BUENAS GENTE BONITA! EH VUELTO!

Uff.. parece que fue hace una vida que publique en este fic, aunque paso apenas un mes... Mil disculpas por la tardanza, eh estado escribiendo mucho.

En fin, en primer lugar, quiero agradecer por sus mensajes. La verdad son la razon por la que escribo, me encanta saber lo que piensan y siente, aun cuando no esten del todo deacuerdo en como se desarrollan las cosas del fic, eso no importa. Su opinion me interesa, asi que no dejen de escribir!

Y por fin llegamos al recital! Uff... no planeaba tardar tanto en llegar hasta este punto... Pero estoy feliz como fueron surgiendo las cosas, estoy contenta con este fic.

Preparense, eso si, porque quedan pocos capitulos!

Sin mas que añadir, espero que lo disfruten!


Tardaron diez minutos más en maquillarse, peinarse, ponerse los tapones en los oídos y, en el caso de Steven, vestirse. Cuando acabaron, ya no eran tres jóvenes adultos; eran grandes guerreros del espacio. Dos de ellos lo eran de verdad. Espinela solo estaba pretendiendo, pero, ¡qué lindo era pretender!

Antes de salir, Espinela tomo su celular (no iba a dejarlo allí suelto). Vio que había unos mensajes de Lapis, pero los ignoro. Ya tendría tiempo para verlos después, y si fuera algo importante la hubiese llamado. Espinela puso el celular en silencio y guardo el aparato en el bolsillo de su jean.

Los tres se dirigieron al escenario, cruzándose en el camino a Sadie Killer y a su banda, quienes los felicitaron por su look espacial. Ellos aun vestían de civiles, pero tenían tiempo de sobra para disfrazarse como zombis y fantasmas.

La banda subió al backstage del escenario; el ruido de la gente era ahora ensordecedor. Greg los intercepto y les pregunto, a los gritos, si estaban listos.

— ¡Tan listos como podemos! —grito Steven para hacerse oír entre el escándalo—. Si no salimos ahora, podríamos acabar huyendo a México.

"Patagonia," pensó Espinela y capto como Connie escondía una sonrisa.

Finalmente salieron al escenario. El telón los tapaba, pero se podía oír el ejército de gente del otro lado.

Cada uno asumió su puesto. Espinela con su batería ya armada en la parte de atrás. Connie a la derecha del escenario, en su teclado electrónico. La guitarra de Steven descansaba en su pedestal a la izquierda y al frente, pero Steven no fue hacia allí. En vez de eso, un brillo rosado cubrió su cuerpo mientras se elevaba en el aire hasta una viga del techo (instalada especialmente para su acto).

Ni bien estuvo acomodado, Steven levanto su pulgar. Connie se lo devolvió y busco la mirada de Espinela. Con toda la oscuridad, ella apenas podía ver la batería que tenía en frente, mucho menos la expresión de Connie; pero el mensaje era claro: es hora.

Espinela le hizo una señal a Greg. El asintió y paso por debajo del telón, hacia el frente del escenario.

El estomago de Espinela estaba como una olla con agua hirviendo. No necesitaba ver sus manos para saber que estaban temblando. Aun podía sentir los labios de Connie contra los suyos…

"¡Basta! No es hora de pensar en eso," se reprocho a sí misma, "Esos son problemas de Espinela, y ahora yo no soy Espinela. Soy una terrible General Alienígena y quiero sangre."

De pronto se oyó un ruido de estática y Espinela tembló. Vaya General… En seguida se escucho la voz de Greg, mesclada con la estática del micrófono.

—Atención todo el mundo —dijo, y el público se cayó—. ¡Están listos para esto!

El silencio se convirtió en un rugido de aprobación.

—Mmm. La acústica debe ser mal. No oí nada. Pregunte: ¡Están listos para esto!

Otro rugido, aun más desesperado.

— ¡Así me gusta! —Greg rio antes de ponerse serio—. Ahora, se que todos vinieron por Sadie Killer, pero antes tenemos un acto especial para ustedes. Se trata de la banda más galáctica que existe y les volara la cabeza hasta Júpiter… Y el vocalista es alguien que ya conocen —Greg se detuvo un segundo, lleno de emoción—. Se trata de mi muchacho, mi hijo Steven. El armo esta banda con sus amigas.

Se oyeron un par de risas ahogadas. Espinela se pregunto si era demasiado tarde para empezar a patear hacia el sur...

—Pero no hablare mas porque luego dirá que lo avergüenzo —Greg hizo una pausa dramática y grito, como toda una estrella de rock—. Damas y jóvenes... Con ustedes… ¡Space Rebel!

Hubo rugidos y aplausos. Greg abandono el escenario como perseguido por el Diablo. El telón se abrió a la par que las luces se apagaban.

El recinto era una jungla de celulares y cámaras, iluminando las cabezas de la gente. Había casa llena, tal como había prometido Steven.

Los segundos siguientes se hicieron eternos. El público chiflaba y chillaba. Espinela podía oír sus propios latidos y casi se golpea un platillo sin querer.

Una nota simple se hizo oír, seguida de otra y otra más. Una luz de reflector ilumino a Connie. Su teclado sonaba como saliendo de un sueño lejano. En seguida Espinela se le unió con un ritmo lento, muy lento. La voz de Connie se elevo en un coro, el cual Espinela también acompaño.

Pronto llegaron a la marca de Steven y una luz brillo sobre la viga. Steven estaba sentado, con el micrófono en mano, tarareando la melodía que iniciaba la canción.

Cuando la banda era aun una idea en desarrollo, Greg les dio un único consejo. 'No se puede tener una banda espacial sin un cover de Starman'. Steven se lo había tomado como ley...

Didn't know what time it was and the lights were low

I leaned back on my radio

Some cat was layin' some rock 'n' roll

'lotta soul' he said

La gente reconoció la canción y empezó a emocionarse. Entonces dio inicio la fase dos. Steven se puso de pie y se inclino hacia adelante, dejándose caer por inercia. El publico grito de miedo y luego, de éxtasis, mientras Steven descendía al suelo como una pluma en vuelo.

Then the loud sound did seem to fade

Came back like a slow voice on a wave of phase…

Steven aterrizo en puntitas de pie.

That weren't no DJ, that was hazy cosmic jive.

Espinela ataco la batería. Connie enloqueció con el teclado. Steven arrojo su micrófono de mano al público y sujeto su guitarra, acercándose a su vez al micrófono de pie.

Entonces empezaron a tocar en serio.

There's a Starman, waiting in the sky

He'd like to come and meet us

But he think he'd blow our minds

There's a Starman waiting in the sky

He's told us not to blow

Cause he knows its all worthwhile

He told me…

Let the children loose it

Let the children use it

Let all the children BOOGIE!

La multitud enloqueció cuando Steven empezó su solo, haciendo llorar a la guitarra. El acto de caer del cielo había sido idea de Connie; Tenemos que empezar con todo, había dicho ella, y tuvo razón. El público se lo estaba comiendo con gusto; aunque Espinela ya no les prestaba atención. Ya no pensaba en que platillo o bombo debía tocar; sus movimientos eran autónomos. Su mente estaba plagada de imágenes de estrellas y planetas distantes, de guerreros cósmicos combatiendo una guerra sin fin en el nombre de sus Diosas. Steven y Connie estaban allí. Y Espinela también, luchando a su lado codo a codo... a codo.

Tan rápido como inicio, el primer tema acabo con una última nota de la guitarra de Steven. La multitud los ensordeció con gritos y alabanzas.

Los jóvenes se miraron los unos a los otros. Estaban empapados de sudor y llenos de una energía tan potente que era casi visible. La felicidad los invadía, embriagándolos, alterándolos, haciéndolos desear más.

Entre los gritos, Espinela distinguió unas voces conocidas. Alzo la vista arriba y hacia el frente y vio a Lapis, Peridot y Bismuto sentadas sobre una viga. Usaban camisetas de Sadie Killer y gritaban como si nunca hubiesen ido a un concierto; y Espinela entendió que ese debía ser el caso.

Sin saber bien que hacer, alzo sus baquetas al aire, cruzando una con la otra. Un saludo a los Dioses. El trió de gemas vitoreo.

Steven se aclaro la garganta y hablo en el micrófono.

—Gracias… muchas gracias —dijo, con una emoción palpable—. Somos… somos Space Rebel.

La multitud rio. El corazón de Espinela se derritió como manteca al sol. ¿Como es posible que sea tan ternurita?

— ¡Y quédense con nosotros, porque aun no acabamos!

Ni que decirlo.

Los siguientes 12 minutos fueron los más desenfrenados y felices en toda la loca vida de Espinela. Después de Starman tocaron sus canciones con tema espacial. Tenían escritas ya un par (casi suficientes para un disco) y todas tenían una historia. Algunas eran más fantasiosas; hablaban de batallas en planetas distantes y viajar a horizontes desconocidos. Otras se inspiraban en hechos de la vida de Steven. A simple vista parecían hablar de una guerra interestelar, de un ejército alienígeno que busca tu destrucción. Pero ocultaban un mensaje más profundo. Hablaban de amor y paz, de no encajonarte en el status quo; de encontrarte a ti mismo.

Los que no conocían la historia de Steven no captaron el significado de las letras, pero apreciaron el aspecto más superficial de la música.

Espinela estaba eufórica; ebria de felicidad y amor propio. ¡Jamás se había sentido así, ni con su otra banda! Y mientras más festejaba y vitoreaba el público, más felices eran los tres. El teclado de Connie sonaba mejor. La voz de Steven era más clara. La batería de Espinela sonaba como una máquina, con ritmo perfecto y sin perder el ímpetu.

Terminaron la penúltima canción y la energía empezó a descender. El público ya había recibido su cuota límite de banda telonera y querían ver a Sadie Killer. Era hora de acabar, y había que hacerlo con un boom.

Antes de comenzar a tocar, Steven saludo a la gente y se acerco corriendo a Connie. Conversaron brevemente, susurrándose cosas al oído. Al final se miraron y se dieron un potente pero corto beso (que el publico adoro). Cuando Steven regreso a su lugar, cruzo miradas con Espinela y le levanto el pulgar.

"¿Que fue eso?" se pregunto Espinela. No sabía que estaba pasando.

Eso es malo. No saber es malo, malo, malo.

Steven se acerco al micrófono.

—Gracias a todos por venir hoy. Sé que ya quieren oír a Sadie Killer —hubo un estallido de parte del público—. Pero antes de eso, queríamos despedirnos con una canción que es muy especial para mí. La escribió mi papa, el señor Universe, y quizás les resulte familiar.

Ah, era eso.

"Steven debió preguntarle a Connie si quería cantar '¿Qué puedo hacer por ti?' Uf, ¡que susto!", pensó Espinela, más liviana. "Eso está bien, puedo lidiar con eso. Nadie me va a arruinar este momento, ni siquiera yo."

Steven empezó a tocar, seguido de Espinela y luego Connie. La canción era una power balad de amor, hecha para ser cantada de a dos. Lentamente, las voces de Steven y Connie se alzaron al unisonó.

¿Qué puedo hacer por ti?

¿Qué puedo hacer que nadie hará por ti?

Un temblor se apodero de Espinela, casi haciéndola perder el ritmo. Las voces de Steven y Connie eran más profundas, más rasposas… Como amantes en el medio del momento en que, por fin, se vuelven uno solo.

¿Qué puedo hacer por ti?

Hubo un cambio imperceptible en el aire mientras Steven alzaba una mano.

¿Qué puedo hacer por ti?

CHASK. Steven trono los dedos.

Una corriente de aire surco el salón entero, como una potente brisa de verano. Espinela siguió tocando, pero las baquetas empezaron a resbalársele de las manos. Finalmente una se le escapo.

"¡Mierda!"

Quiso agarrarla pero la baqueta flotaba fuera de su alcance. Al final la otra se le escapo también y, cuando Espinela se extendió para agarrarla, la primera la golpeo en la cabeza.

Espinela se agarro el coco. Para su sorpresa, las baquetas no se alejaron volando como pajaritos. Se pusieron a tocar, siguiendo el ritmo de la canción.

"¿Que esta…?" Espinela miro alrededor, sintiéndose ridícula.

Entonces vio que Steven y Connie también habían dejado de tocar, pero la canción seguía sonando. La guitarra chillaba y el teclado tecleaba. Y Steven… brillaba. Había un halo rosa a su alrededor y sus cabellos se revolvían, como si la brisa proviniera de él.

Cuando Steven y Connie se tomaron de las manos, todo resulto claro. ¡La fusión! Lo había olvidado por completo.

"Avísame antes de hacer tus abracadabras, Stevie."

Espinela (y el público) observo el espectáculo con suma atención. Normalmente la fusión era un proceso simple. Steven y Connie se fusionaban todo el tiempo; la mitad de las veces ni siquiera se daban cuenta hasta que Stevonnie tomaba su lugar, momentáneamente confundida por su descenso del plano mental al mundo físico.

Pero ahora la situación no era ordinaria; debían montar un show.

Así que bailaron. Mientras los instrumentos se tocaban solos, poseídos por una magia invisible, ellos bailaron; tímidamente al principio. Un pequeño vals, una vuelta y un giro. Connie se dejo caer y Steven la sujeto de las manos antes de que tocara el piso. Al levantarla, la hizo girar. Dieron vueltas una y otra vez. La guitarra se volvió loca, los tambores repiqueteaban frenéticos… Entonces un resplandor los envolvió, inundando toda la sala con una luz rosa.

Cuando la luz se disipo, donde antes había dos, ahora quedo una. Stevonnie dio un único giro y asentó ambos pies en el piso, alzando sus brazos en el aire, saludando al mundo.

El público perdió la cabeza. Gritaban, aplaudían... se preguntaban '¿Qué? ¿Cómo? ¿Viste eso? ¡Claro que si lo vi!', todo sin dejar de grabar con sus teléfonos y cámaras.

Espinela se abrazo a sí misma. Ya no era parte de eso, y está bien. Connie y Steven ya habían hecho suficiente para meterla en sus vidas. Merecían tener su momento.

"Se ven tan bien juntos…"

La música cambio, señalando que iniciaba el segundo verso.

Stevonnie se acerco al micrófono. Espinela se puso de pie. Si era discreta, podría escaparse y ver el show desde atrás.

Pero entonces Stevonnie volteo y la señalo con una mano. Espinela se detuvo; todos sus músculos se paralizaron. Otra vez sintió la brisa, pero esta vez fue casi un vendaval con aroma a rosas, girando a su alrededor.

Stevonnie le hizo señal a Espinela para que avance. Espinela dio un paso. ¿Por qué dio un paso? No quería ir al frente. Dio otro paso y luego otro. Podría ser que Stevonnie… No, no puede ser. Steven no la manejaría como un muñeco. Pero mientras más avanzaba, más se dio cuenta de que no tenía control. Y de que Steven no estaba allí. Solo Stevonnie.

Espinela dejo de avanzar antes de caerse por el borde. El público estaba en silencio, expectante, observando todo lo que ella hacía.

Óyeme.

Espinela volteo. Stevonnie sujetaba el micrófono, pero no miraba al público, sino a ella.

Eres divertido.

Espinela enrojeció.

Nunca planee. Que fueras tú…

La mano de Stevonnie toco el casco de Espinela.

¡Tan entretenido!

El casco cayó hacia atrás suavemente. Stevonnie sujeto la mano de Espinela y la hizo dar media vuelta.

Eres genial.

Espinela sintió una manos suave (tan suave) acariciando su cabello.

Amo tu canción.

Corrió otra brisa y PUF, las ligas que sostenían sus coletas explotaron. El cabello de Espinela caía rebelde ahora. Stevonnie la hizo voltear otra vez.

Me gusta ver.

Levanto el rostro de Espinela con un dedo.

Lo que puedes hacer.

Cantamos los dos.

Woohoo (Woohoo)

Espinela se sorprendió al oír su propia voz. No quería cantar, pero no podía evitarlo. Stevonnie puso el micrófono frente a las dos

"Ah, ¿qué importa?" Decidió Espinela, y dejo que las palabras le fluyeran.

¿Qué puedo hacer por ti?

¿Qué puedo hacer que nadie hará por ti?

¿Qué puedo hacer por ti?

Stevonnie alzo una mano al aire.

¿Qué puedo hacer por ti?

CHASK.

Todas las luces cayeron sobre ellos, con un brillo rosa antinatural.

Si era un sueño, Espinela no quería despertar. Flotaba en el aire, siendo guiada por las manos de Stevonnie. Bailaban, pero no era ningún baile terrestre, sino una danza cósmica. Agarrar, girar, soltar, caer, ser sujetada, lanzada al aire… No existía la gravedad. No existían los límites; no podían existir cuando Stevonnie estaba presente. Su propia existencia era un milagro; parte un ser de luz inmortal, parte una frágil humana. Era hermosa. Y en ese momento, Espinela era parte de ella. Parte de su luz.

Stevonnie la hizo doblar hacia atrás, sujetándola de la espalda baja. Demasiado baja. El público enmudeció. La mano libre de Stevonnie se enredó en el cabello de Espinela, acariciando sus risos con delicadeza. Cuando llego a su cuello se detuvo allí, sosteniéndola en su lugar. Obligándola a verla a los ojos.

Diamantes. Había diamantes en los ojos de Stevonnie. Mientras más los veía, mas brillaban, mas le quemaban las retinas a Espinela pero ella no podía apartar la vista, y tampoco deseaba hacerlo.

Ya lo había entendido todo. Una fusión, de los tres. Ahora. Ese era el plan.

Pero no podían… ¿O si podían? Espinela ya no pensaba. El cuerpo le ardía, los ojos de Stevonnie la atravesaban. Le pedían, no, le suplicaban.

'Déjate llevar'.

Espinela dejo el cuerpo blando, derritiéndose en las manos de quien era la fusión de sus amores.

Si… ¿Por qué no dejarse llevar?

Sintió como era levantada suavemente. Su mundo era rosa. No oía nada, solo la música, y estaba segura de que no era real. No técnicamente… Los instrumentos no tocaban nada, era puro show. La música estaba en la mente de la fusión, y ella hacía que todos la oyesen.

El rostro de Stevonnie se acerco. Lento, demasiado lento... Espinela se sentía sola. Llevaba tanto tiempo sola. Pero no tenía que volver a ser así nunca más.

Unos suaves labios rozaron los suyos. El publico suspiro. La guitarra chillo. La mente de Espinela se le escapo; podía verse a sí misma siendo sujetaba, envuelta en una cálida luz.

Y entonces sintió un roce. Una mente, no, dos mentes. Dos conciencias en un solo ser que se extendían hacia ella como un puente. Le hablaban. 'Déjate ser. Déjate querer.' Su cuerpo cosquilleo, volviéndose una con la luz que la envolvía, mientras las dos mentes rodeaban. Estaba desnuda frente a ellos.

"Espinela…"

— ¡NO!

Fueron mil sensaciones repentinas, todas a la vez. El dolor en su cuerpo, mientras regresaba a su estado sólido. El miedo repentino, como cuando sueñas que estas cayendo y te despiertas, mientras su mente volvía a su envoltorio físico. El mareo, mientras su cuerpo se desplomaba hacia abajo. El duro piso de madera golpeando su espalda. El suspiro del público. La música deteniéndose con una mala errada.

Espinela volvió en si para ver que estaba tirada sobre el escenario. El público guardo silencio… justo antes de explotar en aplausos y bramidos animales.

Ella solo veía rostros gritando, mas no oía nada. Cruzo la mirada con los ojos de Diamante de Stevonnie.

Pena. Eso es lo que había en su mirada.

Stevonnie extendió su mano hacia ella y todas las alarmas sonaron en su cabeza.

Espinela la aparto de un manotazo y salió disparada. No supo a donde iba hasta que diviso el camerino.


¡TUD!

La puerta se abrió de un portazo y Espinela entro echa un huracán. La estática en su cabeza alcanzaba los niveles de un canal después de que termino la programación.

Se dirigió directamente hacia la hielera. Solo había agua dentro.

"Ahh, perfecto. Que mejor momento para estar sobria," pensó amargamente.

Abrió una botella y se bebió la mitad de un sorbo. Stevonnie entro al cuarto en ese instante, cerrando la puerta detrás de ella y ahogando al mundo exterior. Le dijo algo a Espinela que ella no oyó. Busco en sus oídos y se saco los tapones.

— ¿Que fue lo que dijiste?

—Dije que por favor intentes tranquilizarte —suplico Stevonnie.

Espinela se atraganto con el agua, lanzando todo lo que estaba tragando al piso.

—No… m…me digas… que me… ¡calme! —chillo ella mientras se daba golpes en el pecho. —No soporto… que me quieran… calmar…

Stevonnie alzo los brazos en señal de rendición.

Espinela inclino la cabeza hacia el piso y vacio el resto de la botella sobre sí misma. El agua helada se sentía como uñas sobre un pizarrón en un cuarto a prueba de ruido, pero logro sacar a Espinela de su sopor. Alzo la cabeza, ya más entera y con la cabeza más silenciosa, lanzando agua por todas partes como perro empapado. Noto que Stevonnie también estaba acalorada; su rostro empapado de sudor, que ella inútilmente quería secar abanicándose con las manos.

Espinela saco otra botella de la hielera y se la lanzo. Gracias dijo Stevonnie. Espinela refunfuño.

—No puedo creer lo que hice —dijo, mientras caminaba de un lado a otro. La realidad le cayó tan de repente que se desplomo al piso. —Ay Astros, ¡tenían cámaras!

—Espinela…

—Te… ¡Tenían cámaras! ¡Grabaron todo lo que hice!

Stevonnie se arrodillo junto a su amiga.

—Vamos, no seas así. No estuvo tan mal.

— ¿No tan mal? —Espinela se agarro de los pelos empapados—. Me… ¡me caí de culo! En un escenario… ¡frente a quinientas personas!

Stevonnie murmuro algo.

— ¿Qué?

—Dije… 850 —Stevonnie sonrió como quien acaba de estrellar un auto en un velorio—. Fueron en realidad 850 personas. Esa es la máxima cantidad permitida del salón.

El alarido que soltó Espinela estaba cargado de frustración y vergüenza. Quedo dura, tirada en el piso como una muñeca sin cuerda. Apretaba los dientes y le ardían los ojos. No quería llorar. No debía.

Oyó una risita y alzo la vista.

—Perdón, es… —Stevonnie se tapo la boca.

Espinela empezó a ver rojo.

— ¿De… de que te ríes? —le pregunto. Stevonnie rio mas. — ¿Qué es tan gracioso?

—Perdón, solo… —Stevonnie se detuvo un instante para tranquilizarse y beber un trago de agua. Luego hablo, con tono conciliador—. Es solo que creo que exageras.

Espinela le enseño los dientes. Stevonnie retrocedió un poco; con el cabello revuelto y esa mirada bestial, Espinela parecía un animal salvaje. Y no descartaba que intentase morderla.

—Es solo… er… —prosiguió Stevonnie—. Digo, el concierto salió bien, ¿No? Viste al público. ¡Se estaban comiendo nuestro acto!

— ¡Dirás TU acto! —exclamo Espinela, poniéndose nariz con nariz con la gigante chica—. Yo estaba en la parte de atrás mientras todo el mundo te miraba.

—Pues, si. Tú decidiste eso, ¿lo recuerdas? Se lo dijiste a Connie. Pensé que era lo que querías.

— ¡Sí!... Digo, no… Es solo que soy un desastre y cuando paso al frente pasan cosas como esa. Esa caída será viral para mañana. "Vergonzoso resbalón en un concierto de Sadie Killer. ¡Ver para creer!" Tendrá un millón de visitas en unas horas.

Esto solo saco otra carcajada de Stevonnie, lo que provoco otro gruñido de Espinela.

—Perdóname, n… no lo hago a propósito. Solo no entiendo porque te pones así —la mano de Stevonnie rozo el brazo de Espinela.

Ella dio un manotazo y se la saco de encima.

—Oh, claro que no lo entiendes —se burlo Espinela. —"Oh, mírenme, soy Stevonnie. Soy una fusión. ¡Miren como bailo e impresiónense con mi magia barata de salón!"

Stevonnie dejo de reír. Espinela se paralizo.

Stevonnie la sujeto de las manos. Primero una, aprisionando su muñeca con fuerza, y luego la otra, sosteniendo ambas frente a ella y mirando a los ojos de Espinela.

—Que Steven y Connie se fusionen fue idea tuya —anuncio Stevonnie—, no mía.

—Lo sé —se quejo Espinela y, antes de que pudiera contenerse, las lágrimas volvieron a escapar, grandes y redondas, acariciando sus mejillas.

Stevonnie la libero y la rodeo con sus brazos. Espinela hizo una rabieta y trato de soltarse en vano; estaba presa ante el gigante ser.

—Es que… es… es tu culpa —gimoteo Espinela—. E…eres perfecta. Y hermosa. Y t…todo el mundo te ama y yo… —se detuvo para concentrarse. Ya no sabía si hablaba de Stevonnie o de sus componentes—. Yo quería que todos l… lo vieran.

—Shh…

—Quería que… te vieran a ti y… no a mí.

—Shh, basta —insistió Stevonnie—. No hables más.

Espinela sintió las poderosas manos de la fusión secando sus mejillas. Entre la humedad en sus ojos y el sopor que le provocaba la ansiedad, apenas podía distinguir algo. Se aferro a la voz de su amiga para no desvanecerse.

—No soy perfecta, ¿de acuerdo? Nadie lo es. Ni yo, ni Steven, ni Connie —dijo Stevonnie con su voz de seda—. Y tú no eres un desastre. Yo… tengo más experiencia existiendo, eso es todo. Como fusión, quiero decir. Y yo… Steven, Connie y yo, queríamos que fueras parte de eso.

—Yo también —dijo Espinela. Se seco los ojos, embadurnándose el maquillaje por el rostro (no que le importase a estas alturas).

—Es lo… lo que más quería. Ser parte de… ti —miro en los oscuros ojos de Stevonnie. No había diamantes en ellos. Por el contrario, eran tan profundos que espantaban. —Je… jeje... y como siempre lo arruine.

—Está bien. La próxima vez será mejor.

— ¿Mejor?

— ¡Sí! Tocaremos mejor y… y practicaremos la fusión —Stevonnie le aparto un mechón del rostro—. Ya veras, saldrá excelente.

Una punzada atravesó el estomago de Espinela, como si la estuviesen apuñalando con una daga y se encontrase en peligro mortal. En una situación así, un humano solo tiene dos opciones: pelear o huir.

Y Espinela, por simple costumbre, eligió la segunda.

Si, claro.

Se puso de pie rápidamente, deteniéndose un segundo para sobarse el muslo; la repentina corrida tipo Tom Cruise había hecho que el esguince regresase con más fuerza.

Medio caminando, medio arrastrándose, Espinela se acerco al espejo y se apoyo sobre la mesa para ponerse de pie. Tomo un peine y empezó a cepillar su cabello, tirándolo hacia atrás, tratando de darle forma.

—Uh, ¿y ahora que haces?

—Me largo, se acabo.

— ¿Te vas? —Stevonnie se ubico detrás de Espinela en el espejo. A juzgar por la expresión en su rostro, esa no era la respuesta que buscaba—. Bueno, está bien. Espera que me pongo algo mas y…

—NO —interrumpió Espinela—. Quise decir que YO me voy, se acabo.

Stevonnie parpadeo varias veces.

—O sea… ¿dejas la banda? ¿A mí? ¿O a Steven y Connie?

—Sí, sí y sí. Todas las anteriores —Espinela volteo para ver a Stevonnie directamente—. Me voy de la banda, de tu vida y… de todo lo demás. Ya no puedo seguir.

Cuando Espinela acabo de peinarse rebusco sobre la mesa, hasta encontrar una única solitaria liga. Se ato el cabello en una sola larga coleta, a diferencia de sus acostumbradas coletas dobles. Vio la luz detrás de ella reflejarse en el espejo, pero no se molesto en voltear.

—Espinela, hablemos un segundo —suplico Steven, poniéndose a su derecha.

—No puedes hablar en serio —acuso Connie, ubicándose a su izquierda.

—Pues ya ves que sí; así que ayúdame a desvestirme o déjame en paz.

Connie le dio una mirada furtiva.

"De acuerdo, no me ayudes."

Empezó a desvestirse, sacándose primero los guantes y las botas, luego los pantalones y las hombreras. No se quito la pechera de corazón; no le molestaba para moverse, y no quería perder más tiempo. Una vez media desnuda se puso a recoger sus prendas esparcidas por el camerino.

—Es… Espinela, no puedes rendirte ahora solo por… por esa caída tonta —dijo Steven.

—Pues mírame.

Steven empezó a seguirla por todo el cuarto. No le importo que Espinela estuviera prácticamente en ropa interior frente a él. Había visto en los recuerdos compartidos de Stevonnie lo transcurrido cuando él estuvo ausente. Además, los tres tenían un problema más grande entre manos.

—Espinela solo… podrías… ¡Quédate quieta un segundo!

Espinela lo ignoro y se agacho para tomar su pantalón. Steven tuvo la misma idea.

—Suelta mi pantalón, Universe.

Steven sujeto un lado de la prenda, mientras Espinela tiraba, sin éxito, del otro. No había forma de igualar la fuerza de Steven.

Connie, sin embargo, si podía, en virtud de que ninguno de los otros jóvenes quería hacerla enfadar. Era mala cuando se enfadaba.

— ¿Pueden dejar de hacer eso? —Connie sujeto el pantalón y, cuando sus compañeros la soltaron, la prenda quedo en sus manos.

Se la entrego a Espinela, quien la tomo con desgano.

—Habla con nosotros, Espinela —dijo Connie, haciéndola temblar.

Fue el modo en que Connie dijo su nombre; como si le perteneciera a ella y no a su dueña.

—Hace veinte minutos dijiste que querías ser parte de la banda —prosiguió Connie.

—Eso fue hace veinte minutos —dijo Espinela—. Casi toda una vida.

— ¿Y qué cambio? ¿Fue por la fusión?

Espinela miro al piso.

— ¿De eso se trata esto? —pregunto Steven, sin recibir respuesta—. Espinela… lo siento. No debí aceptar la idea de la fusión, y no debí haber querido arrastrarte con nosotros.

—Está bien Steven, no importa —Espinela se abrazo, sujetándose de los codos—. Yo quería fusionarme. Quería ser parte de la banda, parte de…

Miro a sus amigos a los ojos. Había algo brillante y esperanzador en ellos.

—Parte de esto.

—Eres parte —insistió Connie, poniendo una mano en la espalda de Espinela—. Nosotros queremos que seas parte.

—No, no es cierto.

Alguien gruño. Fue un bramido casi animal cargado de frustración y ansiedad, tan potente que le dio ganas a Espinela de hacerse pequeña hasta desaparecer. Especialmente porque el gruñido provino de Steven.

— ¿Porque siempre haces eso? —exclamo él.

— ¿Hacer qué?

— ¡Esto! —Steven señalo el aire, como si fuera obvio—. Asumir que sabes que es lo que yo quiero, lo que nosotros queremos. ¡No lo sabes! Jamás te abres con nosotros.

—Steven…

—No, no. Déjalo hablar —Espinela alzo una mano hacia Connie—. Parece que esta es la oficina de reclamos.

— ¡Si, lo es! —dijo Steven, ignorando el sarcasmo—. Mira, entiendo que la hayas pasado mal, que hayas sufrido. Me queda claro, y lo lamento, pero quiero ayudar. Y veces es… es difícil abrirse contigo cuando tu eres tan alejada. Tan… tan distante. ¿Lo entiendes? Hay veces que no sé cómo hablar contigo, no sé qué decirte o si lo que voy a decir te va a lastimar, así que prefiero guardármelo. P… porque no quiero herirte.

La voz de Steven fallo al final, y la resistencia de Espinela se resquebrajo. La mano de Steven rozo su cintura, justo debajo de la pechera pero arriba de su ropa interior. No hizo nada, solo la dejo allí, sujetando a Espinela; Connie hizo lo mismo, poniéndole una mano en la espalda.

—A… así que no asumas que es lo que queremos. ¿Está bien?

—Steven…

Te queremos a ti, Espinela—la voz de Steven atravesó el cuerpo de Espinela y llego hasta lo más profundo de su psique. Era esa voz de jefe que era casi imposible resistir. —No nos empujes más, por favor.

—Basta —suplico Espinela, cerrando los ojos a tal tortura.

Sintió un aliento cálido (el de Steven) rozando su rostro. Unas manos callosas (las de Connie) trazando círculos en su espalda. Unos labios (que Espinela no pudo identificar) tocando los suyos.

"¡BASTA!"

Espinela dio una bofetada limpia, sacándose el brazo de Steven de encima, y retrocedió hacia atrás, eludiendo los brazos de Connie, hasta quedar espalda contra la pared.

Miro a Steven. Luego a Connie. Era como un duelo de voluntades. Había distancia entre ellos que nadie se atrevía a cerrar. ¿Quién duraría mas antes de romper ese abismo y lanzarse a los brazos de los otros dos?

Espinela, por su parte, no tenía intención de descubrirlo. Se seco el sudor de la frente (sus manos quedaron manchadas de mascara y base) y miro a quienes, hasta ahora, habían sido sus mejores amigos.

—Está bien —dijo—. ¿Quieres la verdad? Pues prepárate, porque aquí te viene una grande —Espinela rio, seca y amargada—. Ustedes tortolitos, noviecitos desde los doce años, no saben lo que estar sola. No tienen idea. Tener que mendigar cariño a cualquier hijo de vecino... Pero yo ya pase por esto, carajo, ¡pase por esto una, y diez y mil veces! Y el resultado es siempre el mismo.

Espinela se detuvo para secarse la nariz y los ojos. Basta de llanto, no más.

—Al principio, todo sale bien. Yo estoy feliz, y contenta y me siento querida. Y siempre es como la primera vez. Hermoso, cálido y... perfecto —dio un largo suspiro y su voz se hizo sombría—. Y luego pasa algo. Lo que sea; un enojo, o un ataque depresivo, o simplemente me caigo en el escenario en uno de los momentos más importantes de la noche porque no quería que ustedes vieran lo enferma que estoy de la cabeza.

Hubo silencio. No noto que había alzado la voz hasta que sintió que le dolía la garganta. Había horror en los rostros de Connie y Steven (horror hacia ella o por ella, no lo sabía).

—Y entonces el sueño termina —Espinela hizo un gesto de explosión con las manos—. PUF. Adiós. Y vuelvo a quedarme sola e… en la oscuridad. Así soy yo. Siempre arruino todo en lo que me esfuerzo. El boxeo, la música, el amor…

Una risa demente la poseyó. Amor. ¡Qué locura! Espinela creyó haberse curado de eso hace mucho, pero parece que fue solo otra mentira. La risa pronto se volvió triste y se extinguió.

—Y ustedes son… son tan hermosos conmigo. No quiero que tengan que lidiar con… esto —se señalo el rostro embadurnado en mascara.

Miro a sus amores. Ahora solo la miraban con tristeza. Con pena. Espinela odiaba ese sentimiento.

—Así q…que prefiero irme antes que quedarme sola.

—Pero ya no tienes que estar sola —dijo Connie—. No nos importa eso, solo…

—Basta —suplico Espinela, escondiendo el rostro entre sus manos—. Basta, por favor.

El silencio se hizo presente otra vez. Nadie hablaba, porque ninguno podía. El peso de las palabras de Espinela caía sobre sus cabezas, como un hechizo de silencio inquebrantable.

¿Y Espinela? Es increíble… Había caído tan profundo en el pozo de la ansiedad que había acabado en el País de las Maravillas y se sentía… tranquila. No feliz, ni alegre; solo aliviada. Al fin, el momento que tanto había evadido: la terrible revelación de que no importa cuánto intentase cambiar, ni cuanto se esfuerce por ser alguien que no es... Espinela estaba rota por dentro. El telón se había abierto y Steven y Connie habían visto los pedazos. Ya no había nada que hacer.

Se atrevió a destaparse la cara; sus amores se veían miserables. Connie se había sentado en el sillón y evitaba su mirada. Steven estaba parado en el mismo lugar, como estatua. Aun no parecía dispuesto a rendirse.

—Entonces… ¿se acabo? ¿Es todo? —pregunto él.

Espinela se enderezo, regia como un soldado. De repente se sintió más sobria que predicador en domingo por la mañana.

—Es todo —dijo con frialdad.

Sin esperar respuesta, se puso a recoger su ropa. Lo hacía lentamente, como si después de toda esa emoción tuviese que aprender a caminar otra vez. Se vistió en silencio, poniéndose el pantalón, las botas, y al final la campera encima de su pechera. Pensó brevemente en su batería, pero descarto cualquier idea de llevársela.

Quería irse lo antes posible.

Pasó por delante de Steven y le dio una caricia suave por encima del hombro. Paso junto a Connie, pero como ella no la miro, Espinela no dijo nada.

Fue solo cuando su mano toco el picaporte que oyó que gritaban su nombre.

— ¡Espinela!

La voz de Connie no fue particularmente alta. Pero su tono escondía una orden, una fortaleza de clase militar que a Espinela le era ajena fuera de los entrenamientos.

Volteo levemente hacia Connie, más no era la Connie de siempre; era la guerrera Connie, la mano derecha del Príncipe del Universo, de pie frente en el medio del salón. Delgadas lágrimas surcaban su rostro de piedra.

— ¿Y lo que dijiste antes? Eso de escapar los tres, adonde nadie nos moleste. Dijiste que no veías una vida sin nosotros —Connie contuvo un gemido—. ¿Fue mentira?

Espinela quería decir que no. Que todo lo que había dicho era tan cierto como que el sol brilla. Que quería eso y más, que soñaba con una vida juntos, pero que no podía permitirse lastimarlos, ni salir lastimada otra vez. Que lo lamentaba mucho.

Pero Espinela ya no manejaba su cuerpo; los demonios en su mente la controlaban. Y ellos dijeron, con su dramatismo acostumbrado:

—No culpes al vendedor de humo, culpa al comprador.

Lo último que vio antes de salir fue la traición plasmada en la cara de Connie, y un resplandor rosado inundando el cuarto.

Cerró la puerta tras de sí y corrió, tan rápido como el dolor en su muslo se lo permitía. Se choco con el señor Universe al pasar; le murmuro una disculpa y siguió de largo. Detrás de ella, las melodiosas y oscuras notas de Sadie Killer y los Sospechosos empezaban a sonar, para un público que nunca tenía suficiente.

Pero Espinela ya no oía nada. Abandono el recinto por la puerta trasera y se interno en las desiertas calles.


El mundo a su alrededor era gris. No hacia frio ni calor aquella noche; solo una ligera brisa que apenas te erizaba los pelos del brazo. O quizás es que Espinela estaba tan adormecida mentalmente que bien podrían apuñarla allí mismo y no sentiría nada.

Lo que si había en abundancia, en la calle y dentro de Espinela, era soledad. Mejor así. No quería, ni necesitaba hablar con nadie. La cabeza le pesaba; millones de imágenes pasando frente a sus ojos como un disco rayado.

El viaje en la van con Steven. Las suaves manos de él. Los labios de Connie. El éxtasis del recital. La discusión posterior. El entrenamiento de esta mañana. Las píldoras que había tomado (y que a estas alturas estaba convencida eran inútiles). La primera sonrisa de Steven cuando Espinela despertó en el hospital.

Todo le daba vueltas en la mente, formando una película rara que no tenía sentido (o al menos ninguno que Espinela pudiera entender). Tuvo que detenerse a abrazarse. No tenía frio, mas temblaba de impotencia, de rabia.

Cuando cayó en cuenta de donde estaba, sonrió. Sus pies la habían llevado al paseo marítimo; el muelle se divisaba a lo lejos. Lentamente, como robot dañado, puso un pie frente a otro. La pierna esquinzada aun le dolía, sufriendo tirones como latigazos.

El parque de diversiones del muelle también estaba desolado. No había ni un alma y toda la energía estaba cortada, salvo las de las luces de calle. Cosa rara, pues el Señor Sonrisas suele dejar las luces de los juegos prendidas; pero visto y considerando que todos estarían en el recital, quizás decidió apagarlas para ahorrar en electricidad.

Espinela arrastro los pies por el piso de madera, pasando de largo por los puestos silenciosos y los juegos dormidos. Sus pies la llevaron hacia la rueda de la fortuna. Era un lugar especial para ella; uno de los primeros que visito cuando se mudo a Ciudad Playa.

Después del fiasco del recital hace un año, Espinela se encontró en una encrucijada. No tenia banda, no tenía dinero, y no tenía a donde ir. Pensándolo bien, más que encrucijada era como si un muro de acero bloqueara su camino. Y como ir hacia adelante no era opción, se quedo donde estaba, en Ciudad Playa.

Trabajar las calles no era una opción. Se había jurado no volver a hacerlo. Así que opto por usar la calle de un modo más sano. Llevaba consigo algo de su equipo de gimnasta (apenas unos bastones y sus zapatos de ballet) y uso el poco dinero que le quedaba para comprar un par de pelotas inflables y una colchoneta, y se llevo todo al lugar más concurrido que encontró; el muelle.

Ese día estaba de pie en el punto exacto en que se encontraba ahora, a un lado de la rueda de la fortuna. De hecho, fue en ese mismo punto donde la conoció a ella.

Espinela no había hecho mucho dinero ese primer día. Quizás haya sido culpa de su atuendo; en retrospectiva, la camiseta con cráneos y las medias de red no eran muy "family friendly". El caso es que se estaba balanceando de manos sobre una pelota inflable, valiéndose del equilibrio que sus años de atletismo le habían otorgado, cuando vio, de cabeza, una joven con zapatillas acercarse a ella.

Espinela se inclino hacia atrás y quedo de pie, con la pelota en mano, ganándose un aplauso. Cuando volteo para agradecer a su público, casi cae desmayada. Frente a ella había una chica preciosa: Piel morena, ojos oscuros como la noche y vestida con sencilla que escondían un cuerpo atlético esculpido a mano.

Se presento como Connie, y le dejo unos billetes en el sombrero (que hasta ese momento había estado vacio). Espinela iba a decir algo (algo estúpido, seguramente, pues estaba embelesada), cuando llego el Señor Sonrisas, hecho una furia

Le dijo a Espinela que no podía estar allí sin un permiso, que tendría que pagar una multa, y un montón de cosas más que Espinela no oyó, pies estaba muy ocupada replicándole que vivían en un país libre y que iba a hacer lo que se le diera gana. Sonrisas estuvo a punto de llamar a un guardia por su walkie talkies, cuando una figura conocida se les acerco. Llevaba la misma chaqueta rosa y camiseta negra que en el hospital, y no parecía conocer otra prenda que no fueran sandalias.

Está bien Señor Sonrisas, yo me encargo —aseguro Steven al viejo administrador.

Le explico, con la gracia de un político y la dulzura de un niño, que Espinela no conocía las reglas del muelle y que le diera un par de días para pagarle. Incluso Connie la defendió, argumentando que no había muchos actos en el muelle esos días y que de hecho debería estar agradecido. Sonrisas refunfuño, pero acepto que Espinela trabajase allí. Eso sí, se llevo sus ganancias del día. Por las molestias, dijo.

Espinela no había hablado mucho con Steven desde el hospital. Steven había comenzado disculpándose por lo ocurrido en el recital, y le explico que Jasper siempre le traía problemas.

Eso había sido suficiente para Espinela. Si ese chico, quienquiera que sea, tenía algo que ver con la cosa que la había atacado, entonces estaban en mal plan. Espinela lo saco casi a patadas de la habitación, y no volvió a verlo, Hasta ese instante en el muelle claro.

Ahora, Espinela no era ajena a los actos de amabilidad. Siempre se las ingeniaba para encontrar un extraño que le diese una mano, así que sabía que los gestos amables siempre venían de la mano de favores.

Por eso casi se cae de espaldas cuando Steven se le acerco y le tendió la mano.

No tuve tiempo antes, con lo rápido que te fuiste del hospital… Pero gracias por ayudarme con Jasper —le dijo—. Y mi nombre es Steven. Ah, y ella es mi novia Connie.

Ah, por supuesto que una chica tan linda estaba tomada…

Espinela le estrecho la mano y se presento. Steven no se lo creyó, como si Espinela estuviese tomándole el pelo.

¿Qué pasa? ¿O acaso no sabías que también hay personas con nombres de piedras preciosas? —se burlo Espinela.

Steven se le quedo mirando como Isaac Newton miro la manzana que le hizo entender la gravedad. Connie rio, con una voz que era angelical y poderosa a la vez y que la hizo temblar.

En los días siguientes, Espinela se cruzo varias veces con Connie, un par de veces con las Crystal Gems o con las gemas del Pequeño Planeta Madre, y apenas una o dos veces con Steven.

Unas semanas después Espinela encontró trabajo en la Gran Rosquilla, donde Connie iba a visitarla con creciente regularidad. Casi siempre acababan hablando sobre las gemas; fue ella quien le abrió el mundo de la magia a Espinela. Ella creyó que quizás no había mucha gente con quien Connie pudiese hablar de esas cosas y que no fueran Steven.

Dos meses después de eso, se encontró celebrando el cumpleaños de Steven en su casa de playa, cuando surgió el tema de la pelea con Jasper, y los buenos movimientos de Espinela, y "¿que estabas haciendo ahí dentro para empezar?" Y Espinela respondió "pues es que yo solía estar en una banda".

Al oír esto, los ojos de Steven se llenaron de estrellas.

¿En serio? Yo… siempre quise estar en una banda —dijo con timidez, y su sonrisa hizo que a Espinela le fallen las piernas, por segunda vez en dos meses.

El resto fue historia. Y repasándolo todo ahora, Espinela seguía sin entender que es lo que había hecho para meterse en la vida de una persona como Steven Universe.

Una corriente soplo con fuerza, helándole el rostro.

"En serio lo arruine, ¿verdad?" se dijo a sí misma.

Otra corriente de viento soplo, mandando a volar un periódico viejo que le dio en la espalda. Si, se había equivocado, y el Universo no tenía reparos en decírselo.

En el silencio de su soledad, todo parecía más claro, más evidente. Por alguna extraña casualidad cósmica, Espinela había logrado hacer amigos. Amigos de verdad; Lapis, Peridot, Bismuto. Amigos solidarios; Lars, las descoloridas. Amigos que eran más que amigos; Steven y Connie.

¿Y que si la fusión no resulto? Steven tuvo la mejor intención; cumplir el sueño de Espinela, el deseo (aparentemente compartido entre los tres) de ser uno. No fue su culpa que Espinela huyese cuando llego el momento de ponerse vulnerable. El no sabía que ella era mucho ruido y pocas nueces, una cobarde ante sus propias emociones.

Al menos, hasta hace diez minutos no lo sabía.

Sintiéndose aplastada por el agotamiento mental, Espinela se dirigió hacia un farol de calle, cerca del borde del muelle y se dejo caer contra él y hacia el piso. La luz del farol parpadeaba sin cesar. Prende, apaga. Prende, apaga. Rota, igual que ella.

Cuando empezó a dolerle la cabeza, miro hacia su derecha. A lo lejos se divisaba la luz del faro y la silueta de la casa de Steven, una mansión playera situada en una colina, con un gran domo espejado en la cima. Hermosa y rara, igual que él. Las luces estaban encendidas…

"Podría ir allí… Tal vez Steven ya regreso a casa, o bien alguna de las Crystal Gems se quedo a cuidar el fuerte. En cualquier caso puedo ir, decir que voy a quedarme a esperar a Steven y…"

¿Y luego qué? ¿Decir que era una idiota por haber arruinado el concierto para los tres? ¿Por haber reaccionado como lo hizo? ¿Qué se no merecía tener amigos como ellos? ¿Qué de hecho quería ser más que su amiga?

Si, podría hacer todo eso. Se arrodillaría, pediría perdón, dejaría que la pisoteen y la levanten y la moldeen según el gusto de ellos. Igual y ya estaba acostumbrada… Espinela era como arcilla en las manos de los demás. Un material sin molde, dispuesta a ser esculpida.

Y hacia el otro lado, estaba la otra opción. El camino de la izquierda iba hacia el campo; Espinela podía ver la carretera desde su posición actual. Si caminaba lo suficiente, llegaría a su motel tarde o temprano. Empacar sus cosas seria rápido, se llevaría solo lo indispensable. Perder su batería seria una puñalada en el hígado, pero algún día la repondría. Tenía buen dinero ahorrado de La Gran Rosquilla (pues casi nunca gastaba más de lo necesario). Solo debía tomar todo, subirse a un taxi y PUF. Sayonara. Arrivederci. Dasvidaniya… y todo eso. Dejaría atrás este agujero del conejo, donde existen gemas mágicas y vikingas hindúes que luchan con espadas, y volvería a al mundo real, que era un asco, pero que le era familiar.

Al final, todo se resumía a dos opciones: avanzar o retroceder. Lo desconocido o lo familiar. Derecha o izquierda. Casa de Steven o la ruta. Amor, no amor.

Sus manos encontraron su cabello inmediatamente y tironearon con todas sus fuerzas. Un grito ahogado se le escapo. Grito y aulló en silencio mientras arrancaba pelo tras pelo de su cabeza, dejando que oleadas interminables de frustración escaparan, quemándola por dentro, arrancándole gemidos de dolor, que finalmente se ahogaron en llanto. Patéticos quejidos se escapaban de su pecho, mientras las lágrimas caían ahora libremente. El cuerpo le pesaba mil kilos y Espinela sintió que no podría levantarse aunque quisiera. Sobre su cabeza, la luz parpadeaba con furia.

Decisiones, decisiones… Espinela odiaba las decisiones. Cualquier cosa que requiriese pensar o elegir le hacía repiquetear el corazón y le nublaba el cerebro. Prefería ser como una muñeca de trapo; dejarse llevar en las manos de alguien más. Al menos así, cuando las cosas se iban por el caño, no era responsabilidad suya destaparlo.

Quizás por ello se sentía tentada en irse. Abandonaría a sus amigos, todo lo que había construido en un año… pero conservaría su orgullo.

Y entonces un papel voló y le pego en la cara, demostrando sin duda que el Universo tiene sentido del humor.

Espinela se retorció como gato mojado, moviendo la cabeza de un lado al otro para tirar el papel al piso. Finalmente, y haciendo uso de la lógica, eligió simplemente sacárselo del rostro de un manotazo. Iba a arrojarlo lejos cuando noto de qué se trataba.

Es gracioso. Espinela sabía que Steven había diseñado los volantes para el concierto, pero ella nunca los había visto. Tampoco se le ocurrió pedirle a Steven que se lo mostrara. No hacía falta; confiaba en que le quedarían buenísimos.

El resultado final era… polémico. El dibujo no era malo, pero quedaba claro que, si los Dioses de la música habían bendecido a Steven, los Dioses del arte se habían quedado dormidos y se habían perdido el nacimiento por completo. El volante mostraba el logo de Sadie Killer y Los Sospechosos ocupando casi toda la hoja, y debajo, una ilustración estilizada y caricaturesca de los miembros de Space Rebel. Espinela se puso a reír. Sin duda Steven había puesto más ganas en dibujarlas a ellas que a el mismo. La imagen de Connie en el teclado denotaba poder y alegría, e incluso Espinela no se veía tan rara en la batería, vestida de alienígena y tocando con furia. Había una sonrisa dibujada en su rostro.

De repente la risa de Espinela creció y creció, hasta que sintió que le iban a estallar los pulmones y acabaría partida al medio.

"¿Que estoy haciendo? ¿Que, por todos los Astros, estoy haciendo?" se repetía en su mente una y otra vez, mientras se encontraba tirada en el piso en cuatro patas, abrazando un pedazo de papel sucio a su pechera de alienígena.

—No me voy — dijo resuelta.

A la mierda con todo. No iba a renunciar ahora, ¡no después de todo lo que había pasado! Espinela había abierto su pecho, enseñando su corazón. Se había desnudado (casi literalmente) y mostrado sus más profundos miedos y deseos; primero a Connie, y luego a Steven. No solo no la habían rechazado, sino todo lo contrario. Habían visto en la parte más oscura de su alma y habían dicho "te queremos a ti". Y la mejor parte es que no le pidieron nada a cambio. Nadie le ordeno que cambiase de ropa o de estilo, de personalidad o de forma de hablar y ser. Y cuando Espinela quiso abandonar el recital para estar con ellos, Connie no la dejo. Carajo, aun cuando Espinela los estaba empujando lejos, ellos nunca dejaron de tenderle la mano para cerrar esa brecha. Porque, por razones que solo los Dioses conocen, ellos la querían; rota y todo.

La luz del farol dejo de parpadear.

Espinela se puso de pie, de cara hacia el océano. Se sentía más decidida y sobria que nunca. Claro, las cosas no iban a ser fáciles; nunca lo son para ella. Tendría que trabajar duro en esta relación, aprender a ponerse vulnerable… Pero mierda, si la gente que te ama no le teme a tus demonios, entonces ¿Qué importa que anden sueltos por ahí?

Espinela soltó un último largo sollozo e intento controlar su respiración. Se seco las lágrimas y miro el volante otra vez. Parecía una obra de arte digna de un museo. Frente a ella se abría el océano, lleno de posibilidades.

Tan distraída estaba que no oyó los pasos. No sintió la presencia de nadie hasta que la criatura estuvo detrás suyo, su alta sombra proyectándose sobre su cabeza.

—Es un buen dibujo —dijo la criatura, con una voz femenina—, pero no se asemeja mucho a la realidad.

Espinela no reconoció la voz, pero si la intención. Esa persona buscaba una paliza.

—Aunque claro, el "arte" humano me es un misterio.

Una gran mano paso por encima de ella y le arranco el volante. Espinela volteo para verle la cara a su agresora.

La gema era la definición estándar de "militar". Tenía un cuerpo cuadrado y grueso, más con poco musculo, y un rostro duro, con el cabello tirado hacia atrás en una larga coleta (como las que Connie suele usar). Llevaba una larga capa negra tapando un una-pieza enteramente blanco. Lo poco que se veía de su piel (su rostro y manos) era de un verde sucio, interrumpido por vetas negras y blancas. Las vetas surgían de su gema, una brillante piedra verde y blanca, ubicada en donde debería estar su ojo derecho.

Espinela miro la gema y musito un mmm.

—Cabujón, ¿verdad? —dijo ella; la gema hizo una mueca—. Las gemas esféricas se clasifican como "corte", y las de forma irregular como "cabujón".

La gema no abrió la boca.

—Y ese atuendo… —prosiguió Espinela—. El traje parece de combate, pero es muy elegante. ¿Y esa capa? Nah, tú no eres un soldado. Eres una capitana, una jefa (¿como los llaman ustedes?)… ¿una ágata?

Los ojos de la gema se iluminaron.

— ¡JA! Me encanta tu honestidad —dijo la ágata, sin humor alguno—. Nada de "no sé quién eres, pero yo no hice nada".

— ¿Qué caso tiene? No sé quién eres, pero es seguro quieres problemas.

Espinela quiso retroceder pero se dio la espalda contra el farol.

—Mm… que humana tan directa. Es refrescante —murmuro la ágata—. Ojala todos fueran así. ¿Verdad, Gamma?

CLANK. Espinela miro hacia arriba; una figura se había posado sobre el farol, cuya luz volvió a parpadear. La criatura alternaba entre la luz y la sombra. Solo el brillo de su gema dorada era siempre visible.

—Totalmente —dijo la otra criatura.

Espinela volvió la vista hacia la ágata, pero no sin antes mirar hacia los costados.

La ágata suspiro.

—Por favor, te pido que no hagas nada estúpido.

Oh, ella no sabe con quién está hablando. Espinela abrió la boca, pero en vez de hablar, espeto un escupitajo dándole a la ágata en el ojo bueno. La gema grito.

Espinela se lanzo hacia su izquierda justo a tiempo para eludir a la otra gema desplomándose sobre ella, pesada como una piedra. El piso de madera se partió.

Espinela aterrizo bien pero un dolor la invadió, haciéndola gritar.

"¡Esguince de mierda! ¡Elegí el peor día para lastimarme!"

Puso su peso en una pierna y se impulso hacia adelante, pero otra gema aterrizo frente a ella, como aparecida de la nada. Espinela cayó hacia atrás y la gema se lanzo sobre ella. Espinela reacciono rápido y, al impactar contra el suelo, levanto su pierna buena, clavándola en el vientre de la gema y, aprovechándose del movimiento de caída, dio un rol hacia atrás, lanzando la gema lejos y quedando boca abajo en el piso.

Astros, eso dolió... pero al menos ahora estaba libre. Intento ponerse de pie pero unas poderosas manos la sujetaron de los pies, arrastrándola por el piso como trapo viejo. Espinela dio manotazos a diestra y siniestra, intentando desesperadamente aferrarse a algo. Finalmente consiguió sujetarse a la pata de un banco y, valiéndose de su nuevo agarre, concentro su fuerza en su pierna buena y emboco un puntapié a la mejilla de la gema.

Ella retrocedió y Espinela logro verla bien. Era toda dorada, con cabello rubio, vestida con un una-pieza negro. Espinela se apoyo en el banco para ponerse de pie, pero una mano la sujeto del brazo; era la otra gema, dorada y casi idéntica su compañera.

Espinela apunto su brazo libre la quijada de la gema, pero su ataque fue bloqueado. Luego, su compañera se acerco por detrás y le propino un rodillazo en la columna que la dejo viendo las estrellas. Ahora la sujetaban entre las dos, cada una de un brazo. Espinela se retorcía, intentando librarse, pero no hubo caso; esas delgaduchas tenían una fuerza descomunal.

Llevaron a Espinela frente a la ágata (su líder, sin dudas). La gema aun estaba sacándose baba del ojo con el borde de su capa.

—Asco —protesto ella. Luego se dirigió a Espinela—. ¿Lista para rendirte?

Como respuesta, Espinela le escupió las botas.

—Me alegro.

Lo último que vio antes de desvanecerse fue la macabra sonrisa de la gema, y un puño del tamaño de un balón de baloncesto, en trayectoria directa hacia su rostro.


Espinela se balanceo entre la conciencia y la inconsciencia, mientras difusas imágenes y sonidos danzaban a su alrededor. El suelo, moviéndose bajo sus pies. Ruidos metálicos irreconocibles. Voces que hablaban, manos que la manoseaban. Esto último debió despertar un instinto elemental en ella, ya que recordó levantar una pierna, golpear algo duro, y luego recibir un puñetazo de represalia que la mando a la tierra de los sueños.

Finalmente sintió agua helada empapándola de pies a cabeza y cayo de cabeza a la realidad.

Lo primero que noto fue que seguía en el muelle. La habían arrastrado de regreso a la rueda de la fortuna y la habían atado al tablero de controles. Las cadenas que la aprisionaban eran gruesas, llenas oxido y moho. Espinela apenas podía respirar, menos aun mover los brazos.

Lo siguiente que noto fue a las tres gemas paradas a su alrededor. Las dos gemas doradas eran casi idénticas; de cuerpo esbelto pero con piernas desproporcionadamente largas. Una llevaba una gema en el pecho y el cabello corto, y la otra la llevaba en el hombro derecho y usaba pelo largo, atado en una coleta. Esta última llevaba un balde en las manos, vacio.

La ágata estaba entre medio de las dos, mirándola fijamente con su único ojo bueno.

Espinela quiso hacerse la ruda y agito la cabeza, esparramando agua por todos lados (se habían tomado las molestias de desatarle el cabello).

—Gracias chicas, pero ya me había duchado hoy.

La gema del balde gruño.

— Por favor, ¿puedo arrancarle la dentadura? —pregunto.

—No Alfa —dijo la ágata—, necesitamos que hable.

— ¿Ah sí? —dijo Espinela—. En ese caso, creo que no nos hemos presentado. Mis amigos me llaman Espinela, pero… bueno, creo que dejare que ustedes también me digan así. Perdón que no les estreche la mano pero parece que estoy… —hizo un intento vano de levantar el brazo—. Incapacitada.

Alfa agito la cabeza.

—Por favor, solo un golpe…

—No —insistió la ágata.

Alfa pateo el balde lejos, como una niña caprichosa a la que castigaron por cortarle la cabeza a su Barbie.

La ágata dio un paso al frente.

—Es un placer, Espinela —dijo, sin emoción alguna—. No quiero hacerte perder el tiempo, ni que tú me lo hagas perder a mí; así que vamos al grano.

Le enseño el teléfono en sus manos. Su teléfono, el de Espinela. Había olvidado que lo guardo en el bolsillo del pantalón… Ah, así que por eso la habían estado manoseando…

—Usaras tu artefacto de comunicación terrestre para llamar a Steven Universe, y le dirás que venga aquí —declaro la ágata.

Espinela sintió que le hervía la sangre, pero mantuvo la compostura y se rio del peligro (literalmente)

—Pss, si claro. ¿Y qué te hace pensar que yo lo conozco?

—Pues para empezar, según tu artefacto el hizo… —la ágata presiono la pantalla del celular—, 5 intentos de comunicarse contigo. Ah y mira, una tal "Connie Bunny" lo intento 11 veces.

Espinela se sonrojo. Mierda, no ahora; ese era el peor momento para ponerse vergonzosa.

— ¿No dices nada? —pregunto la ágata. Espinela se hizo la tonta (le salía perfecto) —. Muy bien. ¿Alfa? Explícale.

—Comandante —Alfa dio un paso al frente—. Esta humana ha estado con Steven Universe entre 8 y 12 horas al día, entr días de la semana, durante los 31 días de este mes.

"¿Que mierda…?" pensó Espinela. El rojo de su rostro se incremento, esta vez de furia.

Estuvieran espiándola. Durante todo el mes la había seguido, casi todo el día al aparecer, y ella ni siquiera… ¿La habían seguido hasta su motel? Lo más seguro es que si… ¿Cómo pudo no verla nadie? ¡Es una gema de metro ochenta con la piel color queso mozzarella!

— ¿Sorprendida?

— ¿Qué? No —mintió Espinela—, ya sabía que me estaban siguiendo. Steven no me importa ni yo a él. Solo somos compañeros de banda. Así que hazme lo que quieras, pero no lograras hacer que venga. Pierdes tu tiempo, pero ey, si te hace sentir mejor golpearme…

Alfa miro a su superior. Ágata se quedo pensando.

Todo eso era solo media verdad… A Espinela no le importaba estar allí. En todo caso, lo prefería de ese modo. A lo largo de los años, muchas personas habían intentado amedrentarla, ninguna lo había conseguido. Si había algo que Espinela hacia bien (tal vez la única cosa), era pelear con uñas y dientes. No le temía al dolor, y ya que no único que podían hacer era lastimarla…

—Muy bien —respondió la ágata con tranquilidad—. Alfa, prosigue.

—Si Comandante —dijo la subordinada—. Las otras personas que interactuaron con Steven, en orden de frecuencia son: Connie Maheswaran, Greg Universe, Lars Barriga, el señor y la señora Maheswaran, Vidalia, Cebolla, Ronaldo, y otros siete humanos de menor importancia.

El color abandono el rostro de Espinela.

Oh no… No la estuvieron siguiendo a ella. Estaban vigilando a Steven.

—Gracias Alfa. Y ahora tú —la ágata se acerco a Espinela. Desde su posición, parecía el doble de alta—. Escoge un nombre.

— ¿Que…?

—Dijiste que a Steven no le importa lo que te pase, y me siento tentada a creerte... —la ágata se rasco la barbilla, como pensativa—. Así que te daré el privilegio de elegir a alguien para que tome tu lugar. A fin de cuentas, tienes razón. No eres indispensable —la ágata carcajeó—. Ningún humano lo es, en lo que a mí respecta. Solo necesito a alguien que esté de pie donde tu estas, así que elige.

El rostro de la ágata estaba ahora a un centímetro de Espinela. Sintió que el aliento le fallaba, que la abandonaban sus fuerzas.

"Ella no habla en serio. No puede…"

Pero sí; Espinela lo noto en su mirada. Su ojo era un vacio blanco, infinito. Esa gema no era una matona ordinaria. No había nada en su interior excepto odio y una persona así no tendría se lo pensaría dos veces en secuestrar niños, matar inocentes, o quemar este mismísimo pueblo hasta los cimientos, si con eso conseguía su objetivo.

Que haya elegido a Espinela fue pura casualidad… o quizás fue pura mala suerte.

— ¿No dices nada? —la ágata le dio la espalda—. Entonces escogeré yo…

— ¡No!

La gema se detuvo. Espinela casi podía oírla reír en su cabeza, enseñando sus filosos dientes perlados. De repente se sentía muy cansada…

—Yo lo hare —dijo derrotada.

La ágata volteo hacia ella, sonriendo, casi con dulzura.

—Buena elección. Alfa, Gamma, desátenla (con cuidado).

Las dos gemas, Alfa y Gamma, la rodearon. Gamma aflojo apenas las cadenas y Alpha ayudo a Espinela a sacar el brazo.

—Intenta algo y te hare gritar —le murmuro Alfa al oído.

Espinela sujeto el teléfono. Todas las voces en su mente gritaban "¡No lo hagas! ¡Para! ¡Harás que maten a Steven!"

Y otra voz, más débil, más patética, y más acertada decía: "Y si no hago nada, mataran a alguien más. Al menos así tal vez solo sufra yo."

Espinela entendió, no sin un cierto grado de horror, que no tenía elección. Busco el numero de Steven y apretó "llamar".

Los segundos que siguieron fueron eternos. Espinela se imagino a Steven; su tierno, dulce, ñoño Steven, llamándola una y otra vez, solo para caer en la casilla. Y luego, finalmente, llega una llamada de Espinela, y el atiende, todo entusiasmado, y entonces…

¿Espinela? —grito Steven del otro lado.

—Hola Steven —dijo Espinela y oyó un largo suspiro.

— ¡Espinela, al fin! Estaba tan…

—Cállate y escucha —Steven guardo silencio—. Hay alguien aquí que quiere hablar contigo… pero se breve, que tengo pocos minutos. Tu turno, guapa.

La ágata le arrebato el celular de la mano y se lo llevo a la cabeza

—Steven Universe, mi nombre es…

—Ey Einstein, lo estas sosteniendo al revés —aviso Espinela. La ágata giro el teléfono en forma horizontal—. Nop, sigue mal.

La ágata suspiro y giro el teléfono otra vez, sosteniéndolo, ahora si, como Dios manda.

—Ahí lo tienes.

La ágata se aclaro la garganta y hablo con una fría voz de comandante.

— ¿Steven Universe?... Si… Mi nombre es Ágata Musgosa, pero puedes llamarme Mos.

Hubo un par de risas ahogadas, no todas ellas de Espinela.

—Sí, estoy con tu amiga bocona… Temo que no me será posible liberarla, ¿lo entiendes? Ella es nuestra invitada. Pero puedes recuperarla, si sigues mis instrucciones —Mos empezó a explicar, lenta y claramente, para evitar malentendidos—. Esto es lo que harás: vendrás al muelle de Ciudad Playa, SOLO. Tú te quedas con nosotros y tu amiga sale libre… Si, es así de sencillo, pero hay una cosa más… Pues, resulta que esta oferta es para ti, y solo para ti. Si llego a ver a la permafusion, la perla parlanchina, o la amatista sobrecosida acercarse a menos de cien metros de este lugar, cortare a tu novia en pedazos tan pequeños que necesitaras un manual para volver a armarla.

Espinela tembló cuando Mos le clavo la mirada, pero no porque tuviese miedo. Estaba pensando en cómo debía sentirse Steven ahora. Si no hubiera sido tan idiota de salir corriendo…

—Mmm, eso es aceptable —Mos le extendió el celular—. Quiere hablar contigo. Dile que estas bien y que venga. Si te vas de boca, te cortare los dedos uno por uno.

El estomago de Espinela dio vueltas como una lavadora. Se relamió los labios y hablo:

— ¿Hola?

Espinela —Steven hablo. Su voz era tan rabiosa que Espinela casi podía oír la energía saliendo de ella—. Voy a ir a buscarte, no te asustes.

—Está bien, no hay prisa. Estoy pasando el rato con las chicas. ¿Qué bien que la estamos pasando las cuatro, eh? ¡Uju! ¡Rueda de la fortuna! —dijo Espinela antes de que Mos le arrebatara el celular.

Lo arrojo al piso y lo pisoteo hasta convertirlo en escombros electrónicos inútiles.

"Ahí va mi sueldo del mes próximo," pensó Espinela, "si llego a vivir tanto, claro."

—Eso no fue inteligente.

Mos chasqueo sus dedos y Alfa y Gamma se lanzaron sobre ella. Volvieron a atarla y empezaron a golpearla en la cara. Izquierda, derecha, izquierda, derecha, en un ritmo devastador. Espinela acepto todo sin chistar, hasta que oyó un chasquido de dedos. Las gemas se separaron.

La cabeza de Espinela daba vueltas y la sangre le salía de la boca a borbotones.

Pero estaba contenta. Le había dado algo de información a Steven. Y lo mejor aun, había estado tranquila, desafiante. En estos momentos, Steven necesitaba que lo calmen más que ella.

—Olvídense de ella. Universe ya viene —dijo Mos, pasándose la mano por su cabello, como quien intenta aparentar calma—. Gamma, ve a tu puesto. Alfa, quédate aquí vigilando a esta.

Las dos gemas se miraron. Mos lo noto.

— ¿Ocurre algo? Hablen.

Con temor, Alfa pasó al frente.

—Señora, yo… quería estar en la primera fila, con los soldados. Con Gamma —dijo ella, sosteniendo la mano de su compañera— Es que yo… Usted dijo que podría vengarme de Steven, por lo que le hizo a nuestro escuadrón y yo pensé…

Mos le dio la espalda.

—Sí, sí. Pronto todas tendremos la oportunidad de vengarnos de los crímenes que nos hizo Steven Universe —dijo, con voz aburrida—, pero primero; a sus puestos.

Las dos gemas se miraron. Gamma acaricio el rostro de su compañera y se alejo dando saltos largos hasta desaparecer detrás de un edificio. Alfa se coloco al lado de Espinela. Mos se acerco al centro del muelle, poniendo una buena distancia entre ellas.

Espinela le dio una mirada a Alfa; su rostro era un muro de piedra conteniendo un alud.

—Citrina, ¿verdad? —dijo Espinela con voz ronca. Estaba empapada en su propia sangre y su rostro estaba inflamado al borde de la deformación.

Aun así, noto el gesto sorpresivo de Alfa.

—Eso pensé… No te reconocí al principio. No hay muchas de ustedes por estos lares… —Espinela junto todas sus energías para reír—. Y ahora hay menos, gracias a Steven. ¿Fue tu escuadrón el que destruyo esta tarde?

La mano de Alfa se aferro al cabello de Espinela como si fuera el de una muñeca (es decir, con inmensa fuerza). La gema resoplaba de furia.

—Tendría que matarte —dijo Alfa entre dientes.

—Hazlo… Vamos, atrévete —la provoco Espinela. Alfa volteo a mirar a Mos—. ¿Crees que eres muy lista no? Tu jefa se cree que tiene todo planeado. Que Steven vendrá so… solito hacia aquí, directo a su trampa, y tendrás tu estúpida ven… venganza —Espinela escupió un gargajo de sangre—. Pero hay un problema.

— ¿Si? ¿Cuál?

—El es Steven Universe, perra —soltó Espinela, con el pecho inflado de orgullo—. Príncipe de todo el puto espacio. Y cuando venga, te hará guijarros a ti, a tu amiga, y en especial a tu jefecita.

Al principio no hubo reacción, pero después Alfa empezó a reír.

—Crees que somos idiotas, ¿no? —Alpha tiro del pelo de Espinela para hacer que levante el rostro—. Mira eso.

Espinela observo a Mos levantar su muñeca hasta su rostro y presionar un botón de su muñequera. Hubo un sonido de estática.

—Atención a todas, permanezcan en sus puestos. Y estén alertas; no creo que venga solo —ordeno Mos.

Hubo varias voces sonando de la muñequera, respondiendo cosas como "si señora" o "enterada". Espinela no entendió lo que estaba pasando hasta que dio un vistazo a su alrededor. No vio nada, y eso fue lo extraño. Demasiado silencio. Como esa parte en las películas de terror donde dices "aquí hay algo que no va bien".

Entonces empezó a notar movimientos. Figuras que se escondían detrás de los puestos, cuerpos que se fundían con las sombras o se ocultaban detrás de los carteles. Piedras preciosas brillando en la oscuridad.

Gemas. Gemas por todos lados; esperando. Listas para atacar en cualquier momento.

— ¿Lo entiendes ahora? —dijo Alfa, susurrándole al oído. Había una lujuria en su voz que le revolvió el estomago—. ¿Crees que tu novio va a poder con todas? Quizás… Pero no se atreverá a hacerlo, porque si lo hace…

Espinela sintió una punzada en el costado. Una daga dorada descansaba sobre su piel, en la parte descubierta por la pechera, justo encima de su riñón.

—No. El va a ser capturado, y sus amigas gemas serán quebradas. Adiós Crystal Gems —Alfa rio, arrastrando las palabras—. ¿Y quién sabe? Quizás te llevemos a la base, aunque sea solo para ver que rostro pondrá el gran Steven Universe cuando te vea partida. Al. Medio. ¿No suena divertido?

La gema rio, y su voz pareció despertar algo en sus compañeras, porque pronto se oyó un coro de risas, que parecían surgir de todos lados y de ninguna parte. El aire estaba cargado de maldad, del odio más puro. Incluso Mos parecía infectada por él; su sonrisa había crecido hasta casi partir su rostro.

Espinela solo pudo quedarse ahí parada como idiota, cubierta en su propia sangre y baba, esperando ver a Steven, su Steven, entrar en la boca del lobo.

Y fue ella quien lo había llamado hacia allí.

"Astros, ¿que acabo de hacer?"


Ta dah!

Uff, que largo quedo el capitulo... Pero era necesario! Tenia que acabar con la trama del recital y de la historia de Espinela con Steven y Connie, para asi meterme de lleno en la segunda trama. Quizas a algunos les haya sorprendido el giro de las gemas, pero fue algo que estuve planeando desde el principio... Vuelvan a leer los capitulos anteriores si tienen dudas.

La verdad fue un capitulo dificil: largo, y con muchas escenas muy importantes. Cada una de las partes que componen este fic fue complicada, por distintos motivos. Como siempre espero saber su opinion sobre el resultado final, sobretodo si la historia fluye bien, si los dialogos son entretenidos, si las descripciones se entienden y te atrapan, si se entiende lo ocurrido en las partes de accion, esas cosas.

Y PREPARANSE, porque el capitulo que viene tiene accion, Y MUCHA.

Y NO OLVIDEN QUE SE ACERCA EL FINAL, ASI QUE ESTEN PEGADOS A LA PANTALLA.

Nos vemos pronto!