Little carrot
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, la historia es de mi total invención.
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Capítulo 3* Sopresas
Por la tarde, en uno de los programas de farándula apareció el comunicado que Edward se había encargado de redactar en conjunto con Garrett, donde se declaraba que la bebé de las fotos era nuestra hija y no la de Andrew, el comunicado no daba más explicaciones de las necesarias y pedía que no se siguiera dando información sobre nuestros hijos, por respeto a su privacidad.
Afortunadamente los medios más reconocidos aceptaron el comunicado y se disculparon al asumir que nuestro hijo era el padre de Lexi, algunos otros aun lo dudaban, pero nada podíamos hacer respecto a eso.
Esta era la parte que no me agradaba del medio en el que me desempeñaba, pues aunque por lo general la diseñadora no es el foco de atención, sino las modelos, cuando mi marca de ropa comenzó a ser reconocida, los medios se interesaron por la joven promesa, como me llamaban, y han seguido mi vida desde entonces.
No me molestaba que hablaran de mí, porque siempre hacían publicidad para mis marcas, pero no quería que eso comenzara a afectar a mi familia.
― ¿Estas lista? ― preguntó Edward, sacándome de mis pensamientos.
Él estaba en la puerta de nuestra habitación con Lexi entre sus brazos, nuestra niña se veía feliz de estar en brazos de su padre, mientras este le hacía muecas para divertirla.
―Lo estoy, ¿Seguro que tus padres podrán con ella durante una noche? ― pregunté dudosa.
Estaba más que segura de que ambos iban a cuidar de Lexi, pues habíamos acudido a ellos cuando queríamos salir en el pasado para que cuidaran de los chicos, pero no es lo mismo cuidar de un bebé ahora, que veinte años atrás.
Si lo sabré yo.
―Estoy seguro, además, mamá ya está preparada por cualquier cosa, le pidió a Ángela que los ayude esta noche, y ambos sabemos que ella y Lexi se llevan bastante bien.
Asentí con una sonrisa y un poco más tranquila.
Pues en la casa de mis suegros, no solamente ellos estaban enamorados de Lexi, sino también Ángela y su abuela, por lo que me daba un poco más de paz el saber que ella estaría ahí por cualquier eventualidad.
―Muy bien, entonces es hora de irnos― acepté con una sonrisa.
Fuimos por las cosas de Lexi a su habitación, donde previamente había dejado lista la pañalera con todo lo necesario, no me preocupaba por la ropa, pues sus abuelos se habían encargado de remodelar una de las habitaciones en su casa para su pequeña nieta, lo cual incluía un guardarropa más que completo para nuestra bebé.
Edward la dejó en mis brazos para que él pudiera llevar la pañalera, y el peluche en forma de zanahoria, pues desde que había llegado a sus manos, Lexi nunca se separaba de ese peluche.
En el auto, él se encargó de colocarla en su asiento, y después emprendimos el camino a la casa de Carlisle y Esme.
No demoramos mucho en llegar, y para cuando bajamos del auto, los padres de Edward ya estaban esperándonos en la puerta de la casa. Ambos lucían emocionados por poder pasar un tiempo a solas con Lexi, quien en cuanto se dio cuenta del lugar en el que estábamos, comenzó a emitir sus soniditos felices y a estirar los bracitos en dirección a sus abuelos.
―Alguien está feliz de vernos― comentó Carlisle emocionado.
Sonreímos en respuesta, en esta ocasión Edward había sido el encargado de sostener a nuestra hija, mientras que yo traía la pañalera.
―Hola cariño― me saludó Esme, dejando un beso en mi mejilla ― ¿Ya sabes a donde te llevará Edward?
Sonreí. ―Iremos al SkyCity.
Ella sonrió complacida, Esme se había vuelto una madre para mí desde que comencé a salir con su hijo, después ella y Carlisle me habían adoptado de cierta manera cuando terminé casada con él. Por lo que siempre que podía, se preocupaba de que mi matrimonio con Edward estuviera yendo bien.
―Entonces deben irse, no se preocupen por llegar demasiado temprano por esta lindura― comentó Carlisle, soplando un beso en la mejilla de Lexi.
Nosotros reímos, divertidos ante su manera nada sutil de corrernos. Aunque los entendía por completo, ambos querían pasar más tiempo con su nieta, quien la mayoría de veces que nos encontrábamos aquí, se la pasaba dormida.
De modo que entregamos a Lexi a sus abuelos y ambos partimos a nuestra primera noche de cita en un tiempo.
El recorrido hasta la Space Needle lo hicimos entre pláticas relacionadas a mi trabajo y al suyo, lo cual me recordó mucho a las citas que teníamos antes de casarnos.
Usualmente él pasaba por mí al pequeño departamento que compartía con Lou en mis años como universitaria, en su auto siempre conversábamos sobre sus clases y las mías, al principio ninguno entendía muy bien de lo que el otro hablaba, pero pronto nos habíamos familiarizado un poco con nuestros tecnicismos y lográbamos mantener una conversación amena y fluida.
Ahora, casi treinta años después de esas citas, sentía que el tiempo no había pasado, porque estaba tan enamorada de él como en aquellos años.
― ¿Qué ocurre? ―preguntó él― ¿Olvidé afeitarme bien?
No le había quitado la mirada de encima durante un rato, rememorando aquellos días en que nuestra relación apenas comenzaba.
―No, estas muy guapo.
Él sonrió de lado, y aprovechando el semáforo en rojo, me dio una mirada interrogante, cuestionándome de nuevo.
―Es solo que… esto me recuerda a nuestras primeras citas, tratando de entender de qué diablos hablaba el otro, porque tu sabías tanto de telas y moda como yo de finanzas.
Él asintió, aun con la sonrisa en su rostro, en sus ojos podía ver que él también estaba recordando aquellos días.
―Parece que fue ayer.
Nuestras miradas se conectaron por unos segundos, estaba segura que desde fuera podía verse todo el amor que teníamos el uno para el otro. Solo separamos nuestras miradas cuando la luz del semáforo cambió a verde.
Pronto llegamos a la SpaceNeedle. De noche, el lugar era magnifico, las luces que iluminaban la gran estructura la hacían ver imponente. Tomamos el elevador que nos llevó en su característico tiempo record a la zona del famoso restaurante giratorio.
―Tenemos reservación para dos, a nombre de Cullen.
Indicó Edward, cuando el maître nos dio la bienvenida.
―Por aquí por favor, señor y señora Cullen.
Pidió el hombre, indicándonos el camino a nuestra mesa. Él nos guio hasta una mesa situada a lado de un ventanal, que nos permitía apreciar la vista que ofrecía el Pudget a esta hora. Él se retiró, informándonos que pronto alguien vendría a tomar nuestra orden.
― ¿Ya te dije que luces particularmente hermosa esta noche? ― preguntó Edward.
Reí y me sonrojé, esa era una de las muchas cosas que amaba de mi esposo, que aunque pasaran los años, él siempre lograba hacerme sonrojar.
―No lo había dicho, pero muchas gracias por la apreciación, caballero.
― ¿Qué dijo su esposo cuando la vio salir esta noche, bella dama? ¿Cree que se enoje si la regreso tarde a casa?
―No dijo mucho, estaba embelesado con nuestra hija, y no estoy segura sobre llegar tarde, es un poco celoso y un pelín posesivo.
― ¿Ah sí? ¿Posesivo? ― preguntó de manera burlona ―Bueno, pues creo que sabe lo que tiene y no le gusta mucho compartir, yo sería de ese modo si una mujer como usted fuera mi esposa.
―Buenas noches, mi nombre es Lana y seré su camarera esta noche, ― nos interrumpió una chica rubia, que claramente estaba más interesada en Edward, que en atendernos ― no duden en pedirme cualquier cosa.
Su sonrisa descarada fue lo último que nos dedicó, antes de marcharse contoneando de manera exagerada sus caderas.
―Debemos dejar de hacer eso.
Comenté, curveando una ceja ante la actitud de la camarera. Edward simplemente rio por mi comentario y negó con la cabeza.
― ¿Quién es la celosa ahora? ― cuestionó divertido.
Sentí el sonrojó subir a mis mejillas, admitía que estaba un poco celosa y enojada por la actitud que había tomado la chica, pero ¡Por dios! Estaba coqueteando con un hombre que fácilmente le llevaba veinte años, ¡Podría ser nuestra hija!
―Estoy segura que nos escuchó, de ahí su actitud contigo.
Comenté, con un poco de enojo en mi tono de voz.
―Pero no tenemos que dejar nuestros juegos por la actitud de extraños, además, sabes que las prefiero morenas ― comentó él, guiñándome un ojo ―morenas, de preciosos ojos azules y de nombre Bella.
No pude más que sonreír ante sus palabras. Él siempre tenía las palabras correctas para cada situación.
― ¿Están listos para ordenar?
Nos interrumpió la chica, Lana, nuevamente.
Solté un bufido de frustración, peo Edward me sonrió a la vez que unía nuestras manos por encima de la mesa, y sin desviar su mirada de la mía, le respondió a la camarera, ordenando nuestro pedido habitual, además de una botella de vino.
―Me encanta que te pongas celosa― comentó él, una vez se retiró la camarera.
Rodé los ojos, y mi esposo rio ante mi actitud. Pero ¿Qué podía decir o hacer, cuando una jovencita coqueteaba con mi marido?
Afortunadamente, Edward le pidió a la chica que no nos interrumpiera y que él la llamaría si necesitábamos algo más. Ella se mostró sorprendida ante el pedido de mi marido, pero aceptó que no era alguien necesario por el momento y se retiró sin decir más una vez que nuestros platillos estuvieron frente a nosotros.
A partir de ese momento nuestra cena se convirtió en una de las tantas que teníamos antes de la llegada de Lexi a nuestras vidas; hablamos de cómo iban nuestros trabajos, de nosotros y algunos planes que queríamos concretar en un futuro cercano.
―De verdad que amo a Lexi, pero ya nos hacía falta una salida de pareja.
Comenté, tomando la mano de Edward por sobre la mesa. Él me respondió con una sonrisa ladeada.
―Estoy totalmente de acuerdo contigo, nuestra niña vino a completar la familia, pero ya necesitábamos un tiempo para ambos, y apuesto a que ella está feliz de pasar un tiempo en casa de sus abuelos.
No pasó mucho tiempo más cuando decidimos pedir la cuenta, queríamos aprovechar que la noche estaba fresca y sin lluvia para poder dar un paseo por el Pudget, tal cual lo había sugerido Edward.
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Al día siguiente, después de haber disfrutado un tiempo de adultos, ya estábamos ansiosos por ver a Lexi de nuevo, por lo que a las nueve en punto de la mañana, estábamos llamando a la puerta de los padres de Edward.
― ¡Señora Bella! ¡Señor Edward! Los esperábamos más tarde― comentó Sue, al abrirnos la puerta.
Dentro se escuchaban las risas de Lexi, acompañada de las voces de Carlisle y Esme.
― ¿Cómo se portó Lexi? ― preguntó Edward, mientras avanzábamos por el recibidor de la gran casa.
Sue sonrió de inmediato.
―Ella es un pequeño ángel, mucho más tranquila que sus hermanos si me permiten comentar.
Nosotros reímos, totalmente de acuerdo con ella.
―Toda la razón Sue, Lexi es bastante más tranquila que Andrew o Carlie a su edad― comenté.
―Ella está en la sala con los señores― informó Sue ―yo estoy encargándome del desayuno.
Le dimos las gracias y ella desapareció por el pasillo en dirección a la moderna cocina con la que contaba la casa de mis suegros; nosotros seguimos hacia la sala, lugar de donde provenían las risas de nuestro bebé.
La encontramos en brazos de su abuelo, sonriéndole a Esme, quien le mostraba su zanahoria y simulaba que le daba mordiscos en su carita.
―No tenían que llegar tan temprano― se quejó Esme, siguiendo con el juego.
Edward y yo reímos, lo que atrajo la atención de nuestro bebé, quien de inmediato dejó de prestarles atención a sus abuelos y nos estiró los bracitos emocionada. Edward, como buen padre, caminó hasta ellos y la tomó en brazos, depositando un sonoro beso en su cabecita.
―Extrañábamos a nuestra pequeña zanahoria― dije, a modo de explicación.
Mi bebé me regaló una sonrisa desdentada que calentó mi corazón y sabiendo que Edward no estaba dispuesto a soltarla, tomé sus manitas entre las mías y repartí besitos en ellas.
― ¿Zanahoria? ― preguntó Esme curiosa.
Me reí y Edward emitió un gruñido expresando su molestia, y aun con nuestra niña en brazos, caminó hacia los grandes ventanales de la sala, musitando por lo bajo que Lexi no era ninguna asquerosa zanahoria.
Carlisle me observó con una ceja arqueada, cuestionando la reacción de su hijo.
―El otro día, mientras vestía a Lexi, Andrew y yo mantuvimos una video llamada ― comencé a explicar, tomando asiento en uno de los sillones frente a ellos ― le había puesto el conjunto naranja que Edward eligió para ella y como su cabello es pelirrojo, Andrew mencionó que con un gorro verde y ella luciría como una zanahoria, entonces hace unos días llegó un paquete de él, había enviado el peluche de zanahoria que Lexi no suelta, además de un conejo y un disfraz de zanahoria también, que ella ama. De ahí que sea nuestra pequeña zanahoria.
Carlisle y Esme se echaron a reír en cuanto terminé mi explicación, pues ellos más que nadie, conocían la aversión de Edward por ese vegetal en específico y era gracioso que nuestra pequeña fuera comparada con una.
―Pero acordamos que Lexi no es una fea zanahoria, mi bebé es una linda princesa que no merece ser comparada con ese sucio vegetal ¿No es así bebé?
Le preguntó Edward a nuestra niña, quien lo observaba con sus ojitos azules curiosos y divertidos, sin entender lo que su padre le preguntaba.
Nosotros nos limitamos a seguir riendo, Edward nunca me había contado el porqué de su aversión al vegetal anaranjado y no lo había tomado mucho en cuenta hasta que surgió el apelativo cariñoso para Lexi, siempre pensé que como a cualquier persona, podía no gustarle simplemente, pero sus reacciones a que Lexi fuera comparada con dicho vegetal, me decían que había una historia detrás.
La diversión terminó cuando Sue apareció por el pasillo, anunciando que el desayuno estaba listo y esperando en la mesa, de modo que todos pasamos al comedor para degustar los alimentos que Sue había preparado.
Una vez ahí, Ángela, Sue y mis suegros nos contaron con lujo de detalles cada momento desde que nos fuimos la noche pasada, el desayuno estuvo lleno de anécdotas de mi bebé durante su primera noche fuera de casa y después tuvimos que regresar a nuestra casa, pues ya que hoy era Halloween, Edward y yo habíamos acordado con Mike que iríamos con Lexi a su vecindario, para que pudiéramos sacar a los niños a pedir dulce o truco durante un rato.
La cita era hasta pasadas las cuatro de la tarde, pero aun teníamos cosas que hacer en casa, de modo que teníamos que partir a nuestro hogar.
―Muchas gracias por cuidar de ella― le dije a Esme, nuevamente.
―No tienes nada que agradecer, nosotros estamos encantados de cuidarla― comentó ella.
―Cuando quieran salir de nuevo, no duden en dejarla con nosotros, y espero que sea pronto― comentó Carlisle.
―Tal vez les tomemos la palabra pronto, papá, gracias― dijo Edward sonriendo.
Solo después de despedirnos subimos al auto y partimos rumbo a nuestra casa. El viaje no era largo, por lo que no demoramos en llegar y cuando lo hicimos nos sorprendió ver a Alice en la entrada de la casa, pero más aún que estuviera en compañía de Jasper, ella había estado aquí antes por las visitas de rutina para nuestra petición de adopción, pero Jasper no había estado por la casa tan seguido como solía venir.
Interrogué a Edward con la mirada, pero él solo sonrió y me respondió un escueto "Luego te cuento" y enseguida bajó del auto, saludando a nuestros visitantes a la distancia. Él me ayudó a bajar y después me pasó a Lexi mientras él traía su pañalera.
―Hola, señores Cullen― nos saludó Alice, cuando llegamos hasta ellos.
―Hola Alice, creí que habíamos acordado que éramos solo Edward y Bella― contestó Edward por ambos.
Saludé a Alice con una sonrisa y un beso en la mejilla, para hacer lo mismo después con Jasper mientras Edward nos abría la puerta.
― ¿Qué te trae por aquí hoy, Jasper? ― le pregunté al hombre cuando entramos a la casa.
―No tenía turno en el hospital, así que pensé en venir a pasar un rato con mi pequeña sobrina― explicó él, haciéndole muecas graciosas a Lexi ― además le traje un obsequio.
Mi bebé apenas lo conocía, pues él había venido de visita solamente en contadas ocasiones y en algunas Lexi dormía, por lo que mi pequeña se mostró tímida con su tío. Pero cuando él le ofreció abrazarla, no se resistió. Enseguida le mostró una bolsa de regalo que no había notado que traía y mi curiosa bebé intentó tomarla con sus pequeñas manitas.
―Se le dan bien los niños, doctor Withlock― comentó Alice.
―Si Jasper, tu siempre eres un encanto, no sé cómo aun estas soltero― comentó Edward en tono burlón.
Jasper frunció el ceño, y le dirigió una mirada amenazante a mi esposo. Me reí por lo bajo, creo que comenzaba a entender lo que ocurría aquí.
―Pasemos a la sala, estaremos más cómodos ahí― intervine.
Jasper guio a Alice por la casa como si él fuera el anfitrión y la animó a sentarse en el sofá de dos plazas, donde él también tomó asiento.
―Iré por algunas bebidas― informó Edward sonriendo.
Asentí y caminé hasta el sillón de tres plazas.
―Entonces, Alice ¿Nos tienes noticias? ¿O es una visita de rutina?
Le pregunté a la mujer, quien sonreía al ver a Jasper y mi niña interactuar.
― ¡Oh! Sí, es la última visita a decir verdad, traigo conmigo el papeleo que deben firmar para ultimar detalles de la adopción― comentó ella con una sonrisa, entregándome la carpeta que sostenía― si todo marcha bien y la licenciada Evans y su abogado aceptan la fecha que dio el juez, Lexi será oficialmente suya dentro de dos semanas, felicidades.
― ¿De verdad? ― preguntó Edward, quien venía entrando con una charola con vasos y una jarra de limonada.
―Así es, felicidades a ambos― confirmó Alice sonriendo.
Edward puso la charola en la mesa de centro y me levanté para abrazarlo, ambos estábamos felices con la noticia.
― ¿Escuchaste eso, Lexi? ― le preguntó Jasper con una sonrisa a mi bebé ― ¡Pronto serás una Cullen legalmente!
Lexi sonrió como si de verdad entendiera las palabras de Jasper, pero su atención enseguida volvió a la colorida bolsa que el hombre le había traído.
― ¿Quieres ver lo que trajo el tío Jasper? ― le preguntó.
La respuesta de mi bebé fue jalar insistentemente la bolsa, por lo que todos reímos y dejamos que Jasper la ayudara, en cuanto ella vio el contenido de la bolsa comenzó a emitir sus ruiditos felices y emocionada estiró sus manitas a lo que sea que había en la bolsa.
Pronto me di cuenta del porqué de su sonrisa, Jasper saco una bolsa con forma de zanahoria, muy parecida al peluche que Andrew le había enviado. Estaba bastante segura que había cierta influencia de mi hijo mayor en este regalo.
―Pensé que la pequeña zanahoria no podía tener mejor bolsa para su primer Halloween que esta― comentó Jasper con una sonrisa.
Escuché el bufido de Edward a mi lado, mientras que Alice nos observaba confundida.
― ¿Pequeña zanahoria? ― preguntó ella.
―Su hermano le dio ese apodo cariñoso― contestó Jasper por mí.
―Y Edward aborrece las zanahorias― completé yo.
Ella soltó una ricita entendiendo la situación.
―Gracias Jasper, ella va a lucir adorable en su disfraz y su bolso― comenté divertida.
― ¿Les molesta si los dejamos un momento a solas? Tenemos que revisar y firmar los papeles― preguntó Edward, señalando la carpeta que Alice me había proporcionado.
―Claro que no, cuidaré muy bien de esta cosita pelirroja― contestó Jasper.
―Tal vez debería acompañarlos, para explicarles el contenido de los documentos y…
―No te preocupes, Alice, Garrett ya me explicó lo que contendrían estos papeles cuando nos los hicieras llegar, solo tengo que verificarlos y firmaremos ¿Por qué no conversan un rato? ― dijo Edward, interrumpiendo a Alice.
Ella al quedarse sin opciones, asintió.
Ambos nos retiramos al despacho de Edward.
― ¿Me contarás lo que ocurre con Jasper y Alice? ― pregunté, cuando él cerró la puerta.
―A él le gusta, la conoció en el hospital hace seis meses que ella entró a trabajar ahí, le ha estado dejando notas anónimas en su oficina, sin saber que ella conoce la identidad del remitente.
―Entonces… ¿Por qué ella no le dice nada? ― pregunté.
Él se encogió de hombros. ―No lo sé.
― ¿Y cómo sabes que ella conoce al remitente de esas notas? ― inquirí.
―El otro día mientras esperaba a que terminara una consulta, escuché a unas enfermeras platicando sobre lo buena pareja que harían él y Alice, dijeron que ella había descubierto a Jasper una mañana cuando él ponía la nota en su oficina, pero no había hecho nada al respecto― explicó.
― ¿Crees que a ella no le guste él?
―Creo que ambos tienen miedo por la diferencia de edades. Jasper tiene mi edad y ella tiene apenas veintinueve.
―Tal vez sea eso― acepté.
Esperaba sinceramente que ambos lo hablaran, por las pocas ocasiones que había hablado con Alice, sabía que ella era una buena mujer, y siendo Jasper un amigo muy querido para nosotros, realmente deseaba que encontrara al fin la felicidad.
Ambos dejamos el tema por la paz y procedimos a leer los documentos que Alice había traído, Edward me explicó en qué consistían y después de firmar volvimos a la sala, donde Alice y Jasper jugaban con nuestra niña.
―Parece que tú también tienes talento con los niños, Alice― comenté con una sonrisa.
Ella se sonrojó, y me regaló una sonrisa apenada.
―Me han gustado siempre, fui hija única y siempre quise tener hermanos― contestó ella.
―Te entiendo totalmente, Alice― comentó mi esposo.
Estuvimos conversando con ellos durante un rato más, y cuando Alice anunció que era momento de irse, Jasper se ofreció a llevarla, ella aceptó con el sonrojo en sus mejillas y ambos se despidieron de nosotros.
Después, ambos decidimos que era mejor darle un baño a Lexi y dejarla dormir su siesta mientras nosotros hacíamos algunos deberes en la casa y después podríamos ir a casa de Mike.
Así lo hicimos y por la tarde, con Lexi bien despierta y activa, trataba de convencer a Edward de que el disfraz de zanahoria era la mejor opción para nuestra niña.
―No debiste gastar en otro disfraz, el de Andrew es perfecto para Lexi, este solo va a incomodarla con tantos holanes y el tul a su alrededor.
Comenté divertida, mientras él examinaba desde cada ángulo posible el pequeño disfraz, que incluso tenía integrado un par de alas de tela. No iba a negar que era lindo, pero Lexi era solo un bebé, y probablemente el tul solo le estorbaría y causaría comezón en su piel.
―Lexi es una pequeña hada, no un horrible vegetal― contestó.
―El disfraz de zanahoria es perfecto para ella, además luce como una pequeña zanahoria con la ropa naranja que elegiste para ella cuando vino a casa.
Mencioné, recordando la conversación con Andrew.
―Me niego a que mi bebé sea un vegetal tan detestable. Puede ser una naranja o una mandarina si quieren.
Rodé los ojos y lo dejé seguir creyendo que Lexi se dejaría poner de buena gana aquel vestido. Ella había amado el peluche de zanahoria, por lo que podía imaginarme claramente lo que resultaría de esta situación.
Tal como lo había previsto, Edward intentó vestirla con el disfraz de hada, pero ella se sentía incómoda con tanto tul a su alrededor, por lo que comenzó a llorar.
―Eh… no llores Lexi, te ves preciosa en tu disfraz― dijo Edward, tratando de consolarla.
Pero los ojitos azules de nuestra niña lo veían como suplicando que le quitara el vestido.
―Ella quiere su disfraz de zanahoria― comenté divertida.
―Es una bebé, no puede saber aún la diferencia entre uno y otro, además, es cuestión de tiempo, para que se adapte a usarlo― dijo él, negándose a quitarle el vestido.
Decidí darle el beneficio de la duda durante algunos minutos, pero Lexi seguía llorando, y tironeando del tul morado del vestido, mientras Edward intentaba consolarla sin obtener resultado.
―Suficiente― dije.
Tomé a mi bebé de los brazos de su padre y rápidamente le quité el vestido de hada, su traje de zanahoria estaba listo para que lo usara, por lo que no dudé en colocarle primero el conjunto naranja y por encima el disfraz.
Ella lucía complacida cuando la volví a tomar entre mis brazos, usando su acolchado y mullido disfraz, el gorro en su cabeza, lejos de molestarla, la hacía levantar sus manitas para tocarlo, fascinada con la textura de la tela y el tul verde que la coronaba.
―No va a querer sacarse ese disfraz ¿Verdad?
Preguntó Edward, haciendo un gesto de desagrado que a mí me resultó muy gracioso.
―Aun es pequeña para eso, pero sin duda se siente atraída por el color y la comodidad de su traje― comenté.
― ¿Por qué Andrew tuvo que enviarle el disfraz de zanahoria? ― continuó protestando.
―Porque ella es nuestra pequeña zanahoria, cariño, deberías comenzar a resignarte, porque parece ser que ella amará serlo.
Frunció el ceño y resopló. Pero su gesto se dulcificó en cuanto Lexi estiró sus manitas hacia él.
―Muy bien, pequeña vegetal, trabajaremos en tus gustos muy pronto, pero por ahora, creo que es tiempo de ir a dar un paseo por el vecindario del tío Mike.
Revisé el contenido de la pañalera, cerciorándome de que tuviéramos todo lo necesario, estaba en eso cuando escuchamos la puerta principal abrirse.
― ¿Mamá? ¿Papá? ― escuchamos la voz de nuestra hija mayor llamándonos.
Sonreímos complacidos de tener a Carlie en casa, por primera vez en lo que para nosotros era mucho tiempo.
―Enseguida bajamos, cariño― respondió Edward, aun con la sonrisa en su rostro.
Salimos de la habitación de Lexi con todas las cosas y nuestra niña en los brazos de Edward, al bajar a la planta baja encontramos a nuestra hija en el vestíbulo, con una maleta a su lado.
― ¿Interrumpo algo? ― preguntó ella.
Yo negué con una sonrisa y avancé a paso rápido para envolverla entre mis brazos. Ella aceptó mi abrazo, devolviéndolo con cariño, podía sentir la sonrisa en su rostro. Mi pequeña Lee-lee estaba en casa.
―Hola cariño― saludé, dejando un beso en su mejilla.
Edward carraspeó divertido al ver que no soltaba a nuestra hija.
―Yo también quiero abrazar a mi niña― dijo él.
Entonces la solté, ella se dirigió a su padre, al verlo con Lexi la sentí tensarse, y la sonrisa que me había dado minutos antes, disminuyó un poco.
―Ven pequeña, dejemos que papá salude a tu hermana― dije, tomando a Lexi entre mis brazos.
Carlie se había mostrado abierta a la idea de su hermana, pero ella siempre había sido la pequeñita de su padre, su ojito derecho y por quien él babeaba, sabía que había un poco de celos en ella.
Edward la envolvió en un abrazo, y la sonrisa de nuestra hija volvió cuando su padre dejó un beso en su cabello.
―No creas que nos desagrada tu presencia, pero ¿Qué haces aquí? Pensamos que estarías ocupada en Nueva York― preguntó Edward, unos momentos después.
―No tenía clases hasta el lunes y le pedí a una compañera que me sustituyera mañana en el trabajo, así que pensé en venir de visita. ¿Eso está bien con ustedes? No quiero interrumpir o arruinar nada, sé que debí llamar pero todo fue tan rápido…
―Todo está perfecto, cariño, sabes que nosotros esperamos con ansias tus visitas y las de Andrew― le dije, tranquilizándola un poco.
Ella sonrió agradecida, pero algo en sus ojos me dijo que no era la única razón por la que había venido. Lo dejé pasar, sabiendo que si había venido hasta Seattle, pronto estaría lista para decirnos a mí o a su padre.
― ¿Estaban yendo a algún lado? ― preguntó.
―Quedamos de ir con tu tío Mike y los niños a dar una vuelta por su vecindario para pedir dulce o truco por un rato― comentó Edward.
―Puedes venir con nosotros si no estás cansada, seguro que Lou y Tanya estarán por ahí también y se alegrarán de verte.
Ella asintió con una sonrisa. ―De acuerdo.
―Bueno, y antes de salir― llamé su atención ― Carlie, conoce oficialmente a Lexi, dile hola a Carlie, bebé.
La sonrisa de Carlie vaciló un poco, pero finalmente sonrió con un poco más de confianza y estiró sus brazos hacia Lexi, en una clara invitación para cargarla. Mi pequeña zanahoria la veía con interés y curiosidad, la reconocía de las video llamadas, pero se mostraba tan tímida como con su tío Jasper. Finalmente decidió que podía darle una oportunidad y aun curiosa y tímida dejó que Carlie la sostuviera.
―Hola Lexi… soy Carlie ¿Me recuerdas?... a veces te veo en la pantalla de la computadora o el teléfono.
Lexi solo la observaba intrigada, pero de repente frunció el ceño y comenzó a sollozar. Carlie trató de calmarla pero no funcionó, así que me la entregó.
―Creo que no le agrado tanto― comentó Carlie con una mueca.
―Es un poco tímida cuando quiere, seguro que pronto estará sobre ti.
Dijo Edward, colocando una mano en el hombro de nuestra hija mayor para tranquilizarla.
―Sí, seguro, entonces ¿Iremos a ver al tío Mike y James?
Nosotros asentimos y dejamos su maleta al pie de las escaleras, después Edward la subiría a la habitación de Carlie; en el auto, Carlie pidió ir al frente con su padre, por lo que yo me quedé atrás con Lexi.
El camino a casa de Mike fue entretenido, Carlie nos contaba lo que hacía en su puesto como becaria, además de algunas anécdotas de Nueva York con sus amigos.
Cuando llegamos al vecindario de la familia de Mike, él y Zhao salieron a nuestro encuentro.
― ¡Tía Bella!
Gritó el pequeño de nueve años, él era el mayor de la pareja de hermanos que habían adoptado mis amigos, ambos hermanos mantuvieron sus nombres de origen chino y adoptaron el apellido Hunter, que pertenecía a la familia de James.
― ¡Hola Zhao! ¡Luces terrorífico en ese disfraz! ― él estaba vestido de zombi y realmente se notaba el esfuerzo de sus padres en el disfraz.
― ¡Gracias tía!
Respondió él y se alejó para saludar a Carlie y Edward.
Enseguida saludé a Mike, quien se alegró de saber que Carlie estaba de visita y enseguida la envolvió en un abrazo apretado. Cuando entramos a la casa, Lou y Tanya ya estaban ahí también, conversando con James y elogiando el vestido de princesa que Mei, la hermana menor de Zhao, estaba usando para Halloween.
Los saludamos a todos y conversamos con ellos, todos estaban encantados con Lexi y su traje de zanahoria, Mei incluso quería que el año entrante los tres pequeños de la casa se disfrazaran de alguna fruta o vegetal. Carlie, Lou y Tanya se enfrascaron en una plática sobre las aventuras de mi hija en Nueva York, a la que pronto se unió James, encantado con las anécdotas de Carlie.
Pronto comenzó a oscurecer, así que decidimos que era hora de salir a dar una vuelta con los chicos cuando Zhao comenzó a insistir. Antes de salir, los sentamos a los tres en uno de los sillones de la sala y les tomamos unas cuantas fotografías. Y como Edward se había proclamado el encargado de llevar a Lexi durante el recorrido, les tomé unas cuantas fotos juntas, las cuales envié de inmediato a Andrew, quien me respondió con un montón de caritas riendo.
Lou y Tanya se despidieron porque habían hecho planes como las solteras del grupo, ambas querían ir a bailar y habían invitado a Carlie, pero ella declino la oferta diciendo que estaba un poco cansada.
Habíamos recorrido solo tres casas cuando Carlie se enganchó a mi brazo y recargó su cabeza sobre mi hombro mientras observábamos cómo Mei y Zhao tocaban la cuarta puerta para pedir dulce o truco.
― ¿Recuerdas cuando salíamos con Andrew en Halloween? ― preguntó ella.
Sonreí sin poder evitarlo. Yo había confeccionado cada uno de sus disfraces desde que tuvieron edad para pedir uno.
―Cómo olvidarlo.
―Extraño un poco esos días, todo era más fácil― comentó ella.
Entonces entendí lo que trataba de decirnos, ella nos extrañaba. Tanto como nosotros a ella.
― ¿Qué te parece si salimos por ahí mañana? Tu padre puede quedarse con Lexi y nosotras tendremos un día de chicas, como en los viejos tiempos.
― ¿De verdad? ― preguntó ella.
―Por supuesto, extraño mucho a mi pequeña y debo aprovechar ahora que estas aquí.
Ella sonrió, y me envolvió en un abrazo. ―Si mami, vamos.
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Al día siguiente por la mañana, Edward nos despedía en la entrada de la casa, con Lexi medio dormida en sus brazos, había quedado con Carlie para salir a desayunar juntas. Mi hija se notaba más alegre que ayer por la noche.
―Entonces dime ¿Cómo es la convivencia con Anges? ― le pregunté.
Agnes era su compañera de casa, pues aunque los departamentos en los que vivían nuestros hijos eran propiedad nuestra, Carlie buscó una compañera de casa con la cual convivir.
―Ella es muy linda, aunque casi no está en casa últimamente, se la pasa con su novio.
― ¿Y qué me cuentas tú? ¿Hay algún chico de tu interés?
Ella se sonrojó, siempre había tenido confianza con mis hijos para hablar del tema que fuera, y quería pensar que ellos me contaban cualquier cosa que fuera relevante en sus vidas, por eso el sonrojo en las mejillas de mi hija me sorprendió, pues en ninguna de las llamadas o correos había mencionado a un chico.
No intenté presionarla, sabía que ella me lo diría.
―Hubo… bueno, no fue nada importante, lo conocí en los primeros días en la universidad, pero él era un Senior y yo una chica de nuevo ingreso. Él se fue a estudiar a Londres hace un año.
―Ah… cariño, lo siento de verdad, pero siempre ocurren por algo las cosas, además, eres muy joven, tal vez pronto encuentres a alguien más.
Ella sonrió, pero podía ver un poco de tristeza en sus ojos.
Pronto llegamos al centro de la ciudad, donde había reservado un lugar en nuestro spa favorito, quería consentir a mi niña mientras la tuviera en casa.
― ¿De verdad lograste encontrar un lugar? ― preguntó sorprendida, cuando entramos al aparcamiento del lugar.
Le guiñe un ojo. ―Lo que sea por mi niña.
Ella sonrió y después de dejar el auto para que pudieran acomodarlo en el amplio estacionamiento subterráneo, subimos al primer piso, donde se encontraba la recepción.
―Hola, tenemos una reservación para dos a nombre de Isabella Cullen.
Indiqué a la chica que estaba en el mostrador. Ella asintió y buscó en la computadora.
―Efectivamente, justo a tiempo para comenzar― comentó ella, tomó el teléfono a su lado y marcó un numero ―la señora Cullen y su hija llegaron― anunció, asintió y colgó el teléfono ― enseguida viene mi compañera por ustedes.
Ambas le agradecimos y pronto llegó a nuestro encuentro otra chica del staff, quien nos llevó a un camerino para cambiarnos por nuestros trajes de baño y un par de suaves batas de baño.
Permanecimos en el spa hasta pasado el mediodía, y entonces nos llevé al centro comercial a tomar un almuerzo un poco más consistente que los bocadillos del spa y después de compras.
―Extrañaba esto, mami― comentó ella, mientras paseábamos por las tiendas.
―Yo también cariño, muchísimo.
Ella sonrió y seguimos conversando mientras buscábamos entre las perchas de ropa.
― ¿Cómo tomó Andrew el que los medios dijeran que Lexi era suya? ― preguntó.
Suspiré. ―Ya sabes cómo es tu hermano, dijo que mientras nosotros superamos la verdad, todo estaba bien.
― ¿Y Eliza no se enojó? ― insistió.
―No sabría decirte, pero lo dudo, Eliza es una buena chica.
―Lo es, a veces hablo con ellos por Skype y nos escribimos muy seguido en WhatsApp, ella quería visitarme pronto en Nueva York, dice que siempre ha querido ir a la gran manzana.
―Me alegro que se lleven tan bien, tal vez ella será tu siguiente hermana― bromé.
Ella sonrió divertida.
―! Oh, no! Yo dudo que el pequeño Andrew se comprometa en el futuro cercano
Reí con ella, sabiendo que era cierto.
― ¿De verdad te agrada la idea de que hayamos adoptado a Lexi? ― le pregunté después de un rato.
Ella se quedó callada unos minutos, meditando su respuesta, su ceño se encontraba fruncido como siempre que estaba concentrada en algo importante.
―No me desagrada la idea, cuando era pequeña siempre quise una hermana con quien jugar, Andrew estaba bien, pero lo único que hacía era querer jugar en el jardín a cavar en la tierra o a operar a mis muñecas― comentó haciendo una mueca, a lo que yo me reí, recordando a mis hijos cuando eran pequeños― yo quería a alguien que jugara conmigo y mis muñecas o con el juego de té. Amaba cuando tú jugabas conmigo y teníamos días solo de chicas. Lexi… bueno, es muy… raro, el cómo se han dado las cosas, creí que al volver a casa sería tal como era antes, pero ahora está ella ahí, creo que un necesito procesarlo bien.
Asentí, entendiendo sus palabras. No era fácil ser casi un adulto y tener una hermana pequeña de la noche a la mañana.
― ¿Y qué te parecería ir conmigo a la Fashion Week de Milan este año? Claro que podemos organizarnos para que asistas conmigo a la de Nueva York también.
Le pregunte, cambiando de tema totalmente. Presentía que ella necesitaba saber que nuestro cariño por ella no había cambiado solo por tener a Lexi en nuestras vidas ahora.
― ¿De verdad me dejarás acompañarte? ― preguntó sorprendida.
Asentí con una sonrisa ―Sería muy bueno, estaré un poco ocupada, pero trataré de liberar mi agenda todo lo que pueda para que podamos tener una especie de viaje madre e hija ¿Qué tal suena eso?
― ¡Suena perfecto! Pero… creo que deberíamos discutirlo con papá primero…
La observé con el ceño fruncido.
―No creo que tu padre se oponga.
Ella se encogió de hombros y volvió a examinar una falda que estaba a su alcance.
―Esta es bonita― comentó, volviendo a cambiar de tema.
Lo deje pasar y asentí con una sonrisa, sugiriéndole que se la probara.
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Alrededor de las cinco de la tarde llegamos a la casa, me sorprendió ver un auto desconocido estacionado en la acera frente a nuestra propiedad. Pero no le di importancia y metí el auto al garaje.
Entramos a la casa con las bolsas de ropa que habíamos comprado, Carlie venía contándome sobre un día en el que uno de sus amigos había tropezado de manera muy graciosa mientras paseaban por central park, ella venía tan centrada en la historia que no se dio cuenta que había dos personas extrañas a lado de su padre en nuestra sala.
―… y entonces todos nos reímos de Alex, te juro mami que si lo hubieras visto… oh…
Ella se detuvo cuando notó que no avanzábamos más y de los dos pares de ojos que nos observaban.
En el sofá para dos personas se encontraban un hombre y una mujer que no había visto nunca, pero sus miradas curiosas era lo que más me intrigaba. La mujer tenía el cabello corto y en un tono castaño más claro que el mío, sus ojos color avellana me observaban a detalle, mientras que el hombre de cabello oscuro y barba de candado me observaba con curiosidad, pero lo que me sorprendió y me hizo temer fue el color azul de aquellos ojos que me devolvían la mirada.
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¡Hola a todas! ¿Quiénes creen que sean este par de personas nuevas? ¿Alguna sospecha? ¿Qué me dicen de la repentina aparición de Carlie?
Les pido mil disculpas por tardar mucho en actualizar, pero la universidad de verdad me tenía saturada, ahora con la cuarentena no es muy diferente porque tengo trabajos hasta para no dormir, pero me he propuesto actualizar lo más que pueda.
Espero que en estos tiempos difíciles todas se encuentren a salvo en sus hogares, y que su familia también esté de lo mejor. Esperemos que pronto acabe esta situación y logremos salir adelante.
Muchas gracias a: Pam Malfoy Black, marieisahale, saraipineda44, Jenni98isa, LizMaratzza, keith86, Keniie Masen, Luisa huiniguir, Maribel 1925, Isabelfromnowon, miop, patymdn, , krisr0405, sandy56, Diana2GT, tulgarita, .98, Tata XOXO, Tina Lightwood, Leah De Call, Andy55TwilightOverTheMoon, Jade HSos, mariees, Alejandra1987 (releí el capítulo anterior y si era un poco confuso, pero ya está arreglado, ajusté unas cuantas palabras y con el paso de los capítulos sabremos más de ellos!) Alexandra Nash, Elizabeth Marie Cullen, liduvina, dany16, kaja0507, NarMaVeg, Maricoles, Rocio, Pili, LOQUIBELL, Guest, Kimm, Esal, Guest, Mar91, Car Cullen Stewart Pattinson, Melany, Zellideth76, Lore 562, Cinti77 y Jenni98isa. Muchisimas gracias a todas por sus comentarios, amo leer cada palabra 3
¡Besos a todas!
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