Yo te quiero a ti como se quiere lo prohibido, como se desea lo ajeno, como nadie quiere hoy en día.

Neflyte era hijo de unos parientes no muy lejanos de sus padres, en las reuniones familiares ambos coincidían, pero no estaban ni cerca de llevarse bien, tal vez por la diferencia de edad o por el carácter nefasto de ambos cuando estaban cerca uno del otro. Con apenas 5 años Makoto detestaba a Neflyte de 10 años pues él se encargaba de romper sus preciados juguetes o simplemente de fastidiarla, los constantes altercados no eran una novedad pues todos en la familia habían presenciado aquellas escenas tan bochornosas. Desde que se habían conocido hubo una especie de competencia y odio mutuo que con el tiempo había ido en aumento hasta que llego su doceavo cumpleaños. Makoto había crecido rodeada de comodidades, nunca le falto nada excepto tal vez alguien con quien compartirlo todo; al ser la única sus padres no pasaban por alto sus cumpleaños y terminaban organizando las fiestas donde los invitados eran familiares y personas que ella quería. Durante todo ese tiempo ignoraba que aquel sentimiento de repugnancia hacia Neflyte en un futuro se convertiría en algo más.


Mientras arreglaba su camioneta escuchaba un disco con los mejores clásicos del rock and roll, llevaba puesto su overol de trabajo y unos tenis de lona negros con blanco

Zoycite se paró en el umbral – madre dice que vayas a dejar las mesas y sillas al salón familiar.

–No tengo tiempo, tal vez si me hubieras ayudado desde en la mañana habría acabado más rápido– Neflyte seguía tendido debajo de la camioneta

–Al menos a ti no te pusieron a armar centros de mesa

– Creí que te gustaba– Zoycite frunció el ceño ante el comentario mal intencionado – ¿Quién se casara?

–No seas idiota, Lita cumplirá 17 años y sus padres organizaron una fiesta y madre se ofreció para decorar el salón junto con las mesas y sillas

–Y como de costumbre nos arrastró junto con sus compromisos – soltó un suspiro desalentador –mientras termino aquí sube los arreglos en los asientos traseros, lo demás ira en la batea– Sin protestar el rubio hizo caso a su hermano

Después de 20 minutos ambos subían las sillas y mesas, sin embargo, tenían que hacer dos viajes pues no cabían todas.

– ¿A qué hora iniciara?

– A las 7 de la noche

– Bueno al menos tendremos tiempo para dejar el salón listo

Makoto estaba nerviosa, deseaba que no mandaran a su odiado primo, pero conocía a sus tíos así que se hizo a la idea de que tendrían que verse las caras, sentía un ligero dolor en el estómago, lo último que quería sentir en ese momento eran nervios. Ami había ido a ayudarle, pero como aún no habían llegado las cosas se sentó en los escalones de la entrada principal, estuvo un buen rato ahí hasta que vio llegar la camioneta blanca. Ambos chicos se quitaron los cinturones de seguridad, bajaron e inmediatamente empezaron a descargar.

– ¡Ya llegaron! – Ami abrió la puerta para que entraran sin dificultades

No tardaron más de 15 minutos en bajar todo y enseguida volvieron a subir a la camioneta para ir por el resto de las cosas, las chicas empezaron a armar las mesas redondas y a acomodar las sillas estilo Tiffany.

– No sé si lo notaste, pero Lita se ha puesto muy bonita– Zoycite miraba de reojo a su hermano

–No la recordaba tan delgada

–Bueno es que tu no la habías visto, pero la adolescencia le está sentando

– Es familia y te escuchas mal hablando de esa manera– Zoycite entrecerró los ojos y se puso colorado por la vergüenza– pero debo reconocer que si no lo fuera ya la habría invitado a salir

Rápidamente volteo a ver a Neflyte y sin poder evitarlo empezó a reír.

30 minutos pasaron para que ambos hermanos volvieran con el resto, fue ahí cuando Makoto se dio cuenta de que algo había cambiado, Neflyte no le hacía ni el menor caso, era como si esta no estuviera y ella irónicamente no dejaba de mirarlo. Su primo había cambiado mucho, en ese momento llevaba puestos unos jeans claros y desgastados que combinaban con su camisa a cuadros rojos y negros; sus botas eran para trabajo pesado, observaba como cargaba las sillas y mesas para después acomodarlas y ponerles su mantel.

Fue a poner los arreglos florales que ella misma había hecho, Zoycite dejo la otra mitad que su madre le había obligado a hacer en la mesa más grande.

–Te han quedado muy bonitos– Makoto se había acercado para observar los centros de mesa

–Solo era cuestión de armar y tus instrucciones fueron muy claras, eres buena con esto– Zoycite le dio un ligero codazo. Makoto se sonrojo por el cumplido

– ¡Oye tú!

Makoto hizo una mueca de fastidio al escuchar la voz de Neflyte, el pensamiento de que el había cambiado se esfumo

– ¿Qué quieres? – Volteo a hacia el

Le lanzo una pequeña caja, ella apenas tuvo tiempo para reaccionar, pero aun así logro atraparla.

–Feliz cumpleaños

Ella lo miro con recelo y Neflyte se fue riendo hacia la camioneta para seguir bajando las cosas que le faltaban, un poco incrédula abrió el estuche, dentro había unos preciosos aretes con forma de rosa que parecían muy costosos. El corazón le latía desenfrenado, había sido un detalle muy bonito por parte de él.

Zoycite miro discretamente el obsequio, su expresión era de total sorpresa.

Ninguno de los dos volvió a dirigirse la palabra hasta que empezaron a poner el adorno alrededor del salón. Mientras Makoto, Ami y Zoycite sostenían el tul, Neflyte estaba trepado en las escaleras de tijera fijando el aro en el centro del salón.

–A pesar de todo sigues escogiendo este tono de rosa tan infantil– Neflyte bajaba de las escaleras

–Tú sigues siendo odioso y nadie te critica por ello– decía ella mientras se alejaba al muro de lado izquierdo.

Ami miraba con preocupación a su amiga

–No tienes por qué poner esa cara, esos dos siempre echan chispas cuando están juntos– Zoycite la miraba con cierta indiferencia

–Normalmente siempre termina golpeando o amenazando a cualquiera que la molesta– Ami se sentía nerviosa

–Descuida Lita no podría con él…– había dicho el rubio sin inmutarse

Ami volvió a mirarlos, pero esta vez con curiosidad, Makoto le pasaba el pedazo de tela a Neflyte, aunque aún seguían discutiendo parecía que ambos disfrutaban de aquello.

En un intento de tranquilizar a la chica prosiguió – ¿Cómo conociste a Lita? –

–Vamos en el mismo colegio– después de eso un silencio incomodo se formó, pero ninguno de los dos rompió el hielo y siguieron con su labor

–Hace mucho que no nos veíamos– nuevamente Neflyte bajaba de las escaleras

–Tres años no son mucho– Makoto llevaba otro pedazo de tul largo entre sus manos

–Apuesto a que me extrañaste– cerro la escalera, la cargó y la llevo a unos metros de donde estaba

–No comía debido a tu ausencia – dijo en tono sarcástico

–Pues se nota, has bajado mucho peso, recuerdo que la última vez que nos vimos tus mejillas estaban rechonchitas– El empezó a reír ante lo irritada que estaba Makoto, en cambio ella lo miraba enojada, sin embargo, eso no impidió que el siguiera hablando –eras tan tierna que no podía dejar de molestarte

–Pues gracias a eso no quería ni verte– el subía nuevamente las escaleras con la tela entre sus manos

– ¿Por eso dejaste de ir a las reuniones familiares?

–Eras odioso y no estaba dispuesta a seguir soportándote

El comentario hizo reír al acusado, pero aun así no se calló– Te recuerdo que eso fue antes de que entraras a la escuela secundaria, después de eso tú me seguías a todas partes– Un rubor apareció en las mejillas de ella– aunque lo no lo digas yo sé que te encantaba estar a mi lado

Dejo caer los demás pedazos de tela y fue hasta Zoycite, después de intercambiar un par de palabras con el éste se dirigió hacia su hermano y tomo el lugar de Makoto.

Terminaron más rápido con la nueva estrategia, para cuando vieron la hora ya tenían el tiempo encima. A regañadientes se acercó a su primo

– ¿Podrías llevarnos a mi casa?

Neflyte la miro – claro, suban sus cosas en la parte de atrás– si más cada quien recogió sus pertenencias

Enseguida se subió y encendió la camioneta, arrojo a un lado la camisa de manga larga que hacía unos minutos el traía puesta, su hermano tomo el asiento de copiloto y las chicas fueron en los asientos traseros. Finalmente, la pick up arranco.

El rubio prendió el radio, lo sincronizo con su celular y la música empezó a escucharse

Love, gimme love, gimme love, I don't need it

But I'll take what I want from your heart and I'll keep it

In a bag, in a box, put an X on the floor

Gimme more, gimme more, gimme more, shut up and sing it with me

Miraba como manejaba, tomaba la palanca y cambiaba la velocidad, mantenía el volante entre sus manos, su atención empezaba a desviarse, ahora se encontraba observando los brazos de su primo, su piel era lisa y ligeramente bronceada, había vida en sus músculos. Se sintió fascinada y sin reparo alguno se mordió el labio inferior, aquello era demasiado así que Makoto aparto la mirada de el para fijarse en el panorama que la ventana le ofrecía y enrojeció de vergüenza ante la cruel verdad de sus pensamientos.

Pasaron 20 minutos hasta que llegaron a la casa de Makoto, esta se encontraba a un costado de la carretera federal entre la vegetación que anunciaba los límites de la ciudad, la entrada era amplia pues sus padres se dedicaban al negocio familiar de la renta de autobuses, ellos tenían 10 y por tanto su garaje era tan grande que incluso tenían su propia área donde les daban su debido mantenimiento, unos metros más hacia el fondo estaba la casa que consistía en la planta baja y primer nivel, era de un color blanco y el techo era con caída a dos aguas. Entraron y aparcaron la camioneta justo frente de la casa, la puerta de madera se abrió dejando ver a la señora Kino.

–Muchachos es un gusto verlos– las chicas salieron y tomaron las cosas de la batea– espero asistan hoy

–Muchas gracias haremos lo posible – el mayor de los dos contestó amablemente

Makoto se acercó a la ventanilla del copiloto – Gracias por traernos, pasa para que comamos un bocadillo antes de la fiesta

–No podemos quedarnos, todavía tenemos que hacer un par de cosas

– Bueno, aun así, los esperamos– su tía sonrió y sin más entro a la casa detrás de ella iban las chicas con las bolsas, escucharon como arrancaba la camioneta y esta se iba alejando.


Después de 2 horas la fiesta inicio.

El nerviosismo la carcomía y es que no estaba segura de que el asistiría, aun así, muy dentro de ella deseaba que el fuera pero no lo iba a reconocer. Estaba tomando jugo en un vaso de plástico color neón cuando vio entrar a Zoycite, sintió una leve presión en su estómago; por desgracia el rubio había llegado solo y eso hizo que el dolor subiera a su pecho y un vacío se formara en él.

Era una mala señal, no debería estar sintiendo todo aquello, tal vez el alcohol ya estaba haciendo de la suyas y le estaba confundiendo.

– ¡Lita! – el menor de los hermanos se acercaba a ella con una sonrisa discreta

–¡Creí que no vendrías! – de manera espontánea se abrazaron

–Uno de los autobuses necesitaba mantenimiento, Neflyte me dejo a unas cuadras de la casa y se fue; así que tarde más en llegar por venirme caminando desde la casa.

–Bueno, pero ya estás aquí, espero te diviertas

–Gracias, por cierto, te vez muy bien – puso su mano en la cabeza de ella y la acaricio como si de una niña se tratara.

Sin más Zoycite fue a la mesa de salados y tomo un plato que lleno de bocadillo. Makoto tomo de un solo trago el resto de su bebida y fue a la cocina para sacar más frituras y bocadillos.

–Makoto dijo que no vendrías– Zoycite miro a la chica frente a él, era Ami que lucía más amigable

–Lo estaba pensado mucho, no conozco a nadie

–La verdad yo tampoco, pero Lita es mi amiga y no podía desairarla… si no te molesta podríamos pasarlo juntos– para esos momentos Ami parecía muy avergonzada

Él se dio cuenta y no fue indiferente –por mi está bien – Ambos caminaron a la mesa donde estaba ella, inmediatamente noto que en una mesa para diez personas solo estaba ella, extrañado por aquello decidió indagar más sobre Ami.

Makoto vio lo platicadora que estaba Ami con su primo y eso la dejo sorprendida, tal vez fue porque había tomado un poco de ponche, pero incluso Zoycite estaba muy animado con lo que ella parecía contarle.

–Espero no haberte hecho esperar– Lita sabia a quién pertenecía aquella voz. El dolor del estómago volvió, al voltear para verlo su corazón latió desbocado

–Ni siquiera esperaba a que vinieras– el tono de su voz denotaba fastidio

Neflyte puso una mirada de falsa inocencia –Aun puedo irme si así lo quieres– señalo la puerta con su dedo pulgar

– Zoycite me dijo que estabas muy ocupado por eso di por hecho que no estarías aquí- la justificación había sonado muy forzada

Una sonrisa traviesa apareció en los labios de él y se acercó más a ella

–Veo que te gusto lo que te di – su mano acaricio el ovulo de la oreja femenina donde se encontraba el arete con forma de rosa, acto seguido acerco su boca al oído

– ¿Acaso no merezco ni un beso por el regalo?

Un rubor cubrió sus mejillas y empezó a sentir mucho calor en todo el cuerpo

– ¡Estás loco! – lo miraba de manera reprobatoria

Él se alejó un poco solo para mirarla a los ojos –un beso en la mejilla no tiene nada de malo…–su mirada cambio de gentil a traviesa –conmigo no necesitas fingir, ¿crees que no me doy cuenta como me miras?

Neflyte tomo sus manos entre las de él y las acariciaba dulcemente, Makoto sentía como el color en sus mejillas se hacía más furioso, incluso su labio inferior temblaba ligeramente

–Desde hace mucho me di cuenta, pero luego tu empezaste a evitar las fiestas familiares e inclusive dejaste de ir a mi casa y te recuerdo que nos la pasábamos bien; incluso cuando tenía que ayudar a mi padre y tú solo ayudabas a pasar la herramienta– Era verdad, pero Makoto nunca iba a hablar sobre aquello, eso debía que quedar en el pasado.

Estaba en la mesa de dulces tomando unos cuantos aperitivos cuando al voltear para ver a su novia miro como un tipo recién llegado coqueteaba con ella de manera descarada, inmediatamente camino hacia ellos.

–Mako te traje unos bocadillos

Al escucharlo ella dio un brinco de susto y rápidamente se alejo de su primo