ACTO UNO. el amor
—"cada cosa que nos separa"—
Donde la princesa griega es secuestrada por el príncipe menor de Roma, y eso causa una serie de eventos terribles.
O
Donde todos pierden por amor.
Breve aclaración: esta historia es Percabeth y Jasiper pero podrán ver que se tocará el Perciper debido a la trama. No desesperen y espero que les guste este primer capítulo.
01. compromisos
Bebé, por favor, no promesas.
Porque no cumpliremos nuestras promesas.
(no promises, shawn mendes)
Golpeó la espada de su contrincante con fuerza, aunque sostenía la suya propia con cuidado y poca intención de atacar para matar.
El aire alrededor silbaba y el césped, aún húmedo por la llovizna nocturna, liberaba aquel olor que a Percy le encantaba. Todavía era temprano, se había despertado cuando el sol apenas salía, y no pasó mucho tiempo desde eso.
Dió una estocada que su pareja de práctica evitó limpiamente, y él observó la figura moverse con agilidad antes de enviarle el próximo golpe.
Le gustaba la gracia con la que peleaba, porque solo se la había visto a esa persona durante toda su vida. Y era feroz, como si pusiera toda su voluntad en ello.
Repentinamente el ataque que recibió con el mango de la espada lo tiró de espaldas.
Las ideas se le nublaron durante una fracción ínfima de tiempo, y se maldijo en voz baja por haberse dejado distraer. Aun conociendo el efecto que ella tenía, sobre él y sobre la mayoría del mundo, le era difícil rehusarse a dejarla ganar.
Segundos después de eso ya tenía a Piper encima, riendo cantarinamente mientras apoyaba el filo de la espada contra su pecho.
El cabello chocolate cayó en una cortina, despeinado, mientras los ojos de la muchacha se clavaban directamente en los de Percy.
—Nunca debería haberte enseñado a pelear —bromeó él, mientras la oía seguir carcajeándose. La muchacha era atrapante, atrayente. E incluso aunque Percy la veía a menudo, había una esencia diferente en el ambiente; el aire se caldeó alrededor de ellos.
—Si no lo hubieses hecho, no tendrías a la mejor compañera de entrenamiento.
Se estaba mofando de Percy y el tono burlesco de su voz lo aclaraba con firmeza.
—Además —agregó Piper, deslizando su dedo índice por la nariz del chico. —Cualquiera podría haberme enseñado, Perce.
Boqueó para rebatirle sin embargo algo pasó, una serie de palmadas interfirieron en su conversación.
Los aplausos los distrajeron, y la sonrisa de ambos se evaporó cuando vieron de quien provenía el ruido. Miraron hacia Tremeo, el consejero real que siempre les pisaba los talones.
—Ha ganado, princesa.
Lo soltó con desprecio, y Percy vio el ceño de su amiga fruncirse de enfado mientras se incorporaba con lentitud. El vestido celeste estaba descolorido en el borde, mezclándose con el marrón del barro.
Y a unos pasos de ellos estaban los zapatos de ambos.
Piper adoptó la postura de princesa, la máscara que su amigo la veía levantar cuando cualquiera que no fuese él entraba en escena.
No podía culparla por fingir.
Tristan McLean, el rey de Grecia y padre de Piper, les había inculcado desde pequeños que ellos no debían mostrar quienes eran. Tenían que, con mucho esfuerzo, prestar atención y no dejar que nadie sospechara acerca de su secreto.
Porque a la gente no les gustaban los semidioses.
Incluso siendo un guerrero Percy recibía su dosis de críticas, de malas miradas, cada vez que un nuevo monstruo aparecía atraído por su olor; siempre se redimía de aquello, al matar las criaturas.
Pero nadie sospechaba de la princesa Piper, a quienes solo habían visto pocas veces, o nunca lo habían hecho en voz alta.
El pueblo griego podía ser cruel.
—El rey requiere de su presencia, princesa —la voz era brusca y áspera, tanto como su dueño.
Tremeo no había cambiado mucho desde que ellos le conocieron, diez años atrás; el mismo porte serio, cabello oscuro que se rizaba en las puntas, una nariz aguileña y pequeños ojos que parecían casi negros.
Ambos habían sido niños, corriendo de un lado a otro y sin control alguno, que repentinamente tuvieron que crecer por las palabras de aquel hombre. Las sesiones de juego acabaron por consejo real, y la distancia que se intentó mantener entre ellos podría haber sido insalvable.
Para el hombre, no era correcto que la princesa correteara por allí con un varón que no tenía un título.
Pero ellos no podían alejarse, no cuando eran como hermanos de distintos padres.
—Puedes decirle que lo recibiré en mi habitación, junto con el desayuno —soltó Piper, tomando los zapatos que descansaban en la hierba. —Y consigue que alguien pula la espada, gracias.
Dijo aquello caminando hasta él, dejando el arma afilada entre las manos del hombre y marchándose para ingresar nuevamente en el castillo.
Tremeo lo observó con dureza, los ojos oscuros se clavaron en él como si lo evaluara; y Percy tuvo que tragar saliva.
—Debería ir a buscar a mi madre para el desayuno, con su permiso —comenzó a decir, repitiendo la acción de Piper al coger los zapatos del césped.
Podía sentirse el aire tenso, incluso aunque los pájaros cantaban con entusiasmo.
—Jackson, las reglas en cuanto a la princesa continúan igual, deberías recordarlo —soltó. La espada se balanceaba en su mano.
Percy se encontró a sí mismo preguntándose cuánto tardaría en clavarle la espada y hacer que se callara.
—Me alegra saberlo —fue lo único que atinó a decir el muchacho.
Y así comenzó el día del que Percy más se arrepentía.
—¿Enserio debemos asistir a ese baile? —preguntó.
La cocina del castillo estaba sumida en completo silencio desde hacía unos minutos, y Percy no podía soportarlo.
Disfrutaba de los sonidos, y dejaba aquello en evidencia cada vez que hablaba.
Empujó el cabello negruzco con los dedos, antes de apoyar su mandíbula sobre la palma para observar a su amigo.
—Es el baile de presentación de tu prometida —dijo Will Solace, como si fuese lo más obvio. Estaba sentado en la mesada mientras comía una manzana con parsimonia.
El horario del almuerzo había pasado hacía unas horas, pero el hambre llamaba y ellos se escabulleron hacia el lugar para intentar conseguir algo.
—Además —agregó —Voy a ser el artista principal de la noche así que, sí, tenemos que ir.
El cabello rubio le brillaba aun más ese día, y la sonrisa que le mostró a su amigo resplandeció por la cocina.
En el palacio de Atenas, la residencia que deberían de ocupar de forma permanente luego del matrimonio, todo estaba siendo preparado para la presentación de Piper.
—¿Por qué el rey decidió presentarla ahora al pueblo? —inquirió Will, curioso. Sus ojos se fruncieron con duda, mientras comenzaba a maquinar posibles respuestas.
Percy juró que podía ver humo salir de su cabeza.
—No lo sé.
Él mismo se había preguntado aquello, pero era complicado encontrar una razón exacta para que el rey lo hiciera.
El tema se escurrió, mientras Will dejaba la manzana de lado y cogía la flauta entre sus manos. Dentro de dos noches tenía que tocar aquel instrumento, y tenía que salir perfecto.
Percy podía saber lo preocupado que el muchacho estaba por ello, en especial por el tipo de situación que era.
—Vas a estar bien, Will, deberías dejar de preocuparte —la voz de ella les hizo alzar la cabeza, mientras Sally Jackson entraba en el lugar.
El paso de los años no le había pegado con fuerza, y Percy seguía viendo a la misma mujer que los correteaba por los pasillos.
—Eso espero, señora Jackson —oyó a Will suspirar, aunque el muchacho intentó sonreír unos segundos después para aliviar la ansiedad. —Ya sabe, no quiero ser quien arruine la noche de Piper.
Nadie quería serlo.
Percy había visto a la chica crecer entre aquellas paredes, nunca saliendo al pueblo. Observando a la lejanía cuando los bailes comenzaban, y fundiéndose con la multitud que invadían su hogar.
Sabía que la presentación era realmente importante.
—Estará bien.
Posó su mano en el hombro de su amigo, recibiendo una sonrisa cálida por parte de su madre.
—Venga, deberían terminar de elegir sus atuendos —habló Sally, soñando mucho más entusiasmada. El ambiente tétrico de las cocinas se alegraba cuando ella sonreía y hablaba de esa manera.
Aún faltaban unas horas antes de que ellos tuvieran que salir.
Entonces el grito llegó hasta sus oídos, un tono agudo que logro acelerar el corazón de Percy con vértigo.
—Mamá, quédate aquí —ordenó con tono firme.
Las acciones mecánicas que ya conocía le hicieron sacar la espada incluso antes de empujar la puerta de la cocina que daba al exterior.
Los llantos desconsolados que oyó recién salir no mejoraron su salud mental. Hasta que el alivio lo azotó al ver la escena.
Will tardó solo unos pocos segundos en aparecerse a su lado, el arco preparado con una flecha entre los dedos.
—Venga, me han asustado.
El mayor de ellos, el rubio, se agachó junto a la pequeña niña de cabello rizado una vez bajada el arma. Un cúmulo de niños estaban allí, persiguiendo a la perra negra mientras ella lloraba como si la vida le fuera en ello.
Y Kristy se había caído, raspando su rodilla.
—Venga, Kris, no es nada —Will se acercó a la niña con sigilo, una enorme sonrisa tranquilizadora colocada en su rostro.
Le hubiera confiado su vida a Will en cualquier oportunidad.
—Tyson me empujó —berreó la aludida, soltando lágrimas dramáticas mientras se aferraba a las manos del chico.
Percy frunció los ojos hacia el niño que se encontraba solo a unos pasos de distancia.
—Pensé que habíamos hablado de ello —le dijo, con voz profunda —para ser un caballero, hay que ser amables.
Tyson agachó los ojos, haciendo que los pequeños bucles castaños pegaran contra su frente. Le conocía desde bebé, como al resto de esos niños.
Todos habían llegado bajo extrañas circunstancias, y Tristán estaba alegre de recibirlos.
—Kristy no quería jugar conmigo —acusó.
Y Percy suspiró, ¿no había dicho lo mismo Piper cuando lo lanzó en aquel lago?
"Percy no quería jugar conmigo, papá".
—La gente no hará siempre lo que tú quieras, Ty. Venga, pídele disculpas a Kris.
Él no podía creer que aún recordaba aquella respuesta de Tristan, quien no había presenciado nada de la situación.
Aún recordaba la voz de Piper, su tono altanero, y lo mucho que ella había llorado cuando él salió del agua boqueando por aire.
Habían pasado casi doce años de eso, y ambos lo tenían quemado a fuego en el fondo de la memoria.
Se habían vuelto verdaderos amigos en ese instante.
"Percy Jackson, tienes que nadar hasta aquí ahora"
Y repentinamente él había podido nadar.
La cantidad ingente de guardias no eran una sorpresa para Percy, quien conocía y predecía con facilidad las órdenes que Tristan podría dar en situaciones así.
—¿Estás contenta? —preguntó, aunque sabía que la respuesta era obvia.
Piper lucia expectante.
Él había tenido siempre la libertad de ir al pueblo, pero ella no. Era decorada con joyas y vestidos del extranjero, pero no podía pisar más allá de los terrenos del palacio.
Y contra todo pronóstico Piper siempre había respetado esa regla aunque Percy no sabía porque.
—No puedo creer que ellos me verán, Percy —susurró ella, mientras una sonrisa se instalaba en su rostro. Aquello logró colocarle todos los nervios en el fondo del estomago, porque le gustaba verla así.
Percy podía entenderla, siempre lo había hecho.
—Va a ser fantástico, Pipes.
Estaba seguro de eso. Le había rezado a los dioses porque todo saliera bien, y que las cosas marcharan de la mejor manera.
Entonces ella lo miró, con los ojos entre verdes y marrones un poco tristes.
—Y la próxima vez que nos veamos, vamos a estar comprometidos —soltó la muchacha.
—Vamos a ser felices —intentó decir, sonriéndole animadamente para que las dudas se esfumaran. Pero se conocían lo suficiente para entender el cariño que existía entre ellos.
Y ese no era un cariño romántico. Era la clase de afecto fraternal que se adquiría al haber crecido juntos, al estar siempre para el otro.
No había un mundo si no se tenían.
Percy la ayudó a subir al carruaje, aunque una mala sensación le aplastó las palabras de aliento que quería decir.
—Princesa, es hora de marcharnos —Calipso los observó con una sonrisa curiosa, y Leo Valdez ya se había posicionado junto a Percy después de haber despedido a su novia.
—Va a ser raro no estar juntos —murmuró Piper, solo para que él pudiera oírlo. Sonó angustiada por una fracción de segundo.
—Todo va a estar bien, prometo que nos veremos pronto.
¿Cómo podía saber él que no cumpliría esa promesa?
