Hola a todos, gracias por leer mi fanfic, significa mucho para mí. En fin, hoy no voy a responder reviews ya que no puedo hacerlo por MP [Así me gusta, excentricidades de la autora] y, como no puedo hacerlo, no es justo hacerlo por aquí, que son únicamente a los que no puedo por MP, pero gracias por dejarlas, prometo responder el capítulo que viene... Si no muero o quedo ciega... O sin brazos... O ambos... Ya saben como es la vida xD

A lo que sí voy a responder es a la petición de conocer el punto de vista de Asami: Sí se va a hacer [Yaaaay] pero hoy no [Muereteee] ok no... Como ya tengo los capítulos planeados, no puedo ya cambiarle algo más que detallitos pequeños, pero va a ser todos un capítulo desde la perspectiva de Asami y será algo bueno, ya que se va a hacer cuando ya estén en Ciudad República.

ESTO ES UN ADELANTO, SI NO QUIERES NO LO LEAS: Voy a hacer el fanfic en dos partes: esta de Korra y otra completamente de Asami siguiendo la línea temporal [Osea, después de que termine la de Korra, seguirá avanzando pero desde el punto se vista de Asami] y, como voy a hacer un capítulo en esta primera parte basado en Asami, también lo haré en la segunda pero basado en Korra, ¿Les parece bien?

FIN DEL "ADELANTO"

Por cierto, debo darle las gracias a Zakuro Hatsune, quien se metió a mi cuenta y subió el capítulo ya que yo no puedo hacerlo, así que ustedes también agradezcanlo por review.

Sin más que decir, aquí el capítulo.

Lospersonajes no me pertenece, la historia sí.

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Desde aquel día, Korra y Asami habían practicado sin falta todas las noches a la misma hora, a veces siendo vistas por los pequeños de la oji verde y otras veces únicamente siendo ellas dos.

Si había algo que señalar, era que Asami era una estupenda maestra. La peli negra había logrado en menos de una semana que Korra pudiera bailar correctamente... Al menos sin música.

Y es que en cuanto a seguir el ritmo se trataba, la rockera era un asco. Por esa misma razón, estaba sumamente agradecida por la enorme paciencia que la actriz le tenía y que no la haya mandado al carajo.

—Esto es sumamente extraño.— Señaló Asami mientras pausaba la música del reproductor.—Realizas todos y cada uno de los pasos correctamente, pero apenas pongo música y...

—Y apesto.— Terminó Korra por ella.

—No, no, no.— Se apresuró a aclarar.— Sólo te descoordinas un poco, nada más.— La vocalista bufó mientras se dejaba tirar en el piso rendida.—Vamos, cheri. No te pongas así.— Dijo mientras caminaba hacia ella.— Vamos a intentarlo una vez más, ¿Bon?— Le preguntó con una dulce sonrisa y tendiéndole la mano, la cual la oji azul miró unos segundos con un puchero antes de tomarla.— Así me gusta.— Halagó.

—Una vez más, si no sale me voy.—Sentenció mientras era ayudada por la Sato a levantarse.

—Nosotras creemos en ti, ¿No es así, mon petit ange?— Preguntó Asami a su pequeña rubia hija, la cual estaba sentada en una pequeña silla observando los ensayos tomando un jugo de durazno. En cuanto vio que su madre le preguntaba algo, no dudó en asentir fervientemente con la cabeza.

—Bueno, si Azumi confía en mí supongo que puedo hacerlo.— Le dedicó una sonrisa a la niña antes de volver a tomar la posición a la que su cuerpo se acostumbró en estos días mientras veía a Asami apretar el botón de play en el control remoto para que la música volviera a sonar.

Nuevamente comienzan a practicar y, tal como las veces pasadas, los pasos de Korra eran de nueva cuenta pisadas fuertes y torpes que trataban de seguir un ritmo impuesto por la melodía. Inevitablemente, pasó lo que tenía que pasar: Otro pisotón.

El quejido de dolor que Asami trató de esconder pero no pudo fue lo que hizo a Korra soltarse y lanzar frustrada sus brazos al aire.

—¡Ya!, ¡Es todo!, ¡Me rindo!— Sentenció enojada consigo misma.—Mañana haré el ridículo frente a todos... Claro que siempre me queda sentarme en la barra y beber una que otra limonada.— Añadió pensativamente mientras se tomaba la barbilla y fruncía el ceño de forma adorable.

—Intentémoslo una vez más.— Le pidió la francesa con aquel tono dulce de voz con el que siempre le hablaba para convencerla de algo. Korra estaba segura que, de darle un pisotón más, tendrían que amputarle el pie a la oji verde.

—No... Será mejor que metas en hielo esos pies.— Sugirió. Tal vez sería mejor idea darle un masaje ella misma como contribución a lo que Asami soporta.

—Hagamos esto — Comenzó a decir la actriz.— , trata de hacerlo una vez más; pero, esta vez, déjate llevar...

—Dejarme... ¿Llevar?— Repitió ladeando la cabeza cual cachorro.

—Exacto...— Continuó hablando.—Que no te importe el ritmo, sólo...— Caminó lentamente hacía la oji azul y volvió a tomarla del hombro para hacerla volver a tomar la posición de baile.— Sólo baila con libertad y disfrútalo.— Le aconsejó sintiendo la dudosa mano de Korra hacer el intento de volver a tomarla de la espalda para después, con ayuda de la de Asami, tomar definitivamente la posición que le correspondía.

—Bi-bien...— Algo en el tono y lenguaje corporal de la oji verde comenzaba a ponerla nerviosa. Pero eran nervios totalmente distintos a los que tenía con Catherine e incluso con Yue... Estos eran nervios hechos por el Efecto Asami, que era como había bautizado a esos escalofríos, esas descargas de electricidad al tocarla y demás cosas que, estaba segura, Asami causaba en cualquier persona.—Pero si no lo logro esta vez, me vas a dejar masajearte los pies.— Le dijo con determinación.

—Espera, ¿Qué?— Era lógico que la francesa se extrañara por esto, digo, no es como si fuera normal que una rockstar a la que le enseñas a bailar se ofrezca a masajearte los pies y Korra lo sabía, pero igual debía pagarle con algo.

—Lo que oíste. Ahora, será mejor continuar.— No iba a dar su brazo a torcer en esto y Asami lo entendía, por lo que sonrió satisfecha en el momento en que la peli negra suspiró rendida y volvió a tomar posición de baile.

Al inicio, nuevamente Korra daba sus pasos pesados, sin embargo, recordó lo que le había dicho la actriz hace rato, debía dejarse llevar. Inhaló hondo por su nariz y comenzó a tratar de relajarse. Para sorpresa de Korra, Asami e incluso de Azumi, la vocalista comenzó a bailar correctamente, siguiendo el ritmo casi como si fuera algo natural de ella. Los zafiros que Korra tenía como ojos brillaron con emoción, mirando de inmediato a los jades de Asami tratando de trasmitirles eso.

—¡Mira!— Exclamó Korra cual niño mostrando una gran hazaña.—¡Lo estoy logrando!, !Realmente lo estoy logrando!

—Sí, lo estás logrando.— La risita alegre que acompañó a esa frase mientras salía de los rojos labios de Asami le hizo entender que ella también estaba feliz por lo que estaba sucediendo.

Bailaron sin ningún problema lo que quedaba de aquella pista cuyo nombre le habían dicho pero que olvidó por completo y, cuando terminó, Korra no pudo evitar el lanzarse a los brazos de una sorprendida instructora por haber logrado que bailara una pieza como debe ser.

—¡¿Viste eso, Azumi?!— Exclamó emocionada una vez había terminado el abrazo con Asami.—¡Lo hice!— Por la cara que puso la niña, estaba más que segura de que no entendía ni media palabra, pero, al ver como la oji azul sonreía ampliamente, tomó eso como una buena señal y le mostró su pulgar en alto aún sin dejar su jugo.

Sin esperar un poco más, la rockera se acercó a la niña rubia, le quitó amablemente el jugo y la tomó en brazos mientras tarareaba la canción que acababa de escuchar y comenzaba a bailar con una divertida oji verde quién reía alegre, contagiando a su madre, quien veía la escena con ternura y soltaba risitas debido a que las de su hija eran pegajosas.

Korra, arrêtez.— Dijo entre risas la más pequeña de los Moulian-Sato. La oji azul había pasado tiempo suficiente con ellos para saber que quería que la bajara, lo cual hizo.

—Tal parece que estás lista para mañana.— La oji verde mayor tenía una sonrisa juguetona en sus labios, la cual Korra devolvió con gratitud.

—Gracias a ti lo estoy.— Le respondió sinceramente.— Muchas, muchas, muchas, MUCHAS gracias, 'Sami. No sé qué hubiera hecho sin ti.— Bueno, en realidad sí que lo sabía, pero su plan anterior de estar en la barra bebiendo limonadas se le antojaba muy depresivo.

—Fue todo un honor ver como la gran vocalista de rock alternativo aprendía a bailar vals.— Señaló mitad en broma, mitad en serio. La morena sonrió de lado con un aire infantil que se le hizo sumamente tierno a la francesa.

—Déjame pagártelo de alguna forma.— Pidió Korra.

—Oh, no. De ninguna manera.— Replicó Asami.

—Lo haré de todas formas. Tal vez no hoy, tal vez no mañana, pero pronto.— Prometió la vocalista casi como una amenaza, entrecerrando los ojos para darle un toque serio pero divertido a sus palabras.—Por lo mientras debo irme.— Añadió mirando el reloj del estudio.

—Sí, ya es algo tarde.— Coincidió la actriz.—Le temps de dormir, mon petit ange.— Ordenó con dulzura mirando a su hija. La niña, como Korra había podido notar esta semana, era la pequeña hija modelo. Sin chistar, dio un brinquito para bajar del banco y caminó hacia la oji zafiro, lanzándole los bracitos pidiendo ser cargada por la morena de cabello corto para darle un dulce beso en la mejilla de despedida una vez la rockera lo hizo.

Bonne nuit, Korra.— Se despidió la pequeña antes de bajar de los morenos brazos e ir a hacer lo mismo con su mamá, a la que además añadió un sentido abrazo.

Ne pas oublier de se brosser les dents.— Azumi asintió a lo que Asami le dijo y salió del cuarto, abriendo la puerta con algo de dificultad, pero lográndolo al final.—Bueno, te acompañaré a la puerta.

—Claro.— Ambas salieron de la habitación y siguieron a Azumi hasta que ella comenzó a subir las escaleras y las más grandes continuaron directo hacia la puerta. En el momento en que se abrió, Korra pudo ver claramente como, debajo de la intensa lluvia, el auto de siempre se estacionaba frente a las rejas como ya era costumbre.

—Han llegado.— Anunció la peli negra como quien no quiere la cosa, aun a pesar de quererlo disimular, Korra notó con claridad aquello.

—Sí, será mejor que corra o me mojaré.— Le señaló. El clima en París no había estado siendo el mejor en estas fechas.

—¿Quieres un paraguas?— Ofreció Asami, cosa que la oji azul negó de inmediato.

—Me gusta la lluvia.— Fue su excusa.

—Bueno, prends soin de toi, Korra.

—Eh... Sí, lo mismo para ti.— Le dijo sin entender realmente que carajos le había dicho, pero debía ser bueno. Al ver que Asami no tenía la intención de hacerlo, fue Korra quien decidió recordárselo. Con ese aire infantil que la caracterizaba, señaló su mejilla mientras inclinaba un poquito su cabeza y luego se tomaba las manos tras su espalda. La francesa siempre la despedía con un beso, era una costumbre que le agradaba tanto a la vocalista que no iba a dejar que se olvidara.

Al ver aquel gesto por parte de una chica que aparenta ser badass parte-caras en el escenario, Asami no pudo hacer más que reír de ternura y cumplirle el deseo a la joven posando sus labios carmín sobre aquella morena y ahora sonrojada mejilla. A cambio, recibió una de esas sonrisas que Korra solía darle a Asami antes de echar a correr rumbo al auto, brincar la cerca como si no tuviera puerta y subir deprisa antes de que el auto continuara su marcha.

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Sin embargo, no era el clima lo único que no había sido el mejor en París en estas fechas.

Korra estaba caminando en un rumbo que ciertamente la conduciría a la locura.

Para empezar, siempre estaba agotada. Las practicas de baile, el rodaje del video, los ensayos y las pesadillas eran los principales factores por los que su energía era de un máximo de 20% aproximadamente, todos los días se enfrentaba a su jornada tan cansada que solía ir por la vida como zombie. Sus ojeras eran evidentemente más difíciles de esconder que antes y, como si eso fuera poco, su falta de sueño comenzaba a afectar a su sistema nervioso, volviéndola más irritable y paranoica de lo que jamás había estado. Si antes sentía que en cualquier momento iba a ver a Madame Boucher, ahora estaba por completo convencida de que estaba ahí, entre la multitud, observándola. Podía verla por el rabillo del ojo, sentir su presencia tras de ella cada vez que salía a la calle sola muy a pesar de que sabía que la detestable señora llevaba más de seis años de muerta.

Las llamadas a Aang habían aumentado de número, las necesitaba tanto que llegaba a temblar cuando el joven no se hallaba disponible por alguna emergencia y/o estar atendiendo a pacientes en el hospital. Había recurrido al uso de tranquilizantes, aunque siempre de manera moderada y vigilada por la misma Katara, quien estaba en contra de esto, pero no tenían otra opción. Sin embargo, no todo era tan malo.

La única forma en la que Korra podía relajarse, en la que se sentía tranquila, era cuando estaba practicando con Asami. Había algo en esa casa, en ese ligero olor a jazmín que podía sentir debido a la cercanía entre ellas, en ese contacto con ella y en la compañía de los pequeños que le hacían sentir como en paz. Claro que, cuando salía de vuelta a París, todo eso desaparecía y volvía a ese estado de paranoia y tensión.

Justo en ese momento, Korra caminaba por el pasillo del hotel directamente a la habitación del Sr. Roku. Había llegado exactamente hace 20 minutos y se le había informado que el manager de largo cabello café la estaba esperando en su habitación para poder tener un diálogo con ella. No sabía a ciencia cierta sobre qué, pero lo intuía.

Expulsó aire de su nariz con pesadez y tocó la entintada puerta de madera fina un par de veces. Más pronto que tarde, el amable hombre apareció tras la puerta ahora abierta.

—¿Me mandó a llamar, Sr. Roku?— Le preguntó aun estando segura de que así era.

—Por supuesto, pasa.— Pidió y la vocalista no tuvo problemas para hacerlo. El Sr. Roku no compartía su habitación con nadie, por lo que no le sorprendió ver que todas las luces estaban apagadas salvo por una lámpara cerca del sillón individual de la pequeña sala que tenía en el cuarto, donde seguramente estaba sentando leyendo el libro que traía en la mano.— Toma asiento, por favor.— La adolescente hizo lo que se le pidió y se sentó en el sillón más próximo al que el hombre estaba ocupando.

—¿De qué quiere hablar?— El manager se sobó levemente la frente antes de hablar.

—Estoy preocupado por ti, Korra.— Se sinceró. La oji azul frunció el ceño, pero permitió que continuara.—No puedo evitar notar que tu paranoia va en aumento.

—No sé de qué habla.— Se apresuró a decir a la defensiva, cruzándose de inmediato de brazos.

—Korra, cada vez que salimos a alguna parte, a las grabaciones, a los ensayos... Incluso para comer... Siempre miras a todos lados muy inquieta, como si alguien fuera a aparecer. Hay otras veces— Continuó.— donde te quedas mirando a un punto fijo y te pones completamente pálida, o volteas rápidamente como si hubieras visto la sombra de un fantasma...— Suspiró visiblemente preocupado.— No creí que París te afectara tanto.

—No lo hace.— "Mentirosa", la acusó su cerebro, claramente en desacuerdo con lo que la boca de su dueña dijo.

—Sé que eres una chica bastante testaruda pero, por favor, no insultes mi inteligencia.— Casi podía sentir la ofensa en su voz.

—¿Y entonces qué va a hacer?— Le preguntó, deseando en su interior que el peli café le dijera que debía regresar a Ciudad República.

—No puedo hacerte volver a Ciudad República.— Dijo adivinando sus pensamientos.— Así que no me queda más remedio que hacerte ir con un psicólogo.— En cuanto la palabra Psicólogo salió de los rosas labios de su mánager, la vocalista se levantó de su asiento molesta.

—¡¿Qué?!, ¡¿Un maldito psicólogo?!— No es como si no hubiera ido jamás a uno, pero odiaba la manera en que algunos trataban a sus pacientes. Suerte para Korra que en Ciudad República encontró un psicólogo que fue realmente dulce con ella. No pensaba ir con otro psicólogo que no fuera el suyo.

—Debes tranquilizarte.— Trató Roku inútilmente de relajarla.

—¡No pienso ir con ningún maldito psicólogo aquí en París!— Sentenció molesta.

—Vamos a buscar a un psicólogo cuya nacionalidad no sea francés, pero vas a ir a un psicólogo y es mi última palabra.— El tono de voz que fue utilizado por el oji café fue amable, pero tan firme que Korra sabía que no había lugar para replicas. Gruñó molesta y salió de aquel lugar azotando la puerta.

Después de aquella platica, Korra no pudo hacer más que entrar al baño ignorando a las dos chicas en su habitación y meterse desnuda directamente bajo el agua fría de la regadera hasta que pudo calmar un poco esa desagradable sensación en su interior... De pronto, y sin saber realmente por qué, necesitaba a Asami.

Cerró la llave del agua luego de unos momentos, se puso su pijama y salió del baño mientras secaba su corto cabello con su toalla azul. Sus compañeras de banda y mejores amigas seguían ahí, Katara devorando un libro y Kuvira practicando con su guitarra desconectada los acordes que se le dificultaban. En cuanto ambas repararon de su presencia, dejaron todo a un lado y la miraron preocupadas.

—¿Qué te dijo el Sr. Roku?— Fue lo primero que salió de la boca de Kuvira al mirar a Korra.

—Una completa mierda.— Afirmó.— Voy a ir a un maldito psicólogo aquí en París.— Les contó.

—¿Y eso qué tiene de malo?— Fue el turno de Katara de preguntar.— Ya habías ido a uno, ¿No?

—Sí, pero a menos que traigan a Iroh a esta maldita ciudad no me agrada nada la idea.— Le respondió.

—Yo creo que es una buena idea.— Continuó diciendo la tecladista. Al ver la mirada asesina de Korra, decidió continuar.— Sería bueno que tomes terapia en el lugar donde todo comenzó.

—Como sea.— Bufó la morena de cabello corto.— Debemos descansar para mañana.

—Hablando de eso...— La única oji verde entre ellas se levantó de su cama y caminó hacia la pequeña mesita que había cerca de la televisión, tomando de ahí un vaso junto con una pequeña cosita azul que parecía ser una pastilla, la cual le ofreció. La rockera miró fijamente el medicamento antes de hablar.

—Kuvira, el viagra no funciona en chicas.— Las tres presentes comenzaron a reír.

—Debo admitir que sería una infortunada confusión ya que, esta pastilla, es una potente medicina para dormir.— Le informó a ambas la chica del lunar.

—¿Qué?, ¿Por qué no me la diste antes?— Le reclamó rápidamente Korra. Todo este tiempo pudiendo dormir sin soñar y a Kuvira no se le ocurrió dárselas antes.

—Son muy fuertes, Korra.— Comenzó a explicarle.— Se necesita preinscripción médica para ellas. No podemos usarlas a la ligera, es por esto también que sólo te daré la mitad de una pastilla normal.— Evidenció al acercar la mano que sostenía la pastilla cortada a la mitad para que la vocalista pudiera notarlo.— Si te la estoy dando hoy es porque necesitas descansar para mañana.— Añadió. Sin decir otra palabra más, pero deseosa de caer inconsciente bajo el efecto de aquella droga la tomó sin chistar y se la tragó con la ayuda del agua en el vaso. Acto seguido, se fue a acostar a su cama, para evitar que el efecto la golpeara desprevenida.

—Muchas gracias, chicas. Nos vemos mañana.— Les dijo.

—Buenas noches, Korra.— Hablaron al unísono. No pasó más de un minuto antes de que Korra comenzara a sentirse atontada levemente y luego no sintiera nada...

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Si le hubieran preguntado, Korra diría que, a pesar de dormir toda la noche, no descansó... Más bien sintió como si la hubieran noqueado. Fue precisamente por eso que decidió no abrir los ojos en cuanto recobró la conciencia y acomodarse mejor entre sus almohadas para seguir con su descanso. Había acabado de encontrar una posición cómoda y agradable entre las mullidas y suaves bolas de nube en las que reposaba su cabeza cuando una sensación helada y mojada le cubrió toda la cara. Al abrir los ojos de golpe y levantarse agitada e incluso levemente asustada, se topó con Kuvira, quien sostenía en una de sus manos el florero de la mesita de su cuarto y, en la otra mano, las flores.

—¡Qué mierda te sucede!— Fue el hermoso saludo mañanero que Korra le dirigió a una de sus mejores amigas.

—Llevamos más de 20 minutos tratando de despertarte y no lo haces.— Se excusó la chica del lunar bajo uno de sus verdes ojos.

—¡¿Y eso qué?!, ¡Yo he tenido ganas de meterte un calcetín hecho bola por la boca para callar tus ronquidos y no lo hago!— Señaló la vocalista levantándose de su cama con un salto.

—No lo haces por que yo no ronco.— Replicó un tanto molesta y con un tic en la ceja derecha. Detestaba que le dijeran una y otra vez que roncaba cuando, ella creía, no lo hacía.

—¡Un día voy a grabarte y entonces verás que...!— Pero fue interrumpida de inmediato por la chica oji azul que siempre traía la paz entre ellas dos.

—¡Paren las dos!— Ordenó Katara con ese tono de voz típico de una madre al regañar a sus hijos.— Korra, sé que hizo mal, pero Kuvira sólo trataba de despertarte porque vamos a salir. Y tú, Kuvira, sí roncas, y mucho.— Resolvió por decir para apaciguar a las dos, cosa que funcionó a medias, ya que ambas chicas comenzaron a murmurar molestas, una maldiciendo a cierta oji verde y la otra diciendo lo ridículo que era el pensar que ella roncaba.

No tardaron mucho en estar listas, cuando bajaron, los chicos y el Sr. Roku ya las estaban esperando. Irían todos juntos a comprar sus atuendos para ir esa noche a la pasarela. Korra, al enterarse de eso, se puso pálida.

Si había algo que últimamente no podía soportar, era el hecho de estar en lugares concurridos, por lo que la simple idea mental de pasar su mañana en una plaza hacía que su piel se erizara.

Sin embargo, no fue así como las cosas pasaron. Para su sorpresa, la gran furgoneta en la que siempre eran transportados cuando viajaban en grupo se estacionó enfrente de un edificio algo extraño y que no llamaría la atención de no ser por aquellas luces de neón que rezaban Toujours une cave en un color blanco azulino... ¿O era azul blanquecino?... Eso no importaba, el punto era que el lugar parecía tranquilo, modesto y lo mejor de todo, poco concurrido.

Cuando bajaron del vehículo, un extravagante hombre parisino estaba parado justo frente a la puerta, recibiéndolos calurosa y efusivamente. Más pronto que tarde supieron que el hombre de negro mirar con sombrero de plumas verdes y amarillas se llamaba Arsene Patenaude, él mismo había diseñado todo lo que en aquella bodega se encontraba, por lo que cada pieza de este lugar era única.

Para ser honestos, la morena de corta cabellera se había imaginado una colección corta o, cuando menos, no muy variada. Cual fue su sorpresa al entrar al lugar y darse cuenta de que, no sólo no era nada corta, sino que era realmente mixta.

Cientos y ciertos de prendas se hallaban perfectamente ordenadas en hileras a lo largo de aquel edificio de varios metros cúbicos el cual tenía varios pisos. Cada una de las prendas ahí alojadas tenían un gusto exquisito tanto en combinaciones de colores como en modelos, cosa que ninguno de los seis chicos que conformaban la banda se esperó al ver el horrible y vistoso sombrero con el que los había conocido.

Esta vez, no sólo Kuvira y Katara fueron las indecisas, todos habían encontrado tantas buenas opciones que les tomó algo de tiempo el decidirse definitivamente por uno, comprarlo y poder irse no sin antes asegurar que en algún momento volverían o, en el caso de Korra, comprar algo aunque sea por internet.

Llegaron al hotel por la tarde, dándoles el tiempo suficiente para darse una rápida ducha y secarse antes de que su equipo usual de maquillistas llegaran. Como ya era costumbre, las chicas fueron atendidas por ambas mujeres primero, quienes las arreglaron, las ayudaron a ponerse sus atuendos y las peinaron antes de ir rápidamente con los chicos. Al ser la banda que iba a tocar en la pasarela, debían estar ahí mucho antes para una última prueba de sonido y verificar con esta que nada saliera fuera de lo pensado, así que cuando los chicos estuvieron listos partieron rumbo al lugar donde se iban a presentar y en el cual habían estado ensayando estos últimos días.

A pesar de saber que podrían desentonar un poco debido a que la mascarada era más un evento elegante, sus atuendos fueron escogidos precisamente para eso, para destacar su lado más rebelde de una u otra manera.

Katara, por ejemplo, usaba un corset negro con detalles azulinos y una mini falda a juego, botas largas de tacón y una capa azul marino, su peinado era sencillo ya que consistía en su hermoso cabello suelto con dos delgadas trenzas colgando a ambos lados de su frente uniéndose en la parte trasera de su cabeza. Su máscara también era negra con detalles finos de ramificaciones azules, se veía realmente preciosa.

Kuvira no se quedaba atrás. Ella también usaba una especie de corset blanco con botones negros atravesándole justo a la mitad, su cuello era adornado por un moño negro, el cual tenía también una simulación de cuello de camisa que no tocaba el corset, así que era más como una gargantilla, por decirlo de alguna manera. Traía también un saco negro y un shot pequeño que se pegaba a sus piernas realmente bien. Su cabello, por primera vez en su vida, estaba rizado de una forma que le hacia ver bastante sexy y, sobre el, un sombrero de copa completaba su outfit. Su máscara era negra con plumas negras con algunos toques verdes, la cual era sostenida con la ayuda de un palo delgado de color negro forrado por una especie de listón.

Por último, pero no menos importante, estaba Korra, quien había ondulado ligeramente su café cabello. Su atuendo era simplemente un traje de gala completo en un estilo similar al que usaban los hombres de alta sociedad en los años treinta ceñido a su cuerpo, dándole un aspecto sexy y elegante. El traje en su mayoría era azul oscuro y su máscara era nada más y nada menos que su propia versión de la del Fantasma de la Opera, pero esta máscara simulaba tener delineador negro en la cuenca del ojo y una línea negra curva atravesaba la mejilla y, a su vez, esta era atravesada por unas líneas más pequeñas, le recordaba una sonrisa cosida... O la sonrisa de Jack Skellington. Para hacerla ver mejor, las maquillistas hicieron un gran trabajo continuando dicha sonrisa en la cara de la vocalista.

Una vez listas, bajaron a encontrarse con los chicos los cuales estaban perfectamente peinados con gel. Los tres se veían realmente bien a pesar de que sus trajes eran, si no los mismos, bastantes similares a los anteriores, o al menos Korra no le encontraba muchas diferencias. Lo único que se podía rescatar eran las máscaras. La de Bolin era negra con llamas de color verde pintadas en ella, la había escogido porque combinaba su color favorito con sus orígenes. La de Mako era roja con bordes discretos en color naranja, ambos colores se fundían entre sí de una forma harmónica e impecable. Por otro lado, la de Zuko solamente era negra la cual se sostenía sola o, tal vez, se la pegaron en la cara, no lo sabía.

—Buenas noches, buen hombre. — Comenzó a decir Korra mientras se acercaba a Bolin con un falso aire elegante.— Permítame presentarme. Mi nombre es la Condesa Bacory.— Le tendió la mano como un saludo, esperando que Bolin entendiera el chiste.

Estaba parodiando el hombre de Elizabeth Bathory, cambiando las primeras letras por las letras de Bacon, que era tocino. Para su suerte, el oji verde no la decepcionó.

—Mucho gusto, Condesa...— Comenzó a seguirle la broma.— Si me permite la pregunta, ¿No es usted aquella a la que apodan La Condesa Grasienta?

—Es correcto, caballero. Soy aquella que se baña en la grasa de puercos vírgenes para mantener la juventud.— Respondió aguantándose la risa por lo ridículo y asqueroso que sonó eso.— Sin embargo, no me apetece que usted siga en el anonimato.

—Mi nombre es O'Casas... Armand O'Casas.— Guardaron la compostura un rato más antes de comenzar a carcajearse. Adoraban bromear así y Korra estaba sumamente agradecida por haber encontrado a alguien que entendiera su raro sentido del humor. Después de la pequeña broma, los seis integrantes de la banda salieron del hotel para entrar a la limusina y entonces por fin dirigirse al lugar del evento.

Ellos, como se había dicho antes, llegaron un poco antes para hacer la última prueba de sonido, la cual pasó sin problema alguno. Una vez se habían asegurado que todo estaba en orden, salieron por la puerta trasera, se metieron a una lujosa limusina y esperaron un rato ahí hasta que fue la hora de su entrada.

A diferencia de la gala anterior, en esta pasarela debían atravesar una larga alfombra color azul marino con paredes improvisadas blancas atrás. Los flashes volvieron a dificultar su vista, así como que los gritos los volvieron a ensordecer. Nuevamente ese bullicio causado por los fans, reporteros y fotógrafos los envolvía de tan sofocante manera que, de no ser por los calmantes, Korra ya se hubiera escabullido lo más rápido que pudiera de ese lugar.

Uno a uno, los autógrafos y entrevistas, así como las fotos posando en grupo, solos y hasta con otros famosos parisinos, que Korra ni sus luces conocía, fueron disminuyendo junto con la distancia que les faltaba recorrer para llegar a la enorme puerta de madera y así poder entrar. Sólo faltaba una entrevistadora a la cual atender: Una mujer de largos cabellos castaños y unos ojos entre grises y verdes cuya sonrisa amplia emanaba confianza, caminaron hacia la chica que no tenía más edad que ellos con verdadero alivio, ya que los anteriores entrevistadores habían sido, literalmente, típicos franceses estirados. Darle a ella unas cuantas respuestas sería realmente refrescante.

Antes de las preguntas, vino una plática ligera y alegre para romper el hielo, cosa que los jóvenes agradecieron tanto mentalmente como expresado de forma directa a la entrevistadora, cuyo nombre era Aline. Más temprano que tarde, las preguntas comenzaron con cosas triviales que los adolescentes siempre quieren saber sobre su artista favorito antes de por fin hablar de lo que los demás preguntaron.

—¿Cómo ha sido su estadía en París?— Era claro que la oji azul no pensaba responder esa pregunta ni por asomo, suerte que Mako lo entendió.

—Es realmente refrescante estar aquí.— Comenzó el bajista.—Nos lo hemos pasado de maravilla.

—He escuchado que están rodando un video aquí, en nuestros más valiosos edificios y construcciones...— Dijo como introducción a su pregunta.— ¿Qué me pueden decir de ello?

—Ha sido realmente interesante poder hacer turismo y, al mismo tiempo, estar trabajando.— Fue el turno de Katara por responder.—Somos conscientes de lo difícil que es rodar un video como éste en tan especiales lugares y estamos agradecidos no sólo con París, sino con Francia por darnos la oportunidad.

—Y lo están grabando con una gran joya francesa, Asami Sato.— Continuó Aline. Al escuchar sobre esto, le fue imposible a la vocalista seguir callada.

—¡Sí!— Exclamó con una gran sonrisa.— Es realmente fabuloso trabajar con ella. Es una increíble mujer, es hermosa y realmente inteligente e interesante. Siempre aporta cosas al video que jamás se nos hubieran ocurrido...— Hubiera seguido hablando, pero el micrófono pasó de ella a Mako ya que Aline notó que también quería decir algo. Dicho gesto la molestó y no por lo que hizo la entrevistadora, sino porque ella no lo habría hecho de no ser por la intervención del chico de cejas raras.

—Ella es absolutamente mágica. Definitivamente la mujer perfecta.— Finalizó con cierto tono meloso que irritó levemente a la oji azul.

—Hablando de mujer perfecta... ¿Han tenido suerte en el lado amoroso?— Fue Bolin el que decidió responder a la pregunta.

—Bueno, Katara es la única de todos nosotros que tiene una relación...— Informó Bolin mientras veía directamente hacia una sonrojada Katara.— Zuko no ha venido con nosotros ya que una de las tantas hermosas mujeres que París tiene para ofrecer nos lo ha robado. Los demás...— Hizo una pausa dramática en la que soltó un suspiro.— Seguimos esperando que la ciudad del amor haga su magia.

Y entonces Korra lo notó, incluso volteó levemente para ver si los otros lo habían visto también y así fue. Bolin estaba coqueteandole con la mirada a Aline y ésta estaba visiblemente sonrojada, nadie dijo nada, sabían que Bolin podía conquistar a quien quisiera, pero era siempre fuera de los medios por lo que eso fue algo extraño para todos.

Después de un par de fotos más, por fin atravesaron esa puerta que tanto habían querido atravesar. El lugar donde se iba a hacer la pasarela estaba casi a oscuras con luces azules, rojas y verdes que salían de unas lámparas pegadas a la pared con patrones negros como ramificaciones que se volvían sombras gigantescas por la luz, dándole al lugar un estilo elegante, misterioso y burlesco, señalando el camino a seguir, unas pequeñas luces blancas delimitaban el rumbo para evitar accidentes que, en teoría, no deberían pasar. Un joven salido casi de la nada se acercó a ellos.

—Me alegra que hayan llegado. Déjenme presentarme, mi nombre es Pierre.— Habló el chico de azules ojos.—Por favor, síganme.— Les indicó y los chicos no tuvieron problemas para hacerlo, ya habían estado antes aquí y habían visto como los técnicos probaban las luces, por lo que no fue tanto el impacto del aspecto final.

El joven de más o menos la edad de Mako los guió hacia aquel escenario especial en forma de círculo a lado de la pasarela que habían construido para la banda. Detrás de este, y bastante bien disimulada, se hallaba una pequeña habitación improvisada que habían puesto como pequeño camerino para la banda, con botellas de agua, fruta, algunos snacks y unas sillas para que aguardaran en ellas. La vista hacia afuera era buena debido a una pequeña ventana oculta que permitía que los amigos vieran a la gente que entraba pero ellos no los vieran ahí. Si les preguntaban, todos dirían que mejor lugar no les pudo haber tocado.

—¿Les ofrezco algo más?, ¿Alguna bebida que no tengan aquí o algún snack?

—Un trago me vendría bien.— Dijo Korra sorprendiendo a los presentes.

—¿Tiene algo en mente?

—Lo que se te ocurra.

—¿Alguna otra cosa?

—Eso sería todo.— Habló Katara, siendo eso lo último que le dijo antes de que Pierre saliera a por el único pedido.

Poco a poco las personas iban llegando y, con ellas, la ansiedad de Korra iba en aumento, definitivamente necesitaba ese trago que había pedido. A Madame Boucher le gustaban esta clase de eventos, disfrutaba tanto de ellos que no se perdía ni uno sólo; en aquellos momentos lo agradecía, ya que ese día era 100% seguro de que la dejaría tranquila todo el día, pero hoy eso era un recordatorio constante de que en cualquier momento aquella bruja iba a entrar por aquella puerta tan ancha. Es por eso que simplemente sus ojos azules seguían clavados en la puerta, tratando de enfocar en la oscuridad cualquier seña que indicara que Madame había llegado. Pero en vez de eso, sus ojos captaron otra cosa.

O, más bien, otra persona.

Al estar en una actitud vigilante, Korra fue la primera en verla. Una chica de porte sensual y elegante vestida en un vestido strapless ceñido al cuerpo, el cual remarcaba sus curvas realmente bien, su cabello recogido impecablemente en una coleta alta y su rostro cubierto por una mascara con detalles que, por la luz, la vocalista no alcanzó a ver. Podría ser algo apresurado de decir, pero en ese momento la oji azul creyó que era la joven más hermosa que había visto entrar.

No pudo evitar seguirla con la mirada, olvidándose por unos momentos de vigilar la entrada para ver si Madame se aparecía o no. La vio tomar asiento en un lugar al parecer reservado en la primera fila junto a la pasarela, observó cada uno de los movimientos de aquella misteriosa mujer hasta que Pierre llegó con un trago de algo que la rockera jamás había probado antes, pero que le quemó la garganta al grado de rasparla cuando lo bebió de un trago olvidando que había pedido alcohol.

En ese momento, las luces de colores comenzaron a apagarse, por lo que Korra supo que ya estaban a punto de empezar, cosa que confirmó cuando un hombre calvo se asomó para decirles que debían salir a tomar sus posiciones.

La idea era que los chicos subieran al escenario y permanecieran ocultos por la oscuridad aún a pesar de las luces que iluminarían la pasarela, por lo que cuando dichas luces de color azul pálido alumbraron aquel pasillo largo y blanco ellos siguieron en penumbras, con la silueta levemente definida. Sólo los que estaban cerca de la pasarela eran los que estaban iluminados, incluyendo a cierta persona. Por fin pudo verla claramente, su cabello negro y largo, sus labios carmín, su vestido rojo vino que resaltaba su blanca piel... La máscara le quedaba sensacional aún a pesar que que no fue un objeto de interés de Korra sino que lo fue la forma en que dos ondulados mechones le enmarcaban la cara a los lados. Sí, definitivamente era la mujer más hermosa que había entrado. En ese momento, la mirada de aquella dama se posó en el escenario, justo donde estaba la vocalista, como si lo hiciera a propósito; aquella verde mirada le detuvo el aliento por los breves segundos que estuvo en ella, únicamente desviando su atención debido a que un hombre con traje de maestro de ceremonias con sombras negras y delineador, quien dio todo un discurso en francés que la morena no entendió, pero que por la entonación que le daba debía ser algo épico. Mako, Bolin, Kuvira, Katara, Zuko y ella estaban atentos a la mano del hombre oculta tras su espalda, ella diría cuándo debían comenzar a tocar... Alzó un dedo... Alzó dos dedos... Y cuando el tercero se levantó fue cuando los chicos comenzaron a tocar, la luz se encendió de golpe cuando Bolin comenzó con la batería revelando a la banda en ese instante, dándoles una entraba bastante buena mientras que, al mismo tiempo, las modelos comenzaron a salir.

If you were still around

You'd tell me I'm different

Since the last time you called me out

I'd put you down

I'd tell you it's a waste of time

To keep you by my side...

Comenzó a cantar Korra. De vez en cuando, su mirada azulina se desviaba hacía la dama de rojo quien, a su vez, la miraba a ella.

And to this day

I look for what it's gonna take

To just let things be

Still today, I wonder is it

You or me who should feel guilty?

I'm pulling

I'm pushing

I'm putting it

Out of my mind

Thought that I had said

Goodbye...

La morena se estaba luciendo, la canción estaba saliendo realmente bien, ¿Y todo por qué? Porque quería impresionar a aquella mujer en rojo, esa era motivación suficiente para ella, al menos por ahora. Varias canciones fueron tocadas, varios vestidos y trajes fueron mostrados y los flashes así como las anotaciones de críticos abundaban, pronto el desfile de modas llegó a su fin, el mismo hombre responsable de tan magnífica línea de ropa estaba ahora en el escenario agradeciendo a los presentes, recibiendo aplausos y demás cosas, comenzó otro discurso y otra vez todo en francés, cuando terminó, todos comenzaron a ir al fondo para subir unas grandes y amplias escaleras.

—¿Qué dijo?— Preguntó Korra mientras observaba a la gente subir.

—Que subamos por allá para iniciar la mascarada.— Le tradujo Kuvira mientras bajaba por las escaleras que habían cerca del escenario.

—Ok...— La oji azul comenzó a seguir a sus amigos, mientras que buscaba con su azul mirada a esa mujer de rojo ya que se había perdido entre las muchas personas que asistieron a la pasarela. Al ver que era caso perdido, decidió seguir la conversación de sus amigos, quienes se felicitaban ya por tan buen trabajo y hablaban de los diseños de aquel parisino bastante animados.

Al subir las escaleras, notaron un ambiente totalmente diferente al que habían estado ya que, al contrario del anterior, este derrochaba toda la clase, el glamour y la elegancia que París tiene la fama de poseer, mientras, Korra seguía mirando a todos lados, quería encontrar a esa peli negra, pero también quería encontrar a Asami. Sabía que iba a estar aquí y quería verla también, pero por más que buscaba simplemente no la encontraba. Es en ese momento en que siente una mano posarse en su hombro, creyendo que se trataba de su amiga actriz volteó con una sonrisa de mejilla a mejilla, la cual disminuyó al ver de quién se trataba.

—¿Buscabas a alguien?— Le preguntó Catherine con aquel tono seductor del cual hacia gala.

—Hola, Catherine.— Fue el saludo nervioso de la rockera.— No sabía que ibas a estar aquí.

—El diseñador es un buen amigo mío, así que me invitó a ver su colección.— Se encogió de hombros. Catherine llevaba un vestido negro realmente elegante corte imperio que resaltaba su busto pero que también abrazaba su generoso trasero de forma magistral, aquella mujer derrochaba sensualidad pero también era bastante modesto como para que te quedaras con ganas de más, sus ojos penetraban a Korra a través de esa máscara plateada que los resaltaba haciéndola sentirse nerviosa por incomodidad.

—Luces muy hermosa, Catherine.— Halagó tanto por modales como por ser cierto.

—Muchas gracias, Mon ami... Tú luces bastante atractiva también.— Habías siempre un tono tan coqueto en cada palabra que salía de su boca que la oji azul siempre sentía la necesidad de repasar varias veces lo dicho para ver si no tenía nada en doble sentido.

—¡Zuko!— Ambas escucharon que Bolin exclamaba al ver al muchacho de la cicatriz llegar junto con una hermosa rubia. Pronto, toda la banda comenzaba a reunirse, ya que se habían dispersado para ir por bebidas o snacks en cuanto llegaron. En cuanto vieron a la bailarina como a la pareja de Zuko, la mayoría quedó impresionados, ambas mujeres eran realmente hermosas.

—Déjenme presentarlos.— Fue Korra la primera en hablar.—Chicos, conozcan a Catherine Porcher.

—Gusto conocerlos.— Saludó ella cortés mientras estrechaba la mano de todos los presentes.

—Déjeme decirle, Srita. Porcher, que baila bastante bien. —Señaló Kuvira mirando de reojo a Korra, quien se sonrojó y maldijo mentalmente a la chica del lunar por esa burla discreta.

—Muy amable, ustedes estuvieron fantásticos hoy.—Devolvió la peli roja el cumplido, recibiendo varios gracias por parte de las chicos.

—Es mi turno de presentar a mi acompañante.— Dijo Zuko al tiempo que acercaba a la tímida rubia al grupo.— Ella es Mia Masson.

—Mucho gusto.— Les dijo ella con una voz dulce pero madura.— Es todo un honor estar con ustedes.

—Oh, vamos... — Comenzó a decir Bolin amigable.— Tenemos más o menos la misma edad que tú, somos chicos normales... Famosos y ricos, pero normales.— Añadió pasando su brazo por los hombros de la sorprendida y sonrojada chica. Todos comenzaron a reír por la reacción de la francesa y en eso estaba cuando sintió su brazo derecho ser rodeado por las pálidas manos de Catherine, quien se abrazó a este, Korra volteó a verla extrañada cuando el sonido de unos tacones se dejaron escuchar. Al levantar la vista, la morena se quedó nuevamente sin aliento, caminando hacia el grupo se encontraba esa dama de rojo con una sonrisa tan conocida... Sí, reconocería esa sonrisa donde fuera.

Bonsoir, chicos. Hoy estuvieron estupendos.— Saludó Asami comenzando a besar las mejillas de todos.

Decir que estaba sorprendida era poco, Asami era de esas bellezas a las que simplemente no te puedes acostumbrar, siempre va a tener una forma de impresionarte, ya sea si se acaba de levantar o si fue a un evento formal, ella era hermosa de cualquier forma.

Fue por estar realmente embelesada por culpa de la francesa que pudo notar como su ceño se fruncía por unos segundos cuando la oji verde notó la forma en que Catherine se aferraba al brazo de la vocalista. Su primer instinto fue tratar de soltarse, pero su prudencia se lo impidió ya que aquello sería bastante descortés, por lo que se limitó únicamente a sonreírle un poco incómoda.

—Catherine, Korra... Que gusto verlas.— Fue lo que salió de los rojos labios de la actriz una vez se compuso de la impresión. Por suerte para la morena, fue Catherine quien se soltó de ella para ir a saludar a su prima.

—Asami, te ves hermosa como siempre.— Halagó la peli roja mientras besaba las mejillas de Asami como saludo.

—'Sami, te ves... Wow... Quiero decir... ¡Wow!... Luces real-realmente... Wow...— Balbuceó Korra, siendo eso lo primero que salió de su boca al notar que la peli negra había cambiado su punto de interés de Catherine a ella. La risa de la Sato se dejó escuchar, sonrojando a la ya apenada rockera, quien más estúpida no se podía sentir.

—Eres terriblemente adorable, Korra.— Y en cuanto Asami pronunció esas palabras, la pobre chica se volvió un semáforo en rojo.—Tú también luces muy guapa hoy.— Añadió guiñandole el ojo.

Oh... Stop it...— Dijo Korra mientras agachaba la mirada y se rascaba la nuca, causando la risa de todos los presentes.

Estuvieron hablando de cualquier cosa por el espacio de varios minutos, siendo una platica que tenía entretenidos a todos ya que todos participaban en ella, todos menos Catherine, quien veía atenta cómo la gente comenzaba a llenar la pista de baile soltando uno que otro suspiro distraído... O, al menos, así se veía para Korra.

—Disculpa, Catherine...— Llamó la atención de la oji gris.— ¿Me concederías el honor de bailar esta pieza conmigo?— Le preguntó sonriente. Lo había preguntado sonriéndole segura y con elocuencia, seguro Asami se sentía orgullosa de ella.

—Oh, mon ami, me encantaría.— Respondió tomando la mano que le ofrecía la morena.— Con su permiso, chicos... Asami...— Oh, por supuesto que eso último había sido dicho con malicia, todos los presentes lo notaron salvo una, quien estaba más ocupada rememorando las lecciones que la propia Asami le había dado para no ser la humillación de la banda con sus malos pasos como para prestar atención a lo dicho.

Sin embargo, lo pagó caro.

Lo que inició como una buena acción de parte de Korra, terminó siendo algo realmente incómodo. No fue un problema de baile, ya que lo estaba haciendo realmente bien, fueron, de hecho, los comentarios en doble sentido, los acercamientos impropios y demás cosas que Catherine parecía disfrutar, pero que ponía realmente nerviosa a Korra y aun más cuando se dio cuenta de que la mirada jade de Asami se posaba en ellas de vez en vez, cosa que la ponía realmente tensa, no quería que la actriz pensara cosas que no eran.

Por si eso fuera poco, la bailarina la acaparó casi toda la velada, dándole tragos, presentándola a varías personas como su acompañante y bailando con ella todo tipo de canciones que pusieron en la banda, siendo sus preferidos ritmos que requerían un acercamiento casi total de la pareja. Fue, después de bastantes horas cuando la oji gris decidió darle un descanso a la pobre morena e ir por un trago.

—¿En qué puedo servirles?— Preguntó el bartender en inglés, siendo que la mitad de los invitados era extranjero.

—A mí podría traerme un Martini seco y Whisky en las rocas para Mademoiselle Korra, gracias.

—No, sólo una limonada, por favor.— Le pidió en cambio Korra mientras veía al hombre asentir a su pedido y alejarse de ahí.

—Y bien...— Catherine sacó un cigarro de quién sabe donde y comenzó a encenderlo para después posar nuevamente su atención en una oji azul nerviosa y levemente mareada por el alcohol consumido antes.— Háblame de ti.

—No hay mucho que contar.— En realidad, sí que había, pero el alcohol le hacía sentir su cerebro desconectado y eso era un problema, considerando la compañía.

—¿De verdad? A mí me parece que estás llena de cosas interesantes que decir.— Ronroneó la peli roja acercándose un poco más a la vocalista después de haber sacado el humo de su boca.—¿Te está gustando París?

—Eh... Y-yo...— La cercanía entre ambas la ponía nerviosa y hasta un poco incómoda, por lo que decidió hacerse un poco para atrás.— París me pone la piel de gallina.— Fue honesta.

—París puede hacer tantas cosas diferentes de acuerdo con quién lo vivas.

—Vaya que sí...— Bufó de acuerdo al recordar a Madame.

—¿Cuándo comenzó tu interés en la música?— Esa fue la primera pregunta seria que Catherine le hacía, por lo que sonrió conforme con el cambio.

—Desde mi niñez.— Le respondió.—¿Qué tal tú?, ¿Por qué decidiste enfocarte en la danza?— Preguntó inocentemente.

—Porque el baile es todo para mí — Comenzó a explicar. —, es mi forma de expresión, mi método de vida... Mis favoritos a bailar siempre son aquellos que te hacen sentir el fuego en la piel... Los que son emocionantes, excitantes, acalorados... Cada vez que los bailo siento que me expongo a mí misma y eso me encanta... ¿Me entiendes?

—Claro, te gusta el tango y así.— Dijo Korra con el pulgar levantado. No, no entendió realmente, por lo que la risa coqueta de la peli roja la desconcertó.

Mon ami... Eres tan inocente y tierna...— Catherine comenzó a acercarse a Korra, poniendo su mano en la pierna de la morena causando con esto que esta bajara la mirada hacia aquel contacto nerviosa y extrañada.—Me gustan las chicas como tú.— Susurró en su oído.

—¿De qué...?— Al levantar la cabeza sonrojada y a punto de pedir una explicación fue cuando Catherine la interrumpió posando sus suaves labios rosas sobre los suyos morenos. Eso la dejó en shock. No podía reaccionar en hacer nada más que abrir los ojos tan grandes como eran mientras sentía como la peli roja guiaba un beso cada vez más acalorado. Quiso alejarse, pero Catherine le estaba sujetando el cuello y la nuca con ambas manos, impidiéndoselo. No fue sino hasta después de un interminable tiempo en que la mujer decidió separarse.

Bon... Debo irme.— Anunció mientras apagaba su cigarrillo en un cenicero cerca de ahí con una sonrisa gatuna.—Fue todo un placer estar contigo. Sí quieres... Pasártela bien alguno de estos días ya sabes a donde llamarme... Au revoir, mon ami.— Y, después de darle un beso en la mejilla, comenzó a alejarse de ahí ante la confundida, impactada y atenta mirada de Korra, quien apenas se aseguró que Catherine estuviera fuera del radar se tomó la cabeza con ambas manos.

—¡¿Pero qué...?!, ¡¿Pero cómo...?!, ¡¿Pero cuándo...?! ... ¡Aghhh!— Sin esperar ni un segundo más, comenzó a frotarse los labios con su manga antes de volver a acomodarse la máscara que la oji gris había movido hace no mucho para besarla. Fue justo en ese momento en que el bartender llegó con sus bebidas.— Hubiera llegado unos minutos antes, ¿No le parece?— Lo regañó la rockera desquitándose con él por tan extraño momento.

—Discúlpeme, Mademoiselle.

—Sí, sí, no importa...— Tomó ambas bebidas y se levantó de su asiento decidida a buscar a sus amigos y así deshacerse de la otra bebida. Sin embargo, para su mala suerte, cuando los encontró se dio cuenta de que estaban dispersos hablando con diferentes grupos de personas. Bufó nuevamente por ello, no sabía ahora qué hacer. Estaba pensando en ir a tirar el trago a una planta cuando notó que Asami se desentendía de la gente con quien estaba y se iba al balcón, sonriendo feliz, encaminó sus pasos hacia allá.

—¿Por qué tan sola?— Preguntó juguetona mientras la imitaba y se recargaba con sus brazos cruzados sobre el barandal.

—Ah, eres tú.— La respuesta fría de parte de Asami le extrañó bastante, a menos que... ¿Habrá visto el beso que Catherine le dio?

—¿Quieres que me vaya?

—Si fueras tan amable.— Decir que eso no le dolió aunque fuera un poco sería mentir.

—Oh... Ok... Ya-ya me voy...—Dio media vuelta dispuesta a respetar lo dicho por la actriz cuando fue sostenida por su antebrazo.

—Espera, Korra...

—¿Quieres el trago?— Bromeó ésta alzando el martini levemente para mostrarlo.

—Por favor, quédate... No sé que me pasa, no suelo ser así... Disculpa.— La oji verde llevó su mano a la frente con pesadez. La morena la observó atentamente antes de asentir con la cabeza y volver a su posición anterior mientras bebía su limonada. —¿Cómo te fue en el baile?

—Bien... No pise a nadie.— Una pequeña risa nasal salió de Asami junto con una ligera sonrisa que alegró a Korra.—Aunque, si te digo la verdad, hubiera preferido a mi pareja habitual de baile.— Eso pareció llamar la atención de la peli negra ya que de inmediato la volteó a ver. Sin embargo, se quedó mirando un punto fijo en su rostro con mucho detenimiento. —¿Qué tengo?— Preguntó al fin.

—Tienes... Una marca de labial.— Al oír eso, la cara de la vocalista volvió a ser color tomate; pero no se comparó a cuando Asami mojó con su lengua su dedo pulgar y comenzó a frotar con él esa parte de la mejilla de Korra hasta que la dichosa marca desapareció.—Listo.

—Mu-muchas gracias... — Permanecieron unos segundos así, en silencio, mirándose a los ojos, Korra estando consciente de que algo en su interior se estaba revolviendo, aunque no estaba del todo segura de qué. Pero todo momento tiene un fin y, esta vez, fue por medio de una tonada que comenzó a sonar a través de las bocinas de sonido.—¡Yo conozco esa canción!— Exclamó alegre.—¡Es Everything I own de Bread!

—Es extraño, no suelen poner canciones así en estos eventos. — Comentó Asami con el ceño fruncido en confusión, pero Korra sabía que aquello había sido definitivamente obra de sus amigos.

—Hey, 'Sami... ¿Me concedes esta pieza? — Preguntó tendiéndole la mano con una gran sonrisa que llamó la atención de la actriz.

—Por supuesto.— Aceptó ella. Ya comenzaba a ponerse en la típica posición de vals cuando Korra la detuvo.—¿Qué sucede?

—Esta clase de música se baila diferente.— Le informó Korra a Asami antes de tomar sus blancas y suaves manos y colocarlas delicadamente sobre sus hombros.

You sheltered me from harm.

Kept me warm, kept me warm.

Las manos de Korra tomaron su posición alrededor de la cintura de Asami para después comenzar a dar pasitos delicados de un lado a otro comenzando así a mecerse levemente.

You gave my life to me.

Set me free, set me free.

—No es tan difícil, ¿Eh?— Dijo Korra en broma, ampliando la sonrisa de la actriz.

—Cierra la boca.— Respondió a su vez haciéndola reír.

The finest years I ever knew,

Were all the years I had with you.

Pronto, ambas comenzaron a dejarse envolver por la música, incluso por la letra de esta, la cual ambas escuchaban atentamente.

And I would give anything I own.

I'd give up my life, my heart, my home.

I would give everything I own,

Just to have you back again.

Mientras hacían esto, el ambiente entre ellas cambiaba sin que se dieran cuenta. De pronto, Korra comenzó a mirar atentamente las facciones de Asami, como ellas brillaban ante la luz de la Luna como sus negros cabellos bailaban con el fresco y cálido viento de aquella noche y le pareció una lástima que toda esa belleza estuviera oculta tras una máscara, una muy linda, sí, pero en nada comparable al rostro que escondía. Tomando el borde de esta con delicadeza, comenzó a retirar aquel elemento que sólo dejaba ver la mitad de su rostro así como los ojos hasta por fin quitarla por completo. Sí, Asami era simplemente la mujer más hermosa de todas las que ha visto y verá, no había nadie que se le comparara a ella ni un poco. Nadie.

Comenzó, sin darse cuenta, a perderse en ese mar verde brillante; su respiración comenzaba a dificultársele y no de una mala manera, sino todo lo contrario. Sin ser consciente de nada realmente, era consciente de todo. No se dio cuenta de en qué momento ella rodeo la cintura de la oji verde por completo con sus brazos, atrayéndola hacia sí eliminando toda separación entre ambas, pero sí notó cuando un brazo de Asami rodeó su cuello, mientras que el otro, junto con su barbilla, se apoyaba a lo largo del hombro de Korra.

Cuanto fue conciente de como la actriz también buscaba repegarse más, su respiración se detuvo por un segundo antes de comenzar de nuevo, pero de forma más calmada y pausada, lo contrario a su corazón quien latía desenfrenado. El aroma que el cabello de Asami desprendía llegó a la oji azul, comenzando a embriagarse por esa fragancia a jazmín, comenzando a relajarse mientras cerraba los ojos para disfrutar de ese momento tan especial que estaba viviendo justo ahora.