Little carrot
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, la historia es de mi total invención.
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Capítulo 1* Lexi.
― ¿Qué?
Pregunté desconcertada.
Él se limitó a entregarme el papel, que era una simple hoja blanca con una sola línea impresa. "Sé que cuidarán de ella, nació el día quince de Agosto."
― ¿Quién haría esto? ― pregunté incrédula.
Sabía que había mujeres que abandonaban a sus hijos por diversas razones, pero nunca creí que alguien abandonaría a un bebé casi recién nacido en nuestra puerta.
―Realmente no lo sé, y aunque pueden haber cientos de razones ¿Por qué nosotros?
Razonó Edward, mientras volvía a colocar al bebé en la cesta para entrar con ella a la casa.
―Digo, no es como si nuestra casa fuera la primera en el vecindario, creo que fue deliberado el que la dejaran aquí― continuó él.
― ¿Y qué haremos? ― pregunté.
―Deberíamos llevarla al hospital, asegurarnos de que esté bien― sugirió mi esposo, depositando la cesta con la bebé en un sillón.
Yo asentí, de acuerdo con él en que lo primero ahora era saber si la bebé estaba bien de salud.
―Quédate aquí con ella, iré por nuestros abrigos― me indicó.
―De acuerdo― acepté.
En cuanto él salió de la habitación, me acerqué a la cesta. La bebé estaba despierta, pero se mantuvo callada, como si supiera que estaba en un lugar desconocido para ella. Volví a tomar el papel entre mis manos, leí una y otra vez esa única línea.
¿Cómo alguien pudo abandonarla?
Al saber de ropa y telas, pude ver que lo que usaba la bebé no era caro, era simple ropa de algodón rosa que apenas la protegían del clima de Seattle. Probablemente su madre fuera pobre, pero ¿Por qué dejarla frente a nuestra puerta?
― ¿Bella? ― llamó mi atención Edward― debemos irnos.
Me tendió un abrigo negro que inmediatamente me coloqué. Él también usaba uno pero en tono gris. Las llaves del auto estaban ya en sus manos, por lo que no demoré en tomar la cesta con la bebé y la nota.
―Iré con ella en la parte de atrás― le informé.
El asintió y ambos salimos al garaje, donde abrió para nosotras la puerta de atrás del auto y mientras él se dirigía al lugar del piloto, aseguré la cesta con el cinturón de seguridad.
― ¿Jasper tenía guardia hoy? ― pregunté.
Jasper Withlock era un amigo de Edward, quien a diferencia de él había estudiado medicina con una especialidad en pediatría. Él había sido la inspiración de Andrew para seguir por ese camino.
―Le envié un mensaje mientras tomaba nuestros abrigos, nos está esperando― me explicó.
Yo asentí, volviendo la mirada al bebé a mi lado. Ella era preciosa. En sus rasgos de bebé se notaba una naricita con forma de botón y unos labios finos que se fruncían, en clara señal de frustración.
Pasé mi dedo alrededor de su boquita, recordando cuando lo hacía con mis hijos a su edad, para averiguar si lo que tenían era hambre o algo más les molestaba. Pero ella inmediatamente buscó mi dedo con sus labios.
―Alguien tiene hambre― comenté.
― ¿Segura? Andrew y Carlie lloraban a mares apenas comenzaban a sentir hambre― recordó él con una sonrisa.
―Segura― sonreí también.
―Bueno, casi llegamos al hospital, Jasper nos dirá que hacer y seguramente ahí podrán alimentarla.
Podía ver como la bebé comenzaba a desesperarse por no recibir alimento y para evitar que llorara, la tomé en brazos. Ella suspiró, y la distraje jugando con sus manitas y pies lo que restaba del camino.
―Llegamos― anunció Edward.
Tuve que volverla a colocar en la cesta, por lo que comenzó a llorar finalmente. Sus sollozos no eran nada comparados con los de nuestros hijos, ella sonaba como un pequeño gatito asustado.
Edward tomó a la bebé en su cesta y nos guio adentro del hospital, él conocía perfectamente el lugar, dado que visitaba a su amigo en algunas ocasiones. Por lo que rápidamente caminamos al ascensor que nos llevó al piso de pediatría.
―Estoy buscando al doctor Jasper Withlock.
Le indicó Edward a una de las enfermeras que se encontraban en el mostrador.
― ¿Es usted el señor Cullen? ― preguntó ella. Mi esposo asintió ―el doctor Withlock avisó que lo esperaba en su consultorio.
Edward le agradeció a la chica y me llevó por un pasillo lleno de puertas. No se detuvo hasta que llegamos casi al final de este y tocó una de las puertas. La voz de Jasper se escuchó desde el otro lado, anunciando que podíamos entrar.
― ¿Cómo es eso de que dejaron a un bebé en tu puerta? ― preguntó el amigo de mi esposo desde su escritorio a manera de saludo cuando entramos a la habitación.
―Tal cual te comenté― afirmó Edward, señalando la cesta que cargaba, con la bebé aun sollozando.
―Jasper, la niña tiene hambre ¿Crees que puedes conseguirle algo de leche? ― pregunté.
―Tengo que llamar a una trabajadora social, ella traerá un biberón para la bebé― informó Jasper― podrían colocarla en la mesa para evaluarla antes de que llegue.
Yo asentí y Edward colocó la cesta en una de las sillas para que yo pudiera tomar al bebé. Ella cesó sus sollozos en cuanto la tomé en brazos, pero su boquita se abría y cerraba buscando su alimento.
Me sentía impotente al no poder darle lo que ella quería, pero era necesario que Jasper la evaluara. De modo que contra lo que me decía mi instinto, la dejé sobre la mesa de evaluación de Jasper.
Él de inmediato se acercó a ella y comenzó a quitarle el sencillo pijama que usaba, la bebé comenzó a llorar un poco más fuerte, haciéndole saber que no le agradaba nada estar sin su ropa. De modo que él se apresuró a revisarla, además de que tomó una muestra de su sangre para analizarla para descartar algún padecimiento.
―Aún falta lo que arroje la prueba de sangre, pero ella se ve muy sana― aseguró Jasper ―Bella, ¿Puedes volver a vestirla? Tengo que llevarle esto a una enfermera.
―Claro― aseguré.
Él salió del consultorio con la muestra de sangre y yo me apresuré en vestir a la pequeña, volviendo a ponerla entre mis brazos.
― ¿Cuánto más tardará la trabajadora social?
Preguntó Edward, quien se notaba tan desesperado como yo al escuchar al bebé llorar.
―Disculpen.
Una mujer joven de cabello castaño claro, bajita y de ojos grises atrajo nuestra atención, al principio pensé que era una enfermera, pero su ropa formal, el biberón y la libreta en sus manos me indicaron que era la trabajadora social.
―Soy Alice Brandon, la trabajadora social, disculpen la tardanza pero el biberón no es rápido de preparar― se presentó ella ― ¿Podría darme a la niña para alimentarla?
―Somos Edward y Bella Cullen― nos introdujo Edward.
― ¿Podría hacerlo yo? ― pregunté, sin querer soltar a la bebé.
―Por supuesto― contestó con una sonrisa dándome el biberón.
Lo tomé de sus manos y de inmediato se lo ofrecí al bebé, ella lo aceptó sin dudarlo y comenzó a succionar desesperadamente.
―Eh… tranquila, no va a ir a ninguna parte― le susurré.
― ¿Podría saber cómo llegó a ustedes la niña? ― preguntó la trabajadora social.
―Como le comenté al doctor Withlock, estábamos terminando de cenar y alguien llamó a la puerta, cuando abrí, la bebé estaba en una cesta a mis pies, lo único que tenía con ella era esta nota.
Explicó Edward, tendiéndole la hoja doblada. Ella la recibió y leyó la única línea que estaba ahí escrita.
―Esto es un tanto inusual, la mayoría del tiempo los bebés son abandonados en el mismo hospital donde nacen, en alguna casa cuna, incluso en estaciones de bomberos o parques, ¿La zona donde viven tiene cámaras de seguridad? ― preguntó ella.
―Vivimos en una zona apartada de Seattle, hay un montón de árboles entre cada casa y las únicas cámaras de seguridad se encuentran en las lámparas que iluminan la calle que conecta las casas― informó mi marido.
― ¿Qué ocurrirá con ella? ― pregunté.
En ese momento entró Jasper, seguido de una enfermera.
―No te preocupes, Bella, ella estará bien― aseguró Jasper ―pasará la noche aquí hasta que el laboratorio nos de los resultados de sus análisis y después la señorita Brandon buscará una adorable familia para ella. Pero por ahora, es necesario que vaya a los cuneros con el resto de los bebés.
La enfermera entró directamente hasta donde me encontraba de pie con la bebé y me tendió los brazos, esperando a que se la entregara.
Yo realmente no quería dársela a esa mujer.
No entendía lo que sentía, pero mi corazón me decía que no debía dejarla ir, que ella me pertenecía. Un vistazo a la señorita Brandon me indicó que lo correcto era dejarla ir. Y con todo el dolor de mi corazón, lo hice.
Pronto la enfermera salió con la bebé y yo me sentí vacía.
― ¿Podríamos tener acceso a los videos de las cámaras en la hora en que dejaron a la bebé en su puerta? ― pidió la señorita Brandon.
―Por supuesto ―aceptó Edward― ¿Trataran de buscar a su madre?
―Es el protocolo, también suele suceder que ella se arrepienta y la busque en su casa, si ven algo sospechoso en los siguientes días, les agradecería que nos lo hicieran saber― indicó ella.
Ambos asentimos, sin saber que más decir.
― ¿Hay algo más que podamos hacer?
Preguntó Edward, rompiendo el silencio que se había formado.
―Nada más, señor Cullen, hicieron bien en traerla directamente aquí― nos sonrió la señorita Brandon ―si me disculpan, tengo algo de papeleo por hacer.
Ella se despidió rápidamente y salió del consultorio.
― ¡Vaya noche que han tenido! ― comentó Jasper.
―Sí que lo fue― comento Edward incrédulo.
― ¿Estas bien, Bella? ― me preguntó Jasper, frunciendo el ceño en mi dirección.
―Sí, gracias Jasper, solo un poco abrumada― mentí.
―Creo que sería mejor que la lleves a casa, Edward, ya los veré en otra ocasión― sugirió el hombre.
―Te tomaré la palabra, deberíamos ir por ahí algún día cercano― sonrió Edward.
―Saludos a los chicos― se despidió Jasper.
Le dije un adiós rápido y salí del consultorio seguida de Edward. Caminamos en silencio hasta el auto, donde él me abrió la puerta del copiloto, cuando estuve dentro del auto, cerró la puerta y dio la vuelta para tomar su lugar.
―Eh… ¿Estas bien? ― llamó mi atención Edward― yo no me creí eso de que estabas abrumada.
―Es solo que… sentí que ella era especial… como si tuviera que estar con nosotros― confesé.
Él puso en marcha el auto, mientras procesaba mis palabras, podía ver como los engranes de su mente procesaban sus siguientes palabras.
―Yo también creo que ella es especial― dijo por fin.
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Esa noche dormí pensando en la pequeña bebé que llegó a nuestra puerta. Sabía que estaba siendo atendida por las enfermeras en el hospital, pero no podía alejarla de mi mente.
― ¿Pensando en ella?
Preguntó mi marido, sorprendiéndome. Eran apenas las siete de la mañana, pero yo ya tenía listo el desayuno, había horneado un poco de pan y había jugo de naranja recién exprimido en una jarra.
―No puedo evitarlo― suspiré.
Él me observaba desde la entrada de la cocina, recargando su peso en la puerta abierta. Él me sonrió comprensivo y se acercó a mí, apartando el cuchillo con el que estaba troceando fruta de mis manos.
― ¿Qué quieres hacer? ― preguntó.
―La quiero aquí.
Sollocé, caminé alrededor de la mesa que nos separaba y dejé que sus brazos me consolaran.
―También creo que ella debería estar aquí, Bella, pero debemos pensar en que ella es una bebé recién nacida, cuando cumpla quince nosotros estaremos en los sesenta― razonó él.
―Lo sé― acepté ― sé que no nos estamos haciendo más jóvenes, pero siento como si ella perteneciera aquí, con nosotros… no sé si podría soportar vivir con la idea de que ella está por ahí, sin saber que está bien alimentada, que tiene lo que necesita y que alguien la ama.
―Yo no me opondría a que ella fuera una Cullen, si es lo que tú quieres― sugirió, tomándome por sorpresa.
―No puedo simplemente tomar la decisión por mi cuenta, la quiero Edward, pero si tú no…
― ¡Oye! Yo nunca dije que no la quisiera― interrumpió.
― ¿Entonces tu…?
―Quiero saber si estas segura de traerla a nuestras vidas, para que pueda llamar a Garrett y que haga lo posible para que pronto la tengamos con nosotros.
― ¿De verdad?
―No me atrevería a bromear con ello― sonrió.
No me contuve y lo rodé con mis brazos desde su cuello, atrayéndolo hacia mí para darle un beso.
― ¡¿Y que esperamos para llamarlo?! ― pregunte emocionada.
―Cariño, son las siete de la mañana, seguramente Garrett sigue dormido o apenas estará despertando, lo llamaré cuando llegue a la oficina.
― ¿No lo olvidarás? ―pregunté.
―No olvidaría pedirle a Garrett que haga lo posible para que nuestra niña venga a casa pronto― dijo sonriendo.
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Para las once de la mañana, ya no podía concentrarme en el diseño que tenía entre manos, todo en lo que podía pensar era en la pequeña bebé que estaba en el hospital. No sabía cómo habían salido sus análisis y me estaba matando el no saber.
De modo que apagué el iPad y volví a mi habitación a cambiarme.
Tomé de mi armario un sencillo vestido negro y un cinturón dorado que lo complementaba, me vestí rápidamente, me coloqué el abrigo que usé por la noche y unos stilettos negros que estaban a mi alcance.
Usualmente me tomaría el tiempo necesario para aplicarme las cremas que religiosamente usaba, pero hoy no tenía la paciencia para hacerlo, solamente me coloqué un poco de base en el rostro y algo de rubor para darme color.
Bajé las escaleras y fui directamente al garaje, tomé mi auto y salí con rumbo al hospital.
Cuando salí al tráfico de la mañana, realmente pensé que sería más rápido el trayecto dada la hora, pero me topé con un accidente que estaba ralentizando la circulación. Llevaba ya alrededor de veinte minutos atrapada en el mismo lugar cuando sonó mi teléfono. No me molesté en sacarlo de mi bolsa y simplemente contesté desde el auto.
― ¿Sí?
Contesté, sin ver quien llamaba. Justo en ese momento un conductor detrás de mi hizo sonar la bocina de su auto, mostrando su desesperación por salir de aquí.
― ¿Bella? ¿Dónde estás? ― preguntó la voz de Edward.
―En la autopista…― contesté dubitativa.
Le había prometido que me quedaría en casa, trabajando en mis diseños y él me llamaría con noticias tan pronto las tuviera.
―Bella…
Me riñó.
―Lo sé, lo sé, pero no podía pasar un minuto más sin saber de ella.
Argumenté. Escuche como bufó en resignación.
―Si hubieras esperado para salir de casa, habrías recibido la noticia ahí y podríamos…
― ¡¿Qué noticia?! ― lo interrumpí.
―Vamos a necesitar un nombre, cariño, su acta de nacimiento no solo puede poner Cullen en ella…
Pude detectar la felicidad en su tono de voz. Y no se imaginaba cuan feliz me hacía escucharlo.
― ¿De verdad? ¡Pensé que demoraría mucho más tiempo!
―Usualmente toma más tiempo, pero no sé qué hizo Garrett para acelerarlo, estaremos en el hospital en algunos minutos, ¿Te veremos ahí?
― ¡Por supuesto que sí! ¡Dios, Edward! ¡Tendremos a nuestra niña!
―La tenemos cariño, estará en casa esta noche― afirmó ―ahora, no quiero que manejes a todo lo que da el Cadillac para llegar aquí, te quiero en una pieza ¿Ok?
―Ok… te veré allá.
Escuché su risa cuando colgó. No cabía en mí de la felicidad que sentía. No me importaba el estruendo a mí alrededor, ni los gritos ni maldiciones que soltaban los conductores detrás de mí. Solamente pensaba en llegar lo más pronto posible al hospital y ver a mi niña.
Pronto mi mente se desvió a mi niña grande en Nueva York, y a mi bebé en California. ¿Cómo se tomarían ellos la noticia de su nueva hermanita?
No quería imaginar que la rechazaran, eso partiría mi corazón. Decidí dejar ese tema para después, no quería empañar un día feliz con pensamientos tristes y de los que no estaba segura.
Alrededor de diez minutos después, la autopista al fin era transitable. Por lo cual retomé mi camino al hospital.
Llegué ahí poco después, así que nada más estacionar el auto, avisé a Edward que había llegado. Él y Garrett ya estaban aquí, por lo que mi esposo me pidió encontrarnos en el recibidor del hospital.
― ¿Qué ocurre? ― pregunté confusa.
―Nada malo, Garrett me pidió que te esperara aquí, aun no me da todos los detalles sobre la bebé, pero sí sé que podemos ir a verla mientras esperamos.
― ¿Y qué estamos esperando? ― pregunté emocionada.
Él sonrió y fuimos tomados de la mano hacia el ascensor, en pediatría preguntamos por los cuneros y nos enviaron al ala de maternidad, en el mismo piso pero en el lado contrario del hospital.
Cuando llegamos ahí, buscamos inmediatamente a nuestra niña entre los bebés que descansaban en sus cunas. La ubicamos casi al fondo, estaba dormida.
― ¿Visitan a algún bebé? ― nos preguntó una enfermera con una sonrisa.
―De hecho vienen a recoger a una bebé― habló la señorita Brandon, tomándonos por sorpresa.
―Señorita Brandon, pensé que estaría reunida con Garrett― la saludó Edward, estrechando su mano.
―Solo Alice por favor y me da gusto verlos aquí de nuevo― dijo ella, tendiendo su mano hacia mí para que la estrechara, la acepté y ella continuó ―su abogado se encuentra realizando el papeleo con mi superior, he sido enviada aquí para hablar con ustedes.
― ¿De qué se trata, Alice? ― pregunté.
Alice le dio una mirada a la enfermera, quien asintió y se retiró discretamente.
―Debo informarles que su abogado ha conseguido que les otorguen la custodia temporal de la bebé…
― ¿Temporal? ― preguntó Edward confundido.
―Es provisional, la tendrán bajo su cuidado hasta que el proceso de adopción finalice, no demorará mucho. Solamente debemos corroborar su información y realizar un par de visitas en su domicilio, entonces tendrán la custodia completa. Pero…
― ¿Hay un pero? ¿Ella esta bien? ― pregunté asustada.
―Ella está bien, sus análisis mostraron que llegó a término y no hay signos de afecciones congénitas o padecimientos en ella. Pero debo advertirles que la madre biológica aún tiene un mes para reclamarla― informó ― si ella aparece y la quiere de vuelta, tendríamos que pasar por un proceso más largo. Ella permanecería con ustedes hasta que se resuelva.
―Entonces… ¿Pueden quitárnosla? ― pregunté
―No es común que las madres aparezcan para reclamar a sus hijos, pero debo informarles sobre lo que puede ocurrir, incluso si es poco probable― respondió Alice.
―Pero… si la madre biológica aparece ¿Qué oportunidad tenemos nosotros? ― preguntó Edward esta ocasión.
―No les mentiré, si eso ocurre, hay un cincuenta por ciento de probabilidades de que se les den la custodia completa, la madre debe probar que es capaz de cuidarla y probar que no volverá a abandonarla, es difícil, pero puede ocurrir― explicó ella ― no tienen que preocuparse por eso ahora, como les dije, es muy raro que las madres regresen.
― ¿Podremos llevarla a casa hoy? ― pregunté.
―Podrán hacerlo en unas horas más, mientras los papeles se autorizan y le dan el pase de salida― aseguró Alice ― ¿Quieren abrazarla?
Dirigí la vista hacia Edward, quien me devolvió la mirada con los ojos brillantes, llenos de incertidumbre y emoción.
―Si queremos.
Ella asintió. ―Solo puede estar fuera del cunero unos minutos, pero creo que bastarán para que me den un nombre y yo lo comunique a mi superior.
Asentimos emocionados, y la misma enfermera que nos atendió entró por nuestra niña y la trajo con nosotros.
― ¡Hola, cariño! ― le hablé emocionada, cuando la enfermera la depositó en mis brazos.
Ella estaba usando lo mismo que la noche pasada, la única diferencia es que ahora estaba cubierta por la típica cobija de hospital. Se removió entre mis brazos durante algunos segundos, como si buscara una posición más cómoda.
Y después de dos hijos no creí que diría esto, pero realmente creo que enfocó sus ojos en los míos y después posó su mirada en Edward, como si nos reconociera, y volvió a cerrarlos, sintiéndose cómoda.
―No puedo creer que la pequeña granuja no armara un escándalo― comentó la enfermera sorprendida.
― ¿Por qué? ― pregunté confundida.
―Ayer cuando la trajeron aquí, ella lloró durante al menos una hora hasta quedarse dormida, y así cada vez que abría los ojos, hasta ahora― aclaró la enfermera.
Edward tomó una de sus manitas entre la suya, el contraste de tamaño era asombroso, ella era incluso más pequeña que nuestros otros dos hijos al nacer.
― ¿Tienen ya un nombre en mente? ― preguntó Alice.
― ¿Tu qué piensas? ― Me preguntó Edward.
―Sé que te gustaba Chloe― recordé, su segunda opción cuando tuvimos a Carlie.
― ¿Y qué piensas tú? ― insistió.
―Me gusta Alessia― confesé.
―Creo que Alessia Chloe Cullen es un lindo nombre para ella― sugirió.
―Entonces ese será su nombre― acepté emocionada.
―Es un lindo nombre si me lo preguntan― comentó Alice divertida― hoy en día la mayoría quiere nombrar Arya o Daenerys a sus hijas― rodó los ojos.
Nosotros reímos divertidos.
― ¡Eh! Daenerys era mi segunda opción para ella― bromeó Edward.
― ¡Dios! ¡Agradezcamos que era segunda opción! ― rio Alice.
Los cuatro reímos por el intercambio de bromas. Y para nuestra tristeza, la enfermera anunció que tenía que llevar a nuestra bebé de vuelta al cunero.
―Créanme, mis oídos lo lamentan más que ustedes― comentó la enfermera.
Yo le pasé al bebé a Edward después de dejar un beso en su cabecita calva. Él hizo lo mismo y la dejó en brazos de la enfermera. Para mi sorpresa, nuestra niña comenzó a gimotear cuando sintió el cambio de brazos.
―Ella sabe quién es su familia.
Dijo la mujer y volvió a los cuneros con nuestra niña.
― ¿Ella estará bien? ― pregunté.
―No se preocupen, la enfermera Nolan sabe cómo calmar a cualquier bebé― comentó Alice― los dejaré ahora, tengo que volver con mi superior, su abogado les avisará cuando esté todo listo.
Nosotros asentimos y le agradecimos a Alice. Ella se retiró dejándonos solos, observando como la enfermera Nolan hacia dormir a nuestra niña.
―Creo que deberíamos comprar algunas cosas para ella, no tenemos nada en casa― sugirió Edward.
― ¡Oh por dios! ¡Tienes razón! ¡Necesitamos muchas cosas!
―¡Eh! Tranquila, Alice dijo que demoraría unas horas en tener todo listo para llevarla a casa, podemos aprovechar para ir a un centro comercial y comprar lo necesario para estos días, después podemos comprar lo que haga falta.
Respiré varias veces, encontrando razón en sus palabras.
― ¿Qué haría yo sin ti? ― le pregunté.
―Serías una pequeña y guapa mujer histérica cada cinco minutos, cariño― se burló.
Reí y golpeé suavemente su pecho. Sabiendo internamente que tenía razón.
Él siempre había sido mi cable a tierra, quien me tranquilizaba y me devolvía a la realidad cuando me surgían ideas locas y descabelladas. Siempre estaba ahí para mí.
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Salimos del hospital tomados de la mano, sonriendo y planeando una lista de lo que necesitaríamos para nuestra niña. Decidimos tomar su auto para ir al centro comercial más cercano.
―Necesitaremos muchos pañales― comentó él con una sonrisa.
―Y ropa, la pobre solo tiene ese pijama rosa. ¿Sabemos que fórmula necesitamos comprar?
―Le pregunté a Jasper y me sugirió el nombre de una marca, así que sabemos que comprar.
―De acuerdo.
Pronto llegamos al centro comercial y fuimos directamente a una tienda para bebés, donde lo primero que buscamos fue ropa.
―No te vuelvas loca comprando ropa ¿Si? ― me rogó con una sonrisa.
― ¡Yo no me vuelvo loca! ― le reproché, fingiendo sentirme ofendida.
Él sonrió y me mostró un pequeño conjunto de pantalón y blusa color naranja.
― ¿Seguro que quieres eso para ella?
―Me recuerda a ti ese día en Central Park, y lo llevaremos, en diferentes tallas― anunció, tomando cuatro tallas diferentes del mismo conjunto.
― ¿Quién es el que se vuelve loco comprando ahora? ― arqué una ceja en su dirección.
Él tuvo la decencia de sonrojarse, pero simplemente sonrió y se encogió de hombros. Yo rodé los ojos pero lo dejé que llevara los conjuntos.
Pasamos un tiempo más eligiendo ropa en diferentes tallas para nuestra niña, al final, quien insistía en que necesitábamos más era mi adorado esposito.
― ¿Sabes? Ella necesita un apodo. Si comienzo a llamarla Chloe o Alessia todo el tiempo, sentiré que la estoy regañando― comentó, mientras buscábamos una carriola.
― ¿Tienes algo en mente? ― pregunté.
―A decir verdad… ¿Qué opinas de Lexi?
―Lexi… me agrada― confesé sonriendo.
―Bueno, ¿Qué te parece esta para pequeña Lexi?
Comentó, señalando una carriola negra con detalles en dorado. Era bonita.
― ¿Realmente tenemos que comprarla ahora? Creo que la de los chicos debe estar en algún lugar del sótano.
―Cariño, esa cosa tiene al menos quince años ahí, necesitamos una nueva. Iba a sugerir que usáramos la cuna, pero seguramente ya no se sostendrá.
Me rendí ante sus argumentos y acepté comprar la carriola, afortunadamente era la única que necesitaríamos, dado que se adaptaba según creciera el bebé.
― ¿Te gustaron las cunas? ― preguntó― Podemos buscar en otra tienda si quieres.
Sugirió rápidamente, cuando estábamos por pagar todo lo que habíamos elegido. Yo rodé los ojos, cuando él hacia una pregunta y la contestaba de esa manera, era porque él quería seguir su sugerencia.
―De acuerdo, busquemos en otra tienda― acepté.
Él sonrió y después de que dejáramos la ropa y la carriola en el auto fuimos en busca de la cuna perfecta, en palabras de Edward.
En cuanto entramos a una tienda especializada en muebles para bebé, él inmediatamente puso la mirada en una cuna en forma de carroza, insistió en que era perfecta para Lexi, pero era demasiado grande, la forma que tenía impedía que fuera capaz de tomar a mi bebé a menos que subiera los tres escalones con los que contaba.
―Creo que necesitamos algo más… práctico― sugerí.
―Pero Lexi es nuestra princesa, ella merece lo mejor― insistió.
―Edward, ella no va a recordar cómo era su cuna, yo también quiero lo mejor para ella, pero no quiero tropezar en un escalón y caerme con ella en brazos― razoné.
Ante mi argumento no tuvo más que discutir y aceptó buscar otra opción. Pronto encontramos una cuna ovalada y blanca que a ambos nos gustó. Era diferente pero funcional. Y en mi mente pensé que tal vez, algún día, podrían usarla los bebés de mis bebés más grandes.
Elegimos además un cambiador, una cajonera blancos y por insistencia de Edward, un sillón/mecedora con una minicuna a un lado, también en color blanco.
― ¿No crees que es muy… simple? ― preguntó cuando estábamos pagando.
―Es lo que necesitamos, además ¿Crees que yo dejaría que mi bebé tuviera una habitación "simple"?
―De acuerdo― aceptó, dándome la razón.
En ese momento su teléfono sonó.
―Es Garrett, todo está listo― anunció con una sonrisa al leer el mensaje.
―Vayamos por nuestra niña entonces.
Dimos nuestra dirección para que llevaran los muebles y de camino al hospital nos detuvimos en una farmacia donde compramos una dotación de pañales, biberones, toallitas húmedas, algunas latas de fórmula para bebé y demás cosas que necesitaríamos.
Por lo que veinte minutos después, nos encontramos con Garrett en el recibidor del hospital.
―Llegan justo a tiempo.
Declaró el hombre con una sonrisa, señalando algo detrás de nosotros.
Lo que Garrett señalaba era a nuestra pequeña, siendo llevada en brazos por Alice y una mujer un poco mayor que nosotros.
― ¿Listos para llevar a su hija a casa? ― nos preguntó sonriente Alice.
―Más que listos― aseguré, emocionada.
―Los señores Cullen, supongo― nos saludó la otra mujer con una sonrisa― mi nombre es Lidia Evans, soy la trabajadora social a cargo del caso, la señorita Brandon y yo estaremos corroborando su información como ya les habían mencionado y recibirán algunas visitas de su parte antes de finalizar la adopción. No se preocupen que solamente es para corroborar que se adapten a la bebé y ella a ustedes.
―No hay problema― aseguré ― usualmente trabajo desde casa y mi esposo llega sobre las cuatro o cinco, así que la estaremos esperando.
―Muy bien, pues felicidades señores Cullen, les entrego a su hija, Alessia Chloe Cullen.
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¿Qué les ha parecido? ¿Cómo creen que reaccionarán los hijos mayores? ¿Aparecerá la madre biológica de Lexi? ¡Espero sus comentarios!
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¡Besos!
