su mesa. Hasta que por fin podría tomar algo de café en toda la noche, no podía creer que tanto se demoran en servir un cafe.
La chica se estaba acercando a su mesa a paso lento, hasta que se detuvo a mitad de camino, quedándose quieta unos segundos escuchando la canción del piano. La chica atrapada en la melodía, cambió su rumbo y se dirigió al segundo con el pedido de Kanda.
Parecía que lo quieren hacerlo enojar a propósito, que todo el mundo a su alrededor se portaban como idiotas, creyendo que por ser navidad todas sus idioteces y errores serán perdonados. Maldito pianista que justo un día como hoy se le ocurre venir a tocar esas melodías, acaso no tenía un mejor lugar donde tocar, porque justo tiene que tocar en ese cafetería cuando tiene que estar concentrado resolviendo un caso del que dependen vidas.
Esto no se iba a quedar así, ese es su café, y necesita tomarlo ahora. Cerró todos los expedientes y los escondió debajo de su casaca, y con una paso rápido se dirigió hacia el segundos piso. Con cada escalón que subía, sentía como la melodía del piano se iba haciendo más fuerte y su paso más lento. En cuanto llegó al segundo piso, vió como todas las personas estaban amontonadas alrededor del piano, haciendo que le sea difícil ver quien era el pianista, culpable de tanta idiotez y confusión. Algunas estaban sentadas en sus mesas, pero no dejaban de observar hacia el piano, como si estuvieran hipnotizadas.
Pudo ver un disfraz en medio del pelotón de personas alrededor, reconoció ese atuendo Al instante, aquella era la chica con su café. Haciendo caso omiso a las personas a su alrededor, se abrió paso en la multitud hasta llegar a estar detrás del pianista quien llevaba su capucha puesta. A pesar del mal ángulo donde se encontraba, pudo ver como las manos de aquella persona que tenía puesto unos guantes, no dejaban de moverse de un lado a otro al compás de las notas, con una delicadeza y precisión que hacían ver tal actuación de forma sencilla.
Había algo raro en ese pianista, su instinto se lo gritaba. El tipo no parecía de esta zona, su forma de vestir era distinta al del resto del pueblo, y esos guantes ya los habia visto antes. Con aquellos datos, dirigió su mirada hacia la cabeza del músico, quien no parecía darse cuenta de su presence o de las personas a su alrededor. Pudo ver como un mechón de su cabello cayó en cuanto el músico bajó su cabeza.
Aquel color de cabello era blanco, de un tono que conozco muy bien. Aquellos guantes, que tapaban las manos que siempre te esmeras en esconder.
—¡¿Moyashi?!— no esperaba que su voz se escuchara tan alto, pero aquel descubrimiento lo había sorprendido. La música se detuvo de golpe y el ambiente del café se tornó pesado, ahora todo el mundo los observaba a los dos, a la expectativa de una respuesta.
—¡Mi nombre es Allen, imbécil..!— aquella voz se fue apagando en cuanto se dio cuenta de la persona que se encontraba detrás suyo. Kanda no podía creer lo que sus ojos estaban viendo, de todas las personas que se pudo encontrar en ese pueblo, tuvo que ser él.
—¿Que haces aqui?
—¿Que haces aqui?
—¡No me repitas!
—¿Yo?
—No, la Reina de Inglaterra
—¿Eh?
—No te hagas el que no me entiende y responde mi pregunta idiota
—Kanda yo no….
—Sigue tocando ¿Porque te detienes?...— muchas personas comenzaron a lanzar comentarios, pidiendo que el moyashi siguiera tocando y que Kanda lo dejara tocar, algo que le parecía ridículo porque ni siquiera lo estaba agarrando.
El moyashi tomándole importancia a los reclamos de la gente, se paró y les dio las gracias por ser un buen público. Pidiendo disculpas por dejar de tocar y dando la excusa de que lo estaba esperando. A Kanda le parecía estúpido que le tuviera que dar explicaciones a esas personas, como si fuera él quien se equivocó y las personas fueran las víctimas de la situación. Como siempre, queriendo quedar bien e impecable, como odiaba eso de él.
En cuanto la gente se alejó de ellos y volvieron a sus mesas. Kanda hizo lo mismo, no podía perder tiempo con ese moyashi, ya suficiente tenía con saber que estaban en el mismo pueblo, como si todo fuera una maldita coincidencia. Pero antes de bajar al primer piso, se dirigió hacia donde estaba la mesera, quien estaba conversando con algunos clientes. Se paró enfrente de ella y agarró el café que tenía en su bandeja. Se fue a su mesa sin darle explicaciones, dejándola con la palabra en la boca.
—¿Está ocupado el asiento?
—Busca tu propia mesa moyashi
—Vamos Kanda, el lugar está lleno y nadie debe estar solo en estas fechas, además puedo acompañarte un rato mientras lees.
—Que te hace creer que quiero pasar navidad acompañado, y encima contigo. Tengo trabajo que hacer y tú solo me vas a estorbar.
—¿Estorbarte en que?
—Che...¿que te importa? Vuelve a tus vacaciones y déjame en paz
—No se si estas enterado pero trabajamos en la misma organización, de todas maneras me voy a enterar del caso que estas resolviendo en cuanto vuelva
—Entonces puedes esperar hasta llegar a la orden para enterarte, ahora piérdete moyashi
—No es posible que hasta en navidad tengas un humor de los mil demonios, feliz navidad Bakanda— con una sonrisa que ocultaba decepción, pudo ver como aquel peliblanco se alejó de su mesa hacia donde estaba la barra.
Vio que con pesadez se dejó caer en el asiento de la barra y la mesera con una sonrisa se acercó a tomar su pedido.
—Feliz navidad ¿Se le ofrece algo?
—Buenas noches, quisiera saber si el taxi que pedí hace una hora está listo
—¿Pidió un taxi?
—Al nombre de Allen Walker, estoy esperando hace una hora a que me avisen si ya llegó el taxi.
—Lamento decirle que ninguna agencia ha respondido alguna de nuestras llamadas, posiblemente todas están cerradas por navidad o todos los taxis están reservados.
—¿Están funcionando los buses?
—Depende a donde quiere ir, que yo se sepa solo hay buses disponibles en las rutas de Edimburgo
—Cree que haya algún bus que vaya al pueblo de Edwinstowe, queda en las afueras de la ciudad, porque si no tendré que ir caminando.
—¡Qué demonios tienes que hacer ahí!—dijo en un grito mientras se acercaba al moyashi y la mesera que lo miraban con cara de asombro. Acaso había escuchado bien o aquel brote de habas iba hacia ese pueblo. No era su intención escuchar la conversación que tenían esos dos, pero desde su mesa se podía oír todo lo que hablaban.
—¡No me asustes asi y baja la voz!
—Tú también estás gritando así que no molestes
—No puedes sorprender a alguien asi, la pobre chica salió corriendo
—Porque de todos los pueblos en Reino Unido, just tienes que viajar a ese pueblo
—Meterse en conversaciones ajenas es de muy mala educación Baka, además como se te ocurre sorprendernos así
—No juegues conmigo ¿qué sabes de el caso? ¿porque vas a ese pueblo? ¿Estás escondiendo algo?
—No se de que caso estas hablando pero cuando llegué a Londres me voy a enterar. Y desde cuándo eres tan pregunton, voy a ese pueblo por temas personales que no te incumben
—No creo que vayas de turismo o a probar la sazón, es muy raro que en las únicas vacaciones que aceptas de todo el año, viajes a aquellos destinos.
—Me parece o estas muy pendiente de lo que hago, ademas no estas muy ocupado leyendo ese expediente como para hacerme caso
—No te creas más listo que yo moyashi
—No lo creo, sé que lo soy Bakanda
Con un silencio después de ese comentario, la tensión entre ambos fue creciendo con cada segundo. Como odiaba cuando ese idiota se ponía a la defensiva, vivía para darle la contra y lo sacaba de sus casillas con una facilidad que parecía que lo hacía inconscientemente. Pero al menos su actitud no le asqueaba tanto como el del resto de personas, no estaba idiotizado por aquella entidad demoníaca conocida como el espíritu navideño.
Sabía hacia dónde se dirigía la conversación y aquel moyashi también. Ya eran dos años que se conocían, compartiendo misiones, salidas con amigos en común, y peleas que parecía nunca acabar. No lo consideraba un amigo y sabía que ese sentimiento era recíproco, desde el primer día en que lo presentaron como el nuevo patólogo forense, supo el tipo de relación que tendría con él. Alguien que daba la imagen de estar todo el tiempo bien, que le importara poco o nada su vida, tomándole más importancia a los problemas del resto que los suyos, y que era un vil hipócrita. El resto podría creer o fingir tragarse esa actuación, pero él no, simplemente no le daba buen espina y si su única forma de comunicarse era a través de gritos o golpes, con gusto lo sacaría de sus casillas.
Lo que veía en frente suyo no era a lo que estaba acostumbrado a ver el resto del año, algo le pasaba a ese moyashi para perder la paciencia tan rápido o estar tan a la defensiva. Podía ver en aquella mirada que en ese momento estaba listo para salir a la calle y terminar a golpes sus asuntos pendientes, algo no muy común que el moyashi empezará. Y por más que estuviera gustoso de tirarlo a la barra y darle su merecido, necesitaba de la habilidad del otro para el caso.
—Mira idiota no tengo mucha paciencia para soportar tus estupideces, necesito saber si es la primera vez que vas a ese pueblo
—¿Porque?
—Solo responde moyashi
—No es la primera vez, cada año vengo porque tengo temas pendientes y mi nombre es Allen si no te acuerdas
—¿Tienes libres las próximas horas?
—Depende de lo que me pidas Bakanda
—che..sigueme—ambos en silencio se dirigieron a la mesa, desconfiando de los motivos por los cuales el moyashi tuviera que ir a ese pueblo o porque tanto misterio acerca de él. Aquel pueblo era el último lugar en el que imaginaba al moyashi paseando por Navidad. Que tendría que hacer en un pueblo que era la distopía de un país primermundista como Reino Unido. Solo le había bastado estar unas horas para darse cuenta que aquel pueblo era un asqueroso pantano, en cuanto uno más se moviera a través de él, más se hundiría en la oscuridad.
Canción de Radiohead (Creep) adaptada a esta historia.
