Little carrot
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, la historia es de mi total invención.
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Capítulo 2* Pequeña zanahoria.
Los primeros días de Lexi en casa fueron un tanto caóticos, pero sin duda muy felices. A pesar de que ella era una pequeña bebé mucho más tranquila que nuestros hijos mayores, a los cuarenta y cinco, no tengo la misma energía que cuando tenía veinticuatro, y levantarme cada cuatro horas para alimentar a un bebé estaba comenzando a pasarme factura.
―Yo iré esta vez.
Dijo la voz aun adormilada de Edward. Observé el reloj en mi mesa de noche mientras escuchaba los gimoteos de Lexi, los números marcaban las tres de la mañana en punto.
―Juro que Lexi es un pequeño reloj― comenté, emitiendo un gemido de cansancio.
Ella nos había estado despertando a esta misma hora todos los días. Los primeros dos días fueron fáciles, porque aun teníamos toda la energía lista para hacerlo. Pero en cuanto llegó el fin de semana, estábamos agotados.
―Iré con ella a la cocina, sigue durmiendo― comentó Edward.
Lo observé tomar el portabebés con nuestra niña en él y salir de la habitación. Hice caso a su sugerencia e intenté volver a dormir.
Cerré los ojos un par de minutos, pero la necesidad de levantarme fue más fuerte. Los pasados días habíamos establecido una rutina, quien se levantaba primero, daba el biberón a Lexi y el otro se encargaba de cambiar su pañal y hacerla dormir. Por lo que faltar en esa rutina me hacía sentir ansiosa. Como si mi bebé me necesitara ahí.
Cuando entré a la cocina, Edward paseaba de un lado a otro con Lexi en sus brazos. Ella aun succionaba de su biberón cuando llegué.
―Deberías estar dormida― comentó él.
―Lo sé, pero no podía volver a dormir sin abrazar a Lexi― confesé.
El cambió su mirada de Lexi a mí y sonrió.
―Entonces llegaste justo a tiempo.
Comentó, caminando hacia mí para entregarme a nuestra pequeña bebé.
De inmediato la acomodé sobre mi hombro para sacarle los gases y caminé con ella hacia la sala, ahí la mecí hasta que eructó. Subimos a nuestra habitación de nuevo, con Edward siguiéndonos, él traía el portabebés en sus manos, mientras yo llevaba a Lexi.
Una vez en nuestra habitación, Edward me ayudó a colocar las cosas sobre la cama; un pequeño plástico acolchado para evitar accidentes, un pañal limpio, así como la crema anti-rozaduras y toallitas húmedas.
Coloqué a Lexi sobre el plástico y protestó un poco al sentirse abandonada en la superficie mullida de la cama, pero la consolé con un chupón que rápidamente alejó sus protestas.
― ¿De qué color serán sus ojos? ― preguntó Edward.
Lexi nos observaba tranquila desde la cama mientras cambiaba su pañal.
―Tal vez sean verdes― comenté.
Él me dio su sonrisa ladeada, la misma que nuestros hijos habían heredado de él. Ninguno de nuestros hijos había heredado los ojos verdes que tanto amaba de su padre, pues mientras los ojos de Andrew tenían un extraño color gris azulado, los de Carlie eran un reflejo de los míos.
― ¿Cómo crees que reaccionen los chicos y tus padres? ― pregunté nerviosa.
Esa duda me había estado persiguiendo los últimos días, y finalmente lo averiguaríamos por la mañana y el día siguiente, pues visitaríamos a los padres de Edward para el desayuno y mañana haríamos una video llamada a los chicos.
―Seguramente irá bien, Lexi es adorable, estoy seguro que van a amarla― dijo él.
En eso estaba completamente de acuerdo con él, Lexi era un bebé muy fácil de querer, era tranquila y no nos había dado problemas hasta ahora.
Y aunque Esme y Carlisle me habían recibido en su familia sabiendo que era huérfana, no sabía la reacción que tendrían al saber que estábamos adoptando a Lexi.
― ¿A qué hora debemos estar en su casa? ― pregunté.
―Nos esperan para un desayuno tardío, así que sobre las 10― aclaró.
Asentí y terminé de colocarle la ropa a Lexi, ella estaba prácticamente dormida cuando la tomé en brazos, así que no fue difícil hacer que se rindiera al sueño y así volver a dormir nosotros.
La dejamos en su porta bebés y volvimos a la cama, pero de solo pensar que Esme, Carlisle o incluso los chicos pudieran rechazar a Lexi, el sueño se había ido completamente de mi cuerpo.
―No te preocupes, mis padres van a estar encantados con ella.
Me tranquilizó él, pasando su brazo por mi cintura y acercándome a su cuerpo. Edward siempre sabía cuando algo me preocupaba, la mayoría de esas ocasiones su sola presencia me tranquilizaba, pero esto estaba fuera de nuestro control; ninguno podía influenciar en la forma de pensar de los demás.
Y aunque estábamos seguros de querer a Lexi en nuestras vidas, no podíamos imponerla al resto de la familia. Prefería mantenerme al margen de sus vidas a que despreciaran a mi bebé, o que la lastimaran con comentarios hirientes en el futuro.
Quería creer que conocía a mis hijos y a Carlisle y Esme lo suficiente para saber que amarían a Lexi tanto como nosotros, pero la duda persistía.
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Por la mañana mis nervios estaban en su nivel más alto. Como desperté incluso antes que Lexi pidiera su siguiente toma, traté de ocuparme ordenando las cosas que ya tenía para la habitación de Lexi. Dado que la casa contaba con cinco habitaciones, cuatro de ellas con baño propio, decidimos ocupar una de las dos que disponíamos de invitados para ella.
Elegimos la que estaba pintada de blanco para no tardar demasiado en tenerla lista. Por el momento el lugar estaba casi vacío, pues el día anterior y mientras Lexi tomaba su siesta, Edward y yo aprovechamos para sacar los muebles que no ocuparíamos.
La cómoda blanca que habíamos decidido mantener ya estaba limpia y vacía, así que decidí terminar de guardar toda la ropa que podía doblar. De los tres compartimientos, coloqué en el superior lo que ocuparíamos durante estos meses, y en los siguientes la ropa de tallas más grandes.
No me di cuenta de la hora que era, hasta que los sollozos de Lexi me distrajeron de mi tarea. Dejé la prenda que estaba doblando y fui inmediatamente por ella.
En esta ocasión Edward no despertó con los sollozos de nuestra bebé, y lo entendía por completo, él había estado yendo a trabajar con normalidad, por lo que no tenía algunas horas para dormir durante el día como yo, así que lo dejé seguir durmiendo.
―Dejaremos a papá dormir durante otro rato.
Le susurré a Lexi y bajé a la cocina con ella aun en su porta bebés. La alimenté y la mudé de pañal en la sala, pero como ella no quería dormir de nuevo, la llevé conmigo de regreso a la cocina.
La dejé nuevamente en su porta bebés en un espacio sobre la isla de la cocina y me dispuse a preparar una tarta de peras para llevar a casa de los padres de Edward.
Fue así como nos encontró Edward, poco más de una hora después.
La tarta estaba en el horno y yo estaba terminando de picar un poco de fruta para nosotros. Aun venía con su pantalón del pijama y los ojos somnolientos.
―Buenos días― Me saludó, rodeando con sus brazos mi cintura y dejando un beso en mi cuello― no escuché llorar a Lexi.
―Y estas tan dormido aún, que no la viste al entrar.
Comenté divertida, dejando un rápido beso en sus labios. Él se sorprendió por mis palabras y volteó hacia donde estaba Lexi, en cuanto sus ojos se posaron en ella, me soltó y fue a tomarla en brazos.
―Lo siento cariño, de verdad no te escuché llorar.
Se disculpó con ella, la tomó en brazos y le dio un beso en la frente.
―No te preocupes, ambas sabemos que papá necesitaba aunque sea una hora más de sueño― lo disculpé, guiñándole un ojo.
―Gracias, de verdad lo necesitaba.
―Lo sé cariño, ¿Sabes? Yo podría verla durante la noche y tu ayudarme cuando vuelves del trabajo o por las mañanas― sugerí.
―Eso suena bien, pero es tiempo de calidad con Lexi, así que te ayudaré― respondió con una sonrisa.
Me reí y le serví una taza de café. Él me agradeció con un beso en mis labios y bebió su café mientras aun sostenía a Lexi en uno de sus brazos.
― ¿Sabes? Creo que debimos pensar en la adopción hace mucho― razoné.
―Cuando Carlie cumplió cuatro, iba a sugerirte tener un tercer bebé, pero tu línea de ropa estaba por alcanzar su punto más alto, no podía pedirte que tuviéramos otro hijo.
―Si, tal vez no era tiempo entonces, pero si un año o dos después nos hubiéramos planteado la idea, creo que aún tendríamos un adolescente en casa al menos.
Ambos sonreímos, sabiendo que incluso si hubiéramos adoptado antes o tenido un hijo más, estábamos completamente felices con la vida que teníamos.
―Tal vez deberíamos comenzar a alistarnos, casi son las nueve― sugirió.
Asentí y dejé frente al él un plato de fruta y coloqué otro para mí. Para este momento, Lexi ya estaba dormida, por lo que fácilmente pudo dejarla en su portabebés para comer con más libertad.
Ambos nos apresuramos en terminar la fruta y el café, después él insistió en que podía alistar a Lexi mientras yo me preparaba para salir, por lo que lo dejé hacerlo.
En tiempo record, los tres estuvimos listos y partimos a la casa de Carlisle y Esme.
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Al llegar, una de las chicas del servicio nos recibió en la puerta, viéndose enormemente sorprendida de vernos llegar con el porta bebés. Pues acostumbrábamos venir cada sábado a desayunar, comer o cenar y sin duda alguna, Lexi no estaba en nuestros planes la semana pasada.
―Buenos días, los señores los esperan en la terraza― informó Ángela, aun sorprendida.
Ella era la nieta de dieciocho años de Sue Webber, quien desde hace varios años ya desempeñaba el papel de ama de llaves y cocinera de mis suegros, su nieta había llegado a Seattle para estudiar en la universidad comunitaria y en su tiempo libre también trabajaba en la casa.
―Gracias Angie― dijo Edward.
Ángela asintió y volvió a la cocina.
Nosotros nos encaminamos a paso lento a la terraza. Y conforme más nos acercábamos, mis nervios se incrementaron. Edward lo notó por supuesto, así que tomó mi mano y me dio un ligero apretón.
Las puertas de cristal que daban acceso a la terraza estaban abiertas de par en par, Carlisle y Esme ya se encontraban ahí, sin notar aun nuestra presencia. El primero bebía café de espaldas a nosotros mientras ojeaba un periódico, Esme por su parte, servía jugo en un vaso de cristal frente a ella.
― ¿Mamá? ¿Papá?
Llamó su atención Edward.
Carlisle dobló el periódico apenas escuchó la voz de su hijo, y Esme no demoró en volver a colocar la jarra de jugo sobre la mesa.
Sus ojos inmediatamente se posaron en nosotros, y Esme se levantó de su lugar para saludarnos, pero redujo la velocidad cuando notó que Edward sostenía un porta bebés, este se encontraba cubierto por una cobija fina, por lo que Lexi no estaba a la vista.
― ¿Edward…?
Inquirió Esme, pasando la vista de su hijo a mí. Entonces Carlisle también se colocó de pie y volteó hacia nosotros. Su ceño se frunció en confusión, pero no emitió ni una sola palabra.
Salimos a la terraza aun con nuestras manos entrelazadas, bajo la atenta mirada de Carlisle y Esme, y aun sin dar explicaciones, Edward colocó el porta bebés sobre una de las sillas disponibles.
Levanté la cobija y tomé a Lexi entre mis brazos, de manera que ellos pudieran verla fácilmente.
―Nos quieren explicar…― pidió Carlisle.
Edward y yo nos miramos a los ojos durante un par de segundos, sintiéndonos como el par de jóvenes que llegaron a esta misma casa más de veinte años atrás, anunciando que éramos novios.
―Ella es Alessia Chloe Cullen, y es nuestra hija desde hace unos días― comenzó a explicar él.
― ¿Cómo es que eso es posible? ― preguntó Esme sorprendida.
―Hace unos días, alguien la abandonó en la puerta de nuestra casa, la llevamos al hospital sin saber muy bien qué hacer con ella, ahí nos dijeron que la pondrían en adopción si su madre no aparecía pronto. No podíamos dejarla…
Carlisle sonrió. Observó a Esme y ambos estallaron en carcajadas.
Edward y yo nos miramos confundidos. Yo esperaba de todo menos esto. Creí que ambos cuestionarían nuestra cordura al adoptar a una bebé a nuestra edad, incluso estaba preparada para que la rechazaran por completo, pero sin duda no para que se rieran a carcajadas.
―Lo sentimos― se disculpó Carlisle, tratando de controlarse.
Ambos rieron durante un par de minutos más antes de que finalmente lograran calmarse.
― ¿Nos explicarán ustedes ahora? ― preguntó Edward con el ceño fruncido.
Esme asintió, limpiándose las lágrimas que había derramado al reír.
―Lo sentimos mucho, lo que pasa, es que por un momento volvimos casi cuarenta años atrás― comentó Esme.
Nosotros seguíamos sin entender.
―Es una comparación muy fea, pero Edward solía encontrar animalitos enfermos todo el tiempo, y siempre venía a casa con esa expresión de cachorrito abandonado y nos decía que no había podido dejarlos a su suerte.
Entonces entendí. Y reí un poco ante la perspectiva de un pequeño Edward, trayéndoles animalitos enfermos a sus padres. Sin duda alguna ninguno de mis hijos solía hacer eso, lo cual agradecía de cierta manera, porque no sabría qué hacer con ellos.
Edward nos observó aun con el ceño fruncido y un poco sonrojado, sin duda avergonzado por las palabras de sus padres.
―Siempre supe que Edward nos daría sorpresas por el resto de su vida, y no estaba equivocada― comentó Esme ―pero déjenme ver a esta preciosa niña ¿Alessia dicen que se llama?
―Alessia Chloe, pero la llamamos Lexi de cariño― aclaré.
Ella se acercó a mí, extendiendo sus brazos para que pudiera abrazar a mi niña, Lexi, aun dormida, se removió un poco cuando sintió unos brazos extraños, pero no despertó.
―Mira que es mucho más tranquila que Andrew o Carlie, ese par lloraba por casi cualquier cosa, Andrew más que mi pequeña florecita― recordó Carlisle sonriendo.
Nosotros sonreímos, felices porque nuestra niña estaba siendo bien recibida en la familia. Sin duda alguna, mis nervios y dudas parecían una pérdida de tiempo ahora mismo.
Pero con mi historia, no podía más que preocuparme de la reacción que tendría nuestra familia. Yo misma había pasado por dos familias de acogida que me habían devuelto cuando algún otro miembro de la familia no me aceptaba.
Habían sido momentos duros y difíciles, por los que no quería que pasara Lexi.
― ¿Cómo llegaron a la conclusión de integrarla a la familia? ― preguntó Carlisle, con la mirada pegada a Lexi ―no me mal entiendan, ella es muy bien recibida, pero seamos sinceros, ya no están en edad de criar a otro bebé.
Edward y yo nos sonrojamos.
―Ambos sabemos que la edad de tener bebés ya pasó, pero Lexi se sentía como parte de la familia desde que la vimos, no podíamos simplemente dejar que alguien más la adoptara― contestó Edward.
―O que nadie lo hiciera.
Agregué con una mueca. Edward me sonrió y apretó mi mano, entendiendo a lo que me refería.
―Pues ella es totalmente bienvenida, y lo será siempre― aseguró Esme.
Carlisle y ella se negaron a devolverla a nuestros brazos durante todo el almuerzo, Lexi se había ganado el cariño de sus abuelos en cuestión de segundos y estaba segura de que ella sería la niña más mimada de todo Seattle.
Ahora solo faltaban sus hermanos.
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El domingo era nuestro día de video llamada.
Desde que los chicos se fueron a la universidad, hicimos las video llamadas del domingo nuestra tradición, de esa manera nosotros nos asegurábamos de que nuestros hijos estaban bien y no se olvidaban de que tenían a un par de padres, un tanto sobre protectores, en casa.
―Deberíamos llamar a Andrew primero― sugirió Edward.
Él aseguraba que ambos chicos tomarían bien la noticia, pero él, como todo buen padre preocupado por su pequeña niña, estaba un poco asustado con la reacción de Carlie.
―Podemos decirles a ambos al mismo tiempo― sugerí.
Él asintió, dudando aún.
Habíamos acordado hacer la llamada desde mi computador, tomando la sala como nuestro escenario, para poder colocar el porta bebés con Lexi en un sofá. Para fortuna nuestra, nuestros dos hijos estaban en línea cuando abrí la ventanilla de Skype en la pantalla del computador, de modo que conecté a ambos en una video llamada.
― ¡Hola! ― nos saludó Andrew, siendo el primero en aceptar la video llamada.
Ambos le sonreímos y contestamos a su saludo, Andrew estaba en su departamento por lo que podíamos ver de fondo, los libros abiertos sobre la mesa detrás de él confirmaban que había estado estudiando antes de contestar la llamada.
Segundos después, visualizamos la imagen de Carlie en la otra mitad de la pantalla, en esta ocasión su escenario de fondo era la pequeña cocina del departamento que compartía con una amiga de la facultad.
― ¡Siempre tarde, Lee-lee!
Bromeó Andrew con ella, usando el apodo que ella misma se había dado cuando tenía cinco.
― ¡Calla Andy! ― Dijo nuestra niña, molesta, pero sin duda divertida a costa de su hermano mayor ― ¡Hola mamá! ¡Hola papi! ¿Qué tal todo en Seattle?
―Hola pequeña, todo bien por acá, y por lo que me cuenta Jason, tu pasantía de verano ha ido de maravilla ¿No es así? ― le preguntó Edward.
Andrew y yo rodamos los ojos, pues aunque él siempre estaba atento a lo que ocurría en la vida de nuestros dos hijos, Carlie siempre iba a ser su pequeña niña, y estaba embelesado con ella, más ahora que estaba siguiendo sus pasos.
― ¡Bastante bien a decir verdad! Ha sido magnifico el poder trabajar ahí, Columbia enseña bien, pero no hay como poner en práctica lo que enseñan― respondió ella.
Carlie siempre había disfrutado de ver a su padre trabajando. Sus preciosos ojos azules brillaban al escucharlo hablar sobre su día, y siempre finalizaba diciendo que ella sería como él cuando grande, y ahí estaba nuestra pequeña florecita, siguiendo los pasos de su padre.
― ¿Cómo puedes decir eso si llevas un año en la universidad, pequeña Lee? ― cuestionó Andrew.
Carlie rodó los ojos y respondió a su hermano.
―No porque tú tengas que esperar hasta terminar la universidad para poner en práctica lo que aprendes, significa que todas las carreras son iguales, yo no mataré a una pobre persona enferma si me equivoco.
Entonces ambos se enfrascaron en una controvertida conversación sobre la praxis del otro en sus respectivas profesiones, Edward y yo simplemente los dejamos hablar durante un par de minutos, recordando cuando estas peleas ocurrían en esta misma casa.
―Chicos…― llamé su atención, para que dejaran de discutir, pero ninguno hizo el menor caso.
―Carlie…― habló Edward, pero como siempre en estos casos, ninguno cedía.
―Andrew― hablé, de manera firme.
Él, siendo el más sensato de mis hijos, dejó de discutir con su hermana durante un par de segundos para prestarme atención.
―Lo siento mamá― se disculpó él.
Las mejillas de Carlie se tornaron rosas al notar que era la única que seguía parloteando, segundos después de la disculpa de su hermano.
―Upsss… perdón― se disculpó ella, con una sonrisa avergonzada.
Le sonreí a ambos, extrañando tenerlos en casa, para poder tenerlos entre mis brazos como cuando eran un par de niños.
―Chicos, solo queremos saber cómo están, sabemos que tienen cosas qué hacer… y tenemos una noticia que darles.
― ¿Una noticia? ¿Qué noticia? ― preguntó Carlie, siempre la más curiosa.
―En california todo bien, ma y no tengo mucho qué hacer, estaba esperando a Eliza para estudiar con ella― comentó Andrew, ignorando a su hermana
Eliza Cameron era la novia de Andrew, ambos estudiaban medicina en Stanford, aunque ella estaba un año por debajo de él. Ella era una buena chica, cuando la conocimos la última navidad, entendí que probablemente ella sería la próxima señora Cullen.
―Saluda a Eliza de nuestra parte, ¿Cómo estuvieron esas dos semanas en Alabama?
Preguntó Edward, ignorando por completo la pregunta de Carlie, ella y yo rodamos los ojos pero decidimos callar durante un par de minutos, igual de interesadas en saber cómo había ido la visita de Andrew a casa de los padres de su novia.
―Le diré que mandan sus saludos, y fue muy bien, sus hermanos mayores son un poco atemorizantes pero al final creo que les caí bien, y sus padres también fueron grandiosos― explicó Andrew.
―Muy bien, ahora que sabemos que Andy es bien recibido en Alabama, ¿Quieren decirnos cuál es la noticia? ― preguntó Carlie.
Yo sonreí, sabiendo que no iba a desistir hasta saberlo.
―Creo que es mejor si lo ven.
Sugerí. Me levanté del sillón y dejé a Edward enfrentando a nuestros hijos, tan nervioso como si hubiéramos cometido un crimen, quise reírme de él, pero no creí que lo tomara de buena manera.
― ¿Qué tenemos que ver? ― preguntó Andrew.
― ¿Ver qué? ― cuestionó Carlie a su vez.
Tomé a Lexi del porta bebés, sosteniéndola contra mi pecho para que no despertara de su siesta y volví a mi lugar en el sillón.
Los rostros de nuestros hijos eran todo un poema, iniciando con la sorpresa y la confusión en ambos, podía decir que los habíamos dejado sin palabras. Conocía tan bien a mis hijos que podía decir que Andrew estaba tratando de recordar su visita un mes atrás, e intentando encajar nueve meses en uno solo.
Carlie, por su parte, no mostraba más que sorpresa, y como ella siempre había tenido las ideas más exageradas de ambos, no podía decir lo que su brillante mente estaba pensando al verme con un bebé en brazos.
― ¿Papa…?― cuestionó Andrew, siendo el primero en salir de su estado de confusión.
―Sabemos que es toda una sorpresa, pero queríamos decirles antes de que lleguen a ver a su madre en algún sitio de internet o revista con un bebé― comenzó a explicar Edward.
No era nada raro que saliera en las revistas de prensa sensacionalista, pues desde que mi marca de ropa comenzó a crecer, me convertí en un objetivo para la prensa y en ocasiones, aparecía en algunos artículos amarillistas.
―Chicos, ella es Alessia Chloe, su hermana― la presenté, acomodando a la bebé de manera que pudieran verla de manera más clara ―somos sus padres de acogida hasta que finalicemos su adopción dentro de poco.
Andrew y Carlie estaban sorprendidos sin duda alguna, nunca hablamos de más hermanos o hermanas con ellos en el pasado, y de un día para el otro aparecer con un bebé en brazos, ambos debían estar aturdidos.
― ¿Cómo…? ¿Cómo es que esto ocurrió? ― preguntó Carlie con un tono neutral.
―La abandonaron frente a nuestra puerta hace unos días, la llevamos al hospital sin saber muy bien que hacer, y cuando volvimos… bueno, sentimos que necesitábamos traerla de vuelta a casa― expliqué.
― ¿Papá? ― cuestionó Andrew, ante el silencio de su padre.
―Su madre les está diciendo la verdad, Lexi es parte de la familia ahora, y seríamos muy felices si la aceptan como su hermana menor― habló él.
Noté como prestaba especial atención a sus reacciones cuando mencionó a Lexi, podía decir que mis dos hijos mayores se debatían internamente sobre qué pensar de esta situación.
―Esto… ¿No es una especie de crisis de la mediana edad, cierto? ― inquirió Andrew.
Edward y yo rodamos los ojos ante su suposición.
―No Andrew, estamos completamente conscientes de lo que estamos haciendo aquí― explicó Edward.
―Cielos… ― suspiró Andrew― ¿Cómo voy a lidiar con otra pequeña hermana si con una he tenido para toda una vida?
Entonces supe que nuestro hijo lo aceptaba, sé que necesitaba procesarlo, pero sus bromas siempre eran un buen indicio.
― ¿Carlie? ― inquirió Edward.
Ella había estado muy callada, pero enseguida respondió.
―Si es algo que ya decidieron, los apoyo, siempre quise una hermana menor… aunque no taaaan menor, solo dejen de decirme Lee-lee frente a ella, no quiero a otra persona llamándome así.
Los tres reímos por su respuesta, estando seguros de que en algún momento y gracias a Andrew o Carlisle, Lexi terminaría diciéndole Lee-lee a su hermana mayor.
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Dicen que los cuarenta son los nuevos treinta, pero ¿De verdad lo son? Se supone que debes estar por enviar a tus hijos a la universidad si no es que ya lo están, comienza de nuevo esa etapa de novios con quien ahora es tu pareja, trabajas, pero sin la presión de mantener una familia sobre tus hombros. Solo eres tú y esa persona especial con la que formaste una familia.
Pero ¿Y si eso cambiara de la noche a la mañana?
Cuando creíamos que los únicos pañales que se cambiarían en esta casa serían los de nuestros nietos en unos años, que los desvelos serían producto de salidas con Edward y no por los sollozos de un bebé que nos necesitaba. Pero ¿Cómo negarme a ello?
¿Cómo negarte a darle todo el amor que necesita aquella pequeña cosita pelirroja?
Porque tras casi dos meses con Lexi en casa, habíamos establecido una nueva rutina. Con Lexi cada vez más grande, demandando más de nuestro tiempo, hacíamos cuanto podíamos para hacerla feliz, incluso si el precio a pagar era el tiempo que en otras circunstancias sería solo para Edward y para mí.
Pero sin duda alguna valía la pena.
La pequeña bebé que llegó a nuestra puerta estaba creciendo sana y fuerte, ese pequeño ser recién nacido estaba convirtiéndose en una hermosa bebé de ojitos azules brillantes y cabello rojo. Sus mejillas estaban permanentemente sonrojadas y sus bracitos y piernas regordetas se movían sin parar cada que nos veía llegar junto a ella.
En estos dos meses habíamos recibido dos visitas de Alice, la primera había sido apenas un par de días después de contarles a los chicos sobre su nueva hermana, justo habíamos acabado de montar los muebles en su habitación para cuando ella llegó a visitarnos, y quedó gratamente sorprendida al ver nuestra interacción con ella y la respuesta que ella daba hacia nosotros.
La segunda ocasión ocurrió casi un mes después, en ese entonces Edward había salido de viaje y estaba sola con ella, pero de igual manera se complació al ver que, aunque él estaba lejos físicamente, una video llamada era todo lo que necesitábamos para que Lexi no extrañara tanto a su padre.
Lexi conocía perfectamente lo que significaba la computadora o el iPad en cierta posición, pues estaba por completo fascinada con su hermano mayor y las llamadas, que se volvieron más frecuentes desde su llegada.
―Hola cariño, ¿Qué tal todo?
Saludé a Andrew, cuando la pantalla del computador me mostró su rostro sonriente. Yo acababa de bañar a Lexi y la tenía sobre la cama, lista para vestirla.
―Hola ma, todo bien, ¿Cómo esta Lexi? ― preguntó.
Sonreí ante su preocupación. Había tardado solo un par de días después de la video llamada para volver a ponerse en contacto con nosotros, solo para preguntar por Lexi y desde entonces ella lo tenía alrededor de su pequeño dedo meñique.
―Está perfectamente, justo acabo de darle un baño― comenté mientras Lexi hacia ruiditos, reaccionando a la voz de su hermano ― tu padre y yo también estamos bien, por si te interesaba saberlo― bromé.
Él se rio avergonzado. ―Lo siento ma, me da gusto saber que están bien los tres. ¿Puedo ver a esa pequeña hermana mía? ― pidió.
Le sonreí y coloqué la pantalla de manera que pudiera ver su rostro mientras la vestía.
― ¿Es mi imaginación o ella está mucho más grande? ― preguntó Andrew.
―Solo un poco, aunque ¿Has visto esta pelusa en su cabecita?― le sonreí a mis bebés, mientras acariciaba la cabecita de Lexi.
Ella sonreía divertida y muy atenta al rostro de su hermano, quien le hacía muecas para entretenerla.
―Mamá, con esa ropa ella luce como una zanahoria, ponle un gorro verde y estará lista para ser cosechada.
Comentó mi hijo divertido, viéndonos desde el otro lado de la pantalla.
―Lo sé, pero es mi pequeña zanahoria ¿O no bebé?
Andrew estaba de acuerdo en que ella lucía adorable, incluso si se veía como una zanahoria.
― ¿Podría llevar a Lexi a pedir dulces? ― preguntó él, minutos después.
Nos había dicho que era probable que viniera con su novia para Hallowen, aún no estaba seguro, pero él siempre hacía planes muy anticipados.
―No sé si sea buena idea, es muy pequeña aun para eso― comenté.
― ¡Vamos, mamá! Se va a divertir― argumentó.
―Yo creo que quien va a divertirse eres tú.
Comenté divertida, sabiendo que lo que él quería era salir por ahí y utilizar a Lexi para obtener cuantos dulces pudiera. A pesar de su edad, Andrew siempre sería un niño pequeño.
Él tuvo la decencia de lucir un poco avergonzado cuando se vio descubierto.
― ¿Aunque sea unas calles? ― rogó.
―Veremos, primero asegúrate de que podrás venir.
Edward llegó a la casa en ese momento, y se mostró entusiasmado por tener a nuestro hijo en casa, aunque fueran solo algunos días.
―Entonces… ¿Cómo se ha portado nuestra pequeña Lexi el día de hoy?
Preguntó Edward, después de que termináramos la video llamada con Andrew.
―Bastante bien, ella siempre es un angelito― contesté sonriendo.
Entonces él pareció reaccionar a lo que tenía puesto nuestra bebé y sonrió.
―Creo que el naranja se volvió mi color favorito después de ese día, pero hoy lo reafirmo― comentó, tomando en brazos a Lexi.
Ella sonreía, entusiasmada por la atención que estaba recibiendo.
―Pensé que tu color favorito era el azul.
Me burlé, recordando cómo lo decía una y otra vez, haciendo referencia al azul de mis ojos.
―Un hombre puede tener más de un color favorito― se defendió entre risas.
―Pues tu hijo piensa que ella luce como una pequeña zanahoria en ese conjunto― dije riendo.
―Ella no es una zanahoria― dijo con el ceño fruncido, observando a Lexi detenidamente ―tu eres un pequeño ángel ¿no es así?
Le dijo él, acariciando la pequeña nariz de nuestra hija con la de él, mientras que ella solo reía complacida.
Me reí, sabiendo que Lexi sería nuestra pequeña zanahoria de ahora en adelante, estaba segura de que Andrew se encargaría de ello… con un poco de mi ayuda.
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Días antes de Halloween, Andrew llamó para avisarnos que no podría venir, porque le habían dado horas de práctica en los laboratorios de la universidad. Pero anunció que había enviado un paquete para Lexi.
―Andrew dijo que no podría venir la próxima semana― le comenté a Edward mientras estábamos cenando ― pero también mencionó que había enviado un paquete, debería llegar entre hoy y mañana.
Edward asintió, haciendo una mueca por la información. Ambos nos habíamos entusiasmado con la idea de una visita por parte de nuestro primogénito, pero sabía que muy probablemente lo tendríamos aquí para acción de gracias o para navidad.
― ¿Carlie no te ha dicho si vendrá? ― preguntó.
―Hablé con ella ayer, dijo que aún no sabía si vendría.
―La entiendo, Jason acostumbra a darles ciertos días libres a sus becarios, supongo que tendremos que ser solo los tres hasta acción de gracias― comentó.
Yo asentí, sabiendo que él tenía razón. Y aunque ya nos habíamos acostumbrado a la ausencia de nuestros chicos, siempre harían falta aquí.
― ¿Qué dices si le buscamos una niñera a Lexi y salimos a cenar? ― propuso.
― ¿Y eso? Hace mucho que no me invitas a cenar― cuestioné.
Él me respondió con esa sonrisa ladeada que siempre me había encantado.
― ¿A caso no puedo llevarte a una cita?
Me reí.
― ¡Una cita! Creo que la última que tuve fue hace casi veinte años… Además, soy casada, tengo tres hijos y seguramente mi esposo se opondrá― bromé.
―Estoy seguro que tu esposo estará más que de acuerdo, y los niños me aman.
―Oh… no estoy tan segura de eso, ¿Por qué no me cuenta sus planes? Entonces podré tomar una decisión.
― ¿Qué le parece si hago una reservación en el SkyCity? Podemos ir a cenar y ¿después un paseo por Puget Sound?
―Suena prometedor…
― ¿Es una cita, entonces? ― inquirió.
―Es una cita señor Cullen.
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A la mañana siguiente, estaba lista para ir a la oficina. Era la primera vez que salía de casa con Lexi sin Edward con nosotras. Pero era un asunto realmente urgente, por lo que no me quedó otra opción que salir con ella.
Había repasado un par de veces el contenido de la pañalera para que no olvidara nada. Pañales, dos cambios de ropa, toallitas húmedas, su fórmula en un par de biberones… sí, creo que lo tenía todo.
―Muy bien, pequeña zanahoria, hoy irás con mamá al trabajo― le dije a Lexi, mientras la acomodaba en su silla para el auto.
― ¿La señora Isabella Cullen?
Llamó mi atención un joven, un poco más grande que Andrew, él estaba de pie en el acceso a la cochera, que ya se encontraba abierta.
―Sí, soy yo― respondí.
―Tengo un paquete para usted― respondió, señalando una pequeña caja de cartón a sus pies.
― ¡Oh! Gracias.
Me aseguré de dejar a Lexi bien acomodada en su silla y sin cerrar la puerta del auto, me acerqué al joven. Quien me hizo firmar un papel de recibido, le di un par de dólares como propina y él me entregó la caja con una sonrisa.
―Que tenga buen día― se despidió con una sonrisa.
Le sonreí de vuelta y regresé a lado de Lexi, quien jugueteaba con las correas de su asiento.
―Llegó el paquete cariño, ¿Qué mandaría tu hermano? ― le pregunté.
Mi pequeña zanahoria solamente me regaló una sonrisa desdentada en respuesta. Sin poder contener la curiosidad, abrí la caja.
Dentro encontré lo que menos esperaba. Un par de peluches descansaban sobre una especie de tela acolchada color naranja. Uno de ellos era una zanahoria con una carita sonriente dibujada.
Sonreí y la tomé, mostrándosela a Lexi, quien encantada por el vistoso color, extendió sus bracitos para tomarla. El otro peluche era un bonito conejo gris con un par de orejas enormes. Debajo de él venía una nota. "Para la pequeña zanahoria"
Entonces tomé la tela naranja que estaba al fondo, y me sorprendí con lo que era.
Un disfraz de zanahoria. Era precioso y del tamaño apropiado para que Lexi usara en Hallowen. Incluso tenía un gorro del que salía tul verde para simular las hojas.
Me reí imaginando a Lexi usando aquello. No estaba equivocaba al decir que Andrew se encargaría de que el apodo de Lexi prevaleciera.
Regresé el disfraz a la caja y lo dejé en uno de los estantes que había en la cochera, una vez regresáramos lo llevaría dentro.
―Es hora de irnos, Lexi― le dije a mi pequeña.
Ella seguía sonriendo, embelesada con su peluche, así que cerré la puerta y después de meter la carriola en el maletero del auto, tomé mi lugar en el asiento del piloto, dejando la pañalera en el del copiloto.
Nuestro camino a la empresa fue rápido. No había tanto tráfico, cosa que agradecí, pues no quería tener que lidiar con mi lloroso bebé en el asiento trasero, sin poder hacer nada por ella.
En el estacionamiento, bajé todo rápidamente y pasé a Lexi de su asiento para el coche a la carriola, para tomar el elevador que nos llevaría al piso de mi oficina.
Una vez ahí, todo era un caos, todos iban de un lado a otro con prendas de la nueva colección, documentos en carpetas y hablando por teléfono. No me detuve a preguntar qué ocurría, avancé a paso rápido hacia mi oficina. Noté algunas miradas sorprendidas mientras avanzaba, pero no me molesté en dar explicaciones.
― ¡Al fin llegas! ― dijo Tanya dramáticamente.
Iba a agregar algo, pero se detuvo al verme empujando la carriola.
―En mi oficina, dame cinco minutos― le pedí.
Ella asintió con un movimiento de cabeza y me dejó llegar a la que era mi oficina.
Una vez dentro, acomodé la carriola junto al sofá para tres que había en una esquina de la habitación. Quité la manta que cubría la carriola para poder vigilarla mientras trabajaba y me dispuse a sacar mi computadora y iPad de mi bolso.
Antes de lo que pensaba, tocaron la puerta. Estaba segura de que era Tanya. Por lo que le pedí que entrara. Ella entró aun sorprendida, seguida de un par de curiosos, Louisa y Mike.
Los tres eran mis personas de confianza en el trabajo y mis mejores amigos. Lo que me recordó, que ninguno de ellos sabía aun de la existencia de Lexi, pues aunque había venido un par de ocasiones a la oficina después de que ella llegó, nunca les comenté nada.
― ¿Quieres explicarnos, Isabella Cullen? ― preguntó Tanya.
Ella y Louisa fueron mis compañeras en Parsons*, mientras que Mike se unió a nosotras tiempo después, cuando fundé la empresa.
Tanya y Mike tomaron asiento en el sillón para dos frente a mí, mientras que Louisa prefirió hacerlo en la butaca para uno al otro lado de la carriola.
―Lo siento, olvidé decirles…
― ¿Olvidaste decirnos? ¿Cómo se olvida la presencia de un bebé, Isabella? ― cuestionó Mike indignado.
―La entiendo por completo, ella es adorable.
Comentó Louisa, sonriéndole a Lexi, quien solo la observaba curiosa.
―Estaba concentrada en la colección, y cuando venía aquí, apenas y los veía― me justifiqué.
― ¿Es de Andrew? ― preguntó Tanya.
Ella era la madrina de Andrew junto con Jasper.
― ¡No! ― contesté, un poco enojada.
― ¡No me digas que Carlie…!― dijo esta vez Mike.
―Lexi es mía y de Edward, ninguno de nuestros hijos nos ha convertido en abuelos― contesté, ahora si verdaderamente enojada ― ¿Por qué su primer pensamiento es que es hija de los chicos?
Ellos me observaban en shock, pero Tanya fue la primera en reaccionar.
―Amiga, ya no estamos en edad de bebés, es más fácil ser abuela en este momento, aunque me alegro de que Tyler apenas esté entrando a la pubertad, no estoy lista para ser abuela.
Comentó Tanya. Tyler era su sobrino de once años, quien había quedado a su cargo después de que la hermana de Tanya falleciera junto con su esposo en un accidente cuando el niño tenía apenas cinco años.
― ¿Cómo es que es tuya y de Edward? ― inquirió Mike.
Rodé los ojos y procedí a contarles la historia de cómo Lexi pasó a formar parte de nuestras vidas. Ellos parecieron entenderlo después de la rápida explicación.
― ¿Entonces la madre nunca apareció? ― preguntó Lou conmovida.
Nosotras teníamos en común nuestra pésima introducción a la vida, pues ella había sido abandonada en una estación de bomberos cuando tenía unos meses de nacida, afortunadamente una pareja la había adoptado al cumplir tres años y tuvo la suerte de crecer en una familia, aunque nunca pudo olvidar que su madre biológica la había abandonado.
―No lo hizo, le entregamos los videos de las cámaras de seguridad a servicios sociales, pero no pudieron dar con nadie, quien dejó a Lexi en nuestra puerta era un hombre, llevaba una capucha que cubría su rostro y el auto en el que viajaba no tenía placas.
― ¿No es muy sospechoso? ― preguntó Tanya.
―Lo es, averiguaron si había reportes de niños desaparecidos con sus características o de la edad de Lexi, pero ninguno coincidía― expliqué.
―Entonces… ¿La custodia es suya? ― preguntó Mike.
Él y su esposo James habían adoptado a un par de pequeños niños chinos hace algunos años, y eran su adoración.
―Es pronto para decirlo, pero Garrett aseguró que pronto sería toda nuestra― afirmé emocionada.
No podía esperar para que finalmente Lexi fuera nuestra hija de manera permanente.
―Una vez aclarado todo esto… ¡Deberíamos celebrar! ― propuso Lou.
―Estoy de acuerdo, pero primero tendremos que terminar con los pendientes.
Contestó Tanya, el resto asentimos y Louisa y Mike salieron de la oficina para que Tanya y yo pudiéramos resolver el conflicto que me había traído hoy aquí.
Pasamos un par de horas en la oficina, y después de darle un biberón a Lexi, salimos de la oficina a pie, para ir a un restaurante cercano donde nos encantaba tomar el brunch de vez en cuando.
Llevé a Lexi en su carriola cubierta por la ligera cobija y al llegar al lugar pedimos una mesa. Pronto nos tomaron la orden y mientras esperábamos, Lexi pasó de unos brazos a otros, recibiendo muestras de cariño por parte de mis amigos.
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Un par de días después, justo antes de Halloween, era el día de mi cita con Edward. Habíamos acordado con sus padres que ellos cuidarían de Lexi mientras nosotros salíamos por unas horas.
Él había salido muy temprano por la mañana, había traído a Lexi a nuestra cama para hacerme compañía, habíamos dormitado durante una hora más o menos cuando mi teléfono sonó.
Rápidamente lo tomé para silenciarlo y que no perturbara el sueño de Lexi.
― ¿Si? ― contesté, sin ver el identificador.
― ¿Mamá? ― escuché la voz de Carlie― ¿Te desperté?
―No del todo cariño, no te preocupes, ¿Qué sucede? ― pregunté.
Me moví lo más lento que pude hasta sentarme en la cama, tratando de no despertar a Lexi.
―Nada malo, creo… ¿Has visto las noticias de internet esta mañana?
Fruncí el ceño, sin saber a qué se refería. ―Aun no, ¿Por qué?
―Sales en algunas fotos con Lexi y los tíos― explicó.
―Dame un minuto, cariño.
Le pedí, enseguida tomé mi computadora de la mesita de noche a mi lado, entré al buscador y busqué las notas de hoy. Apenas el buscador arrojó los resultados, me vi en un par de fotos.
―Veo a qué te refieres ahora― comenté, dando clic en uno de los titulares.
―Mamá… algunos dicen que Lexi es de Andrew― comentó preocupada.
Entendí el motivo de su preocupación al ver el artículo, en donde señalaban que Lexi era hija de Andrew y que él la había dejado con nosotros para seguir su carrera en Stanford.
―Gracias por avisarme, cariño.
― ¿Qué vas a hacer, ma? ― preguntó ella.
―Aclarar esto, por supuesto― aseguré.
―Tengo que ir a la universidad, pero llamaré después― aseguró― besos para los tres.
―Adiós, bebé.
Entonces ambas colgamos. Enseguida llamé a Edward, quien aún no había visto las noticias, pero me aseguró que él se encargaría de todo. Por lo que colgué y llamé a mi bebé más grande.
― ¿Andrew? ― pregunté, en cuanto la voz de una chica contestó la llamada.
― ¡Oh! Hola señora Cullen, soy Eliza, Andrew acaba de ir por un par de libros y olvidó su teléfono, no debe tardar― explicó la chica.
―Hola Eliza, gracias ¿Cómo va todo? ― le pregunté.
―Todo muy bien, aunque a los dos nos hubiera gustado estar allá y verlos a los tres― respondió ella.
―Ya habrá tiempo, Acción de gracias está a la vuelta de la esquina, ¿Ya pensaron si vendrán o irán con tu familia?
― ¡Oh! Aun no lo discutimos, pero será la primera en saberlo cuando lo sepamos― aseguró ―Señora Cullen, Andrew está aquí, fue un gusto saludarla.
―Gracias cariño, igualmente.
Ella se despidió y enseguida la vos de mi hijo se escuchó por la bocina.
― ¿Mamá? ¿Todo bien? ― preguntó extrañado, ya que nosotros nunca les llamábamos temprano y entre semana.
―Si cariño, solo quería alertarte por lo que apareció hoy en las noticias, y decirte que tu padre ya está solucionando todo ese mal entendido.
― ¿De qué hablas? ― preguntó confundido.
―Algunos artículos de internet dicen que Lexi es tuya y que la dejaste con nosotros para volver a California― expliqué― bueno, es una de las historias que publicaron, junto con algunas fotos que nos tomaron en compañía de Tanya, Lou y Mike.
―No había visto las noticias hoy, pero ahora entiendo las miradas raras que nos dan algunos chicos por acá, gracias por avisarme ma.
―Siento eso, bebé, pero tú padre ya lo está solucionando.
―No me molesta, lo que importa es que nosotros sabemos la verdad― afirmó él ―cambiando de tema ¿Qué te pareció el paquete?
Me reí sin poder evitarlo.
―Tu padre enloqueció, sabes que aborrece las zanahorias, pero ella está encantada con los peluches, la zanahoria es su favorito.
Escuché sus risas a través del aparato ante mis palabras.
― ¿Le pondrás el disfraz, cierto? ― preguntó entre risas.
― ¡Claro! Te enviaré fotos.
― ¡Las estaré esperando! ¡Voy a presumirlas con mis amigos!
Me reí por su entusiasmo, pero feliz de que haya aceptado tan bien a su hermanita.
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*Parsons School of Design, es una universidad de diseño en Nueva York, aunque tienen diferentes programas de pregrado.
¡Hola! Lamento muchísimo la demora, pero los capítulos de esta historia serán mucho más largos que los de Lost, y espero poder publicar cada semana. No digo un día específico, pero sí que tendrán adelantos en Elite Fanfiction los martes sin falta.
Ahora, ¡Muchísimas gracias por todos sus comentarios y favoritos! En especial a Maricoles, monze urie, cavedano13, alejandra1987, Yoliki, Vaneaguilar, kris0405, Pam Malfoy Black, tulgarita, Tata XOXO, keith86, constancediaz039, mariees, maries24, Isabelfromnowon, Lizdayanna, saraipineda44, patymdn, marieisahale, , Alexandra Nash, Zellideth76, jupy, Car Cullen Stewart Pattinson, Leah de Call, liduvina, Jade HSos, Ella Rose McCarty, Nanako (¡Gracias por la corrección!, actualizaré el capítulo lo más pronto posible ;) ), Pancardo, Esal, Rocio, Adriana Molina, Pili, Emma (¿Quién sabe? Muchas tienen esa teoría, pero ya veremos más adelante ;) ), Lidia withlock, Mar91, Cinti77, johanna22, Elizabeth Marie Cullen, miop, Olga Javier Hdez, Alejandra22, Pao-SasuUchiha, nydiac10, Tina Lightwood, Fernanda21, Jenni98isa, Nat Cullen y NarMaVeg ¡Gracias a todas por sus comentarios! Me hace demasiado feliz leer todos y cada uno. ¡Es increíble que con el prólogo y solo un capítulo llegáramos a 113 comentarios! ¡Mil gracias a todas!
NOTA: Si quieres leer adelantos exclusivos de esta y mi otra historia, no dudes en solicitar unirte al grupo en Facebook: Fanfiction by AstridCP ¡Encontrarás detalles de la historia, imágenes y las canciones que inspiran cada capítulo! ¡Todas son bienvenidas!
¡Besos!
