Después de todos los obstáculos atravesados, Yoh y sus amigos finalmente consiguieron entrar a la aldea apache dentro del rango de tiempo establecido. Fue poco después de esto que Yohmei le contó a Anna -quien pronto seria parte de los Asakura- sobre el hermano gemelo de su prometido, quien era además uno de los ancestros de la familia. Entonces agregó que era la responsabilidad de Yoh derrotarle para evitar la catástrofe y que para esto requería volverse aún más fuerte -mucho más-, fue así que le mostró la Tcho-Senjiryaketsu, la cual debía entregarle a su prometido lo más pronto posible.
Fue durante esta explicación que Anna consiguió hacerse de Zenkki y Kokki, los shikigamis del mismo Asakura Hao que fueron liberados por un torpe descuido de Tamao.
De esto, con ayuda del buen amigo Manta, ella junto con la lectora de cartas viajaron a Norte Améric aen el jet privado de los Oyamada.

Por su parte, Yoh se encontraba apenas explorando la aldea apache -que como si fuera un lugar turístico, estaba repleto de puestos de venta de los apaches-. Poco a poco estuvo reuniéndose con sus amigos, quienes se habían esparcido después de quedar inconscientes tras el primer encuentro con los grandes espíritus, De esta forma, ellos entraron a la tienda "Patch Work Shop 2" y tras una introducción de lo dura que podría ser su experiencia en el torneo por parte de uno de los oficiales, un repentino objeto apareció ante la vista de todos los shamanes reunidos ahí.

—Me llevaré este llavero— Dijo quien había arrojado el pequeño esqueleto en el mostrador frente a Yoh y compañía.

—Huh.

—Esa voz… ¿Dónde la he escuchado?

—Estúpido— pronunció Ren sintiendo repentina pesadez — Yoh conoce muy bien esa voz…

Y vaya que la conocía.

Con los ojos en blanco y la cara bañada en sudor de nerviosismo él trago saliva.

—No puede ser…

—Ah, un cliente. Son 380 dólares por ese muñeco apache de plata—dijo el vendedor sin prestarle atención a la reacción del grupo de participantes con los que antes hablaba.

—Eso es caro—contestó ella.

—Pero es de plata pura.

—¥380 —alegó y colocó las monedas japonesas sobre el mostrador —¥ 380 y me lo llevo.

—¡Anna, eso es muy barato!— gritó Yoh sintiendo pena por el hombre con el que su mujer intentaba regatear.

Fue esta la única forma en la que finalmente la Itako pudo notar la presencia de su prometido, dejando ver la sorpresa en su rostro al hacerlo.

—Yoh… —dijo aun sorprendida mientras ambos se miraban mutuamente —Bueno, ¥380 es lo máximo que pagaré por ese llavero— contestó con seriedad.

— ¡Anna, no estas teniendo en cuenta todo el esfuerzo de los apaches!— respondió él con frustración ante la actitud poco cooperativa de su novia.

— ¿Por qué esta aquí?—cuestionó el ainu mientras empujaba la rostro de su amigo con la mano.

—No lo sé…—contestó el futuro esposo perdiendo fuerza.

—Yoh, debes volverte más fuerte— pronunció ella con su habitual inexpresividad mientras enfocaba los oscuros orbes en el suelo de la tienda.

Todos, sobre todo Ren, la miraron sin entender muy bien lo que ella decía. ¿Qué Yoh debía hacerse más fuerte? Eso era obvio, no era el único que debía hacerlo, pero…

— Honestamente… Si no te doy un poco de ayuda no sé si llegaras a mañana… ¿Cuándo fue la última vez que lavaste tu ropa? ¿De dónde sacaste esas sandalias? ¿De un baño? — cuestionó la rubia manteniendo el tono de voz habitual, impidiendo denotar la preocupación que en realidad sentía — Yo… no quiero que te debilites —pero entonces se notó la tristeza en su expresión —Nadie más hará nada al respecto… Por eso debo ocuparme de ello.

Todos lograron entender las palabras de la chica, pero solo su prometido y ella sabían que iban más allá de lo obvio.

Más que volverse el rey shaman y darle la vida que ella deseaba llena de lujos, lo que la futura esposa quería proteger era la vida del hombre amado. Y él lo sabía, lo entendía…

Por una razón como esa, ella había ido sin consideración a su posible estado hasta ese lugar casi imposible de encontrar, en el cual el shock del primer encuentro con los grandes espíritus es muy fuerte, tan capaz de hacer perder el conocimiento. Por el único motivo de continuar entrenándolo y fortaleciéndolo…

—…Está bien—respondió finalmente el castaño desde el suelo -donde termino tras ser empujado por Horokeu-. Y entonces, ignorando a los demás empezaron a hacer planes entre ellos referente al entrenamiento.

Fue después de esto, que el primer encuentro con Chocolove ocurrió y la organización de los equipos de tres integrantes se llevó a cabo.

El tiempo para estar a solas no se presentó sino hasta que el entrenamiento de Anna comenzó, cuando Fausto y Ryuunosuke fueron enviados a otro sitio bajo las órdenes de acciones específicas y dolorosas.

—A… Anna, creí que ya habíamos dejado esto…— se quejó el quinceañero, que en ese momento estaba sentado en el aire con el cuerpo temblando por todo el tiempo pasado en esa posición.

— Para nada, mira como estas por solo un par de minutos —contestó la itako, quien estaba de brazos cruzados y recargada en una pared solo mirándolo sufrir.

— ¿«minutos»? ¡Siento que llevo horas aquí…! — sollozó en voz baja temiendo a que el tiempo se prolongara más como castigo por parte de su prometida.

—Está bien, puedes descansar 2 minutos.

Bastó con ese permiso para que el shaman se dejara caer al suelo rendido.

— ¡Gracias!— exclamó con suma gratitud mientras refrescaba su acalorado y cansado cuerpo con la frialdad del suelo.

La adolescente se limitó a verlo y suspirar. Entonces, desde el suelo el chico la miró.

Había pasado tiempo desde que se habían visto, un par de semanas que de repente se habían vuelto nada. Decir de repente un «te extraño» habría sido quizás raro -considerando lo poco afectiva que Anna era y lo poco acostumbrado que Yoh estaba a situaciones así- es por esa razón que habían reaccionado como era habitual, además de que Anna había demandado ser discretos en cuanto al tema... Pero, ¿Se refería también al progreso en su relación? Quizás no. Pero sin duda no sería normal que alguien como ella estuviera permitiendo ser abrazada y besada frente a los demás… Además de que sería algo un poco vergonzoso.

El Asakura suspiró ante tal pensamiento y entonces sus ojos se enfocaron en el estómago de la chica que aún estaba en su posición. No era experto en el tema, pero sabía bien que para haber pasado tantas semanas, al menos algo debía notarse en aquel vientre plano que su novia aún mantenía.

—Anna…—llamó mientras se sentaba sobre el suelo y ahora la miraba a los ojos, la rubia lo miró prestándole atención. De repente el shaman obtuvo una mirada seria y un ligero rubor en las mejillas — Fu… ¿Funciono?— cuestionó, tras pasar saliva.

— ¿A qué te refieres?

—A que si tú…. —dijo cada vez más tímido y con el rubor incrementándose. La chica lo miró hasta que finalmente entendió.

—… No— contestó finalmente al cabo de unos segundos mientras desviaba la mirada. Los ojos ajenos mostraron una repentina confusión y después un suspiro los acompañó.

—Ya veo.

El adolescente se puso de pie y caminó hasta ella mientras se sacudía con las manos el polvo del suelo.

—Es una pena— expresó mientras sonreía alegremente.

—No parece que en realidad pienses en eso— se quejó ella dirigiendo sus ojos a los de él, quien continuo sonriendo.

—Bueno, es que de esta forma no tendré que preocuparme mucho por lo que pueda pasarte…—contestó mientras se quedaba frente a ella y miraba su vientre— De momento solo eres tú y no dos personas, será más fácil protegerte — explicó manteniendo la sonrisa.

Ella lo miró mostrando un ligero sonrojo.

Él siempre era tan él. Tan despreocupado… Tan amable…

—Idiota, aun si estuviera embarazada me sabría proteger yo sola —dijo en tono áspero levantando la mano izquierda, con la que golpeaba más fuerte tratando de hacerle recordar a su futuro esposo su fuerza.

—Sí.

Antes de que tuviera oportunidad de detenerlo, Yoh tomó la mano que Anna había levantado y entrelazó sus dedos, entonces junto su frente con la de ella y volvió a sonreír sin darle oportunidad antes de protestar.

—Aunque debo admitir que me siento un poco decepcionado…

—Lo sé…— dijo ella sin luchar por apartarse, aunque era lo que usualmente haría. Pero después de todo no se sentía del todo incomoda—Lo siento.

—Solo debemos seguir intentándolo — consoló el castaño al tiempo que cerraba los ojos. La itako se sonrojó un poco más y trató de mirar a otro lado.

Fue en ese momento que sus bocas se unieron en suave y amable roce que duró pocos segundos antes de que ella se apartara y se soltara de él.

—Yoh— llamó la rubia mientras lo miraba.

— ¿Si?

—Tu abuelo me envió por otro asunto—dijo denotando una extrema seriedad en su mirada y despegó la espalda de la pared en la que se recargaba aun. El shaman de Izumo la miró esperando a que continuara hablando—, yo fui enviada para entregarte la Tcho-Senjiryaketsu…

Yoh la miró sin entender del todo lo que su novia decía.

—Después te lo explicaré… Ya pasaron los 2 minutos.

— ¡¿Estabas contando el tiempo?!

—2 minutos y 2 segundos…

—Espera, Anna…

— 2 minutos y 6 segundos… Si sigues perdiendo el tiempo aumentare los segundos perdidos a minutos. 2 minutos 11 segundos…

—Pepepepe— trató de alegar con voz titubeante.

—2 minutos y 16 segundos.

De inmediato el chico se retomó su asiento en el aire mientras lagrimas aparecían junto con una sonrisa lastimera.

Ese día despertó más temprano de lo usual. Miró a su costado y suspiró al ver el lugar vacío.

Había pasado ya un tiempo considerable desde su llegada a la aldea apache, y desde ese día ella y su futuro esposo habían estado pasando un par de noches juntos. No lo odiaba, para nada, y también la vergüenza e incomodidad había ido desapareciendo poco a poco con la práctica, además de que podía sentir de esa forma el amor y calor de su Yoh.

Ella aun no era la esposa oficial, pero si era la mujer del siguiente líder del clan Asakura. Se había decidido que la boda se celebraría después de que ella cumpliera los 16, puesto a que esa era la edad legal para poder casarse; mientras tanto debía conformarse con el título de "prometida".

Se acomodó el yukata blanco que usaba para dormir y caminó con los pies descalzos por los pasillos de aquel lugar que no era tan grande como la pensión En a la que regresaría a vivir después del torneo… posiblemente sola.

El plan del siguiente heredero seguía en pie. Pero los únicos enterados de él eran los de la familia principal Asakura. Todos eran conscientes de que Yoh y Anna aun eran demasiado jóvenes para tener un hijo, pero también sabían bien que si el más joven de la familia principal no dejaba descendencia pronto, no habría una cabeza de familia en el clan Asakura, y esto crearía conflictos con la segunda familia. En un principio Keiko había expresado su inconformidad al forzar a una niña tan joven a dar a luz, pero no había nada que se pudiera hacer al respecto. Por su parte, los dos principales en el plan no expresaron ninguna oposición.

Ellos seguían esforzándose por concebir al siguiente heredero…

Pero tal como se había dicho antes, ellos debían ser discretos, por lo tanto sus amigos no tenían ni la menor idea del plan del heredero. Esto significaba que ellos inocentemente creían que Yoh y Anna aun mantenían una relación de agresor y víctima. Pero era todo lo contrario.

— Ah, lo siento ¿Te desperté?— cuestionó Yoh con algo de culpabilidad mientras notaba la presencia de su prometida a sus espaldas en el camino a su lugar habitual de dormir.

—Eres muy ruidoso…—pronunció la rubia— podrías despertar al enano.

El shaman se limitó a reír despreocupado.

—Jijiji…Eso no pasara, parece que Manta tiene el sueño pesado.

La chica suspiró y se sujetó el brazo derecho con la mano izquierda sin apartar la mirada de él.

— ¿Qué planeas hacer?

— Bueno, me dijiste que debo entrenar.

Ella se lo siguió mirando y después guió sus ojos hasta el ventanal de la sala.

—Iré contigo—pronunció decidida haciendo que su futuro esposo la mirara sorprendido.

—Pero Anna…

— ¿Qué?

—Afuera está muy fresco como para que salgas así.

—Idiota, obviamente voy a cambiarme— dijo ella manteniendo el bello rostro inexpresivo al tiempo que daba media vuelta y caminaba de regreso en la dirección por la que había llegado —. Espera aquí.

Fue de esta forma que ambos salieron esa madrugada, aunque en realidad el entrenamiento pareció ser pospuesto, pues solo se limitaron a caminar juntos. El sol aun no salía, por lo que las calles de la aldea apache lucían totalmente deshabitadas. Parecía como si en ese momento solo ellos existieran.

—En verdad hace frio…— comentó la rubia mientras empezaba a frotar sus manos entre ellas. Pese a llevar encima un suéter ligero la ausencia de sol conseguía hacer que el viento fresco erizara su blanca piel.

—Te lo dije— respondió el Asakura con una sonrisa mientras la miraba.

—Veo que a ti no te afecta en lo absoluto— se quejó la adolescente notando que aquel chico usaba como si nada solo una camiseta de manga corta, sus pantalones de mezclilla y sus sandalias.

— Humm Bueno, supongo que estoy acostumbrado jijiji.

Anna suspiró y siguió frotando sus manos intentando obtener calor por la fricción. En ese momento la mano de su acompañante se extendió a ella y al volver a mirarlo, él mantenía una sonrisa. Separando sus manos unió una a la ajena y sus dedos se entrelazaron.

—Yoh…— llamó la sacerdotisa mientras ambos caminaban con las manos unidas.

— ¿Humn?

—… No es nada, olvídalo.

A estas alturas era irrelevante hablar sobre el futuro. En lo único que Yoh debía concentrarse en el torneo y en derrotar a Hao… Cosas tontas como "¿Qué crees que pasará?" Eran tontas.

Y lo que era el colmo. Pese al tiempo transcurrido ella aun no podía concebir… Sin duda era decepcionante. Poner de excusa que su cuerpo aún no estaba preparado era humillante, el tiempo estaba casi contado… Debían darse prisa.

—Anna, no tienes de que preocuparte—dijo de repente el castaño logrando sacar a la itako de sus pensamientos.

—… ¿Eh?

—Bueno… Tú eres una persona muy, enserio muy responsable…— pronunció como si aquella cualidad fuera casi un defecto— Y, bueno… supuse que te estas presionando por la tarea que mis abuelos nos encargaron.

La chica bajo la mirada y suspiró.

—Lo lamento, yo…

—Anna —el quinceañero se detuvo haciendo que ella hiciera lo mismo, después de todo sus manos estaban entrelazadas. Entonces la miró con unos ojos serios y con la típica y despreocupada sonrisa totalmente fuera de su rostro — Sera nuestro hijo, independientemente de si es necesario o no para la familia…— comenzó a decir conforme se deshacía de la distancia entre ambos — Sera nuestro. Aun si nos están forzando por ahora, él será la huella de ambos.

Los ojos de la sacerdotisa se abrieron más y después recuperaron su tamaño mientras mostraba una sonrisa tenue.

—Tú… En verdad…— comenzó a decir mientras con la mano libre le rodeaba el cuello, él correspondió al abrazo colocando su mano en la cintura ajena.

—… No te imagino gorda.

—No lo arruines, imbécil —susurró mientras oponía más fuerza en el agarre de su cuello logrando casi asfixiarlo.

—… Lo siento.

…. Mientras tanto en otra parte…

—… ¿Amidamaru? ¿Dónde está Yoh-kun?— preguntó Manta tallándose el ojo derecho mientras que apenas despertándose miró al espíritu en una esquina de la habitación con un aura negra rodeándole.

—… Salió a entrenar…

—Ah… ¿Y por qué no fuiste con él?

—… Porque… se olvidaron de mí…

— ¿Ah?

KU-Pyon: ¡Infinitas gracias por sus reviews! :D honestamente los comentarios me animan n.n y pues… Debo decir que este capítulo fue basado en el 109 del manga (Espero haberme apegado aunque sea un poco) y pues bien, trate de hacerlo un poco más largo ñ.ñ

Recientemente he estado leyendo los fanfics de BioSei (Escribió mayormente de Shaman King) y note que mi comedia es un asco TuT seguiré esforzándome, muchas gracias por leerme.

También agradezco sus respuestas :D