Capítulo 3: Habits
Edimburgo, Escocia 25/12 5:00am
Como mi desayuno en la bañera, al terminar me alisto para trabajar. Ver los cuerpos de las víctimas a diario, ya no me pone nervioso. Tal vez un poco inquieto, pero he estado ahí todo el tiempo y ya lo he visto todo.
Se que no debería tener estos sentimientos hacia tí, pero de igual forma no puedo evitar estar un poco molesto contigo. Me dejaste solo caminando en este mundo, por caminos que prometiste recorrer conmigo y la idea de que te olvidaste de mi, es lo que cada día me rompe más. Eras mi familia y mi razón de ser Allen, y si en la otra vida nos volvemos a encontrar, sin pensarlo dos veces volvería a ser tu guía, te seguiría por la eternidad, y daría mi vida por cuidarte de cualquier tragedia, para no tener que volver a perderte y decir que fuiste tu el que se fué.
Conozco bien este camino, lo recorrimos juntos hace mucho tiempo, escapando de aquello que tanto temías que te encontrara. La estación no era lo es hoy en día, con muchas rutas y destinos que jamás pensé que lograría conocer. Cada año la ciudad de Edinburg se vuelve más grande, más segura para sus habitantes y aquellos colores oscuros que adornaban los atmosfera van cambiando por colores más vivos. Es lamentable no poder decir lo mismo del pueblo de Edisntown, tan cercano pero al mismo tiempo tan distante. Aquel lugar que fue testigo de nuestro encuentro y de nuestra separación, es el escenario de mis memorias más amargas y dulces.
Llego a mi apartamento, tengo antojo de comer dulces. Como todo lo que encuentro en mi cocina y no me detengo hasta llegar a vomitar, luego me voy a dormir. Me comí todo lo que había, sabía a soledad.
Soy tan miserable por querer echarte la culpa de algo cuando el único responsable de todo soy yo. No soy inocente por más que pretenda serlo, nunca lo he sido y me pregunto hasta el día de hoy, como es que alguien como tú pudo permitirse amarme. Aun después de tantos años puedo recordar el calor de tus abrazos en invierno, la ternura de tus cariños que en ese entonces solo me desesperaba pero que en este momento daría mi vida por sentirlos una vez más. Aunque me de miedo aceptarlo, hay veces en las que nuevas experiencias llegan a producir la misma calidez que sentía junto a tí, no se si sea bueno malo, pero si de algo estoy seguro es que no puedo volver a pasar por lo mismo, no estoy seguro de estar listo para volver a dejar a entrar a alguien.
Tú te has ido y yo me tengo que quedar. Sonriendo todo el tiempo para mantenerte fuera de mi mente. Paso todo el día en una niebla, intentando seguir mi camino a pesar de ya no verte. Sonriendo para olvidar que te extraño.
Dormir siempre ayuda a la mente a estar despejada y a concentrarse en el objetivo. Aunque hubiera preferido no hacerlo, es inevitable no soñar contigo en el triste escenario que es mi mundo interior.
Un tenebroso bosque muerto con un lago en medio que reflejaba una tenebrosa luna en sus calmadas aguas. Los árboles están muertos, con una ramas que parecen dirigirse hacia el congelado lago. Está caminando sin rumbo alguno en la ruta que la nieve no a cubierto, guiándose solo por la luz de la luna. Una helada brisa que choca con su decaído rostro lo obliga a ver al frente, no lo puede creer, es Mana, quién vestido de payaso está en medio del lago cantando hacia la luna aquella canción de cuna que solía cantarle.
Corre hacia él, llegando hasta el congelado río y tomando impulso para poder llegar hasta donde está su padre. Puede ver su reflejo a través del congelado mar, era su yo de 15 años vestido con el uniforme católico que solía vestir para ir a la escuela, le parece raro pero no le toma mucha importancia a aquello. Con todas sus fuerzas se lanza hacia el lago y aprovechando el impulso, llega con algo de dificultad hasta donde está Mana, quería lanzarse encima de él y abrazarlo con todas sus fuerzas pero algo en su interior se lo impide, como si su instinto le dijera que estaba a punto de caer en una trampa. Su padre parece confundido por su apariencia, pero de igual forma se acerca hacia él y le da la mano.
Inmediatamente él devuelve el gesto, Mana lo jala hacia su lado y ambos empezaron a cantar hacia la luna. Aquella canción tan triste que era la plegaria de un payaso y un niño abandonado. Al volver ver su reflejo, pudo ver a su yo de 12 años con la ropa de payaso que solía vestir, no pudo evitar sonreír al levantar su rostro y ver como Maná parecía reconocerlo, ambos comenzaron a cantar con más fuerzas, y en cuanto llegaron a la última estrofa, aquel payaso en frente suyo le abrazó con todas sus fuerzas.
El abrazo era fuerte pero frío, como si estuviera abrazando a alguien sin vida, un cadáver. No le importo si no era como lo recordaba, estaba al fin con Mana. De Repente la canción de fondo que los acompañaba se detuvo y el hielo en debajo suyo empezó a romperse, la actuación se había acabado y el telón se estaba cerrando. El cielo comenzó a caerse como si de nieve se tratase y la oscuridad se apoderaba el ambiente, vio por última vez el rostro de su padre y con lágrimas en sus ojos escondió su rostro en el estómago del otro, como cuando tenía 7 años.
La nieve por fin se rompió y ambos cayeron al agua, pudo sentir lentamente como se sumergía en la profundidad y como la oscuridad lo iba absorbiendo, aquella sensación que conocía tan bien y de la cual jamás llegaba a escapar. Abrazó más fuerte a Mana y en cuanto se sintió seguro de que al fin estaría para siempre con su ser amado, alguien lo agarró de su brazo y lo sacó del agua.
No quería eso, no quería alejarse de Mana, no era justo, al fin había logrado estar con él por la eternidad, pero aquella sombra oscura no lo dejaba caer, estar a su lado y hundirse con él. Mana estaba desapareciendo de su vista sumergiéndose en la profundidad del lago, quiso volver a entrar al lago pero la sombra no se lo permitía. Gritó y pataleó con todas sus fuerzas pero la sombra era más fuerte que él, su agarre lo estaba lastimando y en cuanto giró para enfrentarse a su enemigo, pudo ver como la sombra le sonreía y entre risas le dijo en un tono frío que el espectáculo se había acabado.
Al terminar esas palabras, las luces inmediatamente se apagaron y la soledad volvió a reinar sobre aquel muerto bosque que era su interior.
—¡Última parada estacion central de Edimburgo!
Paso a buscar compañía en cada juego, así es siempre. Alimentando el ego y orgullo, aflojando así los ceños fruncidos. Logro hacerlos sentir vivos, encuentros cortos y sucios. Soy un hipócrita y de largo muy fácil.
Despertar llorando y gritando ya no le era extraño. Jamas lo habia sido pero se preguntaba cuando seria el día en que aquellas memorias ya no lo atormentaran. Siempre los mismos sueños, los mismos personajes, los mismos escenarios, el mismo final. Al menos ya no eran tan frecuentes como cuando era niño, podía recordar cómo el miedo de no poder despertar de sus sueños le hacía imposible llegar a tiempo al baño. Después de tantas noches renegando con su Maestro por sábanas manchadas y gritos a media noche, al final de unos meses logró encerrar a sus demonios y controlar el efecto que tenían en su pequeño cuerpo. Odiaba la idea de que alguien se enterase de aquel pequeño detalle suyo, ya que tendría que dar explicaciones de lo que veía que tanto lo asustaba, o porque jamas habia buscado ayuda. Solo eran pesadillas después de todo, no había necesidad de tomarle tanta importancia o platicar de aquello. Se encontraba en un buen momento de su vida, y el pasado ya no podía dañarlo.
A pesar de siempre salir por la misma entrada hacia una ciudad preparándose para la navidad. Siempre se sentía perdido y no lograba orientarse por esas calles que ya habia recorrido años atras. No dejaba de golpearse mentalmente por todas las veces en que se había perdido o tomado los caminos equivocados, al parecer habían cosas que nunca iban a cambiar a pesar de los años. Allen al ver que no estaba nevando, consideró la idea de irse en pie hacia a aquel pueblo, como cuando debía ahorrar para pagar las deudas de su maestro. Pero su situación no era la misma de hace unos años, el tiempo es cruel y jamás espera por alguien, por lo que debía seguir caminando si quería seguirle el ritmo. Debía ir por la opción más rápida, porque en cuanto más temprano llegará, más temprano podría volver al trabajo y a lo que era ahora su vida.
Ya eran 6 años en que aquella cafetería al costado de la entrada de la estación se había vuelto un punto por el cual siempre pasaba cuando llegaba a la ciudad. La comida era buena, el ambiente era tranquilo a pesar de las fechas, y tal ves lo que más le llamaba la atención era ese piano que siempre paraba vacío.
Tú te has ido y yo me he quedado atrás, sonriendo todo el tiempo para mantenerte fuera de mi mente. Paso mis días tras esta máscara e intento seguir caminando, vuelvo a tropezar. Tengo que estar sonriendo toda mi vida, para olvidarme que te hecho de menos.
Por más que pretendo ser el mismo, hay cosas que he tenido que dejar a tras para seguir caminando. Lamento decirte que con el paso del tiempo he llegado a detestar tocar el piano, es uno de los muchos secretos que guardo por miedo a decepcionarte. Aun recuerdo lo mucho que añorabas volver a escuchar tocar a tu hermano Neah aquella canción de cuna que siempre cantabas. Siempre que veías un piano vacío, te esmeraste en enseñarme esa única canción que sabias tocar, junto esos códigos secretos que escondían los mensajes que no podías mencionar.
Desde ese entonces no he dejado de practicar para que el día que nos volvamos a encontrar, escuches una presentación de calidad y puedas volver a cantar. Me esforcé por sonar tan bien como cuando lo hacíamos juntos, aprendiendo melodía tras melodía, tocando nota tras nota, tratando de alcanzar la perfección de la que solías alardear de tu hermano. Pero por mas que lo intentara y practicará hasta que mis manos dejaron de responderme, mis melodía jamás llegaron a gustarme o cumplir con mis expectativas. Aquel día de tu funeral, fue la última vez que volví a tocar esa canción de cuna, como una despedida de lo que quise ser y demostrar hasta donde había llegado, pero simplemente no sentía lo mismo que cuando te sentabas a mi lado y jamás lo haré.
Por más que tratara de no volver a sentarme en aquel instrumento, o revelar esa información a mis conocidos, o poner cualquier excusa para no tener tocar alguna canción. Era imposible no perderme después de tocar la primera nota. Sabía que después de tocar, sentimientos como la culpa, la frustración, y la decepción llegan como disparos a mi corazón, recordandome que no importara lo mucho que me esfuerce, Mana jamás llegará a escucharme. Cuanto más alto me sintiera al tocar, más me dolería al caer en la realidad.
Tocaba cualquier canción que me llegara a la mente o lo que el público me pidiese. La verdad no importaba, las personas parecían a gusto al escucharme tocar cualquier melodía. Tal vez era porque ninguno tenía un lugar a donde ir por las fiestas y este café se había vuelto una especie de refugio para todos lo que deseaban no estar solos. Si ese era el caso, con mucho gusto seguiré tocando hasta que deba volver a continuar mi viaje, este era mi regalo hacia las personas que me prestaban atención, de un desconocido a otro desconocido.
Todo iba muy bien, tan bien como todos los años desde que este café abrió. Todas las personas escuchaban en silencio y por un momento sentí como a través de las notas me iba olvidando de mis problemas. De lo amargo y dulce que había sido este año, porque siento cosas que no debería, porque he roto todas mis reglas, y me he desviado del camino que había trazado.
—¡¿Moyashi?!
Dentro de la actuación que he creado, finjo que al final todo termina bien. No quiero llegar solo a casa, necesito seguir sonriendo para adormecer el dolor.
Eres un imbécil, el más grande que conozco y eres la última persona que esperaba ver este día. Es normal que seas más huraño de lo normal Kanda, merezco este trato después de todo lo que ha pasado y comprendo que para tí no sea correcto fingir que todo está bien entre nosotros. Pero tengo que ser sincero, desde el comienzo nada estuvo bien entre nosotros, y lo peor es que eso era lo que más me gustaba. No sé en qué momento aquel pacto silencioso entre nosotros se fue al demonio, pero supe desde el comienzo que ese día llegaría, pensaba que estaba preparado, pero no supe cuan equivocado estaba hasta que llegó ese momento, nunca imaginé lo mucho que me afectaría, que me dolería.
—¿Y?
—Se que tu vocabulario es limitado pero ¿Podrías ser más específico?
—Imbécil ¿Qué opinas de lo que estás leyendo?
Al parecer Kanda no tenía mucha paciencia el día de hoy, podía notarlo por su tono de voz y rostro que no estaba de buen humor, aquello ya no le sorprendía. Ahora que lo pensaba mejor, el japonés jamás estaba de buen humor.
—La información que me dan es muy superficial y los cuerpos no han pasado por una autopsia, lo único que puedo decirte es que los asesinatos fueron cometidos por una misma persona
—Los expedientes están incompletos y la información es muy técnica, como puedes afirmar lo que me has dicho
—Si ves detenidamente las fotos podras encontrar esos pequeños detalles
—¿Qué puedes decirme del asesino?
—Por lo que puedo ver, el individuo que estas buscando es zurdo, posiblemente sufra de algún trastorno y haya dejado de tomar su medicación recientemente, y no es una persona muy fuerte físicamente, en los tres asesinatos ha utilizado algún tipo de herramienta para acabar con la vida de las víctimas
—Es todo lo que necesito saber
—Con un gracias es suficiente Bakanda. Estas fechas empeoran tu humor, no es mi culpa que no celebres la navidad
—Tocar un piano en un bar no es muy navideño, a donde demonios se fue la entidad que te poseyó en el cuartel
—Hablas como si tener espíritu navideño fuera diabólico, no hay nada de malo querer celebrar estas fechas, por ejemplo tú deberías estar en la casa del general Tiedoll comiendo soba
—Cállate y no opines de lo que no sabes idiota, si no hubiera aceptado este caso, nadie lo hubiera hecho hasta después de las fiestas.
—Es muy triste que casos como estos ocurran en fechas como estas, pero el crimen nunca descansa y es nuestro deber como oficiales resolver estos casos. Si necesitas ayuda, no dudes llamarme Kanda.
—¿Ya te vas?
—Está claro que no me dejaras entrar al caso, y tengo que llegar a ese pueblo lo más antes posible.
—Hay un toque de queda en el pueblo y el clima esta de la mierda. Un moyashi como tú terminará enterrado bajo la nieve y no pienso recoger tu cadáver, quédate y espera hasta que atrape a mi sospechoso.
—Al paso que va la investigación me quedaré todo el año en este café, necesito llegar a ese pueblo y lo siento, no puedo esperarte
—¿Porque tanto apuro Moyashi? Acaso alguien te espera
—Mi nombre es Allen y no, pero si puedo de ser ayuda, con gusto me pongo a trabajar
—¿Qué le pasó a tu mano?
—Nada, solo un pequeño golpe...— sintió como su mano izquierda fue jalada sorpresivamente por aquellas fuertes manos que casi hicieron que se tirara sobre la mesa. Quería reprocharle a Kanda que le devolviera su mano, pero al sentir en contacto de su piel con el suyo, simplemente se quedo cayado.
El guante cayó en la mesa, las vendas quedaron al descubierto, y los moretones en su mano se hicieron evidentes. Con mucho cuidado Kanda comenzó a examinar su mano, moviéndolo hacia delante y atrás con mucho cuidado. Aunque los movimientos eran suaves y delicados, provocaron que un pequeño sonido escapara de sus labios, al parecer el efecto de los analgesicos se le estaba pasando.
—Maldito mentiroso, esto no lo produce un pequeño golpe
—Me cerré la mano con una puerta, no es tan grave, solo necesito seguir poniéndole hielo y ponerme una venda
—Moyashi tu mano esta cagada, no me puedes ayudar y no pienso cuidarte en toda la misión.
—Solo me duele la muñeca, con los analgesicos comunes el dolor es tolerable y mis dedos están en su cien porciento, puedo agarrar un arma y hacer mi trabajo
Kanda parecía analizar la situación y evaluar el valor de sus palabras. Conocía muy bien ese rostro, era el único que tenía para el mundo que lo rodeaba, siempre molesto y con el ceño fruncido, como si odiara la presencia de cualquier ser vivo que se cruzara en su camino, y el mundo jamás fuera suficiente para él.
—Escuche que eras un patólogo forense antes de ingresar a la orden y que de vez en cuando realizas autopsias cuando no hay personal
—Idiota yo fui quien te lo dijo cuando falleció el último médico forense y Komui me propuso apoyar en algunas autopsias hasta que contraten al nuevo médico
—Eso paso hace un año...solo han contratado inútiles sustitutos temporales o llevado los cuerpos a morges externas, nadie cumple con los requisitos que pide la orden.
—La verdad no me molesta, por algo terminé estudiando esa carrera, el único problema es que a veces se cruza con mis misiones de agente
—Simplemente deberías decir que NO, moyashi estupido. No entiendo porque los ejecutivos no contratado un nuevo médico forense, ni que fueras el único en el mundo que pudiera realizar autopsias.
—No lo se, pero creo que es más conveniente cuando podemos aplicar nuestros estudios con los casos que resolvemos, por ejemplo tu tienes un doctorado en ingeniería...
—Puedes callarte ¿Como mierda sabes eso? Voy a matar a ese conejo del demonio por abrir la boca
—Ví tu diploma colgado en la oficina del general Tiedoll, y no hay nada de malo en eso, es más creo que es bueno que un Bakanda como tú sea alguien muy aplicado
—Jodete, eso no es importante ahora ¿Cuanto tiempo te demoraría hacer una autopsia?
—Viendo las imágenes, en dos horas te puedo dar la causa de muerte exacta y los detalles relacionados. Claro que con el papeleo y los formularios podría tomarme más tiempo, pero si logras que manden los papeles a la orden, los llenaré en cuanto llegue a Londres
—Necesito que hagas tres autopsias, yo me encargo del resto y es posible que más tarde venga un médico a la estación para que te ayude
—Entonces no hay tiempo que perder, vamonos a la estación
—¿Vamonos? Voy a llamar al detective para que te lleve a la estación, terminas las autopsias y me dejas tranquilo de una vez— sabia el porque de esa actitud y las razones del porque estaban como estaban, pero eso no lo hacía menos doloroso. Pero soy una persona que cumple lo que promete, no me seguiré metiéndome en tus asuntos y conservaré mi distancia contigo.
Es lo mejor para ambos aunque no termine de gustarme, no se porque se me hace tan complicado alejarme de tí, normalmente estoy acostumbrado a la soledad y a que las personas a tomen rumbos distintos a los míos, pero por alguna razón sigo extrañandote. Algo me pasa, estoy seguro, pero no debo pensar en eso. Lo que pienso no es importante y sé que tampoco lo quieres escuchar, no sirve de nada seguir pensando en lo que pasó y lo que hubiera pasado. Debo seguir pretendiendo y sonriendo para seguir las cláusulas del silencioso contractor que firmamos.
—Como gustes, iré a la barra a pedir algo de comer
—tsk, no me sorprende de ti, Moyashi tragón
—Mi nombre es Allen, y Bakanda ¿Me podrías devolver mi mano?
—Arregla esa mano
Por raro que suene, el hambre no era la motivación principal para ir a la barra. Necesitaba alejarse y aclarar sus ideas, no podía seguir ahí, quería saber más del caso y ayudarle. Normalmente no se preocupaba en ayudar a Kanda en sus casos, ese maldito pese a su fría actitud era uno de los mejores agentes de la orden y con más experiencia en en el campo. El pueblo de Edinstown no era un lugar al cual le gustaba regresar, detestaba la sola idea de caminar por esos campos llenos de maíz y a través de aquel bosque muerto que rodeaba el pueblo. A las justas podía pasar unas cuantas horas en ese lugar, hasta que el dolor en su pecho era tan insoportable que no le dejaban respirar. Ese lugar no era bueno por naturaleza, sabia que la justicia jamás iba a estar a favor de los inocentes, que el más fuerte siempre iba a abusar del débil, y nadie te iba a ayudar si no había algún beneficio de por medio.
—Buenas noches ¿Que te puedo ofrecer?—dijo un adolescente que llevaba puesto un disfraz de elfo
—Buenas noches, ¿Que paso con la chica que me estaba atendiendo antes?
—Su turno acabó hace unos minutos, pero no te preocupes, yo puedo atenderte
—Muchas Gracias, podrias darme una bolsa con hielos, y si no fuera molestia, podría usar tu botiquín
—Claro, no hay problema
Mientras tomaba asiento en la barra, pudo ver como Kanda salía con apuro de la cafetería con su celular en mano, al parecer tenía que responder una llamada, y con el humor que traía, cualquier cosa que le dijeran, lo haría explotar. Sentía un poco de lastima por las personas que tendría que tratar ese día con Kanda. Sus cosas ya no estaban en la mesa y las mesera ya estaba recogiendo la taza de café que había estado tomando mientras leía los expedientes. La puerta se cerró con el golpe del viento y aunque sus ganas de seguirlo eran fuertes, se aferró con más fuerza a la barra, no debía seguirlo, no era lo correcto, no debía caminar hacia esa dirección.
—Aquí está todo lo que me pediste, ¿Deseas algo más?
—No, muchas gracias
En cuanto recibió la bolsa y el botiquín, se puso a atender su mano. El sentir los hielos sobre los moretones, calmaba el dolor que había recibido en las últimas horas. Se sentía estúpido por haber tocado el piano sabiendo el estado de su mano, habían actitudes suyas que ni él mismo entendía.
—¿noche complicada?— Giro a su derecha y vio a un hombre sentado mirándolo atentamente, mientras tomaba su whiskey. Por su vestimenta y forma de actuar, parecía ser solo un turista esperando por su próximo tren, alguien que solo buscaba pasar el rato y que no tendría mayor relevancia en su vida, más que en ese momento . Pero no iba a negar, que la actitud de aquel joven llamaba su atención, llegando a distraerlo un poco.
—Un pequeño accidente con la puerta de un tren, nada grave
—Deberías ir a ver a un médico, un músico como tú debe cuidarse mucho de esos accidentes
—¿Crees que toco bien?
—Déjame decirte un secreto—El chico lentamente se acercó a su oído, y susurró lentamente—...he escuchado a muchos músicos tocando un piano, pero tú eres él único que me interesa conocer
—Que confiado—aquel joven tenía agallas—me gusta eso en un extraño ¿Eres nuevo aquí?
—Este es mi primera vez en este pueblo, con mucho viento y mucha nieve a mi alrededor
—Te vas a llegar acostumbrar, este clima nunca cambia durante estas fechas
—Con este clima solo se me antoja estar revolcándome en mi cama todo el día
—Nos acabamos de conocer y ya estas hablando de tu cama, no eres muy sutil que digamos
—La sutileza jamás a sido mi fuerte, pero dime, ¿que haces solo en este pueblo durante navidad?
—Trabajando, pero lamento no poder contarte lo que estoy haciendo, es información clasificada
—Yo estoy esperando mi tren, si todo sale bien en dos dias ya estare en otro pueblo, dime ¿Quisieras tomarte un copa mientras discutimos lo hermoso que tocas?
—¿Estás coqueteando conmigo, con un desconocido en un bar?
—No hay nada de malo en eso, despues que termines de trabajar, podemos salir a conocernos mejor si así lo deseas
—Allen Walker—dijo mientras le daba la mano y le daba un cálida sonrisa, de las que estaba acostumbrado a usar cuando se presentaba con alguien
—Mark Hilfiger, un gusto conocerte—respondió el joven mientras estrechaba su mano, aquel nombre le parecía conocido—¿Te gustaría ir a un lugar más cómodo?—Estaba a punto de responder a esa pregunta con alguna excusa o historia que pudiera desviar el tema. Sabía hacia a dónde se podría dirigir la conversación si le seguía dando cuerda al asunto, y este no era el momento indicado para hacer ese tipo de planes.
Aunque no descartaba la idea de encontrarse con ese joven después, estaba soltero después de todo y ya era hora que pisara tierra de lo que era su vida sentimental, jamas llegaria a tener algo serio con alguien y no estaba dispuesto a dejar entrar a alguien en su vida otra vez. Habiendo sobrevivido su inestable niñez, superado su complicada adolescencia junto a su maestro, caminando a través de su ajetreada vida adulta y los fracasos en todas sus relaciones, terminó concluyendo que aquello de echar raíces jamás sería lo suyo.
En cuanto una excusa vino a su mente, una persona se sentó a su costado y se metió en su conversación. Pudo sentir cómo las llamas de un aura oscura chocaban con su espalda y un chasquido que ya antes había escuchado, hizo que las palabras se quedaran atoradas en su garganta. No sabia que era lo que ese idiota tenía que con solo sentir su presencia, algo en su faceta siempre perfecta y feliz se rajaba, y sensaciones que creía muertas, danzaran a través de cuerpo. Detestaba el no saber el momento en que todo cambio dentro de sí, bloquearse cada vez que se preguntaba el por qué de todo lo que sentía, él por qué a veces se ponía ansioso por escuchar algunas palabras, se sentía nervioso por algunas acciones, y llegaba a ser vulnerable cada vez que llegaban a sus límites.
—No, ese Moyashi tiene mucho trabajo que hacer y estamos en medio de una investigación, ¡así que piérdete!— En ese momento quiso que la tierra se lo tragara y que todo fuera una simple pesadilla, debía encontrar una forma de salir vivo de esta situación.
—Disculpa, ¿quién eres?—preguntó el joven buscando una respuesta en el rostro de Allen, quien mantuvo la calma pese a la situación que se encontraba.
—Te acuerdas del trabajo clasificado que te mencione antes...bueno él es parte de mi trabajo y tengo que ir a ayudarlo...disculpa si te sentiste ofendido, mi compañero no ha dormido
—¿Compañeros tu y yo? ¿trabajo clasificado? ¡Si le mencionaste algo del caso te mato, y te uso de abono para mis plantas!
—Cállate Bakanda, me tocas y tus plantas se quedan sin dueño y tu cadáver sin cabello
—Me gustaría ver eso imbécil, tienes mucha confianza en tí y en tu jodida mano
—Con una mano me es suficiente para esconder tu cadáver y vender tu cabello
—Nadie se va a enterar de tu existencia cuando acabe contigo, ni siquiera el imbécil que está a tu costado
—Metete conmigo idiota, no con el resto…..y ¿que haces aca? No que estabas ocupado y que querias que te dejara en paz trabajando
—Eso te hubiera gustado, pero te recuerdo que tù pediste estar en el caso, así que despídete de tu choque y fuga, y ven conmigo ahora mismo que no tengo toda la noche
—No digas ese tipo de cosas y controla tu vocabulario...,y ¿que paso con el plan original?
—Como jodes moyashi, vámonos ya, o es que necesitas que te arrastre
—Disculpen…—ambos con miradas asesinas se dirigieron hacia el joven, quien retrocedió unos pasos al ver que había llamado su atención—Allen veo que estás muy ocupado, pero si estas libre después de atender a tu amigo, aquí esta mi numero—con algo de temor agarró el la tarjeta del joven, no quería ni imaginarse lo que Kanda estuviera pensado de él ahora mismo, no es que estuviese haciendo algo malo o haya dejado de lado sus objetivos, pero la sensación de culpa y duda lo inundaba, aun sabiendo que no le debía explicaciones.
—¡Sigues aqui! Vete que nos estorbas y ya apurate moyashi—dijo Kanda saliendo del café y dejandolos solos, aquella era la señal de que enserio ya debía irse.
—Gracias y lamento lo sucedido
Se despidió del joven con una sonrisa, agarró su maleta y con mucha prisa Allen salió del café para seguir a Kanda. El frío había aumentado y los copos de nieve no dejaban de caer, inmediatamente se puso su abrigo y los guantes. A lo lejos pudo ver a Kanda parado con su celular en mano, viendo en la situación que estaba, se preguntaba el porqué habían salido de forma tan repentina o en qué momento los planes habían cambiado.
Rápidamente se acercó al punto donde se encontraba Kanda, pero se detuvo a unos metros de su destino. Con temor a romper la imagen en frente suyo, se quedó quieto viéndolo fijamente, repasando aquellas facciones que conocía muy bien. El japonés estaba intranquilo, insultaba al aire mientras veía su teléfono y ponía esa cara seria de estar buscando una solución a un problema que no tenía solución, en este tipo de casos era mejor darle su espacio.
Se pudo dar cuenta que Kanda no traía las ropas adecuadas para este invierno, sólo llevaba puesto el uniforme oficial de la orden, pero tomando en cuenta como era él, sabía que nunca admitiría o se quejaría del frío.
Bajó su cabeza, y observó cómo los copos de nieve que caían del oscuro cielo se posaban en las solitarias y frías calles. Dejando de ser únicos, olvidando quienes eran, volviéndose uno más del resto. Esperó en silencio unos minutos hasta que sintió que Kanda salió de sus pensamientos y se dió cuenta de su presencia y del lugar en donde se encontraban. Levantó su cabeza sus miradas se cruzaron, y a través de ese silencio creado por las vacías calles, ambos supieron que no enfrentarían este caso solos.
—Bakanda, puedes explicarme qué hacemos en medio de la calle muriendonos de frio
—Habla solo por tí, el protocolo exige que utilices el uniforme en cada misión., más te vale que lo tengas en esa maleta
—Hubieras dejado que me cambiara en el baño del café, si me das unos minutos…
—Ni hablar, no hay tiempo, tendrás que cambiarte en el auto
—Eso lo discutimos después, ahora explícame qué pasó con el plan anterior, o porque volviste
—Recibí una llamada de la estación, al parecer un conductor vio a alguien sospechoso caminando por las afueras del pueblo, cerca a la entrada de un conocido bosque...
—Bosque de la muerte, parte de ese bosque está pegado a la carretera que te lleva de Edimburgo hacia el pueblo de Edinstown...ahí podrías empezar a buscar.
—Vamos al auto, vas a llevarme hasta ese lugar y a buscar alguna pista útil para el caso
—No sería mejor que yo me fuera a realizar las autopsias, mientras tu buscas con los demás oficiales, puede ser que a través del miedo se pongan a trabajar
—Me había olvidado lo idiota que eras, si revisas tu celular te darías cuenta que no hay buena señal a causa del clima
—Entonces volviste porque no sabes cómo llegar a ese lugar y querías que te ayudará, necesitas mi ayuda ¿no Bakanda?
—Cierra la boca, no tenía muchas opciones, eras tú o los inútiles de los oficiales, además eres un agente especial, esta es tu obligación, no me estas haciendo ningun favor
—Me siento halagado…. no perdamos el tiempo entonces ¿donde esta el auto?
—Sigueme
El carro estaba estacionado en el parqueo de la estación, pudo al instante reconocer cuál era el vehículo,el lugar estaba completamente vacío. Ambos llegaron al auto, pero antes de que Kanda pudiera agarrar la puerta, un fuerte viento los golpeó a ambos hacia el carro. A las justas pudo sostenerse para no resbalar a causa del impacto, pero de alguna forma se las había arreglado para agarrar del brazo a Kanda y evitar que este no se resbalara.
—¿Qué haces?—preguntó Kanda de forma seria, observando atentamente como lo agarraba de su brazo. Su rostro le era indescifrable en ese momento, no sabía si de verdad estaba molesto o es que estaba poniendo su cara de siempre, pero era obvio que buscaba una respuesta.
—Evitando que te cayeras y te lastimaras alguna uña, se lo delicado que eres—dijo sonriendo y con algo de burla en su voz, aquel momento le era muy incómodo y ni siquiera podía explicar porque lo había hecho. Kanda estaba bien agarrado de la puerta y era imposible que se cayera.
—No soy tan débil como tú, así que ya suéltame y ponte a trabajar
—Antes de subir, debo decirte que...no tienes la ropa adecuada para este invierno y si quieres te puedo prestar algo de ropa para que estas más cómodo
—¿Que te hace creer que tengo frío?
—El uniforme que llevas puesto no está diseñado para este clima, el año pasado vine como tú estás vestido y me terminé congelando
—No necesito ayuda, sube al auto—era un inútil por pensar que alguien tan huraño como Kanda aceptaría algo de ayuda o si quiera admitiera que tenía un problema. Pero la idea de que estuviera pasando frío por su maldita terquedad, no dejaba de rondar por su cabeza, y sin pensarlo hizo algo que tal vez provocaría que su cadáver terminará por ahí tirado en la carretera.
Se subió al auto con paso decidido y aprovechando que Kanda no le estaba prestando atención, sacó una elegante chalina roja de su maletín y con mucho cuidado de no alertar al japonés, se la puso en el cuello. Esto provocó que Kanda se volteara de inmediato y lo mirara con un rostro asesino. Sabía que era hombre muerto pero no iba a retroceder, no lo había hecho antes y no lo iba a hacer ahora.
—Que mierda es esto
—Una chalina
—¿Porque me la pones?
—Te puedes enfermar, y es una prenda muy sencilla de utilizar, además combina con el uniforme.
—Sacamelo, no lo quiero
—No seas terco, estás temblando y el carro va a demorar en calentar
—Sacamelo
—pero...
—¡Ya me tienes harto, haz lo que te digo por una puta vez en tu vida!
—Lo siento, no pensé que te molestarias tanto—respondió con una sonrisa vacía en su rostro
Al parecer ya no le quedaban más fuerzas para seguir discutiendo, ese día lo estaba dejando mentalmente estaba exhausto, cansado de mantener las apariencias, y tener enfrente a Kanda no lo ayudaba a seguir su espectáculo, justo el día en el que necesitaba aferrarse más a aquella máscara.
Se acercó lentamente a Kanda, dejaría que se quedara con la última palabra, y le quitaria esa chalina. Estaba a punto de tocar esa prenda, cuando sintió como lo agarraron del brazo y se detuvo de inmediato.
—¿Como puedes?—sabía a lo que se refería con esa pregunta, ese tono de voz y la mirada penetrante, eran señales que volverían a tocar ese mismo tema.
—Ya lo discutimos en su momento y acordamos que seríamos profesionales con el tema
—¡No ha pasado ni un mes! y finges que todo está bien, como si nada hubiera pasado, mostrando esa asquerosa sonrisa por toda la orden
—¿Hablas de la anterior misión o de lo otro?
—¡Tú que crees!
—¿Desde cuándo sonreír está mal?, además es la primera vez que nos vemos desde aquel día, ya parece que no trabajas en la orden
—He estado ocupado, pero eso no justifica tu actitud
—¡Tù eres el único que está con una actitud de mierda!—se separó al sentir cómo las palabras amenazaban con salir de su boca, como si de vómito se tratase. No quería perder el control y menos decir cosas que después termininarìa arrepintiéndose.
Se tiro rendido en el asiento y dio un suspiro, preguntandose porque simplemente no decía que estaba bien e inventaba alguna excusa, sabía que Kanda por orgullo no le seguiría insistiendo, no era usual de él preguntar tanto y menos mostrar interés. Esta situación lo hacía sentirse raro, como si tuviera mucho que contar pero no sabía por dónde empezar, estaba confundido por sus reacciones y el porque le dolía tanto callar.
Kanda encendió el carro sin prestarle mucha atención a sus acciones, la verdad agradecia esos minutos de silencio para ordenar sus ideas y descansar su mente, ya que ahora era su turno de empezar la conversación.
—Lo siento, no fue mi intención reaccionar de esa forma o decirte esas cosas. Por favor dime exactamente qué es lo que te incomoda y vere como podremos arreglar esta situación
—Nunca llamaste
—¿Hubieras contestado?
— No
—¿Querías que te llamara?
—Siempre lo hacías, al final siempre me llamabas por alguna estupidez
—No había nada estupido que contar
—No me jodas, siempre tienes algo que contar, no hay forma de callar esa boca tuya
—Creo que me quede sin ideas al final, además pensè que querías tu espacio después de lo que pasó en la misión y con nosotros
—¿Que te hace creer que necesitaba espacio?
—¿Hablas enserio? Te fuiste al día siguiente de nuestra charla, a una misión al otro lado del mundo y solo sabíamos de ti cuando dabas algún reporte, como no querías que asumiera que necesitabas tu espacio
—Ese siempre a sido mi ritmo de trabajo
—El mio tambien es asi y no he desaparecido del mapa, mira no esta mal que quieras tu espacio, lo entiendo y no me molesta...incluso creo que esta bien que nos enfoquemos en nuestros caminos...
—Mentiroso
—No miento
—Eres tan obvio, estas tan molesto conmigo como yo lo estoy contigo, te pasaste todo este mes en la orden resolviendo casos de otros, pretendes que estar bien para que todos olviden lo que pasó, y eres incapaz de cumplir lo que me prometiste.
—¿Qué crees que estamos haciendo? Tenemos que buscar una solución, no más problemas
—Evitas tocar el tema y tus malditos problemas, Esto es una pérdida de tiempo, volvamos al trabajo...
—No estoy molesto contigo Bakanda, no te estoy mintiendo
—Siempre mientes, por eso me cagas y seguirás cagando no importa lo que hagas
—Dime algo que nuevo porfavor...y si miento ¿que? a ti en que te afectan mi forma de actuar o lo que yo haga
—Me vale una mierda lo que te pase, pero tus acciones afectan las misiones y no estoy para cuidar de un suicida en negación
—Nunca te pedí que me cuidaras y aun no entiendo porque te pones de esa forma, la anterior misión fue un éxito y los rehenes fueron salvados, y no me arrepiento de lo que hice porque logré salvar a una persona.
—Te felicito, eres el agente del año, quién no quisiera trabajar contigo, un maldito escudo humano que se preocupa de todos, hasta de los muertos que abre
—No me considero un ejemplo y la verdad no ingresé a la orden para serlo. Te vuelvo a repetir lo que te dije en nuestra primera misión, estoy dispuesto a dar mi vida en cada misión, salvar la mayor cantidad de personas y de asegurar de que todos regresen a casa al finalizar el dia
—No me queda paciencia para escuchar tanta idiotez en una oración, haz lo que quieras con tu vida, si quieres vuelve a hacer la estupidez de la misión pasada, solo ten en cuenta que esta vez estás solo
—Bien, me parece perfecto que no lleguemos a nada
—Tsk, bien
—Bien
—Cierra la boca
—Cierrala tú
—Callate o te boto del carro
—Porfavor, hazlo
Recostó su cabeza en la ventana del auto buscando algo de soporte para no dejar que las palabras y recuerdos lo afectarán. De qué servía tratar de arreglar algo que definitivamente nunca tuvo forma para él, era obvio que a Kanda ya no le importaba en lo más mínimo lo que había pasado entre ambos, no estaba obligado a hacerlo y para ser sincero, era mejor que tomara esa actitud. No quería seguir hablando de algo que ya había superado, que no debía ser recordado, que había aceptado la culpa y guardarìa aquel dolor y error consigo, como castigo por fallar en sus promesas y ser alguien ordinario que no podía salvar a alguien.
No quería cerrar sus ojos, peleaba con todas sus fuerzas contra la cálida imagen de la nieve para no cerrar los ojos en ese momento y ver sus rostros en la oscuridad.
Siempre se sentía cansado pero nunca sabìa porque, su cuerpo le pesaba a pesar de no haber hecho ningún esfuerzo físico y la cabeza le daba vuelta. Tal vez cambiar de posiciòn sería una buena idea para no quedarse dormido, pero no quería que Kanda lo viera así, y se diera cuenta de lo pasaba por su cabeza. Ni siquiera verse el mismo, ese reflejo perdido en frente suyo que le recordaba que el mundo nunca espera a nadie, que no debía olvidarse de seguir caminando.
—Despierta Moyashi, ¿dónde está el bosque?
—Estoy despierto Kanda, solo sigue adelante y no te detengas
—Estas hablando dormido...mirame—hora de volver a usar la máscara, ya había descansado suficiente y no era el momento de pensar en él, debía trabajar y ser útil. Levantó su cuerpo como dejando de lado que sentía y vió el rostro de Kanda que seguía viendo hacia la pista.
—Estoy bien, yo te aviso cuando lleguemos
—Mas te vale que no nos hayamos perdido o te voy a mandar a la mismísima mierda, necesito indicaciones
—Solo ve de frente y cuando veas que los campos de maíz acaban y los árboles secos comienzan a aparecer, sabrás que estás cerca.
—Todo está cubierto por la nieve, no se ve nada
—Entonces no me estes jodiendo y busque a alguien mas que te guíe
—¿Y dices que no estas molesto? Mira quien tiene el humor de mierda ahora
—Si Kanda, tengo un humor de mierda porque estoy cansado, asi que no me tomes importancia y sigue manejando—porque demonios se estaba comportando de esa manera, debía conservar la compostura y actuar normal.
— ¡Callate, un Moyashi como tú no va a venir a darme ordenes!
—Solo maneja y simplemente no me hagas caso, no creo que se te haga complicado hacer eso
—¿tienes familia en el pueblo?
—No creo que esa informaciòn sea útil para el caso Bakanda...¿no crees que el paisaje es hermoso?
—No cambies el tema, me importa un demonio lo que hagas en estas fechas, pero si habian rumores en el pueblo sería útil saberlos
—No
—No que
—Legalmente mi maestro es lo más cercano que tengo a un familiar, de ahí no conozco a nadie más
—Ese tipo esta loco, que jodido debe ser tú
—No está tan mal, no tengo que llamarlo o preocuparme en reunirme con él. Los más probable es que esté en algún bar bebiendo, trabajando en algún caso, o haciendo ambas cosas al mismo tiempo
—¿Que clase de religioso es ese? Hasta yo sé que el 25 es una fecha importante para los católicos
—No lo se, yo lo conocí así…Creo que ya es hora de llamarlo, a esta hora normalmente cierran los bares
—No que no tenias que llamarlo
—No tengo, pero de igual forma quiero hacerlo, siempre lo llamo por estas horas
En los 15 años que conocía a su maestro, jamás compartió una cena navideña con él, algún intercambio de regalo a media noche, o sentarse a conversar acerca de lo que había pasado en el año. Era raro, con todo lo que habían pasado, en cierto modo se consideraban una familia, aunque jamás se comportaron como una y estaban lejos de hacerlo. Pero eso nunca le había molestado, ambos no tenían tiempo para esas cosas, o para fingir querer estar con el otro. Tan solo necesitaba una llamada, para calmar la preocupación de que si seguían vivos, desearse buenos deseos entre insultos y reclamos, y si no estaban muy ocupados, comentarian donde estaban o que estaban haciendo.
Ahora que veía su celular sin señal para hacer una sola llamada, sabría que tendría que dejar esa llamada para más tarde.
—Hey
—¿Que pasa?
—Las cenas navideñas son aburridas y si eso de pasarlo en familia no es lo tuyo, no te pierdes de nada
—Eso es lo menos ofensivo que te he escuchado decir este año...Feliz Navidad Bakanda
—Che, como te odio imbécil...Feliz Navidad Moyashi
—Mi nombre es Allen, detente por favor
—¿Porque?
—Como que porque, ya llegamos al bosque
Tal vez debió ser más claro o indicarle a Kanda donde estacionarse. Frenar en seco a mitad de la pista, casi hace que salga volando del carro si no fuera porque tenía puesto el cinturón de seguridad. En cuanto el carro se detuvo completamente, ambos salieron rápidamente del auto. Busco a Kanda para formar un plan de búsqueda y decirle de paso lo mal que conducía, como demonios se le ocurría frenar de esa forma.
Cuando Kanda le comento que tendrían que salir a buscar pistas en el bosque, pensó que no tendría problemas a la hora de fingir no conocer la historia de ese lugar o pretender que todo estaba bien, todos los años pasaba por esa carretera que bordeaba las afueras del bosque y caminaba viendo como esos árboles muertos eran cubiertos por la nieve. Pero ahora que se encontraba parado al costado de la carretera, frente a ese bosque al cual no había entrado desde que era un niño, sintió como la presión en su pecho comenzaba a aumentar y una voz en su cabeza le decía que corriera, porque no tenía la fuerza suficiente para encerrar sus demonios, que ya lo estaban esperando y se le estaba haciendo tarde.
—Oi, Moyashi te puedes apurar, o ya te arrepentiste
—Para nada Bakanda, solo pienso cómo deberíamos desplazarnos en este bosque, tenemos que cubrir la mayor cantidad de terreno en el menor tiempo posible, creo que vas a tener que pedir refuerzos de los policías—no sabía si Kanda se había dado cuenta de lo que pasaba en su cabeza o si su rostro por unos segundos había reflejado lo que sentìa en ese momento, solo esperaba que la sonrisa que le había mostrado fuera lo suficientemente convincente para que no ser descubierto.
—Tsk, esos policias son unos inutiles, no confío en sus habilidad
—No seas terco, el tiempo está en nuestra contra y este bosque es grande, necesitamos ayuda
—Si agarras señal, llama a este numero y pídele al detective que mande refuerzos a nuestra ubicación, ahora entremos a bosque
—Creo que deberíamos buscar por nuestra cuenta para cubrir más terreno
—¿Eres idiota o que? Ya vas trabajando dos años en la orden y sigues hablando como un novato
—Entonces ilumíname con tus experiencia BaKanada, ¿cual es tu plan?
—No tenemos una forma de comunicarnos, no pienso buscarte si te pierdes y con lo jodida que está tu mano no vas a poder disparar, así que me vas a seguir y a obedecer mis órdenes—como siempre, a ese idiota le gustaba tener el control de la situación, pero tenía razón en lo que decía. Aunque hubiera sido más fácil decirle que podían perderse y que era mejor ir juntos, pero así era Kanda.
—No perdamos el tiempo entonces, te sigo
Kanda entro al bosque inmediatamente, adentrándose en esos árboles muertos cubiertos por la nieves. No quería entrar pero no tenía opción, le había dicho a su compañero que lo iba a seguir, era hora de alejar esos miedos y recuerdos que no le servían para resolver el caso. Con mucho pesar en su cuerpo, encontró fuerzas para adentrarse en ese bosque, mentalizando solo seguir a Kanda y no separar de su lado, de buscar al sospechoso y encontrar las pruebas necesarias.
Dolía caminar pero iba a soportarlo. Ya habia recorrido por estos lugares antes hace muchos años, pero no por eso lo hacia mas facil
"Si te caes, levantate que la vida no va a esperar a que dejes de llorar, no dejes de caminar"
Pasaron 10 minutos caminando hasta que Kanda se detuvo y se giró a verlo. Estaba serio y lo estaba viendo con esa mirada de que algo no estaba bien.
"Solo quiero seguirte a ti, volver a caminar contigo, seguir los pasos que dejabas en la nieve"
—Si no estás comprometido con este caso, lárgate y no me hagas perder mi tiempo—no entendía porque Kanda se había detenido de repente, no era momento para conversar, debían seguir adelante, no quería estar quieto en ese lugar.
—¿Que te hace creer que no estoy comprometido?
—No te veo concentrado, dime que te pasa
—Nada
—Has estado con una cara de tarado desde que entraste al bosque, y no te has dado cuenta que hemos pasado por ese árbol dos veces
—¿Enserio?
—¡No! Ve al carro antes que te parta la cara por ser más idiota de lo normal
—Te estoy siguiendo porque confío en que sabes a donde estamos yendo, por eso no le preste atención a esos detalles, así que deja de quejarte y continuemos caminando—estaba dispuesto a seguir caminando y dejar de lado cualquier enfrentamiento, pero en cuanto dio unos pasos sintió como Kanda le agarraba fuertemente la mano y le lanzaba esa mirada que solo lo hacía sentirse más confundido.
No sabía cómo describir la forma en que lo miraba, si es que ya había llegado a su límite y esperaba una respuesta de él para no matarlo, o es que estaba harto de escuchar que estaba bien y quería un respuesta sincera. La verdad no estaba seguro si era una buena idea comentarle a Kanda lo que le estaba pasando o sintiendo. Quien quisiera quisiera cargar con sus problemas y quedarse a su lado después de escucharlos, no quería ahuyentar a las personas, no soportarìa quedarse solo en ese bosque o sin su presencia.
—Suéltame, tenemos que seguir caminando...suéltame—intentò soltarse pero Kanda apretaba mas su agarre casi lastimandole la ùnica mano que le quedaba bien—¡Ya suéltame...tenemos que seguir caminando!—Estaba desesperado, no quería quedarse quieto en ese lugar, no estaba bien quedarse en ese lugar con sus recuerdos flotando, no podía verlo a la cara y pensar en la mirada incriminatoria de los árboles muertos.
—Estás temblando, respira y tranquilízate—le tomó unos segundos darse cuenta en la situación en que se encontraba, estaba dejando que miedos pasados tomaran control.
Hay veces en que pensaba que sus demonios eran cazadores, que sabían en qué días era más vulnerable a sus ataques y cómo engañarlo de caer en sus trampa. Bueno, el dia de hoy el era su presa y le estaban dando con todo.
En cuanto se calmó, vio a Kanda a los ojos y le dio esa sonrisa que sabía que le molestaba. Su respuesta fue su típico chasquido y le soltó la mano
—Gracias, me siento mucho mejor
—¿Me vas a explicar lo que te paso?
—Es este bosque, me trae muchos recuerdos de cuando era más joven
—¿Y por eso te pones así?
—Lo siento, se que no es profesional que me porte de esta forma, no volverá a pasar
—Esta charla no ha acabado Moyashi, hablaremos más tarde
—Es Allen, son cuatro letras, no es muy difícil de recordar—ambos volvieron a seguir el paso, solo que ahora caminaban juntos.
—Dime lo que sabes del bosque
—Gran cantidad de desapariciones, asesinatos sin resolver, y muchas leyendas urbanas, ¿te interesa escuchar alguna historia de terror?
—Sobre el garbanzo que fue asesinado por gracioso
—Relaja el ceño BaKanda, todos esos asesinatos tuvieron lugar hace más de una década y todos los desaparecidos son turistas y personas que no pagaron sus cuentas a tiempo, este el primer caso que se investiga por asesinato de menores
—¿Hubieron antes casos relacionados con niños en el pueblo?
—No lo se, pero hace como 20 años una red de tráfico de personas fue masacrada, al parecer fue un arreglo de cuentas y muchas personas fallecieron a causa de eso. Los policías nunca investigaron esta red hasta después de la masacre, algunas fuentes indican que fue porque hubieron autoridades y policías corruptas que no dejaron que este caso fuese investigado y no le prestaban atención. Hasta el momento no se sabe con exactitud qué fue lo que pasó.
—No me sorprende que ese pueblo está tan cagado
—Pueblo chico, infierno grande…¿tienes señal? Quiero informar sobre el estado de la investigación
—Ya lo hice, nadie me respondió, no tendremos apoyo de la orden hasta mañana
—¿Porque te mandaron solo? En este tipo de casos mandan a màs agentes o informantes
—Se suponía que solo ayudaría en un caso de menor amenaza, los policías no especificaron que estaban buscando un posible asesino serial
—Bueno al menos ya somos dos, pero aún estamos en desventaja. En cuanto vengan los oficiales iré a hacer las autopsias, tenemos que reunirnos con los padres de los niños desaparecidos y encontrar las conexiones.
—Yo haré las interrogaciones, lo que sabemos es que asesino es zurdo, es la primera vez que comete este tipo de asesinatos, posiblemente sufra de algún trastorno, y tiene secuestrado a los niños desaparecidos
—¿Si tuvieras que esconder un cadáver en este bosque, donde lo harias?
—¿Que mierda con esa pregunta Moyashi?
—No me digas que nunca lo has pensado, paras amenazando a todos en la orden con matarlos
Kanda se quedó mirándolo unos segundos, como si tratara de comprobar si era una broma lo que le decía o es que ya se había vuelto loco. Luego de unos segundos dejó de mirarlo y siguió caminando.
—Este lugar es perfecto para esconder un cuerpo, los árboles disimularan bien en cuento acabe el invierno y nadie pasaría por un lugar tan congestionado como este..ahora habla
—El asesino no quiso esconder los cadáveres o tratar de borrar sus huellas, dejo los cuerpo en lugares abiertos y públicos, tal vez si buscamos en lugar de este bosque que no esté tan lleno de árboles o pegado a algún camino, encontremos una pista.
—Si ese es el caso, vamos por este lado, los árboles van disminuyendo y el posible que nos encontremos con algo
Cada paso que daban, era un árbol menos hacia el destino que se dirigen ciegamente. Como dijo Kanda, cada vez hay menos árboles, por lo tanto la posibilidad de encontrar algo iba en aumento. A pesar de que debe encontrar pistas, en el fondo esperaba no encontrarse con algún cuerpo, no más muerte, no más tragedia, no más sufrimiento.
—Oi Moyashi
—Es Allen..¿Que pasa?
—Sigue asi
—¿Como, estamos yendo por el camino correcto verdad?—no entendía a lo que se refería Kanda con esas palabras, ya que volteó su rostro cuando le hizo esa pregunta y le llamó idiota por lo bajo. En el momento no se dio cuenta, tuvieron que pasar unos minutos en silencio caminando para darse cuenta de lo que había pasado. El japonés no solía ser así, dar cumplidos o apoyo no era lo suyo, y al parecer había dejado pasar la oportunidad de tal vez hacer su relación laboral menos incómoda, arreglar un poco lo que habían dañado por sus acciones y palabras.
—Hey Kanda, te queria preguntar si te sientes incómodo….
—No
—Pero que...
—No me siento tan incómodo con tu presencia, solo lo normal—estaba totalmente sorprendido y sin palabras. Trataba que su asombro no se reflejara en su rostro, no quería que Kanda se diera cuenta que le había leído sus pensamientos, y que había dicho las palabras exactas que necesitaba escuchar.
—Gracias...pero me refería a la chalina, si no te sientes cómodo, la puedo guardar.
—¿Es tuya?
—No, es….
—¡Quitame esta chalina! de aseguro es del tipo del bar, me das asco
—¡No imbecil, era un regalo!
—¡Eres despreciable Moyashi!
—¡Para ti!
—Mentiroso ¿porque me darías un regalo?
—¿Porque no? Somos camaradas...hemos sobrevivido a muchas cosas...y es mi forma de decirte gracias por cuidar mi espalda y por dejar que cuide la tuya—esperaba que sus nervios no sean tan evidentes, sentía su cara roja por la vergüenza y el corazón a mil, ni siquiera los fríos vientos lograban calmar el calor que comenzó a sentir.
Kanda no mostró ninguna expresión y simplemente se dio la vuelta para caminar más rápido, evitando así que pudiera ver su rostro. No se sentía triste pero sí decepcionado de no recibir ninguna respuesta, aunque ya se había hecho la idea de que el japonés reaccionaria de esta forma, o de alguna peor.
Había planeado entregarle esa chalina en otro momento, pero al parecer cuando se trataba de Kanda las cosas nunca le salían como planeaba.
—Sigamos adelante
—¿Te la vas a quedar puesta?
—No tienes tan mal gusto ¿donde la compraste?
—Eso no pregunta, es de mala educación
—No veo la etiqueta por ningún lado, dime la verdad a quien se lo quitaste
—No te voy a volver a regalar nada, esa va ser la primera y última prenda que voy a tejer en mi vida
—¿Un moyashi como tú sabe tejer? Solo falta que te salgan arrugas y eres toda una vieja
—Si te vas a poner así, mejor olvídate del resto de resto de tu regalo
—Che, me estas jodiendo
—Eso ya no importa, mejor concéntrate en la misión
—Che, como si me importara—ese BaKanda era un imbécil de primera que sabía como hacerlo enojar y perder el control, hasta parecía que le gustaba verlo así. Algo que le parecía raro, porque nadie quería verlo molesto, excepto tal vez de su maestro, pero ese era otro tema que dejaría para después—Oi Moyashi
—Es Allen, imbecil
—Mas te vale que de verdad sea la primera y última que le regales a alguien algo como esto
—¿Eh..? Eso ya no importa BaKanda, me tomó mucho esfuerzo y tiempo hacer una simple chalina, ni loco vuelvo a hacer otra.
—Que desperdicio de tiempo, te quedo bien y lo tiras todo a la basura por un berrinche
—Ni que fuera un niño, solo que vamos a estar muy ocupados este año, cada vez hay menos agentes y las misiones van en aumento, a este paso pasaremos a vivir en la orden
—Antes muerto que vivir contigo, asi que quitate esa idea de la cabeza
—Esa deberia ser mi línea, además no es que me emocione la idea de vivir contigo, me darían pesadillas todos los días
—Tsk, como sea...gracias
—¿Por estar de acuerdo contigo en algo? De nada
—Imbécil ¡habló de cosa roja con la que te voy a ahorcar!
—¿Te gusta?
—Callate…. no hueles eso...que asco—dijo Kanda tapándose la nariz y la boca—huele a sangre, la pista está cerca, ponte a buscar
—¿Escuchas eso? Creo que hay puercos cerca
—¡¿Puercos?!
—Baja la voz, los vas a espantar
Siguiendo el repugnante olor y el sonido de los violentos puercos peleando por comida, llegaron a un espacio libre rodeado de nieve. Los escandalosos animales amontonados al centro de esa superficie blanca, no se percataron de la presencia de ambos agentes. A simple vista parece que esos 7 cerdos perdidos en medio del bosque peleaban por un mayor trozo de comida, aquello le pareció raro, quien dejaría sueltos a este tipo de animales con este clima. La desesperación en los rugidos de esos cerdos eran tan escalofriantes, que junto con el penetrante olor, hicieron que el ambiente alrededor de ellos se tornara pesado y espantoso.
Algo que había aprendido con el pasar de los años es que el instinto más poderoso que cualquier ser vivo posee es el supervivencia. Sentir como una fuerza que creías no tener invade todo tu cuerpo y como el miedo se vuelve el motor para exterminar todo aquello que se interponga en tu camino, incluso estar dispuesto a hacer un pacto con el demonio para seguir aferrándote a la vida. Aquel instinto que parece ser el último recurso, consideraba que era una de las más peligrosas armas que podría poseer cualquier ser vivo, a tal extremo que lo consideraba tan letal como un arma apuntándole a su cabeza.
Estar atento a todos los detalles aún por más insignificantes que sean, era una regla que como patólogo forense debía seguir. Una habilidad que con el tiempo y experiencia había desarrollado, ser capaz de ver aquellas marcas que dejaba la maldad en el cuerpo de una víctima. Darles voz a aquellas personas que habían sido silenciadas y ayudarles a reclamar justicia.
A simple vista no dio con el origen del penetrante olor a sangre, pero al bajar su cabeza hacia las patas de los cerdos, pudo ver unas pequeñas manchas marrones. Sin pensarlo mucho, se comenzó a acercar lentamente hacia los animales, procuro no hacer tanto ruido, lo ùltimo que quería era que los animales lo atacaran.
Como si todo pasara en cámara lenta y todo a su alrededor se hubiera detenido, vió como diferentes miembros humanos eran devorados por los animales. Sus ojos no lo engañaban, el diminuto cuerpo en frente suyo era jalado y devorado por los animales, como si su supervivencia se tratara de devorar todo rastro de existencia e inocencia. De manera inconsciente se fue acercando hacia el cuerpo, sin darse cuenta que uno de los cerdos lo había detectado.
En cuanto se percató de la presencia del agitado animal a unos metros de él, se agacho y puso su brazo en frente suyo en señal de defensa, con su otra mano agarró lo primero que se encontró en el suelo, una roca algo pesada pero que era capaz de levantar con su lastimada muñeca. Odiaba la idea de hacerle daño a algún animal y si no fuera por la situación en la que se encontraba, tal vez les daría de comer a esos hambrientos animales. Pero aquel cerdo que iba corriendo hacia él iba con la intención de matarlo, y ambos querían sobrevivir.
Ahora se encontraba a unos segundos de los colmillos del cerdo hacia su brazo, estaba preparado para el dolor de los colmillos desgarrando su su piel y la sangre desparramandose en la nieve. Agarró con más fuerzas la roca y en cuanto el animal estuvo a punto de morderlo, el sonido de un disparo chocó con sus oídos provocando que por unos segundo escuchara ese pitido retumbando en su cabeza. El cerdo en frente suyo yacía en su frente con un hueco en la cabeza y los demás cerdos asustados corrieron en diferentes direcciones perdiéndose en el bosque sin dejar huella alguna.
Levantó su rostro y le dió un vistazo rápido a Kanda, quien guardaba su arma y se acercaba hacia la escena del crimen. De igual forma él se levantó y rápidamente se dirigió hacia el cuerpo en frente suyo. La escena era grotesca y estaba seguro que la persona que hubiera planeado algo como esto, debía estar realmente enfermo. La víctima era solo un niño quien en su incompleto rostro podía reflejar el más puro temor y miedo que cualquier ser humano enfrentaba al ver a la muerte directo a los ojos. Conocía bien esa mirada, ya la había visto antes, conocía bien ese sentimiento, porque la muerte era un amigo recurrente. Le daba tanta pena que una criatura tuviera que tener un destino como ese, nadie merecía morir de esa forma.
—Tsk, mierda llegamos tarde—dijo Kanda con rabia en sus ojos y algo de frustaciòn en sus palabras. Ambos compartían el mismo sentimiento de impotencia, el asesino había vuelto a ganar otra batalla y al paso que iban terminaron de perder la guerra.
—No, llegamos a tiempo, los cerdos no lograron devorarse todo el cuerpo...Tenemos que llamar a los policías para transportar el cuerpo, no hay tiempo que perder—respondió Allen mientras se levantaba y se alejaba del cuerpo.
—¿A donde vas?
—Voy al carro por mi maletín, necesito unos guantes y mis utensilios para tomar muestras del cadáver
—Yo voy por ellos, quedate con el cuerpo y ve analizándolo
—Gracias pero no es necesario, además quiero cambiarme de ropa, me salpicó la sangre del cerdo cuando disparaste.
—No me agradezcas que lo no lo hago por ti...tu sentido de dirección es terrible y no pienso buscarte, así que quédate y llama a la estaciòn.
—Solo no te demores mucho, este lugar es traicionero...y muchas gracias por lo de antes
—Como te vuelvas a acercar a otro animal de esa forma, y te jodes
—Solo no te demores por favor—dijo casi suplicando, estar solo en ese bosque junto a un cadáver no era que había previsto.
—Ok—respondió Kanda en un tono frío marchándose del lugar desapareciendo entre los árboles.
Perdón por la demora y el largo capítulo. En si me es muy complicado crear un dialogo entre ambos personajes, son tan diferentes pero al mismo tiempo tan iguales que me confunden y adaptarlo a una era más moderna, se me dificulta. Pero no importa, trataré de seguir metiendome en la piel de ambos personajes y contar esta humilde historia. Gracias si llegaste hasta este punto de la historia y duden en dejar preguntas o reviews.
Canción adaptada para esta historia Habits- Tove lo (Stay High)
