Flashback
12 años atrás, Hotel central de Escocia
—¡¿Porque mierda estas empapado aprendiz del demonio?!— dijo Cross abriendo la puerta del cuarto. Algo no muy común ya que Cross era muy estricto con respecto a los horarios libres que Allen tenía. Él no esperaba que le abriera la puerta o que incluso lo dejara pasar.
—Estaba haciendo mucho calor—respondió Allen entrando al cuarto temblando por el frío que le producían sus ropas empapadas con las bajas temperaturas de la noche.
—Estamos Otoño y apestas a agua estancada con sudor...¿porque llegas a estas horas? mañana tenemos que irnos a Oxford y estas hecho una desgracia
—Perdí mi casaca y no tuve dinero para regresarme...no volverá a pasar...voy al baño—dijo Allen mientras se dirigía al baño, pero se detuvo al escuchar como su maestro dejaba su copa de vino en la mesa
—¿Acaso dije que podrías retirarte?
—No, pero hace mucho frio y quiero sacarme esta ropa
—Ese no es mi problema, dime a donde fuiste y apurate que no tengo mucha paciencia
—Fui a un lago y me puse a nadar
—¿Fuiste a ese bosque?
—Si
—¿Porque?
—Me perdí en el bosque y llegué hasta un lago, sentí calor y me puse a nadar
—¿Con ropa?
—No pensé en lo que hacía y me deje llevar por la emoción de empezar la escuela de medicina…¿ya puedo cambiarme? Me estoy congelando
—Si no te conociera diría que solo eres un adolecente estupido, pero si no quieres contarme la verdad de tus planes suicidas, está bien porque no voy a obligarte
—Eso no es cierto Maestro...
—Pero déjame decirte que ya han pasado 6 meses desde el funeral y solo vinimos a esta ciudad para recoger unos documentos, no había motivos para que fueras a un lugar el cual no hay nada para ti.
No quería hablar de su padre con Cross, pero al menos le debía una explicación después de todo lo que le había ayudado cuando Mana enfermó y con los trámites del funeral.
—Solo quería despedirme Maestro...recordarlo...como era antes de...—Allen tuvo que parar de hablar por la dolorosas punzadas que sentía en su ojo izquierdo.
—¿Te duele?
—No, estoy bien solo estoy...cansado—el dolor iba en aumento que tuvo que poner su mano en su ojo para percatarse que no le estuviera pasando nada.
Sentía como si en cualquier momento la mitad de su rostro fuera a explotar, una fracción del dolor que sintió el día que conoció a Cross.
Un dia en un pueblo que ni siquiera recordaba el nombre, pasó lo que tanto temía, su peor pesadilla se volvió realidad.
Aun podía recordar las peores partes de ese fatídico día hace 3 años en que tuvo que separarse de Mana, no queria recordar ese día, porque no debía sufrir, no debía sentir dolor, debía olvidarse de ese día y seguir adelante, como se lo prometió a Mana.
No soy el único viajero que no ha pagado su deuda. He estado buscando un rastro que seguir de nuevo. Llévame de vuelta a la noche en la que nos conocimos.
Estuve tan cerca de estar a tu lado, pero tal vez es el destino quien ya no quiere que volvamos a estar juntos. Bueno en esta ocasión no coinciden nuestros universos, y de verdad lamento haber intentado romper nuestra promesa, u olvidar las enseñanzas que me dejaste. Pero entiende que se me imposible dejar de pensar en tí, han pasado meses desde tu partida y aun siento tu presencia, tu olor, incluso siento que aveces escucho tu voz. Disculpame por ser tan débil, y rendirme, no volveré a intentar buscarte, lo prometo.
No quería pensar en él, porque sentía que si se rompía, jamás iba a ser capaz de volver a unir los pedazos que quedaban. Solo quería irse a dormir, olvidar lo que pasó esa mañana y seguir hacia adelante. Ya pronto iba a empezar un nuevo capítulo en su vida y debía enterrar esos malos sentimientos, porque eso era lo correcto, era lo que Mana haría.
—Tú dolor a empeorando desde el funeral, si sigues así vas a tener que ir a un medico, ya han pasado 3 años desde el accidente y aun sufres de esos dolores
—El oftalmólogo dijo que son secuelas, solo tengo que ir a descansar y voy a estar mejor—dijo Allen con una sonrisa aguantando en dolor
—Eso te lo dijo hace 2 años...ya quiero verte cuando se te caiga el ojo...ve a bañarte, duerme, alístate, y ve a pagar el hotel en la mañana
—Perdí mi saco y ahí estaba mi dinero
—Ese es tu castigo por salir sin permiso, así que asume tus responsabilidades y busca una solución
—Mi vida es un castigo y usted ha sido una responsabilidad desde que lo conocí
—Considera esto como una enseñanza de vida...te da una ventaja más sobre el resto y si tienes suerte mis enseñanzas le enseñaran a alguien como tú como se debe vivir
—Sé que no soy de su agrado, pero ¿esta bien o necesita un café?
—Já..ya veremos en unos años que yo tenía razón, puedes usar la máscara de Mana todo lo que quieras pero eso no es vivir, usa lo que te queda de tu insignificante vida y haz algo productivo.
—En lo único que quisiera ser como usted es en su labor como agente
—Al menos no escogiste una carrera tan corriente, en este mundo cualquiera puede enamorarse o formar una familia y ser ciegamente feliz. Son muy pocos los que deciden dejar eso atrás y hacer algo más grande con sus vidas
—Está bien maestro, de todas no estoy en edad para pensar en esas cosas
—Me parece bien que tengas en claro lo que no tienes que hacer, no te crié para que fueras un cobarde de mierda
—¿Ya me puedo ir a bañar? Me puede decir todo eso cuando lleguemos a la universidad
—Vas a sobrevivir porque lo has hecho toda tu vida, pero eres un humano y en algún punto te vas a cansar de eso y vas a querer a empezar a vivir. A pesar de eso, no se te ocurra ser tan corriente como el resto y no dependas de nadie
—Si Maestro...¿Está borracho?
—Hasta el culo, en la mañana ten mi café listo y paga ese maldito hotel—dijo Cross agarrado la copa de vino de la mesa y yendo hacia el balcón, dejando a Allen solo en el cuarto.
—Ok, y muchas gracias por las palabras—le sorprendía que su maestro no se había molestado tanto como veces anteriores, esperaba un castigo mayor por llegar tan tarde, pero al parecer el hecho de que pronto iba a empezar la universidad lo había puesto de buen humor ya que no tendría que cuidarlo más.
Pero el buen humor de su maestro no daba para tanto, ahora tendría que apurarse en bañarse para ir a buscar dinero en algún bar o casa de apuesta para poder pagar el hotel. En qué momento se le ocurrió que era una buena idea saltar al lago con las rocas puestas en los bolsillos de su casaca. Había sido un maldito cobarde por dejar de luchar en contra de esos pensamientos, por intentar abandonar la promesa que le había hecho a Mana de seguir caminando.
Su maestro había sido muy claro, las personas no deberían depender de ninguna otra, porque al final es tan doloroso descubrir que siempre estuvimos solos. Con Mana había aprendido a odiar la soledad, pero en ese punto de su vida le era incapaz seguir viviendo sin al menos sentir que llevaba algo de su padre consigo. Sería mucho más sencillo volver a ser el de antes, pero no sabía como.
La sociedad es un baile de máscaras, en la cual una moralmente correcta apariencia da paso a la libertad y escape de las partes más oscuras e inhibidas del alma.
Fin del flashback
Estación central de Edimburgo 12:00 am
Se sentía tan cálido sentir los labios de Kanda besando su cuello, o que con cada roce como su cuerpo sintiera más calor, ese que necesitó hace mucho tiempo pero que ese idota se lo daba sin tener la intención de hacerlo. Estaba seguro de que se iba a arrepentir de dejar que sus sentimientos tomaran control de él, pero sentir como sus cuerpos se movían al ritmo de uno solo, no hacían más que excitarlo y aferrarse con más fuerza a la espalda de Kanda.
Los movimientos de Kanda eran bruscos, lo más probable es que después la espalda le doleria, pero en ese momento no le importaba las consecuencias que sus acciones traerían, porque quería disfrutar cada segundo que tenía con él y tal vez solo por un momento no sentirse tan solo.
Según los minutos iban pasaban, los movimientos se fueron volviendo más rápidos más intensos, descargando todo lo que mentalmente y físicamente en esos últimos segundos que faltaban para llegar a la cima. Sintiendo como final de su acto carnal estaba tan cerca, se aferraron más entre ellos y mientras se devoraban en un último beso, sellaron su acto y se dejaron sumergir en sus clímax.
Ambos se quedaron quietos en silencio unos minutos, escondidos en el cuello del otro mientras se recuperaban de tan placenteros orgarmos y se bajaban de esa montaña rusa de emociones.
Cuando el choque de realidad llegó a ellos como un golpe, ambos se separaron rápidamente y comenzaron a buscar sus ropas que estaban regadas por todo el carro.
Allen al ver lo sucio que se veía todo su abdomen y espalda por el sudor y fluidos, no tuvo otra opción que secarse con una pequeña prenda que guardaba en su maleta. Hubiera preferido tomar un baño para quitarse el olor a sexo o cambiarse de ropa al menos, pero para su mala suerte no habia alistado más ropa y no se sentía muy comodo estando desnudo tanto tiempo en frente de Kanda, así que solo empezó a vestirse cuando terminó de limpiarze
Bueno, no es que no se hayan visto desnudos antes en los vestuarios de la orden, incluso Kanda sabía lo de su brazo y las cicatrices de su torso, pero había una gran diferencia entre verse desnudos por casualidad en las duchas, a estarlo en un carro después de tener relaciones.
Además, que significaba lo que acababa de pasar, acaso era la forma de Kanda de despedirse de él por ser su última misión juntos, o simplemente se le cruzaron los cables y decidió olvidarse con quien estaba. No iba a negar que lo que acababa de pasar había sido incredible, pero ahora tenía más dudas de que es lo que Kanda quería de él y que era lo que él quería del japonés
¿Un amigo con derechos? ni siquiera eran amigos, y ese tipo de relaciones prefería no tenerlas con personas que estaban en su mismo ambiente laboral...Se sentía de lo peor, había roto sus propias regla, y ni siquiera estaba arrepentido
¿Amantes? Nada profesional, pero no tendrían que discutir sobre sentimientos o darse explicaciones. Era muy conveniente para ambos, pero cuando se acordaba que era con Kanda, la idea ya no le gustaba tanto.
¿Algo de una sola noche? Podría y no sería la primera vez que tuviera que hacerlo...tal vez esa había sido su intención desde el comienzo, y tomando en cuenta que lo hicieron en una carro como dos par de necesitados...Esa sería la explicación más obvia de lo que acababa de pasar, y si ese fuera el caso...como dolía pensar en esa idea.
¿Fingir que nada había pasado? Kanda aún no le había dirigido la palabra, y ni siquiera se había molestado en mirarlo…pero de verdad no quería olvidarse de lo que acababa de pasar, y si fuera por él, lo volvería a repetir…Ese idiota no sabia hablar, pero sí que sabía coger.
¿Salientes…? No, definitivamente Kanda no tenía esa clase de sentimientos por él, y no debía mezclar lo que él sentía con lo que acaba de pasar. Tendría suerte si Kanda le volvía a hablar o incluso a dirigir la mirada, y aquella duda era algo que le torturaba lentamente, la incertidumbre de no saber que iba a pasar después.
Ambos terminaron de vestirse en silencio y se dirigieron a los asientos de adelante. Sintió dolor en todo su cuerpo al cambiarse de lugar, en especial en su zona baja al sentarse, lanzó un pequeño quejido al sentarse, esperando que Kanda no lo escuchara, ese idiota se habia pasado de bruto y descuidado.
Kanda encendió el carro con rumbo hacia el pueblo de Edinstown, y Allen volvió a vendarse la mano, después de las autopsias, discutir con Kanda, limpiar la taza, caerse de las escaleras, hacerlo en un carro, el dolor de su mano ya le estaba preocupando.
Repetir el proceso de quitarse el guante, sacar las viejas vendas, aplicar un poco de hielo para calmar la inflamación, ver si su mano aún tenía movilidad, fingir que estaba todo estaba bien para que Kanda no hiciera preguntas, era tan doloroso. No tuvo otra opción que dejar su mano pegada al hielo y esperar a que el dolor bajara un poco, de esa forma sería capaz de vendar su mano.
—¿Cómo demonios te hiciste eso?—preguntó Kanda sacándolo de sus pensamientos
—Me cerré la mano cuando me subía al tren, pero no se veía así de mal
—¿Esta rota?
—No, los moretones son debido al golpe y el dolor en la muñeca puede deberse a una pequeña fisura o esguince. Siempre he tenido problemas con mi muñeca desde que he sido joven
—¿Porque?
—¿Eh? ¿A que te refieres?
—¿Que hacías de joven para que terminar así?
—Nada que no haga hoy en día, pero cuando era joven no solía hacerle caso al doctor cuando me decía que me tomara un descanso de mis actividades, sufría de tendinitis y me lesionaba mucho de las muñecas
—No me sorprende, eres tan terco como una mula
—El burro hablando de orejas
—Moyashi bruto...Antes nunca te quejaste de tus manos
—Bueno eso es porqué deje de hacer algunas cosas para recuperarme, y cuando estoy en el trabajo utilizo muñequeras debajo de mis guantes
—Pero ahora no las estás usando
—No estaba trabajando y me las olvidé en mi apartamento
Después de esa pequeña charla, ambos guardaron silencio el resto del viaje hacia el pueblo. Algo que en un inicio Allen hubiera considerado como un momento muy incómodo, después de esa pequeña charla se sentía muy cómodo estando cerca a Kanda. Se sentía tan bien saber las cosas no tenían que cambiar las cosas entre ellos, que podía estar tranquilo aunque sea por esta misión.
Se sentía tan cálido, lo suficiente para calmar un poco el frío que había estado sintiendo hace tantos años, y sentirse seguro de cerrar sus ojos por unos segundos.
Entonces me puedo decir a mí mismo, ¿qué demonios se supone que debo hacer? Y entonces me puedo decir a mí mismo, que no debo ir contigo a dar una vuelta.
Tengo miedo de preguntar, pero aún más de conocer tu respuesta. Me parece un lindo detalle de que me hayas preguntado sobre mi mano aun después de todo lo que pasó. Eres todo un enigma para mí, jamás sé lo que vas a hacer después o que es lo que estás pensando, y mira que normalmente no tengo problemas en leer a la gente. Ya que en el mundo que me crié, tenía que estar un paso adelante de las personas que me rodeaban. Ahora me pregunto ¿porque tú? Qué es lo que te hace distinto al resto, porque eres capaz de hacerme sentir como alguien que murió con Mana.
"¿Porque tan triste?"
"Tsk ¿Quien dice que estoy triste?"
"Te estás frotando los labios, no dejas de perderte en tus pensamientos, y tus ojitos están brillosos"
"Dejame solo payaso tonto"
"¿Otra pesadilla?"
"No...solo no tengo sueño"
"Los niños que no duermen no crecen...ven, déjame contarte una historia para que te duermas"
"Yo no soy un bebé para que me cuentes viejas historias"
"A todos les gusta una buena historia y esta te va a encantar"
"Si lo hago me vas a dejar tranquilo"
"Te lo prometo"
Estar cerca de tí era tan cómodo que no importaba si dormíamos bajo la nieve, el frío ya no era un problema, lamento haber sido tan terco por no habertelo dicho o aprovechar cada momento juntos.
"Vamos, cuentame la historia ¿si?"
"Miren quien está muy emocionado por una historia...no te olvides de tus modales Allen"
"Que molesto...Por favor Mana cuéntame la historia, si no fuera mucha molestia para usted"
"Que lindo eres cuando te enojas...Había una vez un payaso conocido como Pagliacci….."
Lo tuve todo de ti, y luego la mayor parte de ti, un poco y ahora nada de ti. Llévame de vuelta a la noche en la que nos conocimos. No sé lo que se supone que debo hacer, atormentado por tu fantasma. Llévame de vuelta a la noche en la que nos conocimos.
—¡Hey, despierta imbecil! ¿Donde y cuanto falta para la misa?
No podía creerlo, se había quedado dormido y esta vez no era él quien se había despertado gritando.
Acaso ese idiota de Kanda no podía tener algo de tacto a la hora de levantarlo, en verdad estaba teniendo un buen sueño, uno muy bueno para las fechas en que se encontraba.
Lentamente abrió sus ojos hasta que se acostumbró a la luz del ambiente, y con la mano derecha comenzó a sobarse la cara para ver si de esa forma se le quitaba el sueño que traía encima. Ni siquiera quería ver a Kanda, porque en ese momento no sabía de lo que era capaz si ese idiota le decía otra palabra.
Después de unos segundos en que volvía a tierra firme, se percató que Kanda había tenido la brillante idea de parar el carro en la entrada del pueblo y despertarlo con un grito que posiblemente se podía escuchar hasta la ciudad.
De verdad no tenía ganas de levantarse, pero estaba en medio de una misión y aún quedaban tres niños que dependían de sus decisiones. Por esta ocacion le pasaría a ese idiota la pequeña bajeza que le habia hecho, habian cosas más importantes que volver a pelear con Kanda.
—¿Cuanto tiempo me quede dormido?
—20 minutos, apurate, responde mis preguntas—exigió Kanda un tanto molesto, algo que le pareció raro ya que era él quien debería estar molesto, no ese imbécil. Bueno de que sorprendía, asi siempre había sido Kanda, además le sería muy incómodo si lo tratara de un forma completamente distinta a su carácter huraño, malhumorado, e impaciente de siempre.
Claro que habían límites y a ese BaKanda parecía encantarle romperlos todos.
—La iglesia está donde encontraste el tercer cuerpo y faltan 10 minutos para que empiece la misa—dijo Allen sobándose la sien. Kanda al escuchar lo que tanto había pedido, encendió el carro y continuó con rumbo hacia la iglesia
Tenía el sueño ligero, no había necesidad de despertarlo de esa forma y darle el susto de su vida.
El final de su viaje fue corto y silencioso, algo muy acertado para calmar su mal humor y estirarse un poco. Esa siesta era lo que necesitaba para recuperar las horas de sueño perdidas que había invertido en ese caso, además recordar con un sueño cuando Mana le aun estaba asu lado, si que le sacó una verdadera sonrisa.
Al llegar a la iglesia, Kanda estacionó el carro en una posición que le daba una vista completa de quienes iban entrando a la iglesia y ver si alguien cumplia con las características del dibujo. Todas las personas que entraban a la construcción iban vestidas de negro por el luto, y cada famlia traía camida o algun producto de primera necesidad.
A pesar de que se podría ver como una desventaja que ellos solos fueran a la iglesia, este era la mejor oportunidad que tenían de tomar desprevenido al sospechoso. No había oficiales cerca que pudieran pudieran alertar al asesino, por lo tanto le harian creer que seguía teniendo el control, y al ser su ropa de color negro, pasarian desapercividos entre el monton de personas.
Claro que siempre era mejor prevenir que lamentar, y no iba a dejar que su cabello sobresaliera entre la multitud. Aprovechando que Kanda estaba muy concentrado en las personas que ingresaban a la iglesia, agarró su maletín y empezó a buscar entre los bolsillos algo que le sirviera para cubrir su cabeza, no podía usar su anterior ropa ya que estaba manchada con sangre de puerco y no podía usar la de repuesto porque estaba llena de sudor y fluidos. Así que no le quedaba de otra que quedarse con su uniforme hasta que llegara a Londres.
A punto de darse por vencido, sacó una viejo turbante negro de uno de los bolsillos de uno de los bolsillos. Lo acercó a su nariz y empezó a olerlo para ver si era verdad era vino lo que emanaba de esa prenda.
Ese turbante era suyo, de hace nueve años, de la vez en que viajó a la india con su maestro y en una de sus típicas borracheras, Cross le lanzó una botella de vino por prender un cigarrillo.
—¡¿Porque mierda hueles ese trapo sucio?!—acaso ese BaKanda no podía iniciar una conversación sin sacarlo tan bruscamente de sus pensamientos.
—¿Porque siempre haces eso?
—¿Que?
—Despertarme de forma tan brusca
—Nunca antes te habías quejado...además te la pasas perdiendo el tiempo y desconcentrado
—Sabes que, olvidalo, no sirve discutir contigo…¿algún sospechoso?
—No, pero ya todos están en la iglesia
—Aún quedan unos minutos antes de que empiece la misa ¿algo más que quieras discutir? Antes de que empecemos
—¿Quien es Pagliacci?—preguntó Kanda mirándolo de reojo manteniendo su rostro serio de siempre, como si fuera indiferente de lo que pasara alrededor. Pero por el tono de su voz se podía dar cuenta que estaba molesto, y posiblemente incómodo de hacerle esa pregunta
Un momento ¿como Kanda sabia de ese nombre? No podía ser una coincidencia que ese idiota le preguntara eso derrepende ¿acaso había hablado dormido? ¿que tanto había escuchado?
—¿Donde escuchaste ese nombre?
—Lo llamaste suplicando mientras dormías
—¿Y cual es el problema?
—El problema dependerá de lo que respondas, Moyashi idiota, así que responde
—Un payaso, y mi nombre es Allen
—¿Que?—al parecer esa no era la respuesta que Kanda esperaba escuchar ya que se puso más furioso y lo miraba como si fuera un broma
—La historia del payaso Pagliacci, el hombre deprimido que hacía reír al mundo
—¿Que nombre de mierda es ese para un payaso?
—No lo sé, creo que es payaso en italiano…¿Que más escuchaste mientras dormía?
—Eso no importa—respondió Kanda dándose la vuelta para alistarse, al parecer ahora ese BaKanda quien estaba cansado de hablar.
—Es enserio ¿que escuchaste?
—Tsk...pero que molesto eres
—Kanda, porfavor
—¡Nada!, solo estabas sonriendo diciendo Mane, o Mama...ya te calmas
—...—intentó mantener la compostura para evitar que Kanda sospechara y preguntara sobre ese tema. Al menos ese idiota no le había atinado al nombre y no parecía interesado en conocerlo. Pero sí que había sido descuidado en quedarse dormido, en adelante debía evitar ese tipo de situaciones.
—¿Quién te contó esa historia? ¿Fue el tal Mame?
—No me acuerdo, pero de aseguro fue un buen sueño
Si que lo había sido, uno que desearía soñar siempre si pudiera controlar sus sueños
—Hey, antes de que te pierdas en tu cabeza ¿para que vas a usar ese trapo sucio?
—Mi cabello podría llamar la atención y no queremos que el sospechoso sepa que estamos ahí, así que me voy a cubrir mi cabello con este turbante—respondió Allen poniéndose el turbante como si fuera la capucha de su casaca.
—¿Te van a dejar entrar así?
—La casa del Señor nos acepta a todos, incluso a unos pecadores como nosotros
—Prefiero irme al infierno...¿tú?
—Yo solo quiero un lugar donde pueda dormir—solo quedaba un minuto para que empezara la misa, y ya estaba listo para ir a la iglesia, solo le faltaba vender su mano.
—Dame eso—exigió Kanda dirigiendo su mirada hacia su mano.
Sorprendido de tal petición, le paso su mano a Kanda inmediatamente al ver que no estaba bromeando. Se había preparado mentalmente para el dolor sumado con el brusco tacto que el japonés siempre tenía con él. No esperaba amabilidad de su parte pero al sentir lo suave que eran sus manos y el delicado trato que le estaba dando, la preocupación se fue desvaneciendo.
La muñeca le dolía mucho, pero de alguna forma Kanda logró apretar lo suficientemente fuerte la venda para inmovilizar su mano sin tener que hacerle sufrir tanto.
—Muchas gracias
—Procura no moverla, y cuando acabe la misión lleva tu culo al hospital
—Vendas muy bien ¿ya lo habías hecho antes?
—Ya tenemos que irnos—dijo Kanda alejándose de él y volviendo a su semblante serio. Al parecer había tocado un recuerdo muy delicado. A Allen le intrigaba saber qué era lo que hacía que se pusiera de eso forma, y como si hubiera presionado un botón de reseteo, Kanda volvió a ser ese cerrado ser sin sentimientos.
—Espera...¿Que te lastimabas?
—Vámonos—Ahora el tono de su voz era más serio, y ya no se mostraba tan amable como antes. Kanda no quería tocar el tema, y lo mejor en esos casos es dejar el tema de lado.
—Bien, procura no quemarte cuando entres
Ambos salieron del carro a paso rápido y se adentraron en esa iglesia que estaba a punto de cerrar sus puertas. Al salir se percató del hostil frío de la mañana, los copos de nieve que caían eran cada vez más gruesos y la temperatura parecía descender a medida que avanzaba el día. Se preguntaba dónde estaban los niños, si aquella decisión decisión era la correcta, o si había firmado su condena, porque era conciente que si el asesino no los mataba, lo haría este frío.
Las autopsias mostraron desnutrición en los cuerpos, y tres de los niños estaban a puertas de contraer una pulmonía. El tiempo era la peor tortura para esos pequeños, quienes en este punto deaseguro estaban esperando a la muerte.
La iglesia estaba repleta, como si todo el pueblo hubiera acomodado para caber en aquellas cuatro paredes. La iglesia era bien humilde, no habían muchos cuadros ostentosos, el oro no resaltaba en las decoraciones, y al ya no quedar sillas para sentarse, muchas personas estaban apoyadas en las paredes de la iglesia.
Todo el mundo estaba cantando los cantos de alabanza mientras esperaban a que el padre saliera para comenzar la misa. Ambos iban a irse a unas de las esquinas de la iglesia cuando a lo lejos Allen escucho como alguien lo llamaba por su nombre.
Era el Señor Klein con su hija, quienes estaban sentados en unas de las primeras filas de la iglesia. Aquello sí que lo sorprendió, al parecer el turbante no había logrado esconderlo por completo de la vista de sus conocidos. Le quiso pasar la voz a Kanda, pero vió que este se había quedado parado en la puerta de iglesia.
—Kanda, el señor Klein nos está llamando, creo que no ha guardado unos asientos
—Yo me quedo acá, tengo un mejor panorama
—¿Quieres que te acompañe?
—No, ve con el hombre
—¿Estas seguro?
—Vete
Dejando a Kanda en la puerta, se apresuró a llegar con el hombre. No estaba molesto con Kanda a pesar de la actitud de mierda que se traía, estaba acostumbrado a tratar con personas con esa clase de humor de los mil demonios, un ejemplo muy claro sería su Maestro y lo cruel que a veces llegó a ser con él.
Además, en caso el sospechoso quisiera escapar, Kanda tendría toda la ventaja para atraparlo. Lo mejor en esta ocasión, era estar separados y esperar que todo saliera como habían planeado.
—Buenas tardes Señor Klein y Señora Olivia...siento mucho la situación a la que se están enfrentando
—Buenas tardes Allen, y muchas gracias por su visita...no esperaba que viniera—dijo la señora muy sorprendida de verlo
—Olivia, yo le avise de la misa y le pedí que viniera...Muchas gracias por su apoyo—dijo el hombre dándole espacio a Allen para que se sentara junto a ellos
—No tiene nada que agradecer...estoy aqui para todo lo que necesiten
—Su compañero ¿no va a venir?
—No se siente muy cómodo junto a mucha gente y prefiere no faltarle el respeto a los fieles— los cantos cesaron al ver que el padre salía del sacristía y avanzaba en paso lento hacia el altar, todo el mundo se sentó en silencio. En un mirada rápida Allen vio lo que Kanda, quien no había cambiado de posición desde que había entrado a la iglesia.
—¿Es usted creyente? Porque si no se siente cómodo, puede quedarse sentado escuchando toda la misa—dijo el hombre en un susurro
—No se preocupe...pienso usar toda la fé que me queda en rezar por el bienestar de los pequeños—dijo Allen bajando la cabeza y juntando sus manos, para comenzar a rezar entre susurros que él solamente podía escuchar.
Cuando la noche estaba llena de terror, y tus ojos se llenaron de lágrimas. Cuando todavía no me habías tocado. Llévame de vuelta a la noche en la que nos conocimos
No sabía si había alguien o algo omnipotente ahí afuera que controlara cada paso que daba, o si en verdad Dios tenía idea de su existencia, pero si de verdad estaba siendo escuchado, un poco de ayuda para recuperar a los niños sanos y salvos les sería muy útil. Que aquellas almas que habían sido secuestradas por la injusticia, volvieran al hogar donde descansaba el amor de sus seres queridos.
No era creyente y jamás en su vida lo había sido, pero por el simple hecho de vivir con Cross, quien fue padre en su juventud. Toda su convivencia de alguna forma también estuvo relacionado con la iglesia. Algo que siempre le pareció raro, ya que su maestro era la el ejemplo de la vida que la iglesia no aceptaba, pero de igual forma, no importara el lugar o país donde se encontrase, Cross siempre estaba relacionado con la iglesia o relacionaba sus estudios con la religión.
Al final no todo fue malo, al menos pudo practicar el piano en los días que no había misa, o ayudaba al coro cada vez que necesitaba practicar.
Ya había pasado un buen tiempo desde la última vez que asistió a la iglesia, desde que tuvo que arrodillarse a rezar en frente de un montón de estatuas, repetir cada frase que el padre anunciaba, y sentarse en silencio a escuchar versos que la biblia que ya había leído antes. Esta ocasión era distinta, ya que debía estar atento de cada persona, mirar disimuladamente a quienes podían ser sospechosos.
—¿porque tan triste?—preguntó el hombre un poco preocupado, algo que sorprendió a Allen de escuchar la misma pregunta por segunda vez.
—¿Disculpe?
—Cuando reza no se ve tan feliz como siempre, parece como si se perdiera en sus recuerdos
—Estoy bien, no tiene porque preocuparse
—dijo Allen mostrándole una delicada sonrisa y tratar de calmar las dudas del hombre
—Ok—el hombre parecía algo inquieto como la primera vez que se vieron, y con todo lo que había pasado era obvio que el hombre tenía algo que decir.
—¿Se siente bien?
—¿Como van con la búsqueda?
—No puedo hablar de la investigación, pero le puedo decir que estamos avanzando...¿cómo se siente con respecto a todo lo que está pasando?
—Ha sido una pesadilla desde que mi nieto ha desaparecido, me siento tan mal por los padres que han perdido a sus hijos, pero está la posibilidad que mi hija se vuelva uno de ellos y eso me esta consumiendo
—Veo que se siente muy afectado, la situación que su familia está enfrentando quizá lo hace sentir solo, como si usted tuviera la obligación de cargar con todo el dolor de su familia, y no ve una luz al final del camino
—No se que hacer, Olivia es la única hija que se quedó en el pueblo y mi esposa tuvo un preinfarto por la noticia, soy yo quien tiene que hacerse responsable
—Lamento escuchar lo de su esposa señor Klein, su familia está pasando por un prueba muy complicada, y es posible que esta situación deje una marca en ustedes, no es justo lo que les está pasando
—No lo es, mi nieto no culpa de nada, de nada...—lagrimas empezaron a salir del hombre, quien puso su mano en su rostro para secarlas y evitar que alguien se percatara de su llanto. El hombre no parecía calmarse a pesar de sus intentos y las lágrimas empezaban a salir más rápido de su rostro.
El hombre parecía al borde de romper en llanto, pero Allen le rodeo con uno de sus brazos y le dio su mano.
—Señor Klein entiendo su dolor por la desaparición de su nieto, no debe fácil mantener la esperanza con el pronóstico, y tener que ser fuertes por el bien de sus seres queridos. Si necesita un momento para llorar, hágalo, que estoy aquí para apoyarlo a usted y a su familia—el hombre escondió la mirada con su mano, y las lágrimas continuaron cayendo por unos minutos más, pero logró calmarse lentamente.
—Muchas gracias por sus palabras, por favor ayudenos a encontrarlo
—Haremos todo lo que esté en nuestras manos para encontrar a William y los otros niños
—Tengo tantas historias que contarle a mi nieto, el mejor regalo de navidad sería volver a verlo y contarle acerca de mis viajes
—Una buena historia….— en medio de su respuesta Allen sintió una profunda punzada en su ojo, trató de no prestarle atención pero el dolor se hizo más fuerte. Lentamente se separó del hombre, y puso su mano en su ojo izquierdo.
—¿Se encuentra bien?
—Si, solo me duele el ojo...ya me estoy sintiendo un poco mejor
—¿necesitas que llame a un médico?
—No, voy a estar bien, ya estoy acostumbrado
—¿Esta seguro?
—Si, voy a ir a tomar un poco de aire
Lo tuve todo de ti, y luego la mayor parte de ti, un poco y ahora nada de ti. Llévame de vuelta a la noche en la que nos conocimos. No sé lo que se supone que debo hacer, atormentado por tu fantasma. Llévame de vuelta a la noche en la que nos conocimos.
Nunca supe el origen del dolor de este ojo, si en verdad es una reacción de mi cuerpo ante el trauma o secuelas de ese accidente, simplemente no lo se. Pero no podía dejar que esto interfiriera con mi trabajo, después de todo solo era dolor, no es que físicamente se viera perjudicado.
Sentía que necesitaba salir antes de preocupar más al hombre o llamar la atención del resto, intentó ser rápido y discreto pero por accidente al intentar salir por el costado se chocó con el hombre que recogía las limosnas.
Ambos cayeron al suelo, pero siendo Allen el primero en pararse, fue a recoger el cepillo con el dinero y ayudó al hombre a pararse.
El dolor de su ojo ya no le importaba, de todas formas con el golpe aquello de salir había pasado a segundos plano. Incluso el turbante se había movido lo suficiente para mostrar su cabellera
—Disculpe ¿se encuentra bien?
—Mira por donde caminas la proxima joven, su imprudencia pudo ocasionar un accidente que pudo haber parado la misa, por favor siéntense y no se pare hasta que acabe la misa—dijo el hombre muy molesto.
Por las vestimentas negras que llevaba, se pudo dar cuenta que era una batina católica lo que ese hombre llevaba puesto. No era muy alto, y su apariencia era muy delgada, como si no hubiera estado alimentándose correctamente. Su rostro era arrugado y el poco cabello que le quedaba eran solo canas. Ese hombre daba la apariencia de que no había sido feliz por mucho tiempo.
—No era mi intención molestar al resto ¿como se llama Padre?
—Padre Hozier para usted jovencito, por favor paseme el cepillo y deje todo el dinero ahí—según él no tenía pinta de ratero, pero de aseguro no era la primera vez que alguien intentó pasarse de listo con el padre
—Por supuesto...espere un momento...—sacó de su bolsillo el primer billete que encontró y lo puso en la bolsa del cepillo—...no se preocupe, todo está en la bolsa
—Como diga, con permiso—dijo el hombre quitándole el palo de las manos y tratando de pasar
—Espere, me gustaría presentarme con usted Padre—le fue algo complicado por estado de su mano izquierda, pero logró sacarse rápidamente el guante de la mano derecha y guardarlo en su bolsillo
—Estoy ocupado joven, no moleste
—Me llamo Allen Walker, un gusto conocerlo—dijo pasándole la mano y tratando de mostrar una sonrisa muy amable
El hombre lo miró de pies a cabeza y como si fuera una obligación, le respondió el saludo y le dió la malo.
La mano del hombre era fria y muy callosa, al mirarla se dio cuenta que estaban moradas y con algunos moretones en los dedos, bajo un poco más su mirada y se percató más de las vestimentas del hombre. Se pudo dar cuenta que la sus ropas estaban sucias y sus zapatos parecían manchados de tierra. Como andaba vestido, cualquiera se hubiera dado cuanta que no se había cambiado la ropa en días. Al enfocarse un poco más en el hombre, se percató lo rasgado que estaba su vestimenta a la altura de su cadera...Demonios
—Suéltame la mano, ahora—haciendo caso omiso a los molestos gruñidos del hombre, Allen le apretó más la mano para evitar que se escapara
—¿A estado trabajando últimamente en la nieve Padre?
—¿Quien es usted?
—Agente Allen Walker de la organización Black Order
—Me alegro por su labor en ayudar a los niños, pero ya suélteme
—¿Cómo se siente?
—De qué hablas, tengo que irme—dijo el hombre jalando su mano, pero fallando en el intento
—Su mano, si usted desea puedo chequearlo afuera con mi compañero
—No, sueltame Allen
—Insisto, no queremos interrumpir la misa ¿verdad?—el hombre lo miró con enojo, intentando con más fuerzas liberar su mano. Después de tantos intentos fallidos, y algunas miradas curiosas que giraban a ver la escena, el Padre se detuvo y lanzó un suspiro como si estuviera cansado del forcejeo.
Al parecer el Padre había decidido rendirse, ya no tenía esa mirada prepotente y había calmado su mirada.
—¡Llamen a la policía, este fenómeno intenta hacerme daño!—con el palo del cepillo el hombre golpeó fuertemente a Allen apuntando a la cabeza, pero dándole justo a la altura del ojo izquierdo.
Aprovechando el momento de duda de los presentes y la confusión de Allen por el golpe, el hombre se liberó de su agarre y salió corriendo en dirección a la sacristía de la iglesia.
Todo el mundo comenzó a acercarse hacia donde Allen había caído, la misa paró dando lugar a que todo el mundo empezara a hablar al mismo tiempo, creando un alboroto que solo creó más confusión entre todos.
Intentó pararse para perseguir al hombre, pero la cabeza le daba unas vueltas que le hacían incapaz de ponerse de pie por sí solo. Los gritos de las personas no hacían más que entorpecer y marearlo al punto de producirle náuseas, y como si fuera en cámara lenta pudo ver el rostro de todo el mundo apuntando hacia él. Quería gritar, decirles a todos que no era el espectáculo de nadie, que lo dejaran solo, que no cayeran en la trampa del asesino.
—¡¿Qué fue eso imbécil?!—con dificultad se enfocó en la persona que hacía esa pregunta, era obvio que era Kanda, por el tono de voz y porque era la única persona que se le ocurriría insultar en una iglesia sin descaro.
—Hozier, hombre de 40 años, corrió en dirección hacia la sacristía ¡vé, corre, atrapalo!
—¿De qué hablas? ¿donde queda eso?
—El sospechoso corrió hacia la habitación que está al costado del altar...—si antes sentía que iba vomitar, ahora estaba seguro que se iba a desmayar. Kanda no esperó a que terminara de hablar, ya que rápidamente se agacho y lo cargó en su hombro como si fuera un costal de papas. Por los bruscos movimientos en cómo su cabeza se movía, Kanda debía estar corriendo lo más rápido que podía y mientras iban pasando por la multitud escuchaba a lo lejos a algunas personas que se quejaban y otras que los insultaban.
Al llegar a la habitación, se dieron cuenta que esta estaba vacía y el hombre no se encontraba ahí. Kanda con Allen aún en su hombro comenzó a moverse de un lugar a otro en busca de pistas.
El hombre debería estar en ese lugar, él había visto cómo se dirigía hacia esa dirección. Allen intentó quitarse de la espalda de Kanda, pero la gravedad no estaba de su lado y cada movimiento le daba más náuseas. Cuando creía que iba a perder el conocimiento, pudo ver un viejo cuadro que era del tamaño de la mitad de la pared. Tantos años asistiendo a misa, y no podía creer que estuvo a punto de dejar pasar ese importantísimo detalle
Con su mano, golpeó la pierna de Kanda lo más fuerte que pudo.
—Detrás del cuadro, puerta
Como si un demonio lo hubiera poseído, Kanda arrancó el cuadro de un solo movimiento. Había una vieja puerta que estaba en medio de la pared pero que estaba cerrada con seguro. Aunque eso no evitó que Kanda con todas sus fuerzas de una sola patada rompiera la puerta. Corrió por ese oscuro pasadizo que lo dirigió hacia una entrada, y al salir se percataron que estaban cerca a la puerta principal de la iglesia.
Sentir el frío viento en su rostro logró mantenerlo despierto, Allen aún no podía creer que había tenido al sospechoso tan cerca, y no había sido capaz de atraparlo. Todo había pasado tan rápido que sentía que todo había sido parte de su imaginación, pero el tacto del hombre y la golpiza que había recibido, aún podía sentirlo vivamente ¿pudo haber hecho algo distinto? ¿acaso debía prepararse para encontrar el próximo cadáver? ¿como se lo diría a los padres?
Al llegar a la mitad de la calle, escucharon a lo lejos como un carro encendía y vieron cómo el hombre que vieron en la iglesia a toda velocidad salía del lugar en ese coche. Kanda fijando su mirada hacia la ruta que había tomado el sospechoso, se dirigió rápidamente hacia el carro, puso a Allen en la parte trasera del carro y pisando el acelerador emprendió la cacería del hombre.
Gracias a todos los que han llegado hasta este punto, gracias por los comentarios y porfavor sigan apoyando la historia.
El capítulo fue algo corto pero poco a poco iremos desentrañando los misterios detrás del caso. Si tienen dudas no duden en preguntarlas.
Datos curiosos:
Este capítulo fue uno de los que menos tiempo me tomo en escribir, y no se si es porque es corto o ya no me cuesta tanto escribir
El próximo capítulo espero que salga pronto, hasta ahora no me he bloqueado, y eso es una buena señal
Con respecto a la otra historia, no me he olvidado de continuarla, pero lamentablemente los bloqueos no han sido de mucha ayuda. Lo siento por los meses sin escribir, pero ya estoy en proceso del próximo capítulo. Si todo sale bien, ya pronto tendremos un nuevo capítulo.
Canción del capítulo: the night we met- Lord Huron
