Giró con suavidad sobre el futon donde se encontraba y dejo oír un ligero gemido antes de girar nuevamente ¿Cuantas vueltas había dado ya? No lo sabía, pero era un hecho que no podía dormir. Por alguna razón se sentía incómoda y no era capaz de pegar ojo pese a saber que estaba cansada.

Una vuelta más y otro quejido.

Lo extrañaba, quería tenerlo a su lado de nuevo para abrazarlo y sentir su calor. Adoraba la dulce forma en que la besaba y como bastaba decir que algo se le antojaba para que él fuera a conseguirlo. Parecía que esa noche necesitaba sentir la respiración de él contra el cuello propio para poder descansar con tranquilidad.

Lo amaba...

Lo amaba mucho, cada día parecía enamorarse más de él... Y cada día el miedo de perderlo se hacía más fuerte.

— ¡Maldición!— masculló al tiempo que se frotaba los ojos con las palmas de las manos para limpiar el rastro de las lágrimas que se le habían escapado.

Normalmente no lloraría, porque sabía que algo así podría pasar desde el principio y sabía que debía ser dura, pero ahora no era la misma de siempre. Su cuerpo estaba cambiando, y sus emociones se disparaban contra su voluntad volviéndola vulnerable... Ese era uno de los cambios hormonales que debía sufrir como una embarazada, y vaya que los odiaba porque a veces la hacían actuar vulnerable.

Aún enfurruñada se levantó empujando las cobijas que la cubrían y acomodándose el yukata blanco con el que dormía salió de su habitación dirigiéndose después a la cocina, donde puso agua a hervir con la intención de prepararse un té.

Todo estaba tan callado...

Pero no era debido a que todos estuvieran durmiendo, sino más bien no había nadie. Tanto Yoh como sus amigos ruidosos estaban fuera durmiendo en quién sabe dónde en esos momentos.

Estúpido Yoh... ¿Que no entendía que si él no estaba nadie podría satisfacer las ganas que ella sentía de abrazar a alguien?

—... ¿Señorita Anna?— una voz a sus espaldas llamó haciendo que ésta se girara para verla.

—Tamao...— respondió haciendo lo posible por modular su voz para que no delatase sus sentimientos de soledad actuales— ¿Qué haces despierta? Son las 3 de la mañana.

—Lo mismo digo— contestó la menor acercándose un poco más— ¿No puede dormir?

La itako bajó la mirada y dejo oír un suspiro.

—Supongo que es eso—se limitó a decir girándose una vez más a donde su té se estaba procesando restándole importancia a su respuesta.

La pelirrosa esbozó una pequeña sonrisa y se colocó al lado de la futura Asakura.

—Sabe que puede despertarme para ayudarle, Anna-sama.

La futura esposa movió la cabeza negando y después dejo oír otro suspiro.

— ¿Qué clase de buena mujer va por las noches despertando a la gente solo por un problema personal? No soy dependiente — farfulló cerrando los orbes con tranquilidad.

—Pero…— trató de alegar usando un tono de voz amable sabiendo después que la discusión había terminado, Anna ignoraría cualquier argumento, después de todo había sido criada y entrenada por Kino para ser una buena esposa para Yoh.

De esta manera un silencio nació en medio de la oscura escena que era únicamente iluminada por la flama azul de la estufa.

—Beber leche tibia sería mejor— recomendó amablemente al ver lo que la mayor estaba preparando.

Anna la miró de reojo con sus inexpresivos ojos enmarcando una fina ceja.

—En verdad no tengo planeado utilizar los métodos caseros para dormir, no es como si estar en vela me molestara después de todo—respondió regresando la mirada a la flama que calentaba el agua.

—Los métodos caseros pueden ser bastante funcionales. Además, no dormir es malo para los dos, Anna-sama.

La rubia esbozo una sonrisa desganada y la miró.

—Esos solo son pre…—empezó a decir a punto de reprimir a la inocente Tamamura, sin ser capaz de terminar luego su frase. Anna abrió más los ojos y miró a la chica con la que hablaba sin molestarse en disimular su sorpresa— ¿"Los dos"?— cuestionó frunciendo el entrecejo sintiéndose incapaz de apartar la mirada de Tamao, quien permaneció sonriendo con tranquilidad.

—Hablo de Anna-sama y del bebé que crece dentro de ella— contestó con la misma calma que su sonrisa expresaba.

La Kyoyama permaneció inmóvil mirando con estupefacción a la discípula de su futuro suegro. ¿Se había dado cuenta? ¿Cómo? Ella se había asegurado de actuar con naturalidad o por lo menos se había esforzado, y para no llevarse sorpresas de algún chismoso, Yoh y ella no tocaban el tema.

— ¿Cuándo…?— interrogó retomando el control de su voz y expresión, volviéndolos fríos como eran habitualmente.

—Desde hace mucho tenía sospechas— respondió la menor borrando de a poco la sonrisa de sus labios— pero preguntar hubiera sido grosero, pienso que Yoh-sama y usted no lo han hecho público por alguna razón…Además, creo que usted ha intentado disimularlo, pero su irritabilidad aumentó y también sus tiempos de descanso, además… Parece que es más fácil preocuparla ahora.

La itako se mantuvo mirándola mientras hablaba, pensando en que había subestimado la percepción de Tamao y lamentándose un poco por ello. Suspiró y apago el fuego de la estufa donde aún calentaba agua.

— ¿Irritabilidad, dices? — dijo sintiendo un poco de gracia por aquella afirmación. Claro, Tamao era la persona con quien más convivía actualmente al igual que Jun haciéndole compañía. Pero vaya, pensar incluso que alguien como ella elevando su nivel de irritabilidad era indicios de algo extraño…

—Además, el joven Yoh parece que también se preocupa más por usted— agregó sonriendo una vez más— ¡Ah! Aunque no estoy diciendo que antes no se preocupara, más bien… Ahora lo demuestra más, esto… ¿Cómo lo explico?

Anna frunció ligeramente el entrecejo, sintiendo algo de pena por su acompañante pues sabía que aquella albergaba sentimientos románticos hacia el futuro padre y quizás hablar de ese tema podría resultarle algo hiriente.

—Tamao…

— ¡Lo siento! Empecé a hablar demás…— se disculpó sonrojándose tras sentirse avergonzada mientras ligeras gotas de agua se acumulaban en sus ojos.

La rubia, con desniveles emocionales provocados por el embarazo, alcanzó con su mano albina el cabello rosado de la otra chica como para calmarla.

— ¿Estás bien?— preguntó dejando ver una amabilidad que pocas veces mostraba.

— No se preocupe…— respondió inclinándose un poco con el tacto de la Kyoyama secando después las gotas de lágrimas que se habían formado en sus ojos— Yo siempre supe que nunca fui tan bonita o fuerte como Anna-sama, no soy la correcta para estar al lado de Yoh-sama… Y tampoco soy yo a quien eligió como compañera de por vida— habló con calma formando nuevamente una sonrisa en sus labios—. Es por eso, que me alegro mucho por el hijo de ambos que aún está dentro de usted… Muchas felicidades.

La sacerdotisa la miró tan inexpresiva como siempre antes de esbozar una sonrisa pequeña.

Tamao era más fuerte de lo que ella creyó. Y eso era bueno, la hacía sentirse un poco más relajada y tranquila, además, era la primera vez que alguien la felicitaba a parte de los abuelos y padres de Yoh por la concepción del nuevo heredero.

Faltó poco para que quitara su mano de la cabeza ajena y se girara de nuevo a donde la estufa con movimientos calmados y gráciles.

— Tamao— llamó mientras apagaba la flama de fuego azul.

— ¿Si?

— Prepara leche tibia— dijo avanzando a la sala con calma sin girarse a verla siquiera para después sentarse en el sofá y encender el televisor.

La aprendiz mostró una sonrisa más amplia y asintió.

— ¡Sí! Como ordene.

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— Escuchen, aprovechen esta oportunidad para relajarse porque no habrá tiempo después— dijo la futura Asakura mientras se encontraba frente al equipo de Len después de que éstos finalizaran su batalla con los Gandara.

Cansados y molestos por esa pelea difícil, los tres la miraron mientras ella permanecía con su frialdad e inexpresividad inmutada.

— ¡Anna!— llamó el ainu, quien parecía haber tenido más protagonismo en la arena tras elevar la curiosidad sobre su pasado.

— Te he dicho que me hables con más respeto— demandó ella enfocando sus ojos en él.

— Como sea, ¿A qué te refieres con lo anterior?

— Podría— respondió ella entrecerrando los ojos— pero ¿Por qué no le preguntan a Chocolove primero?

— ¡¿Eh? ¿A mí?!— habló el, ahora ciego, mal comediante sorprendido por la mención que hizo acerca de él la itako.

— Cuéntales sobre los Gandara, y sobre los cinco guerreros— contestó dándose media vuelta avanzando después.

Ella sabía lo que venía a continuación, podía imaginárselo al menos. La última y más difícil batalla se aproximaba, y los Gandara eran parte del staff de la misma.

Mientras, en otro lado Fausto estaba al lado del cuerpo de Yoh rodeados por otro equipo después de haber entrenado.

— No tiene pulso…— decretó incrédulo de ver a su líder sin vida.

—Su alma ha sido enviada al infierno— contestó la líder de los Gandara, quien había sido la que le había hecho aquello al Asakura—, con el único fin de derrotar a nuestro enemigo Hao.

KU-Pyon: Me disculpo por mi tardanza unu Estos días he estado algo deprimida, pero me repongo fácil (? XD Como sea, espero les haya gustado este capítulo y tengo la esperanza también de que pueda actualizar pronto

¡Gracias por leerme! Este capítulo fue basado en el capítulo 230 y 234 del manga :3

Sin más que decir, nos leemos :D y gracias por tu opinión :D